Con perspectiva degenero

JOHANA, 26/06/2022

A finales de 2020, publiqué en este mismo blog uno de los posts que más lectores ha tenido hasta la fecha, aquel en el que «concluíamos» que la M-30 era machista, y de manera especial los túneles. Llegué a tal convencimiento tras descargar y leer el estudio encargado por el gobierno del ayuntamiento de Madrid en 2018, un informe por el que se pagaron 52.000 euros, en el que citaba como fuentes para fundamentar su análisis unas estadísticas sobre la escasez de paseos de mujeres por los parques de la ciudad chilena de Temuco y el pensamiento de un personaje de ficción de una novela desconocida de 1970. Frente a tamaña fiabilidad de las fuentes empleadas, solo cabía asentir y aplaudir las conclusiones.

A principios de marzo de este año, poco después del inicio de la guerra de Ucrania, la ministra de Igualdad Irene Montero afirmó sin pestañear que «las mujeres son las que más sufren en cualquier conflicto bélico». En su caso no hizo falta ni siquiera un sesudo estudio que demostrara sus palabras, bastaba con ver las imágenes por televisión de esas pobres mujeres que escapaban del país cargando con sus hijos (opresión heteropatriarcal), mientras los hombres se quedaban en el país con sus amigotes para tomar vodkas, ver el fútbol por la tele y a ratos, coger unos fusiles para tratar de defender sus ciudades del avance de las tropas rusas. Si en el fondo la solución al conflicto no es tan complicada, como la propia ministra explicaba con sencillez: bastaba con poner a más mujeres a negociar la paz con Putin.

No hay ámbito, materia o problema en la vida que no tenga que incorporar o imponer la perspectiva de género en la actualidad. Algunos expertos afirman muy ufanos que se evitarían así muchos problemas, como por ejemplo, los creados por las tradicionalmente machistas Matemáticas.

Las matemáticas socioafectivas y con perspectiva de género no suponen «escribir sobre un papel rosa», como dice Clara Grima, matemática, profesora, divulgadora y una de las voces a favor de este cambio, sino combatir «el estereotipo de que las matemáticas no son para las chicas», o evitar el hecho de que «las niñas se perciben a sí mismas como peores en matemáticas». Lo cierto es que afirmar ciertas cosas acerca de la inferioridad de las mujeres en esta materia (con mejores notas en las pruebas de acceso a la universidad, por cierto) me parece de un machismo insoportable y me provoca algo parecido al nombre de esta profesora. Es el mismo machismo del que partían algunos colectivos feministas para promover el acceso de más mujeres a las carreras denominadas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics):

En los casi ocho años de existencia de este blog ya se han tocado muchos asuntos relacionados con el «machismo» latente en la sociedad: el lenguaje es machista (Horrifying palabros), incluso el hebreo si lo usas en inglés (De ofendiditos y pollaviejas), el cine es machista y solo debería aceptar la «Imposición Rider» a la hora de producir películas, el fútbol y el mundo del deporte son machistas, las políticas tributarias deben considerar la perspectiva de género en sus análisis de impacto (Populismo legislativo),… Pero también hemos tratado asuntos en los que la perspectiva de género cobra todo el sentido, como la violencia de género, la brecha salarial o las desigualdades económicas y laborales.

Con lo que no contaba es con algunos de los nuevos «actores» del machismo. Los desastres naturales, por ejemplo, que según cuentan esos mismos expertos también deben ser machistas y discriminatorios, pues «reproducen estereotipos de género».

A esta conclusión llegaron tres investigadoras del Departamento de Sociología de la universidad de Oviedo, tras analizar la ayuda prestada tras el terremoto de Lorca (Murcia) en 2011, puesto que «los hombres aparecen como protagonistas del salvamento, mientras que las mujeres son vistas fundamentalmente como beneficiarias de la ayuda masculina». Los hombres son los héroes y las mujeres, las víctimas, o algo así. No sé, yo, cuando veo una tragedia, observo unos servicios de emergencia coordinados en los que hay bomberos (y bomberas), enfermeras (y enfermeros), psicólogos y psicólogas, militares (también mujeres), médicos y políticos de ambos sexos,… Y sobre todo víctimas. Y «víctimos», ahí no hay discriminación. Creo sinceramente (y que se me perdone la osadía) que el terremoto, las inundaciones, los incendios y las pandemias no entienden de perspectivas de género.

Llegados a este punto, era inevitable que confluyeran el cambio climático y la perspectiva de género. Las Naciones Unidas tienen grupos de trabajo para analizar estas conexiones, si bien todo lo que he leído hasta la fecha no habla en realidad del cambio climático, sino de problemas culturales y sociales en países en vías de desarrollo que aumentan con las consecuencias del cambio climático. Por ejemplo, regiones en las que las mujeres trabajan en la agricultura o se encargan del abastecimiento de agua de sus familias, lugares en los que el cambio climático puede acabar provocando escasez de cosechas o sequías.

Movimientos migratorios, abandono escolar de las niñas, violencia contra las mujeres… Los países mencionados en este otro informe son Nigeria, Chad, Sierra Leona, Pakistán… Con el debido respeto, no son problemas de la lucha contra el cambio climático, sino del propio machismo existente en estas sociedades, muchas de ellas, digámoslo abiertamente, musulmanas, países que no están avanzando en derechos sociales, sino retrocediendo y dejándose llevar por el radicalismo. En las conclusiones nos indican que:

El Informe recomienda trabajar sobre cinco puntos concretos, aunque solo escriba cuatro, y me ha dado por pensar si esta mujer va a ser una de las que tiene problemas reales con las matemáticas. Bromas aparte, siempre he creído que el cambio climático y la igualdad de género eran dos luchas necesarias que deberían acometerse por separado, porque además esta mezcla afectaba negativamente a la resolución de ambas. La primera debe estar dirigida por el mundo de la ciencia, la ingeniería, la tecnología, el diseño de productos y nuevas técnicas, etc., mientras que la segunda debe analizarse desde perspectivas jurídicas, sociales o educativas, y se puede y debe avanzar mucho en las conquistas sociales en todos los países. Y todo ello es independiente de los avances tecnológicos o científicos, y de las normativas sobre emisión de gases, residuos o economía circular.

Puede que esté equivocado, ojo, por eso, cuando se presentó el estudio ¿Por qué el Pacto Verde Europeo tiene que ser ecofeminista? corrí a descargarlo antes de que lo retiraran (como hizo el ayuntamiento de Madrid con el del machismo de la M-30, por cierto).

Uno tiene que aprender de todo y de verdad que tengo la mente abierta a nuevos conocimientos, pero es que el propio prólogo, con un lenguaje inventado e incómodo de leer, estuvo a punto de hacerme desistir del intento:

Quizás sea la primera vez que leo un estudio o informe de este tipo en el que el autor explica su condición sexual, identidad de género y raza (al menos creo que quiere decir que no es blanca), factores que, por lo general, me dan exactamente igual cuando voy a leer a alguien. Reconozco que no me he leído las 151 páginas porque tiene partes infumables, pero sí los capítulos que me interesaban, que eran los que podían relacionar el cambio climático con la perspectiva de género, porque trato de entenderlo. El Informe defiende justo lo contrario de lo que indicaba yo en los párrafos precedentes: «buena parte de las políticas medioambientales ignoran el género (…) y el Pacto Verde Europeo no es ninguna excepción. Se centra fundamentalmente en resolver los problemas con soluciones tecnocientíficas, a pesar de que lo que realmente necesitamos son respuestas transformadoras desde el punto de vista social». De verdad que hay párrafos que me parecen propios de gente obsesionada con las diferencias entre hombres y mujeres, o de meter un ideario sobre asuntos que no tienen nada que ver: comienza con los movimientos LGBTQ+, luego los LGBTQIA+, luego desaparece la A, pero, ¿no estábamos hablando de cambio climático?

Yo creo que hace falta que cada uno trabaje en su especialidad y que los fondos públicos, ya sean europeos o nacionales, se destinen a su mejor uso posible. Los Fondos Next Generation no son regalos de la Unión Europea, sino préstamos que habrá que devolver con los rendimientos generados en actividades productivas, no en financiar tanta comisión de estudio para decirnos que los tornados o los terremotos son machistas:

Ya lo están consiguiendo. Resulta casi imposible enfrentarse con esta corriente, que a mí me parece un negocio, como el de los que han montado este informe con frases delirantes. Digo más, por mucho que consigan fondos de la Unión Europea (una pena el despilfarro), no creo que me vean utilizando el término «todes»:

Es tal el ideario de términos y explicaciones sobre identidad de género que cuando llega el capítulo en el que tienen que opinar sobre los efectos de determinadas sustancias químicas sobre las mujeres, caen en el hecho de que llevan páginas explicando que sentirse mujer es algo ajeno a los genitales o al propio cuerpo, así que tienen que aceptar el «convencionalismo» de que un cuerpo tenga anatomía femenina o masculina. Ay, la química, esa otra machista y tránsfoba.

Después de leer algunos capítulos y revisar el índice del Informe, comprobé que de lo que menos había aprendido era de cambio climático, una pena el tiempo invertido. Y el dinero de los impuestos de todos, desperdiciado. Esta semana entrante, sin ir más lejos, se presentan en Europa algunos de los siguientes asuntos:

  • Propuesta de modificación del Régimen de Comercio de derechos de emisión.
  • Unificación de normas estándares de CO2 para turismos y furgonetas.
  • Propuestas previas al consejo de Energía del martes sobre los enfoques de la Directiva de Energía Renovable y la Directiva de Eficiencia Energética.
  • Estudio sobre los mecanismos de ajuste de carbono en frontera.
  • Durante la jornada organizada por Business Europe, se analizará la Estrategia de químicos para la sostenibilidad. En particular, los Reglamentos europeos REACH y CLP.
  • Diversos avances del Fondo Social por el Clima.
  • Propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo sobre los requisitos de diseño ecológico aplicables a los productos sostenibles.

Y estas son solo algunas de las iniciativas en marcha, hay muchas más. Ninguna ha tenido en cuenta a los zurdos, ni a la gente del Athletic de Bilbao. Si a los temas mencionados le aplico la perspectiva de género, quizás degenero la propia perspectiva del debate.

Temporadón. A pensar en la siguiente

BARNEY, 21/06/2022

Si nos atenemos a lo que decían los «expertos» al principio de la temporada, la 2021-22 no pintaba bien para el Real Madrid, ni en fútbol, ni en baloncesto. Las plantillas estaban envejecidas y no se habían renovado de manera adecuada, los entrenadores Carletto y Laso eran cuestionados (¿y cuándo no lo han estado?) y el club no invertía más porque todo se centraba en la renovación del estadio. Ambos equipos podían competir por los trofeos nacionales, pero «no les daba» para Europa.

En los momentos complicados que suelen pasar todos los equipos a lo largo de un año, los más cautos comentan/comentamos que «las notas se ponen al final de la temporada», cuando las competiciones han concluido y se puede valorar el éxito o fracaso de los equipos. Este domingo pasado concluyó la Liga ACB de baloncesto con el brillante triunfo del Real Madrid sobre el F.C. Barcelona por 3-1. La Liga número 36:

Esta es la foto que subió el Real Madrid a sus redes sociales, en la que se muestra la plantilla que ha logrado ganar la Liga y la Supercopa de España, y que perdió en los últimos segundos la Copa del Rey y la Euroliga. En los meses de febrero y marzo, cuando el equipo acumuló una racha de 15 derrotas en 20 partidos, nadie daba un duro por este final de temporada. Si observamos la foto, en ella aparecen 16 jugadores: dos fueron apartados por Laso tras la juerga de Atenas (Trey Thompkins y Thomas Heurtel) y otros tres han sufrido lesiones de gravedad que los han apartado de la final (Randolph) o de varios meses de competición (Alocén y Williams-Goss). Para colmo de males, el entrenador Pablo Laso sufrió un infarto hace tres semanas, lo que hizo que el equipo fuera dirigido durante toda la final por su segundo, Chus Mateo. Alberto Abalde apenas ha podido disputar unos minutos durante la final por una lesión y Llull jugó tocado tras perderse el primer partido.

La capacidad de supervivencia y de reinventarse de este equipo es infinita. Esta temporada nos ofrecieron otro de esos momentos únicos del deporte, de los imprescindibles aunque finalmente no tuviera repercusión por la anulación de los resultados contra los equipos rusos. Me refiero al partido frente al CSKA de Moscú que la Euroliga no quiso cancelar por el positivo en covid de ocho jugadores del primer equipo. Aquel partido se jugó con cinco seniors (Tavares, Llull, Rudy, Williams-Goss y Taylor) y varios juniors en pista (Klavzar, Garuba, Vukcevic y Baba Miller). Y se ganó al todopoderoso equipo ruso de Shved, Kurbanov, Clyburn, Shengelia… El ejercicio de unidad frente a la adversidad de este equipo no tiene parangón (Orgullo blanco).

Con el triunfo en la Liga, Pablo Laso conquista su 22º título como entrenador, y lo hace a lo grande, tras derrotar con claridad a un Barça que llevaba un parcial de 11-3 con Saras Jasikevicius al frente, justo antes de la Final Four. En los cinco partidos posteriores, cuatro victorias para los de Laso y una sola para los culés, la del pasado miércoles, que contó con uno de esos arbitrajes de vergüenza en el que se vieron cosas inéditas, como que un bofetón a Causeur se saldara con triple y técnica a favor del Barça, o que se pitara personal en la jugada decisiva cuando el Madrid había capturado el rebote, no cuando teóricamente se había cometido. Vistas las imágenes varias veces y desde diferentes ángulos, no se aprecia contacto alguno. Cosas que pasan en ese «clásico» error de los últimos segundos en el Clásico del baloncesto.

La nota de la temporada solo puede ser un sobresaliente y no se alcanza la matrícula por los errores del último minuto en la final de la Euroliga. Una auténtica pena. Pocas veces he visto tan clara la posibilidad de ganar este título tan complicado (que se lo digan a Mirotic). Apenas ha acabado la temporada y las celebraciones por los éxitos y ya toca pensar en la próxima, en la que Alberto Herreros y Juan Carlos Sánchez llevan tiempo trabajando:

  • Jeffery Taylor: todo indica que no continuará en el equipo después de siete temporadas. Nunca estuvo entre mis jugadores favoritos, pero hay que reconocer lo mucho que aporta en defensa, así como con su famoso triple desde la esquina. Su exhibición en defensa en el tercer partido fue brutal y acabó exhausto. Un gran aplauso por sus años aquí, es uno de esos imprescindibles en una plantilla campeona, un jugador de equipo, que siempre aporta.
  • Fabien Causeur: no ha renovado todavía y es algo que espero que el club solucione pronto, porque, como se vio el domingo en el partido decisivo de la serie, pocos jugadores tienen su sangre fría para decidir en el tramo final. Cumplió 35 años durante la final de la ACB y a mí me encantaría que siguiera.
  • Llull y Rudy: durante muchos tramos de la temporada, multitud de aficionados madridistas han pedido que se les corte ya, que dejen paso a jugadores más jóvenes porque las piernas no les dan para competir al máximo nivel. Yo seguiría con ellos al menos un año más porque aportan mucho a la plantilla en cuanto a experiencia y saber enfrentar determinadas situaciones, ejercer de capitanes y líderes, no solo organizar barbacoas. Rudy (37 años) siempre ofrece un extra en defensa, es de los jugadores más inteligentes que existen para predecir por dónde va a ir el balón, y Llull (34) es el termómetro anímico del equipo. ¡Llull, Llull, Llull, Llull! Nunca le tiembla la mano para asumir responsabilidades. Junto con Causeur, los viejos rockeros que se resisten a dar su último concierto.
  • Heurtel y Thompkins: tendrán que salir y son dos jugadorazos. Lo del francés no extraña a nadie, puesto que ya salió mal de Vitoria y Barcelona, pero lo del norteamericano sorprende, en especial tras el cariño que mostró Laso con él y su situación personal en 2018.
  • Randolph: sinceramente no creo que vuelva. Tras superar la rotura del tendón de Aquiles y un año entero de baja, parecía haber vuelto a un nivel aceptable, aunque nunca el que mostró antes de la lesión. Ahora, tras la rotura completa del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y a punto de cumplir 33 años parece difícil que regrese a un buen nivel. Habrá que planificar sin contar con el bueno de Toñejo.
  • Adam Hanga: reconozco que su fichaje hace un año no me produjo una ilusión especial, pero los entrenadores saben mucho más que nosotros, los simples aficionados con ínfulas, y el húngaro ha sido fundamental para el título, para suplir todas las ausencias en el puesto de base. Parecía que en el intercambio Laprovittola-Hanga había salido ganando el Barça y sin embargo, en la final, el madridista ha sido claramente superior al argentino en todas las facetas del juego. Que siga, claro que sí, otro veterano (33 palos).
  • Tavares, Poirier, Gaby Deck, Yabusele, Abalde: con estos cinco al fin del mundo. Intensidad en defensa, calidad en ataque, edades idóneas que aúnan juventud y experiencia, y hambre, mucha hambre de títulos.
  • Alocén y Williams-Goss: una de las grandes dudas para la próxima temporada está en el puesto de base. El zaragozano es joven y tiene mucho que aportar, pero habrá que ver cómo vuelve de su grave lesión. El norteamericano no me convence, aunque Laso haya sabido sacar partido de su juego en momentos puntuales. Habría que empezar a dar minutos a Juan Núñez (18 recién cumplidos), quien ya ha demostrado tener calidad de sobra en los pocos minutos con los que ha contado.
  • Altas: se comenta que el Madrid ya tiene atados a Mario Hezonja y Dzanan Musa para la próxima temporada. Si así fuera, son dos grandísimos fichajes que complementarían una plantilla que tiene que iniciar otra renovación, la enésima. Musa tiene solo 23 años y ha sido el MVP de la pasada Liga ACB con el Breogán, pero eso no significa nada cuando entras en una plantilla como la del Real Madrid. Laprovittola también fue MVP con el Joventut y le costó mucho ganarse minutos con Laso. En cualquier caso, dos muy buenos fichajes. En cuanto al puesto de base, todo parece indicar que el Madrid puede tener cerrado al Chacho Rodríguez, una de mis debilidades de la etapa anterior de Laso, pero acaba de cumplir 36 tacos y no sé si es lo que la «renovación» de la plantilla requiere. Por otro lado, parece que el Madrid espera un gesto del Facu Campazzo para volver a Europa y a sus 31 años, tras haber sido el mejor base de Europa y con la experiencia de dos años en Denver, sería el base perfecto para completar una plantilla brutal. Veremos qué fichajes se concretan de estos cuatro, y si hay hueco y minutos para los prometedores jóvenes que ya han debutado con el primer equipo: Vukcevic (cedido al Partizan de Belgrado), Klavzar (solo le he visto en el partido del CSKA y me pareció otro gran proyecto de jugador), Garuba y Spagnolo.

Ancelotti y el equipo de fútbol

Que «el tiempo pone a cada uno en su sitio» es una frase que encaja como pocas en lo que viene siendo el Real Madrid y la opinión que del club tienen los periodistas deportivos patrios, los autoproclamados mejores del mundo. Que al Barça le iba a costar digerir la salida de Messi lo sabíamos cualquiera. También se sabía que contaba con muy poco margen de maniobra, dado que, entre el estratosférico salario del argentino, el del resto de capitanes y veteranos (Piqué, Sergio Roberto, Busquets, Ter Stegen y Jordi Alba) y los fichajes equivocados de los últimos años tenía la caja más esquilmada que cualquier equipo de Primera o Segunda descendido por deudas (Reus, Elche), así que los medios se volcaron con la cantinela de decir que el Atlético de Madrid tenía la mejor plantilla de España.

Que el Madrid no se había renovado de manera adecuada, que había apostado todo a Mbappé y se había quedado sin fichar (a mí me encantan Álaba y Camavinga) y que Carlo Ancelotti era un entrenador jubilado que venía a Madrid a disfrutar de un plácido retiro. El Barça empezó a pinchar, como se esperaba, pero ese súper Atlético de la mejor plantilla, también, así que los periodistas cambiaron casi al unísono a otro de sus mantras: «al Madrid le da para competir en España por lo mal que están Barça y Atleti, pero en cuanto salga a Europa tiene muy poco recorrido, si hasta el Sheriff Tiraspol los ha humillado en el Bernabéu». Ahí están las hemerotecas y los audios de Richard Dees. Decenas de minutos de radio dedicadas a menospreciar al trabajo de uno de los entrenadores más laureados de la historia. Que si tiene ideas antiguas, que no rota a los jugadores y en febrero se le va a caer el equipo, que la temporada es muy larga y no va a llegar, que lleva de segundo a su hijo en un caso claro de nepotismo…

No escuché nada similar de Xavi Hernández cuando se trajo a Barcelona a su hermano como parte de su equipo técnico. O del Cholo Simeone cuando convocó a su hijo Giuliano y lo hizo debutar. Si no hay ningún problema cuando hay calidad o trabajo, el problema es el doble rasero de la prensa. Siempre.

El Real Madrid ganó la Supercopa tras derrotar al Barça y al Athletic, se llevó la Liga de calle, con cuatro jornadas de antelación pese a competir con la todopoderosa plantilla del Atleti (a 15 puntos) y se llevó la Champions más inverosímil y disfrutable que hayamos visto nunca. La quinta desde 2014, una animalada. Para este escribidor/espectador que tardó 28 años en ver su primera Copa de Europa, y que había llegado a pensar que quizás no la disfrutaría nunca, esta Orejona, la octava que he presenciado, ha sido quizás la más gozosa, junto con la de Ámsterdam en el 98.

En el año en el que Ceferin y su colega Al Khelaifi quisieron expulsar al Madrid de la competición, en el que los clubes-estado se convencieron de que podían campar a sus anchas (las sanciones al PSG y al City quedaron en nada), cuando nos contaban que la mejor competición posible era la Premier y que su poderío físico y técnico iba a destrozar a este Madrid avejentado, en ese escenario improbable, el Madrid resultó vencedor en una serie de remontadas memorables. Llevándose por delante al Catar Saint Germain y a lo más granado de la Premier: Chelsea, Manchester City y Liverpool.

El Madrid ha ganado con aroma a fútbol de los de antes, sin tanta especulación ni análisis de datos sobre ocupación de espacios y porcentajes, y de camino al éxito le ha hecho un gran favor a la propia UEFA, pues ha logrado la mejor publicidad posible a su competición. Aparte de la enésima demostración de que el dinero no lo es todo, y menos en el deporte. Las notas a final de temporada y con tres títulos logrados de los cuatro en juego, forzosamente tiene que ser una matrícula de honor.

Pero este equipo no descansa y ya está pensando en la siguiente temporada. Una vez que el emir de Catar se pasó por España repartiendo inversiones y siendo agasajado por ministros y empresarios, ah, perdón, que esto es un artículo de fútbol… una vez que los petrodólares cataríes consiguieron convencer a Mbappé de que no fichara por el Madrid (el PSG anuncia pérdidas cercanas a los 300 millones de euros en la temporada 2021-22 sin contar con los nuevos emolumentos de Kylian), el club blanco anunció los fichajes del alemán Antonio Rüdiger y del francés Aurélien Tchouaméni. El primero con la carta de libertad y el segundo tras desembolsar 80 millones de euros. Para los periolistos que se han atrevido a comparar este desembolso con el de los clubes-estado por un centrocampista de 22 años, habría que enseñarles un poco de cultura económica en primer lugar, y ya después, recordarles que son periodistas supuestamente imparciales que deberían quitarse el palillo antimadridista de entre los dientes antes de esputar aberraciones.

El Real Madrid está en el puesto 25 en el desembolso neto (fichajes menos ventas) en las últimas diez temporadas. Su masa salarial está ajustada a sus ingresos y no desbordada como en el caso del PSG o el Barcelona, y para hacer hueco a estos jugadores ha sabido dejar salir antes a otros. Esta temporada libera los (elevados) salarios de Isco, Bale y Marcelo. Siento la salida de este último (aunque era lo mejor), siento mucho que no se haya podido recuperar el rendimiento del galés, al que me harté de defender en este y otros foros, y no siento nada la marcha del malagueño. Lo mismo que no sentí las de Ramos y Varane (¿alguien se ha acordado de ellos este año?) o de igual modo que no sentiría las de Dani Ceballos o Marco Asensio, para mí, uno de los bluffs de esta plantilla. Me desespera, lo siento.

Con Modric, Casemiro, Kroos, Valverde, Tchouaméni y Camavinga tenemos un centro del campo potentísimo al que se pueden sumar Álaba e incluso Lucas Vázquez de manera ocasional. En defensa tenemos un muro con Militao, Rüdiger, Álaba, Mendy y Nacho, que siempre acaba siendo fundamental. El lateral derecho es el que más flojeaba, pero Carvajal ha tenido un último tercio como no se le veía desde hace años. Ojalá se mantenga sin lesiones, porque la alternativa, Odriozola, si finalmente vuelve de la cesión, tiene carencias defensivas y no convence.

Los expertos dijeron hace un año que Courtois no estaba ni entre los diez mejores porteros del mundo. Pues bueno, si esos son los expertos, yo soy un entendido en botánica y me parece perfecto que esa gilipollez la siga creyendo el resto del mundo. Yo no recuerdo un portero igual en mi vida, y lo dije ya cuando jugaba en el Atleti.

Así que la plantilla tiene muy buena pinta a falta de ver qué ocurre con la delantera: Karim Benzema, Vinícius Jr., Rodrygo y ¿Hazard? Con lo que me gustaba el futbolista belga, no sé si seguir esperando su resurgir. Son muchos años ya, casi tantos como los que pasé esperando que Gareth Bale volviera a ser el Gareth Bale de las primeras cinco temporadas. Parece que Jovic saldrá cedido y Mariano no se va ni con agua caliente (nunca entenderé a los jugadores con edad de disfrutar de minutos y juego que se acomodan). Quizás no vendría mal otro delantero goleador puro, pero creo que no hay nada por menos de 100-150 millones de euros, y Florentino ya ha dicho que no va a haber más fichajes (¿y si hubiera salidas con buenas ventas, como Asensio o Jovic?). Lo que parece claro es que no vas a traer a nadie por ese importe para tenerlo de suplente, así que sería el momento de confiar en la cantera: Latasa. Lo prefiero mil veces a opciones que han sonado como Gabriel Jesús o recuperar a Cristiano Ronaldo para una temporada. Mi gran duda es: ¿aguantará Karim a ese nivel? Yo digo que no, que mejorará, como hace año tras año.

Aquí lo dejo. Este aficionado está muy satisfecho, tanto con la temporada que finaliza como con la que está por venir, tan contento que me he puesto a jugar a director deportivo. Lo mismo que cualquiera de esos expertos que, vistas las hemerotecas, no creo que sepan mucho más que la mayoría de nosotros.

Colgar las botas

LESTER, 11/06/2022

Llevaba toda la temporada dándole vueltas a este momento y el domingo pasado por fin llegó: cuelgo las botas. Dejo el fútbol. Alguno de los cabroncetes que juegan conmigo seguro que piensa que fue el fútbol el que me dejó a mí hace años, pero ahí he seguido, dando guerra hasta los 52 tacos. He sido un privilegiado. Las lesiones me han respetado todos estos años y eso, sin duda, ayudó a esta longevidad. Muchos de mis compañeros tuvieron que dejarlo antes por problemas en las rodillas, meniscos, tobillos, cartílagos, espalda… cada convocatoria era un repertorio de dolencias y molestias que invitaba a la huida. O a la risa, que también: «estáis mayores», les decía. Seguramente algo hice bien para prepararme y aguantar las tarascadas y los golpes, que a partir de cierta edad uno se resiente. Y aunque trato de disimular en la oficina, los días posteriores a un partido me duelen los muslos, la espalda, las costillas y los innumerables sitios en los que haya podido llevarme un golpe ese fin de semana. No ando como Robocop por placer, compañeros. Con veinte años te recomponías en un segundo (sobre todo si tu chica estaba presenciando el encuentro) y al día siguiente ni te acordabas de dónde te habían golpeado. Pero desde hace años no, el cuerpo me estaba diciendo algo y yo me resistía a escucharlo.

Desde el año 87 he participado con regularidad en ligas de todo tipo, 35 temporadas con los únicos parones de la pandemia y del año que estuve a medio camino entre Marbella y Madrid. Algunos años jugaba en dos campeonatos diferentes al mismo tiempo, uno entre semana y otro los fines de semana. Hasta tres en un par de años de locura. Ligas de barrio, en la universidad, equipos de antiguos alumnos, de empresa, de fútbol 7, 8 y 11, fútbol sala, en campos de la Alameda de Osuna, Vicálvaro, Vallecas, Torrejón, Mijas, Fuengirola, San Pedro de Alcántara, Alcalá de Henares o Fuenlabrada, en mil sitios. Siempre ligas seniors, nunca quise asumir que la lógica me llevaba a las ligas de veteranos. En los campos en los que he jugado nos mezclábamos adolescentes, veinteañeros, treintañeros, cuarentones y (pocos ya) de mi quinta.

He disfrutado mucho todos estos años. Mucho. Albert Camus, antes de lograr el Nobel de Literatura en 1957 jugó como delantero durante su juventud hasta que una tuberculosis lo debilitó y lo llevó a continuar su «carrera» de aficionado como portero, y siempre decía que, de haber podido elegir entre las letras y el fútbol, escogería sin duda lo segundo. También nos dejó una de mis frases favoritas sobre este deporte:

“Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”.

Siempre que en las empresas se plantean cursos sobre gestión de equipos o liderazgo, pienso que no hay mejor escuela que un equipo de fútbol. O de baloncesto, balonmano o rugby. Los que tengáis hijos pequeños, permitidme este consejo: apuntadlos a deportes de equipo, aunque luego se decanten por alguno individual. En un equipo de fútbol aprendes como en ningún otro sitio sobre gestión de egos, cómo abandonar el individualismo por el bien colectivo, sobre la solidaridad con el grupo, la preparación, cómo tratar de dar tu máximo, a alegrarte con los éxitos de tus compañeros o cómo aprender de tus errores para mejorar. No por ti, sino por tus compañeros, a los que quieres ofrecer tus mejores prestaciones.

De hecho, cuando menos he disfrutado ha sido cuando he jugado en equipos en los que no existía ese buen ambiente de compañerismo y camaradería que normalmente he encontrado en los terrenos de juego, cuando no jugué rodeado de amigos con los que luego te ibas a tomar una cerveza. O varias. Cuando he jugado con gente que vivía anclada en el reproche aunque luego sus decisiones no eran las que convenían al equipo. ¡Camus era un sabio! Y claro que hay tramposetes, como en la vida misma, gente que trata de engañar a la autoridad, o que te la hace por detrás y nunca de frente, o jugadores cuyo estado natural es el confrontamiento. Abandoné una liga en la que disfrutaba como un enano (y no como el cuarentón que era) el día que pegaron a un árbitro muy cerca de mí, ¿qué se me había perdido allí, o separando veinteañeros en las continuas tanganas que se formaban?

En el fútbol he hecho grandes amigos, gente del barrio en su mayor parte, o compañeros con los que coincides en un momento dado de tu vida y los quieres siempre a tu lado, en la defensa o en el centro del campo. Cuando publiqué mi primer libro de relatos (Relatos de un tiempo fugaz), varios lectores me dijeron que algunos parecían autobiográficos, y yo dije que solo uno lo era. Nadie adivinó cuál. Y era precisamente Remontada, sobre un equipo de barrio y un compañero, Alberto, que falleció con 23 años. Hay mucho de verídico en aquel texto. Como en aquel relato se contaba, he tenido la suerte de jugar con dos de mis hermanos e incluso, años después, con mi hijo durante cuatro temporadas. Una gozada auténtica, soñaba con una rosca perfecta a la cabeza de mi hijo que me gritaba «Papá, Papá» desde el centro del área y este remataba a la perfección, ilusiones que, con pequeños matices, cumplí (mis roscas dejaron de parecerse a las de Michel hace décadas).

El fútbol siempre ha servido para acercarnos a la gente y tener un nivel algo más que aceptable me ayudó siempre a disfrutar y hacer que los demás disfrutaran más esos momentos. En Bolivia organizamos partidos con los chavales de las escuelas cercanas que venían al Hogar Teresa de los Andes a pasar las tardes con nosotros y en Ecuador organizábamos partidos callejeros en el pequeño pueblo de Mascarilla. Una pelota y poco más. Ganas, sobre todo. De allí salió también uno de mis textos favoritos, Agua o fútbol, sobre la curiosa contradicción de unos pueblos con problemas de agua potable, pero con unas fantásticas canchas de fútbol de coste superior al de una depuradora para los vecinos.

En los distintos trabajos por los que he ido pasando a lo largo de todos estos años no ha habido lugar en el que no haya surgido una pachanga, un torneo de empresa, un equipo para una liga organizada. Hace años me di cuenta en uno de estos campeonatos del poder «democratizador» del fútbol, de su virtud «igualadora». Jugábamos una liga entre los distintos centros de trabajo de la empresa: nosotros, que éramos los de la Central, y gente de Fuenla, Rivas, Alcalá, Leganés… En uno de los equipos contrarios había un tipo que se pasó todo el partido repartiendo estopa, atizándonos a todos los que osábamos pasar por el medio del campo. En una de estas le dije que se controlara un poco que íbamos a acabar haciéndonos daño y me contestó:

– Es que ustedes, los de la corbata, vienen aquí a vacilarnos.

Me salió del alma la respuesta:

– ¿Corbata? ¡Pero si aquí estamos todos en pantalón corto, amigo!

No sé si sirvió de algo, pero creo que rebajó un poco las hostialidades. Todos somos iguales en pantalón corto, once contra once con las mismas reglas. Cada uno con nuestras fortalezas y nuestras debilidades, ahí no hay rangos ni escalafones, y se respeta la integridad física de compañeros y rivales. Nunca he ido a hacer daño. Y todo el que ha jugado al fútbol sabe cuándo un rival va a hacer daño. Cuando ves un partido por televisión con amigos o en un bar se nota mucho por los comentarios quién ha jugado al fútbol y quién no, y hay periodistas y «piperos» que creo sinceramente que no le han pegado jamás a un balón. Cuando esta temporada empezaron a opinar sobre los pisotones, que si eso era roja, que si la intención, que si tal… te dabas cuenta de que ni uno solo se había calzado jamás unas botas, ni sabía distinguir una jugada de otra. Este es un «regalo» que me dejaron a mí esta misma temporada, un taco cerca del gemelo que me rascó toda la pierna. No hubo mala intención, solo mala suerte, pero de haber existido el VAR en los campos en los que juego, esa entrada habría parecido escandalosa y cualquier juntaletras habría empezado con la cantinela «¡roja! ¡Criminal!»:

Y no era así, ni mucho menos, hay mucha más nobleza de la que algunos creen en este deporte. Lo he pasado muy bien, he aprendido mucho, he conocido gente estupenda, mucha más que desalmados carniceros, y ahora toca dejarlo. La mejor despedida de un deportista que recuerdo, al menos la más emotiva, es la del Dear basketball de Kobe Bryant, aquel corto que se llevó un Óscar en 2017, con música de John Williams. Yo no he dado mi vida al deporte, ni mucho menos, pero sí tiene grandes frases, de entre las cuales me quedo con esta:

«My body knows it’s time to say goodbye. And that’s OK.

Mi cuerpo sabe que es el momento de decir adiós. Y eso está bien».

Kobe Bryant

Gracias, Papá, por inculcarnos ese amor al deporte, por insistirnos en que saliéramos de la cama y nos fuéramos «a hacer deporte», ya fuera con una raqueta, un balón de fútbol o uno de baloncesto. Gracias, Mamá, por tu infinita paciencia con esos chavales que desde los doce años jugábamos en campos de tierra, auténticos lodazales cuando llovía. Sabías que el fútbol, y no la música, es lo que amansa a las fieras. Gracias a todos los que habéis jugado conmigo todos estos años, y a los que me habéis aguantado como rival, «ese pesao que no paraba de correr». Lo hemos pasado realmente bien. E igual que Chicho Ibáñez Serrador se resistía a enterrar el Un, dos, tres año tras año («clave usted unas puntas sobre el ataúd… pero no muy fuertes por si acaso»), yo no voy a deshacerme todavía de las botas. Tras el maratón que espero correr en diciembre, quién sabe si podré resistirme a un The Last Dance a partir de enero. Aún me veo joven, fuerte como un Miura, concretamente como ese japonés que se resiste a colgar las botas.

Relatos de fútbol

El bigote de Kim

Tarde de Reyes

Los viejos rockeros

BARNEY, 05/06/2022

Los Rolling Stones han ofrecido un conciertazo esta semana en el Wanda, y he vuelto a escuchar, como la última docena de veces al menos, que «quizás sea el último que dan», o «puede que esta sea la última vez que los Stones se van de gira». No estuve en el concierto, pero sí he visto imágenes de la actuación y he leído alguna crónica, y parece que The Rolling Stones volvieron a estar enormes sobre el escenario. Lo dieron todo y mostraron una energía más que envidiable para gente de cualquier edad. Esas bandas aburridas y funcionales que abundan en los escenarios deberían ponerse en bucle los vídeos de Mick Jagger (78), Keith Richards (78) y Ronnie Wood (75) actuando como si no hubiera un mañana. Porque puede que no lo haya.

No voy a caer en el tópico de «los viejos rockeros nunca mueren», porque precisamente uno de ellos, el batería Charlie Watts, demostró hace un año lo contrario, pero sí voy a incidir en la excepcional maravilla que es contemplar a un viejo rockero dándolo todo. Dejándose la piel. Haciendo cosas impropias de su edad cuando, además, no tiene esa necesidad de demostrar nada. Como Rafa Nadal. Como Luka Modric. En una de las crónicas sobre el concierto del Wanda leí «qué manera de moverse y qué manera de tocar», frases que encajan como un guante a los dos deportistas mencionados.

Rafa Nadal disputa hoy su 14ª final de Roland Garros. Desde 2005 apenas ha fallado a una cita que suele coincidir con la semana de su cumpleaños, con la semana en que el calendario le recuerda que quizás sea el último título, quizás la última participación en una final. Pero ahí está, de nuevo. El viernes cumplió 36 años y se enfrentó al alemán Alexander Zverev en una semifinal que estaba siendo épica, espectacular, un duelo de cañonazos entre uno de los jóvenes elegidos y «el viejo rockero» que no da su brazo a torcer. Tres horas y trece minutos y aún no había finalizado el segundo set. Si el físico de algún tenista tenía que decir «basta», lo lógico sería pensar que lo hubiese hecho el del manacorí, que acumula un cuadro de lesiones y dolencias que asusta.

He visto muy bien a Rafa Nadal en los partidos que he podido ver esta semana. No creo que otro tenista hubiera aguantado el repertorio de cañonazos a las líneas de Sasha Zverev, quizás solo Djokovic habría sido capaz de no perderle la cara a este partido. Zverev jugó uno de los sets de su vida, tuvo cuatro bolas de set y sin embargo, se sentó en la silla tras el tie-break del primero para contemplar atónito que iba por debajo en el marcador. Ya en su día titulé Incombustible Rafa para definir al de Manacor. Cada año aporta nuevos golpes a su repertorio o mejora algunos de los que tiene. Ahora arriesga más en algunos momentos para no alargar innecesariamente los puntos, sabedor de que las piernas no muestran la misma exuberancia que diez o quince años atrás.

Lo que no dan las piernas, lo aporta ahora la experiencia. 36 años tiene también Luka Modric. Otro que parece haber hecho un pacto con el Diablo. Si los Rolling Stones se autoproclamaron Sus Satánicas Majestades, o cantaron por todo el mundo Sympathy for the Devil, debemos creer que algo de cierto habrá en ello. Cuando ya muchos lo daban por retirado, no apto para la velocidad de juego del fútbol actual, nos ha regalado una temporada espectacular, repleta de momentos épicos, maravillosos, de golpeos que nos hacen recordar con tristeza que «quizás sea el último», la última temporada. Todos tenemos en mente el excepcional pase con el exterior a Rodrygo que nos devolvió a la vida frente al Chelsea (minuto 80, casi nada), pero para mí la jugada de la Champions es esta otra en la que el croata recupera un balón, corre cuarenta metros perseguido por esos fortachones centrocampistas del fútbol moderno, da un gran pase en profundidad a Vinicius Jr. y culmina la jugada con una asistencia con caño incluido para que Benzema iguale la eliminatoria:

Modric ha disfrutado esta temporada como pocas otras. Y se ve con fuerzas para seguir un año más. Rafa Nadal ha hecho varias declaraciones en los últimos meses sobre lo que le cuesta seguir adelante, pelear cada punto y cada trofeo. Con dolor en todo el cuerpo, con molestias para caminar y llevar una vida normal. Pero ahí está. Comenzó la temporada ganando el Open de Australia con una remontada espectacular a Daniil Medvédev, desafiando toda la lógica y pasándose por el forro lo que la estadística pronosticaba. El talento desafía a la lógica, al Big Data.

Hace un año, Novak Djokovic eliminó a Rafa Nadal en su pista favorita, en la Philippe Chatrier de París. Hace un año también, el Chelsea demostró al Real Madrid que no podía competir con el fútbol inglés con ese centro del campo envejecido (Casemiro-Kroos-Modric). Pero los viejos rockeros han demostrado tener aún una marcha más, han sido capaces de progresar, de mejorar sus prestaciones. El miércoles pasado, Rafa Nadal eliminó a Nole en cuatro sets y otro partido memorable. El Real Madrid se ha llevado por delante a lo mejor del fútbol inglés sin cambiar apenas nada de su centro del campo. Chelsea, Manchester City y Liverpool. Lo mejor de la Premier. Quizás lo mejor de Europa. Y cuando muchos decían que Modric no aguantaría la prórroga frente al Chelsea de Kanté, Kovacic o Mason Mount, el croata ofreció otra clase maestra de temple, posicionamiento y saber estar.

Quizás una de las ventajas que da la edad en el deporte es la madurez, la experiencia para saber distinguir los momentos y no ponerse nervioso en situaciones que invitan a ello. Cuando uno ha estado al borde del abismo, cuando ha mirado hacia abajo varias veces, como Nadal, o como el Real Madrid en esta temporada histórica, sabe que puede pasear por su filo sin miedo, mirar al rival a los ojos y decirle: «ven, vas a tener que empujarme, y a lo mejor en el intento, el que cae eres tú». PSG, Chelsea, City, Liverpool. Medvédev, Djokovic, Zverev.

Otra de las anomalías estadísticas que hemos visto es la octava victoria del Real Madrid en sus últimas ocho finales de Champions. No es normal. El Madrid ha perdido alguna final de Copa del Rey reciente (contra el Atleti) o Supercopas de Europa y de España, pero cuando llega su torneo, se transforma. Ocho de ocho. Como Nadal en Roland Garros, trece de trece. Espero no gafarlo para hoy. Puede que sea su última final, puede ser la última temporada de Rafa perfectamente. Y aunque muchos ya esperaban la irrupción de Carlos Alcaraz en el lugar del viejo rockero, el murciano aún tendrá que esperar un poco. Lo mismo que Fede Valverde, Camavinga, Vinícius o Rodrygo. A los viejos rockeros Modric, Casemiro, Kroos o Benzema aún les queda cuerda.

Suerte para Rafa Nadal, aunque no la necesita. Lo tiene todo en su cabeza, mucho más que en las piernas.

Actualización a las 17.45 h.: por supuesto, ganó el viejo rockero. 14 de 14. Conoce los secretos de la arcilla parisina como nadie.

Me vais a obligar a reclamar, cabr…

LESTER, 31/05/2022

Acabo de recibir un «regalo», una compensación por una reclamación que inicié hace casi tres años. Que sí, que ahora está muy bien recibir 1.800 euros, nos pegamos un buen homenaje, le hago un regalazo a mis hijos, etc., pero en su momento nos sacaron de nuestras casillas. Todo sucedió a la vuelta de nuestro viaje a Ecuador en agosto de 2019. El vuelo que debía llevarnos de vuelta a Madrid se averió y, tras tenernos unas diez horas sin apenas información, retrasaron varias veces la salida, nos dijeron que iban a darnos una bebida o comida (que nunca llegó) y que no nos alejáramos mucho de la puerta de embarque. El vuelo se suspendió finalmente, así que nos llevaron a un hotel a las afueras de Quito donde pasaríamos la noche con la esperanza de poder volar al día siguiente. Una faena, hay gente que perdió conexiones de vuelos, yo perdí un día de trabajo, el agotamiento de tantas horas en el aeropuerto sin información… Lo más sorprendente fue cuando se llevaron todos nuestros pasaportes porque oficialmente habíamos salido del país, teníamos ya el sello, y tenían que «reingresarnos». La imagen de la empleada de la aerolínea con cincuenta o sesenta pasaportes que se le caían de las manos, repartiéndolos al corro de pasajeros que la rodeábamos fue cuanto menos penosa.

Llegamos a Madrid con treinta horas de retraso sobre el horario inicialmente previsto y puse una reclamación con toda la información que fui capaz de recoger. La puse físicamente en el aeropuerto de Madrid y en la web, y me contestaron ambas veces que «lamentamos las molestias, pero puedes irte a esparragar». Buceando en las redes, descubrí que los pasajeros que pasan situaciones similares tienen derecho a una compensación de hasta 600 euros por persona. Y puede que más, si ha habido pérdidas de vuelos o gastos por cuenta del pasajero, como hoteles o traslados. Pero el proceso de las reclamaciones es largo y tedioso, y a mí (como creo que a casi todo hijo de vecino) me aburre soberanamente. Casi todas las empresas tienen un sistema pensado para no hacerte ni puñetero caso si vas por la vía normal: teléfonos 900 ó 902 con varios minutos de espera, chatbox en las webs, mensajes automáticos sin una respuesta satisfactoria… Así que lo dejé en manos de una de esas empresas que reclama por ti, que han surgido varias en los últimos años. Estas empresas han creado un sistema automatizado en el que tampoco hablas con nadie, pero subes tu documentación a su web, explicas las circunstancias y ellos se encargan de todo, con una comisión que puede ir entre el 25 y el 35 por ciento, más IVA.

Así que finalmente hemos cobrado esos 600 euros de indemnización por barba, menos la (elevada) comisión de esta empresa. El post de hoy no va de este caso concreto, sino de los malos servicios que se nos presta a los ciudadanos, y en especial, los de atención al cliente disconforme. Hace unos años tuve una mala experiencia con una empresa de alquiler de coches en el extranjero. Al llegar al aeropuerto de Múnich para devolver el vehículo, nos dijeron que tenía un pequeño arañazo en el parachoques (menos de un centímetro, inapreciable). Hablamos del seguro que había contratado para la ocasión (el intermedio) y para mi sorpresa, dos semanas después, me llegó a casa una factura de 570 pavos que me cargaron directamente en la tarjeta de crédito. 100 euros por «entregar el vehículo con retraso» y el resto por el desperfecto y los días de alquiler que la compañía perdía mientras lo arreglaban.

Ahí comencé un calvario de reclamaciones, conversaciones telefónicas y escritos que tardó algo más de un año en resolverse. Me asusté al leer algunos artículos sobre las prácticas de algunas compañías, casi siempre de casos cortados por el mismo patrón: ciudadano que deja un coche en el aeropuerto justo antes de su salida del país. Aeropuertos en los que nadie revisa el estado del vehículo durante la entrega, horas de entrega manipuladas, desperfectos reclamados que no aparecen en las propias fotos de los usuarios…

En mi caso, pude acreditar la hora de devolución del coche porque guardo todo por deformación profesional y estaba claro que había sido a tiempo, pero del resto (incluidas mis fotos y su incumplimiento en la parte de la verificación previa del vehículo), ni caso. Al final solicité un arbitraje al Consorcio General de Transportes de la Comunidad de Madrid, y allí, un año después del incidente, tuvimos una vista oral, tras la cual logré que la compañía de alquiler me devolviera el cincuenta por ciento de todo el importe. El hecho relevante para mi defensa fue que la compañía entrega el vehículo de cualquier manera, en un garaje a doscientos o trescientos metros de la agencia, sin nadie que revise el estado del mismo, pese a que el contrato indica que hay una persona de la agencia presente en ese momento. Luego no pueden acreditar el estado del mismo o si ese mínimo arañazo ya existía cuando me lo entregaron. Uno aprende de estas cosas y desde entonces tomé dos decisiones:

  • Hacer mil fotos del estado del coche antes de retirarlo. Y al mínimos desperfecto, lo marco en la hoja, por pequeño que sea.
  • No volver a utilizar esa compañía (aunque con otras también he tenido «problemillas» que pude resolver).

¿Valoran las compañías el número de clientes que pierden con el maltrato que les dan? Hace apenas quince días, la compañía de mantenimiento de la caldera me ha devuelto un importe menor que reconocía haber cobrado erróneamente un año atrás. ¿Cuántas llamadas y correos hemos necesitado para que nos lo devuelvan? Su respuesta hace un año fue que «no es política de esta compañía devolver dinero a los clientes?». ¿Cómoooo, ni aunque tengan razón? Así que no me ha quedado otra que esperar un año para que me lo restaran de la cuota del segundo año. Y he renovado por la oferta que mantenía, pero ya les he tomado la matrícula y dudo mucho que vaya a continuar con ellos.

Con Telefónica tardé cerca de un año en que me devolvieran los importes cobrados erróneamente cuando me quedé la línea del anterior propietario de mi casa. ¡Un año de mareos y toreos! Pero te vas a Jazztel y no te hacen ni puñetero caso hasta el día que les dices que te vas porque el «nuevo y ultramoderno router» que te han instalado es una auténtica castaña que no llega al resto de la casa. Una docena de llamadas sin una respuesta satisfactoria hasta que dije que me iba. Y solo entonces me vinieron con una solución que ya no acepté: si he dicho que me voy, es que me voy. Lo siento, haber espabilado antes.

No sé si la sensación es solo mía, que seguro que no, pero tengo la percepción de que los clientes somos ganado, y un ganado que cada vez requiere menores cuidados. Menos cariño. Quizás haya ayudado la proliferación de servicios por Internet, low cost en la mayoría de los casos, y a las compañías tradicionales, para poder competir en precios, no les ha quedado otra que reducir sus servicios de atención al cliente. Pero lo que tengo claro es que ese servicio suele ser nefasto. Y eso lo saben bien las plataformas modernas que ofrecen sus servicios a particulares. No soy usuario habitual de Uber, pero mi hijo puso una vez una reclamación delante de mí por un mal servicio que nos prestaron en un viaje. En menos de una hora nos habían devuelto el importe íntegro del servicio (que tampoco habíamos pedido eso) y mil excusas por el malentendido que se produjo. Amazon resulta hasta empalagoso cuando quiere resarcirte por algún servicio en el que no todo ha resultado a satisfacción del cliente. Una vez nos devolvieron un importe ridículo que ni siquiera habíamos solicitado, nos pidieron perdón hasta que les dijimos «‘¡que no se disculpe más, pesao!» y hasta nos asignaron a una persona por si queríamos hacer un seguimiento de nuestra incidencia.

Justo esta semana se ha presentado el Anteproyecto de Ley de Atención a la Clientela, con el que el gobierno pretende acabar con las malas prácticas de los servicios de atención al cliente. Yo he hablado de algunos ejemplos sufridos en carne propia, y eso que no he entrado en asuntos de comisiones bancarias, factura de la luz o extras que aparecen en algún viaje, hotel o restaurante. Cada uno tendrá los suyos. A mí no me gusta reclamar, que conste, me aburre, me agota, me pone de mala leche durante varios días… pero es que no me dejáis hacer otra cosa, cabrones.