El rechazo frontal a la Superliga

De todo lo que rodea a la Superliga, lo que más me sorprende es el rechazo tan frontal que ha recibido sin haber llegado ni a escuchar el proyecto. Por parte de dirigentes deportivos y políticos, periodistas, directivos de clubes modestos, de clubes ricos, federaciones y algunos aficionados, muchos de ellos subvencionados o promovidos por los mismos que propagan “el mensaje único” con una coordinación propia de bots en redes sociales.

Mi perplejidad va en aumento cuando leo que el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, ha promovido y logrado la firma de 25 países de la Unión Europea “en contra de la Superliga”. O eso nos han dicho. ¿Es posible que los principales líderes europeos, y no hablo del mundo del deporte, hayan firmado un documento para exigir que todos los clubes europeos se acojan a lo que marque un organismo como la UEFA? ¿En lugar de respetar lo que indicó la reciente sentencia del Tribunal de Justicia (ojo) de la Unión Europea sobre “la libertad de mercado” y contra “el abuso de su posición dominante” de la UEFA y la FIFA? ¿Todos ellos han firmado que el fútbol debe seguir sometido a los dictados de un organismo ubicado en Suiza, que no cumple las leyes comunitarias, dirigido por un tipo siniestro con relaciones con Catar y Rusia? Pues eso parece. O puede que sea una interpretación interesada porque me niego a creerlo.

La reacción de Javier Tebas de esta misma semana sigue siendo desmedida, pero es coherente: ya no habla tanto de la ilegalidad de la Superliga como del perjuicio económico que supondría para “su negociado”. Y de entre las gilipolleces escuchadas, tengo que destacar la de Áxel Torres, porque es sublime:

  1. El proyecto actual de la Superliga vs la nueva Champions

El mayor error de la Superliga fue, a mi modo de ver, la penosa presentación en sociedad, en un programa frívolo e insoportable como El chiringuito, bajo la forma de un proyecto cerrado organizado por doce clubes que se garantizaban su presencia, y liderado por Florentino Pérez. Aún se sigue pagando ese error. Aquello no tuvo ningún sentido, era demasiado rígido, poco atractivo, con puestos garantizados para los fundadores, y además, puso como cabeza visible y casi única del proyecto al club con más seguidores, el Real Madrid, pero movilizó también a otro grupo con un número superior: el de los antimadridistas.

El proyecto actual es bien distinto, mucho más atractivo. Además, ahora lo está explicando y vendiendo un profesional de los medios y la comunicación, Bernd Reichart, CEO de A22 Sports Management, la empresa designada por ESL (European Super League) para gestionar el proyecto. Lo explica en un perfecto español, mejor que el de muchos de los periodistas que le preguntan, y lo hace con conocimiento, con pasión, con datos y con educación, considerablemente superior a la de los maleducados «axeltorres» de los medios. Desde que salió la sentencia favorable al desarrollo de campeonatos paralelos a los gestionados por la UEFA (diciembre de 2023), se ha pegado un tour por todas las cadenas de radio, televisión, prensa escrita y webs que han querido recibirlo para explicar el proyecto. Y el proyecto resulta atractivo, al menos para escucharlo. Luego ya podemos preguntar todas las dudas que nos surgen, como los criterios de admisión inicial, o los 20 nuevos equipos que entrarán año tras año, pero de primeras, suena interesante. En apenas dos minutos lo explican de manera muy gráfica, pero, por lo que escuché en algunos de los programas de radio, la mayoría de «opinadores» no lo habían visto:

Frente a este modelo sobre el que se podría empezar a discutir, la UEFA ha reaccionado con un campeonato incomprensible para la temporada 2024-25, que me temo que va a ser un fracaso mayúsculo. Intento explicarlo: la nueva Champions constará de 36 equipos participantes que serán incluidos en una única clasificación general y jugarán ocho partidos contra ocho rivales diferentes, cuatro en casa y cuatro fuera, pero repito, contra distintos equipos. Habrá un ranking previo de participantes para que los ocho partidos de cada club sean, al menos en la teoría, de similar dificultad: cuatro bombos teóricos de nueve, para que cada equipo juegue contra uno de su bombo y dos de cada uno de los restantes. De los 36 equipos se clasifican 24: 8 pasan directamente a cuartos, y los 16 siguientes, es decir, del 9º al 24º, juegan una eliminatoria a doble vuelta para clasificarse a octavos, donde se encontrarían con los 8 ya clasificados en primer lugar. Bufff, pereza, veremos cuando cada uno vea a su equipo entre el 10º y el 20º, por ejemplo, y crea que es por el azar de ese programa que ha repartido los enfrentamientos de una forma que será cuando menos curioso. En cualquier caso, todo es opinable, ahora que los clubes son libres de elegir, según la resolución del TJUE, podrían sentarse a negociar y ver qué modelo les atrae más. O podrían negociar la UEFA y A22 y tratar de alcanzar un consenso, pero no veo a los primeros por la labor.

2. Los ingresos

Los gestores de la Superliga dicen que cuentan con 15.000 millones de euros para arrancar los tres primeros años, a razón de 5.000 millones por temporada. De estos ingresos, el 8 por ciento se destinará al fondo de solidaridad para ayudar al fútbol de formación y a los campeonatos menos potentes, es decir, 400 millones de euros. El resto se repartirá entre los clubes participantes, los 64 mencionados en el vídeo, repartidos en las categorías Gold, Star y Blue.

Por su lado, la UEFA repartió 3.700 millones entre la Champions y la Europa League, de los cuales destinó poco más de 100 mill. al fondo de solidaridad, se quedó con el 5,5 por ciento por la organización (203 mill.) y descontó el 8 por ciento por los gastos de gestión (296 mill.). Hablamos de las cifras de la 2023-24, con un reparto a los clubes que ya era considerablemente superior a los de los dos años previos, casualmente cuando surgió el proyecto de la Superliga. Y esta misma semana han anunciado que aspiran a llegar a los 4.800 millones de euros de 2024 a 2027, una cifra muy similar a la de la Superliga, y más de 1.000 millones superior a la que se repartía hasta ahora. ¿De la noche a la mañana, Ceferin? De algo ha servido ya la Superliga, aunque nunca se ponga en marcha.

3. Fútbol en abierto

Uno de los puntos fuertes del proyecto de la Superliga es la emisión de los partidos en abierto, a través de una plataforma ya presentada llamada Unify. Si de verdad quieren hacerme creer que hay aficionados al fútbol que se oponen a esto sin recibir pasta por detrás, pues lo siento, que no lo intenten conmigo. Todavía no está claro cómo funcionará Unify, si será una especie de Twitch, YouTube, Twitter o Netflix, pero es la clave del proyecto, la que permitirá generar los ingresos por publicidad y con contenidos Premium. El precio actual del fútbol de pago es elevadísimo y se nota en las audiencias.

En ligas como la española, apenas los partidos del Real Madrid y del Barça se acercan o superan el millón de espectadores en España, y este dato, a largo plazo, es letal. Los partidos de Champions tienen audiencias elevadas a nivel global, pero se quedan muy lejos de las cifras cuando se emite en abierto. Uno de los datos que dejó caer Florentino Pérez en la presentación fue que los jóvenes estaban perdiendo interés en el fútbol. Javier Tebas quiso rebatir esta idea y respondió con datos de algunos partidos de la selección española o de la Copa del Rey con audiencias por encima de los seis u ocho millones de espectadores… en abierto. ¡Pues claro que interesa el fútbol en abierto! Los jóvenes no pueden pagar más de cien euros al mes para ver fútbol y las webs piratas cada vez lo tienen más complicado por los cambios normativos.

4. Control de gastos

En mi opinión, es otro de los puntos fuertes de la Superliga. La mayoría de los equipos europeos lo están pasando económicamente mal, como expliqué en el post sobre la (in)sostenibilidad financiera de las principales ligas europeas, de la que no escapa el declive económico de la española. Y buena parte de la culpa la tiene la permisividad con los equipos que gastan de manera descontrolada, sustentados por fondos que no provienen del propio fútbol, sino de Oriente Medio (Catar, Emiratos y en breve, Arabia Saudí). La Superliga plantea un control de gastos real, un fairplay financiero que no sea el despelote que la UEFA permite, tolera y hasta promueve. Los clubes que participen en la Superliga no podrán exceder en sus costes salariales el 55 por ciento de los ingresos, incluyendo en esos costes las fichas, los traspasos y las comisiones de agentes.

Puedo entender que a los principales clubes de la Premier no les interese porque sería una competición paralela a la «superliga» que ya están creando en Inglaterra con el descontrol en el gasto, pero habrá que ver cuánto tiempo aguantan palmando 1.000 millones de euros anuales como en estos últimos dos ejercicios. Hay preocupación en el gobierno británico, hasta el punto de haber creado una autoridad independiente para controlar las finanzas del fútbol.

5. Gobernanza

Para mí particularmente, escapar de las garras de la UEFA del mismo modo que la Euroliga escapó de la FIBA es una de las mayores ventajas del proyecto, pero se ve que los principales directivos de los clubes no piensan del mismo modo. La Superliga permitiría a los clubes tomar el control de las competiciones del mismo modo que la Premier League tomó el del fútbol inglés en el 92 o LaLiga en España. En el 92 se criticó mucho a los clubes y se dijo que esta «independencia» iba a suponer el final del fútbol para los aficionados. Con la sentencia del caso Bosman también se dijo que el fútbol quedaba herido de muerte al permitir que los equipos jugaran con once extranjeros. Sorprende ver cómo se repiten los argumentos.

La mejora de la gobernanza y de la transparencia es lo que me posiciona del todo a favor de la Superliga. Ahora mismo no se conoce bien cómo la UEFA genera los ingresos y cómo los gestiona y distribuye. Algo similar a lo que el Real Madrid acaba de plantear a LaLiga de Tebas: cómo y en qué estadios se generan los ingresos por comercialización de publicidad o por alquiler de espacios, y en función de qué criterios se reparten a los clubes. A ver si va a ocurrir que una buena parte se genera en el Bernabéu y la pasta se distribuye a clubes más afines con dirigentes más dóciles.

La Superliga también mejoraría el control de las finanzas y de los fondos que entran en los clubes, es una oposición a las inyecciones ilimitadas que reciben el Qatar Saint Germain o el Abu Dhabi City, fundamentalmente. Dinero que no viene del fútbol y que distorsiona la competición. Ceferin está encantado con la situación actual, como se ha visto en los expedientes de los últimos años a estos y a otros clubes. Habrá que ver qué determina la Premier con respecto a los 115 incumplimientos de la normativa financiera de los que está acusado el equipo de Manchester, el actual campeón de Europa.

6. Las reacciones

No las entiendo. Puede entender las de Ceferin, la UEFA, el big six inglés, Javier Tebas, Al Khelaifi y el PSG, pero, ¿el presidente de la Federación italiana, amenazando con justo lo que dice la sentencia del TJUE que no puede hacer, la expulsión de los clubes y los jugadores? ¿El Bayern de Múnich? ¿La prensa? Bueno, en España está sometida por la ingente publicidad que Javier Tebas inyecta en los medios. Con dinero de todos los clubes, por cierto. Pero no entiendo al Borussia de Dortmund, por ejemplo. Al West Ham, el Nottingham Forest, el Newcastle o el Aston Villa. Equipos históricos, muchos de ellos con títulos europeos que podrían tener una continuidad en campeonatos europeos y generar más ingresos. La Sampdoria, el Ajax de Ámsterdam, el PSV Eindhoven, el Milan, el Olympique de Lyon o el Atlético de Madrid, que sigue jugando a dos bandas. Creo que es cuestión de tiempo que numerosos equipos empiecen a sumarse al proyecto, están a medio camino entre la expectación y el acojonamiento colectivo. De momento solo el Nápoles ha manifestado su interés por el proyecto, pero sospecho que son muchos más los que han dado el OK a Bernd Reichart.

Y luego está un asunto que se comenta poco: frenar a la UEFA y la FIFA con las decenas de partidos intrascendentes de selecciones con las que rellenan los calendarios. Estos dos organismos se forran a costa de los clubes, ponen en riesgo a sus futbolistas a cambio de tres duros e interrumpen las competiciones varias veces a mitad de las temporadas. El mundial de Catar no será nada al lado de un mundial de mes y medio con 48 selecciones en noviembre y diciembre: Arabia 2034.

Y 7. El comunicado de Macron y los 25 países

Como era de esperar, el comunicado no podía oponerse a un proyecto avalado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, así que vamos a leer con calma lo que dice. No habla de la UEFA, ni de la Superliga. El texto dice que los responsables del deporte de los 25 países respaldan sin fisuras “las características clave de un Modelo Deportivo Europeo, incluida la estructura piramidal, el sistema abierto de promoción y descenso, el enfoque de base y la solidaridad, el papel del deporte en la identidad nacional, la construcción de la comunidad y las estructuras basadas en el voluntariado, así como sus funciones sociales, educativas, culturales y sanitarias”. Esto de los ascensos y descensos y la estructura piramidal me recuerda al vídeo de presentación de la Superliga. En cuanto a la función social, estoy de acuerdo en ello, y por eso siempre será mejor emitirlo en abierto y para todos, que no en formato de pago y exclusivo, ¿no? La solidaridad también es importante, claro que sí, y digo yo que 400 millones es más solidario que 120. Vamos bien.

Los países firmantes también instan “a los órganos de gobierno del deporte a que organicen las competiciones deportivas respetando los principios de apertura, igualdad de oportunidades, mérito deportivo, relación entre el rendimiento anual en las competiciones domésticas y todas las competiciones europeas, solidaridad financiera, integridad y equidad para promover la función social del deporte y el acceso de todos a él”. Perfecto, adelante con la Superliga, nada de fondos ilimitados de satrapías del golfo Pérsico, y que se acceda al torneo en función de los resultados de las competiciones nacionales. Quizás el comunicado sea un palo para el Seis Naciones de rugby, que no respeta los principios de apertura, ni permite que entren otras selecciones a su reducido coto.

Y por último, los gobiernos firmantes piden que “los órganos de gobierno del deporte que se adhieran a las normas más estrictas de buena gobernanza». Sé que la idea de este comunicado era atacar el proyecto de la Superliga, pero la falacia sobre la buena gobernanza del fútbol UEFA se cae por su propio peso.

De todo ello hablamos en el vídeo del canal de Kollins con el que comienza este post. Veremos en qué queda la cosa.

Relacionados:

LaLiga (I): (in)sostenibilidad financiera y austericidio

LaLiga (II): el declive deportivo y económico

El informe sobre la Superliga

Matar el fútbol

Absurdos del Mundial 2030 y del fútbol de selecciones

Erratas que mejoran el original

La semana pasada me tropecé con una de esas erratas que, de manera involuntaria, mejoran la frase pretendida, quizás la deseada o pensada y no escrita por el redactor. Una errata que incluso podía entenderse que ampliaba el sentido de la frase. Figuraba en las diligencias del juez Aguirre sobre el caso Barça-Negreira, los pagos al vicepresidente de los árbitros durante dos décadas. En el curso de sus pesquisas, el juez ha tenido conocimiento de un hecho singular, desde luego poco ético y con finalidades dudosas, como es que el vice del CTA invitaba a los árbitros que iban a pitar al Barça a comer, a cenar y después, en ocasiones, a un karaoke. Tal como se indica en las diligencias, puede que “karaoke” fuera un eufemismo de un bar de copas con mujeres, un “puticlú” de toda la vida. Pues bien, el restaurante en el cual los colegiados eran invitados pertenecía a la novia, pareja o churri de Enríquez Negreira, situación descrita por el juez del siguiente modo:

Uno no sabe si fue un desliz, si el juez tenía las imágenes del garito en la mente o si Negreira conoció a su «pajera» en el karaoke, pero el lapsus logró que este escándalo hasta ahora impune me arrancara una sonrisa.

No es la primera vez que ocurre que una errata mejore y añada nuevos matices a una frase. En los momentos más duros del confinamiento Covid, en mitad de ese berenjenal de decretos exprés y normativas aprobadas de manera acelerada, el gobierno publicó un decreto ministerial un domingo por la noche cuya entrada en vigor se producía el lunes a primera hora. Todos los que trabajamos en empresas estábamos pendientes de lo que se nos autorizaba a hacer y aquello que se nos denegaba, con interpretaciones de todo tipo. Pues bien, allí se coló esta frase, de la que ya tomó rendida cuenta el amiguete Josean en Y todo en un mes:

Vamos, que tantos cambios en tan poco tiempo podían generar tanto «caos» que cualquier adaptación de la norma resultaba válida. Evidentemente son errores que se cuelan, pero contribuyen de manera involuntaria a aumentar el interés por el hecho narrado, como el subtítulo de La Vanguardia con el que comienza este post:

«Pedro Sánchez dice ‘no’ a la última propuesta de Pedro Sánchez».

No es reciente, sino de 2019, pero han sido tantos los giros argumentales del presidente de gobierno para lograr el apoyo de sus socios que resultaba totalmente creíble. En su mismo partido, el PSOE, durante una campaña en Andalucía en la que propugnaban una mejora en la educación, cometieron un error de ortografía que, inconscientemente, mostraba que existía un serio problema que debía ser corregido:

El PSOE andaluz «Elije» luchar por una mejora en la educación de sus ciudadanos y por eso «elige» una falta de ortografía, ¡que todo era muy subliminal y no se entendió! Lo de las faltas de ortografía me chirría cada vez más, me estoy volviendo muy maniático y cada vez me molestan más cuando las leo en algún medio escrito o las veo por televisión. Quizás de todas ellas se lleva la palma esta:

¿»Vayadolid»???? Podría ser peor, sin duda:

La geografía juega a veces estas malas pasadas a los que tienen que escribir y publicar a diario (en este blog he encontrado algunas erratas tiempo después, pocas, espero). Una sola letra puede transformar una desgracia en un chiste, como ocurrió en la portada de El País:

Está claro que esto fue un error, pero, en el caso de las faltas de ortografía, he llegado a pensar que no son erratas, que son aparentes cagadas realizadas a conciencia para que se difundan por redes sociales y se vean los logos de las cadenas que tienen a semianalfabetos en la redacción. Reconozco que soy de esos brasas que rápidamente desenfunda el móvil para pillar el gazapo en directo, y he encontrado un gran aliado con este invento que permite rebobinar los programas:

A ver, seguro que el parque tiene la hierba muy alta, pero no era High, sino Hyde Park, torpones. En cuanto a la ola de calor, se me hace raro que coincida con un récord de temperaturas mínimas. No sé, igual había que darle una vuelta a ese cartel. Luego están los que redactan sin conocimiento, los que van a toda prisa, y sus jefes, que pasan por alto hasta lo imposible (y este post no va de los errores con las cifras, algunos de ellos antológicos). Puede ser que yo sea un tanto tiquismiquis y uno de los pocos aficionados que sabía que Queralt Castellet había obtenido la medalla de plata. De hecho, el presentador la felicitó por su logro mientras la barcelonesa mostraba ufana su presea, ¡pero es que este rótulo estuvo varios minutos en pantalla!:

Vamos a disculparlos porque se trataba de un deporte minoritario, o comprendamos que para un becario pueda ser difícil distinguir el brillo del bronce del de la plata, pero… ¿esto? ¿Esto????:

No sé si son las prisas, el desinterés, la ignorancia… Recientemente, el amiguete Barney dedicó un post entero (con vídeo incluido) al fútbol femenino, en el que se habló, entre muchas otras cosas, del poco interés que despertaba pese a los esfuerzos de algunos medios por llevarlo a la primera plana. Tras el éxito obtenido con el título en el último mundial, pico de Rubi mediante, el gobierno de España quiso utilizar el momento para promocionar esta modalidad, destacar las dificultades que habían tenido que enfrentar las jugadoras, como la falta de popularidad, e iniciar una campaña contra el acoso en el deporte. Varios de los gestores del deporte patrio se subieron al carro como si siguieran y conocieran el fútbol femenino de toda la vida y propusieron la concesión de la Real Orden del Mérito Deportivo a las jugadoras. Pues bien, eran tan «conocedores» de las mismas que cometieron hasta cinco errores en sus nombres, los cuales tuvieron que ser subsanados poco después:

Me quedo con el primero de ellos, jojojojojo, porque lo de sustituir a Ivana Andrés Sanz por Ivana Icardi, famosa por ser la novia explosiva del jugador del Galatasaray Mario Icardi, tiene papeletas para entrar en el top ten de machiruladas mundiales del deporte. Me imagino a los encargados de la concesión del premio en el Consejo Superior de Deportes:

– Esa que pone Ivana, guglea «Ivana y fútbol».

– Aquí está, Ivana Icardi, debe de ser esta.

– Pues ya está, venga, la siguiente. Mariona no-sé-qué…

Al final se menosprecia a la campeona del mundo y se otorga la medalla del Mérito Deportivo a la siliconada pajera, digo… pareja, de un futbolista más conocido por sus líos sentimentales que por su habilidad con el balón. Y ya que mencionamos estos asuntos, no podía dejar pasar por alto este titular que no contiene erratas, pero en el que se aprecia algo de guasa por parte del diario orensano:

Una noticia que no podía pasar desapercibida para la colección de artistas que pueblan nuestro país:

Cada vez que surgen estos temas hay quien te dice que la mayoría de errores se puede subsanar con el uso de los correctores que ya vienen en cualquier procesador de textos. Lo cierto es que tampoco podemos fiarnos de ellos y no revisar la propuesta de la máquina, porque, al igual que si intentas escribir «gilipollas», te corrige a «galopillos», en un diario de tirada nacional puede dar lugar a párrafos estrambóticos:

¿»Matutes matándose»? Ja, ja, ja, pagaría por ese corrector automático. Y además de los riesgos de dejar la corrección en manos de una máquina, ocurre que por suerte tenemos un idioma tan maravilloso en el que la palabra buscada es tan válida como su error: el caso/caos, Siria/Soria… y «públicas/púbicas». Hasta tres veces me encontré este gazapo en un Informe de la Intervención General de la Administración del Estado. La primera vez me chocó, «¿habré leído bien?», pero luego hubo una segunda y una tercera, así hasta que le di al buscador:

Tres veces en un texto sobre la facturación, los devengos de IVA y esas cosas que tanto pican en nuestras zonas púbicas. Si es que se regula en exceso en España, hay sobreproducción normativa (Hiperregulación) y lo mismo que «quien tiene boca, se equivoca», quien redacta en exceso, falla como un poseso, si se permite la rima. El Conejo del Poder Judicial, el Consejo del Joder Judicial, o aquella mítica corrección en el Boletín Oficial del Estado con aire de refranero: «donde dice ‘Digo’, debe decir ‘Diego'»:

Es tanto lo que se escribe, sobre lo que se legisla y se pretende justificar después, que nadie se lo lee. Como el Boletín Oficial de Aragón:

Vuenas noches (a ver si alguno estaba pendiente).

La subida del SMI y las revisiones de precios en los contratos públicos

No hubo consenso entre el Ministerio, la patronal y los sindicatos, y finalmente la subida del salario mínimo será de un 5 por ciento, tal como había anunciado la ministra de Trabajo y vicepresidenta del gobierno Yolanda Díaz. Esta cifra fue pactada con los sindicatos, pero no con una patronal a la que se trató de sumar a un acuerdo inferior con una propuesta extraña: “O firmáis el 4% o lo subimos más”. Que fue lo que ocurrió. La ministra trató de justificar ante los medios este aumento por la fuerza como una lucha ganada a las grandes empresas, si bien, lo cierto es que su impacto se va a notar especialmente en las más pequeñas, las que componen más del 99 por ciento del tejido empresarial español.

Fue un desenlace que causó bastante malestar en los empresarios, tanto como las declaraciones posteriores de la ministra. Lo cierto es que unos meses antes, en mayo, en la firma del V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, suscrito por CEOE, CEPYME, UGT y CCOO, habían pactado lo siguiente:

Como la inflación de 2023 se quedó en el 3,1%, era lógico pensar que los incrementos, también los del SMI, quedarían en el 3%, o en un máximo del 4% si decidían añadirle los impactos acumulados de la inflación. Pero es que, además, en ese acuerdo suscrito entre la patronal y los sindicatos, se instó al Gobierno a modificar la normativa de revisión de precios de los contratos del sector público:

Las organizaciones empresariales habían tratado de alcanzar un consenso entre el 3 y el 4 por ciento, si bien su oposición a esta subida se centraba fundamentalmente en dos aspectos:

– El impacto sobre el sector agrario, al cual proponían excluir o bonificar de algún modo.

– La posibilidad de trasladar dicha subida a los precios de los contratos con las administraciones públicas.

La nota de prensa publicada tras la aprobación por las bravas del incremento dejaba a las claras el malestar de los empresarios:

Pues no. Ni lo uno, ni lo otro, ni alternativas. Lo triste es saber que esto no va de victorias contra los malvados empresarios, o contra esos directivos con sueldos «estratosféricos» que habrá que revisar o abrasar con medidas fiscales. Ha faltado análisis y rigor en el ministerio. porque se trata de la supervivencia de miles de empresas y también, posiblemente, impactará en la calidad de los servicios públicos. Las grandes empresas van a experimentar un impacto en sus cuentas por este incremento, pero será reducido, controlado, puesto que la mayoría de sus empleados se hallan por encima del salario mínimo, y podrán absorberlo en su mayor parte.

En su momento, en este blog ya dediqué una entrada completa a los efectos de la subida del SMI de 2019 y a las conclusiones del Informe del Banco de España. El Banco de España advertía de que el mayor impacto lo habían experimentado las empresas con menos de diez trabajadores, que son más del 95 por ciento, así como que se había producido un «menor crecimiento del empleo en los colectivos con menores salarios», entre 94.000 y 180.000 empleos menos según las fuentes utilizadas. El pequeño comercio, el sector agrícola y la hostelería fueron los sectores más afectados, y además se produjo un aumento de la economía sumergida, al reducirse las horas reales cotizadas: «tras una subida de SMI, algunos puestos de trabajo pueden haber permanecido activos, pero con una reducción en las horas trabajadas, por ejemplo, mediante el paso de un contrato a tiempo completo a uno a tiempo parcial». «El resultado en estos casos sería una caída en las horas trabajadas, y no en el empleo», y se produjeron «desaceleraciones superiores a las observadas en la actividad económica«.

El sector agrícola ya aparecía muy perjudicado en aquel informe del Banco de España y su situación ha empeorado más en los siguientes años por todos los factores que se le han sumado: sequías, incrementos del precio de los combustibles y los fertilizantes por los distintos conflictos, normativa europea y ahora, subida de salarios y cotizaciones sociales. Por mucho que los precios hayan subido por encima de la inflación, el sector acumula cuantiosas pérdidas. La CEOE y la CEPYME solicitaron que se les excluyera de la subida forzosa del SMI o se bonificara de algún modo al sector (cuotas a la Seguridad Social, por ejemplo), pero no se hizo caso a esta reivindicación, como tampoco a la segunda.

La regulación sobre las revisiones de precios de los contratos con el sector público

Hasta la aprobación de esa ley de nombre horrible llamada «de desindexación» de la economía española, los contratos con las administraciones públicas estaban sujetos a revisiones de precios con objeto de adecuar los importes percibidos por los contratistas con los incrementos de costes que se pudieran producir, ya fuera por aumento en los costes de las materias primas, el combustible, los costes laborales o la inflación en general. Esta ley lleva en vigor desde 2015 y fue una idea terrible del equipo de Cristóbal Montoro para «evitar los efectos de segunda ronda», como indicaba en el Preámbulo. Claro que contaba con una situación de inflación reducida o controlable, no con la situación que hemos vivido en los últimos años.

El problema es que muchos de estos contratos con las administraciones públicas son plurianuales, afectan a varios ejercicios, y cualquier impacto en los costes recae directamente sobre los contratistas. La ley tiene varias excepciones que sí permiten las revisiones, como cuando la duración es superior a cinco años y el contratista tiene que afrontar inversiones con un período de amortización prolongado. Lo contrario sería un suicidio económico para el contratista y llevaría a otra figura impropia de un país serio como es el «enriquecimiento injusto de la administración«, que es donde se está llegando en muchos casos.

Desde la entrada en vigor de esta ley, los concursos públicos han estado a medio camino entre la bola de cristal voluntariosa y el órdago para los contratistas, los cuales cruzaban los dedos para que los costes no se dispararan en exceso o muy por encima de sus estimaciones. Pero con el precio del gasoil, del gas, de la electricidad o de los materiales de construcción por las nubes, todo se ha ido al garete. Y ahora se le suman los costes laborales, incrementados desde la administración pública muy por encima de lo que es el «riesgo y ventura del contratista».

En abril de 2023 el gobierno se comprometió a mejorar las revisiones de precios de los contratos de obras y a incluirlas en los de servicios, pero mantenía los costes laborales fuera de cualquier posible mejora. No solo eso, sino que la enmienda planteada para la construcción resultaba ridícula y con condiciones que reducían sus efectos notablemente, tanto en importe como en plazos considerados. En mayo, el director de la Junta Consultiva de Contratación Pública del Estado, el abogado del Estado Miguel Pardo, abandonaba su puesto tras seis años. Entre sus responsabilidades, mediar entre los contratistas y la administración pública y lidiar en los conflictos de interpretación sobre concursos, revisiones de precios y reequilibrios financieros.

Como indicaba ABC en su artículo, «las subidas del SMI se han comido gran parte de la rentabilidad esperada de muchos contratos públicos y han generado una avalancha de litigios. El criterio de Hacienda ha sido no compensar esas subidas al considerarlas un riesgo inherente al contrato». Es una tomadura de pelo. Porque no hablamos del precio del gasoil, la electricidad o algún material escaso en nuestro país, sino de un coste laboral que incide directamente en los contratos y que se fija cada año por el propio gobierno. Un 54% de subida acumulada desde 2018, que puede parecernos muy bien, pero que no queda ahí. Porque el problema no es el SMI, sino la idea de que el contratista puede con todo, que para eso «gana mucho dinero», deben pensar en el ministerio. La subida del SMI no afecta a todos los convenios ni las categorías (por suerte), pero a ello hay que añadirle los continuos incrementos en las cotizaciones a la Seguridad Social, las dotaciones a ese invento reciente que es el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, las subidas por encima de la inflación de los topes de cotización, los incrementos en el impuesto de sociedades, los nuevos impuestos (vertedero y plásticos, ya tratados aquí),… Y lo siguiente, como ha advertido la ministra Yolanda Díaz, será la reducción de jornada, pero manteniendo los salarios. Es decir, a costa del empresario.

Puede parecer que hablamos de un problema de las empresas grandes, pero no es exclusivo de ellas. A la patronal de las grandes constructoras Seopan se unió la Asociación Nacional de Constructoras Independientes (ANCI) en su reclamación de modificaciones de la Ley de Desindexación y la incorporación de los costes laborales.

«Pues que no se presenten a los concursos», es otra de las respuestas que he escuchado en alguna ocasión. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Así que no es solo el SMI, es la tendencia, el ataque directo a la competitividad de las empresas españolas. En el sector más afectado por la subida de los costes laborales, que es el de los servicios, los grandes grupos empresariales españoles han vendido sus divisiones o están en proceso de hacerlo: ACS (Urbaser fue vendida en su día a un fondo chino, y ahora se busca comprador para Clece), Sacyr (Valoriza Servicios Medioambientales a Morgan Stanley y Sacyr Facilities a Portobello/Serveo), Ferrovial (Cespa a los alemanes PreZero y Ferroser), FCC (ha vendido el 25 por ciento de la filial de medioambiente a un fondo canadiense),… Igual es una estrategia que nos cuesta entender.

Las pymes no están mucho mejor. Su presidente, Lorenzo Amor, se quejaba recientemente por el hecho de que el gobierno «se inmiscuya cada vez más en las relaciones laborales» con unos costes al alza y una productividad que no deja de descender.

Quizás haya que confiar en la ministra y su equipo, que hacen «cosas chulísimas», como las nuevas ocurrencias de las autobajas voluntarias o la modificación del registro de jornada. Todo sea para que todos (y todas) podamos irnos antes a casa a hacer aquello que nos relaje.

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Hiperregulación (I)

Hiperregulación (II)

La seguridad jurídica salta por los aires (I)

La seguridad jurídica salta por los aires (II)

Faltan manicomios

Tengo un amigo que a cada locura que le comentaba que había leído o escuchado en tal o cual medio, me contestaba:

– Faltan manicomios.

Lo aplicaba a casi todo: a los asistentes a maratones de reguetón, a individuos que decían padecer ecoansiedad, a los participantes en First Dates… No pretendo frivolizar acerca de la salud mental de las personas, y menos en estos tiempos en los que, por fin, parece que el problema se ha tomado en consideración, pero supongo que algunas partes de este post bordearán la línea. Uno lee a veces la prensa, o ve un telediario, y se encuentra tal cantidad de gente «rara», por decirlo de un modo suave, que sospecha que no pertenecen al mismo mundo que esos seres de aspecto humano. Seguramente el problema no es de esas personas, sino de mí mismo, pues uno con la edad se va haciendo más conservador. No en el sentido político, sino en el familiar, hogareño, cultural o social. Y mi mundo se basa en una cierta educación, unos valores, unos principios e incluso unos gustos que difícilmente van a cambiar a estas alturas de la vida.

Decía Jane Austen que «la mitad del mundo no comprende los placeres de la otra mitad». Y por esta razón no critico a los siete mil tipos que acudieron durante una semana a una rave ilegal en Murcia para ponerse hasta arriba de alcohol y drogas. Una semana meando y cagando en cualquier sitio, sin dormir, con música trash a todo meter y disfrutando no sé muy bien de qué. Allá ellos, que cada uno se gaste su dinero en lo que quiera. Tampoco hablo de lo raro que me resulta ir a un parque acuático o a determinadas playas y comprobar que somos los únicos sin tatuajes por el cuerpo. Estupendo si esa es su idea de belleza, aunque algunos son auténticos cromos andantes. Otras veces escucho a tipos en la tele que se quejan por no llegar a final de mes o por la subida del precio del aceite, mientras te sorprendes al ver que tienen tatuajes de mil euros en el brazo o la pantorrilla. Pero como decía, allá cada cual y que cada uno viva su vida como le venga en gana mientras no afecte a la de los demás. I’m too old for this shit!, como ya afirmé en su día.

Pero hay otras historias que sí convierten a sus protagonistas en candidatos para un ingreso en los manicomios. Como la de esa mujer que se empeñó en ser velada viva. Se maquilló, hizo todo el paripé del ataúd y las flores, y estuvo recibiendo durante horas la visita de amigos y familiares. Supongo que se sentía falta de cariño, añoraba algo de «casito» por parte de sus allegados, y en lugar de acudir a un psicólogo o a un terapeuta emocional, prefirió montar este velatorio fake para que todos hablaran bien de ella (Los muertos siempre salen a hombros, recuerden). Tampoco deja de resultarme asombroso que estas chorradas se eleven al rango de noticia.

Quizás no sea tan extraño. En el pueblo gallego de Santa María de Ribarteme se celebra todos los años una romería en la que sacan a pasear a vivos por las calles de la ciudad… en ataúdes. Es gente que quiere experimentar esa sensación de ser llevado a hombros por sus colegas o familiares, pero ¡vivos! Con el ataúd al descubierto y como una especie de veneración, superstición, agradecimiento por haber superado determinados trances… cada uno tiene sus motivos, pero si Berlanga rueda este espectáculo lo tildarían de «inverosímil», «locura poco creíble».

Como la de las veinte mujeres que decidieron casarse consigo mismas en un acto conjunto, no sé si por la imposibilidad de encontrar pareja, o por salir de una soledad y una profunda depresión, y sentirse queridas por un día. Las imágenes no transmitían alegría, sino lástima. Poco tiempo después, la directora española Icíar Bollaín quiso darle una vuelta a esta necesidad de algunas personas y filmó La boda de Rosa como la bonita historia de una mujer que decidió quererse a sí misma y pasar del resto de los hombres. La peli tiene poco de hermosa. La soledad es muy jodida, estoy seguro.

Una de estas mujeres (no es coña) se casó consigo misma y se separó pocos meses después porque dijo que no se aguantaba. Era argentina. Quizás pensó que su cónyuge hablaba demasiado. En el fondo, yo creo que hay mucha gente necesitada de atención y estas pseudobodas son una manera de ganársela. Ya han inventado una palabra para esta práctica: soligamia. En algún artículo leí que la motivación de estas personas era el amor, porque «se amaban mucho a sí mismas». En mi adolescencia eso se llamaba masturbación y era un acto íntimo, no había por qué montar un sarao con amigos ni compartir ese sentimiento con los demás.

El terreno de las parafilias sexuales da mucho juego y Woody Allen describió algunas de ellas en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar. La fascinación por las grandes ubres, la excitación sexual exclusivamente en lugares públicos o el episodio que creo que todos recordamos con mayor claridad: el de Gene Wilder enamorado de su oveja. Aquello era un sketch del señor Allen, pero supongo que hay gente para todo. De siempre se ha hablado de ciertos pastores, granjeros y la relación con sus animales. Yo, sinceramente, ni lo imagino, ni quiero verlo (me consta que hay quien sube vídeos de estos a las redes). Algunos medios continúan con su labor «evangelizadora» iniciada hace años y periódicamente nos ofrecen algunas otras de estas extrañas aficiones:

Si la gente que practica el sexo con árboles o se excita poniéndose hormigas en sus partes no están de manicomio, yo ya no sé… pero supongo que hay que respetar la «diversidad» como nos cuentan, siempre y cuando no afecten a terceras personas. En el caso de la formicofilia, mi duda radica en saber si entran en conflicto la Ley de libertad sexual con la de Bienestar Animal, pero lanzo la pregunta al aire por si los que parieron ambas leyes tienen a bien contestar.

(Advertencia: aunque el tono del post pueda ser de chanza, jamás la haría con ciertas cuestiones: los agresores sexuales y los pederastas deben ir a centros especializados, sean manicomios o como se quieran llamar, dentro de cárceles de máxima seguridad y no salir de allí jamás).

Que cada uno disfrute su vida, sus gustos y manías como quiera, siempre y cuando no interfiera en las de los demás. El problema es que a veces ocurre que la identidad de género o la autopercepción de uno mismo sí entra en conflicto con las leyes que nos hemos dado para organizar esta fauna que es el mundo. Y hoy voy a dejarlo en esas personas que se hacen llamar «transespecie»: fulanos que dicen no sentirse humanos, ni identificarse como tales. El caso del japonés que se gastó 14.600 euros en transformarse en un collie, el británico que dice querer vivir como un dálmata o el tipo de las orejas de silicona. Paren el mundo, que me apeo.

Yo no digo que haya que llevarlos a un psiquiátrico, pero sí al menos podían evitar exponerlos en televisión. Que luego todas estas soplapolleces atraen a un montón de imitadores.

– Ah, retrógrado, carca, pollavieja, ¿estás impidiendo que una persona se autodetermine libremente como quiera o como se autoperciba?

– Pues, hombre, si un perro no paga impuestos y les reconocemos una exención fiscal por su transespecialidad, o si hay que subvencionar su transformación o una pensión el día de mañana, o darles un puesto de trabajo para no incurrir en discriminación «perruna», o si eso significa que tenga que hacerse una ley para que esta gente pueda vivir en su mundo ficticio, o si eso va a suponer que para no ofenderlos tenga que permitir que un tipo disfrazado de dálmata pueda cagar en un parque al lado de mi casa, pues sí, me opongo. Rotundamente.

Retos, curiosidades y despropósitos

Terminó 2023, ese año definido en el vídeo inicial de manera nada modesta como «un año a lo Indy» y arrancó ya 2024 con energía, así que vamos a por ello.

2023 fue el año con menos post publicados hasta ahora, 48. Menos de uno a la semana que, por lo general, suele ser el objetivo marcado. Claro que, a esta cifra, hay que añadirle los 29 publicados en La Galerna y las apariciones en el canal de Kollins, que restan tiempo de preparación para el blog. La mayoría de las veces, los vídeos coincidan en los temas con lo tratado aquí por el amiguete Barney. En total fueron 16 colaboraciones en 2023 (lista de reproducción), en su mayoría centrados en la difícil convivencia de la salud económica con los resultados deportivos.

En cuanto al número de lectores, ha sido el segundo mejor año de la historia de este blog, con casi 35.000 lecturas, por detrás de un 2020 que solo fue magnífico en esta estadística. Casualmente, 2020 fue el segundo año con menor número de artículos publicados, luego se confirma que no es tanto una cuestión de cantidad como de calidad de los contenidos. O de dar con la tecla en el momento adecuado. Menos de un artículo a la semana, pero cerca de 100 lectores diarios, luego tendré que darme por más que satisfecho. Si reviso el top-ten de artículos más leídos, me encuentro con que muchos de ellos son de años anteriores, casi siempre de asuntos polémicos relacionados con el fútbol que no pasan de moda:

  1. Las rayas del VAR, de mar-22.
  2. Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (II), de abr-21.
  3. El «autoproclamado» mejor periodismo deportivo del mundo, ¡sep-19! y sigue tan vigente.
  4. Finanzas ridiculés (I).
  5. Otras maneras de disfrutar Psicosis.
  6. Hiperregulación (I): situación.
  7. Faltan piezas por salir, faltan los peces gordos. Publicado nada más estallar el caso Barça-Negreira, casi como «por fin, llevaba años diciendo que aquí pasaba algo raro».
  8. La naranja mecánica (II): la película, de dic-21, un texto con muchos adeptos cada semana.
  9. Profesor Tamames.
  10. LaLiga (II): el declive económico y deportivo.

Mucho fútbol y eso que a uno, el personaje que más le gusta desarrollar es el de Travis, hablar de cine, de historias, de cómo enlazan unas con otras o de los grandes clásicos que nunca envejecen. Por poner en contexto las estadísticas mencionadas, todas las lecturas de este blog de un año entero alcanzaron el mismo número que el vídeo de más éxito en el canal de Kollins, de poco más de media hora. En el canal hay tres vídeos por encima de las 20.000 visualizaciones y uno de ellos, el que trataba la posibilidad de competir en otros campeonatos, alcanzó las 34.000. Son otros lenguajes más directos, más visuales, quizás más cercanos para mucha gente. Y también cuenta que cada vez se lee menos, que todo hay que decirlo.

Para comenzar el año en este blog, en lugar de plantear retos, lecturas o despropósitos como otras veces, lo que me inspira 2024 es sobre todo curiosidad. Es un momento convulso, de muchos cambios en muy poco tiempo, de incertidumbre, y lo que tengo no es miedo o dudas, sino curiosidad por saber cómo van a avanzar algunos temas.

Es un año clave para ver si la sentencia favorable a la Superliga supone la creación de una competición en la que desaparezca esa mafia llamada UEFA y en la que los fondos de petrodólares no arramplen con todo a su paso. Que sean los clubes los que establezcan las reglas de la competición, que hagan de la misma un torneo más interesante (al estilo de la apasionante Superliga de baloncesto) y que haya un equilibrio que ahora es imposible con los fondos ilimitados que reciben clubes como el PSG, el City o el Chelsea.

Año olímpico también. París 2024. Como cada cuatro años, me gustará acercarme a deportes que no sueles tener la oportunidad de ver durante el resto del ciclo olímpico. Y curiosidad por saber si las autoridades francesas son capaces de controlar el barrio de Saint Denis y de evitar que el estadio olímpico repita la vergüenza que fue la final de Champions de 2022.

Curiosidad y expectación por el retorno de Rafa Nadal a las pistas, por ver si nos regala una última temporada memorable, como lo han sido todas las suyas desde hace veinte años. La misma curiosidad que tengo en la evolución como jugador de Carlos Alcaraz y de otros del circuito (Jannik Sinner, fundamentalmente), en especial, para ver si son capaces de derrotar con solvencia a un Novak Djokovic que cada temporada parece más fuerte, joven y mejor jugador.

2024 debería ser un año en el que el caso Negreira o las irregularidades financieras del Barça le costaran un disgusto a este club que ha hecho de la corrupción su modo de actuar, pero no lo verán mis ojos. Todavía no ha empezado el juicio del caso Soule (que arrancó ¡en verano de 2017!) y antes de que arranque el de Negreira seguirán destruyéndose pruebas (las últimas, de esta misma semana, en la sede de la Federación Catalana) o falleciendo implicados (Contreras y Sánchez Arminio). No espero nada.

2023 ha sido un año en el que hemos podido ver los últimos estrenos de Nolan (Oppenheimer), Fincher (The killer), Scorsese (Los asesinos de la luna) y Spielberg (Los Fabelman, realmente de 2022), que, si bien no son sus obras más redondas, sí han hecho que el ejercicio dejara una buena cosecha. Me faltan muchas por ver, de entre las recomendadas por la crítica: Godland, Anatomía de una caída, The creator… Vi ese truñaco recomendado en Cannes titulado El triángulo de la tristeza, una tomadura de pelo infame, y no tengo el más mínimo interés por Barbie ni por las sucesivas secuelas, precuelas, spin-off, metaversos paralelos, etc. de superhéroes. Y entre lo que más he disfrutado del año, La sociedad de la nieve, la alemana Sin novedad en el frente y Babylon (aunque ambas sean de 2022).

Tengo curiosidad por saber qué nuevas tramas prepara Hollywood tras la huelga de guionistas y actores durante varios meses por sus protestas contra el uso de la Inteligencia Artificial y el reparto de derechos. La Inteligencia Artificial es una herramienta más para un guionista, pero siempre he tenido mis dudas acerca de si se puede utilizar para crear algo tan novedoso y bien urdido como un guion de Billy Wilder, tan rompedor como Tarantino, o con finales que te descolocan tanto como Shyamalan. La Inteligencia Artificial se entrena con todo lo ya existente, se alimenta de lo ya creado por otros, y hoy en día sin su uso ya podemos predecir el noventa por ciento de las tramas de las películas precisamente por el poco riesgo que asumen, luego no sé hasta qué punto resulta tan peligrosa para el gremio de escritores y guionistas.

El caso de los actores es diferente, porque ya hemos visto que con programas entrenados se puede hacer que Tom Hanks, Brad Pitt o Jessica Chastain «aparezcan» en una película sin haber pisado el plató y sin ver un chavo por su aparición. Quizás la respuesta a mis dudas esté en ese capítulo de Black Mirror que anticipa estos avances y su posible impacto en la creación cinematográfica: Joan es horrible. Interesante, divertido, perturbador. Un programa informático puede utilizar los rasgos de actores de carne y hueso para componer tramas casi en tiempo real. Quizás los actores vivos hayan ganado la batalla por el control de su imagen, pero tengo curiosidad por saber si veremos «nuevas obras» con los rostros de James Stewart o Katharine Hepburn. Ya se habla de resucitar a Elvis, menuda estupidez, ¡si todos sabemos que no murió!

Vaya año nos espera. La invasión de Ucrania, la guerra salvaje en Gaza, los piratas hutíes en el mar Rojo y su afectación al comercio mundial, el parón económico y en el horizonte de final de año, elecciones en Estados Unidos. Sorprendentemente, parece que repetirá Joe Biden como candidato demócrata y, de manera aún más sorprendente, las encuestas ponen a Donald Trump como favorito. Joder, la primera potencia del mundo, dadme fentanilo y me retiro una temporada.

Tengo curiosidad por los resultados de las elecciones, pero casi más por los meses previos y la guerra mediática que vamos a ver, y sin embargo, lo que más expectación despierta en mi yo economista es ver el resultado de las medidas ultraliberales que Milei se propone aplicar en Argentina. Un país rico que no funciona desde hace décadas, como Venezuela, y un empobrecimiento de la población más que evidente. También como en Venezuela. Los argentinos se han puesto en manos de quien promete revertir la situación o reventarla del todo. Me recuerda a aquel chiste de Hermano Lobo en los setenta, cuando un político cuestiona a sus seguidores: «¿Nosotros o el caos?». A lo que todos respondían:

Milei se ha propuesto cambiarlo todo, meter mano a unas estructuras arcaicas que no funcionan, vaciar todo lo posible el aparato del Estado y la carga pública, luchar contra la corrupción sistémica y la población subvencionada, revertir decenas de «derechos adquiridos»… Lo veo muy difícil, y la batalla interna va a ser cruenta, pero, como decía, tengo más que curiosidad.

La Fundación del Español Urgente, perteneciente a la RAE, seleccionó al final del año 2023 la palabra del año y esta fue «polarización». No podía ser otra. La sociedad está cada vez más distanciada y enfrentada en sus posturas. En Estados Unidos, en Argentina, por supuesto en todos los conflictos armados, pero, por desgracia, también en Europa (Países Bajos, Suecia, Polonia, Hungría, Italia, Francia…) y en España. En nuestro país los principales líderes políticos agitan el fantasma de las dos Españas con una desvergüenza absoluta, tratando de sacar réditos electorales. Tengo cierta curiosidad por saber cuánto va a durar este gobierno en el que cada medida que se trate de aprobar va a ser un dolor de muelas por las exigencias de los socios, partidos cada vez más cerrados en «su mundo» y nada interesados en los efectos globales o generales de dichas medidas. En este blog y en el año recién terminado, la mayoría de los post se han centrado en las medidas fiscales, casi todas con la creación de nuevos impuestos para incrementar la recaudación (ya en cifras récord), pero se trabaja muy poco en la contención del gasto público.

Este blog nació con la idea de mantenerse un año, probar y poco más. El noventa y nueve por ciento de los blogs duran menos de esos 12 meses. Empiezan con fuerza, con ideas, pero el entusiasmo inicial se agota y desaparece. Como los textos. Este blog de los «Cuatro amiguetes y unas jarras» cumplirá diez años en agosto, y quizás sea el momento de distanciarse también, de enfocarme en ese «otro proyecto» al que no soy capaz de dedicarle tiempo. Para entonces el blog llevará cerca de 700 post, en ese tiempo he publicado tres libros y las ganas no escasean, sino todo lo contrario. Para la celebración de esos diez años habrá que ir pensando en algo especial y, llegado el momento, decidir hacia dónde tirar. Hasta entonces, mil gracias a todos los lectores por seguir ahí, al otro lado, interesados en las propuestas que van surgiendo entre cervezas imaginarias de cuatro amiguetes inventados.

Relacionados:

2022: Quién me iba a decir

2021: No mires atrás, no mires arriba

2020: El año que nos encerramos cautelosamente

2019: Despropósitos de Año Nuevo

2018: Ahora más que nunca

La parodia del dictador

No había salido aún del cine de ver el Napoleón de Ridley Scott y ya me estaba preguntando por qué esa manía de algunos directores por convertir a estos líderes megalómanos, tipos tiránicos en sus formas o dictadores en sus distintas acepciones, en completos anormales. Cuando no imbéciles. El Napoleón que interpreta Joaquin Phoenix no nos lo muestra como un imbécil integral, pero sí está más cerca de su papel de tarado como Joker que de un tipo inteligente o brillante como sin duda debió de serlo el Bonaparte original.

La interpretación del actor protagonista es mi principal pega a la película, dos horas y cuarenta minutos con momentos muy disfrutables, como todo lo que rueda el bueno de Ridley, pero con escenas que te hacen pensar mientras la ves: “¿de verdad un anormal así pudo hacer que un país entero como Francia se plegara a sus designios?”. Eso, y la otra gran pega, que es la relación bipolar y, por momentos, infantil con Josefina. No cuestiono el rigor histórico porque no soy ningún experto y eso ya lo han hecho otros en artículos muy didácticos y repletos de datos (aquí ya dediqué a la falta de rigor hollywoodiense aquel post titulado Una furgoneta del siglo XIII). Tampoco discuto la calidad de las escenas de batalla, la fotografía (Scott siempre fue un maestro) o la maravillosa ambientación, pues se ve el dineral invertido en cada fotograma.

Lo que me pasa con las películas que tienen como centro de la acción a un líder carismático, capaz de hacer que un país entero siga a pies juntillas sus delirios de grandeza, es que exijo que ese personaje tenga todo lo contrario de lo que muestra Joaquin Phoenix. En esta o en aquel lejano ya Gladiator en el que se sintió muy cómodo en su histriónico papel de Cómodo. A ese líder tiránico le exijo que sea “grande”, que tenga una capacidad intelectual muy por encima de los que lo rodean, que sea un visionario, que anticipe los distintos escenarios que pueden suceder, que tenga un carisma que se huela en cada escena, que se coma al resto de los actores con cada gesto o mirada. Que sea un hijo de puta, sí, pero listo, un listo cabrón hijo de puta. Que aniquile por venganza o por previsión. Y que inspire tanto respeto en los suyos como miedo en los rivales. Es lo que echo de menos en el Napoleón de Scott y Phoenix, algo que sí tenían los de Marlon Brando (Desirée) y Rod Steiger (Waterloo). Tengo pendiente el Napoleón de Abel Gance (1927), para algunos la mejor del personaje, pero dudo mucho de la contención gestual del protagonista, ya que hablamos de la época del cine mudo.

El objeto del post de hoy no es hablar de la figura de Napoleón, sino de la estupidización de los tiranos en el cine, de la ridiculización, a veces exagerada, de tipos que eran unos redomados hijos de puta. Es cierto que las formas de algunos de ellos llaman a la parodia, como mostró Roberto Benigni con la figura de Mussolini en La vida es bella, en aquella entrada al pueblo subido a un coche en la que no se distinguía si hacía el saludo fascista o si estaba pidiendo a los aldeanos que se apartaran. “Entrada prohibida para judíos y perros”. Si no fuera porque esos carteles o similares existieron, no nos resultaría tan patéticamente graciosa la respuesta de Benigni al chaval: “ahí hay otra tienda que no deja entrar a españoles ni a caballos. Y hace poco vi una tienda que no admitía chinos ni canguros. A partir de mañana ponemos un cartel en nuestra librería que prohíba la entrada a las arañas y a los visigodos”.

Las películas de parodias norteamericanas del trío ZAZ (Zucker, Abrahams y Zucker) juntan a varios de estos dictadores, como en el arranque de The naked gun (aquí bajo el título letal de Agárralo como puedas). Jomeini, Gaddafi, Yasser Arafat, Idi Amin… incluso Mijail Gorbachov aparece por allí:

¿Tendrá Jomeini una mohicana naranja bajo el turbante, como sugiere este hilarante arranque? Los mismos ZAZ rodaron la segunda parte de Hot Shots en 1993, pocos años después de la invasión de Kuwait por parte del ejército iraquí de Sadam Husein, quien lógicamente no escapó a su correspondiente parodia:

«Desayuno, firmar penas de muerte, almuerzo con Gaddafi, ejecución, ejecución y fiesta de cumpleaños» se puede leer en su planning del día. Y un momento final como un Terminator del tipo T-1000, quizás para incidir en la «Inhumanidad» del sátrapa iraquí:

Podemos reírnos de toda esta panda de energúmenos, o podemos hacer como otros, que creen que no deberíamos trivializar con las figuras de los dictadores. Idi Amin debía estar a años luz de la parodia de los ZAZ y seguramente mucho más cercano al tipo que interpretó Forest Whitaker en El último rey de Escocia: listo, hábil, carismático, con sentido del humor. Y un hijo de puta al que temer. Como sin duda lo sería Stalin, cuya filmografía dedicada es muy inferior a la de Hitler. Suele aparecer como un alcohólico asocial que extermina por placer, lo cual dista mucho de ser una parodia, como en las breves apariciones en El abuelo que saltó por la ventana y se largó y en La muerte de Stalin.

Los personajes que han resultado tan extremos en sus vidas son carne de parodia, por muy dañinos que fueran en sus vidas. La sucesión de Stalin y todos los tópicos sobre el Partido Comunista de la Unión Soviética se juntan en la segunda de las películas mencionadas: el silencio forzado, el miedo a opinar, la una…nimidad en la toma de decisiones. Por su parte, el abuelo centenario sueco de la primera también conoció durante sus andanzas a Francisco Franco, a quien nos presentaron en pantalla como un tipo cercano aficionado a las sevillanas. Y sinceramente, no sé si yo estaba preparado para ver al Caudillo moviendo las muñecas de esa manera. O para verlo con el aspecto algo orondo de Juan Echanove en Madregilda, jugando al mus mientras escucha chistes sobre Stalin y su persona:

El modo de hablar tan característico de Franco se presta a la imitación chusca, pero aquí Echanove lo convierte en irreconocible. Como lo era Juan Diego por otros motivos orales y gestuales en Dragon Rapide. Me gustó la interpretación que hizo de Franco el actor Santi Prego en Mientras dure la guerra, el acercamiento sincero que hizo Alejandro Amenábar de nuestra guerra civil. Y aún más me gustó el Millán Astray listo e hijo de puta que compuso Eduard Fernández en la misma película. La voz de Franco y su manera de pronunciar eran muy características, muy aptas para las parodias de tantos cómicos o imitadores como hay en nuestro país. Uno de estos actores cómicos, Carlos Areces, interpretó en una ocasión a Franco en un programa de Buenafuente y lo hizo con tanto acierto que Fernando Trueba lo escogió para meterse en la piel del dictador en La Reina de España, en la que mantiene un intenso cara a cara con la actriz Macarena Granada (Penélope Cruz).

Lo cierto es que el personaje de Penélope Cruz sabía lo que era mantener la mirada a un tipo de estos que se cree con derecho a disponer de las vidas del resto de los ciudadanos, pues ya en la primera parte de esta comedia sobre una banda de cómicos, La niña de tus ojos, había tenido que lidiar con un Goebbels incapaz de controlar su libido. ¿Está bien reírse de estas parodias? Pues no sé si lo está o no, pero yo reconozco que me he deshuevado con varias de estas películas. Como el humor salvaje que utilizó Sacha Baron Cohen para crear un dictador ficticio que es una mezcla de Sadam Hussein y Gaddafi en El dictador. Y no deja de resultar cachondo que, con todas las barbaridades que hace y dice el protagonista (el trueno de Faluya, bromas sobre el 11-S, «¿es niño o aborto?» sobre un recién nacido,…), lo que más gracia me sigue haciendo es su discurso en las Naciones Unidas sobre las bondades y virtudes de una dictadura. ¿O está hablando de otro país?

Y también lo pasé bastante bien con la primera mitad de The Interview, la mordaz sátira sobre Kim Jong-Un que tanto molestó en Corea del Norte. Ese coreano con problemas de sobrepeso y llorando con las canciones de Katy Perry es impagable, aunque decaiga en la segunda mitad.

Dejo para el final a Adolf Hitler. No sé si sería como el tipo astuto que reúne a sus generales en Valkiria o como el (demasiado humano) personaje que compone Bruno Ganz en El hundimiento, película que, por cierto, contiene una de las escenas más utilizadas para parodias de todas las redes sociales (vale para fútbol, política o personajillos de los saraos televisivos). Desde luego no sería como el Hitler bobalicón que imagina el niño de Jojo Rabbit, ni como el Hitler gay que crea Mel Brooks para Los productores. Un Hitler gay era un argumento infalible para perder dinero en una producción, como dice el productor en la obra.

A mí me admiran dos de estas parodias. Pero en especial por la época en la que fueron realizadas. La primera, la del «Hail yo mismo» sobre las propias calles de Polonia en Ser o no ser. Dirigida por el genio Ernst Lubitsch ¡en 1942!, un judío alemán que se nacionalizó estadounidense en 1933. Una película muy disfrutable hoy en día, pero para la que había que tener el estómago necesario en aquellos años.

Y el premio al visionario fue para Charles Chaplin por El gran dictador, escrita, dirigida y protagonizada por el mismo genio británico en 1940. Tenía mucho más claro que los dirigentes de su país lo que estaba por venir. Fue capaz de hablar de la persecución de los judíos, de la aniquilación de la libertad de expresión en el país y de las ansias de expansión de los nazis cuando apenas acababan de comenzar sus incursiones. Y nos regaló este triste y maravilloso discurso que se ha repetido mil veces por la potencia del mensaje:

¿Podemos reírnos de los dictadores? En absoluto. De sus parodias, totalmente. Es necesario.

Las auditorías de Real Madrid y Barça (II)

Continuación de Las auditorías de Real Madrid y Barça (I)

4. Fondo de maniobra

El fondo de maniobra mide la diferencia entre la deuda de una sociedad a corto plazo (pasivo corriente) y los activos líquidos en el corto plazo (activo corriente) para afrontar la misma. En el caso del Real Madrid, el saldo es negativo de manera estructural, es algo habitual. El propio equipo gestor del club explica que es así desde hace años de manera sistemática, debido al devengo de las fichas de los futbolistas y al cobro de las cuotas de los socios. Como las cuentas se cierran en junio, el club cancela estos saldos en el segundo semestre del ejercicio y vuelve a generarlos en el primero del año siguiente. Quizás para tranquilizar al socio que pueda preocuparse por este fondo de maniobra negativo recurrente, el club incluye, junto a su evolución, la elevada tesorería disponible (parte inferior), que será la que le permita afrontar los pagos sin mayores problemas.

El único saldo positivo de estos últimos quince años se debe a los cobros obtenidos por la venta a Legends y Sixth Street. Sin embargo, no es una partida que deba descuidarse, como tampoco el hecho de que la tesorería haya bajado de 402 millones de euros a 128 millones. En cualquier caso, me parece un análisis incompleto porque, como indican las cuentas, se trata del Fondo de maniobra excluido el proyecto de remodelación del estadio.

El Fútbol Club Barcelona no hace un análisis detallado de un período tan amplio como el Real Madrid, de hecho, ni siquiera menciona el fondo de maniobra como tal. El cálculo es sencillo de realizar, basta con seleccionar las partidas de activo y pasivo corrientes:

427 millones de euros positivo… teóricamente. Si no tuviéramos en cuenta los ingresos no recurrentes o extraordinarios de los últimos dos ejercicios, la situación será aún más preocupante de lo que ya es con la deuda a largo, al situarse en negativo (104,7 mill.). El propio auditor hace referencia a este desequilibrio al manifestar sus dudas respecto a la continuidad del club en el apartado de «principio de empresa en funcionamiento»:

A todo ello habrá que sumarle las caídas de ingresos en el ejercicio 2023-24, pues faltará el 25 por ciento de los derechos de televisión vendidos, más la reducción por el traslado a Montjuic, y no habrá extraordinarios. El auditor cuestiona ese fondo de maniobra positivo y la propia continuidad de la institución al hablar de «Una duda significativa sobre la aplicación del principio de empresa en funcionamiento«, lo cual es un eufemismo de «estás quebrado como no cambies la gestión». No parece que Joan Laporta y sus directivos estén por la labor, pero me temo que al club no le queda otra que dar salida a jugadores, aunque solo sea para pagar los 207 millones que adeuda a otros clubes (ver apdo. 3 en la primera parte), 90 de los cuales tiene que afrontar antes de junio de 2024. Quizás por eso mismo han decidido presupuestar 84 millones de euros por venta de jugadores.

5. Patrimonio Neto

Con el Real Madrid y el Barça ocurre algo muy diferente a las empresas privadas, y es que se trata de clubes deportivos, no sociedades anónimas deportivas, y en su objeto social no está la rentabilidad del accionista ni, por tanto, el reparto del dividendo. El Patrimonio Neto de los clubes mide sus recursos propios, el valor de la institución como tal: el fondo social, los resultados acumulados y no distribuidos, más las reservas legales o estatutarias que haya podido dotar en los años previos. En este apartado, el Real Madrid tiene una trayectoria muy consolidada de más de veinte años, de estar bajo mínimos a mostrar una salud financiera potente:

La gráfica es muy concluyente, una línea de crecimiento sostenida en el tiempo durante más de dos décadas. Sin embargo, no todo es positivo, o la gráfica no muestra toda la realidad: de no haber sido por la mencionada operación de venta a Legends y Sixth Street, el club habría tenido un deterioro en el patrimonio entre los 220 y los 300 millones de euros. Bien es cierto que el club aprovechó esa plusvalía en la 2021-22 para dotar provisiones (meramente contables) ante posibles riesgos por 71 millones de euros:

Esos riesgos no vienen explicados con mucho detalle y tuve que buscar en las cuentas del ejercicio anterior, pero se deben a la suma de varias partidas:

  • Importes a pagar a clubes de origen de los que se fichó jugadores: los famosos «variables» por trofeos obtenidos, sospecho.
  • El litigio sobre la permuta de terrenos de la que hablaré en el punto 6. El Real Madrid dio de baja esta provisión tras la resolución del TJUE en 2021, y volvió a dotarla al reabrirse el expediente.
  • Otras sin mucho detalle, como reclamaciones de la Agencia Tributaria.

Es una decisión que no supone salida de caja, pero sí reduce el resultado contable. Parecido a lo ya comentado que hizo el Barça cuando se dio el resultado extraordinario positivo y aprovechó para provisionar (anticipar el coste) las indemnizaciones que previsiblemente tendrá que abonar a varios exjugadores.

En cuanto al Patrimonio Neto del eterno rival, la situación es diametralmente opuesta. Si no fuera un club de fútbol que, además, cuenta con un respaldo institucional potente tanto a nivel autonómico como nacional (controlan todos los estamentos y la mayor parte del «relato»), hace tiempo que habría quebrado o bajado de categoría como hicieron con otros como el Elche o el Reus, o se habría convertido en sociedad anónima deportiva, que seguramente es el camino que recorrerá más pronto que tarde.

El club ha recuperado aparentemente el equilibrio patrimonial, y digo «aparentemente» porque en las cuentas se ve de manera clara cómo los 400 millones generados de resultado (303.711 más 97.577) a base de anticipar ingresos futuros han salvado temporalmente la cara del club. Lo que no cuentan estos cuadros es cómo van a dificultar su competitividad y quién sabe si su pervivencia bajo la figura de club deportivo en los próximos ejercicios. En este punto concreto es importante recordar que la Ley del Deporte aprobada en diciembre de 2022 eliminó la obligatoriedad de que los directivos de los clubes de fútbol tuvieran que avalar con su propio patrimonio las pérdidas generadas bajo su gestión. El principal promotor de esa ley fue Albert Soler, «casualmente» directivo del Fútbol Club Barcelona hasta su nombramiento como máximo mandatario del Consejo Superior de Deportes. «Casualmente» también, un conocedor de los pagos al segundo de los árbitros, Enríquez Negreira, mientras tramitaba «casualmente» esa misma ley que ha permitido que todos los delitos de corrupción deportiva en los que haya incurrido el Barça durante al menos diecisiete años hayan quedado prescritos al mantener un (ridículo) plazo para las infracciones muy graves. Supongo que también fue «casualidad» que Albert Soler dimitiera apenas un mes después de la aprobación de la ley que permite que el Barça siga campando a sus anchas pese a los pagos al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros y a las aberraciones financieras en sus balances.

6. Litigios / Pasivos contingentes

6.1. Real Madrid

Como es imperativo en la normativa vigente, las cuentas del Real Madrid hacen mención a una serie de litigios en los que el club está inmerso, por si el resultado de los mismos pudiera tener un impacto contable. En algunos casos no es necesario que sean litigios en vía administrativa o ya en los juzgados, sino que los informes para los socios deben reflejar posibles pasivos contingentes, como los pagos variables a clubes y patrocinadores por logros deportivos (los famosos «tantos millones fijos más X en variables» que escuchamos tras cada fichaje, nota 13.4 del Informe). Otros litigios que aparecen en las cuentas son:

  • Litigio por la permuta de terrenos en Castellana por otros en Valdebebas, un pleito que arranca de finales de los noventa. El Real Madrid pagó 20,2 millones de euros al ayuntamiento de Madrid en 2016, pero el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dio la razón al club en 2021, razón por la cual se reconocieron los ingresos más intereses en ese ejercicio. Sin embargo, el caso no ha concluido y la Comisión Europea va a efectuar una nueva tasación de los terrenos (¿veinte años después?), por lo que el club ha decidido provisionar de nuevo la partida.
  • Reclamación a la Agencia Tributaria de 7 millones de euros para la devolución de unas cantidades abonadas por la consideración realizada de «ayuda de Estado» sobre el régimen tributario de los clubes deportivos. Es la misma reclamación que realizaron el Barça, el Athletic y el Osasuna, pero se ha perdido de manera definitiva en los tribunales.
  • La enésima reclamación del club a LaLiga del «muy madridista» Javier Tebas por el reparto de los derechos de televisión de la temporada 2016-17. El club insiste (y ha ganado de manera reiterada en los tribunales a LaLiga) por el inadecuado reparto de los derechos de televisión. Este año ha ganado a LaLiga una demanda por los derechos de la previa y los post-partido, y entre estos pleitos, más la negativa reiterada a las estratosféricas subidas de sueldo del señor Tebas (5,4 millones de euros ya), la relación no puede ser peor, pese a lo cual nos toca escuchar a los madridistas que el club controla todo. LaLiga (numerosos frentes abiertos), la Federación y el CTA (el club se personó como perjudicado), los medios (subvencionados por la propia Liga y por el Barça), el CSD de Albert Soler y «el relato» de las televisiones (Mediapro y GolTV, de Tatxo Benet, con Roures en la sombra, accionistas de Barça Studios).
  • Las cuentas mencionan la pérdida del litigio millonario contra IPIC (Cepsa) y el fondo de Abu Dábi por el acuerdo sobre los derechos de explotación del estadio de 2014.

El Real Madrid no tiene ningún saldo provisionado en las cuentas por estas últimas tres partidas (Agencia Tributaria, LaLiga e IPIC), puesto que el éxito de las reclamaciones supondría mayores ingresos, y no una salida de caja. Mejorarían la cuenta de resultados y el club, con buena lógica, prefiere mantener una política de prudencia contable.

6.2. Fútbol Club Barcelona

Voy a tratar de ser objetivo y dejar mi lado de aficionado (sé que estoy fallando estrepitosamente en el análisis), pero es que me costaría mucho ser seguidor de este club solo con lo que figura en las cuentas, no ya con todo lo que realmente hay.

  • Litigio con DIS por el fichaje de Neymar Jr. Los innumerables contratos que firmó el Barça con intermediarios y diferentes empresas tenedoras de los derechos del futbolista originaron una reclamación de más de 40 millones de euros de la empresa DIS. El fichaje se realizó por una cifra entre los 19 millones que contaron inicialmente, los 94 que reconoció el club con posterioridad, y los 150 que dijo Florentino Pérez que solicitaron en su día al Real Madrid. Se firmaron tal cantidad de contratos (el del padre del jugador es el «top» de inverosimilitud), que, dentro de ese abanico de cifras, cada uno puede creer lo que le parezca Al final, esta reclamación se ha resuelto de manera favorable para el Barça, cuya directiva ha respirado:
  • La reclamación por el caso de I3 Ventures y el espionaje a varios jugadores encargado por la anterior directiva. El club no provisiona nada porque se trata de una reclamación contra la anterior directiva, es decir, se considera perjudicado en la causa.
  • Hace mención a la posible «administración desleal» de la anterior Junta Directiva (Bartomeu) y tampoco provisiona ninguna partida por la misma razón mencionada en el punto anterior. El día que alguien escriba sobre las guerras internas de poder del Barça van a salir cosas «muy divertidas».
  • Se incluye de pasada la reclamación mantenida contra la Agencia Tributaria por el mismo concepto que el Real Madrid (las posibles ayudas de Estado del régimen tributario).
  • Y por último (y me froto las manos), se hace una extensa mención a la investigación del club por «corrupción deportiva» continuada, falsedad documental y administración desleal por los pagos a las empresas de Enríquez Negreira para «garantizar la neutralidad» de los arbitrajes… ah, no, que eso no lo dice el club, lo dijo el propio receptor de los pagos. El club no ha provisionado ninguna partida por la dificultad para evaluarla y por considerar que está en una fase preliminar de la investigación. La realidad es que un descenso de categoría (que no ocurrirá jamás por mucho que lo merezca, porque el Barça, si hace falta, será incluido en la Ley de Amnistía) o una expulsión de la Champions supondrían una merma de los ingresos por derechos de televisión superiores al noventa por ciento. Derechos que, además, han sido vendidos parcialmente a un fondo.

7. Opinión de los auditores

Con todo lo mencionado en estos dos extensos post, la opinión del auditor del Real Madrid (EY) es una opinión bastante limpia, en la que apenas se mencionan dos temas menores y por la dificultad para valorar los conceptos:

  • El activo intangible: la partida referida a los importes pagados por los fichajes de futbolistas. El auditor manifiesta la dificultad para valorar dichos importes (normal, ¿cuánto valía Hazard, que seguía en el activo por unos 25 millones de euros? ¿O, por el contrario, Vinícius?).
  • Una mención menor a la valoración de los ingresos por partidos amistosos o derechos de televisión anticipados.

En cuanto a la opinión de los auditores del Fútbol Club Barcelona (Grant Thornton), es para salir corriendo de allí. Solo la extensión de su informe ya da una idea de lo delicada que es la situación del club. El auditor advierte a los socios del club, que es a quienes se supone que se dirige (aunque luego estos votan aborregadamente lo que Laporta les plantee), sobre varios aspectos de las cuentas:

  • La venta de los derechos de televisión por 25 años y los ingresos anticipados:
  • Dedica un amplio apartado al Espai Barça y menciona de manera expresa la construcción prevista inicialmente de un nuevo Palau, aprobado en Junta:

pero luego no se moja con la desaparición del mismo del proyecto final, sino que manifiesta sus dudas acerca del control que la Junta pueda tener sobre las decisiones relevantes del club. La pérdida de control evidente ante quien pone los fondos:

  • La venta de Barça Studios y su hiper inflada valoración genera dudas al auditor. Justo las que no generó al control económico de LaLiga, lo que permitió que el club inscribiera de manera sospechosa a todos sus fichajes de las últimas dos temporadas, pese a no haber cobrado las cantidades previstas:

El auditor se lo cree menos que nosotros, los aficionados del equipo rival:

  • Incluye una nota similar a la del Real Madrid acerca de la complejidad que supone hacer una valoración certera del inmovilizado intangible (actualización de los derechos sobre los futbolistas).
  • Indica que el club no ha reconocido el posible pasivo contingente que supondría una sanción por los pagos a Negreira. No sé si la directiva tiene claro que no va a haber sanción en España (yo estoy convencido, pese al escándalo que supone) y cuenta con que la UEFA actuará del mismo modo tras comprobar la pasividad de la justicia española, pero simplemente una expulsión de la Champions sería un desastre económico para el club. Por ello han decidido no provisionar una pérdida de ¿50-80 millones de euros, quizás más? por esta contingencia que se resolverá en un plazo muy largo.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, el auditor incluye dos Párrafos de énfasis sobre dos apartados de las cuentas. Es su manera de insistir a los socios (y debería serlo igual para los responsables del control económico de LaLiga y la UEFA) en que centren su atención ahí, en esos puntos:

  • El fondo de maniobra negativo tras descontar los ingresos extraordinarios y la difícil viabilidad del club:
  • La sospechosa operación de venta de Barça Studios a una empresa que no ha pagado lo que ya está registrado en las cuentas. Se maquilla con la frase acerca de un «nuevo calendario de vencimiento de los cobros»:

En fin, que aquella operación que no resultaba creíble en su día, dieciséis meses después sigue sin «completarse». El diario alemán Die Welt publicó el viernes 22 que la UEFA se plantea expulsar al Barça de la Champions por las irregularidades contables en sus balances y el incumplimiento de la normativa sobre el Fair Play Financiero. Huele más a rabieta ante la sentencia de la Superliga porque los incumplimientos llevan años en las cuentas del Barça (como los del PSG, Manchester City, Chelsea…).

Concluyo ya: cuando escuchéis a alguien decir que la situación financiera del Real Madrid y el Barça es similar, podéis contestarle tranquilamente y con todos estos datos: «no tienes ni pajolera idea».

Post relacionados:

LaLiga (I): (In)sostenibilidad financiera y austericidio

LaLiga (II): el declive económico Ey deportivo

El Informe sobre la Superliga

Finanzas ridiculés (I)

Finanzas ridiculés (II)

La financiación del Espai Barça

Las auditorías de Real Madrid y Barça (I)

El vídeo con el que arranca este post corresponde a la charla mantenida en el canal de YouTube de Kollins sobre el estado de las finanzas de los dos principales clubes españoles de fútbol. La charla se centra en los informes de auditoría de ambos clubes, presentados recientemente a sus socios, con el estado de cuentas cerrado a junio de 2023.

Desde los medios quizás se haya extendido la idea de que el Real Madrid tiene una situación financiera saneada, mientras que el Fútbol Club Barcelona se encuentra con unas complicaciones enormes por su deuda, la mala gestión y la falta de generación de caja. La realidad (para el que esto escribe) es que el Real Madrid presenta una muy buena gestión, profesional, con un punto de vista empresarial que es necesario, pero quizás no suficiente: no es oro todo lo que reluce y se vislumbran ciertos “nubarrones” en el horizonte. Por el contrario, la situación del Barça no es dramática: es peor.

De todo ello hablamos durante cerca de una hora y este texto sirve de complemento para ampliar la información ofrecida en los distintos puntos analizados.

1. Ingresos de explotación

El Real Madrid ha experimentado una fuerte recuperación de sus ingresos en los últimos dos ejercicios y supera por fin las cifras pre-covid:

Sin embargo, un análisis detallado de la procedencia de los mismos nos permite ver que todavía no se han recuperado las cifras de ingresos por socios y en el estadio, fundamentalmente por las obras del Bernabéu y las aperturas parciales de las gradas. En cuanto al desglose de partidas, llama la atención que lo recaudado en las partidas “Socios y Estadio” y “TV” estén considerablemente por debajo de las cifras que alcanza el F.C. Barcelona:

Con estos porcentajes, los ingresos se distribuyen entre Marketing (371 M.), Socios y estadio (152 M.), TV (185,5 M.) y Amistosos y competiciones internacionales (135 M.). Hay mucha diferencia con el Barça en Estadio e incluso en ingresos por televisión, que presenta estas cifras:

Sin tener en cuenta los ingresos extraordinarios, el Barça habría presentado unos ingresos de 673 millones en la temporada 2021-22 y 814 millones en la 2022-23. Una vez descontado el efecto de la venta del 25% de los derechos de televisión por los próximos 25 años (palancas 1 y 2) y de las participaciones pseudoficticias sobre Barça Studios (palancas 3 y 4), y añadiendo el efecto de desplazarse durante una temporada a Montjuic para los partidos del equipo de fútbol, los ingresos ajustados previstos para la temporada en curso serán inferiores en 400 millones de euros. Creo que la caída puede ser aún mayor, porque además el Barça suele presupuestar de una manera mucho más agresiva que el (conservador) rival:

Es posible que los derechos de televisión sean más elevados que los del Madrid porque tienen más secciones, pero la diferencia es superior a los 14 millones anuales que reciben los culés (5M. por el baloncesto y 9M. por el resto). Y lo mismo podría servir para explicar la diferencia de ingresos en el concepto Estadio, pero no deja de ser llamativa.

2. Ratio de coste deportivo:

La gestión de un club de fútbol depende de muchos factores, algunos tan variables como el valor de mercado de su principal activo, los jugadores, o el difícil equilibrio entre títulos-incremento de ingresos por premios y TV-aumento de primas y salarios. Por eso es tan importante tener controlada la ratio del coste deportivo, que mide el coste salarial de la plantilla comparado con los ingresos recurrentes. Es importante resaltar lo de «recurrentes», ordinarios, porque las plantillas deberían ajustarse a los ingresos que el club sea capaz de generar sin contar con ventas extraordinarias. Esta medida tan sencilla se la saltó el Barça cuando vendió a Neymar Jr.. por 222 millones de euros. Desde entonces no ha sido capaz de ajustar el coste de plantilla en el que se situó, con salarios estratosféricos inasumibles como el de Messi.

El Real Madrid ha sabido mantener controlada la partida del coste deportivo, con medidas controvertidas para los aficionados como la famosa «escala salarial» (en la que difícilmente entraban jugadores como Mbappé o Haaland), o dando salida a jugadores cuyos salarios no podía mantener o no podían equipararse a lo que se les ofrecía en otros clubes (Casemiro, Varane, Ramos, Cristiano, Benzema…):

La ratio está cerca del 50 por ciento, que es el nivel considerado de «excelencia» para la Asociación Europea de Clubes (ECA). Y una vez recuperados los ingresos, se mantiene alejado del 70 por ciento, que es el máximo recomendado por los organismos rectores del deporte. Otra partida que habla bien de la gestión realizada, y que no suele mencionarse mucho, es la de Ingresos por traspasos de jugadores, que, en el caso del Real Madrid, ha supuesto una entrada de caja por importe de 957 millones en los últimos diez años. Aquí entran varios de los mencionados anteriormente, más Marcos Llorente, Morata, Reguilón, Achraf, Odegaard, Kovacic… Si los directivos hubieran sido más aficionados que financieros, a lo mejor nos encontraríamos una situación económica mucho más peliaguda. Cuesta creerlo, pero el Real Madrid ha sido tan vendedor como comprador en el conjunto de las diez temporadas.

El Fútbol Club Barcelona, sin embargo, ha sobrepasado con creces esta línea de la prudencia. En su Informe Anual vuelve a «hacerse la trampa» de comparar el coste deportivo con el total de ingresos en un año fuertemente condicionado por los ingresos extraordinarios. Pero no puede obviar el peso real de los mismos, que ¡sitúa en el 85 por ciento!:

El sobrecoste tan exagerado de la 2022-23 se debe a la liquidación de contratos antiguos con salarios diferidos (Jordi Alba, Piqué, Busquets, ¿Messi?) y a la provisión de las indemnizaciones que posiblemente tengan que liquidar en breve (Mirotic, Higgins, Umtiti, Mattheus). El ajuste en el presupuesto 2023-24 es considerable. El Barça ha realizado dos gestiones (nefastas, según mi modo de ver) con fuerte impacto en el balance por generar más deudas para el futuro:

a) Diferimiento de salarios por varios años: y además de modo creciente, lo que hace que, llegado el momento del salto en el salario del jugador, se trate de forzar la salida de este. Aubameyang, Frenkie De Jong, Dembélé… el próximo será Lewandowski. Seguro.

b) Aplazamiento de pagos a otros clubes por los fichajes. En el apartado referido a la deuda se trata este asunto en detalle. Me cuesta creer que tantos clubes sigan vendiendo jugadores al Barça sabiendo que luego tardan tanto en cobrar los fichajes.

3. Deuda

3.1. Real Madrid: No me gusta mucho cómo el Madrid ha explicado este apartado, porque separa toda la deuda referida a la remodelación del estadio Santiago Bernabéu, y con ello, todos los demás apartados que pudieran verse afectados: proveedores, tesorería, inmovilizado… La conclusión que hace el club, y que valida el auditor, es que el Real Madrid no tiene más problema de deuda que el generado por las obras del estadio, que se financiarán con tres préstamos, el inicial (575 M., de 2019), el que incorporó las mejoras adicionales como el hipogeo (225 M.) y el recientemente aprobado en la Asamblea (360 M., no recogido en las cuentas). Esto no significa que el estadio tenga una financiación específica de 1.160 M., puesto que este último crédito se ha solicitado para la cancelación de un préstamo ICO anterior (unos 100 M.) y para la financiación de los aparcamientos (95 M.) adjudicados en este mismo ejercicio a una filial del club, lo que hace que la deuda asociada al estadio se sitúe alrededor de los 1.000 millones de euros.

Los tres préstamos supondrán unas cuotas de 29,5 M., 10,5 M. y unos 18-20 M. por el recientemente aprobado que, como no figura en las cuentas, no puedo estimar con la precisión de los dos anteriores. La suma de los tres préstamos encaja con los 60 M. anuales que Florentino Pérez contó a la Asamblea.

La estrategia del club es clara en este sentido: una instalación como el Bernabéu, con una ubicación privilegiada en el centro de Madrid, solo genera ingresos unos 30 días al año (19 partidos de Liga, 2-3 de Copa, 4-6 de Champions), más el museo, los restaurantes anexos y la zona de eventos. El club necesita generar muchos más ingresos para poder competir en próximos ejercicios y para ello se planteó esta gran reforma que permitirá abrir el estadio para conciertos, partidos de la NFL, de la NBA, la Copa Davis o lo que se tercie. Para la gestión y contratación de eventos, el Real Madrid alcanzó un acuerdo con las empresas norteamericanas Legends y Sixth Street, a las que vendió el treinta por ciento del negocio futuro por 360 millones de euros. De no haber sido por esta venta, el Real Madrid habría tenido unas importantes pérdidas acumuladas en los últimos dos ejercicios.

El punto de equilibrio de toda esta operación es importante: si el Real Madrid no genera ingresos adicionales por más de 100 millones de euros anuales, de los cuales ya ha vendido ese 30 por ciento (30 M.), y una vez descontados los gastos asociados a los eventos, difícilmente va a poder cubrir los 60 M. de cuotas de amortización de los préstamos. Las previsiones del club para esta partida son muy superiores y algunas estimaciones hablan de beneficios superiores a los 150 M. euros anuales. Está por ver, es una apuesta personal del presidente y de su junta directiva, y será clave para los próximos años. Una caída del consumo en ocio y grandes eventos, la dificultad de contratar espectáculos de estas dimensiones… puede haber varios condicionantes que dificulten el cumplimiento de esta estimación de ingresos (no digamos otra pandemia), pero para ello se ha acordado la entrada de expertos en la materia, como Legends y Sixth Street.

Al margen de esta deuda, las cuentas explican el resto del pasivo de la sociedad:

A continuación el informe desarrolla una explicación sobre la deuda bruta y su diferencia con la neta, la tesorería generada y las partidas pendientes de cobrar a otros clubes por traspasos, para concluir que la deuda es negativa. No es preocupante para los gestores del club, porque es superior lo que tiene o lo que le adeudan que lo que debe:

Las cuentas limitan el problema de la deuda al estadio, pero, aun reconociendo la estupenda gestión general del club, no es una situación boyante porque el propio negocio del fútbol no lo es (rescato lo comentado en (In)sostenibilidad financiera y austericidio). La operación con Sixth Street salvó las cuentas de 2022 pero la tesorería que se dispuso entonces (402 M.) ha bajado a 128 M., y además han empeorado otras partidas en el último año como el Saldo Neto por inversiones/traspasos (40 M. peor).

3.2. Fútbol Club Barcelona: demasiada información como para que los socios puedan dormir por las noches con el convencimiento de que el club seguirá siendo suyo. Es insostenible. Ya solo la Deuda a largo plazo acojona:

La mayor parte se debe a la financiación de la reforma del estadio (análisis detallado en: La financiación del Espai Barça), pero hay otras deudas importantes con clubes y entidades financieras que solo podrán devolverse con una refinanciación, que será costosa:

El Espai Barça tenía tres tramos previstos de disposición, los dos primeros con unos períodos muy cortos para el volumen y de los cuales ya se preveían como renegociables:

Un cálculo grosso modo de estas cuotas daría como resultado:

Inviable en los próximos años. Pero es que además coinciden en el tiempo con la devolución de las Senior Secured Notes firmadas en 2017, que tendrán que der refinanciadas en 2031:

En cuanto a la deuda a corto plazo, la situación es igual de acuciante para la entidad:

Y en este apartado es donde aparecen los 117 millones de euros que el Barça adeuda a otros clubes, en algunos casos, por jugadores que ya ni pertenecen a la entidad:

Parece que no sorprende a muchos medios que el Barça se haya pasado por el forro toda la reglamentación en materia deportiva, así que no sé por qué me extraña que la Liga de Tebas y la UEFA de Ceferin también hayan hecho la vista gorda con la normativa de cumplimiento financiero.

(Continuará)

De la Behobia a Valencia

Este final de año 2023 he tenido la oportunidad (y la suerte, ¡y las piernas!) de volver al asfalto y participar en dos de las carreras populares «más populares» de este país: la Behobia-San Sebastián y el maratón de Valencia Trinidad Alfonso. En la Behobia participamos casi 30.000 corredores, de los que 25.899 alcanzaron la meta, mientras que en Valencia nos juntamos más de 33.000 valientes, de los cuales concluyeron 26.253. Son cifras muy elevadas que suponen un desafío para los organizadores y una complicación añadida para los participantes, porque estas carreras, como el propio running (y detesto «el palabro») se han puesto muy de moda y reúnen cada vez a más gente. Logística, precios, alojamientos, alguna incomodidad que otra en la salida o en la meta… Pero no es una queja, solo una constatación. Todos estos problemas, multiplicados por diez, se dan en el maratón de Nueva York y cada año son cientos de miles de corredores los que pagan un fortunón por participar allí.

Behobia-San Sebastián

La Behobia presume de ser la carrera más antigua de España, puesto que la primera edición data de marzo de 1919. Sin embargo, la carrera pasó diversas vicisitudes, cambios de formato, parones, etc., y este año se celebraba la 58ª edición. El recorrido circula desde el barrio de Behobia en Irún, prácticamente ya en Francia, hasta San Sebastián, muy cerca de la playa de la Concha. Poco más de veinte kilómetros de trayecto exigente, un tanto rompepiernas, con dos subidas pronunciadas, una en el Alto de Gaintxurizketa (km. 7) y otra hasta alcanzar el Alto de Miracruz (km. 17). Una vez pasas esta última pendiente, y si te has reservado de manera conveniente, todo consiste en dejarse llevar y disfrutar del ambiente, de los pueblos y barrios congregados en los márgenes de la carrera, numerosa gente que, como buenos vascos, sale a aplaudir uno de sus tradicionales eventos.

La entrada en San Sebastián es preciosa, como toda la ciudad, y según te acercas a la plaza de Zurriola, el Kursaal o la Alameda del Boulevard, la multitud se agolpa en los laterales y crea ese efecto «túnel humano del Tour de Francia» que tantos veteranos de la prueba me habían comentado. Fui a la carrera con el animado grupo del Club de Corredores, más de 100 personas que acudimos en dos autobuses y llenamos un albergue en Hondarribia (me sigue saliendo decir Fuenterrabía) durante todo el fin de semana. Con ganas, con buen humor, con la idea de hacer un «completo», consistente en paseo por San Sebastián, comida en una sidrería a base de buen txuletón, pintxos, cañas, txakolís, carrera, foto con El Pirata, baño en La Concha para los más osados, ducha rápida y vuelta para Madrid. Mucha juventud, un veterano de 78 años, gente de todos los niveles de marcas, algunos cracks con «marcones», otros cracks que se defienden, y siempre, siempre buen ambiente.

La carrera no es cómoda para el participante. Me explico. Estas carreras en las que la salida y la meta están tan distanciadas suponen una incomodidad añadida para el corredor, que tiene que buscarse la manera de ir a la salida a tiempo, que no haya problemas como los ha habido en ediciones anteriores con los trenes, andar un par de kilómetros hasta encontrar tu cajón de salida, procurar no pasar frío y salir con ganas. Los que hemos ido a mil pruebas de este tipo sabemos que hay que ir con tiempo y con la ropa de abrigo más vieja que tengas porque lo normal es desprenderte de ella en la salida o depositarla en los cajones de alguna ONG que trabaje con la organización. Con tiempo no, con mucho tiempo. Y luego ya veréis cómo la carrera merece la pena, ya lo creo que sí.

Me sorprendió mucho que al llegar a meta los corredores nos íbamos juntando con los conocidos que encontrábamos y todos tenían «su bar», su sitio en el que juntarse para tomar unos dobles y picar algo. Apenas cinco minutos después de la carrera, ya estábamos con unas cervezas en la mano. Sin cambiarnos ni nada, con la medalla de madera puesta, y brindando por el éxito que siempre supone acabar con buenas sensaciones. En mi caso, el tiempo de 1h. 40m. me hacía albergar esperanzas de alcanzar una buena marca en el maratón de Valencia. Dejo aquí algunas fotos del fin de semana.

Maratón de Valencia

El maratón de Valencia celebraba su 43ª edición el pasado 3 de diciembre, y ha adquirido más fama internacional en los últimos años por la rapidez del mismo, a la que contribuyen, sin duda, la orografía de la ciudad, la altitud, a nivel del mar, y la fantástica temperatura en diciembre. Aunque lo mismo esperaba yo en diciembre del año pasado en Málaga ¡y me cayó el diluvio universal! La marca del ganador del domingo pasado, el etíope Sisay Lemma, fue la cuarta de la historia: 2h. 01m. 48s. Otra de esas marcas extraterrestres a una media de 2m. 53s. por kilómetro.

Se batieron los récords masculino y femenino de España, por medio de Tariku Novales y Majida Maayouf, atletas de origen etíope y marroquí, si bien queda salvar algunas dudas sobre un supuesto expediente por dopaje en el caso de la segunda. El presidente de Mercadona, Juan Roig, se vino arriba y, con ánimo de atraer más corredores internacionales de calidad, anunció un premio de un millón de euros para el atleta que consiga el récord del mundo en el maratón de su ciudad.

La carrera estuvo espectacular y la organización estuvo «bien». Solo bien y no muy bien, porque esta carrera empieza a tener el problema de tantas otras en las que participa un número tan elevado de atletas populares. Cuando todavía no había dado mi primer paso sobre el recorrido oficial, mi cuentakilómetros ya marcaba 6 kilómetros en las piernas. Es cierto que yo ya contaba con hacer los primeros 2,4 km., que era la distancia del hotel a la salida y me venía bien para calentar las piernas, pero luego hicieron un corte imprevisto para llegar al guardarropa, nos obligaron a dar varias vueltas sin sentido, de nuevo otra vez hacia atrás para situarme en el cajón (y eso que el mío era el intermedio, el quinto de nueve), y al final me fue imposible dejar la bolsa. Por eso recomiendo siempre el atuendo de «yonqui»: pantalón de chándal zarrapastroso, camiseta chunga de publicidad o de publicidad chunga, y una bolsa o mochila de finales de los setenta que no te duela perder o abandonar si, como me ocurrió, no logras llegar al puesto de entrega. En mi caso, menos mal que me acompañaba mi fiel seguidora, fotógrafa y portageles Mabú, a la que nunca agradeceré suficientemente su paciencia en estas pruebas.

Nueva York arranca con Frank Sinatra, el Rock’n’Roll Marathon Madrid con algún temazo rock cañero y Valencia nos deleitaba con el artista de la tierra Nino Bravo y ese Libre tan a tono con la sensación experimentada por los corredores según arrancan a por el objetivo y la aventura de los 42K. La humedad de Valencia hizo que la espera para la salida y los primeros kilómetros fueran fríos como un abrazo de suegra, en especial en las zonas de sombra, pero a partir de la primera hora y sobre todo en las grandes avenidas, bien soleadas, la temperatura era perfecta para correr. Unos quince, dieciséis grados durante toda la prueba. Cerca del inicio, junto al Puerto, pasamos por nuestro kilómetro 3 y nos cruzamos con los primeros profesionales, que habían salido una hora antes y marchaban ya por el 22. Me encanta verlos, me admira su zancada, la ligereza en sus piernas y la facilidad con la que recorren la distancia. Llama la atención el poco ruido que hacen, todo lo contrario que el estruendo de pisadas plomizas y el griterío de los populares mientras los animan.

– Porque les han dado una hora de ventaja, que si no, igual los pillábamos -bromeó uno de los que marchaba cerca de mí.

Mi carrera fue bastante buena hasta el km. 32, a unos 5m.10s. el kilómetro, pero ahí empecé con problemas en los isquios (esta vez no fueron los gemelos) y tuve que parar a estirar cinco veces hasta el 38. No sé qué pasó porque a partir de ahí me recompuse ligeramente y acabé los últimos cuatro ligeramente por debajo de los 6m./km. para un tiempo total de 3h.53m.15s. La entrada es espectacular, muy bonita, con una pasarela azul junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Acabé contento. No «muy contento», porque aspiraba a estar más cerca de las 3h.45m., pero bueno, uno va cumpliendo años y tiene que ir asumiendo que las marcas tendrán que ir subiendo paulatinamente. Aunque me resista, aunque lo niegue, aunque tenga que defender ante mi mujer que es el mismo tiempo que hice en Roma en 2009 y que catorce años después me sigo manteniendo en la pelea, aunque este deporte nos permita una longevidad que otros más explosivos no nos dan, lo cierto es que habrá que aceptarlo… ¡Pero para eso me tiene que llegar una madurez de la que sigo huyendo a la carrera!

La crónica en clave de humor y cierta provocación la he dejado para la ocasión en La Galerna, bajo un título que puede parecer críptico, pero es que la «censura» del amiguete jefe de redacción me cortó algunas partes, como las referidas al impronunciable portero georgiano del Valencia. Aquí la dejo:

Shavi K’udis ch’ama

He echado un vistazo a las estadísticas del maratón de Valencia y veo que la participación femenina sigue creciendo año tras año, de lo cual me alegro, y sus marcas son bastante notables en muchos casos:

En cuanto a los grupos de edad, el de mi categoría, Veteranos-3 (entre 50 y 55 años), sigue siendo una panza de zumbaos bastante nutrida:

Y la que más me ha llamado la atención es la de las marcas de la peña que viene de toda Europa a participar en esta carrera: más de 5.300 animales (y «animalas») bajaron de las tres horas. Qué bestialidad, enhorabuena. A ellos y a todos los que acabaron el domingo.

La dosis soportable de bochorno

Desconozco si todos tenemos un límite de bochorno (ajeno) que somos capaces de soportar, pero no me extrañaría. Algunos lo tienen muy bajo y saltan a la mínima, y otros somos más tolerantes, tratamos de entender las cosas y, antes de reaccionar de manera furibunda, cuestionamos las mismas o intentamos aportar algo positivo, aunque solo sea reducir la crispación en tu entorno. Pero cuando nuestros límites se superan, cuando el vaso se ha desbordado, se nos escapa toda la mala leche por la boca. Y es lo que me pasa con este gobierno desde antes de que se culminara su vergonzosa formación. Sé que habrá quien no le guste el adjetivo, pero la entrega de favores a cambio de un puñado de votos fue vergonzosa, una compra reconocida por el propio presidente.

En la última semana hemos podido presenciar lo siguiente:

  • Se avanza en la idea de los “verificadores” de los pactos de gobierno con Junts en Ginebra. ¿De verdad se van a hacer estas reuniones con la banda del fugado en un país considerado neutral, como si de un conflicto bélico se tratara? ¿Con una estelada a un lado de la mesa, la bandera de España en otro, y un mediador internacional? ¡Que ha sido una p… compra de votos, nada más! ¿Qué pintan unos verificadores internacionales como si de la guerrilla colombiana se tratara?
  • Las declaraciones del nuevo ministro de Transporte, Óscar Puente, en las que comparaba la amnistía con “dejar embarazada a tu novia y casarte antes o después con ella”. ¿Pero, pero… de verdad va a haber alguien que nos haga ver a Ábalos como un tío con clase? Este fin de semana ha seguido con sus chorradas al hablar del transporte de pasajeros como un movimiento feminista que debe regirse por no sé qué patrones. La verdad es que no se le entiende un carajo lo que quiere decir, promete tardes de «gloria».
  • Hemos visto al presidente de gobierno recién investido, Pedro Sánchez, darse un baño de multitudes mientras proclamaba ufano que “la amnistía hará de España un país más unido que nunca”. No hay más que verlo. Bien sabe él, igual que sus ministros, que nada más lejos de la realidad, que ni siquiera la busca. En su discurso de investidura se jactó de crear un muro de separación de «la derecha reaccionaria», ¿qué unidad puede ser esa en la que se aparta al que piensa diferente con un muro? Y sabe que no habla de una minoría, sino de la mitad de la población. Qué pena, se pasaron varios años defendiendo la inconstitucionalidad de la amnistía y ahora tratan de venderla como el mayor de los progresos. Cada día resultan más bochornosos los giros argumentales para defender que lo que antes no valía, siete votos después sí vale.
  • Sumar, el principal socio del nuevo gobierno, ha presentado una querella por prevaricación contra los jueces conservadores del CGPJ. Los intentos de manejo (por todos los partidos) del CGPJ, el Supremo y el Constitucional constituyen, sin duda, uno de los mayores problemas que afronta actualmente la democracia en España. No es menos bochornoso que en el Parlamento Europeo se haya tenido que debatir sobre la futura Ley de Amnistía porque el Partido Popular entiende que no hay garantías suficientes en España. Por si no se sabía ya, que lo sepa todo el mundo, que se «internacionalice el conflicto», como quería Puigdemont. En Europa deben estar alucinando con nosotros. Somos una rareza única en el mundo, un país capaz de poner escolta a un prófugo de la Justicia. Un país en el que la ley se redacta juntamente con los delincuentes a los que se pretende beneficiar con la amnistía, una coña inadmisible en cualquier país medianamente serio.
  • Juan Carlos Campo, anterior ministro de Justicia y actualmente magistrado del Tribunal Constitucional, solicita inhibirse en las deliberaciones sobre la constitucionalidad de la ley de amnistía. Normal, se mostró contrario en el pasado y quizás tema presiones para validar esta norma que no se sostiene, que contradice toda la teoría «oficial» del propio partido socialista en los últimos años. Quizás el 7-4 en la futura votación de la constitucionalidad de la ley, pronosticado en varios foros legales, no se dé y hasta puede que nos encontremos alguna sorpresa.
  • La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, otra de las que se opuso con vehemencia en el pasado a la amnistía, se ha pasado al bando happy flower y nos cuenta que la amnistía es tan maravillosa que “nos va a permitir mejorar el escudo social con leyes progresistas”. Pero, pero… ¿qué tendrá que ver que se perdonen todos sus delitos (incluidos los de malversación y los destrozos de propiedades) a Puigdemont y un millar de seguidores, muchos de ellos pertenecientes a la casta y la burguesía catalana, con el escudo social, con la protección de los más débiles? Es que nos toman por idiotas, bueno, a muchos no, pero sí a sus propios votantes.
  • Se ha originado una crisis diplomática internacional con Israel y hemos leído los agradecimientos de un grupo terrorista como Hamás. Ojo, que posiblemente las palabras de Sánchez no sean incorrectas (de hecho, el Congreso de los Diputados aprobó una resolución sobre el reconocimiento del estado palestino en 2014), pero el momento, el lugar y el discurso no fueron los apropiados. Mi queja no es sobre el qué, sino sobre el cómo: el presidente de gobierno no es plenipotenciario, se debe al control de las instituciones, y no puede cambiar (sin consultar) una posición como la que nuestro país lleva manteniendo décadas. Es el mismo caso del cambio de postura de la noche a la mañana con el conflicto del Sáhara occidental y Marruecos.
  • “Los cinco” de Podemos, que fueron decisivos para la investidura, como toda esa amalgama de partidos menores, ya han advertido que harán oposición al gobierno. Cada vez que haya que aprobar algo en el Congreso esto va a ser una tortura, una compra de prebendas a cambio de cargos, o lo que es peor, modificaciones legales o asignaciones presupuestarias a dedo. ¿Dónde está el límite soportable, el gobierno se plantea aguantar así cuatro años?

Y lo que todavía nos queda por ver. Supongo que se nos pasará el cabreo, como con los indultos. Supongo que habrá quien no vea un peligro en muchas de las medidas económicas que nos están colando en los distintos pactos, o quienes crean que las condonaciones de deuda, los traspasos de las competencias de la Seguridad Social o la creación de una sociedad pública para la gestión de Rodalíes (lo cual no era «legal» ni «posible», según la ministra Raquel Sánchez hace unos meses) son asuntos menores con los que podemos convivir. Pero mis tragaderas rebosan ya (están desbordadas, para ser exactos) y me extraña que no rebosen en las de tanto votante del PSOE. Porque esto no es una cuestión de derechas o de izquierdas, y no me vale lo de «al menos no gobierna la derecha», que es el mantra de muchos. Esto es otra cosa.

Todo el que siga este blog desde su inicio, allá en 2014, sabrá que el Amiguete Josean no ha sido un personaje generoso con los gobiernos de Rajoy ni con varios de sus ministros o secuaces. Tampoco se celebró el pacto de Sánchez para alcanzar el poder en 2018. Pero insisto en que esto no es una cuestión de izquierdas o de derechas, sino de dignidad. De cumplimiento de la palabra dada. Y la dignidad de España como país, como nación representada por un gobierno que, lo quiera o no, es de todos sus ciudadanos, está por los suelos. O peor, está de rodillas ante las peticiones de uno, de otro, del de la moto y del fugado. Y «no se puede humillar al país», como dijo Emiliano García Page.

Por todo ello comenzaba diciendo que cuál es la dosis admisible de bochorno. Para algunos entre los que me incluyo se superó hace mucho tiempo, hace años. Lo que se escenifica desde el 23-J es una prórroga no deseada de lo anterior. Que se haya cedido ante las reivindicaciones de un prófugo de la Justicia que lleva seis años fuera del país, que la investidura se haya negociado en Bruselas bajo una foto del delito perpetrado, que se llame “President” a quien no lo es en la web oficial del partido (la equiparación de “partido” con gobierno resulta sintomática), que hace más de un año se cambiara el delito de malversación para liberar a corruptos… Pero ahí no termina el bochorno, sino que llega la investidura y te suelta Miriam Nogueras (Junts) que, como en Pretty Woman, no nos han hecho la pelota lo suficiente, queremos más. Interpreto sus palabras:  “Que no es que nos vayan a perdonar el delito ustedes porque, primero, no tienen legitimidad para juzgar al poble català, y segundo, porque nosaltres no hemos hecho nada, sino que queremos que el Estado español represor reconozca que cometió una ilegalidad y que ahora va a pasar por el aro de todo lo que le pidamos porque nos necesita”. Literalmente le amenazó: “No pruebe a tentar la suerte”. Mucho antes de llegar ahí alguien en el gobierno tenía que haberse plantado y haberlos mandado a esparragar, pero en su lugar, el “apuntodeser-presidente” agachó la cabeza y respondió: “Cuenta usted con el compromiso del PSOE y con el mío propio para cumplir el acuerdo”. El relato del procès escrito por el independentismo.

Mi grado de indignación máximo se había superado semanas atrás con la foto del presidente de la mano de Bildu, o poco después con las reivindicaciones de su portavoz, Mertxe Aizpurua, en la tribuna del Congreso, o con el recordatorio amenazador de que Sánchez gobernará gracias a los independentistas, pero sobre todo y muy especialmente, me cabreé con la respuesta cabizbaja, conformista, de Sánchez: «escucharé atentamente sus peticiones». Me queda una esperanza, y es que ya ha mentido a todos en el pasado y muy posiblemente lo esté haciendo también ahora.

No sé cuánto va a durar esta legislatura, pero creo que no será muy larga. Va a ser insostenible. Pero hasta entonces, aún nos queda vivir momentos bochornosos, seguro. Como la vuelta de Puigdemont como si de Tarradellas se tratara. Un lendakari de Bildu. Las mesas de consulta en Cataluña. La condonación de la deuda catalana mientras suben los impuestos en otras comunidades. La evaporación de fondos europeos en proyectos chorras que justifiquen ministerios. Y una sociedad cada día más polarizada.