Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 2), por Barney

 

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El Madrid no era (afortunadamente) el equipo del Régimen

Cada vez que alguno de mis amigos culés intenta desprestigiar el palmarés del Madrid me suelta lo mismo: “¡el Madrid era el equipo de Franco!”, eso cuando no me sueltan: “¡la mitad de vuestro palmarés lo conseguisteis gracias al Régimen!”

Enfrascado en esas conversaciones a voz en grito, propias de El chiringuito de jugones o programas similares, intento que mis colegas del otro bando escuchen mis argumentos, pero resulta imposible. No quieren oír algunas de esas verdades que ocurrieron en el pasado y que les pueden desmontar su patraña, así que las dejaré por escrito y se las enviaré por e-mail por si quieren conocerlas.

El Madrid era un equipo que alcanzó sus primeros éxitos a principios de la década de los 30, con la obtención de dos Ligas, la segunda de ellas en la temporada 1932-33. Sin embargo, desde el golpe del 36 hasta la primera Liga obtenida por el Madrid en la temporada 1953-54 transcurrieron ¡18 años! En esos 18 años el Madrid obtuvo dos Copas, en 1946 y 1947. Para ser el equipo del Caudillo, como dicen algunos, lo cierto es que el apoyo no se sintió demasiado. Dos títulos en 18 años.

Historias2Por el contrario, el F.C. Barcelona, equipo fundado por el suizo Kans Kamper (convenientemente catalanizado como Joan Gamper), se encontraba inmerso en numerosos problemas a principios de esa misma década de los 30: el suicidio de su fundador (acuciado por la crisis del 29), los problemas económicos por el descenso del número de socios (de 12.000 a menos de 3.000) y sobre todo el fusilamiento de su presidente en 1936, el político de Esquerra Josep Suñol. El Régimen decidió tomar directamente las riendas del club hasta tal punto que el presidente del club era elegido directamente por las autoridades franquistas (así sucedió hasta 1953). Si tomamos como referencia esos mismos 18 años que comentaba en el anterior párrafo, el apoyo del Régimen tuvo consecuencias directas: el Barça logró 5 Ligas y 4 Copas del Generalísimo. Nueve títulos en esos mismos 18 años. La década de los 50, la más cerrada del franquismo, previa a la leve apertura iniciada en 1960, vivió la consecución de 5 Ligas del Barça. Fueron los mejores años de Ladislao Kubala.

El Régimen de Franco finalizó en noviembre de 1975, y si alguno de mis colegas culés tuviera interés en hacer ese recuento de triunfos de uno y otro equipo comprobaría que el Madrid logró 14 Ligas y 6 Copas durante la dictadura, tiempo durante el cual el Barça obtuvo 8 Ligas y 9 Copas. 20 títulos nacionales de los madridistas frente a 17 de los catalanes. O los 11 del Atlético de Madrid (7 Ligas y 4 Copas) y Athletic de Bilbao (2 Ligas y 9 Copas). Parece que la dictadura de Franco fue mucho más ecuánime a la hora de repartir títulos que la actual dictadura de la pasta.

Si de verdad hubo un factor desequilibrante fue el fichaje de Alfredo Di Stéfano en 1953. En sus once años en el club blanco, el Madrid ganó 8 Ligas y 5 Copas de Europa, y dio comienzo a la etapa del que ha sido elegido por la Federación Internacional de Estadística como “el mejor club del siglo XX”.

Afortunadamente el fútbol pertenece a los jugadores y no a los dirigentes. Los grandes logros del club se deben a la “dictadura” de Di Stéfano con el balón (y de Puskas, Gento, Rial, Kopa y muchos otros) y no al infame Régimen de Franco. Otra cosa distinta fue lo que ocurrió en los años posteriores, el aprovechamiento que hizo el Régimen de los éxitos internacionales del Madrid. En un país aislado del resto de Europa, el Real Madrid se convirtió en el mejor embajador del país y en el representante más válido (palabras del Ministro franquista Alfredo Sánchez Bella) “para afirmar nuestra popularidad fuera de las fronteras”.

Trasladando al presente ese afán de desprestigio culé y llevándolo al bando del eterno rival, sería como decir que los logros del Barça se deben al Villarato y no a la “dictadura” de Leo Messi.

La minusvaloración de los logros pasados del Madrid es algo reciente, muy de esta época encendida y repleta de bocachanclas advenedizos. Yo creo que la mayoría de aficionados barcelonistas ignora que las relaciones de su club con el Caudillo fueron cordiales y fluidas prácticamente hasta el final de la dictadura. El Fútbol Club Barcelona otorgó al Generalísimo la Medalla de Oro del club no una, sino dos veces. Hace apenas una semana lo comentaba con un culé recalcitrante, el cual me dijo desconocer este hecho. Lo curioso es que estas condecoraciones se entregaron en 1971 y 1974, es decir, años y años después de esa época de supuesta represión franquista.

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La primera de ellas la motivó un hecho que no hace suponer una represión al club catalán, sino todo lo contrario: la concesión de dos subvenciones a fondo perdido por parte de la Delegación Nacional de Deportes para la construcción del Palau Blaugrana (21 millones de pesetas) y el Palacio de Hielo (22 millones). La segunda, en 1974, por los 75 años del club y como conmemoración de la inauguración de ambos complejos deportivos. El diario La Vanguardia recogía el acto de entrega con estas palabras:

“En el curso de la audiencia, el presidente del Barcelona agradeció todas las ayudas que ha recibido de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes…”

Sé que la prensa no era libre en aquellos años y que años después, en 2003, Joan Laporta intentó retirar esa condecoración alegando entre otros motivos que fue “por imposición y por obligación”, pero lo que parece incuestionable es el dinero y el apoyo financiero del Régimen al club catalán.

No fueron estas ayudas las únicas que recibió el club por parte del Régimen que según el victimismo azulgrana les oprimía y perseguía con ahínco. A mediados de los cincuenta, en la época dorada de Kubala, el Barça construyó un nuevo estadio que sustituyera al ubicado en los terrenos de Les Corts. El coste de la construcción del Camp Nou se disparó de los 67 millones inicialmente presupuestados a unos 288, y la deuda que generó puso en peligro la viabilidad del club.Historias6

El Ayuntamiento de Barcelona ya había echado un cable modificando la calificación de los terrenos del nuevo estadio, pero el club solicitó que se modificara igualmente la consideración de los terrenos de Les Corts para que se revalorizaran y poder hacer frente a la enorme deuda que tenía el club. El Ayuntamiento se negó en repetidas ocasiones, el caso se judicializó y el pleito se enquistó. La junta directiva del club recurrió a sus contactos franquistas para desatascar una situación que estaba durando ya varios años. Según parece el interlocutor fue Torcuato Fernández Miranda, entonces Director General de Promoción Social y posteriormente Secretario General del Movimiento. El BOE del 23 de septiembre de 1965 recoge la modificación pretendida por el “oprimido” Barça con la firma del propio Francisco Franco. Apenas unas semanas después, Don Torcuato Fernández Miranda era elegido socio de honor del club. Aquella plusvalía por los terrenos de Les Corts pudo salvar de la quiebra al club, de un modo similar a la (criticadísima) recalificación de los terrenos de la Ciudad Deportiva y su venta para sanear la situación financiera del Real Madrid.

Los fichajes de Di Stéfano y Kubala

El fichaje que cambió la historia del fútbol no lo decidió Franco, sino el vil metal y la FIFA. Ya se ha escrito mucho del fichaje de Di Stéfano y no voy a aportar nada nuevo.

El Barça había llegado a un acuerdo con el River Plate para su fichaje en agosto de 1953, equipo que tenía sus derechos a partir del 15 de octubre de 1954, pero el jugador estaba enrolado hasta esa fecha en las filas del Millonarios de Bogotá debido a la huelga de futbolistas en Argentina. El Madrid había llegado a un acuerdo con este club un mes antes, en julio.

Historias7Aun así, Don Alfredo llegó a Barcelona en 1953, pero la FIFA indicó al Barça que no podía contar con el jugador hasta finales del 54, puesto que legalmente sus derechos pertenecían a Millonarios hasta entonces. El club azulgrana pudo arreglar la situación, pero se negó a pagar al equipo colombiano la cantidad que le reclamaba para anticipar su fichaje.

La Federación Española (apoyada en su decisión por la FIFA) adoptó una solución salomónica: Di Stéfano jugaría dos años en el Madrid y otros dos en el Barça, alternándose cada temporada (no puedo imaginarme esto a día de hoy, con Neymar o Ronaldo, por ejemplo). Esta solución no agradó a nadie y en octubre de 1953, tras un flojo inicio de temporada del argentino, el presidente del F.C. Barcelona (y supongo que no por imposición, ni obligación), José Vidal-Ribas, comunicaba la renuncia del club a sus derechos sobre el jugador. En su primer partido entre ambos equipos el Madrid ganaba 5-0 al Barça con dos goles (sí, que tiempos) de Alfredo Di Stéfano.Historias5

Otro caso bien distinto fue la llegada de Ladislao Kubala al Barcelona, fichaje que sí contó con el apoyo del régimen franquista, que vio en este exiliado húngaro una oportunidad de realizar propaganda anticomunista. No es una opinión mía, sino del periodista Alfredo Relaño, quien lo explica en su libro Nacidos para incordiarse (2012).

Y más, mucho más

Hoy ha muerto Cruyff, un grande como jugador y como entrenador. Descanse en paz. Armó un buen equipo en sus ocho años como entrenador, pero no fue ni de lejos un dream team, como ya comenté en una entrada anterior. Solo el interés desmesurado de la prensa pro-culé elevó a una categoría inmerecida a este buen equipo que en aquella época consiguió mucho menos que el Milán a nivel internacional, y que el Madrid en los campeonatos nacionales.

Podría seguir contando historias de la Historia que con el tiempo se han ido pervirtiendo, como las sorprendentes que convirtieron a un equipo que en sus primeros años no admitía jugadores catalanes en un representante del catalanismo, un club que adopta sus colores del Basilea F.C., ciudad de origen de su fundador, o cuya política de extranjeros originó que naciera la Sociedad Española de Football (hoy Real Club Deportivo Espanyol) para dejar claro qué equipo representaba a «los de aquí», pero ya está bien por hoy, aquí lo dejo.

Para el fútbol cuenta el presente, o así debería ser, y hoy en día el Barça nos sigue mojando la oreja. Es la época de Messi, Iniesta, el Mordiscos y los “valors” de los que presumen y carecen. Solo espero que este ciclo acabe pronto, y que mientras tanto, los culés disfruten lo que tienen y dejen de tocar las narices con el pasado.

 

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 1), por Barney

 IMG-20160321-WA0009Hay que reconocerlo: estos últimos años el Barça ha sido el mejor equipo en España y uno de los mejores del mundo. Es el que más títulos ha ganado de largo. Con Messi al frente no necesita 16 penaltis a favor y 1 en contra, lo que ha hecho que algunos planteen cambiar su escudo por el que encabeza esta entrada. Lo cual no quiere decir que sea ni de lejos el mejor de la historia, por mucho que al calor de los recientes triunfos haya crecido su número de seguidores y la euforia les haga autoproclamarse los mejores de todos los tiempos y chorradas por el estilo. Sigue leyendo

Cosas que hacen que la vida valga la pena, por Lester

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En contraposición a esa reciente lista de «Cosas que odio», me veo en la obligación de escribir sobre todas aquellas otras que hacen que la vida merezca la pena (el comentario del Economista Salvaje me empuja a ello), por simples que estas puedan parecer.

Para cosas simples, aquella que mencionaba Ramón Gómez de la Serna en una de sus célebres Greguerías:

No hay que suicidarse porque merece la pena vivir

aunque no sea más que para ver revolotear las moscas contra el cristal de las ventanas.

Bueno, cada uno tiene sus motivos. Por mi parte tenía en mente esta idea Sigue leyendo

Cosas que odio, por Lester

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Debe ser por la edad (madura, que no avanzada), pero el caso es que cada día hay más cosas que odio, situaciones que me cabrean, personas que me dan cien patadas. Como al Holden Caulfield de El guardián entre el centeno, libro que releeré en breve por tercera vez.

Odio a la gente cuyo tono de voz es el grito permanente, Sigue leyendo

Entrenador nuevo, blanco seguro, por Barney

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Hace apenas una semana, tras la derrota del Madrid de Zidane frente al Atleti del Cholo, leí que Florentino Pérez había perdido ya la confianza en el francés y se planteaba un nuevo entrenador para la temporada que viene. Estamos bien, estamos «apañaos». Ooootra vez, ooootro nuevo proyecto. Un nuevo cadáver que se oculte tras otro fichaje mediático y a empezar de nuevo.

Cambiar de entrenador es lo más sencillo, Sigue leyendo

Los Óscar (y III): los que me tocan, por Travis

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Igual que tengo amigos que se van a dormir felices o cabreados por culpa de esa panda de niñatos millonarios que juegan al fútbol, a mí, sin llegar a sus niveles, me pasa algo parecido con esto de los Óscar. Sé que no tiene ningún sentido, pero a veces me ocurre y discuto con tipos que defienden una u otra película, que tachan de «floja» o «mala» alguna que me ha gustado (Marte), y en cambio califican de «obra maestra» algún pestiño infumable (El árbol de la vida).

Por eso esta última entrada, aparte de completar la quiniela, me va a servir para hablar de dos tipos de reacciones que me suceden tras algunos Óscar:

  • Los que me tocan la fibra, o la patata, por lo que suponen de reconocimiento inesperado a una propuesta original o arriesgada, que yo compartía. Como si mi reacción (absurda, lo sé) fuera «han premiado a uno de los míos, no al que tocaba, sino al que me gustaba».
  • Los que, como el alcalde a Gabino Diego en Amanece, que no es poco, «me tocan las pelotas«.

Te da rabia cuando estos premios olvidan películas que a ti personalmente te han gustado y se van de vacío (Cadena perpetua es uno de los mayores escándalos de la historia del cine), o reciben premios de consolación porque los miembros de la Academia no tienen el valor suficiente de apostar por ellas y se decantan en su lugar por propuestas más al uso. Más tradicionales, y por tanto, más conservadoras.

oscar32Creo que la edición de este año va a utilizar las categorías técnicas para premiar a Mad Max, a la que no se van a atrever a reconocer en categorías de las definidas como importantes. Va a ser el Matrix de este año, igual que en 1999 la sorprendente película de los Wachovski fue ignorada en los principales (ni siquiera fue candidata a guion o película), pero le reconocieron sus méritos con el mejor montaje, sonido, edición de sonido y efectos visuales. Creo que está mejor situada que El despertar de la Fuerza.

No quiero decir que los premios de 1999 me tocaran las pelotas, porque ese año estaban entre otras American Beauty y El club de la lucha, pero sí se les vio ese punto conservador a la hora de elegir entre ambos ataques al american way of life y le dieron los premios importantes a la de Sam Mendes, en lugar de decantarse por la más salvaje y destroyer de Fincher. La cagaron con el de mejor actriz, que fue a parar a la entonces desconocida Hilary Swank en lugar de a la maravillosa Carolyn interpretada por Annette Bening.

La película en lengua no inglesa va a ser para la húngara El hijo de Saúl, porque mis vastísimos conocimientos de cine húngaro así me lo indican. Esta es una categoría en la que creo que sí suele haber grandes aciertos en los premios y no lo digo porque conozca las candidatas (el cine iraní o taiwanés no suele ser accesible), sino porque sí suelo ver la ganadora, y algunos años encuentras peliculones enormes que te tocan la fibra como La vida de los otros, El secreto de sus ojos, Amor, La vida es bella o Cinema Paradiso. Y las españolas, aunque no siempre elijan la mejor de sus directores (Mar adentro, Todo sobre mi madre, Volver a empezar). Nada que objetar a Belle Époque, salvo «¡qué cabrón el Jorge Sanz!»

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La mejor película de animación parece sin discusión para Inside out, o Del revés. Pero la Academia sigue sin reconocer a los genios de Pixar en otras categorías, aparte de méritos técnicos o alguna canción suelta. Me pareció un atraco, por ejemplo, que en 2009 le dieran el de mejor guion a En tierra hostil en lugar de a Up, cuyo principio, casi mudo, es de lo mejor que he visto en años.  Merece la pena recordarlo:

Tampoco la tuvieron en cuenta para mejor película cuando sí entraron en esa categoría otras más simplonas como Precious y Up in the air. En 2010 eligieron El discurso del rey, cuando yo sinceramente con la que más disfruté fue con Toy Story 3. Cuestión de gustos, supongo. Yo hubiera preferido El curioso caso de Benjamin Button en lugar de Slumdog millionaire, o a cualquiera antes que a Javier Bardem por hacer de Terminator humano en No es país para viejos (el Terminator de Schwarzie era mucho mas expresivo, pese a tratarse de un robot) y si seguimos así, cada año discutiríamos todos y cada uno de los galardones, hasta llegar por lo menos a La diligencia, a la que elegiríamos por delante de Lo que el viento se llevó. A título personal, lo que no tiene nombre es que Rocky y John G. Avildsen vencieran a Taxi driver y Martin Scorsese en 1976.

Pero a veces ocurre el milagro y los Óscar se acuerdan de esa maravillosa película francesa, muda y en blanco y negro, como fue The artist, o votan por ese genio casi debutante llamado Francis Ford Coppola y su creación de la famiglia Corleone, o se atreven a premiar como se merece la saga de El señor de los anillos, (¡11 me parecen pocos, no estaba Gandalf!), o las historias cruzadas de Crash en lugar de a los cariñosos vaqueros de Brokeback mountain. Me sorprendió que el año pasado eligieran la propuesta formal de Alejandro G. Iñárritu en Birdman, pero celebré ese premio.

Mejor director y mejor película

Parece que precisamente esos premios del año pasado van a pesar en contra de El renacido o The Revenant. Si ganara el favorito a mejor director, el mejicano Iñárritu, sería el tercer año consecutivo en que lo lograra un director de esa nacionalidad (tras Alfonso Cuarón por Gravity), lo cual sería una paradoja en un país que está aupando a la campaña presidencia a un iluminado millonario que ofrece entre sus grandes propuestas la construcción de un enorme muro que les separe de sus vecinos del sur. Iñárritu igualaría a John Ford y Joseph L. Mankiewicz en la selecta lista de directores que han ganado dos Óscar consecutivos, y eso me parece demasiado, así que votaré por otro. oscar35

Me gustaría que ganara el abuelo George Miller por la resurrección (una más) de un mito ochentero, como es el de Mad Max. Un artista inquieto que ha hecho cosas tan variadas como las tres originales de esta serie, cuando Mel Gibson era un tipo respetado y respetable, o Babe, el cerdito valiente (la sigo disfrutando, qué le voy a hacer), o algo tan alejado como El aceite de Lorenzo o Happy feet (Óscar en 2006 a la mejor película de animación). Pero no le veo ninguna posibilidad.

 oscar36Hace una semana hubiera apostado por Spotlight y Tom McCarthy, pero ahora mismo, cuando quedan un par de horas para la ceremonia, mi voto va para La gran apuesta (The big short) y Adam McKay, aunque no creo que sea la mejor película del año, ni de lejos. Los que manejan el cotarro, los productores, han elegido esta cinta en los premios anuales de su sindicato, y en los últimos siete años la película elegida en estos premios ha coincidido con la ganadora del Óscar.

La suerte está echada, mi última gran apuesta es de otro registro: en algún momento de la ceremonia, Chris Rock, el presentador, irá de blanco. Pero no me refiero al vestuario, sino al color de su piel.

En un capítulo de Los Simpsons Lisa ayuda a Homer a hacer una apuesta para un partido de fútbol americano, entre Miami y Chicago, o algo así. El argumento de Lisa es irrebatible: «Papá, los osos (de Chicago) siempre ganarían en una pelea a los delfines (de Miami)». Pues bien, ese argumento es tan válido como el mío o como el del mono lanzando dardos en Wall Street. Mañana actualizaré este listado y veremos si he acertado algo:

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De 8 a 11 aciertos: se lo voy a restregar a los amiguetes que todavía me aguantan. Soy un monstruo, un experto cinéfilo, insoportable y sabelotodo.

De 4 a 7 aciertos: no está mal. Algunos eran previsibles, así que no dejes que se te suba a la cabeza.

De 0 a 3 aciertos: déjalo, chaval, tus peroratas han perdido la escasa credibilidad que te quedaba. Sabes tan poco de esto que no acertarías ni el Óscar honorifico.

Actualización

Bueno, pues así ha quedado el cuadro final con los principales premios:

Palmarés Óscar

6 de 11, no está mal. Si hubiera seguido mi instinto inicial y hubiera mantenido Spotlight, si hubiera hecho caso a los que me decían que era imposible que ganara Stallone, si hubiera… Chris Rock iba de blanco, ahí lo dejo. Y Mad Max se ha llevado los apartados técnicos, así que he salvado dignamente la cara, podré seguir opinando de esto, que en el fondo no es más que un entretenimiento, aunque a veces, como el alcalde, o la alcaldesa, «nos toca las pelotas».

Cara Travis B-N

Los Óscar (II): es lo que toca, por Travis

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Personalmente creo que en esta edición hay un par de Óscar indiscutibles, como son los del director de fotografía finlandés Petteri Koponen y el montador surcoreano Ji Dong-Won. Sus magníficos trabajos en los dos sleepers de la temporada son memorables y no se entendería otra cosa que no fuera el premio.

¿Te lo has tragado? Sigue leyendo

Los Óscar (I): ya tocaba, por Travis

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En 1985 Paul Newman, ¡el gran Paul Newman!, recibía un Óscar honorífico por sus «múltiples y memorables interpretaciones» a lo largo de su carrera. Tenía entonces 60 años y supongo que el actor, harto de que la Academia le ninguneara año tras año, no agradeció de modo especial el premio que había merecido en numerosas ocasiones. Había sido candidato por Sigue leyendo

Una insólita (y moralista) teoría de la «fellatio», por Lester

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Uno no es capaz de imaginarse al Presidente o al Director General de su compañía (¿o sí?) hablando con el Director de Estrategia de Sudamérica mientras una becaria le realiza un trabajito oral-genital bajo la mesa, y sin embargo esta situación, que da mucho juego en las banales conversaciones de cafés mañaneros, sabemos que ocurrió ni más ni menos que con uno de los tipos más importantes del planeta, el Presidente Bill Clinton, en el Despacho Oval de la Casa Blanca (rebautizado durante unos años como Despacho Oral). Al otro lado del teléfono creo que estaba el general al mando de la OTAN en la guerra de los Balcanes, y bajo la mesa, ¿hace falta decirlo?, la joven becaria de apellido polaco que logró que durante años fuera imposible tener una becaria en una oficina sin que a los tíos de la misma se les escapara una sonrisita.

Sé que no es para hacer bromas, pero ¿alguien sabe si en aquel o aquellos días los americanos soltaron más bombas sobre las zonas serbias o bosnias en conflicto? ¿La euforia del Presidente Clinton provocó alguna invasión en algún lugar del mundo? Lo mismo vale para Dominique Strauss-Kahn y sus decisiones en el FMI respecto a rescates financieros o aprobación de condiciones leoninas para países empobrecidos. ¿De qué modo influían en sus decisiones las orgías que se montaba con prostitutas?

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El humillante (y televisado) proceso abierto a Bill Clinton se centró en el vestido de la Lewinsky, si reconocía o no los hechos y si había mentido o no, pero a mí me surgieron dudas del calibre de las que he dejado caer en el párrafo anterior:  ¿qué decisiones tomó el Presidente antes, durante o justo después de la fellatio? ¿Qué coño pasaba por su cabeza?

A lo largo de esta entrada y pese al tema tratado, intentaré no ser soez ni caer en el mal gusto, pero reconozco que en algún punto me va a costar. Por eso utilizo el latín fellatio, en lugar de felación, francés, comida de pxxxx, afilar el sable, o la vulgar «mamada». Suena mucho más culto, fino y elegante coitus interruptus que marcha atrás, o cunnilingus que como coño se diga (obsérvese el fino guiño quevediano en el remarcado). Dedicado a los que dijeron que el latín era una lengua muerta.

Algo debe tener esta variedad de sexo que hace que algunos hombres manden todo al carajo por probarlo en sus carnes, y nunca mejor dicho. Desde luego ese «algo» está relacionado con lo prohibido o lo inédito, y me viene a la mente el incidente de Hugh Grant con la prostituta Divine Brown (un marrón divino) en una callejuela de Los Ángeles.

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Para el que no recuerde los detalles, se los refresco. Hugh Grant estaba en lo mejor de su carrera profesional: 34 años, varias películas exitosas, y felizmente casado con la espectacular Liz Hurley, la típica modelo escultural, guapa y fría como un anuncio de crema hidratante. Pues un buen día nos despertamos con la noticia de que había sido detenido por la brigada antivicio (¿existe en España?) acusado de un delito de conducta impúdica. La escena debía ser sórdida a más no poder: en el coche, en un callejón apartado, con una prostituta no de alto standing, sino todo lo contrario (unos 50 dólares por esos labios succionadores), y en plena faena les pilla la Policía. Las fotos de Hugh Grant y de Divine dieron la vuelta al mundo, y la mayoría nos preguntamos, teniendo a una mujer tan espectacular como Liz Hurley a su lado, ¿qué necesidad tenía? ¿Qué coño pasaba por la cabeza de Hugh Grant?

Quizás la clave la encuentre en el chiste que contó un compañero en una reciente comida de trabajo. Era un restaurante finolis, caro hasta la náusea, y alguno de los comensales hizo la típica broma sobre pedir lo más caro, «como paga la empresa».

  • Langosta Thermidor. ¿Sabéis en qué se parecen una langosta Thermidor y una buena mamada?

Aturdidos aún por la inopinada pregunta en un ambiente tan selecto, el compañero contestó:

  • Que no hay manera de que te la hagan en casa, jo jo jo…

Suele ocurrir que en estos sitios tan caros uno encuentra los comportamientos menos exquisitos, y eso intenta simbolizar la risotada posterior, pero a lo que voy, lo que me parece relevante, es el concepto. Tu mujer, la madre de tus hijos, no practica la fellatio, ¡ni falta que te hace!, pero algunos tíos sienten esa necesidad de experimentar ese «algo» prohibido, tradicionalmente asociado a un cierto grado de perversión.fellatio9

El amiguete Josean me remitió al libro Super Freakonomics, de Stephen J. Dubner y Steven Levitt, que contaba una curiosa historia económica sobre el tema en cuestión. Todos los bienes y servicios que imaginemos son hoy en día mucho más caros que hace cien años. Por inflación, por desarrollo económico, por lo que sea. Excepto una cosa: el sexo oral. A principios del siglo XX, el sexo oral tenía un componente perverso, pues la sociedad seguía teniendo el concepto del sexo con fines reproductivos, y esta variedad convertía el mismo en una mera actividad de ocio y diversión. Había un solo prostíbulo en la ciudad de Chicago que ofrecía este servicio, una variedad llamada «francés», por el origen de las prostitutas que lo ejercían. De ahí surge uno de los nombres con los que ha pasado a la posteridad. Era un servicio especial, de lujo, porque no lo hacía cualquiera, y al precio de la época podía equivaler a un salario medio mensual. Cien años después, quién iba a sospechar que este servicio estaría en lo más bajo de la escala del negocio del sexo.

Respecto a esta variedad de sexo teóricamente desligada de la reproducción, no puedo dejar de mencionar que una fellatio le supuso al tenista Boris Becker tener una niña y verse obligado a soltar 5 millones de dólares para no llegar a juicio. La modelo rusa con la que se lió una noche loca en Londres, guardó el semen del alemán, lo congeló y logró que se lo inseminaran. La niña, que ya da sus primeros pinitos en la pasarela, es todo un ejemplo del mundo globalizado en el que vivimos, pues es producto del francés que una rusa le hizo a un alemán en una noche loca en Inglaterra».

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Buena parte de los tíos sigue teniendo la curiosidad de experimentarlo y las expresiones «me la chupa» o «me la va a mamar» se han incorporado a nuestro lenguaje cotidiano con una triste cotidianeidad. Creo que el cine porno y la publicidad han hecho mucho por crear esa aureola en torno al francés. La ciudad de Madrid se encuentra estos días poblada de carteles como el de Coca-cola que figura al inicio de este post, asociando labios sensuales y objetos de forma fálica, clichés reiterativos en el mundo de la publicidad. El blog Micromachismos de eldiario.es publicaba un artículo hace un par de semanas titulado ¿Hacerle una mamada a un bocadillo?, en el que incluían un vídeo que forma parte de la campaña de protesta #WomenNotObjects, «somos mujeres, no objetos». Yo, particularmente, llevo años siguiendo las campañas de Magnum, porque no dejan de sorprenderme por su contenido sexual explícito, y por los orgasmos femeninos al comerse un helado, hasta el punto de que propongo abiertamente a Frigo que cambie el nombre de los helados por Mangum o Miembrum.

fellatio7 Sobre el cine del género, el amiguete Travis me facilitó un montón de referencias, pero la que mide de verdad la importancia del sexo oral para algunos tíos (recordad El gen imbécil) es saber que Garganta profunda (Deep Throat, Gerard Damiano, 1972) es considerada la película más rentable de la historia, pues tuvo un coste de unos 45.000 dólares y una recaudación mundial estimada en 60 millones. Yo no he tenido la suerte o la desgracia de verla, ni el interés, pero sí he escuchado el interesantísimo podcast de La linterna mágica, de Radio Nacional de España. Aquí lo dejo para el que quiera escucharlo.

La gracia de la película está en que la protagonista no disfruta con las relaciones sexuales, hasta que un médico le descubre que tiene el clítoris en la garganta o en la campanilla, con lo cual, podéis imaginar, cambia de modo radical su concepción y disfrute del sexo. Los pocos diálogos que he oído son hilarantes, por malos, y la peli debe ser un tostón, pero sin embargo, por alguna extraña razón, se convirtió en un film de culto.

Algunos de los que convierten bazofias literarias o cinematográficas en obras de culto se autojustifican diciendo en plan erudito: «es que yo soy un reconocido erotómano«. Vamos a ver, ¡eres un salido con cultura! Llámalo como quieras, pero te gustan más dos tetas y un buen culo que cualquier obra maestra del cine o la literatura. Vicente Aranda, Bigas Luna, Gonzalo Suárez, Berlanga,… hay una notable tradición de «erotómanos» en nuestro país. Me hace gracia cuando ves a esas actrices explicar sus papeles con estos directores en plan trascendental, «me he tenido que desnudar emocionalmente para el papel». ¡Ni emocional ni nada, chica, en pelota picada tres cuartas partes de la película!

Para mí, no entra en esa categoría Pedro Almodóvar, un director por el que una sociedad tan puritana como la norteamericana siente verdadera pasión, un tipo que en sus comienzos alcanzó cierta popularidad con una de las peores canciones de la historia, a dúo con Fabio McNamara, titulada Suck it to me!, ¡chúpamela! Que arte, qué elegancia, qué fijación la de algunos por la fellatio.

Y lo sorprendente es el enorme mercado que hay a su alrededor. Te pones a buscar una película en streaming y te aparecen cientos de páginas con imágenes totalmente explícitas de sexo oral. ¿Qué le hace suponer a los gestores de estas páginas que en lugar de una comedia o una película infantil quiero ver una de Nacho Vidal o El retorno de Garganta profunda? Si todavía el título fuera confuso, tipo Más adentro o Mujeres al borde de un ataque de miembros podría entenderlo. Llegados a este punto, no puedo dejar de contar la gracia que me hizo cuando mi hija tenía 3 ó 4 años, y con su lengua de trapo me dijo: «Quiero ver Alicia en el país de las mamadillas«. Le dije a mi mujer que a lo mejor esa vez no nos dormíamos con la peli de la niña.

Y ahora viene la absurda teoría: ¿a qué se puede deber esta fijación de buena parte del género masculino? ¿Qué es lo que hace que tipos como Clinton, Strauss-Kahn, Boris Becker o Hugh Grant pongan en juego su posición por un placer efímero? ¿Cuándo arranca este deseo? Pues desde Adán y Eva, sin duda. El Fruto Prohibido no era la manzana, sino el plátano de Adán. Lo que ocurre es que los manuscritos en los que apareció el Antiguo Testamento estaban en pésimas condiciones, y en hebreo se borra un palito y la palabra cambia por completo.

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Según nos cuenta el Génesis, Dios creó a Eva a partir de una costilla de Adán, y le debió sobrar un trozo de barro que le dejó a modo de colgajo entre las piernas, como si fuera un USB para enchufarse con su hembra, para transmitirse entre ambos toda la información genética y perpetuar la especie. Pues nada, ahí está Adán en el Paraíso terrenal, y le casca a Eva:

  • Eva, guapa, mira esta serpiente que tengo entre mis manos, ¿qué te parece si me haces un trabajito?

Recordemos que en inglés uno de los apelativos para el aparato masculino es one-eyed snake. Sumamente ilustrativo. Y Eva ahí, mirando alucinada a la serpiente, indecisa, y pensando que podía profundizar en el conocimiento humano. Y finalmente, cedió a la tentación.

Lo peor es que ya se sabe cómo las gastaba Dios en el Antiguo Testamento: a Moisés le tuvo cuarenta años danzando por el desierto, para luego dejarle fuera de la Tierra Prometida, «¡pero tus colegas pueden pasar!» A los egipcios que tenían esclavizados a los judíos les mandó una plaga de langostas, convirtió el agua del río en sangre, se llevó por delante a todos los primogénitos, ¡les dejó sin wi-fi! A Job le dejó sin mujer e hijos, le llenó de sarna y en la ruina, solo para probar su resistencia, como por deporte. Lo mismo que a Isaac, al que le pidió que le ofreciera en sacrificio a su hijo, pero iba de coña, porque este Yahvé era un cachondo, «ja, ja, ja, era broma, ¡Ya Vés!». El Diluvio Universal, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y así durante cientos de páginas, que a veces uno se pregunta cómo millones de fieles querían seguir a ese Dios vengativo y nada piadoso.

Así que Dios, cuando se enteró de lo que había hecho Adán (le bastó con ver una sonrisa especial en su cara) le castigó duramente y para el resto de los días de todos los descendientes de su especie: desde entonces, al hombre no le llega el riego sanguíneo al cerebro mientras le están haciendo una mamada.

 

 

 

 

Apalancamiento (II): el jodido desapalancamiento, por Josean

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Continuación de Apalancamiento (I), ese engañoso eufemismo

Apalancarse hasta las trancas, endeudarse hasta las orejas, fue muy sencillo durante años. Lo verdaderamente complicado (muy jodido) es desapalancarse, cancelar las deudas. En ese juego estamos desde hace años, al menos desde la quiebra de Lehman Brothers y el inicio del catacrack mundial. Es un hecho que mientras no seamos capaces de reducir los niveles actuales de deuda, no habrá recuperación posible, por muchas milongas que nos cuenten.

La «Gran Deuda» seguirá colapsando la economía real, como indicaba Economistas Sin Fronteras la semana pasada. El desfase entre economía real y financiera es cada vez mayor, hasta el absurdo de que el mercado de derivados (humo sobre seguros de humo) ha alcanzado un volumen equivalente a 7 veces el PIB mundial. La conclusión de ese artículo era que «el recorte de la deuda y el control de las finanzas son ineludibles para que la economía capitalista pueda funcionar».

¿Y cómo lo hacemos? ¿Es posible desapalancarse? Los ciudadanos llevan años apretándose el cinturón, vendiendo sus coches de alta gama (los que los tenían), su segunda residencia (los que la tenían) o reduciendo la cesta de la compra (me cago en el que dijo que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades), todo lo cual ha hecho que se resienta el consumo, y con el mismo, se ha agravado la situación de numerosas empresas, a la par que disminuía la recaudación de impuestos. Menos venta de casas, menos compra de coches, menos gastos en turismo y hostelería,… pero la deuda por lo menos se ha reducido. apalancamiento23

Las empresas han recorrido el camino inverso al que hablábamos en el anterior post, al menos las que son tan grandes que, siguiendo el principio «too big to fail», han sobrevivido. Acciona se salió de Endesa, Ferrovial se deshizo de más de la mitad de los aeropuertos británicos, ACS vendió su participación en Unión Fenosa y la mayor parte de la que tenía en Iberdrola, y la centenaria FCC perdió parte de su control al dar entrada en el capital a inversores como Bill Gates, George Soros o Carlos Slim. Sacyr vendió su participación en Eiffage y el 10% de Repsol, y aun así tuvo que vender parte de sus negocios tradicionales, «las joyas de la abuela» Itinere y Testa.

Pero esos deberes que han realizado ciudadanos y buena parte de las empresas, no ha sido seguido del mismo modo por las administraciones públicas. Este gráfico resulta clarificador: la deuda pública comienza a crecer en los últimos años de Zapatero y su descontrolado déficit, planes E incluidos, y se dispara en la legislatura de Rajoy con el trasvase de recursos públicos para saneamientos privados, entre otros factores (un déficit que era insostenible). Los datos llegan hasta diciembre de 2014, la tendencia en 2015 ha sido similar:

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Sinceramente, yo no me he creído nunca la recuperación de la economía española que nos han tratado de vender. Se ha conseguido reducir el déficit y crear empleo (poco y precario). Pero no olvido que era año electoral y había que vender una imagen, apoyada desde Europa ante el temor a una nueva rebelión a lo Syriza. Si nos vamos a los datos oficiales de la deuda, la gráfica da vértigo y se aprecia que el crecimiento se ha basado en (y financiado con) deuda:

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Este crecimiento de la deuda llega a tal nivel que supone que el segundo capítulo de gasto en los presupuestos del Estado sea el pago de los intereses de la deuda. Y su pago es prioritario, por obra y gracia de la modificación del artículo 135 de la Constitución. Nos hemos pasado los últimos años celebrando la colocación de las emisiones de deuda, como si endeudarse para liquidar deuda anterior e intereses fuera un triunfo en Eurovisión. Y lo que hemos hecho en realidad es cargarnos con una pesada mochila que nos va a costar años quitarnos de encima.

Bruselas nos ha advertido recientemente de los peligros de nuestra elevada deuda, y propone otro eufemismo como solución: «ajustes fiscales estructurales». Todo esto no suena a nuevo, ¿verdad? Grecia era el campo de pruebas. Nuevos recortes en servicios sociales, subidas de impuestos, un mordisco a las pensiones, privatización de empresas públicas (las buenas, como AENA,a cambio nos colocaron los activos tóxicos privados), pero que no les toquen el servicio de la deuda. Qué cracks, qué hijos de su madre, que les den el Nobel de Economía a todos ellos. El fantasma del mal llamado «Consenso de Washington» (fue cualquier cosa menos un consenso) vuelve a rondarnos.

La derrota de Grecia

Todo esto me recuerda un artículo de Agustin del Valle y Robert Tornabell titulado ¿Quién paga los errores de la «troika»? En este artículo, de junio de 2013, se hacía referencia al informe del FMI que reconocía «errores en la gestión de la crisis de la deuda griega llevada a cabo por la troika (FMI, Comisión Europea y BCE)», errores que se han mantenido y aumentado en los últimos años, sobre todo con la entrada de Syriza y Tsipras en el gobierno heleno. Continuaba el artículo planteando una interesante cuestión: «¿En manos de quién está la Unión Europea: de incompetentes y defensores de sus propios intereses? ¿A quién hay que pedir responsabilidades sobre los errores cometidos?»  apalancamiento26

La crisis de Grecia es una crisis de deuda y las propuestas no van por el camino de sacar al país adelante, sino por el de asegurar el pago de los intereses de la deuda, que supone más de dos veces el déficit anual. El camino hacia la salida propuesto por los acreedores es chusco a más no poder: empeoramiento de las condiciones de vida de todos los ciudadanos (trabajadores, pensionistas, enfermos o niños) para ahorrar lo que se va a pagar en intereses a los acreedores, y la privatización de los mejores activos del país. Hubo algún sinvergüenza que sin vergüenza alguna planteó la venta de las mejores islas griegas para pagar la deuda. En el fondo es lo que está ocurriendo (punto 8 del Consenso). La empresa alemana Fraport se ha quedado con la gestión de 14 aeropuertos griegos, entre ellos los de Mykonos, Santorini y Corfú. El puerto de El Pireo ha sido vendido a una empresa china por un precio ridículo para las arcas griegas, que ni siquiera le va a servir para reducir la deuda, porque apenas cubre 15 días de intereses.

Si uno lee la entrevista a John Perkins, autor de Confesiones de un sicario económico (ya no digamos lo que debe ser leer el libro entero), se lleva las manos a la cabeza ante lo que es un saqueo feroz, estructurado, y lo que es peor, conocido y organizado desde el FMI y el Banco Mundial, con la ayuda de la Unión Europea, organismos a los que Perkins define como «herramientas de las grandes corporaciones». Otra vez la pregunta: ¿En manos de quién estamos?

¿Es viable la devolución de la deuda? apalancamiento25

Para muchos expertos, no. El catedrático de Economía Roberto Centeno, por ejemplo,  considera impagable la deuda de Grecia, por supuesto, pero también las de Italia, Portugal y España. Y la deuda que no se puede pagar no se paga, como han hecho en el pasado Alemania y Estados Unidos, entre otros países. Para mí esto ha sido siempre una aberración, si bien, cuando la deuda alcanza ciertos niveles, recuerdo la célebre frase  de John Maynard Keynes:

«Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo»

apalancamiento21A veces tengo la sensación de que la mayoría de estos tecnócratas que nos venden las soluciones milagrosas para purgar nuestras culpas desconocen esta frase. O la conocen, pero para que el problema siga siendo nuestro, y no de los bancos acreedores, se han encargado de colocar en puestos estratégicos a los suyos, a los Mario Draghi, Monti, De Guindos y compañía. Aquí tienen que perder todos, no solo los ciudadanos y las pequeñas y medianas empresas.

En el artículo de Roberto Centeno se cita a Martin Wolf, prestigioso analista del Financial Times, quien afirma que los acreedores que ahora claman por la devolución de lo debido «tienen la clara responsabilidad moral de haber realizado los préstamos de forma tan imprudente. Si no han sabido analizar diligentemente a quienes prestaban, merecen lo que les va a suceder”. La pena, pienso, es que no les va a suceder.

No soy optimista de cara al futuro. Por si todo lo comentado no fuera suficiente, hasta el punto de colocarnos al borde de otra tormenta perfecta, los lobos de las finanzas están actuando de nuevo, como en los viejos y lamentables tiempos. Hace casi un año leí en Cinco Días otro artículo de Marc Fortuño titulado El mercado y su excesivo apalancamiento, en el que concluía que «estamos en los mayores niveles de apalancamiento de la historia, por encima de burbujas como las punto.com o bien las subprimes, una bomba de relojería cuyas manillas estan avanzando sin descanso». Se refería a los mercados financieros y a la evolución del Margin Debt (las cuentas apalancadas para la compra de acciones), que le hacía anticipar el mercado bajista en el que ahora estamos. Así que, por si todo lo comentado fuera poco, las bolsas al carajo. Repetimos (repiten) los errores de antaño, pasamos de la «exuberancia irracional» de Alan Greenspan a la «psicopatía analítica» de estos tipos de los fondos.

Llegados a este punto, y una vez vistas An Inside Job, Margin call, Capitalism: A love story, Wall Street 2, y en ciernes La gran Apuesta, me sale la vena destroyer y solo se me ocurre la solución Tyler Durden para un desapalancamiento real y efectivo. Está en esa escena mítica al final de El Club de la lucha con la imagen icónica de los edificios del centro financiero con los datos de las deudas de todos los ciudadanos saltando en pedazos, colapsando y dando pie a un nuevo mundo libre de deudas.

“En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del Rockefeller Center”.  Mi hipoteca termina en 2032, a ver si Tyler Durden hace acto de aparición antes de esa fecha.

Cara Josean