La rebelión de los modestos, por Barney

La leyenda de David y Goliat, la historia del humilde campesino que derrota al invencible gigante, es tan vieja como la humanidad. Con sus distintas actualizaciones en el cine, la realidad o la ficción, como el McFly senior derribando a Biff Tannen en Regreso al futuro, o el joven abogado recién licenciado que derrota al todopoderoso bufete de los libros de John Grisham, o en la versión patria, representada por ese Paco Martínez Soria (esta vez sin boina) que se sale con la suya en el pleito contra un banco por conseguir la devolución de la enorme cantidad de 257 pesetas (Don erre que erre, 1970, ¿no la habréis olvidado?).

El mito de David derrotando a Goliat es muy socorrido para el poco imaginativo periodismo deportivo que padecemos. Cada vez que se enfrenta uno de los poderosos contra un equipo económicamente modesto lo sacan a relucir, y ningún territorio como la Copa del Rey para encontrar enfrentamientos de este tipo. Será por solidaridad, será una cierta compasión o un deseo de justicia como en el caso de Don erre que erre, el caso es que en los enfrentamientos deportivos David vs Goliat me pongo siempre del lado del débil. Excepto cuando juega el Madrid, claro.

Pero incluso en el caso en que “los míos” compiten en el terreno de juego, soy capaz de reconocer y alabar (no digo celebrar) el triunfo del rival, sobre todo cuando hay una diferencia importante de medios o presupuestos. En aquellos años en que los grandes pasaban de la Copa, el Barça cayó frente al Figueres, la Gramanet o el Novelda, mientras que el Madrid fue eliminado por el Toledo, el Real Unión de Irún, el Alcorcón y un Alavés de Segunda División (1998). Uno nunca sabrá el efecto que tuvo esa eliminación temprana en la victoria posterior del Madrid en la Champions de esa misma temporada frente a la Juventus de Turín. Cosas que pasan en el mundo del fútbol, el campeón de Europa derrotado por un «segunda».

Recuerdo también con dolor la final de Copa del Rey de 2004 entre el Madrid de Figo, Zidane y Beckham (nunca me gustó lo de “Galácticos”) y el Zaragoza, partido jugado en Montjuic (¿por qué no se intentó en el Camp Nou?). El Madrid era favorito claro y a los 20 minutos ya íbamos por delante en el marcador, tras un zapatazo de Beckham. Pero el “modesto” se revolvió frente al grande y armado de ilusión y ganas, fue capaz de doblegar a ese Madrid con un gol de Galletti en la prórroga.

Más dolorosa fue la derrota en la Copa del Rey de 2002, el célebre (y celebrado por tantos en Cataluña) “centenariazo”. Todo estaba preparado para que el Madrid se diera un festín. Se había fijado el Bernabéu de antemano para la final (cosa que no se hace ahora y trae los problemas de siempre con el equipo que siempre quiere venir a donde sabe que no es bien recibido), y se adaptó el calendario de la temporada para que la final coincidiera con el 100º aniversario de la fundación del Real Madrid. Al equipo blanco le perdonaron incluso una ronda de eliminatorias, cosa que no sentó bien en Barcelona, donde en cambio sí les pareció bien no presentarse a una semifinal en el año 2000, o que les perdonaran la sanción posterior de un año sin jugar el trofeo. O ignorar durante dos años la clausura del campo por el lamentable comportamiento de los seguidores. La doble vara de siempre.

En fin, aquel 6 de marzo de 2002 se preparó todo como un homenaje al elegido como «mejor equipo del siglo XX»… y el Madrid pinchó. O mejor dicho, el Deportivo de La Coruña, el Super Depor de aquellos años, estuvo mucho más acertado. Posiblemente la presión pudo con los madridistas, que estuvieron muy mal, como atenazados, sin frescura alguna en las piernas. Un partido horrible, todo lo contrario de lo que se vio en los deportivistas, que corrían como aquel que no tiene nada que temer, «total, si me he colado en esta fiesta, ¿no?»

El nombre de «centenariazo» rendía homenaje a otra derrota de un Goliat de época, la todopoderosa selección de Brasil de 1950, en el partido decisivo del Mundial frente a Uruguay. El histórico «Maracanazo» provocó profundas depresiones en el país, algunos hablaban de suicidios, «nuestro Hiroshima», como lo llamó el dramaturgo Nelson Rodrígues. Cuentan las crónicas de la época que lo más sorprendente fue el silencio de los casi 200 000 espectadores que por aquel entonces tenían cabida en el estadio.

Nunca me he visto en esas, pero supongo que será la presión, la exigencia o la obligación de tener que ganar, la que hace que a los jugadores les tiemblen las piernas cuando las cosas no salen como se supone que tenían que salir: 3-0 a la media hora, y el resto del partido vamos a disfrutar y a no hacernos daño. Y la presión sin duda es mayor cuando juegas como local, delante de todos los tuyos. Le pasó a Portugal en la final de la Euro 2004 perdida ante los griegos, y le pasó a Francia en la edición de 2016 frente a los portugueses, los cuales pudieron desquitarse, por fin, de su mal sueño.

El Barça también tuvo su «Maracanazo» en la final de la Copa de Europa de 1986 disputada en Sevilla. Todo estaba preparado para que el Fútbol Club Barcelona levantara su primera Copa de Europa: el escenario, el rival, el ambiente,… Sin embargo, los que presenciamos aquel partido vimos cómo a medida que transcurrían los minutos sin que el marcador se moviera, los jugadores del Barça comenzaban a ponerse nerviosos, porque ¡ese desenlace no era el que esperaban!, y terminaron hechos unos auténticos flanes cuando llegaron a la tanda de penaltis. ¡Fallaron los 4! No acertaron ni uno. Los tiraron flojitos y mal colocados, y el portero Duckadam los detuvo incrédulo.

En aquella época la rivalidad Madrid-Barça no estaba tan encendida como hoy en día. En el 86 se había producido un hecho inédito y es que las tres finales de los torneos europeos contaban con un representante español: el Atleti en la final de la Recopa y el Madrid de la Quinta del Buitre en la UEFA. Se suponía que teníamos que ir todos con el Barça por aquello del exitazo del fútbol español, pero no me cuesta nada reconocer que según empezaron a tirar y fallar los jugadores culés, se me escapaba una sonrisa cada vez más grande, sonrisa que terminó en enorme carcajada, claramente audible en todo el vecindario.

En una final puede pasar cualquier cosa, esto es deporte y a veces la ilusión puede al talento. Para mí lo verdaderamente meritorio fue la obtención por parte del Leicester de la Premier League 2015-16, porque no fue un día excepcional, sino el triunfo tras 38 jornadas y muchos meses de competición de un equipo formado por jugadores cuyo historial echaba para atrás. Eran como los Doce del patíbulo en una misión imposible en la Alemania de los nazis.

Final de Copa del Rey: F.C. Barcelona – Deportivo Alavés

Ni que decir tiene que voy con los vascos. El Alavés es un equipo recién ascendido a Primera División cuyo presupuesto se cubre solo con el fichaje de André Gómes. No hay comparación posible entre las cifras de uno y otro equipo. Los gastos de personal de toda la plantilla y el equipo técnico no llegan ni a lo que perciben Leo Messi o Neymar en una sola temporada. Ese infraperiodismo del Diario Sport ya ha dado la final por ganada para el Barça, así que habría que preguntar a los jugadores del Alavés que para qué se molestan en presentarse al partido.

Y sin embargo, seguro que en lo que a ilusión se refiere los vitorianos ganan por goleada, así que, ¿por qué no creer en la victoria de David frente a Goliat?

La Grecia de 2004, el Zaragoza o la selección uruguaya visten de blanco y azul, así que repito: ¿por qué no? El Super Depor del centenariazo o el Oporto que conquistó la Champions en 2004 lucían rayas blanquiazules, ¿por qué no van a poder ganar al Goliat azulgrana?

Una de las finales europeas más bonitas y emotivas de la historia tuvo al Deportivo Alavés como protagonista. La Historia le debe un gran triunfo. Ocurrió en 2001 en aquella inolvidable final de la UEFA en la que cayó el modesto Alavés por 5-4 frente a uno de los grandes de Europa, el Liverpool, un equipo que apenas cuatro años después lograría la Champions. Uno de los 20 mejores partidos de la historia para el Diario Telegraph. Las ganas de los alavesistas hicieron que el partido llegara vivo hasta el último minuto. Fue una pena. En este tipo de partidos algo mágico flota en el ambiente si los jugadores creen en el milagro de la victoria, y esa magia es contagiosa. Refuerza a los tuyos y debilita las piernas del rival. Pueden darse sucesos como que jugadores torpes y toscos como Javi Moreno hasta parezcan buenos (dos goles en la final), tan bueno que lo fichó el Milán. Lo soltó al poco tiempo al comprobar su verdadera valía y acabó en el Atleti, ¡coño, como pasó con Torres!

Supongo que este sábado ganará el Barça, tras el enésimo show independentista (esteladas incluidas) en el que Iniesta, el capitán, mirará hacia otro lado como si no fuera con él. En el último enfrentamiento entre ambos equipos los culés arrasaron en Vitoria venciendo 0-6, pero yo me quedo con la heroica victoria del Alavés por 1-2 en el Camp Nou a principios de la temporada. Tiene un buen equipo, que ha mantenido la categoría sin problemas y cuenta con buenos jugadores, dos de ellos (Theo Hernández y Marcos Llorente) con más que posible futuro madridista. El entrenador Mauricio Pellegrino ha hecho un excelente trabajo acoplando jugadores de varios equipos, cedidos o descartados, y ha formado un bloque sólido y competitivo.

Sabe lo que le espera, ya lo vio en las semifinales en las que el Barça saqueó vilmente al Atleti, y la RFEF ha puesto lo mejor que tiene para una final plácida: Clos Gómez. 18 victorias y 4 empates ha tenido el Barça con el árbitro aragonés. Me cae bien Pellegrino, porque esta semana su voz se ha oído entre el silencio cómplice de la prensa que ha pasado de puntillas por encima de los dos penaltis pitados a favor del Barça y en contra del Éibar en la última jornada, una jornada que, no lo olvidemos, podía haber decidido una Liga. Ha dicho el técnico del Alavés:

«Contra el Barça hubiera estado más tranquilo con el VAR».

¡Vamos, Alavés, a por ellos, a la yugular! Sueño con una final decidida por penaltis en la que emulan Sevilla 86, marcan Llorente y Theo Hernández, y fallan Messi, Neymar, Busquets y Piqué. ¿Dónde hay que firmar?

Director de Respuestas Sarcásticas del Real Madrid, por Barney

Hace ya 25 años, por estas mismas fechas y poco antes de que finalizara la liga, el entonces presidente del F.C. Barcelona, Josep Lluís Núñez, se permitió dudar de la profesionalidad del entrenador del Tenerife, Jorge Valdano y de su portero, Agustín, ambos con pasado madridista. El portero madrileño le contestó del mismo modo que haría yo si alguien dudara de mi honradez o de mi profesionalidad: «se puede ir a tomar por culo». Sigue leyendo

El Atleti es ese vecino del tercero, por Barney

Pocas veces he visto un eslogan tan acertado, una frase que defina mejor lo indefinible, que explique lo inexplicable que resulta que un chaval, adolescente o adulto se haga del Atleti y, sobre todo, que mantenga esa fidelidad a lo largo de toda su vida. El sentimiento atlético es especial, eso no lo discute nadie, pero «especial» no significa mejor, ni superior, ni tan siquiera deseable. Simplemente es eso, especial, diferente.

El Atleti es como ese vecino del tercero al que no le va mal Sigue leyendo

A ver cómo le explico el 6-1 al chino, por Barney

Hoy se cumplen quince días desde la «histórica» remontada del Fútbol Club Barcelona frente al Paris Saint Germain, y no pensaba ya a estas alturas hablar de dicho partido, pero me lo han pedido tantos amigos y colegas que yo, alma cándida de pluma fácil, no he podido resistirme. Sigue leyendo

Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol, por Barney

Artículo Único del Reglamento de la F.C.B. (Federación Culé de Balompié): en caso de duda se pitará lo que favorezca al Barça y/o perjudique al Real Madrid.

Confieso que he tenido que acudir a este Reglamento de la Federación Culé para poder explicar las normas del juego a Ziang, un amigo chino. Es un tipo que se ha aficionado al fútbol en los últimos años, pero que no tenía ni idea del juego hasta la treintena y se le notan las carencias. Sigue leyendo

«¿Por qué? ¿Por qué?», o cuando Mou se transmutó en Barney (2ª parte)

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Tiene gracia, parece como si alguien hubiera leído la primera parte de este asunto y me quisiera quitar la razón. Preguntaba entre otras cosas por qué no se podía pitar penalti en contra del Barça, expulsar a un jugador culé o por qué los árbitros eran tan permisivos con Suárez, y apenas unos días después, en la semifinal de Copa contra el Atleti, tuve la suerte de ver dos expulsiones y un penalti en contra del Barça. Increíble, pero cierto. Y sin embargo, la sensación general del mundo del fútbol fue que se había cometido un atraco en toda regla contra los colchoneros. Así que surge la cuestión:

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¿Por qué cuesta tanto ganar en el Camp Nou?

El Dato: ya lo vimos con el Atleti hace unos días. ¿Que se expulsa a un jugador del Barça? A los dos minutos echan a uno del Atleti. ¿Que peligra la eliminatoria? Se anula un gol descaradamente o se deja un penalti flagrante sin pitar.

Según algunos medios, el Madrid llegó a estar 20 años sin ganar en el Camp Nou, desde 1983 (goles de los míticos Juanito y Santillana) hasta 2003 (goles de los no menos míticos Roberto Carlos y Ronaldo). El dato no es cierto, pero en cualquier caso no dejaba de ser sorprendente, teniendo en cuenta que por allí habían pasado grandes equipos del Madrid, como la quinta del Buitre y Hugo, o el Madrid de las 3 Copas de Europa (1998, 2000 y 2002). 20 años es mucho tiempo.

B. (de Barcelonista, Bartomeu o Bocachanclas, pero nunca de Barney): el Madrid sale a este gran estadio acomplejado, porque el ambiente es único, porque intimida al rival y porque cuesta jugar contra el millor equip del món.

M. (de Madridista, Mourinhista o Meparto-cuando-veo-a-culés-quejándose): antes de nada voy a corregir el dato. El Madrid ganó 3 veces en el Camp Nou a lo largo de esos 20 años:

  • 0-1 en la Supercopa de España en 1990.
  • 1-2 en la Copa del Rey en 1993, en un gran partido de Luis Enrique y jugando con 10 durante una hora. Este desgaste fue clave para que el Madrid perdiera la Liga en Tenerife cuatro días después, tras un mal partido apoyado por la ceguera de Gracia Redondo.
  • 0-2 en la Copa de Europa de 2002, con goles de McManaman y Zizou.

Lo que el Madrid no hizo fue ganar en Liga durante ese período. La mayoría de las veces fue, efectivamente, por jugar malos partidos, pero hubo otras que fueron… en fin, cómo definirlo sin clavar los dedos en el teclado, «sospechosamente inverosímiles». O como dijo el Cholo Simeone tras el atraco de Copa: «felicito al Barça por manejar todo muy bien«, o «tengo claro por qué tenemos siempre más opciones en Champions que en la Copa o en la Liga«.

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Para ganar en el Camp Nou no basta con jugar bien y mejor que el Barça, como se vio esta temporada, sino que además hay que luchar contra ese entorno culé que, como dice el Cholo, lo maneja todo muy bien. Este año sin ir más lejos se vio cómo el Madrid salvó en el descuento un partido que tenía perdido, pero en el que sin embargo fue mucho mejor que su rival y tenía que haber llegado al descanso con dos o tres goles de ventaja. Se cumplió la tradición según la cual el Barça no pierde cuando es Clos Gómez quien dirige la contienda.

La temporada pasada el Madrid consiguió vencer contra pronóstico un partido en el que tuvo todo en contra: el Barça era feliz con sus 10 puntos de ventaja (viento en popa hacia el récord de penaltis a favor en Liga) y todo le sonreía, Piqué era el rey del Periscope y el Madrid estaba hundido. Para colmo se quedó en inferioridad numérica, un clásico en el Clásico.

clasicoY sin embargo venció contra los 11 del Barça y el arbitraje lamentable de Hernández Hernández. El Madrid se rehízo en Liga, acabó ganando la Champions y Piqué no volvió a hacerse el graciosillo en Giliscope.

Aún hubo algún descerebrado (dicho con todo el sentido, «sin cerebro») que se quejó del arbitraje. Después del gol anulado a Bale, que es de esas cosas que no son errores. Fue tan inverosímil como el penalti pitado al portero del Betis Adán por despejar de puños el balón. Llevo muchos años viendo fútbol y esta jugada (con 0-0 en el marcador, conviene destacarlo) es de lo más vergonzoso que he visto en mi vida.

A mí no me molestan algunos errores, como por ejemplo el gol de Suárez en el Clásico, porque son muy difíciles de ver (16 centímetros después de usar un montón de cámaras). Puedo entenderlo. Lo que me cabrea de verdad son todas esas acciones que no son errores, que sí ha visto el árbitro y no se ha atrevido a señalar. Y en esos 20 años sin victorias en Liga en el Camp Nou hubo muchas.

Al final nos quedamos con el marcador, los goles y algunos detalles, como que el Madrid empató este año en el descuento. O que Raúl silenció al Camp Nou en 1999 en una de las imágenes más recordadas de la historia de la Liga, pero lo que la mayoría olvida es que en aquel partido el colegiado Díaz Vega no tuvo cojones (porque lo vio) de expulsar a Sergi por sacar el balón con la mano en la raya de gol. ¿Penalti y expulsión en la primera parte? Ni en sueños:

Desde hace años siempre que juega el Madrid en Barcelona ocurre algo, por eso es tan difícil ganar allí. Ocurrió también en aquella eliminatoria de Copa de 2012 en la que el partido acabó 2-2 y con el Madrid a un gol de la clasificación, sin duda, uno de los mejores días de la escuela culé de teatro. No puede ser que todas las jugadas dudosas acabaran del mismo lado. Una sola, Teixeira, una sola hubiera bastado para cambiar el signo.

O un año después, en la Liga de 2013, en la que se cumplió otra máxima, y es que Mascherano no hace penaltis nunca nunca, jamás de los jamases:

Otras veces el Madrid sale acobardado, como el famoso día del 5-0 cuando Mou era entrenador, pero incluso ese día el partido podía haber sido distinto si no se hubiera concedido el tercer gol en fuera de juego, o si con 2-0 se hubiera pitado este «penaltazo» de Víctor Valdés que hubiera supuesto su segunda tarjeta:

En fin, para qué insistir. Cuesta mucho ganar en el Camp Nou porque el Barça es un gran equipo, y porque hay que saber manejar todas esas circunstancias que definiera el Cholo, todo ese entorno de un equipo que representa como nada ni nadie el espíritu de la Cataluña enfrentada al «centralismo y la caverna mediática» (me parto).

¿Por qué dicen que el Barça es «mès que un club»? barca

El Dato: el lema nace a finales de los sesenta para expresar que el Fútbol Club Barcelona representa mucho más que un equipo de fútbol. Representa el sentir de muchos catalanes que reclaman su sitio frente a Madrid y frente al Madrid como su exponente de dominio deportivo.

Algunos exaltados llevan a identificarlo directamente con la nación catalana, despreciando a los demás clubes, como el Sabadell, el Nástic o por encima de todos, el Español o Espanyol de Barcelona.

B.: el Barça representa lo mejor de Cataluña frente al Estado español represor, centralista y autoritario, ese Estado que no deja de hacer trampas para favorecer al Madrid, ya desde la época de Franco. El Barça es más que un club porque se opone con su humildat y sus valors al poder de Madrit, que llega hasta nuestros días, como se ve por ejemplo en la manipulación de los sorteos.

Pero no nos gusta mezclar deporte y política, como hacen otros.

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M.: ja, ja, ja,… perdón, me sigo riendo de la foto esta y «la hora catalana». El Barça representa perfectamente a una buena parte del catalanismo, concretamente al victimista. Al catalanismo manipulador capaz de alterar la Historia y contar a los suyos una falacia inverosímil. El mismo catalanismo manipulador de sus dirigentes políticos, los cuales, si están imputados (Pujol, Mas, Homs), igual que los presidentes del Barça (Rosell, Laporta, Núñez), es por la persecución de Madrid, nunca jamás por sus delitos.

ibrahimovicPero no hay que mezclar política y deporte, aunque los partidos se conviertan en la fiesta de la estelada, y luego los dirigentes del club afirmen no estar detrás de la campaña. Mentirosos y cobardes, ¿o fue una casualidad que los líderes de los movimientos impulsores de dicha campaña se sentaran en el palco?

Y no hay que mezclar política y deporte, aunque las últimas finales de Copa se hayan convertido en el festival del independentismo y la pitada a la Corona.

Si ha habido un equipo favorecido en los sorteos, con las estadísticas y el ránking UEFA, ha sido el Barça. El problema es que algunos miden la calidad de los equipos en función del rival. El City era un equipo indigno de Champions tras caer contra el Madrid y sin embargo, cuando jugó contra el Barça cuatro meses después era «el mejor partido que se puede ver». El PSG solo es uno de los grandes de Europa cuando juega contra el Barça, y supongo que uno de los mejores de la historia después del 4-0 de esta semana. «Ya sabemos cómo funciona esto», que diría Piqué.

El Barça ha contado numerosas veces la historia del franquismo y su relación con el Madrid, hasta el punto de creérsela, cuando si hubo un equipo ayudado durante la dictadura fue el suyo. Jamás lo reconocerán. tad

No solo con Franco. Si ha habido un equipo ayudado por las instituciones durante décadas, ha sido el Barça. Igual que los madridistas somos capaces de reconocer que fue vergonzoso mantener tantos años a un antibarcelonista como Plaza al frente del Comité de Árbitros, ellos podían reconocer ciertas cosas del Villarato o la UEFA.

A finales de 2015, con la cagada Cheryshev, el Madrid tocó fondo. Escribí aquel post titulado «Un equipo irreconocible«. Pero incluso en aquel momento, se podía haber repescado al Madrid para la Copa con el reglamento en la mano. Yo no hubiera estado de acuerdo, pero existían precedentes y dudas razonables sobre la interpretación. Sin embargo, se presionó desde el Consejo Superior de Deportes, con el culé Miguel Cardenal al frente, para que no se aceptara el recurso del Madrid.

No puedo dejar de recordar el vergonzoso artículo Orgullosos del Barça, escrito por el secretario de Estado para el Deporte. Me gustaría preguntarle al ministro Montoro si él también se siente orgulloso de un club que ha sido capaz de juntar a tantos condenados por delito fiscal.

El Barça es mès que un club, seguro que sí. Pero parafraseando a Groucho, yo no sé si querría ser socio de ese club que admitiera como socios a Laporta, Rosell, Guardiola, Núñez, Stoichkov y un largo etcétera.

¿Por qué los medios destacan tanto al Barça y atacan al Madrid?

El Dato: el Barça ha sido el claro dominador de las competiciones españolas en la última década, y ha ganado cuatro copas de Europa desde 2006, anotando goles con gran facilidad.

posesion-oportunidadesB.: el Barça ha jugado como nadie en los últimos años, con un estilo único e inconfundible, marcando goles a cientos y dando un espectáculo inigualable.

M.: el Barça ha dominado… en posesión de balón, pero esto del fútbol consiste en chutar a puerta y marcar goles. Es la herencia del estilo de Guardiola. Según este gráfico (@MaketoLari), la posesión de balón no significa generar ocasiones. El Madrid chuta bastante más teniendo menos el balón.

Hace un mes el City de Guardiola perdió 4-0 contra el Everton, pero tuvo un 71% de posesión de balón. ¿Para qué? Para lo mismo que el Bayern de Guardiola cuando perdió 5-0 las semis de 2014 frente al Madrid. Más del 70% de posesión, cero goles. Sin embargo, este tipo de juego gusta a los periodistas, aunque en ocasiones, cuando no tienes a Messi en tus filas, ver cómo un córner a favor termina echando el balón hacia atrás hasta tu propio portero es un auténtico coñazo.

«Pero al menos tuvimos la posesión». Esta frase sonó ridícula por boca de Xavi Hernández tras caer eliminados por el Bayern por un marcador global de 7-0. Pero es lo que gusta a los medios, a esos tipos tan embobados con el juego de los de Guardiola, que alcanzaron las enormes y meritorias cifras de 105, 98 y 95 goles en sus tres primeras temporadas victoriosas. Grandes cifras, aunque muy lejos de los 121 goles del equipo «mezquino» del «cicatero» Mourinho.

Lo de siempre. En su día quisieron llamar dream team a un buen equipo cuyos números fueron muy inferiores a los del Madrid de la Quinta del Buitre o al Milán de Sacchi y Capello. Pero por la razón que sea, a los periodistas les gustaban más los finales de liga apretados (atracos de Tenerife y el penalti de Djukic) que las ligas que ganaba el Madrid sobradísimo. Y recuerdo cómo algunos babeaban con los tres delanteros de ese Barça que llegaba a los 91 goles en su mejor temporada, mientras criticaban al Madrid de los cinco defensas que a duras penas lograba ¡107 goles!

Pero es lo que tiene el periodismo actual: su partidismo. Qué le vamos a hacer. Últimamente he empezado a ver los partidos con los comentarios en inglés o acento mexicano, porque llevaba mal escuchar a tanto culé con un micrófono en la mano. Y leer a algunos otros periodistas, como Alfredo Relaño, que se han vuelto antimadridistas por sus litigios judiciales con Florentino Pérez.

¿Por qué nos gusta tanto el baloncesto?

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Por días como hoy, por torneos como la Copa del Rey. Por jugadores como Llull y Luka Doncic. Por este Real Madrid. Enorme, grandioso.

 

«¿Por qué? ¿Por qué?», o cuando Mou se transmutó en Barney (1ª parte)

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¿Por qué no se puede pitar penalti en contra del Barça?

diapositiva1 El Dato: en los últimos 64 partidos de liga, ¡64, casi dos ligas!, al Barça solo le han pitado un penalti en contra.

B. (de Barcelonista, Bartomeu o Bocachanclas, pero nunca de Barney): el Barça es un equipo que domina el juego, la pelota, el rival apenas pisa nuestro área. Sigue leyendo

Escuela culé de teatro, por Barney


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Termina 2016, año que será recordado por Usain Bolt, la Undécima del Madrid, la victoria de los Cavaliers,… y por la decadencia del teatro azulgrana en su modalidad de fingimiento extremo.

Me refiero, cómo no, a la botella-bomba-racimo de Mestalla. Sigue leyendo

No es solo una bandera, por Barney

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El magnífico documental de la ESPN Hermanos y enemigos (1991) nos cuenta de modo muy emotivo la amistad entre dos de los mejores jugadores europeos de baloncesto de finales de los ochenta y principios de los noventa: el croata Drazen Petrovic y el serbio Vlade Divac. El documental cuenta Sigue leyendo

Mario Mola. Y el triatlón también (Lester)

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Esta semana he tenido la suerte de charlar cerca de una hora con Mario Mola, campeón del mundo de triatlón, con Carolina Routier, triatleta olímpica, y con altos cargos de este deporte, como José Hidalgo, presidente de la Federación Española y Marisol Casado, presidente (o «presidenta») de la Internacional. Ha sido una conversación muy amena para un amante del deporte, como el que esto escribe, y una vez más, clarificadora de las diferencias que hay entre casi cualquier deporte y el fútbol.  Sigue leyendo