Regreso al futuro que ya está aquí

Back

21 de octubre de 2015, 4 horas, 29 minutos de la tarde en Hill Valley, California. Una y media de la madrugada del día 22 en España, el día ha llegado. Por alguna extraña razón esta fecha de Regreso al futuro se ha convertido en mítica para cientos de miles de personas. Debe ser porque los cuarentones de ahora, los adolescentes de los ochenta que manejamos buena parte del cotarro en la actualidad, llevamos años reivindicando esa década de mil formas, como si no hubiera habido otra mejor.

El éxito de los libros y la web Yo fui a EGB, Sigue leyendo

El maratón número 13, por Lester

IMG-20150106-WA0008

Ya está aquí, ya llegó, la hora del maratón está próxima. Para el que siga habitualmente este blog, quizás recuerde que en el dedicado a los objetivos del año (En busca de la tranquilidad, número uno en las listas, como si fuéramos los 40 Principales), hablé de que uno de los míos era bajar de las tres horas y media en el maratón de Ámsterdam el 18 de octubre.

Luego la realidad me ha llevado por otros derroteros, pero como también decía en esa entrada, «la felicidad es un camino, no una meta». Sigue leyendo

El tiro libre, la cabeza fría y el corazón caliente, por Barney

gasol

La reciente victoria de España en el Eurobasket de Francia, con la selección subida a la chepa de un inmenso Gasol, me ha vuelto a hacer reflexionar sobre la importancia de mantener la cabeza fría en los momentos decisivos, sobre todo cuando tienes el corazón caliente. Hirviendo, como ocurrió en varios momentos de la semifinal contra Francia.

El partido tuvo momentos en los que parecía todo perdido, como cuando los franceses se fueron de 11 en el tercer cuarto, o de 9 en el último. Pero Gasol pidió la pelota, Sigue leyendo

Atletismo, el deporte rey, por Barney

   atl8

El deporte rey ha sido siempre el atletismo, no el fútbol, especialmente si hablamos de unos Juegos Olímpicos. Sin embargo, uno ve el telediario estos días, en el que dedican varios minutos a contarnos que el Madrid jugará en unos meses en Donetsk, o el Atleti en Bate (o en Borisov, porque, como Mou, tengo que buscarlo en una enciclopedia), y que tal grupo o tal otro es más fuerte, qué me importará si al final llegarán los que tengan más pasta, mientras dejan apenas diez segundos para el carrerón de Usain Bolt en la final de los 200 metros de los Mundiales de atletismo, y uno, decía, uno es consciente una vez más de que tras el fútbol, apenas existe nada para los medios.

Y este blog no quiere contagiarse de ese espíritu, porque hasta ahora casi todos los artículos han estado dedicados al fútbol y al baloncesto, con algunas incursiones en el tenis, la Fórmula 1 o el ciclismo. El atletismo solo había aparecido de refilón en el blog por mi vuelta a la práctica efectiva (si se puede llamar así a mi participación en la San Silvestre), y por temas desgraciados como el dopaje, que a buen seguro es el mayor culpable de la desatención de los medios.

Y es una pena, porque el atletismo, sobre todo las carreras, es un espectáculo de gran belleza que aporta momentos de emoción que pocos deportes pueden deparar. Así que hoy toca dedicarle un espacio, y para tratar de atraer a los menos aficionados, lo voy a hacer hablando de varios de los grandes momentos (para mí) de este deporte. No es un ranking, no hay un orden de preferencias entre ellos.

  1. Los grandes momentos que sí he visto

Los 100 metros lisos

Menos mal que tenemos a Usain Bolt, el jamaicano que nos devuelve la ilusión por esta prueba después de los años de los sospechosamente musculados atletas estadounidenses. Y jamaicanos, que también los ha habido. Me parece una vergüenza que se permita correr a Justin Gatlin después de sus dos positivos en 2001 y 2006, pero el hecho de verle y de verle perder con Bolt aumenta la emoción y el espectáculo. También han dado positivo Tyson Gay, Asafa Powell, Yohan Blake,… Aunque ninguno tan sonado como Ben Johnson en Seúl 88. Disfruté enormemente con las victorias del canadiense en Roma 87 y en Seúl, aunque lo cierto es que sus ojos amarillos y su enorme musculatura ya parecían sospechosos.

Atletismo1

atl2Por ser ajeno a toda esta mierda (espero), me encanta Bolt, talento natural, al que además hemos hecho del Madrid. Me encanta su estilo de correr, que no pisotea el suelo como los atletas hipermusculados, sino que flota como el Correcaminos. Me da envidia su zancada, y me maravilla cómo en medio de la tensión previa a una gran final el tío es capaz de bromear y transmitir alegría. Ganas de correr frente a los malotes de los velocistas USA.

Sus 9,69 de Pekín 2008 fueron bestiales, frenando y dejándose llevar los últimos 15 metros, pero lo que hizo un año después en Berlín, frenando el crono en 9,58, es simplemente inenarrable. Mis palabras no sirven para explicarlo, merece la pena verlo de nuevo:

Los 200 metros lisos

Recuerdo que en agosto de 1996 estaba de Rodríguez y me quedé a ver la final de los 200 metros de los JJOO de Atlanta. Debían ser casi las dos de la mañana y yo trabajaba al día siguiente. Mientras se acercaba la final pensé más de una vez: «vete a la cama, ¿merece la pena quedarte hasta las dos para ver una carrera de menos de veinte segundos?»

Vaya si mereció la pena. Michael Johnson, el ateta de estilo más horrible que recuerdo (compite con Paula Radcliffe), con la espalda rígida y hacia atrás, zancada corta, competía contra el namibio Frankie Fredericks, otro velocista del estilo «levitante», como Bolt o Carl Lewis, alejado de los «apisonadores» Mo Greene o Yohan Blake.

19.32 segundos. Aquel día Michael Johnson rebajó el récord del mundo en 34 centésimas, una enormidad, y dejó una marca que pensamos que duraría varias décadas. Claro que no contábamos de nuevo con Usain Bolt, que lo batió dos veces. Al igual que en los 100, primero en Pekín (19.30 s.) y luego en Berlín (19.19 s.). Enorme. Brutal.

Edwin Moses y los 400 m. vallas

Yo tuve la culpa de que perdiera su imbatibilidad. Me explico. Edwin Moses es el mejor especialista en 400 metros vallas de la historia, un atleta cuya última derrota se remontaba a agosto de 1977, contra el alemán Harald Schmidt. Tenía ya los oros olímpicos de Montreal 76 y Los Ángeles 84, así como el oro en el Mundial de Helsinki 83. Hasta que vino a competir a Madrid en junio de 1987, en la antigua pista de Vallehermoso. Yo conocía aquella pista porque en mi época adolescente de práctica activa del deporte había corrido allí alguna vez, y haciendo gala de esa costumbre tan española de criticar lo propio, comenté en el colegio:

  • Esa pista es una castaña, seguro que se tropieza y pierde su imbatibilidad.

Mi gafe estaba lanzado, y eso que Edwin Moses era un atleta que me encantaba, uno de mis favoritos. Pero lo cierto es que así fue. 9 años, 9 meses y 9 días después, Edwin Moses caía derrotado. Contra un joven Danny Harris, que llevaba unos años anunciándose como el tipo que finalmente lo conseguiría. Y se tropezó, pero no por el estado de la pista, sino por un error en el salto de la última valla. Dejo aquí ese momento histórico:

Ese verano del 87 había Mundiales de atletismo de nuevo, en Roma, y surgía la duda sobre si esa derrota marcaría el principio del final de Edwin Moses. Pero su hora no había llegado todavía y revalidó el título en uno de los finales más igualados que se recuerdan, con 47,46, por los 47,48 s. de Danny Harris y Harald Schmidt. En la foto-finish se vio que Moses ganó la carrera porque tenía más ansias por llegar que sus dos rivales. O porque tenía el cuello más largo.

atl3 atl4

El Guerrouj vs Bekele en los 5.000 metros

No me gustan los títulos de «el mejor de todos los tiempos», porque, salvo en casos claros como los de Moses o Bubka, resulta muy difícil asegurar a quién corresponde ese título, aparte del hecho de comparar épocas diferentes.

Los Juegos de Atenas 2004 tuvieron la suerte de presenciar uno de los mejores duelos de la historia. Por un lado, uno de los mejores mediofondistas de todos los tiempos, el marroquí Hicham El Guerrouj, plusmarquista de los 1.500 metros, que ya se había hecho con la medalla de oro en esa distancia unos días antes. Por el otro, uno de los mejores fondistas de la historia (con permiso de Paavo Nurmi, Zatopek o, para mí, Gebreselassie), el etíope Kenenisa Bekele, plusmarquista de los 10.000 metros, y que también había conseguido ya el oro en esos mismos Juegos una semana antes. Ambos superatletas se retaron en la distancia intermedia, los 5.000 metros, distancia en la que ese mismo año Bekele había conseguido el récord del mundo. La carrera fue memorable, pero lo fue sobre todo la última vuelta, que dejo aquí.

52 segundos en la última vuelta después de 13 minutos. Qué bestias. La recta final fue épica y ganó el mejor sprint, el del hombre del 1.500. Posiblemente Bekele tenía que haber forzado un ritmo más rápido de carrera (13 min. 14 seg. fue la marca), que a lo mejor hubiera sido el único modo de descolgar a El Guerrouj, pero quién coño soy yo para saberlo.

La final de salto de longitud de Tokio 91: Mike Powell vs Carl Lewis

Algún día tenía que caer el récord del mundo de Bob Beamon (8,90 m.), que seguía vigente desde México 68. Y desde hacía años parecía que Carl Lewis, el hijo del viento, estaba destinado a conseguirlo. Por un momento pareció haberlo logrado, pues en el cuarto salto voló hasta los 8,91 metros (en el tercero ya había llegado a 8,83 m.). Sin embargo, el viento a favor era superior a 2 metros por segundo, por lo que la marca no sería homologada. En el quinto salto de Mike Powell, su mayor rival, 8,54 metros hasta entonces, voló hasta 8,95 metros, con un viento ligeramente a favor, que sí permitió la homologación de la marca.

A Carl Lewis le quedaban dos saltos y fueron larguísimos: 8,84 en el sexto, ¡y 8,87 en el quinto con viento en contra! El duelo se repitió en Barcelona 92, pero no alcanzó el nivel del duelo de Tokio. Ganó Carl Lewis con 8,67 m. frente a los 8,64 m. de Powell.

2. Los grandes momentos que me hubiera gustado haber visto

Recuerdo que en 1984, con el Cola-cao regalaban un libro con la historia de los Juegos Olímpicos y me lo empapé enterito. Quedaban unos meses para los Juegos de Los Ángeles y me sabía de memoria casi todos los récords del mundo de atletismo: 9,95 de Hines en los 100 m., 19,72 de Pietro Mennea en los 200, 43,86 de Evans en los 400, etc,…

Y recuerdo haber leído sobre grandes momentos de la historia de este deporte que me hubiera encantado presenciar:

  • Las cuatro medallas de oro de Jesse Owens delante del careto de Hitler en Berlín, 1936.
  • La primera vez que Dick Fosbury saltó en México 68 con el estilo que lleva su nombre desde entonces. Hace poco la publicidad utilizaba ese momento para un anuncio, con un eslogan dedicado a los que buscan un modo diferente de hacer las cosas, o algo así.
  • Los dos maratones de Abebe Bikila, especialmente el de Roma 1960, el que ganó descalzo.
  • Las victorias de Emil Zatopek en Helsinki 1952, con ese estilo que parecía decir «aquí me paro, no puedo más», pero que le sirvió para ganar los 5.000, 10.000 y el maratón en la misma semana.
  • La victoria del finlandés Lasse Viren en los 5.000 o los 10.000 de Múnich 72 (ganó ambas pruebas), en la que se cayó y aun así consiguió remontar y ganar. En Montreal 76 quiso repetir la hazaña de Zatopek, pero «sólo» pudo ser oro en los 5.000 y los 10.000, y quinto en el maratón.
  • Y por supuesto el salto de Bob Beamon, mejorando el récord del mundo en medio metro. Un momento cumbre de la historia del atletismo.

3. Los grandes momentos del atletismo español

atl5

  • La victoria de Fermín Cacho en los 1.500 metros de Barcelona 92, mirando todo el rato hacia atrás con la misma incredulidad que nosotros en nuestras casas. Nunca entendí qué le pasó a Nourredine Morceli, el mejor de largo entonces, que solo pudo ser séptimo. Y en forma debía estar, porque menos de un mes después de la final de los Juegos batió el récord del mundo de la prueba.

atl6

  • La foto histórica del triplete de maratón en Helsinki 94: Martín Fiz, Diego García y Alberto Juzdado descubriéndonos que teníamos grandes maratonianos en nuestro país, algo que desconocíamos hasta entonces. Martín Fiz sería un año después campeón del mundo, y Abel Antón repetiría victoria en los dos siguientes mundiales (Atenas 97 y Sevilla 99).
  • La victoria de Marta Domínguez en los 3.000 obstáculos de los Mundiales de Berlín 2009. De esta atleta me gustaba todo, pero sobre todo su pundonor y su lucha, y cómo se sobrepuso a su caída de un año antes en la final de los Juegos de Pekín. En sus victorias éramos miles de personas los que la empujábamos desde casa. Ahora todo está en entredicho, y habrá que ver qué resuelve finalmente la IAAF, pero lo cierto es que tiene muy mala pinta.
  • El año 1999 de Yago Lamela y sus subcampeonatos del mundo en Maebashi y sobre todo, Sevilla, que sí vi en directo. Una pena lo de este chico, sus lesiones, depresiones y su muerte prematura.

atl7

  • Y aunque no sea un momento propiamente ocurrido en la pista, me alegré enormemente de la medalla de bronce de Manuel Martínez en lanzamiento de peso. Se la concedieron en 2014, diez años después de los Juegos de Atenas 2004, tras la descalificación por dopaje del campeón, el ucraniano Yuri Bilonog. El lanzador leonés es un tío estupendo, un gran competidor, un atleta que estuvo en la élite dos décadas y que además se dedica a muchas otras cosas (cine, música, escultura,…). Con esas manitas.

No dejo espacio para la marcha, donde nuestro atletismo ha conseguido mayor número de medallas. Lo siento, no me gusta. El atletismo consiste en saltar más alto, lanzar más lejos o correr más rápido, y la marcha consiste en algo tan extraño como «andar muy rápido, pero no tanto como para correr». Y esta misma semana Miguel Ángel López ha ganado el oro en Pekín en los 20 kilómetros con un tiempo de 1h. 19 minutos. Es decir, menos de 4 minutos por kilómetro. Si eso no es correr, y además a toda leche, que venga alguien y me lo explique.

Por favor, señores de la tele, más tiempo para el atletismo y menos para los entrenamientos o viajes del fútbol.

Ni valors, ni valores, por Barney

images-3

Bartomeu hablaba recientemente de «los valores que hacen que seamos más que un club«. Florentino Pérez no se quedaba corto y decía que “en el palco del Bernabéu transmitimos valores”. A mí me dejan un tanto perplejo, y como estoy un poco hasta las pelotas de tanta tontería, me surge la duda: ¿hablamos de equipos de fútbol o de una ONG? Sigue leyendo

El contador de Contador, por Barney

Alberto Contador tiene dos gestos muy característicos:

– El del pistolero que apunta y dispara al llegar a meta como ganador. Este gesto suele utilizarlo al ganar una etapa.

contador1contador2

– El del corredor victorioso que cuenta sus triunfos en las grandes rondas. El de Pinto suele hacer este gesto al entrar en meta en la última etapa de las grandes vueltas, en París, Milán o Madrid.

contador4  contador6

Y aquí es donde surge el problema de Contador, o el problema de su contador particular de victorias: ¿lleva 9 grandes rondas, como él autoproclama, o lleva 7, como reconoce la UCI? Sigue leyendo

¡¡¡Ba-lon-ces-to!!! (Barney)

Basket

En mi urbanización todavía no había dejado de oírse el eco de nuestros gritos de «¡Campeoooones, campeoooones, oé, oé, oé!», cuando he decidido sentarme frente al ordenador para colgar una entrada que llevaba tiempo queriendo escribir. El Real Madrid de baloncesto acaba de ganar su 32ª liga frente al eterno rival, y lo ha hecho a lo grande, ganando en el Palau, sin sufrir demasiado (un poco en el tercer cuarto) y poniendo un contundente 3-0 en el marcador. Hace apenas un mes disfruté a lo grande también con la victoria en la Euroliga en el Palacio de los Deportes de Madrid (ahora llamado BarclayCard).

Habrá quien me quiera tachar de ventajista por ponerme a escribir cuando ganan los míos, o habrá quien recurra al tópico de «ya están los merengues agarrándose al baloncesto cuando les falla el fútbol». Y se confundirán, porque ya dejé mi particular enhorabuena a los culés la misma noche de su victoria en la Champions de fútbol, o una entrada muy crítica con el Madrid de fútbol apenas unas horas después del 4-0 que el Atleti nos enchufó este año.

«¡¡¡Ba-lon-ces-to!!!», gritó Pepu Hernández en 2006 tras la victoria de la selección española en el Mundial de Japón. Era su llamamiento por este deporte, porque se le prestara más atención. Porque un buen partido de ba-lon-ces-to fuera en las noticias por delante de un entrenamiento del Madrid de fútbol, o de la llegada de Messi y compañía al aeropuerto el día antes de un encuentro. Chorrada de noticias.

Pues bien, el Madrid de baloncesto lo ha ganado todo este año: Supercopa, Copa del Rey, Euroliga y Liga española. Y lo he disfrutado desde el principio. Como un enano, en compañía de mi hijo. No es ventajista por mi parte, ni me estoy agarrando al basket porque el fútbol nos haya fallado, entre otras cosas porque este año, por primera vez en mi vida, nos hemos hecho abonados del baloncesto. Cada día me gusta más, hasta el punto de superar al fútbol ahora mismo en mis preferencias. Y no soy el único, tengo varios amigos que me han comentado lo mismo esta temporada. Por eso digo que quería escribir este post desde hace tiempo.

El que haya seguido estos modestos escritos habrá visto lo harto que estoy de las soplapolleces del fútbol, como en aquel I love this game! allá por septiembre, en el que comparaba el esfuerzo y la dificultad de los jugadores de baloncesto frente a los señoritos del fútbol que se siguen quejando por jugar miércoles y domingo. Comentaba también la capacidad del deporte de la canasta de adaptar las reglas para buscar más espectáculo, sin complejos, sin medias tintas, no como esa FIFA de mangantes. En Que aprendan también del rugby ponía a caldo el teatro y la poca nobleza de algunos futbolistas, tretas impensables en otros deportes como el rugby o el propio baloncesto.

Este año en el Palacio hemos disfrutado de cada partido, hemos visto un espectáculo enorme, vistoso, entretenido, un público entregado a su equipo y sobre todo, un ambiente mucho más sano que el del fútbol. Voy poco al Bernabéu (cuestión de pasta, con unos precios vergonzosos en ocasiones) y he sentido rabia y asco al ver a miles de personas pitar a los «nuestros». A Marcelo, porque estaba gordo, a Ramos por perder un balón, a Arbeloa, «¡cono!», a Illarra,… Lo de Casillas ha sido lamentable, tampoco quiero insistir. Se va a ir por la puerta de atrás. Como Hierro, Del Bosque o Raúl. Qué crack eres, Florentino. Reconozco que he sentido envidia del Barça y la despedida de Xavi. Ahora podrá ser jardinero, su vocación frustrada, siempre opinando del estado del césped.20150621_123426

Por mil razones me estoy alejando del fútbol y estoy cada día más cerca del basket. En el Palacio de los Deportes no se pita a los jugadores, sino todo lo contrario. Sólo alguna vez hemos visto algún amago de pitada, algún pito hacia Rudy en esos días en que se lanzaba varias mandarinas desde 8 metros. Mi hijo ha grabado algún vídeo del ambiente mágico que hemos tenido en esta temporada que acaba de terminar.

La plantilla de baloncesto

Qué equipazo hemos tenido estos últimos años. Basándonos en los nacionales, los Sergios («¡Llull, quédate!»), Rudy y el que algunos daban por acabado y ha sido MVP de la temporada, Felipe Reyes.

basket4basket3

El tío con más huevos que ha llevado esta camiseta después de Fernando Martín. Los extranjeros han servido para complementar esa base nacional:

– Gustavo Ayón, el mexicano al que el Barça no quiso, y que ha ido mejorando partido a partido, tanto en defensa como en ataque.

– K.C. Rivers, un tío que llegó como tirador, pero al que Laso ha sabido controlar y reconvertir en un buen defensor. Y sólo le dejaba tirar en posiciones claras, no como al principio de temporada, que lanzaba mucho más.

– Jonas Maciulis, el lituano que ha jugado pocos minutos, pero ha cumplido siempre (en la final de la Euroliga estuvo enorme).

– Carroll, el mejor tirador de la ACB, pero inconstante. Ha sido clave en días en los que se le necesitaba, como en la final de la Euroliga, o como esta tarde (canastón a falta de 18 segundos).

– Marcus Slaughter, torpe como pocos en ataque, pero muy ágil y válido cuando hacía falta defender, incluso a los bajos del equipo rival, como en la anterior eliminatoria contra el Valencia Basket.basket2

– Los pívots altos, los dos más flojos de toda la plantilla esta temporada. A Salah Mejri le faltan los kilos que este año le sobraban a Bouroussis. Supongo que ahora al acabar la temporada nos enteraremos de por qué el griego no ha jugado ni un minuto en los play offs, un tío con sueldo de futbolista y que hace apenas tres años estaba en el quinteto ideal de la Euroliga. Ahí pesaba algo más que el sobrepeso. Ha sido el «Mirotic» de esta temporada.

basket5– Dejo para el final a uno de mis favoritos, el Chapu Nocioni, MVP de la final de la Euroliga. Ese argentino al que le debemos el punto extra de intensidad en defensa y en ataque que tanta falta hace en momentos del partido. Sus dos triples de hoy o de la final de la Euroliga, o los tapones de la final de Copa son sus grandísimas aportaciones a estos títulos.

– Campazzo y Doncic han contado con pocos minutos, pero estábamos todos tan eufóricos en la grada que celebrábamos sus salidas a pista como si fueran un premio para nosotros. «Chaval, calienta, que vas a salir».

Detrás de todos ellos, organizando el cotarro, Pablo Laso. El año pasado estuvieron a punto de cesarlo tras perder la Euroliga. Le criticaron muchísimo todas sus decisiones, aunque la única reprochable, a mi modo de ver, fue que en la final de liga contra el Barça hiciera lo que no había hecho el resto del año, rotar poco y fundir a los jugadores. Jugar con 7 la final, cuando el resto del año lo había hecho con los 12 de la plantilla.

Ha aprendido muchísimo y se le ha notado este año, en la Final Four, y en la liga. Le ha dado varios baños a Xavi Pascual, un tío que me cae muy bien, pero al que me temo que se van a cargar.

La renovación del equipo de fútbol

No nos hemos comido un colín en fútbol, y lo que es peor, el Barça lo ha ganado todo. Así que ahora toca renovar al equipo y lo que debería hacer Florentino es seguir el ejemplo del basket. Como de baloncesto no tiene ni idea, no se ha metido a tomar decisiones. El problema es que se cree que sabe de fútbol (al igual que todo españolito medio, entre los que me incluyo), y por eso toma las decisiones que toma.

El primer paso, traer a un entrenador que conozca bien la casa, Rafa Benítez, como en el baloncesto con Laso, ya lo ha hecho. Ahora que le deje hacer, espero que no se meta en las decisiones deportivas: Bale jugará sí o sí, Casillas es un símbolo, vendo a Makelele porque no es comercial, y como he vendido a los medios centros, me traigo a Gravesen o Pablo García, los buenos jugadores siempre se entienden, aunque jueguen en el mismo puesto, Beckham-Figo, Danilo-Carvajal,…). Me temo que si se mete en la parcela del entrenador, para septiembre tenemos una espantada de Benítez a lo Camacho.

Y una vez que deje al entrenador tomar sus decisiones, que se base en los jugadores nacionales y lo complemente con los extranjeros, no a la inversa. He sentido vergüenza con alineaciones del Madrid con nueve y diez extranjeros. En este aspecto también he sentido envidia del Barça.

Que no se carguen la competición de baloncesto

Un último apunte y acabo. Las últimas 4 finales de liga de baloncesto las han jugado el Madrid y el Barça, como 3 de las 4 últimas Copas del Rey, o las últimas 3 Supercopas. La igualdad con el resto de equipos se ha reducido mucho, aunque no tanto como en el fútbol, y se puede terminar cargando la competición. Entre esta disminución de la competencia y los horarios tan pésimos de la final, las audiencias han sido bajísimas, no han llegado al millón de espectadores.

La pasta del fútbol puede acabar con un espectáculo como es la liga ACB, como ya explicamos recientemente con las cuentas anuales de Madrid y Barça (déficits de 18 y 24 millones que sólo equipos con la pasta del fútbol pueden cubrir). El baloncesto europeo es más atractivo que la NBA, aunque los jugadores no tengan ese físico portentoso ni sean tan espectaculares. Es mucho más táctico, con estrategias, cambios de ritmos, defensas, juego en equipo,… Que no se lo carguen, por favor. Y ahora, a Cibeles, que este año sólo el baloncesto me ha llevado hasta allí (el Mundialito y la Supercopa de Europa no merecían tal viaje).

Cara Barney

 

 

 

 

¡Enhorabuena, culés!, por Barney

ch10
Enhorabuena, culés, ya tenéis las mismas Copas de Europa que el Real Madrid en 1960.

20150606_225943Anoche estuve en el cine, que estaba vacío, por cierto. No entiendo muy bien por qué. Así que voy a hablar poco de un partido que no vi, pero sí mucho de por qué doy la enhorabuena a mis eternos enemigos del Barça. Ellos siempre se acuerdan de nosotros, en sus derrotas, y lo que es más triste, también en sus victorias.

Enhorabuena por tener una Copa de Europa más que sumar a esa serie iniciada en 1992, la edición más floja de toda la historia del torneo.

Voy a intentar no ser demasiado forofo, y Sigue leyendo

¡Vamos, Rafa!, por Barney

20150510_191021

Tuve la suerte de estar el domingo pasado en la final del Mutua Madrid Open disputada entre Rafa Nadal y Andy Murray. Nadal, nuestro héroe, el tipo que nos ha hecho disfrutar tantos partidazos, ese chico que cae tan bien y al cual no parábamos de jalear desde las gradas, no podía. Sufría en la pista. Sólo un par de veces Sigue leyendo

La madre que me parió (Barney)

madre6

«La madre que me parió» es una frase muy típica del mundo del deporte. Es lo primero que te (me) viene a la mente cuando algún jugador del equipo rival acierta con una acción inesperada. El canastón de Marcelinho Huertas desde el medio del campo, por ejemplo, el triple de Solozábal o los dos goles de Torres en el Bernabéu. En esos momentos, no sé por qué extraña asociación de ideas, me acuerdo de la madre que me parió. Quizás se deba a que los que hemos practicado deporte, o somos aficionados, en el fondo seguimos siendo unos niños competitivos que buscan consuelo o una explicación racional a algo que no lo tiene (¡dos goles de Torres!), y de toda la vida, ese consuelo sólo nos lo aportan nuestras madres.

Después de esta explicación tan cogida con pinzas, Mamá, también tengo que reconocerte que cuando alguno de los «míos» realiza una gran acción, una heroicidad deportiva, no me acuerdo de ti, sino de sus madres: «¡Olé, Sergio Ramos, viva la madre que te parió!», «¡CR7, la madre que te trajo!».

madre7madre9

De este modo me he acordado de las madres de Alberto Herreros, Andrés Iniesta, Pau Gasol (y Marc), Rafa Nadal, y tantas otras cuyos vástagos nos han regalado grandes tardes y noches de victorias.

La versión ofensiva hacia las madres fue la que se nos escapó a buena parte de los españoles en 2006 durante los breves segundos en los que el tiro de Nocioni voló por los aires en la semifinal España-Argentina del Mundial de Japón: «¡¡¡Andrés, la concha de tu madre!!!»

O la que a tantos se le escapa en los partidos de fútbol referidos a los árbitros: «¡Hijo de p…!», razón por la cual, a los árbitros se les conoce por sus dos apellidos: Mejuto González, Andradas Asurmendi, Andújar Oliver, y un largo etcétera, para que comprendamos que todos, incluso los trencillas, tienen madre conocida.

La relación de mi madre con el deporte, o con mi afición al deporte, nunca fue muy compartida. «Veintidós tíos en calzoncillos detrás de un balón», «¿Otra vez partido?», «Buf, qué rollo, ¿y hoy qué juegan?». Yo intenté que lo entendiera con frases de Albert Camus: «Todo lo que sé de los hombres lo aprendí en el fútbol». O de Walter Scott: «La vida en sí misma no es más que un partido de fútbol». O de mí mismo: «¡Árbitro, la hora!»

Sin embargo, mi madre siempre aceptó y promovió que practicáramos deporte, quizás porque el deporte, y no la música, amansa a las fieras. Es cierto que seguramente habría preferido que practicáramos otro tipo de deporte, más esnob o con más clase, pero nunca se quejó pese a que llegábamos con la ropa llena de barro tras esos míticos partidos jugados en lodazales. Alguna vez protestó algo más cuando nos oía contar en qué había derivado ese uno contra uno en basket jugado contra el cabroncete de mi hermano pequeño, que ya ha salido alguna vez en estas páginas.

madre8madre10

Sé que mi madre habría preferido que jugáramos al golf, «o sea, te lo juro», y de hecho me regaló un putter para ver si me animaba, pero un deporte en el que no puedes atizar al rival me parece menos deporte. O eso, o que no tengo paciencia. De haber jugado en esos años con mi hermano, seguramente le habría pegado con el palo. Con la madera 3 sin duda.

Sí le gustaba que jugáramos al tenis, pero no lo hacíamos con los chicos bien del club, ni vestíamos de riguroso blanco, qué va. Una camiseta heavy y un bañador eran más que suficientes. El tenis entre hermanos era otra cosa. Pese a haber una red de por medio, podía ser un deporte de riesgo. La norma de que «en cada lado de la pista pita el de ese lado» se venía abajo a la primera decisión dudosa. Y las dejadas tenían que ser muy buenas, porque si no, ya sabías que tu rival te iba a intentar dar un pelotazo allí donde más duele. Eso, cuando no le daba a nuestro hermano mayor por soltar la raqueta directamente. Recuerdo una vez que me di la vuelta al acabar un punto para recoger una bola del suelo y oí un zumbido por el aire, como un bumerán o algo así. Me giré a tiempo para agacharme antes de que la raqueta me decapitara. «¡Perdona!». Yo sé que no había mala intención, pero su modo de mostrar fastidio o cabreo tras un fallo, a lo Marat Safin, hacía que jugaras de cualquier modo menos relajado.

En fin, Mamá, que esto del deporte es «asín», una droga sana, una válvula de escape, una necesidad primaria que satisfacer. No desesperes, ya queda menos. Calculo que me quedan cinco o seis años más para empezar con el golf y continuar con la colección de palos. Ya estoy cerca de alcanzar ese nivel de paz interior que hace falta para relajarme en un campo de golf. Pero que no se aficione el cabroncete de mi hermano. ¡Feliz día de la madre! Besos.

Cara Barney