Hablando del 5-1 con Ziang, por Barney

5-1

– Pensé que no querrías hablar del partido, Barney.

– No, ningún problema, Ziang, ya he tirado un par de tabiques de casa a martillazos y me encuentro más relajado. ¿Qué tal, cómo lo has visto en el campo?

– Pues genial, un espectáculo, hay que ver cómo lo viven estos culés. Tienen una mezcla de odio y euforia hacia el Madrid que a nosotros los chinos nos costaba entender. Y en la segunda parte, durante quince o veinte minutos les he visto callados. Con miedo. A mi alrededor había alguno que era un manojo de nervios, no paraba de decir «puto Madrid, puto Madrid», y olía un poco en la grada.

– Sí, a alguno se le relajan los esfínteres en estas situaciones. Yo vi un 2-0 en el descanso en una eliminatoria de Copa que casi remonta el Madrid y si no lo hizo fue por el de siempre. Hoy durante unos minutos he pensado que era posible, con el tiro al palo de Modric y sobre todo con el cabezazo de Benzema a las nubes, no me jodas, dónde coño lo ha tirado.

– Hoy no te quejarás del árbitro, ni del VAR.

– No, la derrota ha sido justa, sin paliativos, aunque se ha visto que el VAR se va a manipular como se ha manipulado todo en esta competición desde hace casi dos décadas. El penalti de Varane yo creo que sí es, aunque es la típica de Suárez dejando la pierna atrás y buscando el contacto con el defensa, pero sí es. Lo sorprendente es el uso del VAR cuando el árbitro no ha pitado nada y deja seguir la jugada, pero le avisa, cómo no, el pelirrojo del que ya te había advertido ayer. En ese momento tuve clarísimo que lo iban a señalar.

– Bueno, pero entonces el VAR ha acertado.

– Creo que sí, pero me quedo sin saber por qué no se ha utilizado en la entrada de Busquets a Isco en la segunda parte, que a mí sí me ha parecido penalti, o por lo menos genera dudas, o sobre todo, en la agresión, una más, en el pisotón del uruguayo Suárez a Nacho.

– Lo tuyo con Suárez parece fijación.

– Sí, lo reconozco, es el tipo más asqueroso que he visto en mi vida, pero se le consiente absolutamente todo. La entrada de hoy es de roja si vas vestido de blanco o se la haces a Messi, pero no ha sido solo esa. Hay algunas normas absurdas, pero que existen, como que no puedes mostrar mensajes en la camiseta en una celebración…

– ¡Y Suárez lo ha hecho!

– Pues eso es amarilla, igual que celebrar el gol en la grada. Eso son dos amarillas, más la roja por el pisotón a Nacho, pero, nada, se irá de la Liga sin que le hayan echado una sola vez.

5-1 2

– Pues hoy ha sido el mejor del partido, nos habríamos quedado sin su partidazo.

– A mí las normas me parecen absurdas, pero son las normas, aunque está claro que no para todos, como las manos de Piqué o los agarrones de Mascherano, cosas a las que nos hemos acostumbrado. Y sí, es un jugadorazo, su cabezazo era mucho más complicado que el de Benzema, y la diferencia es que él lo ha enchufado y Karim lo ha mandado a las nubes. Hoy ha salido todo mal: tres goles del guarro y otro del «unpoquitomenosguarro» Arturo Vidal, que no había hecho nada desde que está en el Barça.

– El otro día dijo Tomás Roncero que «vaya fichaje».

– Sí, lo leí, y en ese preciso instante supe que hoy marcaría, aunque haya jugado solo diez minutos.

– ¿Se acabó la Liga?

– Bufff, pues quiero creer que no, porque he visto cosas más difíciles que esta. Al fin y al cabo son solo siete puntos de desventaja, con todas las cagadas que ya se han cometido. Y este Barça es peor que el de otros años, me preocupaba más cuando estaban Neymar, Iniesta o Xavi. Pero para poder remontar hay que cambiar muchas cosas.

– Y el entrenador, ¿no?

– Pues sí, no veo otra, está bloqueado, igual que los jugadores. A mí Julen siempre me pareció un triste, tanto en la selección como en el Madrid, pero confiaba en él después de los primeros partidos, porque parecía tener un plan de juego, una idea, que es lo que tantas veces le ha faltado al Madrid. Pero se ha equivocado en muchas cosas, poniendo a jugadores fuera de forma y dejando en el banquillo a otros, los bandazos con Ceballos, Vinicius, Odriozola, Mariano,… No le veo capaz de motivar a los jugadores, hoy han vuelto a regalar el primer tiempo y un gol en el primer cuarto de hora. Ya no queda otra, y eso que no me emociona la llegada de Conte. Yo ponía a Pablo Laso, a repartir «lasinas», porque esto va de gestionar caracteres, no tanto de conocimientos tácticos o técnicos.

– Isco dijo el otro día que había que echarlos a todos, y hoy Casemiro, a pie de campo, ha dicho algo parecido, que todos los jugadores están fatal.

5-1 3

– Así es, algunos son una sombra de lo que fueron, los que llegaron más lejos en el Mundial, como Varane o Modric, pero también los españoles, como Isco, Ramos, Asensio o Nacho, y los que tuvieron unas vacaciones largas, casi peor, como Bale o Benzema. Pero el problema no es solo físico, sino mental.

– ¿A qué te refieres?

– A regalar un tiempo, al despiste de toda la defensa en el primer gol, a la lentitud de Varane en el segundo, a la cagada de Ramos en el cuarto, pero sobre todo a la pasividad ante la agresión de Luis Suárez a Nacho. No sé, el día del 5-0 Ramos le metió un viaje a Messi al final del partido, el del 0-4 Isco le soltó la pierna a Iniesta, o Marcelo a Fábregas tras el enésimo piscinazo en una Supercopa. No defiendo la violencia, pero había rabia en esas acciones. Hoy, tras el pisotón de Suárez, yo estoy en el campo y le arranco la cabeza. Y nada, no ha habido nada, no le han rodeado, ni insultado, ni mentado a la concha de su madre, que eso lo entiende bien. Nada.

– ¿Y aun así no tiráis la toalla?

– Eso nunca. No lo hicimos tras caer ante el Leganés, cuando escribí aquel Ser o no ser del Madrid, o tras la desastrosa era de Benítez, y la paciencia, o la fe ciega, nos llevó a otras dos Champions. Además, y esto te va a sorprender, el 5-1 me trae buenos recuerdos.

– ¿Qué dices? ¿Un 5-1, buenos recuerdos?

– Sí, en la temporada 99-00 el Zaragoza nos enchufó un 1-5 y esa misma temporada ganamos la Octava. En 2003 el Mallorca nos clavó otro 1-5 en las últimas jornadas de Liga, y aun así el Madrid ganó el campeonato.

– ¡No fastidies!

– Sí, parece que así nos gustan las cosas. Va con nuestra historia. En la segunda Copa de Europa del Madrid, hace más de sesenta años, el Madrid perdió 6-1 en Copa del Rey contra el Barça, y solo once días después levantábamos el trofeo europeo. Nos gusta tocar fondo para resurgir con más fuerza.

– Mira qué chiste he recibido: «Ojalá ser Lopetegui para no tener que ir a trabajar mañana».

5-1 4

– Sí, oh, qué bueno, graciosísimo. Ahora nos toca aguantar a los amigos culés y a esos otros que han aparecido en los grupos de guasap después de mucho tiempo callados: los atléticos. Los mismos que hace cuatro días callaban y palmaban 4-0 contra unos alemanes en los que la figura era un descarte del Madrid, Achraf. Pero déjales, con su Balón de Oro Griezmann, ese jugador que lleva la mitad de goles que Benzema. Son felices por unos días, como los periolistos que se la tenían guardada a Lopetegui desde su fichaje antes del Mundial.

– En Barcelona estaban eufóricos, les he visto como si hubieran ganado la Champions.

– Eso ha dicho Jordi Alba, pues déjales, que sean felices, que disfruten, que esto no se ha terminado todavía. Somos el Madrid.

 

Un chino en el Camp Nou, por Barney

Chino1

Mi amigo Ziang, el compañero chino al que ya me he referido aquí en algún artículo anterior (la Robontada), continúa con su labor de profundización en el conocimiento del mundo del fútbol, ese arcano inexplicable que comenzó a desentrañar tras recibir mi lección particular sobre el Reglamento de la Federación Culé de Fútbol. En esa labor se halla y por ello no me extraña su reciente confesión de que el próximo domingo estará en las gradas del Camp Nou disfrutando de lo que sin duda será un apasionante partido de este deporte que cada día le gusta más, aunque entienda menos.

– Bueno, Barney, lo tenéis complicado, ¿eh? Tal como estáis jugando…

– Así es, Ziang, pero confío en el Madrid porque necesita estar con el agua al cuello para dar lo mejor de sí mismo. Cuando crees que ha tocado fondo, todavía escarba un poco más, y ya a partir de ahí resurge. Te eliminan el Cádiz o el Leganés en Copa del Rey, oyes a la mitad de la afición decir que todos los jugadores son unos paquetes, que están acabados, que no tenemos entrenador, y entonces es cuando se te dibuja una sonrisa, se te afila la mirada y empiezas a convencerte de que ganaremos la Champions.

– ¿Y crees que el Madrid ha tocado fondo?

– Creo que no, que estuvo a punto el martes contra el Viktoria Plzen.

– Ahora con el VAR supongo que no te quejarás tanto de los arbitrajes, que tendrás que matizar el Artículo Único del Reglamento.

– Buf, no las tengo todas conmigo, aunque es cierto que en esta Liga le han intentado atracar ya un par de veces al Madrid, con los árbitros anulando goles legales (Leganés y Español), y gracias al VAR los dieron por válidos y no estamos totalmente descartados para el título.

– He leído a algunos periodistas que el VAR beneficia al Madrid.

– Ja, ja, ja, sí, yo también lo leí, a algún personaje como Manolete, no le llames periodista. Me hace gracia que su argumento es que como este año gracias al VAR al Madrid no le han perjudicado como el año pasado en las vergonzosas primeras diez jornadas, pues entonces es que nos ayuda. Se retratan ellos solos.

– Pero entonces estarás tranquilo con el VAR, tú que decías que no iba a funcionar.

– Pues no las tengo todas conmigo. Mira la semana pasada: el VAR acierta contra el Madrid, revisa la mano de Varane y la señala dentro del área. La mano no es muy clara, pero es, y sin embargo, hay una clarísima de Jordi Alba contra el Sevilla. El VAR no dice nada, les pillaría tomándose unas cañas.

 

– Veremos. De todos modos, los arbitrajes contra el Madrid en el Camp Nou no han debido de ser tan horribles en estos años, porque he leído por ahí que de las últimas 10 veces que han jugado en Barcelona, el Madrid ha ganado 4 y el Barça solo 3.

– ¿Que no han sido horribles? ¡Han sido peores que eso! Recuerdo aún la primera victoria allí con Zidane como entrenador, con el Madrid jugando con diez, como casi siempre, y coge el árbitro y anula un gol de Bale ¡por ser más alto que Jordi Alba! Es de lo más sospechoso que he visto en mi vida, porque errores de apreciación en jugadas rápidas, los puedo llegar a entender, fueras de juego por centímetros, también, pero aquello…

– Hernández Hernández, o Hediondez Hediondez, como he leído en algún sitio. El año pasado en la Supercopa lo mismo, le dan un penalti de chiste al Barça, expulsan a Ronaldo y aun así, 1-3. Ahí decidieron Villar y Sánchez Arminio que había que masacrar al Madrid antes de que los echaran de sus puestos. Así que no me cabrees, Ziang.

– La temporada pasada acabó empate a dos y fue el Barça el que terminó jugando con diez. Acuérdate que echaron a «Selgi Lobelto».

– ¡Joder, claro, por darle un hostión a Marcelo! Al árbitro le dijeron de todo en el descanso, con Messi soltando espumarajos por la boca, recordándole (yo creo) sus «obligaciones» y el Reglamento culé,… fue vomitivo. Pero surtió efecto, porque se comió un penalti escandaloso de Jordi Alba a Marcelo. Y el segundo gol del Barça fue precedido de un faltón de Suárez a Varane que vio todo el mundo menos el pelirrojo de los cojones (es que me voy calentando).

– A lo mejor no lo vio.

– Lo vio y se lo advirtieron. El vídeo que lo demuestra es revelador de «algo», de un modo de hacer que no es casual.

– ¿Quién era el árbitro?

– ¡Pues el de siempre, Hernández Hernández!

– Anda, qué casualidad. Bueno, pero este domingo no pita, alguien habrá pensado que no debería pitar de nuevo los Clásicos.

– Ja, ja, ja, me encanta tu ingenuidad, Ziang. Le han puesto al frente del VAR. Sí, sí, hasta tú has abierto tus ojos de charlie, mañana, Barça-Madrid, Hernández al cuadrado dirigiendo desde la cabina. El sueño de Roures.

– Pero siempre que te oigo quejarte de ese tipo, ¿tanto poder tiene?

– El VAR lo dirige una empresa suya. Acaba de fichar a Miguel Cardenal, el antiguo secretario de Estado para el Deporte y presidente del Consejo Superior de Deportes, aquel que publicó uno de los artículos más lamentables que he leído en mi vida: Orgullosos del Barça. Que el Barça representa la marca España, que es un ejemplo de transparencia, igualdad, cantera,… que le constaba «la voluntad de sus directivos de cumplir con la ley, como es tradición en ese club«… ¿Sigo? Es que me dan arcadas.

– ¿Jaume Roures es del Barça?

– Tanto o más que Gaspart. Y del Girona, e independentista, a ver si entiendes ya por qué tiene tanto interés en «llevar la Liga» a Estados Unidos.  Casualmente, solo casualmente, el partido seleccionado es un Girona-Barça. Ayer supimos más, publicaron que Mediapro/Roures ofreció 300 millones al Barça por patrocinar el estadio.

– Hablando del estadio, mañana me sentaré en una grada con otros amigos chinos, que dicen que van de vez en cuando allí y les regalan unas banderas y bufandas muy chulas de rayas rojas y amarillas con una estrella blanca sobre fondo azul. No será nada político, ¿no?

– Noooo, nada, nada, como el club y el presidente, que dicen de boquilla que no son independentistas, pero se pasan la vida haciendo gestos favorables al mismo, las pancartas, «la hora catalana», invitando al palco a los presidentes de las asociaciones que regalan esas banderitas «tan chulas». Deporte y política mezclados, cómo les gusta.

– A ver si esta vez puedo disfrutar de un partido en este campo tan impresionante, porque la última vez, hace un año, teníamos las entradas compradas y todo, pero el club decidió no dejarnos pasar porque estaban votando algo. Era a principios de octubre y nos dio un poco de envidia porque en China no votamos nunca y allí a las puertas del estadio conocimos a un tipo que venía de votar ocho veces seguidas.

 

– Es la democracia según se entiende en la política catalana, Ziang, qué le vamos a hacer, y a juzgar por la cantidad de veces que mencionan la palabra, seguro que son los dirigentes más demócratas del mundo, están ahí ahí con Fidel Castro y Kim Jong-Un.

– ¿Qué, hacemos una «pola» para mañana?

– ¿Una porra? Uf, no me gusta apostar cuando juega mi equipo.

– Pues yo me mojo, he leído varios periódicos y he llegado a la conclusión de que el Barça juega muy bien aunque no esté Messi y el Madrid es un desastre que va a cambiar de entrenador el lunes, así que 3-1 para el Barça.

– Pues yo digo que empate a uno, y acabamos lamentando no haber conseguido más. Ah, y cagándome en el pelirrojo que dirigirá el VAR desde la cabina con un pinganillo conectado con Roures.

Siniestro tOTal, por Lester

 

Tanto gilipollas

Ya voy teniendo unos añitos, creía que había visto mundo, que tenía cierta experiencia en «las cosas de la vida» y sin embargo, compruebo atónito que mi capacidad de sorpresa no solo no disminuye, sino que aumenta semana tras semana. Uno de los debates estrella de los últimos días, a la altura de los presupuestos del Estado o el procès catalán, ha sido la polémica sobre el empleo de la palabra «mariconez» en una canción de Mecano de hace tres décadas. Para el que pueda vivir felizmente ajeno a estos sesudos debates psicosociales, le cuento que se ve que unos jovencitos imberbes de OT, que no deben de superar la veintena, sienten que tal palabra es ofensiva y denigrante para el colectivo LGTBIQ (¿me falta alguna letra?) y debería ser suprimida y cambiada de inmediato. «Censurada» es la palabra, chicos.

Por supuesto, la cosa no ha terminado ahí, y la negativa del autor de la canción, José María Cano, a permitir la sustitución por otra le convierte de inmediato en homófobo, carca y supongo que facha, que es el calificativo que se regala hoy en día a todo el que ose ir contra la corriente dominante.

Estoy aburrido de tanta gilipollez, así que no voy a entrar demasiado a explicar las circunstancias de España a principios de los ochenta: cuarenta años de dictadura, una Constitución que se aprueba en 1978, el ruido de sables que acaba en el golpe de Estado de 1981, y una sociedad deseando pasar página. Totalmente. Tras años de represión, surgió la célebre movida madrileña y fue como una explosión de libertad salvaje. Hasta el alcalde de Madrid, el profesor Enrique Tierno Galván pronunció su recordada (y desafortunada) frase:

«Rockeros, el que no esté colocado, que se coloque».

Todo valía. Y todo, incluía todo, lo bueno y lo malo. Por supuesto, ser soez, palabrotero y decir tacos en Televisión Española era lo más suave que hicieron algunos de estos rockeros a mediados de los ochenta. Igual que los últimos años del franquismo vivieron su destape particular, en los ochenta necesitábamos nuestro despelote general.

Y ahí, en ese preciso momento de nuestras vidas, que a mí me pilló en la adolescencia,  entraron los grupos de pop y rock españoles con sus letras transgresoras en busca de que te sangraran los oídos ante la aberración que acababas de escuchar. Mecano no pertenecía a estos grupos salvajes, sino al lado más light e incluso correcto (y aunque no venga a cuento, aprovecho para decir que yo detestaba su música entonces y ahora). En fin, Mi agüita amarilla, Te mataré con mis zapatos de claqué, Soy un macarra, soy un hortera, voy a toda hostia por la carretera, Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien,…

Alaska confesaba en otra canción cómo «loca de celos, decidió, tras apuntar la dirección» atropellar a su pareja porque «¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?» ¡Y no pasaba nada! Nos reíamos, nos dábamos codazos como diciendo «¡joer, mira lo que ha dicho este!» y todos felices. No había por qué escandalizarse, porque se podía decir lo que se quisiera con total libertad. Bueno, con Las Vulpes y su inolvidable (y espantosa) Quiero ser una zorra en La2 de Televisión Española se pasó el Rubicón de lo permitido.

Pues ahora, treinta años después, parece que no, que vuelve la censura. La atroz, intolerante y salvaje dictadura de lo políticamente correcto. Ya está en el lenguaje llamado inclusivo que nos intentan imponer con total ignorancia y desconocimiento, ya lo hemos visto en programas de televisión, se pretende obligar en el cine con la terrible censura de la inclusión Rider, y por supuesto no iba a ser menos con la música. Lo que más me ha sorprendido es que la nueva censura llegara del lado supuestamente progresista. De los mismos, además, a los que les parece intolerable la condena al rapero Valtonyc por sus canciones en las que animaba a disparar al Borbón, o a poner bombas en los cuarteles de la Guardia Civil. Flipo, alucino, me mofo, o como se diga ahora, la censura de lo políticamente correcto y «modelno» supera a todas las demás en intransigencia.

No voy a tratar de convencer a nadie, y menos a nadie que no alcance los veinte años de edad, como esta misma semana cuando conversaba con mi hija y sus amigas, así que me voy a subir al carro ganador y voy a hacer eso que tanto les gusta a los chicos de OT, «revisionismo histórico», o «acomodación del pasado a las nuevas tendencias», para lo cual, creo que no hay un grupo mejor en esos ochenta homófobos, racistas, machistas y… ah, y fachas (jajaja) que Siniestro Total, el grupo gallego de Julián Hernández, Germán Coppini y otros que no recuerdo. Los nombres no importan, serían también unos fachas. Como Joan Manuel Serrat, que también lo he escuchado en estos tiempos convulsos.

 

No puedo imaginarme a los profesores de OT diciendo: «A ver, chicos, esta semana toca preparar la canción Matar jipis en las Cíes». Por supuesto, tras un par de soponcios en los concursantes y un escándalo que convertiría a los gallegos en trending topic nacional, los chicos deciden que la canción sobre asesinar a unos hippies en las Cíes debe convertirse en una bonita historia de amor homosexual, todo un canto fraternal de amor y convivencia plena en la Naturaleza. Aquí podemos comparar ambas letras:

Diapositiva1

El éxito de la versión sería tal que probarían a repetir con otra versión del mismo grupo. «Genial, chicos, vamos a hacerlo más difícil con esta otra, Hoy voy a asesinarte«. Por supuesto que hoy esa canción estaría prohibida, censurada, quiero decir, y se montarían debates sobre que es una incitación a la violencia de género y la cantidad de mujeres que han fallecido en estas décadas tras escuchar sus maridos esta (horrible para mi gusto) canción. Los chicos de OT reescribirían totalmente la letra, harían unos arreglos new age y la canción se transformaría en una bonita oda de amor en la que el hombre reconoce que es un machista impenitente educado en el heteropatriarcado más conservador:

 

«¡Estupendo!, las cifras de audiencia avalan nuestra propuesta por un revisionismo feliz, así que esta semana nos vamos a atrever con Ayatollah, no me toques la pirola«. El problema es que hay un concursante musulmán en el grupo y se considera que la canción es islamófoba y atenta contra el Islam, así que sería reescrita por los propios chavales en una versión que ensalzaría las bondades de esta religión. Además, es la moda, ¿no? El cristianismo es facha, y el Islam es progre:

 

Como decían los propios Siniestro Total en otro de sus discos, Ante todo mucha calma. Dejo ya de estrujar mis neuronas para recomponer unas letras que hoy en día pueden escandalizar a almas cándidas, pero a las que no movería ni una coma. Eran otros tiempos. Hace un par de años, en un programa de televisión recordaban un sketch de Martes y Trece que en su día tuvo mucho éxito: «Mi marido me pega». Era terrible. Aparecía Millán Salcedo disfrazado de mujer con un ojo morado y repitiendo varias veces la famosa frase «mi marido me pega» acompañada por «¡sufro bucho!». Le ponían el vídeo al Millán de hoy en día y su respuesta fue la lógica: «Estoy horrorizado». Pero como él mismo recordaba, en aquellos años la gente le paraba por la calle, le decían lo que se habían reído y le pedían que lo repitiera. Y el sketch visto hoy en día no tiene ni puta gracia. Pero no lo vamos a cambiar. Ni vamos a quitar la escena del bofetón de Glenn Ford a Gilda, como pidió alguno esta semana. Ni vamos a censurar Lolita de Nabokov, ni ya puestos Romeo y Julieta, porque cada obra tiene su época, su tiempo y su contexto. Y las jóvenes brigadas censoras harían bien en comprenderlo.

Si os habéis reído de las letras, un saludo, ¡fachas!

Cara Lester

 

Con C de Caballé

Caballé1

El pasado sábado falleció Montserrat Caballé a los 85 años, la gran soprano y no digo «nuestra» gran soprano porque cada uno de los Cuatro amiguetes tiene una opinión diferente acerca de su modo de entender el bel Canto. Nuestros respetos hacia ella y Condolencias a la familia.

Cara BarneyCon C de Castafiore.

Lo mío no es la ópera, no me gusta, no la entiendo y me carga tanto como un partido de tiki-taka con mil pases en horizontal y hacia atrás. He cometido el «error» de confesar en público mis Carencias Culturales y mi preferencia por Freddie Mercury, en un artículo en el que osaba hacer una comparación con los estilos contrapuestos de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, el Barça y el Madrid. A alguien más le ha gustado, como a los amigos de La Galerna que lo han publicado:

La Galerna. Choque de estilos. 

Caballé2

No quiero dar a entender con el artículo que la Caballé me recordara a BiancaCaballé3 Castafiore, la espantosa Cantante de ópera que atormentaba al Capitán Haddock en los libros de Tintín, lo que he pretendido decir es que en mí provocaba un rechazo similar al que lograba en el Capitán. El problema es mío, lo sé. Y además reconozco que me gustaban mucho Freddie Mercury, Queen y sus míticas Canciones. Un sacrilegio, lo sé.

Cara JoseanCon C de Cataluña.

Es una pena que la situación en Cataluña se haya enrarecido y enquistado tanto que ya ni se respetan los funerales por una persona como Montserrat Caballé, Catalana y española universal que recorrió el mundo como una gran embajadora de ambos. Mojándose, sin establecer distinciones, y eso a algunos hoy les parece intolerable. Como a Josep Carreras, qué pena. Solo se le ocurrió decir tras la Ceremonia que echó en falta que «hubiera un poco más de Catalán«, ya que se ofició íntegramente en Castellano.

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Nada nuevo, por otra parte, el procès está sacando lo peor de innumerables Catalanes indepes. Estos días se ha recordado cómo Montserrat Caballé se levantó de la mesa que compartía con el gens honorable Jordi Pujol, cuando este, siendo presidente de la Generalitat de Cataluña, le reprochó haberse casado con «un extranjero». Tan extranjero como que era aragonés.

Por otro lado, y aunque tras un fallecimiento solo se recuerdan los aspectos positivos de la biografía de los fallecidos, en este blog siempre he criticado a los evasores fiscales, así que no puedo dejar de mencionar la Condena de seis meses de Cárcel a la Caballé por escaquear medio millón de euros al fisco.

Cara TravisCon C de Cine.

Las salas de Cine se han convertido en los últimos años en un lugar privilegiado para disfrutar de los grandes montajes internacionales de ópera. Quizás sea una burrada lo que voy a decir, pero creo que el sonido y la imagen desmerecen poco de lo que puede ser una ópera en vivo y en directo. En el caso de la imagen es indiscutible: no se puede comparar lo que se ve desde una fila 3 de un anfiteatro que con las imágenes en pantalla gigante de un Cine. Pero supongo que los puristas dirán que no tiene nada que ver, algo así como lo que decía Lester sobre el disfrute del Arte pegándote con japoneses o a través de un ordenador.

Caballé5La ópera no ha tenido en el Cine el buen encaje que sí han tenido otros géneros como los musicales. La última película que vi relacionada con el género es Florence Foster Jenkins, sobre una millonaria sin ningún talento interpretada por Meryl Streep. ¿Puede haber algo más horrible que las arias de ópera mal cantadas? Repetir los fallos hasta la extenuación en los ensayos, supongo. Quizás una aguja punzante entrando por el oído haga menos daño.

Me parece que hay mucho esnobismo entre los Críticos, y que ese esnobismo se incrementa cuando se trata de géneros como la ópera. Hay una escena maravillosa en Ciudadano Kane que cuenta mucho, lo cuenta todo en realidad. Cuando el personaje de Charles Foster Kane intenta lanzar al estrellato de la ópera a su amante y la vemos debutar sobre el escenario, la cámara asciende lentamente. Vemos el telón, el andamiaje sobre el mismo y a dos tramoyistas, gente que se supone poco formada para la ópera, pero que sin embargo saben casi tanto como cualquier Crítico avezado. Apesta.

Ese esnobismo de la Crítica es el que ensalza a determinados artistas y se ceba por el contrario con otros, a veces con una inquina que parece moverles un asunto personal. Por otro lado, creo que nunca leí una mala Crítica de Montserrat Caballé, ni siquiera cuando destrozó con su versión alguna Canción moderna. Y eso dice mucho de ella, qué duda cabe. Descanse en paz.

Cara LesterCon C de Carisma.

Desde que debutara en el Carnegie Hall en 1965, la figura de Montserrat Caballé no dejó de crecer, hasta el punto de que algunos, llegada su muerte, la sitúan directamente como «la mejor soprano del siglo XX», por encima de María Callas. Supongo que mi madre tendrá algo que decir ante tamaña afirmación.

Yo no puedo opinar sobre eso, soy un analfabeto total en materia operística. Pero sí puedo opinar sobre la participación de la Caballé en dos Campañas de publicidad. La última, la más reciente, fue definida por la propia Cantante, como espantosa. Me refiero, cómo no, al terrorífico anuncio de la Lotería de Navidad de hace dos o tres años, con Raphael y varios artistas más que parecían sacados de la noche de Halloween.

 

El otro anuncio es mucho más antiguo y lo recuerdo porque denota cierta superioridad intelectual de los que son capaces de disfrutar de la ópera. Era una Colección por fascículos y CD’s (me niego a poner «cedés», aunque lo recomiende la RAE) de las mejores óperas de la historia y Montserrat Caballé nos animaba a su compra diciendo:

«La voz es el instrumento más perfecto, y donde mejor suena, es en la ópera». Y le faltaba añadir: «Y quien mejor la canta, soy yo». Un poco pagada de sí misma sí era la barcelonesa, como toda diva de la ópera. Y como tal, un tanto sobreactuada, como cuando acudió a las ruinas del Liceo a hacerse las fotos y el vídeo para pedir fondos para su reconstrucción.

Lo siento, Mamá, me cuesta disfrutar tres horas seguidas de una ópera, prefiero un punteo de guitarra de Mark Knopfler. Descanse en paz, Montserrat Caballé, no dudo que fuera una de las más grandes. Así me lo han contado.

El Louvre de Abu Dhabi y otro modo de disfrutar el Arte

Louvre Abu Dabi4

Lester, 7/10/18

El pasado mes de agosto disfrutamos durante cuatro días del calor arrasador de Abu Dhabi, o Abu Dabi según recomienda la Fundeu, y de entre las muchas cosas interesantes que vimos, sin duda me quedo con el Museo del Louvre de Abu Dabi, inaugurado hace menos de un año, allá por noviembre de 2017.

Entrada Louvre Abu Dhabi

Como ocurre con tantas cosas en Abu Dabi y Dubái, el edificio suponía un reto casi imposible de realizar para los ingenieros que lo diseñaron. Lo primero de todo es el emplazamiento elegido, ubicado directamente sobre el mar, en la isla Saadiyat. Esta isla, cuyo nombre significa «isla de la Felicidad», pertenece al distrito cultural de la ciudad y las autoridades pretenden convertirla en un polo de atracción para el turismo mundial. Llegará un día en que el petróleo se acabe, los ingresos del país caerán de modo drástico y los Emiratos pretenden construir un futuro que en unos años reciba millones de visitantes atraídos por el turismo. Tengo dudas de que lo consigan porque el clima no es nada benigno, sobre todo en los meses de verano, durante los cuales hace casi tanto calor como en Sevilla (a juzgar por las palabras de los sevillanos).

 

El Museo del Louvre de Abu Dabi fue diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel, autor entre otros de la Torre Agbar de Barcelona y el Hotel Puerta de América de Madrid. Su construcción ha llevado la friolera de diez años. Lo que llama la atención según te acercas a visitarlo es su inmensa cúpula metálica, como el enorme caparazón de una tortuga, o como un platillo volante que se hubiera posado sobre las 55 salas del museo. 180 metros de diámetro, casi nada, como dos campos de fútbol que es la unidad de medida que todos entendemos. La estructura metálica pesa 7.500 toneladas, más que la Torre Eiffel de París, y llama la atención porque parece estar levitando sobre el museo, flotando sin puntos de apoyo visibles.

La forma de las piezas que lo componen, unas estrellas geométricas que se encajan entre sí de modo que se sustentan mutuamente, consigue un doble efecto: el juego de luz natural que pasa a través de las mismas y dibuja curiosas formas sobre el patio del museo, y el paso del aire. Resulta sorprendente que, con 45 grados en el exterior, la temperatura sea bastante agradable en el patio interior del museo, y no es por el aire acondicionado, sino por las corrientes de aire natural que circulan por él.

Louvre Abu Dabi2

El museo tiene 24.000 metros cuadrados de superficie y no tengo claro el coste de construcción del mismo porque he leído cifras dispares según la página consultada, pero parece que hay un cierto consenso que lo sitúa entre los 500 y los 650 millones de dólares. A este importe hay que añadir los 400 millones de dólares que el gobierno de Abu Dabi pagará a Francia por el uso del nombre Louvre durante los próximos 30 años, y otra serie de cantidades por la cesión de obras, la realización de exposiciones temporales y el patrocinio de una sala en el Louvre de París por otros 25 millones de dólares anuales. Se habla de un proyecto de más de 1.000 millones de dólares. Será por dinero.

Louvre Abu Dabi3

El Louvre de Abu Dabi no puede competir con los principales museos del mundo en cuanto a número y calidad de obras artísticas. Para hacernos una idea, el museo tiene apenas 630 piezas entre pinturas y esculturas, un número ridículo en comparación con las más de 35.000 del Museo del Prado o del Louvre original de París (más de 440.000 contando las obras almacenadas). Sin embargo, la visita guiada se organiza de un modo muy inteligente para contarnos la historia de la Humanidad a través del arte. Amena, didáctica, pasando de «caja» en «caja», o de sala en sala bajo esa cubierta aterrizada de otra galaxia.

Distintas épocas de la historia, diferentes culturas, encontrando curiosos paralelismos entre máscaras de Persia, China y Túnez, o entre pinturas realizadas en Europa, Jordania o Japón. Como contaba nuestra guía, una joven jordana, se pretende contar la historia universal destacando las influencias entre culturas de países muy alejados entre sí, lo que demuestra que en algún momento concreto a lo largo de los siglos sus caminos se cruzaron.

El museo muestra piezas tan antiguas como la Estatua de dos cabezas encontrada en Jordania y situada en el 6500 a.C., o tan modernas como la (espantosa) Fuente de luz del artista chino (artista maldito en su país) Ai Weiwei, de 2016. Leonardo da Vinci, Tiziano, Picasso, Delacroix, la madre de Whistler, o incluso un emborronado Pollock, perdón por la redundancia, en una muestra escueta, pero completa. Si algo no parecía arte, sino una vulgar provocación, nuestra guía no tenía problema en mencionarlo. Todo ello a lo largo de un recorrido repleto de referencias a movimientos migratorios, desplazamientos de poblaciones, y con ello de culturas, hasta finalizar en la sala del siglo XXI con el concepto de «aldea global».

 

La cesión de obras por parte del museo del Louvre de París trajo una oleada de críticas en Francia, quejas de ciudadanos indignados por la cesión de sus dirigentes a los millones de dólares de los jeques. Pues yo lo disfruté como pocas veces he podido disfrutar en un museo. Sobre todo porque pude admirar las obras con calma, con tiempo, sin agobios, con explicaciones directas de una guía con la que podíamos conversar tranquilamente.

He ido tres veces a París y nunca he intentado ir al Louvre. Por las colas, las aglomeraciones y porque no sé si es el mejor modo de disfrutar una obra de arte. Sé de gente que se ha pasado horas para ver la Mona Lisa y luego ha salido decepcionada. Un cuadrito pequeño, que ni siquiera es especialmente atractivo, y dándote codazos para tratar de apreciar durante unos segundos la genialidad de Leonardo Da Vinci. Sí he estado en la Capilla Sixtina, un sitio que debiera haber sido para mí una experiencia sublime y fue infernal, pues recibí más empujones por la espalda en quince minutos que en veinte años pegándome en la zona de una cancha de baloncesto. Los agobios de gente mirando al techo y sacando sus absurdas tablets me hicieron recordar la genial frase de Frank Drebin en una de las pelis de la saga Agárralo como puedas:

«Ojalá llegue algún día en que podamos visitar los museos de nuestro país sin encontrarnos un solo japonés».

Hay algo de fetichista o de esnob en ese modo de disfrutar del Arte. «He visto la Mona Lisa original, ¡oooh!» Durante unos segundos mientras un tipo te plantaba un móvil en la cara. Por internet podemos encontrar documentales espectaculares sobre la Capilla Sixtina, o aplicaciones para ver cada detalle de la obra maestra de Miguel Ángel. Con todo lujo de detalles, con una iluminación perfecta, con la explicación de todo, incluso de esas cosas que jamás se te habría ocurrido preguntar. Y sin japoneses atizándote en las costillas. Guggenheim Abu Dhabi

Abu Dabi, Dubái y los Emiratos en su totalidad ya están pensando en un mañana sin petróleo, y el Arte puede ser un foco de atracción del turismo tan importante como los parques temáticos que se han construido en la zona. En la misma isla de Saadiyat se está finalizando el museo Guggenheim y existía un proyecto para abrir una sucursal del British Museum que finalmente se ha cancelado.

Para mí, la visita fue una maravilla por todo, el edificio, el emplazamiento, la muestra en sí, la visita guiada y por haber podido disfrutar como pocas veces de la contemplación de una o varias obras de arte.

 

 

Groucho inmortal, por Travis

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“Pienso vivir para siempre o morir en el intento”.

Esta primera semana de octubre se conmemora el nacimiento de Groucho Marx, uno de los tipos más brillantes que ha pisado este mundo del que decía querer apearse, todo un artista del uso y abuso de la lengua y la ironía. Nació el 2 de octubre de 1890, hace ahora 128 años, y si el título de este post alude a su inmortalidad es porque su legado así me lo parece.

“Debo confesar que nací a una edad muy temprana”.

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Algo racistas, por Josean

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Creo que todos somos algo racistas. Todos, sí. No solo ese amigo tuyo que despotrica de los inmigrantes, ni ese vecino que siempre está metiéndose con los chinos, ni el imbécil que habla de los “sudacas” o “panchitos” con desprecio. Tú y yo, y tu hermano, y tu madre, y tu mejor amigo. Aunque se nos llene la boca diciendo que no lo somos.

Hace años vi un musical que me gustó más por lo que tenía de políticamente incorrecto que por la historia en sí o por la música, Avenue Q. Tenía una canción que se titulaba como la primera frase de este post: Creo que todos somos algo racistas.

Nos guste o no nos guste, la inmensa mayoría de ese “todos” tenemos algún tipo de prejuicio hacia alguna raza, clase social, religión o grupo de población. Y al igual que se ha puesto de moda el término “micromachismos” para definir algunos aspectos menos visibles del machismo latente y condescendiente (aunque el término se ha pervertido hasta el punto de ser usado para verdaderas gilipolleces), creo que tendría sentido el concepto “microrracismos”.

Si nos hicieran “un Villarejo” y nos hubieran plantado un micrófono en muchas de esas comidas en las que a algunos se les calienta la lengua, encontraríamos micro y macro racismos de todo tipo. Muchos de ellos vergonzosos, tanto si se sacan de contexto como si no. Y los que no nos consideramos racistas, o menos en una hipotética e imposible clasificación, reímos la broma o la amplificamos.

A veces intento analizar mi racismo y lo primero que me cuestiono es la palabra en sí.

¿Pienso que mi raza, nuestra raza, es superior a las demás?

¿Tengo algún tipo de aversión o manía a algún grupo étnico, o a toda aquella raza que no sea la mía?

¿Creo que no deberíamos tener todos los mismos derechos o que sería normal discriminar a alguno de estos grupos?

Y me digo a mí mismo que no. A las tres preguntas. Y me recuerdo que he tenido una relación excelente con amigos negros o afroamericanos en Estados Unidos, que por mis hijos he tenido durmiendo en casa a un marroquí, un iraní, un judío, una hindú y una china, que tengo buenos amigos “sudacas”, que me encanta conocer otras culturas y que el color de la piel me resulta irrelevante (el de Halle Berry me encanta, si se me permite el micromachismo microrracista).

¿Entonces? Pues entonces no será un problema de raza o de pertenencia a un grupo étnico u otro. Será otra cosa.

– Los gitanos inventaron el triatlón, porque van corriendo a la piscina y vuelven en bici.

Racismo 2Ja, ja, ja, me puedo reír a mandíbula batiente porque este chiste se lo escuché contar en directo a un gitano, el humorista vallisoletano Vaquero. El hecho de ser gitano y presumir de su condición le permitió hacer un monólogo en el que satirizar sobre otros colectivos como los chinos. O decir frases que me doblaron de la risa como:

– Voy a cambiarme de barrio, que este está muy mal. Se está llenando de rumanos.

Y utilizo ese chiste para atreverme a confesar en público que no me gustaría que la barriada cercana se llenara de gitanos. Soy consciente de que en el concepto racista de “gitanos” metemos a muchos que no lo son. Criticamos sus costumbres, su aspecto, su modo de vida. Sí, muy simpáticos y lo que quieras, veo por las cifras de audiencia que convertimos en programas de éxito los Gipsy Kings y Mi gran boda gitana, pero mejor que vivan en otro sitio.

¿Mi problema es entonces con ciertas clases económicas menos pudientes? Eso sería clasismo, no racismo, pero creo que tampoco. Siento verdadera lástima por todos esos pobres inmigrantes que llegan a nuestras costas en busca de una vida mejor, y me encantaría que en Europa hiciéramos mucho más por ellos de lo que lo hacemos, que suele ser mirar para otro lado, pasarnos por el forro la Directiva sobre Protección Temporal o el Convenio Europeo de Derechos Humanos, organizar reuniones multilaterales en Bruselas para nada, y detener a activistas que intentan echar un cable y evitar muertes en el Mediterráneo. Y mientras, las mafias sacando provecho de la situación.

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Me hice socio de Acnur al principio de toda esta crisis que comenzó con la guerra de Siria, trato de informarme de lo que se hace con nuestras donaciones, y de lo que no se hace desde las instituciones, pero, francamente, soy muy escéptico y no le veo la solución. Llevamos décadas con los problemas de Ceuta, Melilla y el paso del Estrecho, sin apenas avances. Me he mojado con muchos temas desde que escribo en este blog, pero no he sido capaz de hacerlo con la inmigración, porque no tengo ni idea de cómo afrontarlo o cuál es el tratamiento adecuado. Mucho menos la (im)posible solución. Y dentro de esa inmigración pobre que llega a Europa, mi racismo distingue entre el aprecio a los senegaleses y el miedo a cierto tipo de rumanos que ves por el centro o en los semáforos.

Creo que lo mío no es clasismo porque al igual que siento lástima por esos subsaharianos que han llegado a nuestras ciudades, manifiesto mi frontal oposición a determinadas costumbres del Islam más radical que nos han llegado a Europa y pretenden que normalicemos. Y como vienen podridos de petrodólares se les abren muchas puertas, pero yo no quiero el burka ni el niqab en Europa. Ni el chador. Aunque habrá quien le suene excesivo, deberían prohibirse, como han hecho en Dinamarca, Francia, Austria o Bélgica. He estado en algunas calles de Londres que me han hecho sentir como si caminara por Irán. Me cabreo cuando alguien me dice que es su cultura y debemos respetarla, o que lo llevan de modo voluntario. No, me niego, ¿con cuarenta grados en la calle y es voluntario? ¿Debemos respetar el sometimiento de la mujer al hombre, a su dueño? No, desde luego que no, por mucho dinero que se dejen en nuestros comercios.

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No entiendo que los máximos defensores del niqab provengan de la progresía de izquierda, porque “está en su cultura y deberían tener derecho a vestir como quisieran”. Hay muchos aspectos de otras culturas que deben ser erradicados incluso en sus propios países, pero ya que eso no podemos lograrlo, no permitamos al menos que lleguen a Europa. Como la ablación del clítoris o los matrimonios concertados, a veces con menores. Ha habido casos de ambos en España.

Ya que me pongo a hacer confesiones, diré que no me gusta que los chinos estén acaparando los negocios y los locales de mi barrio, ciudad, centro o país. Su cultura no es la nuestra, la cual, por supuesto, tengo en mucha mayor estima y entonces me planteo si lo que me incomoda es eso, que tema que su cultura termine imponiéndose sobre la nuestra. Entonces lo que padezco no es racismo, sino xenofobia, rechazo o aversión a esa cultura o persona llegada de fuera.

Pero lo analizo y creo que no es racismo ni xenofobia, sino algo mucho más racional. Lo que me molesta de verdad es que por culpa de esos Hiper Asia y restaurantes están cerrando los comercios y bares tradicionales de gente de aquí. De “nosotros”, de los nuestros. Me molesta de modo especial porque creo que no compiten con las mismas reglas que el resto: tienen a ocho personas trabajando doce horas diarias los siete días de la semana, nunca jamás me han dado una factura y tengo dudas acerca de si pasarían inspecciones de trabajo, sanidad o Hacienda. En mi familia tengo vetados los chinos cercanos, salvo caso de extrema necesidad (pan o cerveza a las once de la noche).

Gitanos, rumanos, musulmanes y chinos, y seguro que el lector tendrá los suyos. Me digo a mí mismo que yo no soy racista, pero he dejado aquí un buen catálogo, y me permito decir en público que deberíamos frenar el avance de los chinos, que se están quedando con todo, y que sobre todo deberíamos impedir ya (y ya llegamos tarde) el avance del islamismo. Es la guerra santa, idiotas, escribió Arturo Pérez-Reverte en agosto de 2014. “Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez”.

A veces me cabreo conmigo por pensar así y me planteo a qué distancia estoy de los supremacistas o de Donald Trump y su famoso muro para frenar a los “espaldas mojadas”. Me contesto que a una distancia sideral, pero luego veo los problemas que hay en numerosas ciudades europeas con los musulmanes, como en París, Bruselas, Colonia, Estocolmo y tantos otros, y me sorprendo diciendo a mi mujer en voz alta: “no me extraña que estén surgiendo tantos movimientos de extrema derecha en Europa”.

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¿Qué he dicho? ¿Estoy justificando a Matteo Salvini, Víktor Orbán o a los líderes de ultraderecha de Alemania o Suecia? Y aunque diga que no, que nosotros no somos así, me vuelven a la mente las palabras de la canción:

“Creo que todos somos algo racistas”, con el agravante de que ese “algo” ha crecido desde aquella vez que vi Avenue Q hace apenas cinco o seis años.

 

El sexto sinsentido, por Barney

Guardiola 0

«En ocasiones, veo Guardiolas», pronunció el niño con una voz susurrante.

En mi larga carrera de psicólogo infantil, pocas veces me encontré con un caso igual de singular, una terapia en la que por momentos sería yo quien viera alteradas sus convicciones.

«Están por todas partes, los veo en todos los medios». Aprecié cierto miedo en las palabras del chico, como si temiera que a raíz de las mismas yo fuera a emitir un diagnóstico de locura o Sigue leyendo

La grieta salarial, por Josean

Desigualdad portada

Hoy se cumplen diez años del colapso de Lehman Brothers, y, como no podía ser de otro modo, nos toca hablar de una de las peores consecuencias de la terrible crisis que se originó posteriormente: la grieta salarial. No la brecha salarial entre hombres y mujeres, vergonzosa anomalía que da para otro post completo, sino la grieta salarial creada entre los sueldos altos y el resto de la plantilla.

La palabra «brecha» suena a herida abierta que se trata de cerrar con unos puntos de sutura, si bien los hilos con los que se cose la brecha salarial son tan finos como las normas o disposiciones legales con las que pretenden eliminarse las diferencias de género que existen en las plantillas de las empresas. Sin embargo, al menos en esa brecha aprecio un intento de sutura, de cierre de la misma (aunque siga sin funcionar), mientras que la grieta que explicaré en este texto no para de crecer. Como una grieta en un edificio o en el suelo, que aumenta día a día si no se arregla acometiendo medidas estructurales profundas.

No hay que bucear demasiado en Internet para encontrar noticias sobre esta desigualdad creciente:

Marzo de 2016. Economía digital: La brecha salarial entre directivos y empleados se multiplicó por diez durante la crisis. Según el artículo, durante el período analizado el salario de los directivos creció un 10%, mientras que el incremento para el resto de la plantilla fue de solo el 1%.

No es algo nuevo, desde el principio de la crisis se vio lo que iba a ocurrir:

Junio de 2011. El País: La brecha salarial entre directivos y empleados creció durante lo peor de la crisis.

La EADA (Escuela de Alta Dirección y Administración) publica cada año junto con la consultora ICSA un Informe sobre la Evolución Salarial en España. Se puede encontrar y descargar con facilidad. El último Informe analiza el período 2007-2017 y separa a los trabajadores en tres categorías: directivos, mandos y empleados. Concluye de un modo que creo que no sorprende a nadie: las diferencias no han disminuido, sino que incluso se han incrementado:

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Entre lo positivo del Informe está que al menos el mayor incremento en el último ejercicio se ha producido en el tramo de los considerados «mandos intermedios», colectivo que con la tímida recuperación ha vivido la reactivación del mercado de trabajo y la mejora de sus expectativas. Los jóvenes, que suelen acaparar los sueldos más bajos, y los empleados con menor cualificación apenas han experimentado cambios en sus condiciones.

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En Estados Unidos, la desigualdad salarial es la mayor que ha habido nunca, según el Pew Research Center. Lleva décadas creciendo como esa fucking grieta de la pared que no se cierra ni disminuye, hasta el punto de que en 2013 la riqueza media de las familias con ingresos más altos multiplicaba casi por siete a las de nivel intermedio, cuando al principio de la crisis y durante los últimos treinta años este baremo se movía entre cuatro y cinco veces:

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El estudio continúa hablando del estancamiento sufrido por las clases medias y bajas en Estados Unidos, la pérdida de puestos de trabajo, y concluye que la mayoría de americanos no están experimentando esa recuperación de la que hablan los medios y algunas estadísticas. Este cuadro es demoledor:

Diapositiva4El deterioro medio de los ingresos por familias no se ha repartido del mismo modo: las clases bajas pierden, la clase media se mantiene y las clases altas, los triunfadores de la gran crisis, arrasan. Algunos premios Nobel llevan años advirtiendo de esta aberración, como Joseph Stiglitz, con El precio de la desigualdad (Ediciones Taurus), en el que explica lo que todos vemos, que la riqueza atrae más riqueza o cómo el 1% de la población cuenta con lo que el 99% necesita. Otro Premio Nobel como Paul Krugman se pasó los peores años de la crisis denunciando esta desigualdad y preguntándose si era necesaria y evitable. La época de mayor crecimiento «en los Estados Unidos se dio durante los años cincuenta y sesenta, a pesar de que los impuestos eran mucho más elevados para quienes disponían de mayores ingresos y la desigualdad era mucho menor en comparación con la época actual». (Enero de 2016,The New York Times).

Hace más de un año escribí sobre la necesidad de subir el sueldo a los que denominé «estos chicos». En aquellos meses se hablaba de recuperación y se nos trataba de vender una idea exagerada de la misma, como si de repente nos pudiéramos animar de nuevo a una fiebre consumista o compradora. Por el contrario, somos muchos los que siempre hemos creído que la recuperación solo llegará cuando ese enorme colectivo de jóvenes y no tan jóvenes experimente una mejora real de sus condiciones de vida, comenzando por las salariales, por supuesto.

Necesitamos una clase media con más recursos, unos jóvenes que vean cercano un futuro mejor, y lo cierto es que lo que les ofrecemos es desolador. Y es estúpido, además. Sus efectos están ahí, a la vista. El Servicio de Estudios de la CEOE, en su informe Panorama Económico de septiembre de 2018, señala el frenazo del impulso de la economía española, y entre sus factores destaca «la pérdida de dinamismo del consumo privado». Hace más de un año el FMI advirtió de que «la desigualdad y los bajos salarios amenazan la recuperación de las economías avanzadas». Qué raro que la gente con salarios bajos no quiera consumir más, qué insolidarios, ¿no?

Noam ChomskyY si algunos premios Nobel, la CEOE, el FMI y decenas de consultoras y estudios señalan sus peligros, ¿por qué no se hace nada para frenar la desigualdad, la precariedad del trabajo y los salarios bajos? Dentro de no muchos años lamentaremos la imposibilidad de pagar unas pensiones dignas, el envejecimiento de la población, el deterioro de los servicios sociales que no podrán mantenerse por la debilidad de la recaudación tributaria de los estados, y quizás nos preguntemos si no se podía haber hecho algo antes. Mucho antes.

El profesor y activista estadounidense Noam Chomsky, en el libro ¿Quién domina el mundo? (Ediciones B, octubre de 2016) establece un interesante paralelismo entre la situación de la clase obrera en la década de 1920 y la época actual, basándose en un estudio clásico de Norman Ware publicado hace noventa años:

«En muchos sentidos, las condiciones de la clase obrera cuando Ware escribió eran similares a las que vemos hoy, porque la desigualdad ha alcanzado otra vez las cotas enormes de finales de la década de 1920. Para una pequeña minoría, la riqueza se ha acumulado por encima de sus avariciosos sueños. En la pasada década, el 95% del crecimiento ha ido a los bolsillos del 1% de la población, sobre todo a un sector de esta. La media de ingresos reales se sitúa por debajo de la cantidad en la que estaban hace veinticinco años, y la media de ingresos reales de los varones está por debajo de su valor en 1968″.

Joder, claro que sí, los que trabajamos en las áreas financieras de las empresas hemos visto en 2015 salarios de veinte años atrás, cuando los precios y el nivel medio de vida no tenían nada que ver con los actuales. Pero cada vez que se habla de subidas de sueldo en las compañías hay otras prioridades. Siempre. No se frenan determinados excesos, sobre todo en determinados niveles directivos, pero sí se limitan severamente los incrementos para la plantilla. «Pero si te puedo ahorrar el doble en gastos de representación, en viajes inútiles, en tributaciones en especie que se ahorran algunos directivos y le cuestan a la empresa, en familiares de- mantenidos en nómina, en estudios para ofertas que no vas a conseguir, en…». Nada, que este año tampoco toca. Y mira que los beneficios sociales de tales medidas serían inmediatos sin perjudicar las cuentas de resultados de las empresas.

El estudio de Ware se centra en «la degradación sufrida por el obrero industrial». Para Ware, el trabajo asalariado se consideró similar a la esclavitud, y solo se superaría cuando «los que trabajaban en las fábricas las poseyeran». Esa idea da pie a Chomsky para recordar «la idea de que las empresas productivas deberían ser propiedad de los trabajadores, común a mediados del siglo XIX, no solo para Marx y la izquierda, sino también para la figura liberal clásica más destacada del momento, John Stuart Mill. Mill sostenía que «la forma de asociación que debe esperarse que predomine si la humanidad continúa mejorando es (…) la asociación de los trabajadores mismos en términos de igualdad, propietarios colectivamente del capital con el cual llevan a cabo sus operaciones y con directores elegibles y revocables por ellos mismos». Economía del fraude inocente

Me encanta esa idea, pura quimera. Pero los directivos se han blindado en sus puestos, han reforzado sus salarios, añadido beneficios extras y algunas grandes empresas incluso se traspasan de padres a hijos como si de una propiedad o una corona se tratara. El economista canadiense John Kenneth Galbraith, en el libro La economía del fraude inocente, avisó de lo que él denominaba «el hecho fundamental del siglo XXI: un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el auto-enriquecimiento».

«El enriquecimiento legal de los directivos a través de remuneraciones millonarias es un fenómeno común, presente en todas las grandes empresas. No resulta sorprendente, puesto que son estos quienes establecen su propia retribución».

Galbraith murió en 2006 y si hubiera vivido lo que sucedió años después, a buen seguro despotricaría con más fuerza sobre el poder de los ejecutivos de las grandes corporaciones:

«La dirección lo controlaba todo, los propietarios eran irrelevantes; algunos auditores se mostraron dóciles. Las stock options servían para enriquecer a los implicados y ocultar ligeramente el golpe».

Me cuesta ver la solución, apenas he visto cambios, ni siquiera de mentalidad. La grieta salarial ha aumentado, por desgracia. La opinión que tengo de algunos directivos o de los «genios» de las finanzas ya la he explicado en estas páginas. Han pasado diez años de la caída de Lehman Brothers y desconfío de muchas de aquellas medidas de control que se implantaron y que parecía que evitarían que sucediera un nuevo cataclismo económico mundial. Se rescató la tasa Tobin y se volvió a enterrar, otro clásico de las «posguerras» económicas.

Según JP Morgan, la próxima crisis financiera llegará en 2020, en función del valor de los activos, la desregulación y el grado de apalancamiento de algunos agentes económicos. Al ritmo actual la clase media continuará estancada y seguiremos hablando de mileuristas y de pobres currantes que desearían ser mileuristas.

Mientras todo esto pasa, aquí seguiremos hablando de másteres regalados, de un tipo mediocre fugado a Bruselas y discutiendo sobre si sacamos a un sujeto funesto del mismo sitio en el que lleva cuatro décadas, sepultado (afortunadamente) debajo de una losa de 6 toneladas.

 

 

Los actores (II): el ganado, por Travis

Cary Grant

El director británico Alfred Hitchcock fue inquirido en una ocasión por aquella frase en la que afirmó que los actores son como el ganado, y su manera de aclararlo fue mejor aún:

«Lo que dije es que deberían ser tratados como ganado»

Puede que se refiriera a Sigue leyendo