Mala idea, por Lester

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Siempre tuve envidia de esa gente que llega a un aeropuerto después de un vuelo de varias horas y se encuentra nada más abrir la puerta de “Llegadas” con un tipo que le espera con un cartel con su nombre. ¿Hay algo mejor en esta vida que el hecho de que te reciba un conductor que te va a llevar directo a tu hotel para descansar? El caso es que mi modo de viajar nunca fue el de esos “Mr. Smith”, “Familia Lopes” o “Sr. Sánchez” de los carteles, sino el más barato, económico, lowcostero o cutre que uno se pueda imaginar. Y doy fe de que hace falta mucha imaginación para viajar por el mundo a bajo coste.

Así que hace años decidí ser ese “Mr. Something” de los carteles. “¿Por qué no?”, pensé, “seguro que estos tíos no conocen al sujeto al que vienen a recibir, ni tienen una foto suya y tampoco piden acreditaciones”, así que pensé que podía ser un modo cojonudo de abaratar el trayecto al centro de la ciudad que visitaba.

Planeé bien el primer golpe, en Gatwick, Londres. Leí disimuladamente de un vistazo rápido todos los carteles de los conductores, localicé un apellido español, “Mr. Rguez.” y un conductor que pareciera paquistaní, y le hice la seña: “yo soy su hombre”. Tras mirarme de modo inexpresivo, el “paki” hizo ademán de coger mi petate, a lo que me negué y me indicó con un inglés peor que el mío que le acompañara. Le seguí por el parking de la terminal, me invitó a subir a un coche amplio y me llevó los cincuenta kilómetros sin decir apenas una palabra. No tengo remordimientos, pero le pagué del único modo posible una vez llegado a ese punto: en un semáforo junto a Hyde Park, abrí la puerta del coche y me largué sin decir palabra. Me interné rápidamente en el parque y adiós muy buenas. Más barato y cómodo, imposible. Aquel primer golpe me supuso una satisfacción inmediata, aspiré el aire del parque londinense y me felicité a mí mismo por la pericia mostrada.

Llegadas

Ser un hijoputa molaba, pero ser un hijoputa listillo molaba mucho más. Con el tiempo (y los viajes) fui perfeccionando mi estilo y tomando ciertas precauciones: que hubiera una sola persona esperando, que tuviera pinta de hablar poco inglés, si es que eso se puede detectar hoy en día, salir con gafas de sol o una gorra, o ambas, nada de llevar varios bultos ni dejar que me los colocaran en el maletero,… Por supuesto yo no sabía si esos trayectos habían sido pagados de antemano o si eran de cortesía de alguna empresa, si me llevaban a una punta de la ciudad o a un hotel en el centro, nada. Ni lo sabía, ni lo podía saber, así que optaba por bajarme siempre en un sitio con fácil escapatoria. Y aun con todas esas precauciones, en alguna ocasión tuve que tirar de mis mejores recursos para escapar de alguna situación complicada. Como en Bangkok, con aquel tipo de la tablet. Me acerqué a él, a su cartel con el nombre de «Mr. Martinez» y levanté el dedo índice.

– Sure? -me dijo el tipo tras clavarme la mirada. Pasó un dedo por la pantalla de la tablet y apareció el rostro de un hombre que rondaría los sesenta-. Mister Luis Martinez, you?

Evidentemente no iba a salirme con la mía, así que solo quedaba probar la respuesta que ya había ensayado para estas ocasiones:

– Oh, no, sorry. My name is Rodrigo Martínez -fingí una carcajada-. Ha, ha, ha -el charlie mantenía su mirada fija en mí sin cambiar el rictus-. Ha, ha, ha, Luis, no Rodrigo -pronuncié mientras me largaba de allí al divisar a unos metros al verdadero Luis Martínez de la foto.

Aquel día me tocó tirar de transporte público y me jorobó bastante. No en vano a esas alturas de mi vida, rondando los treinta, ya había viajado de gorra una veintena de veces y empezaba a no estar acostumbrado a buscar un tren o un autobús que me llevara al centro de las ciudades.

En Berlín lo bordé. No es que el conductor me llevara al centro de la ciudad, es que «me dejó» a cincuenta metros del hotel. Vi el camino que llevaba por el interior de la ciudad, por la Lindenstrasse y le pedí al conductor que parara un momento junto a un cajero para sacar dinero. Estaba un poco reacio por la incomodidad del sitio para parar, de lo cual yo era obviamente consciente, así que le sugerí que diera una vuelta a la manzana mientras sacaba dinero para la generosa propina que le ofrecí. Por supuesto ni propina, ni cajero, ni españolito danzando por la calle un par de minutos después. Aquel día me zampé una jarra de un litro entera a la salud del pobre Friedrich.

Otra de las precauciones que incorporé a mi catálogo con los años fue la de comprobar que la puerta del coche se podía abrir desde dentro, no fuera a llevar uno de esos sistemas bloqueados que me impidieran la fuga. Así que lo que hacía al poco de arrancar era carraspear, rascarme la garganta en claro anticipo de un esputo en ascenso y abrir la puerta para soltar un gargajo. Los conductores solían mirarme con desdén, cuando no con visible asco, pero a mí me tranquilizaba al saber que no iba a quedar atrapado.

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Lo que me cuesta reconocer es que este tipo de comportamientos no siempre fue una buena idea. Aquella noche forcé demasiado la situación. Nuestro vuelo aterrizó en Nueva York con cinco horas de retraso. La pereza que me daba buscarme la vida para llegar a Manhattan fue muy superior a las dudas que podía tener. Como solo llevaba un bulto, fui de los primeros en salir de la terminal al área de llegadas. Localicé al «primo» que podría llevarme y de entre todos ellos, con sus caretos visiblemente cansados por las largas horas de espera, encontré a uno que mostraba un cartel con un apellido alemán muy largo, Schwarzenbeck, Schwartzmann, o algo así. Perfecto, me haría pasar por alemán y así no tendría ni que fingir mi nivel de inglés durante el trayecto.

Supe que el conductor era árabe, no tanto por el color de la tez y mi perspicacia, sino por el cartel de Abdullah que lucía en su uniforme. Me pidió que le siguiera rápidamente hacia fuera. Sus pasos eran apresurados y solo ese nerviosismo podía haberme dado ya una señal de aviso. El coche era una limusina negra con los cristales tintados, «Wooow!», pensé. Abdullah me abrió la puerta y subí a la limusina con una sonrisa de oreja a oreja que se me borró a los dos segundos. El tiempo de ver que dentro del amplio habitáculo había otra persona, un tipo de traje y corbata que me extendía la mano con poco entusiasmo.

– Llegamos tarde a la fiesta -me dijo en un perfecto inglés con acento british europeo-. Mi nombre es Martin.

Le estreché la mano y me acomodé (e incomodé) en el asiento.

– ¿Agua, vino, un whisky? -me ofreció mientras abría un mueble bar justo frente a mi asiento.

– No, gracias. O mejor, solo agua.

Mientras me servía un vaso y el coche se incorporaba con celeridad a la autopista, el gentleman se puso a hablar:

– Por culpa del retraso de su avión no tenemos tiempo ni para que pase por el hotel a darse una ducha. Sé que no es lo mejor, pero aquí tiene el traje, un par de camisas y varias corbatas para que elija -abrió la cremallera de un portatrajes y me mostró todas las prendas-. Espero que no le importe cambiarse aquí mismo, puede asearse y tenemos varios perfumes a su gusto. La condesa está histérica y quiere que le llevemos lo antes posible, sin más dilaciones. Hay más de doscientos invitados esperando ya su llegada.

«Ay, mi madre», pensé. Hice el número del carraspeo y el gargajo, pero tampoco funcionó porque comprobé que la puerta de la limusina estaba cerrada. Comencé a cambiarme de ropa para no despertar sospechas. «Piensa, piensa, piensa». Tenía que probar otras cosas:

– ¿Le importaría parar un momento en esa casa de cambio, que tengo que sacar unos cuantos dólares para…?

– ¡Imposible! -contestó Martin-. No hay tiempo que perder y el dinero no es un problema en su familia. No va a necesitar dólares esta noche.

Sobre una mesita junto al mueble bar había unos folletos que hablaban de la fiesta de los Schwarzeleches. La condesa hacía una fiesta para celebrar la vuelta de su hijo menor a los Estados Unidos tras una década en Europa. Miré la foto del chico, «la madre que me parió, es clavadito a mí, con algo más de nariz, pero es casi un mellizo alemán». Y además tenía una talla muy similar a la mía, como comprobé al probarme el traje y una de las camisas de seda.

La cosa pintaba mal. Y pintó peor cuando vi que nos dirigíamos a un casoplón en Brooklyn. Una mansión cuyo tamaño, solo de la verja de entrada, era mayor que mi apartamentillo en Chamberí. Podía divisar la casa en lo alto de la colina, al final del camino serpenteante por el que avanzaba Abdullah con la limusina. Y luces, muchas luces. Y bullicio, mucho bullicio.

Fue una mala idea, como escribí unos párrafos antes. Tan mala como que después de dos meses esto es lo primero que soy capaz de escribir en un teclado. Los dedos de la mano  derecha empiezan a cobrar la movilidad tras la fractura múltiple, y el médico me ha dicho que a la izquierda todavía le quedan cuatro o cinco semanas más.

Pero viajé gratis, eso sí. No se puede tener todo en esta vida.

 

 

 

La gran siesta de la democracia (y II), por Josean

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Durante décadas escuchamos o leímos cómo se utilizaba la cursilería esa de «la gran fiesta de la democracia» para referirse a la ilusión que provocaba ir a votar, al menos las primeras veces, creer que podíamos decidir sobre algo tan importante como la elección de nuestros dirigentes para los siguientes cuatro años. Tras cambiarlo por «siesta» para referirme a la modorra que nos provocaba la repetición de este proceso dada la inutilidad de las anteriores, uno de los lectores me dejó en los comentarios una mención a que llevábamos cuarenta años de siesta, y que «cuando despertemos, el dinosaurio todavía estará allí».

Pues sí, le doy toda la razón. Ese dinosaurio es el nacionalismo, que no solo seguirá allí, sino que habrá crecido, engordado y reproducido. Posiblemente no haya nada más prehistórico que el sentimiento de pertenencia a una tribu que hermana a todos los nacionalismos/regionalismos, esta es mi tribu, mi grupo, tenemos unas características comunes y nos juntamos para defendernos de las tribus vecinas. Lo peor es que hemos alimentado a ese dinosaurio y lo hemos cebado pensando que podríamos dominarlo, pero ahora es un voraz tiranosaurio desbocado.

Uno analiza los resultados de las elecciones del pasado domingo y comprueba que tropezamos en la misma piedra de siempre, la anomalía de este «magnífico» sistema que nos condena a depender de los nacionalismos para formar gobierno. Igual que hace un año. El mismo motivo que hizo que no se aprobaran los presupuestos hace doce meses y que provocó las elecciones del 28-A. Las mismas razones por las cuales los partidos que podían hacer de bisagra que uniera el bipartidismo, ya fueran Ciudadanos y Más País ahora (con reservas), o UPyD en el pasado, estén condenados a su infravaloración y con ello a la irrelevancia y, por qué no, a la desaparición.

Ya sé que esto se ha explicado mil veces, pero no está de más verlo de nuevo con las cifras definitivas extraídas de los resultados del 10-N. Dejando al margen los cuatros partidos con mayor número de votantes, PSOE, PP, Podemos con sus diferentes marcas y Vox, he agrupado a la mayoría del resto de partidos en dos bloques:

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O explicado de un modo más gráfico, que esto del Excel bien utilizado te lo hace en un momento:

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Es absurdo, es surrealista, pero sobre todo es suicida. Al final la gobernabilidad de toda la nación depende de los localismos, sean rupturistas o no, moderados o violentos, secesionistas o cooperadores, me da igual, todos van a tender a lo mismo: anteponer el interés particular de su región, conseguir las mayores ventajas para los miembros de su tribu o aldea, si se me permite el símil del principio. Que en el fondo es lo mismo que han hecho los dos principales partidos, los que podían haber cambiado este sistema, los únicos que llevan gobernándonos desde 1982: anteponer el interés particular de todos «los suyos» al general, preocuparse de todos aquellos a los que han ido colocando durante décadas en puestos remunerados en la administración pública (y después en las grandes empresas privadas). Si para mantenerse tenían que pactar con Pujol o Arzallus, lo hacían, ya fuera González, Aznar, Zapatero, Rajoy o Sánchez.

El libro ¿Por qué fracasan los países? de los economistas Daron Acemoglu y James Robinson resulta visionario en ese sentido. Distingue entre países que fomentan unas élites extractivas frente a otros que promueven instituciones inclusivas. Las élites extractivas «tienen como objetivo extraer rentas y riqueza de un subconjunto de la sociedad para beneficiar a un subconjunto distinto», mientras que los segundos «crean mercados donde las personas no solo tienen libertad para ejercer la profesión que mejor se adapta a su talento, sino que también proporcionan la oportunidad de que sea así». PSOE y PP han funcionado como élites extractivas, pero además con su actitud han fomentado la aparición de las élites extractivas nacionalistas, de mayor voracidad.

Tanto el PSOE como Unidas Podemos han perdido un importante número de apoyos, 730.000 votos los primeros y 630.000 los de Iglesias. Le han visto las orejas al lobo y van a hacer cuanto puedan para agarrar el poder y mantenerse ahí cuatro años. Resulta hilarante escuchar las palabras de Pedro Sánchez hace apenas dos semanas acerca de lo difícil que iba a ser para él conciliar el sueño teniendo a Pablo Iglesias y a los suyos en el Consejo de Ministros y ver ahora a ambos dándose abrazos y alterando los términos que utilizan para aparentar una confianza y un entendimiento que no tienen ni de lejos. Son esclavos de sus palabras y dicen mucho de la categoría de todos ellos (no excluyo a casi nadie) sus continuos cambios de opinión sobre el problema catalán, los impuestos, la normativa laboral, el concepto de nación, la independencia del poder judicial y por supuesto, acerca de sus rivales y ahora aliados.

Durante esta semana he visto y escuchado a gente muy preocupada por lo que está por venir. Determinados medios asustados por los 52 diputados de «¡la extrema derecha!» y no por los de Bildu, la CUP o los CDR, digo, ERC. Otros medios, por el contrario, hablando de la ruptura de España, los Balcanes 2.0, los bolivarianos, ¡Venezuela! El miedo de algunos recuerda a 2015, cuando «los antisistema», como los denominaron entonces, se hicieron con el control de los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valencia.

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Lo que de verdad me preocupa no es tanto este pacto como la cantidad inagotable de cesiones que van a tener que hacer a toda esa maraña de partidos que suma 39 escaños para lograr su apoyo o abstención.

Algún día habrá que acabar con la anomalía de que un voto valga muy distinto dependiendo de la provincia en la que haya sido depositado, porque nos estamos poniendo una pistola en la sien. Se generan además otros peligros, como se ha visto con el escaño obtenido in extremis por el PP en Vizcaya, por 61 votos de diferencia, el centenar de sufragios que ha impedido la entrada del partido Islamista Coalición por Melilla en el Congreso o el peso de los centenares de votos anulados a Vox en Navarra. Se amplifica el poder del voto en algunas provincias y con ello se prima la posibilidad de manipulación.

Apenas veinticuatro horas después de las elecciones, socialistas y comunistas alcanzaron un pacto por una mayoría autodenominada hasta la saciedad «progresista». Publicaron los diez puntos en los que se basará el acuerdo de gobierno, y en los mismos se puede encontrar un poco de todo, intenciones universales con las que es imposible estar en desacuerdo al menos hasta que se lea la letra pequeña y gasto público, mucho gasto que se pretende cubrir de algún modo según se desprende de las últimas dos palabras: equilibrio presupuestario.

1. «Consolidar el crecimiento y la creación de empleo: combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad». Pocas veces los gobiernos de las naciones crean puestos de trabajo, salvo los del propio partido o el personal público, que con las limitaciones presupuestarias de estos últimos años ha sido escaso. “Consolidar el crecimiento y la creación de empleo” cuando las cifras dicen todo lo contrario suena a broma de mal gusto. La EPA publicada justo un día después del debate anunciaba la mayor destrucción de empleo en siete años, y la Unión Europea anunció esta semana una rebaja de las expectativas de crecimiento para 2020. Hay que arrancar ya, de una vez.

2. Trabajar por la regeneración y luchar contra la corrupción. La sentencia de los ERE se va a conocer a lo largo de la próxima semana y ya hay quien ha dicho que si Pedro Sánchez llegó al gobierno tras la moción de censura para desalojar a Rajoy por la sentencia de la Gürtel debería ser coherente y marcharse a su casa. No lo hará porque su respuesta será que él no estaba en el PSOE andaluz ni era el líder del partido durante esos años. Y a otra cosa.

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3.- Lucha contra el cambio climático. Pues vale, y la paz mundial.

4.- Fortalecer a las pequeñas y medianas empresas y a los/as autónomos/as. «Impulsar la reindustrialización y el sector primario. Facilitar desde la Administración las bases para la creación de riqueza, bienestar y empleo, así como el impulso digital». Las instituciones inclusivas según Acemoglu y Robinson. Sin embargo, el modelo de Podemos es una economía fuertemente intervenida. Veremos.

5.- «Aprobación de nuevos derechos que profundicen el reconocimiento de la dignidad de las personas como el derecho a una muerte digna, a la eutanasia, la salvaguarda de la diversidad y asegurar España como país de memoria y dignidad». Aquí empezamos a entrar en temas que requieren la aprobación de leyes en el Congreso y sobre todo un amplio consenso que ahora mismo no existe. Respecto a la memoria, solo pido un imposible: que no sirva para dividir y polarizar aún más a la sociedad como lo ha hecho en estos últimos quince años.

6.- Asegurar la cultura como derecho y combatir la precariedad en el sector. En el real decreto sobre un tema totalmente distinto como el registro de jornada ya se colaron algunos artículos sobre el estatus de los artistas. Y claro que la cultura es un derecho, pero ¿qué significa esta frase? «¡Más subvenciones para los actores, para los de la ceja!», pronostican algunos. Veremos.

7.- «Políticas feministas: garantizar la seguridad, la independencia y la libertad de las mujeres a través de la lucha decidida contra la violencia machista, la igualdad retributiva, el establecimiento de permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles, el fin de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y la elaboración de una Ley de igualdad laboral». Se aprobó un real decreto que recogía la mayoría de estos aspectos en marzo y aquí ya le dediqué dos posts completos, así que no voy a dar más la brasa con el tema.

8.- Revertir la despoblación: «apoyo decidido a la llamada España vaciada». Nada que objetar. A ver cómo lo plantean, a ver si encuentran la fórmula milagrosa.

9.- Garantizar la convivencia en Cataluña: «el Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución. También se fortalecerá el Estado de las autonomías para asegurar la prestación adecuada de los derechos y servicios de su competencia. Garantizaremos la igualdad entre todos los españoles». Diálogo, pero siempre dentro de la Constitución. ¿Lo habrán entendido los Junqueras, Torras y los abrazaCDRs? Espero que no se traspasen dererminadas líneas, y no estoy seguro de la firmeza del PSOE o de Sánchez llegado a cierto punto de la negociación. Enfrente habrá tipos como Torra o Pere Aragonés a quien esta misma semana escuché decir que el corte de carreteras o todo el vandalismo reciente forma parte del legítimo derecho de manifestación de los ciudadanos que la Generalitat debería proteger. Con dos cojones. Respecto al fortalecimiento de las autonomías, creo que va en el sentido contrario al que debería ir, de ahorro de gasto, pero claro, necesitan el apoyo de todos esos partidos regionales. De nuevo el problema del sistema.

10.- Justicia fiscal y equilibrio presupuestario. «La evaluación y el control del gasto público es esencial para el sostenimiento de un Estado del bienestar sólido y duradero. El Gobierno impulsará políticas sociales y nuevos derechos con arreglo a los acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa, gracias a una reforma fiscal justa y progresiva que nos acerque a Europa y en la que se eliminen privilegios fiscales». Subida de impuestos, sin duda, como si con eso y no con un férreo control del gasto se pudiera alcanzar el equilibrio presupuestario. Podemos ya planteó el impuesto a la banca hace un año y por justicia fiscal entienden que es crujir a las grandes empresas. El argumentario habitual. Supongo que desde Europa pondrán coto a presupuestos inverosímiles.

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En estas estamos, repletos de incertidumbres que se resolverán en las próximas semanas. Si el PSOE cede mucho tendremos un gobierno con la mochila repleta de compromisos inasumibles. Y si no, ¿elecciones de nuevo en abril?

Qué pereza, ahora sí que me voy a echar la siesta.

Cara Josean

La gran siesta de la democracia, por Josean

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Hace mucho tiempo que la cursilada esa de “llega la gran fiesta de la democracia” no cala entre nosotros, los votantes. Y no lo hace por la sencilla razón de que estamos hasta las pelotas de este sistema que nos lleva siempre al mismo callejón sin salida, pero mucho más hasta las pelotas estamos de los dirigentes que permanecen mirándose el ombligo, atacando cuando no insultando al rival, mintiendo, poniendo líneas rojas y empujándonos sin pudor al callejón.

Llevo toda la semana pensando de qué manera plantear este post acerca de las elecciones de hoy, las cuartas en cuatro años, y no lo he tenido nada claro en ningún momento. Para que os hagáis una idea, estas son las ideas que comencé a escribir:

  • Hartazgo electoral: cambiando la primera palabra del título por empacho, tedio o hastío. En este blog en el que tanto he renegado del bipartidismo, al final voy a acabar anhelando su vuelta. La fiesta se ha transformado en una siesta, y cuando uno se despierta de la siesta tiene tal modorra que no le apetece hacer nada. ¿Ir a votar? Pffff, qué pereza, casi prefiero la infumable peli alemana esa de después de comer.
  • El debate y la del bate: cierto es que el título recordaba a obras infames de nuestro cine, como El ete y el oto, parodia de E.T. perpetrada por los Hermanos Calatrava, o El potro, la potra y el que las empotra, la peli porno de Poli Díaz, pero quería referirme al bajísimo nivel del debate del pasado lunes, soporífero, maleducado y falto de propuestas, en contraposición con esa Inés Arrimadas que cuando saca el bate y se pone a repartir cera está hablando nuestro mismo lenguaje. Cabreada, indignada y repleta de razones. A partir de mañana, supongo que sustituirá a Albert Elecciones 3Rivera al frente de Ciudadanos. El debate del lunes, el que tenía que habernos ayudado a los millones de indecisos, solo se hizo llevadero con las bromas de amigos, o viendo en Twitter que vivimos en un país con tal hartazgo de la situación que en los trending topic se colaron Doraemon, Adoquín y mamadas. Esas eran nuestras preocupaciones mientras veíamos a los líderes de los cinco principales partidos tirarse los trastos a la cabeza.

Cada vez que llegaban las elecciones (y no solo las generales) en este blog me he mojado sobre su importancia, la necesidad de ir a votar o incluso lo que me disgustaba de algunos, o lo que me disgustaba aún más de sus competidores. Releo lo que he publicado en estos cinco años de blog y me sale que yo también soy un puñetero brasas rajando de este tema, tanto que os voy a provocar esa misma siesta de la democracia que tanto critico:

Mayo de 2015. Habrá que ir a votar, ¿no?: aunque sea un voto en blanco o nulo, como hago desde hace años para el Senado. La diferencia entre uno u otro es relevante en el reparto proporcional final.

Diciembre de 2015. A quién votamos (I): donde me quejaba de que no nos dejan elegir a los que de verdad marcarán la política económica de los próximos cuatro años, esos tipos de Bruselas que han convertido la Unión Europea en un ente absurdo más que mantener. La teoría de las élites extractivas en el sentido de Acemoglu y Robinson, una clase política que ha creado “…un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio».

Diciembre de 2015. A quién votamos (y II): por si no hubiera dado suficiente la matraca, dando mis razones de aquellos a los que no pensaba votar.

Junio de 2016. Sin miedo a votar: la vergonzosa repetición de las elecciones generales (tan lamentable como la de hoy) se juntó con la votación del Brexit, para concluir peligrosamente que “a ver si lo mejor no va a ser dejar la elección de los temas importantes a la mayoría”.

Febrero de 2019. Nuevas elecciones, antiguo sistema: tenemos que modificar este sistema que ya se ha visto que nos condena al bloqueo. Es muy posible que esta noche nos encontremos una situación muy similar a la existente desde mayo. ¿Tendrán Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias y Abascal los santos cojones de permitir que sigamos en las mismas con presupuestos requeteprorrogados y sin consensos para aprobar todas las medidas pendientes?

Mayo de 2019. Las encuestas, el CIS de Tezanos y mis grupos de Whatsapp: el aparato de Tezanos, con todo su presupuesto (otra muestra del funcionamiento de las élites extractivas), no fue mucho más eficiente que las encuestas de andar por casa.

Os he dado la brasa con todos estos asuntos y más. Tenía claro que quería una salida de Mariano Rajoy (Mariano y el cambio de hora), pero más claro aún que no quería que lo echaran con una moción de censura como la que aupó a Pedro Sánchez a la presidencia de gobierno (¿Qué han hecho con mi país, tío?). La Rebelión en la granja podemita y la ruptura que se preveía en el partido de Iglesias. Los “condones sanitarios” a Vox para que su opinión ni se escuchara. El enorme consenso que se logró para aprobar la Constitución, en donde primó ese “sentido de Estado” que ahora echamos en falta. El nacionalismo vasco y el catalán.

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El caso es que esta vez estoy tan apático como la mayoría de los votantes. Al final voy a creer que el texto más lúcido que he escrito en este blog es aquel sobre el imposible funcionamiento “democrático” de una junta de vecinos, y cómo el mejor sistema es aquel en el que me dan todos los poderes para convertirme en su dictador. Algo así como la democracia rusa de Putin, en la que decidir quién puede votar(me) y quién puede o no presentarse.

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Como decía ElRoto, “no sé con quién equivocarme”, pero ya que nos han demostrado la inutilidad de este sistema que solo sirve para perpetuar las élites extractivas y chupópteras, al menos podían tener la decencia de tomar una medida como la que se ha aprobado en Italia esta semana: la reducción de 230 diputados y 115 senadores.

Joder, lo que me faltaba por escribir, Italia como ejemplo.

Vínculos solidarios

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MABÚ, 08/11/19

Cuando escuché por primera vez la expresión “Vínculos Solidarios” en una de las reuniones de formación previas a nuestro viaje como cooperantes a Ecuador, pensé que era una expresión más de ese lenguaje políticamente correcto que escuchamos constantemente de boca de políticos (valga la redundancia), formadores, periodistas y profesionales de los medios. Una de estas frases comodín que encajan bien en cualquier contexto y en las que cabe todo lo que te puedas imaginar y más.

Poco después descubrí que el proyecto educativo en el que había elegido participar como voluntaria, formaba parte de ese entramado de actividades que se incluían bajo el paraguas de “Vínculos Solidarios”. Pero lo mejor vino casi dos meses después cuando, ya sobre el terreno,  pude comprobar de primera mano la razón por la que el proyecto educativo que Ayuda en Acción realiza junto con el socio local FEPP (Fondo Ecuatoriano Populorum Progresio) merece llevar la etiqueta con mayúsculas de Creador y Sostenedor de Vínculos solidarios a lo largo y ancho del valle del Chota.

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LA ESCUELA DE DERECHOS HUMANOS

Para empezar, sorprende que todo el programa se estructure a través de la Escuela Permanente de formación de Derechos Humanos desde donde se elaboran distintas propuestas sobre diversidad, identidad, educación, sociedad, cultura y escuela para padres. Estas propuestas se presentan posteriormente a las autoridades de las distintas comunidades para obtener su apoyo.

La escuela cuenta con la participación de 85 jóvenes voluntarios, así como de un grupo de  defensores comunitarios, y una red de jóvenes que participan en diversas actividades de formación. Todos ellos pertenecen a las 34 comunidades de la zona y el proyecto cuenta con apoyo y avales académicos e institucionales.

 

Los grupos de vecinos de la zona constituyen las Defensorías Comunitarias de Salinas, Carpuela, Ambuquí y Cuajara, elaborando las propuestas de Ordenanza Municipal de Pueblos y Nacionalidades que luego presentan a los concejales y al alcalde del Cantón Ibarra para su aprobación. Esta ordenanza permite mayor protección de los derechos de las minorías afro e indígenas.

Además se realizan campañas de difusión del rol del Concejo Cantonal de Protección de Derechos y las Defensorías Comunitarias en las comunidades del territorio, para que las personas conozcan donde pueden acudir para restituir derechos vulnerados. De esta forma todos estos conocimientos contribuyen a evitar maltrato, abusos y defender los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Los jóvenes voluntarios se reúnen semanalmente durante el curso, en diferentes puntos de encuentro. Allí reciben formación, realizan exposiciones, socializan y comparten experiencias. Analizan la convivencia en sus comunidades y estudian las rutas y protocolos de atención en caso de vulneración de derechos.

En nuestra estancia como cooperantes tuvimos la oportunidad de asistir al Encuentro de jóvenes que tuvo lugar un fin de semana de Agosto en la ciudad de Ibarra. Jóvenes provenientes de las distintas comunidades se reunieron para reflexionar sobre derechos y convivir en una acampada en la que la diversión, la música y el trabajo fueron los principales ingredientes. Las dinámicas de equipos y charlas sobre temas como la sexualidad o liderazgo que tenían lugar durante el día, daban paso a veladas de juegos de grupo en los que valores y derechos eran el común denominador. La importancia de vivir en comunidad, la protección del más débil, la igualdad de género, y el respeto a las diferencias y a las minorías, se podían experimentar con juegos como el de proteger tu globo como si fuera tu vida.  Juego en el que la clave de supervivencia está en no aislarte y huir con tu globo, sino unirte al grupo para tratar de protegerse los unos a los otros frente al equipo al que toca pinchar globos.

 

Las tiendas de campaña, la música, la hoguera y el baile hasta la madrugada, sin duda unen y nutren estos encuentros de jóvenes con alegría, energía y buenas intenciones para seguir con su labor en la tan necesaria Escuela de Derechos. Me gustaría destacar también la labor de nuestra compañera Rosa Lara, que con su esfuerzo y dedicación se encarga de la coordinación del trabajo de los distintos miembros integrantes de esta red de jóvenes y no tan jóvenes.

LOS CAMPAMENTOS VACACIONALES

De forma paralela se trabaja con los más pequeños: 635 niños, niñas y adolescentes de 13 comunidades que participan en campamentos vacacionales y clubes recreativos, donde conocen sus derechos, obligaciones y valores por medio del juego.

Participar y colaborar en estos campamentos vacacionales fue nuestra principal función como cooperantes. Allí pudimos comprobar cómo se está dando prioridad a los derechos del Agua, Alimentación, Salud, Participación y Recreación.

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Derechos escritos con mayúsculas a propósito por su especial importancia en una zona donde el Agua potable no llega a los grifos de la mayoría de las familias, donde aún hay casos de niños en situación de malnutrición y donde algunos niños no pueden participar en actividades de juego y esparcimiento por tener que colaborar en casa ayudando a sus familias con diversas tareas domésticas y del campo.

Mi experiencia con Isabel Folleco, encargada de gestionar, coordinar, visitar e impartir todos estos campamentos y clubes de actividades recreativas y de formación en las diferentes comunidades de la zona, fue fantástica. Es admirable conseguir que estas actividades tengan lugar en un área tan dispersa geográficamente. Sin embargo, cuando descubres lo necesarias que son para la vida de los pequeños, entiendes que los kilómetros de distancia que cada mañana hay que recorrer para llegar hasta ellos han merecido la pena.

Isabel nos recoge bien temprano en su camioneta, hoy toca visitar dos comunidades lejanas, en el asiento del copiloto está su mochila negra, rotuladores, cartulinas y materiales diversos, «¿qué jueguito haremos hoy?» La verdad es que no importa mucho. Lo fundamental es que hoy dejaremos una huella en el corazón de un grupo de niños que estará esperando en la plaza de su comunidad a que lleguemos y propongamos algo diferente que hacer. Una canción, un juego de palmas, en parejas, la zapatilla por detrás, jugar a tulipán o hacer volar nuestro paracaídas multicolor. Por grupos proponemos crear un mural y cada grupo se encarga de exponer algún tema, la importancia de la familia, por qué vamos a la escuela, cómo podemos aprovechar y no desperdiciar agua…. Y para terminar y antes de despedirnos compartimos un refrigerio saludable, una banana, un pepino dulce….

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El conjunto de nuestra visita semanal, o quizás quincenal en esa comunidad lejana, deja huella en cada pequeño; desde el polvo levantado por nuestra camioneta al llegar, hasta el aroma del pepino dulce antes de la despedida. Isabel va dejando huella en su camino, pisa fuerte donde va, y busca aliados, vecinos que reúnan a los niños y repliquen sus actividades cuando ella no está. En algunas comunidades ya se han constituidos clubes de derechos y deberes de los niños donde vecinos voluntarios y jóvenes siguen las directrices de Isabel, sobre todo en periodos vacacionales en los que los niños están más ociosos.

En la comunidad de Ambuquí acudimos a la clausura del Campamento Vacacional que se celebró la primera quincena de Agosto.  Las autoridades de la comunidad estuvieron presentes en los juegos organizados para los niños y aplaudieron su participación haciéndoles sentir importantes dentro de la comunidad.

En el barrio de Dos Acequias y en Mascarilla existe el “Club de Derechos y Medio Ambiente”, y en las comunidades de Cuajara, San Luis y Santa Ana se creó el “Club Jugando y Aprendiendo mis Derechos”.

En la bonita comunidad de Monte Olivo asistimos a varios talleres y charlas donde los pequeños hacen manualidades, aprenden a usar un ordenador y por supuesto reciben formación sobre derechos, deberes y obligaciones de los niños.

 

Incluso en Salinas se enseña a jóvenes y niños a bailar la danza típica de la zona, “La bomba”, dentro de las actividades de un “Club de Derechos y Danza”.

Está claro que la distancia no es obstáculo cuando el premio es la gratitud y sonrisa de los niños ante estas visitas llenas de buenas intenciones. Y está claro que las huellas que deja Isabel con sus visitas son las que alimentan la creación de esos clubes y asociaciones que buscan perpetuarlas en cada comunidad.

Pero lo que de verdad está claro es que tanto el trabajo de Rosa como el de Isabel merece llevar con mayúsculas la etiqueta de CREADOR Y SOSTENEDOR DE VÍNCULOS SOLIDARIOS.

 

LESTER:

Este texto de Mabú, siendo magnífico, no es sino una pequeña parte de lo que vimos y vivimos en terreno, pueblos acogedores, niños educados y cariñosos, jóvenes comprometidos. Vínculos solidarios es uno de los capítulos del libro Aguafiestas que estamos a punto de publicar, tal como prometimos a los colaboradores de la campaña de recaudación de fondos para financiar los filtros potabilizadores de agua que distribuimos por el valle de Chota Mira. Ya queda menos, paciencia, que volvemos a nuestros quehaceres diarios y nos absorbe el tiempo, la rutina, las obligaciones,… Pero llegará, justo a tiempo para el que quiera hacer un regalo de navidad solidario.

El once más aterrador de la historia del fútbol, según Barney

Vinnie Jones Gascoigne

Desde hace tiempo quería elaborar mi propia alineación de los jugadores más sucios, malencarados o desagradables que he visto sobre un terreno de juego, gentuza a la que eso del fair-play ni les suena, ni les interesa, ni les preocupa lo más mínimo. Tipos que si perpetraran sus agresiones en la calle irían directamente al calabozo, pero a los que se les perdonan al cometerlas sobre un terreno de juego. Así que este Halloween me ha parecido una excusa tan válida como cualquier otra para lanzarme.

Allá van, y se aceptan sugerencias, como no podía ser de otro modo en este foro tan abierto y poco tendencioso.

Portero

Harald Schumacher: para la historia quedará su entrada al francés Battiston en las semifinales del Mundial de España en 1982. Pero lo peor no es que estuviera a punto de dejar sin dientes al galo y que lo mandara directo al hospital, sino su reacción posterior: ni se acercó a interesarse por el jugador que yacía sobre el césped, se fue a por el balón, lo puso en el área pequeña para sacar y con la mano hizo el gesto de que se levantara su rival mientras se lo llevaban en camilla. Ni tarjeta amarilla.

Defensas

Marco Materazzi: el fútbol está repleto de héroes y villanos, tiene estas cosas que lo convierten en una metáfora de la vida misma. En la final del Mundial de Alemania 2006 solo se marcaron dos goles: el del héroe del toque exquisito, Zinedine Zidane, y el del rudo central italiano, Marco Materazzi. Sin embargo, el artista no fue capaz de vencer las provocaciones del camorrista del Inter y terminó agrediéndolo durante la prórroga. Algunos vídeos de Materazzi son escalofriantes, como este de sus hazañas en el scudetto italiano, que me ayudaron a entender lo gran futbolista que era el ucraniano Shevchenko, capaz de triunfar pese a enfrentarse a agresiones impunes como las del vídeo.

Javi Navarro: el uso de la violencia extrema a la que nos tenía acostumbrados junto a su pareja de baile, Pablo Alfaro, pudo costar una desgracia en un terreno de juego, como cuando le regaló un codazo en la garganta al venezolano Arango. El jugador del Mallorca terminó en el suelo con convulsiones y temimos lo peor. Digno heredero de la mejor tradición sevillista (Prieto, Del Campo, Martagón, Diego, Simeone), Javi Navarro era futbolista como podía ser matón de discoteca o dar palizas a sueldo, en su mirada no se atisbaba un ápice de piedad.

Andoni Goikoetxea: de aspecto inconfundible, siempre tuvo cara de malo de película, como Robert Davi, gracias a su nariz de boxeador sonado tras la cual se escondía una mirada pérfida.

Su mala leche era proverbial, conocida en todos los campos de la primera división española. Se hizo “grande” con Clemente, otro odiador profesional de todo lo que significara calidad técnica. En su currículum de grandes hazañas, las gravísimas lesiones a Schuster y Maradona, una bochornosa colección. Su carrera profesional solo podía mejorar de un modo: yendo al Atlético de Madrid junto a Arteche y Tomás Reñones. A día de hoy me sigue doliendo ver la entrada con la que mandó a Maradona al dique seco durante varios meses:

Terry Butcher: ¿qué otra cosa puedes ser en la vida si te apellidas «carnicero»? Como «Slaughter» en el Madrid, «matanza» o «Sacrificio». El central inglés poseía un apellido contundente, tanto como su manera de actuar en el campo, ruda, expeditiva, llevándose por delante lo que fuera, al rival o a sus propios compañeros. Para el recuerdo, su imagen bañado en sangre tras jugar los noventa minutos contra Suecia en un partido de clasificación para el Mundial de 1990, más propia de una película gore.

Centrocampistas

Vinnie Jones: en España le conocemos sobre todo por la foto agarrando sus partes a Paul Gascoigne, pero su colección de vídeos es terrorífica, repleta de entradas criminales, como la tarjeta a los cuatro segundos. Se ve tan claro que le va a segar las piernas al rival que saca de centro que es una declaración de principios (o de guerra) en toda regla. Terminó como no podía ser de otro modo: haciendo de matón en pelis americanas.

Graeme Souness: cómo sería el escocés que en una votación en Reino Unido terminó por delante de Vinnie Jones y del siguiente de esta lista, Roy Keane. Perteneció a dos de los equipos favoritos de algunos de los que seguíamos el fútbol a finales de los setenta y principios de los ochenta: el Liverpool de las tres Copas de Europa y la cervecera selección escocesa que visitó España en el 82. Era un buen jugador con el balón en los pies, pero no conocía la palabra clemencia cuando lo llevaba el rival. Sus entradas a los tobillos o incluso por encima, y a destiempo, eran míticas. Lesionó de gravedad al escocés McCluskey, al rumano Rotariu y al islandés Siggi Jonsson.

Graeme Souness

Roy Keane: hubo un momento en que se rumoreó que podía recalar en un Madrid necesitado de músculo y dureza en el centro del campo tras la salida de Makelele. Keane tenía 34 años y me pareció uno de los rumores más estrafalarios que he escuchado nunca. El centrocampista del Manchester reconoció en un libro (Keane, 2002) que sabía que era un jugador violento, que no pensaba mucho sus entradas sobre el campo antes de hacerlas, simplemente las hacía, se llevara por delante la tibia rival, el tobillo o lo que fuera. En su libro reconoció haber lesionado intencionadamente al noruego Haaland, que tuvo que ser operado tres veces tras la entrada criminal y se tuvo que retirar del fútbol de manera definitiva. Lo peor es que la entrada no fue fortuita, sino madurada. Keane se lesionó de gravedad unos años antes en una jugada con el mismo Haaland, tras una entrada fallida del propio Keane. No le sentó nada bien que estando en el suelo dolido, el noruego se encarara con él, así que durante los meses de recuperación tramó su venganza que se consumó en esta terrible jugada. Ambos momentos están en este vídeo:

Mark Van Bommel: cómo sería este tío que deja fuera de la lista a Albelda o Gennaro Gattuso. Tiene una carrera sorprendente en los principales equipos de todas las ligas europeas (PSV Eindhoven, Barcelona, Bayern de Múnich, Milán), uno de esos tipos apreciados por los entrenadores porque aportaban peso en el centro del campo, no exento de toque holandés, y sobre todo incomodidad para los rivales. Si andaba cerca, ya sabías que te ibas a llevar un regalito. Que acabara los 120 minutos de la final de Sudáfrica es otra anomalía más de aquel arbitraje, tanto como la patada de DeJong al pecho de Xabi Alonso. Le dejó un recadito a Andrés Iniesta en el tobillo que logró que este se revolviera como pocas veces en su carrera. Nos pudo costar un disgusto y quedarnos sin el autor del gol de nuestras vidas antes de tiempo, mientras el guarrísimo jugador holandés seguía en cancha.

Delanteros

Eric Cantona: jugador tan genial como imprevisible para su entrenador, tan capaz de maravillosas vaselinas como de agresiones salvajes con los tacos, los codos o cualquier miembro que pueda ser usado de modo contundente. Para el recuerdo, su patada de kárate a un aficionado del Crystal Palace. En realidad, doble patada e intento de puñetazo. La cara de Alex Ferguson era un poema, yo creo que siempre mascaba chicle para que no se le leyera lo que decía.

Luis Suárez: tengo amigos que desde hace años me decían que la Liga española estaba sospechosamente preparada y amañada, que había un doble rasero en los arbitrajes y yo me negaba a creerlo. Hasta que he visto durante cinco temporadas seguidas a Luis Suárez en acción saliendo impune de sus múltiples agresiones y entonces lo he comprendido: por supuesto que sí, que hay un acuerdo F.C. Barcelona-Liga española por el cual no se puede expulsar a Luis Suárez haga lo que haga, ya sea dar codazos en la nuca a defensas rivales, dejar los tacos a cualquiera que pase por allí, insultar a los árbitros a centímetros de distancia o dar coces.

Luis Suárez

Nunca le han expulsado en España (una vez en Copa por doble amarilla) y eso es ya de por sí la mayor anomalía estadística en un tipejo que acumulaba casi cuarenta partidos de sanción entre Holanda e Inglaterra. Más los seis meses de sanción con la selección uruguaya por su bocado a Chiellini.

Aquí termina mi particular selección. Lo sé, habrá quien diga que no hay jugadores del Madrid en esta lista y que candidatos podíamos tener unos cuantos: Sergio Ramos, Pablo García, Pepe A.C. (antes de Casquero), Hugo Sánchez y sobre todo, Goyo Benito, pero he dejado mi particular homenaje de Halloween en este artículo en La Galerna sobre los jugadores que más miedo me ha dado ver con la camiseta blanca.

¡Os mando un terrorífico saludo a todos!