Faltan piezas por salir, faltan los peces gordos

BARNEY, 19/02/2023

Era demasiado evidente que algo ocurría en el estamento arbitral, demasiadas anomalías estadísticas como para considerarlas normales, parte del juego, pero lo que está saliendo es algo mucho más chapucero de lo que esperábamos. Cutre, mal montado, poco inteligente. Lo más gracioso, si es que este asunto puede tener algo de gracioso, es comprobar la cortedad de mente de los que están tratando de justificar lo injustificable, así como la coordinación que muestran en sus acciones. Por ejemplo, en solo dos días han conseguido que no se hable del «Barçagate», sino del «caso Negreira», que así pronunciado, suena más a una operación contra un cártel de la droga que a un escandalazo de proporciones mucho mayores al Moggigate, el caso que llevó a la Juventus a la segunda división italiana y a una fuerte sanción al Milan, que lo privó de jugar en Europa una temporada.

Se están retratando numerosos periodistas (otros, los menos, me han sorprendido gratamente), directivos del fútbol, ex árbitros y la cúpula del barcelonismo, tanto su presidente Laporta, como el entrenador actual, Xavi Hernández. No se dan cuenta de que con el Barçagate va a ocurrir como con la corrupción política: que cuanto más lo intentes encubrir o desmarcarte, mayor va a ser el chapapote corrupto que te impregne. Entre las líneas de defensa que se manejan hay dos, a cuál más absurda:

  • Todo es un intento organizado desde Madrid para desestabilizar al club, ahora que marcha destacado en LaLiga. El argumento cae por su propio peso en el momento en que compruebas que todo se origina por una investigación de Hacienda que arrancó en enero de 2021 y prorrogada en octubre del año pasado, así que no cuela. El Madrid no es responsable de que el Barça haya pagado al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros durante veinte años.
  • Enríquez Negreira no era nadie en el CTA, no pintaba nada, era poco más que un bedel, luego en el fondo no es más que un estafador que se ha lucrado a costa del Barça. Pobrecillos, si ya sabía yo que al final el Barça acababa como víctima de todo este bochorno.

El presidente de LaLiga, Javier Tebas, abogado de profesión, no lo olvidemos, tardó unas horas en salir a la palestra para afirmar con rotundidad el daño que causaba este caso a la credibilidad del fútbol español, pero a la vez indicó claramente que no se iba a desposeer al Barça de ninguno de sus títulos porque los presuntos delitos estaban prescritos. Llega tarde, con varios años de retraso, puesto que éramos muchos los que creíamos que la credibilidad de la competición llevaba varios años en entredicho. Llama la atención que se uniera a esa corriente según la cual, todo un vicepresidente durante 24 largos años, no era nadie.

El actual presidente del CTA, el sevillano Medina Cantalejo (en este blog convenientemente rebautizado en su momento como «Cantadelejos»), afirmó el jueves que Enríquez Negreira tenía un papel testimonial en el organismo, que apenas le veía un par de veces al año y que no tenía poder ejecutivo alguno. Vamos, que se estuvo embolsando entre 150 y 500 mil euros anuales del Fútbol Club Barcelona por unos asesoramientos por los que el resto de clubes de Primera pagan unas diez veces menos. Pero es que además, a ningún otro club (que sepamos) se le ocurre contratar directamente a un directivo del Comité de Árbitros.

Es la misma versión que han defendido ex colegiados como Iturralde González (el opinador arbitral antimadridista de As), y Jesús López Nieto, quien estuvo durante 15 años en el opaco Comité de Designación de Árbitros.

«Mandaba menos que el conserje de Valladolid o de Málaga», soltó de manera contundente. Otro ex árbitro antimadridista, Andújar Oliver, quien durante años opinó con su doble vara de medir en el Marca, comentó esta semana que el hijo de Enríquez Negreira asesoraba a los árbitros en sus partidos del Camp Nou, los recogía en el hotel, los llevaba al estadio y ejercía de coach y psicólogo de los mismos. Mister Rabillo Andújar nunca fue el más listo de la clase, pero si con estas declaraciones pretendía echar un cable al estamento o asegurar que los Negreira cobraban por un servicio real, lo cierto es que ha sembrado más dudas. «Iba a todas las reuniones del Comité Técnico con todos los árbitros. Iba a dar instrucciones a todos los colegiados. Hasta el 2018 ha sido ‘coach’ de ellos, es decir, los árbitros le han dado a este señor toda su información y pensamientos mientras él les tenía en sus manos».

Uno de los periodistas palmeros del sistema, Juanfe Sanz, lanzaba el otro día esta pregunta en Twitter:

Se supone que son periodistas, pero su pereza es infinita, no han investigado nada en años y no iban a hacerlo ahora. En Italia, durante la investigación del Moggigate, o el Calciopoli, quedó demostrado que numerosos periodistas formaban parte de la corrupción del sistema. Hay una línea de investigación muy clara que espero que alguien esté siguiendo: el sistema de ascensos y descensos de los árbitros. Cómo se hacía, quién decidía, de qué factores dependía, y sobre todo, si Enríquez Negreira pintaba algo en ello. La figura clave en el Comité Técnico de Árbitros ha sido Victoriano Sánchez Arminio, presidente durante más dos décadas, aquel que en una charla ante el resto de árbitros de primera y segunda división se despachó diciendo:

Sánchez Arminio dirigía el Comité con puño de hierro y con los años logró rodearse de un grupo de fieles acólitos que siguieran sus directrices casi al pie de la letra. Cuando escribí que el VAR no funcionaría en España (en 2017, un año antes de su implantación), colgué la carta de apoyo a Sánchez Arminio que todos los árbitros firmaron. Resultaba obscena y vomitiva entonces, y hoy es muy indicativa de lo que ha sido el CTA durante estos años:

«No queremos hacer un escrito de agradecimiento sino de reconocimiento y apoyo a tu trabajo […] creando un grupo unido y sin fisuras con una cabeza visible que eres tú».

«Presidente, estamos contigo. Estamos orgullosos de tu trabajo, de cómo diriges el colectivo arbitral y de cómo nos tratas a todos y cada uno de nosotros. Has llevado el arbitraje hasta un nivel al que cuando tomaste tú el mando ni se sospechaba que pudiera ser alcanzado. El listón está muy alto y sigue creciendo gracias a ti».

«Sabemos que estamos en un momento difícil para todos y, como ya dijimos en el mes de julio, las dificultades se superan trabajando y estando juntos. Créenos, nosotros lo estamos, contigo siempre a la cabeza. Victoriano, TE QUEREMOS».

¿Se puede influir en los árbitros? Pues no tengo ninguna duda. Alfonso Pino Zamorano dejó el arbitraje asqueado del sistema y dejó esta entrevista en 2017 en la que se despachaba a gusto contra Sánchez Arminio y Ángel María Villar. En ella habla de la «fidelidad» requerida de los mandamases, y del índice corrector, que no es otra cosa que la puntuación que se da a los colegiados tras cada partido y que decide al final de cada temporada quién desciende, quién promociona o quién es ascendido a internacional. Entre los árbitros, este índice nada transparente ni objetivo, que no se quiere hacer público, era conocido como «el dedo índice corrector» de Sánchez Arminio. Pino Zamorano denuncia que los árbitros que se negaban a firmar escritos de apoyo o repulsa contra quien les indicaba el sistema veían automáticamente rebajada su posición en el ránking: «Cuando acabó la temporada, Pérez Lasa, que iba a ser árbitro internacional, dejó de serlo y metieron a Velasco Carballo. Y Arturo Daudén Ibáñez, que era top class y podía pitar una final de Champions, lo bajaron a Segunda. Eso lo he vivido yo, que no me lo ha contado nadie. O estás conmigo o estás contra mí».

Recuerdo las desafortunadas declaraciones de Sánchez Arminio sobre el árbitro Muñiz Fernández tras el error de este al señalar un penalti en Elche a favor del Real Madrid, aquel sobre Pepe en el último minuto del partido: «No sé si Muñiz Fernández ha tenido algún problema familiar, alguna cosa que le provocara, a lo mejor, no estar en el momento propicio». Jamás le escuché ninguna declaración similar cuando el error se dio a favor del Fútbol Club Barcelona, y ha habido numerosos «errores» groseros durante muchas temporadas.

Paradas Romero presentó su renuncia al arbitraje tras las críticas del CTA por no expulsar a Mourinho en un partido frente al Rayo. Precisamente él, que fue el único árbitro que expulsó al portugués en su paso por la Liga española. Juan Manuel Brito Arceo fue en su día el árbitro más joven de Primera (24 años), pero su meteórica carrera se vio marcada, como la de Guruceta, el día que pitó un penalti fuera del área en contra del Barça en el Camp Nou. Llonch Andreu dejó el arbitraje en 2001, harto de las presiones del colectivo arbitral y despotricó de sus dirigentes. Entre sus «delitos», como señalaba el As, que el Madrid no había perdido en siete partidos con él al silbato.

Por el contrario, el sistema premiaba sistemáticamente a los que cometían errores a favor del Barça o en contra del Real Madrid. Ya he escrito mucho sobre HH y BB, Hernández Hernández y De Burgos Bengoetxea, pero para mí es digno de destacar el día que HH acudió a un plató de Movistar al final de la temporada para lamentar un error que había cometido. Solo comentó uno de los que tuvo en toda la temporada. Era junio y se acordó de manera lastimera de aquel gol que no concedió en el Betis-Barcelona jugado en febrero. Fue un error grave que le costó dos puntos al Barça, sin duda. Pero apenas una semana antes, el mismo HH había pitado el Penalba, uno de los muchos penaltis vergonzosos que se han visto en estas ultimas temporadas. Y no dijo nada. Ni se lamentó de todos los errores que cometió en ese partido en contra del Éibar. Ni se ha lamentado nunca después de todos aquellos que han perjudicado al Real Madrid, entre ellos, la mano de Felipe en el Atleti-Real Madrid de la temporada 2020-21. Por cierto, la única vez de 18 que no atendió lo que le indicaron desde el VAR:

Buscaba el perdón del establishment. Sabía cómo funcionaban las cosas en el CTA de Sánchez Arminio. Clos Gómez, hoy director de este VAR que es otra vergüenza más de esta Liga, con el que nunca había perdido el Barça en sus 22 partidos pitados, fue premiado con la final de Copa frente al Alavés de 2017. Y Hernández Hernández como cuarto árbitro, como quien tiene un refuerzo en el banquillo. Hay designaciones que no parecen casuales, como los dos árbitros de campo que acompañarían a Mateu Lahoz en la final de Champions de 2021. «Casualmente», e insisto en la casualidad, fueron los dos árbitros cuyas controvertidas decisiones posibilitaron que el Real Madrid no se hiciera con la Liga de esa misma temporada: Hernández Hernández (la mano de Felipe, flagrante) y Martínez Munuera (la mano de Militao, el gol anulado a Benzema, el penalti a Casemiro no concedido). Como dije en su momento:

Y esto no es de ahora. Si nos remontamos un poco más, podemos ver «errores» de designación como el ocurrido tras el Tamudazo de 2007. O mejor dicho, tras el gol con la mano de Leo Messi en la penúltima jornada de la Liga 2006-07 frente al Espanyol. Aquel partido acabó 2-2, pero que nadie olvide que en aquella Liga, Real Madrid y Barça acabaron empatados a puntos, y que de no haber sido por el gol de Tamudo, el Barça habría salido campeón del torneo. El árbitro que cometió el error fue Rodríguez Santiago. Pues bien, a los diez días, fue premiado para pitar la final de Copa.

Los árbitros son influenciables, por supuesto que sí. Ocurrió en Italia, en Portugal y en Alemania, y aquí ha salido el colectivo a defender su honorabilidad con argumentos que se caen por su propia inconsistencia. Un árbitro de Primera cobra 12.500 euros mensuales fijos, más 4.200 euros por partido, y 2.000 por estar en la sala VAR. Si además llegan a internacionales, cada partido les supone 7.000 euros. Entre unas cosas y otras, oscilan entre los 200.000 euros y los 300.000 euros anuales de los internacionales. Sin embargo, un árbitro de Segunda cobra la mitad, unos 100.000 euros. La diferencia entre tener satisfechos a los jefes o no tenerlos, entre ser bien puntuado por el índice corrector que no se publica o no serlo, es grande. Y los árbitros de categoría «élite» europea, Mateu Lahoz y Gil Manzano, no descienden, luego son menos manipulables. Quizás por eso llamara tanto la atención los pocos Real Madrid-Barça que han pitado en comparación con otros colegiados de la categoría. Y que conste que son dos árbitros que me gustan entre poco y nada, sobre todo por su afán de protagonismo.

Pretender que Enríquez Negreira era un estafador sin cargo real en el CTA parece una broma, un insulto. Investiguen por ahí, señores periodistas. Ya han empezado a salir algunas conversaciones.

Al parecer, el señor Negreira comunicaba los ascensos y descensos de categoría a los colegiados. Así lo ha asegurado Rafa Guerrero, ex árbitro y ahora colaborador en televisión, y así lo informaron en Radioestadio Noche, de Onda Cero:

Vaya, vaya, vaya, esto se anima. Según la emisora, el mismo Enríquez Negreira era el controller de Sánchez Arminio, el mismo cuyo hijo «asesoraba» a los árbitros antes de los encuentros, el mismo propietario de de una empresa en la que el 95 por ciento de los ingresos provenían del Barça, el mismo que «estafó» sucesivamente a Gaspart, Laporta, Rosell y Bartomeu. El dueño de una empresa con grandes salidas de efectivo, según la Agencia Tributaria, el mismo que amenazó al Barça por burofax con destapar las irregularidades (¿qué irregularidades, si no hubo nada?), el receptor de unos pagos que no figuraban en los presupuestos ni en las auditorías del Barça, según Carles Tusquets, anterior presidente de la comisión económica del club.

Van a tratar de cargarle toda la culpa, pero ahí falta mucho por seguir investigando. Si todo esto se hizo a espaldas de Sánchez Arminio y Ángel María Villar, y de Joan Gaspart, vicepresidente de la Federación, me quito el sombrero, menudo crack.

Un nuevo impuesto para cada problema, un nuevo problema tras cada impuesto (2ª parte)

JOSEAN, 12/02/2023

La primera parte de este post trataba acerca de la creación del impuesto sobre el depósito de residuos en vertedero, la incineración y la coincineración de residuos. Como se indica en el propio Preámbulo de la Ley, «el uso de este instrumento económico es un mecanismo clave para avanzar en economía circular y en la consecución de los objetivos (…) supone un desincentivo para las opciones menos favorables (…), favoreciendo el desvío de los residuos hacia opciones más favorables desde el punto de vista ambiental, que puedan contribuir a reintroducir los materiales contenidos en los residuos en la economía, como, por ejemplo, el reciclado«. En esa primera parte identifiqué los problemas que se pretendían combatir con la Ley y sus medidas fiscales:

  1. El envío de residuos a vertederos: reducir el porcentaje actual, superior al 50 por ciento, y acercarse de ese modo a los objetivos marcados por la Unión Europea.
  2. Acabar con el «turismo de residuos» entre las comunidades que ya tenían establecida esta tasa y las que no, o las que tenían una tasa inferior.
  3. El sujeto pasivo, en este caso, el agente contaminante, que debe ser quien soporte el impuesto.
  4. El déficit de instalaciones de residuos en España.

Las medidas fiscales mejorarán la situación existente, sin duda, pero como indicaba en aquel primer post, son insuficientes y pueden generar nuevos problemas, entre ellos, la dificultad de gestionar las plantas de tratamiento de residuos y los propios vertederos.

El punto 1 está claro: el impuesto es una medida directa, será más caro desprenderse del residuo y por ese motivo la Ley también incide en una serie de medidas para la mejora de diseño de los productos, la reducción de envases o la recogida selectiva para incrementar la separación en origen. Pero resulta insuficiente. El productor, el fabricante, el comercio, el empaquetador o los distribuidores tendrán que adaptarse y aun así, siempre habrá un volumen elevado de generación de residuos (¡los paquetes de Amazon!) que depositar en las instalaciones para su tratamiento y mientras no haya mejoras en las tecnologías, ni alternativas al vertedero, los residuos seguirán llegando a los mismos en un porcentaje (por desgracia) elevado.

La Ley incide en varios puntos sobre la «prevención», es decir, la reducción de los residuos en origen, en los diseños de fabricación o en las cantidades producidas.

El artículo 18.1.d) no habla de otra cosa que lo que se ha hecho toda la vida hasta hace unos años: reparar las cosas. Arreglar un televisor, una nevera, un pequeño aparato casero o la ropa, en lugar de ceder a la tentación del «es más caro arreglarlo que comprar uno nuevo». Combatir la obsolescencia programada de los aparatos.

Los talleres de reparación funcionan en algunos países del norte de Europa con resultados razonables, pero no son más que una ínfima parte de la solución a la cantidad de residuos generados, como los Vinted y Wallapop de turno para una segunda vida a determinados productos. Echo en falta las medidas de creación de un «arancel verde», como ya se ha planteado varias veces en la Unión Europea, para penalizar los productos que vienen de países con normativas medioambientales mucho más laxas, como China o Estados Unidos. El arancel que finalmente se creó en diciembre solo afectará a productos intensivos en emisiones de CO2, pero no a todos aquellos productos que van en contra de casi todo lo referido en esta Ley (plásticos de un solo uso, envases, empleo de ciertos materiales, textil…).

En resumidas cuentas, me refiero a todos esos productos de baja calidad que acaban tras un ciclo de uso rápido en el vertedero, y que son precisamente la mayor parte de aquellos en los que pone foco la Ley (art 18):

El punto 2, el transporte de residuos entre comunidades, puede corregirse en el corto plazo, pero la Ley ha dejado abierta una puerta a la competencia entre comunidades autónomas, puesto que lo que establece es un tipo mínimo del impuesto, pero permite que cada comunidad fije su propio tipo por encima de los 40 euros o de los 30 que comentábamos en la primera parte. Antes de la entrada en vigor había nueve regiones con algún tipo de tasa de vertido: Castilla y León, Andalucía, la Comunidad Valenciana, Baleares, Cantabria, Extremadura, Cataluña, La Rioja y Murcia. Pero con grandes diferencias entre ellas, que oscilaban entre los 20 euros de algunas comunidades y los 80 de otras. La tasa existente hasta la fecha tenía una relación directa con el tratamiento de residuos propio de cada comunidad, luego está por ver si las comunidades mantienen los 40 euros marcados por la Ley (y el resto de tipos impositivos fijados) o cada una se desmarca con un incremento sobre la misma.

El punto 3 no debería generar ningún tipo de problema, pues la Ley es clara respecto a la necesidad de que los ayuntamientos creen y establezcan un impuesto sobre la gestión de sus residuos, que incluya además la recogida selectiva en origen, el transporte a instalaciones especializadas y el depósito final. El artículo 11 indica:

Bajo esta premisa, no se entiende la explicación que da la Agencia Tributaria en su documento de Preguntas y respuestas acerca del sujeto pasivo del impuesto:

Posteriormente se indica que los residuos recibidos en las plantas tienen un tratamiento que los convierte en un nuevo producto y, por tanto, un nuevo residuo de otro tipo. Esta consideración es totalmente errónea y va a generar nuevos problemas en el corto plazo.

Los gestores de las plantas intermedias (empresas privadas en la mayoría de los casos) son meros intermediarios de todo el proceso, pero según la redacción, tendrán que ser quienes abonen el impuesto del depósito en vertedero. Como estas plantas se gestionan bajo contratos sujetos a la Ley de Contratos del Sector Público, con tarifas fijadas y pactadas de acuerdo a unos pliegos y ofertas, los gestores de las instalaciones tendrán que resarcirse del sobrecoste y tratar de repercutirlo a las entidades locales que han trasladado los residuos a sus instalaciones para su tratamiento. Pero el primer problema es que ese mecanismo de repercusión de costes no es automático para las empresas, pues la propia Ley limita su capacidad de actuación. Se viene una oleada de reclamaciones y contenciosos, y esta problemática daría para un post entero de carácter jurídico, pero lo dejo para los expertos en la materia.

Y ahora viene el nuevo problema: si los ayuntamientos entregan 100.000 toneladas (por poner un ejemplo) y se recuperan y reciclan aproximadamente 48.000 (datos del Ministerio), las restantes 52.000 van al vertedero. ¿De qué manera repercuten los gestores el impuesto a las entidades? ¿Porcentualmente, a cada uno un 52% de las toneladas que llevó a la planta? No será justo, puesto que habrá ayuntamientos con una mejor separación de residuos, o que tienen implantados sistemas de recogida selectiva más efectivos que los de sus vecinos, luego, ¿es justo que se haga tabla rasa?

La Ley obliga a que se pueda hacer una trazabilidad de los residuos que llegan a las plantas, así como de la separación de las distintas fracciones. ¿Servirá esa información para repercutir a cada ayuntamiento lo que teóricamente le corresponde? Y si finalmente no queda otra que repartir proporcionalmente a todos los ayuntamientos: ¿no se desincentivará a los que tengan implantadas medidas de separación en origen, en sus propios municipios, más caras, y se sientan penalizados por las prácticas de sus vecinos? Solo faltaba eso, que los que gestionan mejor se vean perjudicados por sus esfuerzos.

Y llegamos así al punto 4 del tratamiento de los residuos: la falta de inversiones. ¿Se utilizará la recaudación de este impuesto para la tan necesaria mejora de instalaciones de tratamiento de residuos? Según la única cuantificación del impuesto, de 2020, se espera recaudar 861 millones de euros, ¿se emplearán en innovación tecnológica, mejora de los procesos, automatización de las plantas, en incrementar la recuperación de materiales, que es uno de los objetivos de la Ley? La FAMP (Federación Andaluza de Municipios y Provincias) critica que el impuesto va a ser pagado “a pulmón” por los ayuntamientos, unos 120 millones en el caso de los municipios andaluces, y solicita que el gobierno de la Junta de Andalucía realice inversiones equivalentes en los ayuntamientos. ¿Pero quién financia las plantas en ese caso? El alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha criticado que sean los ayuntamientos los que pagan este impuesto, cuando entiende que se trata de una competencia autonómica. La consejera de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Paloma Martín, ha contestado que tampoco es un impuesto autonómico, sino estatal. Y así sigue el impuesto circulando de un lado a otro mientras nadie se atreve, en año electoral, a decirle a los ciudadanos que les van a enchufar un nuevo impuesto. Y las plantas siguen obsoletas. Los proyectos incluidos en los Fondos Next Generation siguen sin llegar.

Al menos (y “me extraña”) esta Ley no ha perdido recursos ni tiempo en entrar en estudios de identidad de género de los distintos tipos de residuos, como sí se hizo en el soterramiento de la M-30 o en las medidas contra el cambio climático con perspectiva degenero. Pero queda mucho por pulir en esta materia.

Un nuevo impuesto para cada problema, un nuevo problema tras cada impuesto (1ª parte)

JOSEAN, 08/02/2023

Con motivo de la entrada en vigor de las medidas fiscales contenidas en la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, hoy toca hablar de residuos municipales. De la ingente cantidad de basura que generamos en nuestros hogares, de lo que ocurre con dichos restos una vez salen por la puerta y del modelo productivo lineal existente que nos lleva a enterrar o incinerar los residuos en lugar de buscar un mayor aprovechamiento de los mismos. Dichas medidas fiscales contemplan, entre otras, la creación de dos nuevos impuestos:

  1. Impuesto especial sobre los envases de plástico no reutilizables.
  2. Impuesto sobre el depósito de residuos en vertederos, la incineración y la coincineración de residuos.

Dejaremos el primero de ambos impuestos para un posterior análisis (si la cabeza y las ganas permiten afrontarlo), y atacaremos hoy el segundo. El impuesto sobre el depósito de residuos en vertederos pretende desincentivar la falta de gestión de los residuos y su transporte a vertederos sin apenas tratamiento o recuperación. En dichos vertederos los residuos se enterrarán, cubrirán bajo capas de tierra y se convertirán en una nueva colina que añadir al paisaje. Una montaña de basura que tendrá que ser mantenida y tratada durante treinta años por las empresas gestoras de la instalación.

Parto de la base de que ambos impuestos pretenden dar solución a unos problemas existentes de cuya resolución tenían que haberse encargado las administraciones públicas muchos años antes, pero los impuestos son solo una parte de la solución, seguramente la más sencilla de afrontar y la primera medida que suele acometer la administración, pero es insuficiente y genera a su vez otros nuevos problemas.

Resulta paradójico que en la gestión fiscal sí se logra un modelo circular:

Problema 1. El envío de residuos a vertederos

Como comenté en el post dedicado a los residuos, según datos del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, más de la mitad de los residuos sólidos urbanos producidos en España termina en un vertedero. Esto supone unos 12 de los 23 millones de toneladas que se generan en nuestro país. Otros 2,5 millones de toneladas acaban incineradas.

El dato que un ciudadano puede entender mejor es el resultante de dividir estos 23 millones de desperdicios entre los 46-47 millones de habitantes del país: cada uno de nosotros genera 500 kilos de residuos al año. O lo que es lo mismo, 1,3 kilos diarios. Pues bien, de esos 500 kilos, la mitad, 250, terminan enterrados bajo tierra y otros 50 son quemados. Y este es el dato referido únicamente a los residuos sólidos urbanos, pues se estima el total de residuos generados en España en unos 132 millones de toneladas (la industria acapara el 32%, la agricultura y la gestión del agua otro 25%, y los residuos de construcción y demolición, el 26% restante), de los cuales el 60 por ciento termina en vertederos. 70 millones de toneladas en total.

El panorama puede ser más desolador si añadimos los vertederos ilegales y descontrolados aún existentes, uno de los principales motivos por los que la Unión Europea multa de manera sistemática a España desde hace años:

Hay que atajar este problema. Y mientras resulte más barato enterrar la basura que tratarla no van a cambiar mucho las cosas. Por mucho que las directivas europeas en la materia obliguen a los países miembros a alcanzar unas tasas de reciclaje y recuperación determinadas. Ahora mismo están fijadas las siguientes:

  • 2025: recuperación de al menos el 55% de los residuos.
  • 2030: el porcentaje debe incrementarse hasta el 60%.
  • 2035: se pretende alcanzar el 65% de recuperación.

El objetivo del paquete legislativo europeo sobre economía circular es “…acabar con el modelo lineal que no tiene en cuenta todo el ciclo de vida del diseño y la producción de productos, basado en la premisa de «usar y tirar». Esto representa una demanda de materiales y energía baratos y de fácil acceso muy elevada, intensiva, ineficiente e insostenible. Para darle fin, se propone el modelo circular que implica, entre otras medidas, acabar con la obsolescencia programada, reducir, reutilizar y reciclar para un aprovechamiento óptimo de los recursos utilizados y de los bienes y servicios generados a lo largo de toda su vida útil”.

Problema 2. Las distintas tasas de vertido entre comunidades

Algunas comunidades autónomas, pero no todas, ya tenían establecido un impuesto o una tasa por el envío de residuos a un vertedero, pero era muy desigual entre comunidades a veces vecinas, lo que producía el despropósito del trasiego de camiones que transportaban residuos de una comunidad a otra para ahorrar ese coste. Es otro de los problemas que se espera atajar con esta Ley. El “turismo de residuos”, como lo definió Alicia García-Franco, directora general de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER).

La misma fuente, Cinco Días, informaba recientemente sobre lo que denominaba «dumping» de residuos entre regiones, o por qué resultaba «económico» transportar camiones repletos de basura de Castilla-León a Madrid:

El impuesto es de carácter estatal, pero se cede su gestión a las comunidades autónomas. Se ha establecido un impuesto común a todos los territorios en función de los distintos tipos de residuos que llegan al vertedero. Parte de los 40 euros por tonelada de residuo municipal y 30 euros por rechazo de un residuo municipal, y varía en función del tipo de residuo de que se trate:

Problema 3. El sujeto pasivo

“Quien contamina paga” es el principio general que subyace en este impuesto. Y si hablamos de residuos municipales, o residuos sólidos urbanos, el productor de residuos es el ciudadano. El particular. Tal como se ha definido el impuesto, los sujetos pasivos del mismo son las entidades locales, es decir, los propios ayuntamientos o consorcios, que son quienes deben abonar el impuesto, o resarcir a las empresas concesionarias a las que tengan delegadas la gestión de los residuos y su transporte al vertedero correspondiente. En la segunda parte de este post hablaré de los problemas que ha generado la consideración del sujeto pasivo y las erróneas interpretaciones de la Agencia Tributaria en su documento de Preguntas y respuestas acerca de esta nueva figura fiscal.

Haciendo una cuenta rápida (e inexacta), cada ayuntamiento debería repercutir aproximadamente unos 10 euros por habitante y año a sus contribuyentes, para compensar esos 250 kilos por persona que decíamos que acaban anualmente en un vertedero. Aparte de lo que deberían repercutir por el propio tratamiento y reciclaje. Pero en un año con elecciones municipales, no parece probable una subida de impuestos (o sí, pero después de mayo), luego el dinero tendrá que salir de algún otro sitio.

Problema 4. Déficit de inversiones

Para mejorar la gestión de los residuos y reducir el depósito de los mismos en vertederos, o lo que es lo mismo, para acercarse a los objetivos indicados por la Unión Europea, la solución pasa por invertir en instalaciones, en tecnología más eficaz para la separación de los residuos y el aprovechamiento de los materiales recuperados. Las empresas del sector calculan que hay un déficit de inversiones en España de unos 8.300 millones de euros. Existen numerosas innovaciones en el ámbito de la gestión de los residuos que permitirían disminuir el actual porcentaje ridículo de recuperación, pero muchas de estas empresas, españolas para más inri, están implantando las mismas en el extranjero.

Sacyr gestiona una planta de compostaje en Melbourne (Australia) a través de su filial Valoriza. FCC explota una planta de reciclaje en Dallas (Estados Unidos) y Urbaser, una de valorización energética en Gloucestershire (Reino Unido). Pero la situación de las plantas de residuos en España sigue estancada desde hace una década: siguen faltando inversiones y no terminan de licitarse y arrancar los proyectos presentados a través de los Fondos Next Generation.

Recaudación esperada con la creación del impuesto

Mientras se espera el arranque de las necesarias inversiones, el gobierno ha optado por la creación de los impuestos mencionados. No hay una cifra clara de la recaudación estimada y la única cifra de la que se dispone es la estimación que el propio Ejecutivo dio en diciembre de 2020, en la que calculó el mismo en 861 millones de euros.

Esta cifra no ha sido actualizada desde entonces, o al menos no ha sido publicada en una Memoria económica, y en los próximos meses se verá lo ajustado de dicha estimación, así como los efectos de la creación del nuevo impuesto.

Continuará: Un nuevo impuesto para cada problema, un nuevo problema tras cada impuesto (2ª parte).

Óscar al parecido

TRAVIS, 29/01/2023

Esta semana se han dado a conocer las candidaturas a los Óscar de Hollywood y, como en los últimos años, no parece haber una dominadora clara, o un favorito destacado para las categorías de mejor película o director, pero sí para los premios de interpretación. Se habla de Austin Butler y Ana de Armas como los mejor posicionados (con el permiso de Brendan Fraser y Cate Blanchett) por sus papeles de Elvis Presley y Marilyn Monroe. Austin Butler ya se impuso en los Globos de Oro a Fraser (The whale), mientras que Ana de Armas cedió ante Cate Blanchett (Tár), si bien la australiana ya se ha llevado dos veces la estatuilla y esas cosas se tienen en cuenta en este mundillo de los premios.

He visto las películas de ambos actores, Elvis y Blonde, y no voy a criticar los papelones que realizan, que se dejan literalmente la piel, están intensos, dramáticos, histriónicos cuando había que estarlo (las actuaciones de Elvis) o sufrientes (en especial esa Marilyn sometida y dominada por los hombres), pero sí voy a cuestionar qué es lo que parece premiar Hollywood en este tipo de interpretaciones. ¿Premian la capacidad del actor de meterse en el papel de un personaje real o realmente premian la caracterización? ¿Se premian la voz, los gestos, la réplica exacta de los movimientos y las poses, o el maquillaje y vestuario?

Ambas películas tienen muchos puntos en común. Tratan la vida convulsa de dos mitos del cine y la música del siglo XX que murieron de manera prematura y en circunstancias trágicas. La música y la visión explotadora de la industria cultural juegan un papel importante en la trama, así como las circunstancias familiares y personales de ambos personajes. Pero además, ambas cuentan con dos directores que son la antítesis de lo que era John Ford. El clasicismo. John Ford era un maestro del encuadre, ponía la cámara en el sitio idóneo y luego narraba del mejor modo posible lo que sucedía en ese «marco», hasta el punto de resultar un maestro logrando que pareciera que no había dirección. Sin embargo, los grandes directores de la historia del cine lo han mencionado siempre como su referente a la hora de rodar, como el mejor de todos los tiempos, el ejemplo a seguir. Por el contrario, Baz Luhrmann en Elvis y Andrew Dominik en Blonde se empeñan en que el espectador perciba que tras cada plano hay un director, un virtuoso de la cámara. Parece que le dijeran al espectador: «eh. mira, que te he cambiado del color al blanco y negro, o al sepia, ¿has visto este travelling, qué te parece cómo muevo la cámara?, y ahora unas letras enormes, o cambio la paleta de colores para que sepas que hay un director detrás, y ahora te meto una voz en off o pongo una cámara que salga de la entrepierna de Marilyn». Me interesaron tanto como me agotaron.

De ambas películas, o de la dirección de las mismas, leí críticas parecidas, como que eran frenéticas, estimulantes, brillantes, un caos controlado, pero también (y me alineo más con estos) histriónicas o exageradas. Excesivas. A Baz Luhrmann lo conocía de Moulin Rouge o Romeo y Julieta, pero no recuerdo haber visto nada de Andrew Dominik. En lo que coincidían todas las críticas era en alabar las interpretaciones de Austin Butler y Ana de Armas. Como vi que se aplaudía este mismo año el papel de Kristen Stewart como Lady Di en Spencer, una película sencillamente espantosa. Muy mala. Son papeles muy del gusto de la crítica especializada y del espectador, quizás porque encuentra en pantalla un referente conocido, mil veces visto en informativos, documentales o revistas, y de repente lo «ve» en pantalla en su vida diaria, sin el glamour de la vida pública: en la cocina, en el baño, discutiendo con sus parejas o sufriendo. Y el sufrimiento «mola» a la crítica y a los votantes en estos premios. Elvis y Marilyn sufren todo tipo de penurias personales, y si a ello unimos que las caracterizaciones son buenas, para el Hollywood de los premios, el sufrimiento y el parecido son valores «oscarizables».

Un repaso a los Óscar de los últimos años nos muestra lo siguiente:

2022: Will Smith por King Richard, el papá de Venus y Selena Williams (Cine y tenis).

2021: se lo llevó Jessica Chastain, en dura competencia con Nicole Kidman, por transmutarse en Lucile Ball (Being the Ricardos) y con la mencionada Kristen Stewart por Spencer.

2019: Renée Zellweger por Judy (Judy Garland).

2018: Rami Malek (Bohemian Rhapsody), por su papel como Freddie Mercury. Aunque muy bien podría haberlo ganado Christian Bale por su transformación en Dick Cheney para Vice.

2017: Gary Oldman (El instante más oscuro), por mimetizarse con alguien con quien no se parecía nada como Winston Churchill.

2014: Eddie Redmayne en La teoría del todo, por ser capaz de hacernos ver al mismísimo Stephen Hawking.

2012: Daniel Day Lewis, por Lincoln.

2011: Meryl Streep por hacer de Margaret Thatcher en La dama de hierro.

Y muchos más, si nos remontamos un poco más: Colin Firth como Jorge VI en El discurso del rey, Forest Whitakker como Idi Amin (El último rey de Escocia), Philip Seymour Hoffman por Capote, Jamie Foxx por Ray (Ray Charles), Marion Cottillard como Edith Piaf en La vida en rosa, Helen Mirren por The Queen,… Todos ellos se llevaron el Óscar de interpretación. Y se quedaron muchos otros «a punto de», esperando su momento, como Morgan Freeman haciendo de Nelson Mandela (Invictus), Will Smith por Muhammad Ali, Leonardo di Caprio por J. Edgar Hoover, o Denzel Washington por Malcolm X.

Parece una moda reciente, con mayoría de premios en las últimas dos décadas para actores que luego en la mayoría de casos apenas han vuelto a aparecer en las nominaciones, pero siempre han sido del gusto de Hollywood. Ben Kingsley tiene múltiples papelones a sus espaldas, pero solo logró la estatuilla en 1982 al convertirse gracias a una lograda caracterización en Gandhi. Me parece interesante el caso de George C. Scott, otro gran actor, tipo duro y rudo, quien logró su único Óscar por Patton, en 1971, pero lo rechazó porque consideraba que las interpretaciones eran únicas y no podían compararse. Que la comparación a la que obligan estos premios carecía de sentido. «La ceremonia de los Óscar es un desfile de carne».

Lo habitual cuando se otorga un premio por estas «creaciones» es que vayan acompañadas de las candidaturas a mejor maquillaje y peluquería, pues se convierten en parte fundamental del papel del actor. Por eso afirmo que se premia el «todo», no solo la interpretación, sino la recreación corpórea de un personaje archiconocido. Y hay varios ejemplos asombrosos. Si uno piensa por ejemplo en Dick Cheney le vendría a la cabeza cualquier actor antes que el cachas Christian Bale de Batman o American Psycho. Pues ahí está el milagro de las producciones de Hollywood.

O voy a hacer otra pregunta: ¿en qué se parecen Pablo Picasso, C.S. Lewis, Richard Nixon, Benedicto XVI, Alfred Hitchcock?

Pues en que personas tan diferentes fueron interpretadas por Anthony Hopkins.

Josh Brolin y Sam Rockwell no se parecen físicamente en nada, pero dieron la pega como George W. Bush.

Con todo lo dicho no quiero criticar las caracterizaciones, peinados, maquillajes o vestuario de los actores. Son fundamentales, le dan credibilidad al personaje real que ha sido transportado a la pantalla. Me ha pasado con las distintas temporadas de The Crown. He conocido a tres Reinas Isabel II y no tengo ninguna pega con ellas, pese a lo distintas que resultan. De la atractiva Claire Foy a la agotada Olivia Colman, o la tristona Imelda Staunton.

Tampoco tengo problemas con los jóvenes Carlos y Lady Di de las temporadas tercera y cuarta, pero sí en esta última temporada con los actores seleccionados para estos papeles, que no me han convencido nada, me «sacaban» de la serie. Él, Dominic West, porque no me recordaba al príncipe Carlos, y ella, Elizabeth Debicki, porque era demasiado alta y desgarbada para el papel.

En España nos atrevemos menos con los personajes históricos recientes que los americanos con sus presidentes, quién sabe si por los complejos de nuestro propio cine o por el pudor a la hora de hablar de la Familia Real. Pero sí recuerdo interpretaciones premiadas como las de Pedro Casablanc haciendo de Luis Bárcenas (B, la película), tremenda composición, hasta el punto de que el propio actor parezca indeseable, Carlos Santos como Luis Roldán en El hombre de las mil caras, o Javier Bardem como Ramón Sampedro en Mar adentro.

La película se llevó el Óscar a mejor película en lengua no inglesa, y Bardem el Goya a mejor actor. A mí me parece que en este caso se premió el hecho de que un tiarrón como el madrileño se convirtiera en el tetrapléjico gallego, porque lo cierto es que vocalizaba como el orto y me tuve que poner subtítulos para entenderlo.

La subjetividad de los premios, veremos qué ocurre con los Óscar. Sus principales rivales son papeles extremos en lo físico (Brendan Fraser) o en lo psicológico (Cate Blanchett), las otras características que más gustan en la Academia. Pero lo de engordar, adelgazar, mostrar una discapacidad o tener alguna tara mental da para otro post completo.

«Sportswashing» by Arabia Saudí

JOSEAN, 21/01/2023

El sportswashing es el término inglés utilizado para denominar la práctica de aquellos países o regímenes dictatoriales que utilizan el deporte para lavar su imagen (whitewashing). Con unos años de retraso sobre los cataríes, Arabia Saudí se ha lanzado a tumba abierta (u opaca, en el caso de los trabajadores fallecidos en régimen de semiesclavitud) a mejorar su imagen internacional con la organización de grandes eventos deportivos.

La firma con los organizadores del Dakar por diez años (15 millones de euros anuales), la celebración de un Gran Premio de Fórmula-1 en Jeddah durante los próximos diez (se habla de un monto global de 650 millones), el circuito de golf con premios multimillonarios para atraer a los mejores profesionales, la celebración de veladas de boxeo con varios de los mejores púgiles del mundo y bolsas estratosféricas, la compra del Newcastle, las Supercopas de España e Italia y como colofón, el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Al Nasr por un salario anual de 200 millones de euros, todo forma parte de la promoción del país y su Saudi Vision 2030. Una agenda de eventos y promoción internacional que pretende atraer el turismo al país y de paso, mejorar su imagen en el exterior. El objetivo final es la organización de un Mundial (han presentado la candidatura de 2030 junto con Egipto y Grecia) o unos Juegos Olímpicos en 2036.

Utilizar el deporte para vender la imagen de tu país es algo tan antiguo como el propio deporte como fenómeno de masas. Los dirigentes deportivos nunca se han llevado mal con dictadores o jefes de estado de todo tipo y moral, y si nos remontamos en el tiempo, llegamos al menos hasta Hitler y los Juegos de Berlín en 1936 como escaparate internacional para la difusión de la idea de la raza aria como superior. Pero realmente me pregunto siempre: un estado totalitario, o una dictadura en los índices más bajos en materia de derechos humanos, ¿de verdad consigue lavar su imagen al atraer a los mejores deportistas del mundo?

Acabamos de tener la prueba más reciente con el mundial de la infamia y la vergüenza en Catar. Por mucho empeño que pusiera el presidente de la FIFA Gianni Infantino en elogiar los avances del país, millones de espectadores han podido saber qué dicen las leyes acerca del papel de la mujer, el colectivo gay, los derechos de los trabajadores inmigrantes o las libertades más fundamentales como la de expresión, de prensa o de asociación. Lejos de blanquear la dictadura catarí, el que ha querido conocer la realidad del país ha podido hacerlo de numerosas maneras, con reportajes durísimos, documentales estremecedores o leyendo el Informe de Amnistía Internacional al que aquí nos referimos durante el propio mundial del que nos negamos a hablar.

Arabia Saudí pretende abrirse al mundo y mostrar sus maravillas naturales (que no dudo de que las tendrá) del mismo modo que se abrió a recibir turistas hace apenas tres años, pero a lo que sus dirigentes parecen reacios es modificar sus políticas en materia de derechos humanos. A mí, y supongo que debería ocurrir con toda persona de bien, el hecho de que Cristiano Ronaldo vaya a jugar allí los próximos dos años, o que ahora vayan los «deseados» Messi, Modric, Sergio Ramos o Di María, no me va a cambiar la opinión sobre el país. Dejo estos ejemplos extraídos de la página de Amnistía Internacional:

  • Se calcula que han muerto unas 233.000 personas en la guerra de Yemen, en la que Arabia Saudí encabeza una de las coaliciones internacionales en conflicto. la UEFA y la FIFA expulsaron a Rusia de inmediato de todas las competiciones internacionales tras la invasión de Ucrania, pero Arabia Saudí lleva años participando con regularidad en cualquier torneo, mundial incluido.
  • No hay libertad de expresión y se siguen dando casos como la condena a Shalma al-Shebab a 34 años de cárcel por tuitear a favor de los derechos de las mujeres en el país. Sus blanqueadores occidentales dicen que se ha avanzado mucho en este campo en los últimos años. Claro, ahora ya pueden conducir, algo insólito vedado hasta hace un lustro, «gran avance». Pero sigue rigiendo el derecho de tutela del varón (padre o marido) sobre la mujer, y se alcanza la locura más desesperante con el hecho de que una mujer que sufre violencia de género necesita el consentimiento de su marido para poder solicitar acogida en un centro.
  • En 2022 se ejecutó a 128 personas, pese a que los dirigentes habían prometido derogar la pena de muerte para determinados delitos de opinión o narcotráfico. Los juicios siguen sin contar con todas las garantías necesarias para los acusados.
  • Arabia Saudí no ha firmado el tratado internacional contra la tortura y la sigue practicando contra los presos. El defensor de los derechos LGTBI Mohamed al-Bokari fue condenado a recibir 500 latigazos acusado de violar la moral pública.
  • Figura en el país 127 de un total de 142 en materia de igualdad de género.
  • Los trabajadores inmigrantes siguen sometidos al régimen de la kafala (igual que en Catar), lo que los convierte en mano de obra barata, sin apenas derechos. Pasan a ser «propiedad» de sus empleadores que los obligan a trabajar en condiciones precarias. Da igual el calor que haga.
  • No hay libertad de prensa, ni de asociación, por lo que no hay oposición a los dirigentes, ni mediática, ni política. En la actualidad hay al menos 26 periodistas detenidos por ser críticos con el régimen. Según Reporteros Sin Fronteras, Arabia Saudí ocupa el puesto 166 sobre un total de 180 en libertad de prensa.

El nuevo dueño del Newcastle no es otro que el príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salman, el mismo que ordenó el envío de agentes a Estambul para detener al periodista Jamal Khashoggi, que fue torturado durante horas, asesinado y su cuerpo descuartizado y sacado del país en valijas diplomáticas. Cuando el Newcastle fue vendido al fondo soberano saudí en 2021, hubo una concentración de aficionados del club inglés en la sede del club. Pensé que estaban protestando el hecho de caer bajo las garras de la satrapía saudí, y sin embargo, estaban de celebración: habían sido adquiridos por una fortuna diez veces mayor que la del fondo de Abu Dábi que compró el Manchester City.

¿Se puede hacer algo para frenar el empuje de los países del golfo en Europa? Seguro que sí, al menos en el deporte, aunque poderoso caballero es don dinero, y dudo mucho que algo vaya a cambiar. Durante los setenta y los ochenta, cualquier deportista profesional que participara en un evento deportivo en Sudáfrica era vetado y sancionado para cualquier competición internacional. Las sanciones a Sudáfrica por su política de apartheid podrían muy bien replicarse para aislar «deportivamente» a Catar o Arabia. Pero no se hará, sino todo lo contrario, irá cada vez a más.

En la rueda de prensa previa al mundial de Catar, Gianni Infantino dijo que en Europa o en occidente éramos unos hipócritas con un largo historial de abusos a nuestras espaldas. Y puede que fuera lo único en lo que estuve de acuerdo con él, aunque fuera por motivos bien distintos a su intento de blanqueamiento de los cataríes.

Claro que es hipócrita acusar al país de violaciones de derechos humanos, pero luego abrirse de nalgas ante ellos para conseguir el contrato del AVE a La Meca, o el pastizal de la Supercopa de España (lamentable que se haya privado de este espectáculo a los aficionados de los clubes españoles), o los contratos de los astilleros de Navantia para la venta de buques de guerra. Los países que más armas venden a Arabia Saudí son, por este orden: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España. Y renunciar a estos fondos es renunciar a muchos puestos de trabajo. Recomiendo el programa Salvados de Jordi Évole y su conversación con el alcalde de Cádiz, el popular Kichi, sobre este asunto en particular (enlace). Las cancillerías occidentales lavan su conciencia obligando a firmar un acuerdo con los compradores de armas para que estas no se utilicen en revueltas civiles internas o contra la población de un país enemigo con el que se está en guerra. Pero una vez vendidas las armas… el silencio, la falta de control sobre su uso.

Y claro que Europa es hipócrita, como lo fue en su día con Gaddafi, con Teodoro Obiang, con Pinochet, con el general Noriega o con cualquier otro líder de un país con reservas naturales o infraestructuras estratégicas básicas. La frase de Franklin Delano Roosevelt sobre el dictador Somoza define a la perfección la política mundial: «es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta».

A mí no dejan de sorprenderme las genuflexiones de los líderes occidentales cada vez que viene un jeque con sus cargamentos de petrodólares y los contratos bajo el brazo. Yo, que ya estaba casi convencido de ser un potencial violador y un maltratador por el mero hecho de haber nacido hombre, o que era racista por ser blanco, homófobo por ser hetero y no comulgar con alguno de los postulados del colectivo LGTBI, tránsfobo por criticar aspectos de la ley trans, o que tenía que pedir perdón por ser español y hace cuatrocientos años nuestros ancestros cruzaron el charco para llevar su civilización, ya lo tengo claro: tendría que declararme saudí, aunque eso sea imposible. Así podría ser bien recibido en todas partes pese a no respetar ninguno de los derechos básicos de la mayor parte de la ciudadanía, y no se me tildaría de nada porque estaría en mi cultura y habría que respetarla.

En fin, una pena. Arabia Saudí ha desembarcado en la Premier League con la compra del Newcastle. y se habla de que incluso podría comprar el Liverpool o el Manchester United. La normativa de la UEFA lo impide, pero ya buscarán una triquiñuela legal para que se lo permitan, como que cada club pertenezca a un fondo saudí diferente. Menuda es la UEFA para el cumplimiento de la legalidad.

El fondo catarí QSI, propietario del Paris Saint Germain, está negociando la entrada en la Premier y la compra de un club inglés. Según parece, entraría en la puja por el Liverpool. 16 de los 20 clubes de la Premier están en manos extranjeras: fondos americanos (Arsenal, Chelsea, Manchester United, Leeds, Crystal Palace), de Abu Dábi (Manchester City), Irán (Nottingham Forest) o Arabia Saudí (Newcastle ¿y…?). La Superliga promovida por el Real Madrid, el Barça o la Juventus no será el problema de las ligas nacionales en los próximos años. El problema va a ser la Premier, que se lo está llevando todo del resto de ligas pagando unas cifras estratosféricos con fondos provenientes en muchos casos de dictaduras, y la UEFA va a ser cómplice de todo este proceso. Sobre este asunto va el último vídeo grabado en el canal de Kollins:

Edades reales, inverosímiles o biológicamente improbables

TRAVIS, 13/01/2023

El año que acaba de finalizar nos dejó la desaparición de Olivia Newton-John a los 73 años. Uno de tantos mitos del cine de nuestra juventud que nos ha abandonado en los últimos años. Su papel más recordado, sobre todo para los que fuimos niños y/o adolescentes en los setenta y ochenta, fue el de la inolvidable Sandy de Grease, aquella joven mojigata e inocente en su último año de instituto. Es decir, que su papel estaba escrito para una chica de 17 años. 17, repito, porque el asunto de este post va a ser la diferencia entre las edades de los personajes y la edad real de quienes los interpretaron. Cuando se rodó Grease, Olivia Newton-John contaba 29 añitos, ni más, ni menos. Lo cierto es que aunque desentonara, no lo hizo más que sus compañeros de reparto. John Travolta, alias Danny Zuko, tenía 24 años. Didi Conn (la pavisosa Frenchy) y Jeff Conaway (el caracráter Kenickie) tenían 27. Pero la palma se la llevaban Michael Tucci (30 y cara de haber sido ya padre varias veces) y Stockard Channing, la malota Rizzo, la cual tenía la friolera de 33 palos y cara de haber vivido ya varias vidas convulsas. Pero se supone que también iban al instituto.

Supongo que no será sencillo acertar con los casting y ahora mismo no concibo Grease sin otros actores “de instituto” que no sean los talluditos Olivia y Travolta, pero se dan casos muy curiosos. Por ejemplo, en Sonrisas y lágrimas, la mayor de los Von Trapp fue interpretada por la actriz Charmian Carr, que había cumplido 22, unos pocos años por encima de los que se suponía que tenía su personaje. Lo curioso es que Julie Andrews interpretaba el papel protagonista, su futura “madrastra”, con solo 29 años a sus espaldas. La poca diferencia no resulta llamativa en pantalla, si bien es cierto que la “monja” María parecía más cercana en edad y gustos a su “hijastra” que a su pareja, el coronel Von Trapp interpretado por un Christopher Plummer de 36 años.

Esa poca diferencia de edad real de Sonrisas y lágrimas tenía un pase por la inexistencia de relación materno-filial biológica entre las protagonistas, cosa que no sucedía con una de las películas españolas más recordadas de los sesenta, La gran familia. Los hijos mayores del matrimonio fueron interpretados por Jaime Blanch (22), Carlos Piñar (21) y María José Alfonso (20), unas edades adecuadas a la figura de un padre precoz, Alberto Closas (42), pero imposibles para la madre, Amparo Soler Leal, quien en aquel momento contaba solo con 29 años. O la política pro-familias numerosas del gobierno franquista obraba milagros para que las mujeres procrearan con celeridad, o el aspecto envejecido prematuro de la gran Amparo era el que obraba dicho milagro.

Las actrices se han quejado tradicionalmente del daño que hacía a sus carreras el avance inexorable de la edad, que las condenaba a papeles secundarios, o a ser “solo” madres o abuelas (las ocupaciones más importantes del mundo, sin dudarlo), cuando no directamente a la escasez de papeles. Un hecho que no ocurre con sus compañeros de reparto, cuyo declive suele ser mucho más prolongado en el tiempo. Sally Field pasó en apenas seis años de encajar como posible pareja de Tom Hanks en Punchline (1988), cuando ambos tenían 42 y 32 años de edad respectivamente, a ser madre de Forrest Gump (1994). Una mujer de 48 años reales con un hijo que crece en pantalla desde los 18 hasta cerca de la cuarentena (los que realmente tenía Tom Hanks), justo antes del fallecimiento fílmico de una de las mejores madres que nos dejaron los guionistas y directores.

La edad real de los protagonistas masculinas se disimula en ocasiones a base de maquillaje, o con la propia caracterización que los actores son capaces de realizar. En ocasiones el maquillaje no puede ocultar la realidad de la edad del actor, como sucedió con Pequeño gran hombre, la película que, según el libro Guinness de los récords, representa el período más largo de vida «fílmica» de un personaje jamás realizado. Desde los 17 años hasta los 121, si bien el maquillaje de principios de los setenta cantaba por soleares.

Ese récord es discutible si pensamos en El hombre bicentenario, Los inmortales, Drácula o el niño de A.I. (Inteligencia Artificial), por ejemplo, aunque supongo que eso será hacer trampa con personajes irreales. La tecnología ha mejorado de manera notable estas caracterizaciones, como pudimos ver con la evolución y el rejuvenecimiento de Brad Pitt interpretando a Benjamin Button.

Y luego están los actores capaces de obrar el milagro con muy poco aparato externo y mucho talento. Cuando Francis Ford Coppola estaba preparando el rodaje y completando el casting de El Padrino, trató de convencer a los productores de que el actor adecuado para el papel de Vito Corleone era Marlon Brando. El problema, aparte del carácter insoportable del actor y sus exigencias, radicaba en que Brando tenía entonces 47 años, una edad improbable para un capo de la Mafia que tendría unos hijos de 31 años (James Caan y Al Pacino por entonces) y otro como John Cazale, quien además aparentaba más de sus 36 reales. Vito Corleone tenía que tener el aspecto de un tipo algo cascado por encima de los sesenta años, y por ese motivo la productora trató de convencer a Coppola de que el actor adecuado sería Sir Laurence Olivier. Cuando el británico declinó el papel por su enfermedad, la productora trató de convencer a Ernest Borgnine, hasta que finalmente accedió a las pretensiones de Coppola. Eso sí, con varias exigencias (salariales, un seguro, penalizaciones por incumplimientos o retrasos), entre las cuales, la más exigente, y la que nunca habría aceptado Marlon Brando, era la necesidad de hacer una prueba previa.

Cuenta la leyenda que cuando Brando llegó a lo que él creía que era un primer test de rodaje, lucía una larga cabellera rubia y el sobrepeso que lo acompañó los últimos años. Llenó la mesa de queso, vino y puros, y comenzó su transformación: se recogió el pelo en un moño, se lo tiñó con betún, que aplicó también a las ojeras para aumentar el aspecto de tipo siniestro y se llenó la boca de bolas de papel para lograr el aspecto descrito por Mario Puzo en la novela. Comenzó a ensayar con el acento y con la voz, una voz rota que posteriormente se haría famosa, puesto que pensaba que era la que tendría un personaje al que le han pegado un tiro. Los ejecutivos de la Paramount no reconocieron a Marlon Brando cuando lo vieron: «¿quién es ese conejo viejo?», dijeron. Lo contrataron y el resto es historia del cine.

Sin embargo, hay cosas que ni siquiera el talento o la tecnología pueden lograr, y si bien con los rostros se consiguen ya caracterizaciones muy ajustadas, resulta difícil lograr lo mismo con la fortaleza física o la agilidad. La mayor pega que le veo a El irlandés es la lentitud de movimientos de Robert de Niro cuando se supone que está en una edad mediana, entre los cuarenta y los cincuenta. La paliza que pega al empleado de la tienda resulta inverosímil en pantalla, como rodada a cámara lenta. O cada vez que lanza un arma al mar parece que se va a quedar en el puente porque tiene las fuerzas justas para arrojarla a una cierta distancia. Me da cierto repelús ver a Harrison Ford enfundado de nuevo en el traje de Indiana Jones a sus ochenta palos. Muy bien llevados, todo hay que decirlo, pero ochenta e Indiana Jones en una misma frase,… no sé, me chirría.

Y luego está el caso de querer ajustarse a la verdad cuando se rueda sobre personajes históricos y que la crítica te reproche que algún personaje resulta poco creíble. Eso es lo que contaba William Goldman en las Nuevas aventuras de un guionista en Hollywood (magnífico, como la primera parte, muy recomendables ambos) sobre Ryan O’Neal y Un puente lejano. Su papel como el General James Gavin fue criticado por resultar demasiado joven para un general, pues el actor tenía entonces 37 años. Ocurre que James Gavin fue en su día el general más joven del ejército y en el momento de la batalla de Arnhem representada en pantalla tenía… pues 37 años. Goldman se lamenta en el libro de aquellas críticas con cierta ironía: «quizás deberíamos haber puesto a George C. Scott en el papel. No hubiera sido lo correcto, pero sí se lo hubieran creído». «Fuimos demasiado reales como para ser reales…».

Termino ya con este tema de las edades y lo hago con un asunto escabroso: rodar con menores cuando hay escenas de sexo explícito. Las escenas con la prostituta de Taxi driver no fueron rodadas por Jodie Foster, sino por su hermana mayor. Cuando hablé de La naranja mecánica, mencioné la necesidad que tuvo la productora de incrementar las edades de los personajes de la novela de Anthony Burgess para evitar la calificación de la película. Malcolm McDowell tenía 27 años cuando rodó el papel de Álex y las niñas que se lleva al apartamento, no tenian diez años precisamente.

Sue Lyon y Dominique Swain tenían 16 años cuando interpretaron el personaje de Lolita en las versiones de Stanley Kubrick y Adrian Lyne, respectivamente. Creo que no estamos preparados para una actriz que realmente tuviera la edad del personaje de Lolita al inicio de la novela de Vladimir Nabokov: 12 años. ¡12! Nos resultaría una película tan repulsiva como a mí me pareció por momentos la novela. Por muy bien escrita que esté y todas las loas habituales que se le dediquen.

Esta semana se ha estrenado en Telecinco una serie que viene acompañada de polémica: Escándalo, relato de una obsesión. Escenas de sexo explícito y continuado en el tráiler entre una mujer de 42 años y un joven de 15. La trampa empleada por la productora es que el actor, Fernando Líndez, tiene 22 añitos y muchos kilómetros ya recorridos. Si querían escándalo, pongan un imberbe de 15 palos, que seguro que no se vería de la misma manera.

He leído algunas críticas que decían que la polémica se montaba porque en esta ocasión era ella, la mujer, la que doblaba la edad del chico, o que cuando sucede a la inversa no se monta tal controversia (Manhattan, American Beauty) po rel machismo imperante y blablabla.. Lo de siempre. Pues no lo creo, tampoco es la primera vez que sucede, ni son tan originales en Telecinco. Ya lo vimos en Verano del 42, en la que la estupenda Jennifer O’Neill acaba llevándose al catre a un chaval de catorce años. O la diferencia entre los personajes de Harold y Maude, donde la septuagenaria Maude acaba enamorando al jovenzuelo Harold. A lo mejor el problema está en la elegancia de unas obras y en la búsqueda del morbo en otras. Aunque hasta para eso hacen trampas.

¡Hasta otra, jóvenes, maduritos y ancianos de buen ver!

Quién me iba a decir

Pues sí, quién me iba a decir ¡a mí!, y que se me perdone tanto egocentrismo, que, con la timidez que siempre tuve y las pocas ganas que me acompañaron toda la vida para hablar en público, acabaría el año dando un par de charlas e interviniendo en un canal de YouTube.

Y quién me iba a decir ¡a mí! que me atrevería a subir vídeos con mis frikadas particulares y mi propia voz para arrancar el año. Aquí lo dejo… y me retiro a la cueva dos minutos y medio, el tiempo que dura el vídeo:

El video aúna un poco de todo lo que los lectores han podido encontrar en el blog en 2022: el cine de Travis, el Real Madrid de Barney, la familia de Lester, «su» libro, o las críticas al Mundial de Catar y a la corrupción de la FIFA de Josean. Espero que os guste. Y como en el canal de Kollins siguen contando conmigo, hoy mismo se ha publicado un nuevo vídeo. El tema escogido ha sido la salida de Cristiano Ronaldo a Arabia Saudí y las (estúpidas y poco inteligentes) críticas vertidas por una parte de ese bochornoso periodismo deportivo que tenemos en España. El autoproclamado «mejor periodismo deportivo del mundo».

Quién me iba a decir ¡a mí!, que pasé ocho años en el anonimato de este blog, que me moví siempre mucho mejor con la palabra escrita que con la hablada, que ahora iba a prestar mi cara y mi voz para un tema que polariza tanto a la gente como el fútbol.

Arrancamos un nuevo año, en forma, aunque puede que con formas distintas a las de los años anteriores.

2021: No mires atrás, no mires arriba

2020: El año que nos encerramos cautelosamente

2019: Despropósitos de Año Nuevo

2018: Ahora más que nunca

Y por supuesto, sigo sin dejar de buscar lo que ya anunciaba en el primer post de 2015, en uno de los artículos más leídos de la historia de este blog: En busca de la tranquilidad. Como un puñetero hobbit.

No fueron inocentadas

No lo fueron. No fueron bromas de mal gusto, sino hechos, realidades que sucedieron en este año que está a punto de terminar, otro año de acontecimientos históricos e histéricos.

BARNEY

La UEFA publicó su ranking de los mejores equipos de Europa y el Real Madrid, tras ganar la Liga y la Champions (la más inverosímil que recuerdan mis ojos), desciende un puesto, hasta el sexto concretamente. El PSG, o Qatar Saint Germain, sin embargo, asciende una posición en esta absurda clasificación, hasta el quinto. Entre sus méritos está, sin duda, haber sido eliminado por el Madrid en octavos de final de la Champions. Méritos similares a la mayoría de clubes que preceden a los blancos en la clasificación. Chelsea, Manchester City y Liverpool también fueron derrotados por el Real Madrid, no ganaron la Liga de su país (excepto el City de Abu Dhabi), y se mantuvieron en mejor posición en este curioso ranking.

Son las cosas absurdas que ocurren en el mundo del deporte, algunas sujetas a coeficientes de cálculos absurdos, y otras a votaciones infumables como las de los trofeos individuales. Gavi fue elegido el mejor jugador joven de Europa y conquistó el Golden Boy. Otra broma, como se vio con la caída de su equipo (de nuevo) a la Europa League, o si se comparan sus prestaciones en el infame mundial de Catar con las de otros jóvenes que quedaron por detrás en la votación, como Bellingham, Musiala o el mismo Camavinga, quien añadió a su notable participación en la Champions, una final espectacular en el mundial en un puesto que no era el suyo. Tanto Gavi como Pedri, como Ansu Fati, son proyectos de jugadores muy esperanzadores para los culés, pero (creo modestamente) han sido elevados a una categoría en la que todavía no están. Que Gavi, un buen jugador, haya sido elegido mejor joven de Europa cuando su mayor virtud es una agresividad pareja solo con su marrullería es una inocentada propia de un día como hoy. Pero vamos, que tampoco hay que extrañarse demasiado: Xavi Hernández fue elegido entre los quince mejores entrenadores del mundo.

TRAVIS

CODA, la mejor película del año. Repito, no es una inocentada: CODA se llevó el Óscar a la mejor película del año. Vale que no hubiera obras grandiosísimas, majestuosas, de las recordables por décadas, pero, sinceramente, había varios puñados que se podían haber llevado tal premio antes que esta, una adaptación correcta de la buenista y amable película francesa La familia Bélier. Pero son las cosas de Hollywood. West Side Story (Steven Spielberg), El callejón de las almas perdidas (Guillermo del Toro), Belfast (Kenneth Branagh), Licorice Pizza (Paul Thomas Anderson), King Richard (Reinaldo Marcus Green), hasta El sopor del perro, perdón, El poder del perro (Jane Campion) o No mires arriba (Adam McKay) me parecían más oscarizables. Lo que tampoco fue inocentada, salvo que nos tomaran el pelo, fue el sopapo que le soltó Will Smith a Chris Rock en pleno directo. Dejando aparte la piel fina de Will Smith o de su mujer, lo más reprochable del presentador fue la poca gracia de su broma. Que aprenda de la mordacidad salvaje de Ricky Gervais en los Globos de Oro, en especial en su quinta (y última) ceremonia, en 2020:

¡Eso es repartir y no lo que hacen los de Amazon! Leonardo di Caprio, Martin Scorsese, Meryl Streep, todo Hollywood (¡Judy Dench, jojojo, vaya, vaya, vaya!) recibió guantazos de un presentador que sabía que no iba a repetir, y aguantaron con la sonrisa o la carcajada en la boca (en especial, aquellos para los que no iba la broma). El Príncipe Andrés, Apple, Greta Thunberg,… aquella noche repartió más que Magic Johnson en toda su carrera.

JOSEAN

Tiene cojones, pero no fueron inocentadas las cosas que vimos en política durante este 2022. No fue una broma, ni siquiera de mal gusto, ver a EH Bildu y a ERC hablar de que el Partido Popular estaba en contra del sistema, o que estaban faltando a sus deberes. O escuchar a Pedro Sánchez decir que la oposición estaba contra la Constitución mientras trataba de sacar proyectos adelante con el voto favorable de Bildu y ERC, los aclamadores de etarras o de la Declaración Unilateral de Independencia del 1-O. Han pasado cosas tremendas este año, como que la reforma laboral se aprobara por la torpeza reiterada de un diputado del Partido Popular (Alberto Casero, quien, sin duda, no era el más listo de la clase), o que Felipe Sicilia comparara las togas de los jueces del Tribunal Constitucional con las metralletas de Tejero el 23-F.

Que se rebajaran o redujeran los delitos de sedición y malversación para lograr aprobar los presupuestos, o que las penas a agresores sexuales se vieran minoradas por la torpeza de una ley promovida por quienes carecen de formación para ello. Tampoco fueron inocentadas los gambazos de la oposición, como la dimisión de Pablo Casado tras acusar a Isabel Díaz Ayuso de los negocios de su hermano con las mascarillas. Negocios probados, legales, según parece, pero reprobables en términos de ética y política. Y no es una inocentada ver que su sucesor, Alberto Núñez Feijóo (bufff…), junto con Santiago Abascal (más buffff…), forma la alternativa más probable a este gobierno que me deja anonadado cada semana, cuando los lunes me digo «no será capaz de…» para comprobar el viernes que «ha vuelto a hacerlo».

Todo parece una broma de mal gusto, como que los chavales de quince años no puedan conducir, tomar unas cañas, votar o consentir explícitamente las relaciones sexuales, porque se considera que carecen de la madurez suficiente para ello, pero que sin embargo puedan abortar o determinar su sexo libremente sin el consentimiento paterno. Lo que no es una broma es la deuda pública, y lo comprobaremos durante años.

LESTER

Pues no fue una broma, pero durante unos días, mi libro Volver al asfalto estuvo en el número 1 del top de Libros más vendidos de Running, maratones o como quieran llamar a este vicio de correr.

Y con esta no-inocentada, como por la propia publicación, como por la presentación o los comentarios de amigos y familiares (¿gente con conocimientos culturales excelsos o pelotas rastreros?… me inclino por lo primero), me doy por más que satisfecho en este 2022 a punto de finalizar.

Fiel a la tradición

Nunca pensé que la Navidad fuera a resultarme de utilidad para parir nuevas historias, pero se ve que en estos últimos años me he aficionado a la misma, o me he servido de la misma como excusa para crear un relato en «este marco temporal». Eso ha sonado como el discurso del Rey, un marco temporal, o institucional o incomparable. Comencé en su día con la recuperación de unos Microrrelatos de Navidad que había presentado a algunos concursos (sin premio).

Un par de años después hice lo mismo que el sábado pasado: recoger las hojas caídas de los árboles que tengo en el jardín, y de mis pensamientos de una soleada mañana de diciembre surgió una historia, La hoja del ciprés rojo. Sobre el paso del tiempo, la música y los rituales navideños que por circunstancias toca variar.

Estos últimos años me he presentado al concurso de relatos convocado por La Galerna, que unen al encorsetamiento de la Navidad la norma de meter otro elemento en la narración: el Real Madrid. En mi caso, ambos elementos están íntimamente relacionados por el Torneo de Navidad de baloncesto que se celebró durante más de cuarenta años, así que con esa excusa escribí el primero de ellos, trasladando la historia de un par de niños y su abuelo (el otro elemento que no debería faltar nunca en las Navidades) al momento mítico de la historia de este Torneo: la rotura de tablero de Arvydas Sabonis. El relato se tituló Lituriaga y aunque esto de los relatos es como lo de los hijos y no está bien tener un favorito, yo lo tengo.

Un año después me fui a aquella tarde del 5 de enero de hace un porrón de años cuando se jugaron los seis minutos del partido suspendido entre el Madrid y la Real Sociedad la misma Tarde de Reyes en que medio Madrid se iba a la cabalgata unos minutos después. Tres recogepelotas llamados Martín, Gastón y Brahim que no serían los Reyes Magos de nadie, sino tres chavales de barrio que vivirían aquel momento inolvidable. Y para este año casi puedo decir que he pasado de la Navidad y del Real Madrid para contar la historia de un amor interrumpido o aplazado, que nunca se sabe. Decía Woody Allen que le gustaría reencarnarse en la yema de los dedos de Warren Beatty, y con esa frase en el recuerdo le puse el título a mi historia. Espero que os guste.

La yema de los dedos (enlace a La Galerna)

Diciembre de 1995. El marido de Laura no entendía por qué ese empeño de su mujer en acudir a media tarde al Palacio de los Deportes de Madrid, a ver un partido entre las selecciones de Australia y de Cuba, cuando a él lo que de verdad le apetecía era ver a su Real Madrid del alma un par de horas más tarde.

  • Es por el niño -contestó Laura-.
  • Pero si solo tiene seis años -replicó Javier airado.
  • Le encantará este ambiente, como me gustaba a mí cuando era niña y mi padre me llevaba a los partidos.

El pequeño Javi miraba embobado a la cancha, el calentamiento de los jugadores, el movimiento acelerado, los estiramientos, los chicos recogepelotas. Luego se giraba hacia las gradas superiores y al poco público que había en aquellas horas previas al gran partido del día, el que enfrentaba al Real Madrid contra un equipo brasileño del que nadie sabía gran cosa. El niño fijó su atención en las banderas. Estaba en esa edad en la que su curiosidad lo llevaba a tratar de conocer “todas las banderas de todos los países del mundo”, como solía decir.

  • Mis favoritas son las que tienen estrellas, como esas -dijo mientras señalaba las de Cuba y Australia, que colgaban de lo alto del pabellón.
  • Bueno, nuestro escudo no tiene estrellas, pero el equipo está repleto de ellas -le contestó socarrón su padre.

Laura había puesto un empeño especial en comprar las localidades en la cuarta fila detrás del banquillo visitante. Su marido no lo sabía, pero el corazón de Laura palpitaba de modo acelerado. Miraba el calentamiento de los jugadores sin pronunciar palabra. Luego observó al equipo técnico del teórico visitante. El entrenador llevaba un traje elegante y junto a él había otros tres miembros ataviados con un chándal azul brillante con unas letras rojas ribeteadas de blanco: CUBA. El más alto de los tres se dio la vuelta con cierto disimulo, pero su vista no recorrió las gradas. Buscó directamente en la cuarta fila.

Era él. Era ella. Leonardo Quiroga clavó su mirada en los ojos de Laura, cuyo corazón casi se le escapa por la boca. Javier y Javi no advirtieron la mirada prolongada que mantuvieron ambos, pues estaban entretenidos con un animador que lanzaba peluches a la grada, pero de haberse girado a su izquierda habrían percibido cómo su mujer y madre había volado metafóricamente del asiento. A 1983.

LAURA: recuerdo aquel día como si fuera ayer. Era la Ciudad Deportiva y nuestros asientos estaban algo más elevados que ahora. No éramos más que unas adolescentes en busca del autógrafo de Fernando Martín.

Leonardo se quedó petrificado, pero trató de disimular mirando hacia el público, al techo, a las banderas, aunque cada pocos segundos volvía la vista a los ojos de Laura.

LEONARDO: recuerdo la primera vez que encontré tu mirada entre el público. Fue en un balón que salió por el lateral y que intenté alcanzar con un salto. Salió hacia tu sitio y trataste de esquivarlo. Sonreíste.

LAURA: yo ya me había fijado en ti durante el juego. Tu elegancia de movimientos, el brillo de tu piel, aquellas patillas de época que me resultaron tan encantadoras. Y un pelo fuerte y oscuro que desde el principio quise estrujar con fuerza entre mis dedos. Me miraste avergonzado tras el rebote del balón en nuestros asientos. Y te disculpaste con el público, pero cuando te girabas para regresar al juego, tus ojos volvieron a mí.

LEONARDO: al acabar el partido, tus amigas fueron al banquillo del Madrid. Me reí con sus gritos de “Fernando, Fernando”, como si fuera un cantante pop. Tú fuiste la única que se acercó a nuestro banquillo, donde no iba nadie, y me pediste una firma en tu carpeta de estudiante.

LAURA: tengo grabado tu mensaje palabra por palabra. “Para Laura, con cariño”. Y en la segunda hoja: “Te espero en Casa Rodri, enfrente del Hotel Continental. Me escaparé a las once y media”.

LEONARDO: arriesgué mucho al huir de la concentración del equipo. En aquellos años estábamos muy vigilados por el delegado del gobierno, que nos acompañaba en cada viaje al extranjero. Me descolgué por el patio interior de la lavandería. Fue una locura.

LAURA: no sé qué hacía en aquel bar a las once y media. Claro que fue una locura, lo sé. No sé qué buscaba, quizás una aventura, quizás me había enamorado.

LEONARDO: nunca te lo dije y jamás lo sabrás, pero al principio solo quería utilizarte. Ganarme tu confianza, que me invitaras a tu casa y cuando no te dieras cuenta, llevarme unas medicinas para mi madre. O dinero, o material escolar para mis sobrinos. Todo aquello que nos faltaba en La Habana.

LAURA: me empeñé en llevarte a un lugar de salsa, en que bailaras conmigo como si todos los cubanos fuerais unos artistas solo por el hecho de ser cubanos. Y tú, con tus dos metros de altura, te movías con una torpeza que acabó de lograr que cayera en tus brazos.

LEONARDO: recuerdo todo lo que hicimos aquella noche como si fuera ayer mismo.

LAURA: “te voy a enseñar el Madrid que no conoces”, te dije.

LEONARDO: jamás se me olvidará la cara de tu amiga cuando le pediste que nos dejara pasar la noche en su casa.

LAURA: y vaya noche, nunca la olvidaré.

LEONARDO: tuve que irme muy temprano, tenía que volver al hotel antes de que en la concentración advirtieran de mi escapada. Todos los integrantes del equipo estábamos avisados del castigo si alguno se fugaba.

LAURA: no quería que te fueras. Me miraste fijamente. Con ternura, con tristeza en la mirada. Nuestros dedos se rozaron por última vez, ¿puedes creer que aún tengo la sensación de tu tacto en la yema de los dedos?

LEONARDO: me costó mucho separarme de ti. Hallé tanta bondad en ti que me olvidé de mis intenciones iniciales. Aún lloro con la despedida.

LAURA: no volví a saber de ti. Te fuiste, tu equipo volvió y no supe nada más de ti. Escribí varias cartas a la Federación Cubana de Baloncesto, pero imagino que no te llegarían.

LEONARDO: ¿por qué no me buscaste? ¿Por qué no me pediste que me quedara? A la mañana siguiente, al volver al hotel antes de que amaneciera, me sorprendió el delegado del gobierno. Y al regresar a Cuba me retiraron el pasaporte y me prohibieron salir del país durante una década. ¿Por qué no volví a verte?

LAURA: no contestaste nunca a mis cartas, así que dos años después viajé a La Habana con unas amigas. Fue una pesadilla recorrer La Habana e imaginar tu rostro en cada esquina, en cada persona con la que me cruzaba, en cada cancha de baloncesto improvisada en las calles. No sé en qué pensaba, pero quería encontrarte, aunque no supiera muy bien con qué vana ilusión.

LEONARDO: si en aquel momento nuestras vidas se hubieran cruzado de nuevo, todo habría sido distinto. Pedí permiso a la Federación para fichar por un equipo belga que se había interesado por mí, pero me lo denegaron. Albergaba la esperanza de volver a Europa y comenzar una nueva vida. Te habría buscado sin dudarlo.

LAURA: pero mi vida tenía que seguir.

LEONARDO: tendría que permanecer en Cuba, así que traté de olvidarte. Me retiré del baloncesto, me casé, tuve dos niños y ahora entreno a los más jóvenes.

LAURA: lo habría dejado todo por ti. Me casé, tuve un niño maravilloso, pero nunca dejé de pensar en aquella noche.

LEONARDO: cuando me dijeron que volvíamos al Torneo de Navidad del Real Madrid, mi vida entera se trastocó, los recuerdos volvieron a mi mente, aquel ambiente mágico… Sé que era una locura pensar que volvería a verte.

LAURA: no volví a un torneo de Navidad hasta que supe que participaba la selección de Cuba. Fue una locura pensar que volvería a verte, pero…

Y aunque las yemas de sus dedos no volvieron a juntarse, Laura y Leonardo se lo dijeron todo sin cruzar una sola palabra.

Sonó el pitido que anunciaba los tres minutos para el inicio del encuentro.

El Informe sobre la Superliga

Cap. XXVIII y último de El club de los currelas muertos.

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

Hoy FINALizamos esta serie de recomendaciones que ha durado cuatro semanas y lo hacemos con un texto farragoso por momentos, sorprendente en varias de sus afirmaciones y que deja algunas conclusiones ambiguas que pueden marcar el devenir del fútbol de élite en las próximas temporadas. La lectura recomendada de hoy es el Informe de Conclusiones del Abogado General Athanasios Rantos sobre la Superliga y sobre la posible posición de monopolio de la UEFA, un monopolio que estaría afectando a los derechos comunitarios en materia de competencia.

Me ha llamado la atención que la Introducción comienza recordando lo que fue el caso «Bosman» hace treinta años. Puede que los mas jóvenes no lo recuerden, pero en aquellos años se dirimió si la «justicia deportiva» podía saltarse la normativa comunitaria en materia de derechos laborales y libre movimiento de los trabajadores. En aquella ocasión fue un jugador belga de segundo nivel el que consiguió lo que a la mayoría nos parece normal, y es que no prevalezcan las normas de un organismo de Derecho privado suizo dirigido por mandamases cuanto menos dudosos sobre la legislación comunitaria. Los catastrofistas perdieron entonces y (ojalá) perderán en el futuro.

Antes de entrar en materia conviene mencionar que la Resolución presentada esta semana no es vinculante, si bien lo habitual es que las sentencias del TJUE coincidan con dichas conclusiones en unos dos tercios de las ocasiones. En este blog ya nos ocupamos hace años de un Informe más que controvertido, en aquella ocasión sobre la renuncia forzosa a los intereses de demora del Plan de Pago a Proveedores de Montoro, y ya entonces dedujimos que primaron otros intereses sobre lo que parecía razonable y aún diría más, legal.

El litigio se plantea como una cuestión prejudicial presentada en un Juzgado de lo Mercantil de Madrid por los promotores de la Superliga (ESLC), sociedad de Derecho español, ante las declaraciones conjuntas de la FIFA y la UEFA para oponerse a la posible creación de una nueva competición. Según el punto 18 del Informe, «dicho órgano jurisdiccional alberga dudas acerca de la conformidad con el Derecho de la Unión de determinadas disposiciones estatutarias de la FIFA y de la UEFA, así como de las amenazas de sanciones o advertencias vertidas por estas federaciones, habida cuenta, en primer lugar, de la prohibición de abuso de posición dominante establecida en el artículo 102 TFUE; en segundo lugar, de la prohibición de las prácticas contrarias a la competencia establecida en el artículo 101 TFUE, y, en tercer lugar, de las diferentes libertades fundamentales garantizadas por el Tratado FUE, en la medida en que aquellas podrían utilizarse para debilitar cualquier iniciativa privada que pudiera competir en el ámbito de las competiciones de fútbol.» El resaltado del texto es mío.

Los propios Estatutos de la FIFA y la UEFA ya responden a lo primero, al abuso de posición dominante. La FIFA indica en sus Estatutos:

Y la UEFA por su parte:

Es obvio que el fútbol mueve mucha pasta y que van a batallar con sus «armas de siempre» para que no les quiten el negocio. La FIFA y la UEFA funcionan como monopolios, y por sus agresivas reacciones y amenazas deberían quedar contestados todos los puntos de la cuestión prejudicial. El Informe pasa entonces a analizar el «modelo deportivo europeo», un sistema abierto con ascensos y descensos, en el que «entre sus objetivos principales figura el de promover competiciones abiertas, a las que todos puedan acceder gracias a un sistema transparente en el que los ascensos y descensos de categoría mantengan un equilibrio competitivo y favorezcan el mérito deportivo, el cual constituye también un elemento esencial de dicho modelo». No es exactamente así. La ACB estuvo durante años sin ascensos y descensos porque los equipos de la Liga LEB no podían cumplir con los requisitos económicos de entrada. Y ocurre en casi todos los campeonatos profesionales organizados.

Continúa el Informe diciendo que este modelo «se apoya en un régimen de solidaridad financiera, que permite redistribuir y reinvertir en los niveles inferiores del deporte los ingresos generados por los acontecimientos y las actividades de la élite». Bueno, el despelote de la «solidaridad financiera» ha alcanzado su culmen con la irrupción de los jeques y los millonarios con fortunas sin límite para desequilibrar cualquier competición en la que participen sus clubes. Claro que según el abogado, «las características particulares de las actividades deportivas las distinguen de otros sectores económicos» y «es necesario un grado de igualdad y cierto equilibrio competitivo, características que diferencian al deporte de otros sectores, en los que la competencia entre operadores económicos conduce finalmente a expulsar del mercado a las sociedades ineficientes». ¿Se ha echado al PSG o al City por sus abultadas pérdidas, se ha descendido al Barcelona por su ineficiencia? ¿No, verdad?

Estas medias verdades ya hacen sospechar lo que se va a indicar a continuación, que no es otra cosa que el hecho de que, aunque las normas de la Unión Europea en materia de competencia digan una cosa, se las van a saltar o al menos flexibilizar. Este párrafo es revelador:

Cuando lo leí me recordó al descenso administrativo del Sevilla y el Celta allá por los noventa por un incumplimiento de la Ley, y cómo se movieron instituciones de todo tipo, también públicas, o las manifestaciones en las calles de Vigo y Sevilla para frenar la bajada a Segunda B de los clubes de fútbol de la ciudad. Se consiguió, supongo que por esas «características particulares del deporte» que permiten saltarse la Ley. Leer esto una semana después de saber que decenas de europarlamentarios han sido untados por el gobierno de Catar, dueño de BeIn (que controla los derechos del fútbol), del PSG, cuyo presidente Al Khelaifi dirige también la ECA (Asociación de Clubes Europeos), tranquiliza mucho.

El Informe continúa con una parte muy interesante sobre la que se ha hablado menos, que es el conflicto de intereses que supone que las federaciones deportivas puedan ser reguladoras y además realizar una actividad económica. Hace referencia a dos sentencias, una deportiva y otra sobre una profesión liberal, en las que «el Tribunal de Justicia declaró que, cuando una normativa atribuye a una persona jurídica, que organiza y explota comercialmente ella misma competiciones, la facultad de designar a las personas autorizadas a organizar dichas competiciones y de fijar las condiciones en las que estas últimas se organizan, tal normativa concede a dicha entidad una ventaja evidente sobre sus competidores. Por tanto, tal facultad puede llevar a la empresa que la ostenta a impedir el acceso de otros operadores al mercado en cuestión. Así pues, es preciso que el ejercicio de esta función normativa quede sometido a límites, a obligaciones o a un control para evitar que la persona jurídica de que se trate pueda falsear la competencia favoreciendo las competiciones que organiza o aquellas en cuya organización participa«. Nuevamente la parte subrayada es mía.

Quizás la parte más controvertida del Informe está en los puntos 63 al 82 sobre si la UEFA restringe la competencia por el efecto o por el objeto. El Abogado indica claramente que los clubes podrían seguir adelante con la creación de la Superliga:

«76. Así, nada impediría, en principio, a los clubes que forman la ESL seguir el ejemplo de otras disciplinas deportivas y crear su propia competición fuera del marco definido por la UEFA». Es la Euroliga de baloncesto, por ejemplo, el mejor ejemplo de que todo esto de lo que se está hablando no es más que una polémica creada para mantener un sistema que mueve mucho dinero. La salvaje reacción de Javier Tebas, presidente de LaLiga, por ejemplo, y los artículos falaces de muchos de los medios a los que ha regado con millones de euros en los últimos años. Es mentira. La Superliga no ataca, compite, ni limita las ligas nacionales, del mismo modo que la Euroliga no lo ha hecho.

Pero por otro lado reprocha a los clubes que quieran seguir perteneciendo a la UEFA, lo que llama «doble pertenencia». Viene a decir que tendrían que acatar las sanciones que les marcara la UEFA, pues «solo tendrían un efecto restrictivo en la medida en que los clubes afectados desearan seguir afiliados a la UEFA». Y aquí es donde la bajada (a medias) de los clubes ingleses o el Atleti del modelo de la Superliga puede dar al traste con el proyecto. Si todos los grandes siguieran adelante, la UEFA no podría frenar la Superliga. Pero han decidido decir en público y de cara a la UEFA que se bajan del proyecto sin haberse salido formalmente del mismo, quizás por las cláusulas de penalización que tiene el acuerdo de la Superliga. Solo se mantienen el Real Madrid, el F.C. Barcelona y la Juventus de Turín.

Llegado a este punto, el Abogado no sabe por dónde salir y se saca una frase que podría ser de los Hermanos Marx tanto como de Mariano Rajoy:

«78. Habida cuenta de las consideraciones anteriores, estimo que, aun cuando las normas controvertidas en el litigio principal puedan tener por efecto restringir el acceso de los competidores de la UEFA al mercado de la organización de competiciones de fútbol en Europa, tal circunstancia, suponiéndola acreditada, no implica manifiestamente que esas normas tengan por objeto restringir la competencia en el sentido del artículo 101 TFUE, apartado 1».

El régimen de sanciones solo afecta a los clubes si estos deciden seguir perteneciendo a las federaciones deportivas y a la UEFA. Es lo que pasó con la FIBA y la Euroliga en su momento, hay precedentes muy similares: «si estos últimos (los clubes) deciden «romper» con esta federación creando una nueva competición independiente y participando en ella, el riesgo de imposición de sanciones puede dejar de tener cualquier efecto disuasorio sobre ellos«. Y más adelante (punto 146), indica que la UEFA y la FIFA podrían sancionar a los clubes que no se acojan a sus normas, pero no a los jugadores, y este punto apenas se ha mencionado en la prensa: «No obstante, las sanciones de exclusión dirigidas contra los jugadores que no tengan ninguna implicación en el proyecto en cuestión son desproporcionadas, en particular por lo que se refiere a su exclusión de las selecciones nacionales».

Respecto a la explotación de los derechos televisivos, el Abogado General considera que la UEFA debe mantener el privilegio de la venta de derechos en exclusiva, se supone que para mantener la equidad del deporte. Pero es que además lo hace porque «la explotación de los derechos a los que se refiere el litigio principal guarda relación con un deporte que reviste una «considerable importancia social»», para luego caer en una contradicción flagrante, puesto que reconoce que «el legislador de la Unión aprobó una normativa que concedía, en particular, a cada Estado miembro la posibilidad de imponer que los acontecimientos deportivos considerados «de gran importancia para la sociedad» fueran retransmitidos en abierto». Es decir, respeta ese derecho por la importancia social del fútbol, hasta el punto de que se permite la emisión en abierto, pero luego no entra en que la venta se hace para emisiones cerradas, o bajo suscripción. Cada día más caras, por cierto. El fútbol en abierto interesa, como se puede comprobar con las cifras de audiencia, pero resulta cada vez más exclusivo en la modalidad de pago. Y con la reducción de audiencias perderán a las generaciones más jóvenes, seguro, que es a quienes dicen proteger.

En unos meses habrá sentencia, pero las conclusiones no son, valga la redundancia, concluyentes. Deja muchos frentes abiertos que cada uno interpreta a su manera. Bernd Reichart, CEO de A22 Sports, empresa tras el proyecto de Superliga, ve mucho recorrido por delante, pues la sentencia no impide el derecho a organizarla. Sí puede llevarle a cambiar lo que inicialmente estaba en el proyecto, que era el permiso previo de la UEFA. Habrá guerra, y quizás negociación. Yo creo que no puede ser de otro modo. Los medios dependientes han salido rápidamente a decir que la Superliga estaba herida de muerte. No creo que vayan a expulsar de la Champions a los clubes de la Superliga, me extrañaría que los paganinis, las televisiones, renunciaran a su mejor activo de estos años, el Real Madrid. O al resto, que tampoco se han salido formalmente de la Superliga. Pero sí intentarán amedrentar con una sanción económica.

El mundo del fútbol tiene que cambiar, empezando por el Reglamento. Hoy se ha cerrado el mundial de la infamia de Catar con un partidazo de fútbol (ARG 3 – FRA 3). El segundo partido que he visto en este mes. Pero no me quito la sensación de corrupción que hay detrás de sus dirigentes, tanto de la FIFA como de la UEFA, tipos siniestros, poco transparentes, que manejan el cotarro a su antojo. Tipos que hablan de fair play financiero y permiten que se lo salten los que los mantienen en el poder. Individuos que proclaman que Football is for the fans, pero se quedan un tercio de las entradas de las finales de Champions para sus patrocinios y compromisos particulares. Gente con contactos cercanos con las peores satrapías del mundo que anuncian nuevas competiciones internacionales contando con los activos de los clubes (Matar el fútbol). En unos meses sabremos cómo acaba esto. Y quizás sepamos para entonces cuántos europarlamentarios (¿habrá jueces del Tribunal de Justicia de la Unión Europea?) han sido pillados en el Qatargate.

Unos días después de escribir este post, estuve charlando acerca de este asunto con Javier Alberdi en su canal de YouTube, Kollins. Aquí dejo el enlace: