Los Negreira boys (y III): la prensa

En todo lo relacionado con el caso Barça/Negreira, hay una tercera pata fundamental para que esto haya durado dos décadas al menos (a mí me salen tres), una tercera pata sin la cual nada de esto habría sido posible, al igual que en Italia: la prensa. Una prensa cómplice que mira hacia otro lado, cuando no se dedica a manipular, blanquear o tratar de tapar. Lo hicieron desde el primer día y más ahora, justo cuando parece que el asunto se agita de nuevo con la entrada a saco de Florentino Pérez.

El diario más leído en este país, no solo de prensa deportiva, el Marca de Juancho Gallardo, publicaba la semana pasada lo que denomina el Informe Negreira, un análisis exhaustivo repleto de datos, estadísticas globales de penaltis y tarjetas, e individuales sobre árbitros, tendencias… y unas conclusiones bochornosamente equidistantes. No sé por qué lo sacan ahora, tres años y tres meses después de que saltara el escándalo, salvo que se deba a que empiezan a prever una posible sanción de la UEFA y comiencen una campaña de presión o de blanqueamiento. El Real Madrid es otra entidad que también va tarde en esta denuncia ante la UEFA: Florentino Pérez lleva toda la campaña electoral anunciando el famoso dossier de 500 páginas que va a presentar al organismo europeo, un dossier tardío y seguramente insuficiente, que se uniría a la denuncia presentada por los miembros de negreiragate.com, mucho más extensa y seguramente completa que el dossier que el club no termina de presentar. 

El Informe Negreira comienza con unos párrafos del director del medio que anuncian la línea editorial que va a seguir a continuación: “Hasta el momento, nada se ha podido demostrar en cuanto a una posible actuación tendenciosa, orquestada o parcial (en todo caso delictiva) de los árbitros en favor del Barcelona o en contra de sus principales rivales”. Con un par. Tenemos a un vicepresidente de los árbitros untado hasta las cejas (acreditado) por un solo club (acreditado), con mando en plaza para decidir sobre designaciones (acreditado), ascensos (acreditado) y descensos (acreditado), dotado de un índice corrector (acreditado) para cambiar las puntuaciones de los colegiados (acreditado) y viene este tipo a soltarnos que no se ha podido demostrar nada sobre una actuación delictiva.

El director de uno de los medios que más se ha pronunciado en favor de Riquelme presume de haber hecho “el análisis exhaustivo, completo y detallado que aún no se había hecho tras destaparse el caso Negreira”. Cabe preguntar por qué motivo un medio que había hecho poco más que ponerse de perfil durante más de tres años se lanza ahora con un trabajo aparentemente riguroso. Y ya se moja sobre la resolución que debería tomar el caso cuando afirma que “mientras el caso se dirime en los juzgados y queda descartada la sanción deportiva por prescripción de un posible (e indemostrado) delito…”. Demasiadas precauciones, ¡demasiado condón, Juancho! ¿Hay temor a que la publicidad de Tebas se reduzca en el medio?

El informe está dirigido a una pregunta que, según entendemos muchos, no es la relevante, aunque también lo sea: “¿Se demuestra que ayudaron los árbitros al Barça?”. Yo pagué a un sicario para que asesinara a mi jefe, pero este no remató el encargo. ¿Mi delito depende de si se consumó el asesinato o no? Y una vez que el informe se centra en avalar o negar esa hipótesis, se lanza a publicar toda una serie de estadísticas que, en el fondo, importan poco. Y aun no siendo lo relevante del caso juzgado, el ánimo blanqueador queda patente en muchas de las afirmaciones vertidas:

Hay un párrafo en el que podían haberse extendido más, que es en el que se refiere a los árbitros en los que mayor diferencia en puntos había según pitaban al Real Madrid o al Barcelona. “Pero, al mismo tiempo, hay una segunda forma de leer estos mismos datos. No comparando al Barça con el Madrid, sino mirando sólo al Barcelona. Y ahí el paisaje cambia. Con 40 árbitros habituales, el Barça superó sus propias medias de victorias, derrotas y puntos con 15 de ellos. Hasta ahí, nada llamativo. Lo que sí lo es es que con cinco de esos 15 árbitros -Undiano, Mateu, Ayza, Sánchez Martínez y De Burgos- el Madrid obtuvo al mismo tiempo resultados por debajo de sus propias medias”. ¡Coño, pues podían haber insistido por ahí! O podían haber incidido en el hecho de que los mencionados alcanzaran la internacionalidad (es decir, promocionaran y fueran bien puntuados, entre otros o principalmente, por Enríquez Negreira) debido, quizás y solo hipotéticamente, a esta anomalía estadística. Sin tanto dato, solo con actuaciones en temporadas puntuales, varios de estos árbitros aparecieron en mi particular Anatomía de un Negreirato, esa explicación de todas estas anomalías en formato comedia, el único posible para explicar el fútbol español.

Sin embargo, el informe prefiere tirar por otros derroteros, solo por la estadística, sin apenas entrar en lo que esos datos pueden significar. No habla de errores groseros, como muchos de los que se produjeron en lo peor del Negreirato, ni de cómo esos árbitros fueron promocionados, descendidos o designados para las finales de Copa en función de a quién beneficiaban o perjudicaban. En definitiva, la línea editorial, o pastoral, si lo prefieren, de los lacayos de Sánchez Arminio y Enríquez Negreira.

Podían haber incidido en la carrera de estos colegiados, por ejemplo, en cómo Undiano Mallenco fue tan importante para que el Barça se llevara la Liga 2013-14, por ejemplo, pero apenas lo hacen. «El análisis estadístico no detecta una diferencia significativa entre la frecuencia de asignación de los árbitros favorables al Barça y la de los neutrales o desfavorables: los ‘pro Barça’ pitaban de media 19,4 partidos al equipo catalán, los ‘pro Madrid 18,9. La diferencia es mínima en el global». La siguiente frase sí podía haber sido un filón del que tirar, pero no lo explota, pese a que ha quedado acreditado durante las investigaciones que Negreira tenía influencia sobre las designaciones de los colegiados. «Cuando se acota al grupo de los cinco árbitros con el patrón más consistente -los que simultáneamente tienen al Barça arriba y al Madrid abajo en las tres métricas- la frecuencia de designación sube de forma notable. Si el CTA controlaba quién pitaba a quién, y si ese control buscaba algún efecto, esos números sugieren dónde habría que mirar». Habría que mirar, pero hazlo tú, que a mí me da la risa. De hecho, el informe no habla en ningún momento de errores puntuales, salvo en un caso, en uno de Mateu Lahoz que perjudicó, oh, casualidad, al Fútbol Club Barcelona. ¿No es demasiado evidente lo que pretende este informe supuestamente tan riguroso?

«Mateu Lahoz es el más difícil de encajar» porque siempre fue un verso libre en el CTA, un tipo que hizo carrera pese a no ser de la cuerda de los capos en un organismo definido por varios de sus exmiembros como «una famiglia» o «una mafia». Que conste que a mí nunca me gustó como árbitro, por su afán de protagonismo, por ir de «bienqueda» con todos, y por lo imprevisible de sus decisiones, muchas de ellas totalmente incomprensibles.

El informe continúa con sus datos estadísticos, sin querer entrar en ningún momento en los errores garrafales de los Iturralde, Hernández Hernández o Clos Gómez de siempre, errores que eran recompensados, por cierto. Los señores de Marca pecan siempre, siempre, en cada frase, en cada matiz, en pro de una imposible equidistancia entre un equipo que pagó más de 8 millones de euros a «la mano derecha de Sánchez Arminio» y otro que padeció los arbitrajes de esa época.

El ejercicio de equilibrismo es demasiado obsceno hasta para el medio que más fondos recibe de Javier Tebas todos los años. Estuve a punto de dejar de leerlo y tirar el ordenador por la ventana cuando vi que publicaban una cosa llamada «Índice de Favoritismo» arbitral, en el que, ¡por supuesto!, Real Madrid y Barça empatan. Podéis iros a esparragar:

Es un análisis en el que no entran a valorar los criterios de designación para los partidos clave de la temporada, siempre opacos, paridos en los que curiosamente solían aparecer con demasiada frecuencia los Hernández Hernández, De Burgos Bengoetxea o Sánchez Martínez. Tampoco explica cómo las estadísticas se maquillaban en los partidos a priori más sencillos de cada temporada o en las jornadas finales, cuando «su trabajo» ya había sido realizado. E insisto una vez más, nunca se han explicado los dudosos criterios con los que los colegiados eran promocionados a la categoría internacional, donde sus emolumentos aumentaban de manera considerable, o cómo eran descendidos. El famoso índice corrector o corruptor que aparece en el informe de la Guardia Civil sobre el caso.

Las conclusiones de este Informe Negreira que tantos datos iba a aflorar no pueden resultar más decepcionantes: de nuevo la equidistancia más absoluta. Trata de dar cabida al discurso de madridistas y barcelonistas, y eso, con tantas evidencias afloradas por la Guardia Civil, la Agencia Tributaria o los informes de Juan P. Frutos y Maketo Lari, no es posible, señores de Marca. Como diría Michael Corleone: «es un insulto a mi inteligencia».

No, Marca, los tribunales no están intentando determinar «lo que hizo ese dinero dentro de los partidos de fútbol». Llevar el caso a actuaciones concretas, a un penalti o fuera de juego mal señalado, es el argumento que los directivo culés intentan poner en el centro del debate. Un club de fútbol no puede pagar a un dirigente de los árbitros por nada, ni por informes, ni mucho menos por influencia. No es necesario acreditar la compra de partidos o de colegiados, me duelen los dedos de tanto aporrear el teclado para escribirlo.

Si algún interesado quiere ver análisis estadísticos más serios, se puede pasar por la web de negreiragate.com. A mí me encantaría poder acceder a un documento del que hemos sabido esta semana, titulado El retorno de la parcialidad arbitral. Cuantificación del beneficio competitivo obtenido por el Barça (2001-2018). Según el artículo de The Objective, «el análisis ha sido elaborado en base a un índice compuesto de anomalía arbitral (ICA). Se identifica una anomalía severa y sistemática a favor del FC Barcelona […] La modelización contrafactual estima un beneficio competitivo neto para el club que oscila entre los 6,8 y los 11,6 puntos por temporada, con un escenario central de 9,2 puntos de media«.  

La prensa no se hace eco de este informe, tampoco la deportiva. Ellos están a lo suyo, al blanqueamiento de todo lo sucedido, al «aquí no ha pasado nada, no me toques al Barça, que empieza el Mundial». Hace dos semanas pudimos ver el mejor ejemplo de cómo una información falsa se difunde rápidamente. Sergio Yebra, uno de los miembros más activos de negreiragate.com publicó un artículo titulado El equipo de blanqueamiento sincronizado del caso Barça-Negreira:

No ha habido ninguna novedad por parte de la Agencia Tributaria desde su informe de marzo de 2022, que es el que determina que las facturas de las empresas de Enríquez Negreira podían «estar encubriendo servicios ilícitos» y lo pasa a la Fiscalía para que lo investigue.

Pues bien, como explica el autor del artículo, hace dos semanas se pone la maquinaria a funcionar para decir que un nuevo informe de la Agencia Tributaria descarta que se hubieran comprado árbitros, una información errónea que parte de ese Miguel Galán que va por ahí escribiendo monografías del caso Negreira sin haber leído los informes existentes, por lo que se deduce de sus escritos. Y los «sospechosos habituales» se ponen a difundir el discurso hasta con las mismas palabras: la Cope, Mundo Deportivo, elNacional.cat, el As (que lo retiró rápidamente), el blanqueador oficioso del CTA, Pável Fernández…

Repito: no ha habido ningún nuevo informe de la Agencia Tributaria en mayo de 2026, es la misma información que da origen a las investigaciones de la Fiscalía y la Guardia Civil. Y si puedo entender (mal) a los medios que reciben fondos de Tebas, me parece inadmisible que Televisión Española entrara en este mismo juego de propagación de mentiras:

Las dos imágenes de la izquierda son de mayo de 2026. Teledeporte o Televisión Española no pueden decir que desconocieran el informe de Hacienda pues ya habían dado cuenta del mismo en cuanto saltó el escándalo, a principios de 2023, como bien destapó Helena (@HdeHelena_RM, una de las personas más importantes tras la cuenta negreiragate.com) y como puede verse en la imagen de la derecha. Es lo que tiene haber dejado la sección de deportes en Sant Cugat, que se dedican al blanqueamiento por devoción, no por «subvención tebana».

Esa es la prensa que tenemos. Y ya que aparece Enrique Riquelme por aquí, daría para varios post adicionales el papelón que han hecho el diario Marca, la Cope, El Mundo y El Confidencial durante la campaña a la presidencia del Real Madrid. Bochornosos. Lamentables. Así nos va.

Los Negreira boys (II): las 7 Ligas robadas

Aparte del índice corrector del que hablé en la primera parte y de los «Negreira boys» que pronunció en LaSexta, Florentino Pérez soltó en la rueda de prensa del pasado martes una frase que sonó inicialmente como una bravuconada, un calentón de barra de bar: “hemos ganado 7 Ligas y nos han robado otras 7”. Claro que, si uno analiza bien al Florentino calculador, al ingeniero que preside una de las mayores empresas concesionarias de infraestructuras del mundo, le da por pensar: ¿por qué dijo 7 y no 5, u 8? No pareció un número lanzado al tuntún, en especial, porque segundos después completó su afirmación con otra frase lapidaria: “solo este año nos han robado 16 ó 18 puntos”. Ahí me cercioré del todo. Para el Florentino que mide sus pasos, esas 7 Ligas robadas no eran una boutade, una cifra lanzada alegremente al aire, sino algo que llevaba clavado en las costillas del mismo modo que tantos aficionados cargamos con las ligas de Tenerife, la final de Copa del 90 o el teatro de Dani Alves en el Bernabéu.

(Artículo publicado en La Galerna el 15 de mayo de 2026)

Creo que el cálculo de Florentino va por el hecho de que, durante el período investigado (2001-2018), el Fútbol Club Barcelona se llevó 9 Ligas, pero dos de ellas no corresponden al mandato de Florentino, y de ahí salen las 7, pero a mí me rondó la idea de comprobar si, como dice el título de este artículo, de verdad nos han robado 7 Ligas. Es un ejercicio que posiblemente carezca de sentido, como tratar de calcular cuánto correría Armstrong sin ir dopado hasta las cejas, pero quise hacerlo para esos que dicen que «es que el Barça jugaba muy bien al fútbol». Pues vamos con ello:

  1. 2020-2021

Para mí hay una Liga clarísimamente escamoteada y su vencedor no fue el cliente único de Negreira. Me refiero a la temporada post-pandemia, posiblemente la más bochornosa que recuerdo en mi vida. Tanto que escribí dos artículos en esta misma web como si toda la temporada hubiera sido una serie de ficción con un guion establecido de antemano:

La Liga en ocho capítulos, puesto que el personaje principal flojeaba, el Barça, el sistema puso todos los huevos en la cesta del secundario, el Atleti, con ayudas sistemáticas desde el inicio.

El capítulo octavo, la resolución de este lamentable culebrón. El Real Madrid completó un campeonato con una anomalía estadística (una más): ni un solo penalti pitado en toda la liga por los árbitros de campo. Los tres que se señalaron a favor de los blancos eran tan groseros que a los “artistas” del VAR no les quedó más remedio que señalarlos. Fue la liga del gol anulado a Mariano en Getafe, la única vez que HH no atendió la corrección del VAR (en el Atleti-Real Madrid), la del tiempo muerto del Cholo, la orden de ir a jugar a Pamplona en un campo helado, la del esperpento del Madrid-Sevilla en Valdebebas… releo los artículos y me sorprende ver que llegamos con opciones a la última jornada.

  • 2015-16

Fue la primera (media) temporada de Zidane en el banquillo blanco, y aunque cogió al equipo muy alejado en la clasificación, terminó a un solo punto. Esa temporada quedará marcada por el récord histórico de 19 penaltis a favor del Barça, algunos tan inverosímiles como el despeje de puños de Adán, portero del Betis, varios piscinazos de Neymar (escandaloso el que pitó Sánchez Martínez en Villarreal en su camino a la internacionalidad), o dos de los tres pitados en contra del Sporting de Gijón en poco más de diez minutos (¡Clos Gómez, again!).

El Negreirato en estado puro, con un Barça que podía hacer de todo en su área (un penalti en contra en dos ligas y media) y cuyos desplomes en área rival eran señalados como si los culegiados sintieran una descarga del propio Negreira en su brazo. Pero es que no solo fue eso, sino que el Barça anotó entre 8 y 12 goles en fuera de juego.

Estaba claro que a los de Zizou les iba a resultar una tarea casi imposible lograr el campeonato, como se vio en la victoria en el Camp Nou en la que se ganó con diez y en la que HH (de nuevo) anuló el famoso gol de cabeza de Bale por una falta muy clara. Una falta de centímetros de Jordi Alba, quiero decir.

  • 2024-25

Solo 4 puntos separaron al Madrid del Barça en la clasificación. Reconozco que no tengo claro si para mí es una de esas 7 Ligas tangadas por el pobre juego del equipo y porque el Barça de Flick iba con una marcha más, pero sí tengo muy claro que hubo una orden clara en el Tinglao (llámenlo CTA, Federación, Liga o, directamente, Clos Gómez a los mandos del VAR) para que el Madrid perdiera los 7 puntos de ventaja con los que llegó a contar en febrero. Los arbitrajes consecutivos contra Osasuna, Atlético de Madrid y Espanyol entran directamente en el top de escándalos (larguísimo) que ojalá algún día se investiguen. A ser posible, antes de que prescriban. Motivaron la carta de protesta del club, cuatro páginas muy duras en las que se mencionaba la “corrupción sistémica” de la competición, quizás la única queja institucional en todas estas décadas de tortura arbitral.

Si a todo ello añadimos que el milímetro ajustado desde el VAR cayó siempre en contra del Real Madrid y a favor de la defensa adelantada de los de Flick (recomiendo el artículo de William Pogue sobre la materia), podremos concluir que el pobre juego no debería justificar que no seamos merecedores de arbitrajes justos.

  • 2013-14

Florentino Pérez repartió algún palo en la rueda de prensa para el Atlético de Madrid, o más bien a los periodistas que nunca lo atacan: “Los periodistas que quieren quitarle el prestigio al Madrid supongo que serán del Atleti”. Lo cierto es que la prensa suele callar ante los desmanes de Cerezo y Gil Marín, con los acuerdos/regalos del ayuntamiento de Madrid, ofrece portadas a sus directivos para que ataquen de manera salvaje al Real Madrid, ensalza al Cholo o a su público (poblado por un grupo ultra de la peor especie) de una manera sonrojante… y celebra cuando este equipo recoge las migajas que le deja el Barcelona.

El Atleti calla contra el Barça porque sabe que de vez en cuando le dejan ganar alguna Liga, Copa o Supercopa. Me hace gracia porque siempre se destaca el error de Mateu Lahoz en el último partido de Liga, el que enfrentó a Barça y Atleti por el campeonato en el Camp Nou, pero nadie del Tinglao se acuerda nunca del verdadero héroe decisivo: Undiano Mallenco. Masacró al Real Madrid en Barcelona en la primera vuelta, y tuvo el mérito de conseguir que Ancelotti se quejara públicamente de su actuación:

El Negreirato, fiel a su estilo, lo colocó en el partido del Bernabéu de la segunda vuelta, en el que él solito fue capaz de desquiciar a los locales y lograr la remontada del Barça (del 3-2 al 3-4 tras todo un recital):

A mí me gustó más el Florentino agresivo con los arbitrajes y con el Barça del pasado martes, mucho más que el que ha permitido el silencio durante tantos años, los ataques de AESAF o las amenazas de González Fuertes antes de la final de Copa. Y el presidente tenía que haberse ahorrado fotos en el pasado o tener algún detalle como el que tuvo con gente como Undiano Mallenco el día de su despedida, cuando le entregó un recuerdo por sus (terribles) años como culegiado.

  • 2025-26

Miro los once puntos de desventaja en la clasificación y me cuesta incluir este campeonato entre los siete señalados por el presidente. Sin embargo, lo cierto es que tuve la sensación de que tampoco nos iban a dejar competir esta Liga desde el principio del campeonato, desde aquel día en que hubo que marcar cinco goles al Mallorca para que al menos dos subieran al marcador.

Ya no es solo que al Madrid le hayan podido quitar “entre 16 y 18 puntos de una manera descarada” en palabras de Florentino. El penalti a Rodrygo en Girona, los penaltis de Chavarría en Vallecas, los codazos a Mbappé y Bellingham, los partidos de Pamplona, Mallorca y el Villamarín,… Y los intentos que quedaron solo en conatos, como la expulsión de Huijsen en Anoeta, la roja a Valverde en el derbi, el penalti no señalado sobre Vini en Vitoria o los goles anulados ante el Barça y el Mallorca. Todas las decisiones caían siempre del lado contrario.

Y en ese lado contrario estaba el equipo favorito de Fran Soto, al que, casualmente, le salía siempre cara: el VAR que no funciona en Vallecas, el incumplimiento del protocolo en el Metropolitano para retirar la roja a Gerard Martín, la roja perdonada a Cubarsí en San Mamés, los penaltitos ante el Sevilla, los centímetros del VAR siempre a su favor… menos una vez por temporada, que es la que Flick y todo el aparato mediático culé saltan a recordar.

Real Madrid TV emitió recientemente un vídeo con esos 16 puntos que volaron, un vídeo que, según el diario As, forma parte de la documentación que el club va a enviar a la UEFA (llevan tres años y no han enviado nada todavía, es lo que peor llevo).

  • 2017-18

Sé que habrá quien me ponga a caldo por incluir esta Liga, en la que el Madrid acabó a 17 puntos del F.C. Barcelona, pero quería incluirla por una razón que todos los lectores entenderán: este es el claro ejemplo de “es que el Madrid no compite las ligas”.

En el arranque de esa temporada sucedieron muchas cosas. El Real Madrid había ganado la Champions de 2017 con el mejor juego que jamás se haya desplegado en una final (4-1 sobre la Juventus). Ganó LaLiga con aquella salvajada de Zizou del “equipo A” para los partidos del Bernabéu y el “equipo B” para los de fuera, un equipazo de suplentes que marcó más goles que los teóricos titulares. En ese verano, Villar fue enchironado dos semanas junto con su hijo en el inicio de la “operación Soule” y, casi al mismo tiempo, el Madrid arrasaba al Barça en la Supercopa de España (5-1 en el global), pese a los denodados esfuerzos de De Burgos Bengoetxea por cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Un sistema moribundo como el Villarato no iba a permitir otra temporada como la anterior, así que los esfuerzos se centraron en no dejar competir al Madrid desde la primera jornada, en la que ya de por sí no podría contar con Cristiano Ronaldo por la expulsión de la Supercopa (¡cinco partidos de sanción!).

Las primeras diez jornadas de ese campeonato, la última temporada de Negreira como vicepresidente del CTA, deberían ser estudiadas en las principales academias de corrupción arbitral. El Barça anotó el 1-0 de manera ilegal en las jornadas 1, 3, 5 y 9, frente al Betis, Espanyol, Éibar y Málaga, los goles que abren la lata y dan confianza.

Además, vendrían las manos no señaladas a Piqué (¿ah, que Piqué no podía jugar con las manos?) ante Alavés y Getafe, lo que, unido a la cadena de errores en contra de los blancos, hicieron que el título estuviera decidido antes de Navidad.

Esa temporada el Real Madrid mantenía un equipazo, como se vio en una Champions en la que eliminó sucesivamente al PSG, Juventus, Bayern con victorias en París, Turín y Múnich, antes de derrotar con claridad al Liverpool en la final de Kiev. Pero desistió de competir la liga ante la dificultad de ganar en campos mucho más complicados como Girona, Vigo o el Sánchez Pizjuán.

  • Dudas

No incluyo las Ligas de Tenerife porque no pertenecen al período de Florentino como presidente. Respecto al resto, tengo muchas dudas sobre qué otras ligas nos han sido tangadas de manera tan exagerada como las que he puesto. Tengo muchas en el radar, pero en todas ellas hay matices relacionados con la asunción por parte de los nuestros de que no se podía competir al no jugar en igualdad de condiciones. Por ejemplo, la temporada 2022-23, la que se llevó ese Barça pobrísimo dirigido por Xavi Hernández.

¿Era mejor equipo ese Barça que el Madrid de Ancelotti, que venía de ganar Liga y Champions la temporada anterior? Tengo muy claro que no, como se vio en Europa. El Real Madrid llegó a las semifinales de la Champions, mientras que ese Barça mediocre cayó a la Europa League tras una primera fase muy pobre, y en esta competición menor no fue capaz de superar los octavos de final de una competición que finalmente se llevó el Sevilla. ¿No éramos capaces, ni aun con el sistema en contra, de haber competido mejor ese campeonato? Yo creo que sí.

Si me remonto más en la historia, me da por recordar algunos campeonatos en los que me quedó la duda del hollywoodiense What if? ¿Y si al menos hubiéramos intentado competir hasta el final algunos años? La que se llevó el Deportivo de La Coruña en el año 2000, por ejemplo.

El Real Madrid acabó quinto, es cierto, pero no lo es menos que se dejó ir en las últimas jornadas, en las que cayó derrotado en el Bernabéu ante Racing de Santander, Alavés y Valladolid en los últimos tres partidos como local. En esas últimas jornadas, el Real Madrid estaba inmerso en la conquista de la Octava en París (semis frente al Bayern, final contra el Valencia) y si las matemáticas no engañan, esas tres victorias aparentemente previsibles, le habrían dado el título a los blancos. Es una Liga competida durante el mandato de Lorenzo Sanz, por cierto, no de Florentino.

¿Pero fue una “liga robada”? Yo creo que el Depor también sufrió arbitrajes severos en contra, como reconoció el árbitro Panadero Martín, arbitrajes que favorecían a quien ya entonces pagaba al vicepresidente del CTA.

El Madrid se había descolgado del campeonato en los primeros meses. En octubre de 1999, en la primera vuelta, sufrimos uno de los mayores latrocinios que se recuerda, cómo no, en el Camp Nou. Fue aquel día en que Raúl silenció el estadio en los últimos minutos, un partido que no se perdió de milagro, pese a que se tenía que haber resuelto mucho antes, cuando, a la media hora, Sergi Barjuán hizo un penalti que vio todo el estadio, incluido el propio Díaz Vega, fiel lacayo de Sánchez Arminio y Enríquez Negreira. Con un jugador menos y ventaja en el marcador, no habría sido necesario esperar a los últimos minutos para evitar la derrota.

Y si… no hubiéramos estado tan descolgados en Liga, a lo mejor no se habrían tirado los últimos tres partidos del Bernabéu, pero sinceramente creo que el Depor fue justo campeón aquel año.

Seguro que me dejo muchas jugadas en el camino, muchos errores que cayeron siempre del mismo lado (ahí está el “Rosco del clásico atraco”), lo que, 8,4 millones después, nos hace saber que no fueron errores, sino la manera de que los trencillas se quedaran en Primera o ascendieran a internacionales. Los “Negreira boys” se mantienen en sus puestos, los neutrales fueron descendidos y los que no valían, pero eran fieles… ¡permanecen en el VAR!

Fumiguen esto, por favor.

Los Negreira boys (I): el índice corrector

Florentino Pérez regaló muchos titulares la semana pasada en sus dos comparecencias. Sin entrar en las formas algo atropelladas de su discurso, quería centrarme en lo relacionado con ese asunto del que llevo ocupándome ya bastante tiempo (ahí está Anatomía de un Negreirato para corroborarlo): el mayor escándalo de corrupción deportiva y federativa que hemos visto en España, por encima incluso de la Operación Puerto. El caso Barça-Negreira es un fraude a la competición que entre todas las instituciones deportivas y políticas están intentando tapar, diluir o dejar que muera como terminará sucediendo con el caso Soule.

Este post va a ser largo y se centra en dos aspectos que mencionó Florentino, dos asuntos en los que se incide menos de lo que quizás se debería:

  • Los “Negreira boys” que siguen pitando en los terrenos de juego o ejecutando, perdón, ejerciendo, desde el VAR. Ascendieron o se mantuvieron gracias al llamado “índice corrector”.
  • Las 7 Ligas que supuestamente ha perdido el Madrid en esos años, o “nos han robado”, como soltó ese Florentino desatado que vimos el martes.

Puesto que nadie, ni siquiera el Real Madrid ha hecho lo suficiente para que se sancione al club pagador, el Barça, ni para que se cambie el sistema corrompido del Comité Técnico de Árbitros, o para que, al menos, se aparte a los árbitros que puedan estar bajo sospecha por haber ascendido con Negreira o por haber pagado el coaching de su hijo (ambos investigados, que es un dato suficiente para haberlos apartado de sus funciones), un grupo de personas comandado por el abogado Juan Luis Martín de Genis y por Ricardo Ramos Neira nos pusimos manos a la obra para juntar toda la documentación existente y hacérsela llegar a la UEFA, la FIFA y diversos medios internacionales.

Así nació negreiragate.com, una página en la que se pueden encontrar las denuncias presentadas, informes de la Guardia Civil y de la Fiscalía, la Agencia Tributaria, las declaraciones en el juzgado de los testigos e investigados, con traducciones al inglés y francés… Un trabajazo que no han hecho ni los periodistas de este país, ni los clubes afectados por este caso. Que no es solo el Real Madrid, por cierto, que son todos los demás, los mismos que firmaron una carta en contra del Real Madrid (Contra todo y contra todos) por mencionar las palabras del auto del juez, que aquí había indicios de “corrupción sistémica” de la competición.

En la web se puede encontrar y descargar abundante información, mucha más que las 500 páginas de las que habló Florentino como parte del dossier que algún día presentará a la UEFA. Nunca he entendido que el Real Madrid dejara pasar tanto tiempo, lo que, unido a las palabras del presidente “necesitamos un Barça fuerte” le perseguirán todo su mandato.

Por cierto, resulta curioso que solo OK diario se haya hecho eco de la creación de esta web, pese a que contiene numerosa documentación que ayuda a entender el caso, unos informes oficiales que la inmensa mayoría de periodistas han evitado tratar en sus medios. El autoproclamado mejor periodismo deportivo del mundo.

El índice corrector

El sistema lo teníamos muy claro desde el principio. Así lo escribí en el mismo mes de febrero de 2023, a los dos días de que supiéramos del caso Negreira: Faltan piezas por salir, faltan los peces gordos. Varios años antes, en 2017, ya sabíamos de ese índice corrector que hacía que unos árbitros ascendieran, promocionaran a internacionales o que otros descendieran de categoría, con la consiguiente reducción de sus emolumentos. Ese índice nunca fue transparente y siempre hubo sospechas de manipulación, lo que hizo que algunos árbitros lo denominaran el “dedo índice corrector” y otros, más atrevidos, el “índice corruptor”.

Sin embargo, nuestras sospechas no son suficientes cuando un caso se judicializa, así que corresponderá a los investigadores comprobar si Enríquez Negreira, convenientemente untado mediante el pago de facturas falsas (acreditado por la Agencia Tributaria y firmado en conformidad por el propio Fútbol Club Barcelona), tenía la capacidad de decidir sobre el futuro de los colegiados y, por tanto, sobre su salario.

El informe ampliatorio de la Guardia Civil así lo constata en sus Conclusiones (pág. 166):

Tengo muy claro que los numerosos periodistas que llevan tres años difundiendo las patrañas de que Negreira no pintaba nada o que queda acreditada la inexistencia de la compra de árbitros no se han leído nada del caso: ni el informe de la Agencia Tributaria, ni los de la Guardia Civil o la Fiscalía. Aparte de tratarse de prensa convenientemente dirigida (cuando no comprada por “El Tinglao” para difundir la versión oficial), no sé si es mayor su antimadridismo, su inutilidad o su complacencia con un sistema acreditadamente corrupto.

“Este señor (por Negreira) ejercía funciones relevantes en el seno del Comité Técnico de Árbitros (CTA)… reuniones semanales o quincenales en el CTA y/o puntuación a los árbitros, así como las previsibles consecuencias que esta labor traería consigo a la hora de suponer su ascenso o descenso…”. Luego pintaba y mucho, según la Guardia Civil, o según el libro La verdad del caso Negreira, del excolegiado Xavier Estrada Fernández.

Esos mismos periodistas han defendido de manera vehemente que ni un solo árbitro ha declarado haber sido comprado, presionado o coaccionado para pitar de una manera u otra. Y estoy de acuerdo, coño, porque, como todos hemos dicho desde el principio, al pagar a la figura clave se compraba el sistema. De ahí que se hable de “corrupción sistémica”, que es como lo denomina el juez Aguirre. Pero es que, además, tras las testificales tomadas al colectivo arbitral (se puede leer en el escrito de Conclusiones de la Guardia Civil), se infiere que “recaía en Negreira la participación directa como comunicador a los árbitros, no solo de las clasificaciones provisionales, comunicadas en las reuniones físico-técnicas de mitad de temporada, sino la comunicación telefónica a los árbitros de los ascensos cosechados, tanto a la Primera como a la Segunda División”.

Solo había que unir las numerosas piezas que estaban ahí desde hacía años, muchas de las cuales ya han salido en este blog y en Anatomía de un Negreirato. Qué árbitros eran promocionados a internacionales o se les daban los partidos importantes (finales de Copa, Supercopa), es decir, ingresos extra, y cuáles eran descendidos o represaliados por el Arminiato/Negreirato.

Por supuesto que ningún árbitro va a confesar que se dejó corromper, pero eso no significa que no haya un posible delito de corrupción deportiva. De hecho, a todos esos periodistas que están replicando ahora de manera sesgada (en mayo de 2026) una parte del informe de la Agencia Tributaria para decir que ni un solo árbitro fue comprado, a todos ellos, tan sincronizados en sus opiniones, se les olvida mencionar el resto del punto 21 del informe de la Guardia Civil:

Este párrafo coincide también con lo explicado en su libro por Estrada Fernández acerca de la importancia de contratar al hijo de Negreira para ascender en la carrera dentro del CTA:

“- Xavi, me dice el hijo de Enríquez Negreira que tu progresión como colegiado va así -extendió la mano en una situación horizontal, levemente inclinada hacia arriba-. Si haces coaching con él, volarías.

Y acompañó sus palabras subiendo el brazo y haciendo el ruido de un avión”.

El dedo índice corrector funcionaba de un modo bastante conocido: los árbitros que se confundían a favor del Barcelona o en contra del Real Madrid permanecían en Primera y eran propuestos para internacionales (A). Los que cometían errores a favor del Madrid o en contra del Barça eran castigados y descendidos (B).

En el capítulo «Puedo ayudaros con el VAR», describo la «fenomenal» trayectoria de uno de los Negreira boys favoritos, Clos Gómez, quien, tras dejar el arbitraje por edad, pasó a dirigir el VAR con la misma pésima mano que cuando era árbitro de campo. Fue el árbitro preferido del Barça durante años, con el que solo perdió una vez y en un partido de vuelta intrascendente de Copa del Rey, y por tanto, reunía los méritos necesarios para mantenerse en el sistema parido por Sánchez Arminio y Enríquez Negreira.

El sistema sigue muy vivo, como se comprueba al ver que el Director actual del CTA es David Fernández Borbalán, un árbitro que Sport catalogó como talismán del Barça. Y el nuevo director de ese VAR en el que nadie cree es Eduardo Prieto Iglesias, un árbitro que fue ascendido a Primera por el propio Enríquez Negreira cuando sus calificaciones no daban para ello. A esto se refería Florentino Pérez cuando protestaba porque todos los artistas del Negreirato se mantenían en activo o dirigiendo desde la sede de Las Rozas:

En los capítulos 9 y 10, hablo de los primeros (A): los «errores» que los llevaron a la internacionalidad y quién les comunicó los ascensos.

En el capítulo 11 menciono a los del segundo grupo (B), los damnificados:

  • Paradas Romero: que abandonó el arbitraje tras las presiones de Díaz Vega (otro mal bicho del sistema) por no expulsar a Mourinho en un partido.
  • Muñiz Fernández: de ser considerado el mejor árbitro a ser enviado a la nevera y posteriormente descendido. Su pecado: el penalti a Pepe en Elche.
  • Llonch Andreu.
  • Brito Arceo: de árbitro más joven de España hasta el descenso que le comunica el propio Negreira. Su carrera se torció el día que pitó un penalti fuera del área en contra del Barça.
  • Pérez Lasa.
  • Pino Zamorano: quien mejor explicó el funcionamiento del dedo índice corrector.

Hay numerosos casos de ambos como para considerarlo un patrón. Por si todo esto fuera poco, la Guardia Civil deja párrafos demoledores, que concluyen lo que todos, incluidos los culés más recalcitrantes, sabemos:

Y un último punto decisivo: si es tan importante la contratación de una figura que realice informes sobre el colectivo arbitral, algo que prácticamente todos los equipos tienen en su organigrama, y dado que esta tarea la realiza actualmente una persona que cobra 49.000 euros brutos por temporada en el Barça, ¿de verdad la gente de este club sigue diciendo o pensando que los honorarios de 400, 500 o 720 mil euros anuales que pagaban a Negreira era por realizar esas mismas funciones? ¿No se pagaba un extra por influencia?

Continuará: Las 7 Ligas robadas

Invest in Spain, el país de la seguridad jurídica y los maravillosos servicios públicos

A finales del pasado mes de abril, se celebró en Madrid el encuentro Invest in Spain Summit, un espacio en el que se congregaron autoridades e inversores, tanto actuales como potenciales, para hablar de las bondades de nuestro país y nuestra economía como espacio en el que confiar y depositar fondos o ahorros privados. Ojalá tenga éxito, lo digo de verdad y así lo siento. Lo que ocurre es que escuché el discurso del presidente de gobierno, Pedro Sánchez, y me resultó totalmente incongruente con las noticias que he leído o escuchado en el último mes, no necesito remontarme mucho más en el tiempo.

Con los conflictos geopolíticos tan revueltos en todo el mundo, con la tensión actual, el presidente lanzó la cuestión: “En este contexto, los inversores se plantean una pregunta: ¿quién puede ofrecerme estabilidad y rentabilidad a largo plazo para mi dinero?”. Sabíamos que contestar sus propias cuestiones forma parte de su oratoria, así que solo había que esperar unos segundos: “La respuesta no es sencilla, pero si hoy están aquí, es por algo. Es porque parte de esa respuesta se llama España. En medio del actual caos mundial, España es un auténtico refugio seguro”.

Escuché esta respuesta unos minutos después de las declaraciones de su antiguo brazo derecho, José Luis Ábalos, en el Tribunal Supremo y fue entonces cuando mis oídos se aguzaron y me llevaron a buscar el discurso completo (enlace). Tras hablar de las bondades de nuestra economía (empleo, precios de la energía y evolución de la deuda, todas ellas adornadas con un optimismo más que matizable), destacó que España “ofrece seguridad jurídica, un entorno competitivo y un marco institucional estable”. Hombre, justo esa misma semana supimos que la sede del Instituto Cervantes en Utrecht iba a ser embargada por el gobierno neerlandés para atender parcialmente los pagos de uno de los múltiples laudos perdidos por el asunto de las renovables.

Este embargo se unió a muchos otros que lo precedieron debido a la negativa del gobierno español de atender las sentencias y laudos desfavorables. No se salva ni la selección española de fútbol, pues un juzgado de Columbia alertó sobre el previsible embargo de los ingresos que percibirá la Federación Española de Fútbol por los ingresos obtenidos en el próximo Mundial de Estados Unidos.

Ya sé que estos laudos fueron motivados por la errónea decisión en la materia tomada por el gobierno de Mariano Rajoy (del que ya di cuenta en este blog en 2016, La inseguridad jurídica salta por los aires), pero no da buena imagen del país haber perdido unos litigios por la inseguridad creada para los inversores, muchos de ellos extranjeros, y peor imagen provoca no pagar los importes a los que obligan las sentencias. Llevamos años con este goteo y la actitud (morosa) del gobierno actual no tiene visos de cambiar en el corto ni en el medio plazo.

En cuanto al “marco institucional estable”, conviene recordar las dificultades del gobierno actual para sacar adelante cualquier medida, debido a la falta de apoyos, así como la inestabilidad que supone llevar más de tres años sin presentar unos presupuestos generales del Estado. El propio abuso del decreto-ley, o de las enmiendas “coladas” en batiburrillos ómnibus, o la incapacidad de aprobar leyes que transpongan la normativa europea abundan en la misma sensación de inseguridad jurídica actual. Algo que se agrava con la no convalidación de los decretos-ley y el limbo legal en el que quedan las medidas aprobadas en los consejos de ministros.

Esta misma semana hemos sabido que el Tribunal de Cuentas ha desmontado la contabilidad de María Jesús Montero con un informe demoledor que detalla hechos tan graves como un desfase de 77.000 millones en los gastos (consecuencia de seguir con los presupuestos de 2023 prorrogados) o que se hayan usado fondos Next Generation para el pago de pensiones. Tiene que animar mucho a esos potenciales inversores saber que unos fondos que tenían que haber servido para modernizar las infraestructuras del país (drama ya tratado en este blog en Más licitaciones desiertas o Todos esos fondos se perderán… como lágrimas en la lluvia) han sido destinados a cubrir el agujero de unas pensiones cuyo problema financiero sigue sin acometerse.

Si hablamos del “entorno competitivo” que mencionaba Pedro Sánchez, nos encontramos con lo que muchos empresarios e inversores en España denominan «infierno fiscal» por la ingente cantidad de cambios en política fiscal (al margen de las especificidades de cada comunidad autónoma), así como las dificultades para crear una empresa, acceder a concursos públicos o atender los cientos de requerimientos normativos con que nos acosan los ayuntamientos, las comunidades, el Estado, la Agencia Tributaria, la Seguridad Social, el INE, el Banco de España o las decenas de organismos creados al efecto (al efecto de complicar la actividad económica). El gobierno actual ha mantenido con mínimos cambios el decretazo de Montoro que fue considerado inconstitucional unos años más tarde y anuncia nuevos cambios para elevar la presión fiscal en otros 8.500 millones de euros pese a estar ya en unas cifras récord de recaudación. La hiperregulación ya comentada en tantas ocasiones anteriores, así como todos estos vaivenes legales, fiscales y laborales, espantan al empresario más interesado.

«De las cinco grandes economías europeas, ninguna otra es capaz de combinar nuestra receta con tanto éxito y como bien ha dicho antes el vicepresidente primero: de crecimiento récord, de dinamismo laboral, de agenda verde, que es muy importante, de infraestructuras de primera, de servicios públicos de primera, y una apuesta irrenunciable por la apertura y por el talento». Podríamos discutir ese crecimiento récord (cierto, pero debido a que partíamos de unos niveles mucho más bajos que nuestros socios europeos, cuyas cifras de crecimiento son paupérrimas en estos últimos años), así como el «dinamismo laboral» del que tanto se presume, curioso eufemismo para definir al más de medio millón de parados que no cuentan por figurar como «fijos discontinuos». Pero lo que me sonó totalmente inapropiado en estos tiempos fue la referencia a unos servicios públicos de primera. Por desgracia, es algo más que una percepción general decir que están peor que hace diez o veinte años. Y no se trata de una responsabilidad exclusiva de este gobierno, pues la mayoría de comunidades autónomas están en manos del Partido Popular. La sanidad y sus listas de espera, la educación y la caída en el Informe PISA, la prevención de incendios, la gestión del agua, el tratamiento de residuos, la falta de mantenimiento en las carreteras, ¡el tren!, que era uno de los orgullos patrios que exportábamos a varios países.

El fiscal jefe Anticorrupción Alejandro Luzón cerró el juicio de las mascarillas esta misma semana con un duro alegato que fue muy aplaudido. Tras mencionar la gravedad de «las conductas que se les atribuyen de corrupción orgánica, organizada y continuada», indicó que el comportamiento del exministro Ábalos y sus secuaces «no solo dañan la libre competencia y el recto y normal funcionamiento de la Administración Pública», sino que además «con esta corrupción política desde un ministerio del Gobierno disminuye la confianza de los ciudadanos». «La corrupción carcome nuestro sistema democrático». «Produce desolación ver a las empresas públicas colonizadas y parasitadas por el poder político. Es tal la conciencia de pleno dominio sobre las sociedades estatales que se identifica a las sociedades del Estado con el gobierno». Lleva toda la razón.

Pedro Sánchez terminó su discurso en el foro Invest in Spain de una manera brillante, es justo reconocerlo:“Nos encontramos en el salón de baile, una de las salas más distinguidas de nuestro Teatro Real. Antiguamente se celebraban aquí bailes de máscaras, donde se podía ocultar la verdadera identidad. Hoy en día, vivimos una época de confusión que podría parecerse a uno de esos bailes de máscaras, pero ya no estamos en el siglo XIX. Las máscaras han caído y el emperador está desnudo”. Totalmente. Está en pelotas.

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El tren como metáfora (II)

People Get Ready
There’s A Train A Comin’
You Don’t Need No Baggage
You Just Get On Board
All you need is faith
To Hear The Diesels Hummin’
You Don’t Need No Ticket
You Just Thank The lord
You
JustThankThe lord
You Just
Thank The lord

(Versión de Jeff Beck y Rod Stewart de la canción de Curtis Mayfield People Get Ready sobre ese tren de esperanza que acoge a todos los que se suban, sin discriminación ni equipaje, sin pedir ticket, solo con su fe. Se convirtió en un himno no oficial del Movimiento por los Derechos Civiles en los sesenta)

Como indicaba en la primera parte, el tren se incorporó al cine desde sus inicios, desde aquel primer rollo de celuloide que se proyectara en París ante decenas de espectadores asombrados. En numerosas ocasiones sirvió como metáfora de la propia vida, de su imprevisibilidad, de la toma de decisiones que hay que hacer en medio de ese trayecto: elegir compañeros de viaje (o chocar con indeseables que no escogiste), cambiar de vagón porque piensas que tu situación va a mejorar, aunque no siempre resulte de ese modo, o saltar en marcha ante el inevitable destino. La propia decisión de tomar ese tren o no hacerlo puede marcar el devenir futuro de una persona. “Subirse al tren” se usa como frase para sumarse a un proyecto, porque “este tren solo pasa una vez en la vida”, falacia absoluta donde las haya.

Ilsa decidió no subir a aquel tren para huir de París ante la llegada de los nazis y tanto la vida de ella como la de Rick (Humphrey Bogart) tomarán diferentes derroteros para siempre. En el andén de la estación, solo queda la imagen de desamparo de Rick ante un mensaje de despedida simplón a más no poder (recordad las cartas de Ingrid Bergman). El reencuentro ocasional en Casablanca solo servirá para revivir el pasado y pensar qué podría haber sucedido si Ilsa hubiera tomado aquel tren. No contento con esa ruptura en la estación, Michael Curtiz rodó otra separación de ambos en el aeródromo final, “anda, chica, vete tú con ese húngaro esnob, que yo me quedo aquí con este gendarme francés” (El celuloide oculto en el armario). Me encanta ese final, que nadie piense que lo ridiculizo, y creo que a la familia Trueba también le encantó, porque tanto Fernando como David lo “emularon” en dos de sus obras:

  • David, guionista de Los peores años de nuestra vida, hace que ese personaje soñador y enfermo de cine que es Gabino Diego opte por la renuncia a la chica (Ariadna Gil) como gesto de amor extremo, y todo ello en la estación de tren, cuando este está a punto de partir (y el “otro” tipo, Jorge Sanz, anda por ahí presto a quedarse con la chica).
  • Fernando empleó una avioneta similar a la de Casablanca en la escena final de La niña de tus ojos para narrarnos el sacrificio de Antonio Resines en la huida de Penélope Cruz de la Alemania nazi.

El tren arranca y desaparece la posibilidad de subirse a él, ¡cuántas escenas habremos visto de personajes que no llegan a tiempo, cuántas vidas separadas por las dudas previas! Además, tiene otra característica que sirve muy bien al propósito de los guionistas cuando tienen que urdir una trama: su puntualidad. Tenía, más bien, hablar de puntualidad en los tiempos actuales parece una broma de mal gusto. “Lo tomas o lo dejas, pero a tal hora sale el tren, tú verás si lo pillas o no”.

Algo así le sucede a la pareja formada por Gary Cooper y Grace Kelly en Solo ante el peligro (High Noon). El pitido del tren en la distancia es un elemento más de la trama, tan importante como la recordada banda sonora de Dimitri Tiomkin, pues ese inconfundible sonido marca la llegada en tren de los forajidos al pequeño pueblo de Hadleyville. Ese pitido se clava en el tímpano del espectador con la misma crudeza que en el rostro de Gary Cooper, que sabe lo que le espera. El personaje de Gary Cooper tendrá la oportunidad de huir con su mujer en el siguiente tren… o cumplir con su deber de sheriff y enfrentarse a los pistoleros.

Otra vez el tren y el wéstern cruzan sus caminos, como en El último tren de Gun Hill, el que debe servir para que Matt Morgan (otro papelón de Kirk Douglas) escape del pueblo con el detenido, el hijo de Craig Belden, su antiguo amigo, interpretado por Anthony Quinn. La puntualidad, la hora exacta de salida de ese último tren, marcará las tensas horas de espera en las que Matt deberá enfrentarse a medio pueblo y a su antiguo compañero de batallas. Con música de fondo, no podía ser de otra manera, del mismo Dimitri Tiomkin, que acentúa cada escena.

Ahora bien, ¿hablamos de puntualidad? Podemos concretar aún más, como en ese otro wéstern titulado El tren de las 3.10, tanto en la versión de Delmer Daves de 1957 como en la de James Mangold de 2007, pero a mí el que me pareció especialmente hilarante es ese tren que pasaba solo una vez cada veinticinco años, eso sí, con rigurosa puntualidad. Solo a Javier Fesser se le podía ocurrir rodar algo tan absurdamente “zumbao” y divertido como esa escena, y sucedía en El milagro de P. Tinto:

Y si hablamos de trenes como metáfora de la vida, había un tipo de trenes que conducían a un solo destino: la muerte. Cualquiera que haya visitado Auschwitz habrá comprobado cómo los alemanes, en ese proceso tan suyo de hacer más eficientes los procesos industriales (aunque el único producto de aquella «factoría» fuera el exterminio de personas), solo construyeron una vía en el trayecto a los barracones. De los vagones bajaban sus ocupantes, que permanecían medio muertos, hambrientos, ateridos de frío en la plataforma, y el tren daba la vuelta a por otro «cargamento». Como mencionan los personajes de Maus, solo había una forma de escapar de allí y era por la chimenea. De todo ello dio buena cuenta La lista de Schindler, capaz de mostrar con precisión tanto el horror del campo de exterminio como el hacinamiento de los judíos en los trenes.

El psiquiatra Viktor Frankl describe su viaje en El hombre en busca de sentido de este modo: «Mil quinientas personas fuimos transportadas en un tren durante varios días con sus noches. En cada vagón se hacinaban ochenta personas tendidas sobre su equipaje, lo poco que conservábamos de nuestras pertenencias. Los vagones estaban tan repletos de gente que solo quedaba despejada la parte superior de las ventanillas, por donde entraba la claridad gris del amanecer. Todos creíamos que nos llevaban a una fábrica de munición como empleados para trabajos forzados. No sabíamos siquiera si seguíamos en Silesia o si habíamos entrado ya en Polonia. De pronto el silbato de la locomotora sonó con un aire misterioso, como un lamento de compasión por el cargamento destinado a la desgracia».

De este episodio terrible de la historia, siempre me ha llamado la atención la pasividad de los ciudadanos de todos esos pueblos de Austria, Hungría, Polonia o Alemania que veía pasar estos trenes abarrotados ante sus ojos, gente educada, culta y civilizada que prefirió mirar hacia otro lado. Los ingleses han creado un verbo para definir un pasatiempo muy British que es ese tan simple de ver pasar trenes: trainspotting. Centenares de vidas pasan por delante de sus aburridas vidas, algo que Danny Boyle nos contó con los yonquis de Trainspotting o Fernando León de Aranoa con los chicos de Barrio, o Achero Mañas con los chavales de El Bola. Ver pasar el tren o los coches como una manera de matar un tiempo insoportable.

Este doble post está a punto de finalizar, habré mencionado unas cuarenta películas y no he hablado aún de la que quizás sea la mejor del tema, que además lleva un título que no deja nada a la imaginación: El tren. John Frankenheimer rodó esta maravilla en 1964, una película en la que el tren que da título no es metáfora de nada, ni falta que le hace, sino simplemente sus vagones cargan centenares de obras expoliadas por los nazis en Francia. Poco antes de la llegada de los aliados a París en 1944, un coronel alemán, apasionado del Arte con mayúsculas, decide llevarse a Alemania todas las obras de gran valor artístico que pueda. Aunque la Resistencia francesa considera inicialmente que tratar de frenar el expolio podría suponer numerosas pérdidas y un desgaste innecesario, el grupo decide finalmente, encabezado por Burt Lancaster, evitar que ese tren llegue a su destino. Lo que sucederá durante las dos siguientes horas de metraje es una carrera de obstáculos, persecuciones, maniobras y ardides de todo tipo para impedir que el tren abandone el país. Me cansé solo de ver a Burt Lancaster en acción, menudo despliegue actoral y físico. Pocos directores tan buenos para rodar la acción como John Frankenheimer, y cuando un buen guion y unos grandes actores lo acompañan, el resultado es un peliculón como este.

Por cierto, qué claridad para explicar el funcionamiento del sistema ferroviario: cambios de vías, movimientos de agujas, trenes de sustitución… La película tiene más de sesenta años y la acción se explica con una claridad que echo en falta en muchas de las películas actuales.

Aquí lo dejamos por esta semana.

-Eh, ¿no vas a hablar de Raquel Welch, Charlize Theron, Ursula Andress o Kelly LeBrock?

-¿Y qué pintan en este post?

-¿Acaso no hablamos de metáforas, más o menos sutiles? Estaban como un tren.

El tren como metáfora (I)

Como metáfora de la vida, o de una huida, como prisión sin escapatoria, como lugar para conocer a alguien, como caballo de hierro que asaltar… El tren, también, como enlace, como unión entre localidades, culturas y civilizaciones, como símbolo de progreso (hace más de un siglo, no ahora, por desgracia). El tren siempre estuvo ahí, unido al cine casi desde los orígenes de ambos. No en vano, la primera cinta proyectada por los hermanos Lumiére en aquel cine de París en 1895 fue la famosa escena Llegada de un tren a la ciudad:

El post de hoy sirve como complemento a aquel que hablaba de las voladuras de puentes, una metáfora, quizás, de todo lo contrario, de la destrucción, de la quiebra de vínculos, de ruptura del progreso, de esa unión entre pueblos que suponía el puente y, con ello, la llegada del tren. Claro que, sin conflicto, apenas habría argumentos para hacer buenas películas.

Uno de los estrenos revelación del año pasado fue para mí, sin duda, Sueños de trenes, una rareza estrenada en Netflix casi a la vez que en salas comerciales. ¿Se puede contar la vida entera de una persona a través de su relación con el tren? Pues sí, en cierto modo esa es la vida de este leñador de Idaho desde principios del siglo XX, toda una vida marcada por el paso del tren, la construcción de sus vías, el conocimiento del ser humano a través de las miradas de los currantes que lo acompañan, el tren que lo aleja de la familia, pero que también sirve de medio que lo trae de vuelta, y esa manera postrera de dejarse ir en sus últimos años, medio adormilado en el vagón de un tren moderno. Aparentemente no pasa nada en sus cien minutos de metraje, pero la paradoja es que pasa toda una vida ante nuestros ojos. Melancólica, sentimental, repleta de añoranza.

Sueños de trenes (Cliff Bentley) comienza con una estética de wéstern, el género cinematográfico por excelencia, y el wéstern no existiría sin el tren. Una de las primeras obras conocidas del cine es The great train robbery (Asalto y robo de un tren), de 1903. En esos apenas trece minutos se concentra casi todo lo que luego serían los códigos del wéstern, mucho más real como cine y ficción que como realidad histórica. Con toda su ingenuidad, con la precariedad de medios y efectos especiales de un invento que daba sus primeros pasos, pero ya con una concepción clara del montaje, el ritmo, la definición de personajes y algo que cada vez echo más en falta en el cine moderno, la claridad en la acción. Se puede encontrar fácilmente en YouTube:

El maestro del wéstern (y de muchos más géneros), John Ford, comenzó su carrera en el cine mudo y lo hizo con obras tan destacables como El caballo de hierro (1924), que cuenta la construcción del primer gran ferrocarril estadounidense. Más de cien años tienen estas películas, como El maquinista de la General, de Buster Keaton, de 1926, que ya ha salido en anteriores ocasiones en este blog (La edad de un clásico, Volando puentes). La General es la locomotora de Keaton, la otra gran protagonista del filme, con la que nos ofrece momentos inolvidables y con la que logrará, gracias a su pericia, darle la vuelta a una guerra. Y recuperar a su chica, que tampoco es poca cosa.

La imagen más recordada y, seguramente, celebrada de Los hermanos Marx en el Oeste es la de ese tren de cuyos vagones apenas queda el esqueleto, mientras Groucho exclama sin descanso: “¡Traed madera! ¡Traed madera!”. Nunca dice “Más madera” en el doblaje, pero es la frase que ha pasado de generación en generación como significado de poner más tensión o intensidad a algo. Yo pensé hace no muchos años que el tren de los hermanos Marx es una metáfora magnífica de esos grandes grupos empresariales que van quemando sus mejores activos (malvendiéndolos) para que no se pare la maquinaria, pero eso es asunto para un post del Amiguete Josean.

El hombre que mató a Liberty Valance (1962, nuevamente John Ford) es un inmenso flashback contado desde un tren por un veterano James Stewart a un periodista que le pregunta por su amistad con el fallecido a cuyo funeral asiste, Tom Doniphon (John Wayne). El tren siempre estuvo ahí, en numerosas tramas y como elemento que marcaba la misma.

Un tren no tiene escapatoria: si saltas en marcha, lo más probable es que te mates. Si el tren va directo a un precipicio o a estrellarse, no te queda otra que tratar de frenarlo… o saltar, con la consiguiente posibilidad de estamparte contra un árbol, contra el suelo o morir directamente. Alfred Hitchcock, aficionado como era a acorralar a sus personajes, lo sabía bien y por eso incluyó este elemento en varias de sus películas. Y no solo para lanzar el mensaje subliminal de un coito, como al final de Con la muerte en los talones, cuando enlazó las imágenes de Cary Grant y Eva Marie Saint en el coche cama con la “penetración” del tren en el túnel, un modo hábil de esquivar la censura.

Hitchcock rodó otras obras como Alarma en el expreso (de la que luego se haría el remake La dama del expreso), y una de las más conocidas por su retorcido planteamiento, Extraños en un tren. Porque otra de las posibilidades que ofrece el tren al guionista es la de cruzar a personas muy diferentes obligadas a convivir durante horas en un pequeño habitáculo. Y ahí, a poco que se lo trabaje el guionista, puede surgir de todo:

  • Una propuesta para cometer el crimen supuestamente perfecto, como en la mencionada obra de Hitchcock.
  • El romance: Breve encuentro, de David Lean (1945), o toda la trilogía de Richard Linklater sobre los amoríos de Ethan Hawke y Julie Delpy (Antes de…), que nace del encuentro fortuito entre el americano y la francesa en un tren a Viena (Antes del amanecer, 1995).
  • Una desaparición perturbadora: Alarma en el expreso, La dama del expreso o El expreso de Chicago. Porque en un tren, como en un avión (Plan de vuelo: desaparecida), es imposible que se volatilice una persona con la que has estado charlando o cenando el día anterior, salvo que alguien la haya arrojado en marcha.
  • Una huida complicada de la mafia: Jack Lemmon y Tony Curtis en ese vagón repleto de chicas en Con faldas y a lo loco.
  • Un atentado terrorista: los guionistas no tuvieron que inventar nada para 15:17 Tren a París, la película que Clint Eastwood rodó sobre los tres marines de vacaciones por Europa que impidieron un atentado, con los propios soldados como actores.
  • Un asesinato: la gracia de Asesinato en el Orient Express, basada en la obra de Agatha Christie, está precisamente en el espacio reducido del tren y en saber que el asesino tiene que estar forzosamente entre los pasajeros. No hay otra posibilidad. Por cierto, por si a alguien le interesa mi opinión, infinitamente mejor la versión de Sydney Lumet (1974) que la de Kenneth Branagh (2017).

Uno de los momentos más recordados de El golpe (George Roy Hill, 1973) sucede en el vagón del tren en el que se celebran partidas clandestinas de póker. El grupo de timadores encabezado por Paul Newman se aprovecha del reducido espacio del vagón para, primero, realizar sus ejercicios de trilerismo con las cartas, y después, lanzar el anzuelo que picará el personaje de Robert Shaw (el señor Lonnegan, o Lonnifan, o Lonneman, según el momento y todo en aras de sacarlo de sus casillas).

La química entre Paul Newman y Robert Redford se había forjado en una película anterior, Dos hombres y un destino, (traducción bastante libre de Butch Cassidy y The Sundance Kid). Fue rodada en 1969 por el mismo George Roy Hill, y se centraba en la vida de los famosos asaltantes de bancos y trenes que comenzaron a dar sus palos a finales del siglo XIX. Y no hay grupo de bandidos en una película del Oeste que no se lance a asaltar un tren.

Es una tradición que se ha mantenido incluso en versiones modernas, como el tren de alta velocidad en Misión: Imposible, o en Bullet Train, o el secuestro de un vagón de Metro en Pelham 1,2, 3 (la versión de Walter Mathau, por favor, no la de Travolta) y no podía faltar en esa especie de wéstern en las galaxias que quiso ser el spin-off del personaje de Han Solo: Solo, una historia de Star Wars. Por mucho que la acción se situara en un planeta a millones de kilómetros de aquí y en un futuro muy, muy lejano, no faltó ese tren que había que tomar por la fuerza. Porque el tren, así como tarda mucho en arrancar, no se detiene ante nada. Salvo descarrilamiento. Y de todo ello pueden surgir varias ideas que quedarán para la segunda parte.

Liga Retro, Liga Negreira

Los cuatro astronautas de Artemis II regresaron anoche a la Tierra tras completar su largo periplo por la Luna. Eran las 2.07 en España cuando finalmente amerizaron en el Pacífico “en excelente estado de salud y felices de estar de vuelta”, aseguraron las fuentes oficiales de la NASA. “Misión cumplida”, añadió el director de la agencia norteamericana desde la sala de control.

Me he puesto “retro” yo también y por eso he preferido comenzar con la aventura espacial, lunar u orbital, llámenla como quieran, porque hablar de la desventura de la liga española es un infierno para el aficionado. LaLiga tebana tenía esta semana un “aire retro”, una especie de levantamiento de caretas institucional, como si los organizadores del Tinglao añoraran tiempos pretéritos y pretendieran homenajear unos tiempos oscuros de arbitrajes negreiros, o arminios, o “diazveguenses”, antes, durante y después del Villarato.

Pese a las imágenes enviadas por los astronautas en su misión, hay gente que sigue creyendo que la Tierra es plana, del mismo modo que, pese a todas las evidencias, hay tipos que creen que el Barça de verdad pagó por informes, y no por influencia. Y aún peor, nos atreveríamos a decir que hay gente (¡de verdad, existen!) que cree que el Real Madrid controla los medios de comunicación. No os riais de estos tipos, por favor, bastante tienen con lo suyo y con controlar sus esfínteres.

Yo no creo en las coincidencias cuando Javier Tebas anda por medio. Por tanto, que la jornada Retro de LaLiga coincida con el paso del Fútbol Club Barcelona por el juzgado para su declaración como institución investigada en el caso Negreira no puede ser una simple casualidad. Un club investigado por corrupción deportiva declara en el juzgado, por si a alguien no le queda claro. Un caso gravísimo, el más grave que han visto nunca, como expresaron Javier Tebas y Aleksander Ceferin nada más conocerlo. Buscadlo en las portadas de hoy y de ayer, moved la rueda del ratón en sus webs a ver por dónde aparece la noticia. Ni utilizando el mayor telescopio de la NASA para observar los objetos más recónditos de la galaxia lo vais a encontrar. Y aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. LaLiga se sigue celebrando como si aquí no hubiera pasado nada. Como sucedió tras Tenerife en el 92 y el 93, o la final de Copa del 90. ¿No querían un homenaje al pasado, una jornada Retro, un retro-ceso a cuando toda la mugre se inició?

El presidente de ese club investigado del que usted me habla reconoció durante la campaña electoral que había realizado un fraude con las palancas para poder inscribir jugadores, pero aquí no pasa nada. El horario del partido del viernes tampoco cumplía con la norma de las 72 horas entre encuentro y encuentro, pero aquí no pasa nada.

Nos pusieron como árbitro a un tipo como Alberola Rojas que estuvo pagando el coaching al hijo de Negreira porque, según palabras de Estrada Fernández, “era el hijo del que mandaba” y “los colegiados se veían condicionados a contratar sus servicios y pasar por caja”. Pero Alberola se sigue levantando sus 300 boniatos del ala y aquí no pasa nada.

Nos colocaron en el VAR a Trujillo Suárez, un individuo sin calidad para pitar en Primera, sin apenas experiencia, pero que es, casualmente y bajo las órdenes del Ilustrísimo Fernández Borbalán, el que más veces nos ha pitado desde el VAR. Pero aquí no pasa nada. “Misión cumplida”, debió exclamar desde la sala de control del VOR al acabar el partido.

Volvieron a hurtarnos imágenes (y quién sabe si también al VAR), como ya dijeron dos juzgados en su día, ¡pero aquí no pasa nada! En este caso nos referimos a las sangrantes (nunca mejor dicho) imágenes de la frente de Mbappé manando hemoglobina en abundancia. Y sí, por supuesto que somos conscientes de que, en el campo, donde se cuecen las cosas importantes, el equipo no juega a nada. Faltos de ritmo, de confianza en pelear por LaLiga y faltos, sobre todo, de una cosa: motivación. Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. O cuando ves que los “opinadores” arbitrales escogidos por el sistema excretan cosas como estas:

Nada que deba extrañarnos a estas alturas, pues ya vimos en su día (2017) que romperle la nariz en el área a Sergio Ramos no era penalti. “La cara de Ramos encontró la bota de Lucas Hernández”, como vomitaron en la radio aquel día (gracias, Richard Dees, por encontrar estas joyas del periogolfismo patrio). Aquel día pitaba Fernández Borbalán, por cierto, actual director del CTA, y por tanto, el jefe de Trujillo y otros piezas del VAR. El CTA sabe lo que hace. En el nuevo comité de designaciones figura un sujeto como Teixeira Vitienes, cuyo nombre, «Teixeira», fue confundido por Laporta en varias de sus respuestas al juzgado. ¿Fue un mero lapsus o nos enteraremos cuando ya haya prescrito todo? El comité sabe lo que hace: Trujillo en el VOR y Alberola en el campo ya le birlaron al Madrid otro penalti tras manotazo en la cara en un partido: Remiro a Jude Bellingham.


Se repiten demasiado estos patrones. Reformulo la frase: se repiten demasiado estos lacayos al servicio de sus patrones. El penalti de ayer ante el Girona fue claro hasta para el tipo que con más vehemencia ha defendido este sistema podrido: Iturralde González. Ayer fue un compendio “retro” de todo lo que ofrece la MLN al aficionado. Gracias a las redes sociales pudimos ver la sangre en la frente de Mbappé, que quedó groggy por momentos. Pero no pudimos ver esas imágenes ayer en directo, cuando Vítor Reis “parece rozar” el rostro de Kylian, ¿no, Pável? “El cuento del francés”, remata un tipo que ha logrado, gracias a su antimadridismo, trabajar en Televisión Española. Eso sí que es vivir del cuento, el cuento de la criada, o el cuento de la lechera, consistente en imaginar que vendes tu dignidad y con ello obtendrás grandes réditos. En el resumen de diez minutos de Movistar no aparece el codazo de Reis a Mbappé, y repito, aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

El hartazgo de Arbeloa en la rueda de prensa es el nuestro: “Esto es falta aquí y en la Luna”. Nos dicen fuentes tan contrastadas como las de los insiders del Real Madrid que los astronautas de Artemis levantaron su pulgar afirmativamente. Y con ese hartazgo Retro-spectivo del entrenador se transmite nuestra misma idea. Todas las semanas sucede lo mismo y así resulta imposible motivarse. No nos vale como excusa, el Real Madrid debe pelear todos los torneos y todos los partidos, aun cuando se hace muy cuesta arriba. Sabemos que el equipo es capaz de jugar mucho mejor, como vimos si nos Retro-traemos a los dos partidos contra el City, en el del Bayern, o contra el Athletic, Atleti y Barça en esta misma MLN. Pero cuesta jugar con plomo en las botas y la certeza de que un tipo Retró-grado está al silbato, dispuesto a hacernos Retro-ceder en la clasificación.

El sistema se Retro-alimenta de manera bochornosa. Hay muchos estómagos agradecidos en la prensa y las radios que hoy seguirán hablando del mal juego del Madrid, de la fragilidad de su defensa, de la falta de definición en ataque, de la ausencia de liderazgo, etc. Y posiblemente estemos de acuerdo con la mayoría de los argumentos. Lo que sucede es que les daríamos más credibilidad si ellos hablaran del elefante que hay en medio del salón. Un elefante que nunca fue una moda “Retro”, lleva ahí, sentado en nuestro sofá, más de tres décadas.

(Artículo publicado en La Galerna el 11/04/2026)

Puesto que no parece que seamos capaces de cambiar el sistema, lo que tendrá que hacer el equipo, si se puede, es tratar de mejorar el juego y sus prestaciones. De ahí surgió la pregunta: ¿Y si nos olvidamos de Negreira? Este equipo ya ganó en el pasado pese a errores flagrantes en contra, ¿es posible?

Minuto 43 de la final de la Champions de 2022 entre el Real Madrid y el Liverpool. Karim Benzema marca un gol totalmente legal, pues el balón le viene de dos defensas rivales que lo despejan hacia su propia portería y, pese a que se ve perfectamente en las imágenes, los artistas del VAR, tras una revisión de unos tres minutos, deciden anularlo. La “muy madridista” prensa española apoya la decisión con argumentos peregrinos como si el equipo perjudicado perteneciera a la extinta Checoslovaquia. Esto de Marca pasa a mis “anales” particulares de la historia, pues ya imaginan por qué parte del cuerpo me dio esta explicación:

He querido dejar el subtítulo que acompaña a esta excrecencia: “No le hizo falta al Madrid”. Y no le hizo falta porque finalmente ganó el partido, porque fue capaz de sobreponerse al error arbitral y de derrotar a los de Klopp a base de seguridad en defensa, sobriedad y contención en el centro del campo, y la calidad de Vinicius y Courtois, los mejores del mundo en sus puestos. El Real Madrid ganó toda una final de la Copa de Europa y no necesitamos acordarnos del arbitraje.

Una extraña sensación me acompaña desde febrero de 2023, desde que constatamos que los penosos arbitrajes que sufríamos desde hacía dos décadas tenían una motivación económica: los pagos al vicepresidente de los árbitros por parte de un Fútbol Club Barcelona que reventó todas las estadísticas posibles. Al shock por la noticia sucedió la consternación por ver las declaraciones de todos los dirigentes federativos y periodistas afines al Tinglao y comprender que no iba a pasarle nada al club pagador. No solo eso sino que, además, los ejecutores de los designios de los mandamases del CTA, es decir, los árbitros, iban a seguir empleándose con la misma saña, lo que ayudó a que el mediocre Barça de Xavi Hernández se hiciera con aquella Liga.

La temporada siguiente, 2023-24, fue encarada de una manera diferente por los nuestros. Conocedores del pastel, los jugadores se dedicaron a lo que mejor saben hacer: poner su calidad en el campo y ganar los partidos pese a que los “culegiados” siguieran haciendo de las suyas. A algunos árbitros se les vio el plumero en exceso, quizás rabiosos porque la mugre había sido destapada y un club los señalaba abiertamente con el dedo en su calidad de sospechosos. Solo así se entienden decisiones como el gol anulado por Gil Manzano a Jude Bellingham en Mestalla, rematada por una expulsión al jugador por dirigirse en unos términos a los que no se acercaba ni la más suave de las frases de Luis Suárez en sus ocho años campando (agrediendo e insultando) por los campos de España. Y a todas esas jugadas polémicas sucedían los comentarios posteriores de los Pável, Pérez Burrull, Iturralde y Foutos de la vida justificando sus criterios cambiantes o las líneas mal tiradas del VAR como si los del Madrid fuéramos unos quejicas paranoicos. “Bien pitado”, resolvían apretando bien «pá’dentro» para que las risas contenidas no dejaran escapar una ventosidad. O dos, tras la emanada por la boca.

Aun con esos penosos arbitrajes, el Real Madrid culminó una temporada ejemplar, con solo dos derrotas. Tampoco fue casualidad que ambas se produjeran ante el Atlético de Madrid en encuentros dirigidos por el colchonero Cuadra Fernández. Dos partidos repletos de jugadas polémicas resueltas siempre (curiosamente) a favor de los “suyos”. El equipo siguió a lo que debía y, pese al calamitoso nivel del arbitraje nacional, se ganó la Liga y la Supercopa. Y fuera del ecosistema negreiro, la Champions y, tras el verano, Supercopa de Europa e Intercontinental.

Los años pasan y hay momentos en que parece que el caso Negreira se diluye, está cerca de ser enterrado. Pero somos muchos los que mantenemos la herida abierta, una herida que no cicatriza porque nos hurgan con el dedo cada semana. El Barça se repuso en los inicios de la temporada 2024-25 y mejoró notablemente su juego, al tiempo que el nuestro bajaba. Durante esos meses, los centímetros que decidían los goles o su anulación caían siempre del lado culé o en contra del Real Madrid, ¡vaya por Dios!, “puedo ayudaros con el VAR” y Clos Gómez en el recuerdo.

Pero, aun con todos estos elementos en contra, los nuestros fueron capaces de escaparse en la clasificación. Siete puntos de ventaja en febrero. Ahí reventó el sistema. La primera media hora de Munuera Montero en Pamplona es digna de los mejores tiempos de Iturralde González y Enríquez Negreira en sus respectivas etapas de árbitros profesionales. Al atraco en Pamplona siguieron los del Bernabéu frente al Atlético de Madrid y el esperpento perpetrado en Cornellá frente al Espanyol. En solo tres semanas nos habían colocado nuevamente por detrás del Cautelares y Palancas Club.

El club se movió (¡por fin!) y emitió un duro comunicado de cuatro páginas contra el estamento arbitral. Tarde e insuficiente para el que esto escribe, pero un comunicado contundente y de enorme dureza. Muy necesario.

Ese día se unieron todos los demás clubes al corruptor, a un CTA investigado, a esa pléyade de árbitros bajo sospecha, a LaLiga que miró para otro lado y a una Federación que deseaba pasar página, y desde ese día, de tanto pensar en Negreira, a veces pienso que nos hemos olvidado del fútbol. Posiblemente sea uno de los madridistas que más se ha despegado de un deporte que he seguido y practicado desde hace más de medio siglo. Que amaba, que me desvelaba, disfrutaba y, también, me cabreaba. Este año me habré perdido la mitad de los partidos del equipo y cuando lo veo, no reconozco nada. No disfruta prácticamente nada. Cierto es que el fútbol no acompaña en la mayoría de los partidos, pero compruebo que somos muchos los que estamos pendientes de otras cosas.

Cada semana, según se anuncian los trencillas del fin de semana, comienzan los análisis de buena gente a la que aprecio (cabaislois, futbolgate) sobre las “hazañas” previas de estos tipos del silbato para restarnos puntos en el pasado. Real Madrid TV emite sus vídeos con imágenes bochornosas acerca de los sospechosos habituales: Soto Grado, HH, BB, Gil Manzano, Alberola, Díaz de Mera… Y quizás, solo quizás, de tanto pensar solo en los arbitrajes de turno, se nos ha olvidado jugar al fútbol. Sí, lo sé, lo sé. Los aficionados somos una cosa bien distinta a los profesionales que están en el campo, que deberían abstraerse de estas emboscadas y competir dignamente, como se supone que deben hacer unos profesionales. Sobreponerse a un gol erróneamente anulado, como en la final de París con la que comienzo este artículo.

Pero es imposible. Recordad la final de la Copa del Rey de la temporada pasada, cuando la sensación de impunidad de De Burgos Bengoetxea y González Fuertes les animó a amenazar al Real Madrid la tarde anterior al partido. Es imposible que un profesional no salga al campo pensando que va a ser juzgado de una manera distinta a sus rivales. Y luego, al menos ese día, no fue así, quizás por toda la presión que los mismos colegiados echaron sobre sus espaldas. Un lector que haya llegado hasta aquí podría estar pensando ahora mismo: “¿entonces tú, soplagaitas, que has escrito un libro de 372 páginas sobre el caso Negreira, estás pidiendo que nos olvidemos del mismo y nos pongamos a jugar al fútbol como si no pasara nada? ¿Qué “cacho” del cerebro se te ha caído?”.

Yo mismo me lo pregunto muchas veces. No olvido la rebaja de calidad que ha habido en la plantilla con las salidas de Kroos y Modric sin recambios ni fichajes, ni olvido tampoco la plaga de lesiones que merma cualquier posibilidad de continuidad y crecimiento del equipo, factores ambos en los que el club, sin duda, es responsable por una gestión claramente mejorable. Me miro al espejo justo antes de afeitarme y me pregunto muy serio: “¿Y si nos olvidamos de Negreira y los arbitrajes?”.

Y mientras me paso la maquinilla, pienso en esos jugadores a los que veo desbordados. Atenazados, crispados. Haciendo aspavientos al árbitro al menor contratiempo. Solo dan pases de seguridad y los que llegaron en verano son una mala versión de sí mismos, incapaces de revertir su situación. Hay una regresión evidente. Y mi misma figura reflejada en el espejo trata de hacer un análisis racional de la situación, y me contesta: “si para derrotar al Mallorca necesitas marcar cinco goles para que valgan solo dos, ocurre que terminas pidiendo la hora y salvando un empate bajo palos, y la confianza se merma. Si no juegas bien frente al Rayo en Vallecas y encima ves que a Chavarría le permiten hacer dos penaltis escandalosos que se van al limbo, te vuelves a casa pensando que lo que tienes que hacer es mejorar y no protestar, porque eso es lo que te dicen. Si luego vas al campo del Girona y ves cómo una zancadilla a Rodrygo es considerada por todos los expertos como un contacto residual, sin intensidad suficiente, pues regresas con dos puntos menos y ya jugarás mejor el próximo día, que es lo que tienes que hacer. Porque al final acabas quejándote incluso en las victorias claras, como frente al Barça en la primera vuelta, o contra el Alavés, partidos en los que zancadillas escandalosas fueron consideradas piscinazos o que el defensa tenía la pierna antes que tú, o que el centímetro del VAR no falla… Y al final no disfrutas de las victorias y sigues con tu crispación ante los de amarillo”.

—Pero, entonces, subconsciente cabrón, me estás dando la razón.

—Mira a tu máximo rival cuando el partido se le atasca.

Es entonces cuando ves su partido frente al Rayo de la temporada anterior, en el que ganan 1-0 de penalti tras un agarrón leve y cómo un agarrón de tres segundos en el área culé se queda sin señalar. O cómo anulan un gol a De Frutos por un fuera de juego posicional de chiste y respondes a tu reflejo:

—¿Me estás diciendo que ellos se agarran al fútbol y no al arbitraje? Mira lo que ha pasado esta misma temporada, de penalti y sin VAR.

—No, te estoy diciendo que ellos ya saben cuáles son las normas, las suyas propias, y juegan de acuerdo con ellas, mientras que nosotros somos tan torpes que todavía no nos hemos dado cuenta de cómo hacerlo. Y llega un día en que estás espeso, las cosas no salen, como el día del Celta en el Bernabéu, y tus protestas te acaban costando dos rojas innecesarias. Rojas de hartazgo. O tienes al equipo en cuadro, repleto de lesionados, como el lunes pasado frente al Getafe, y tu misma desesperación te hace provocar tres tarjetas que conllevan sanción y tres bajas más (Huijsen, Carreras y Mastantuono). Nos pasamos el día hablando de arbitrajes, incluso los días que ni nos van ni nos vienen, como la semifinal de Copa entre el Malakito y los Negreiros. ¡Ponte a jugar sabiendo las reglas con las que te toca competir en la MLN, como hicisteis en la 2023-24, o en la final de la Champions de 2022, carajo!

Termino de afeitarme, me lavo la cara, me seco con la toalla y ya, totalmente confundido, me digo:

—De acuerdo, hay que pensar en construir en el equipo poco a poco. En recuperar a los lesionados, en buscar automatismos, en generar confianza, poco a poco. En confiar en la calidad de los que no han bajado de nivel, los mismos de París, e ir sumando adeptos a la causa. Partido a partido, aunque suene cholista. ¿Y ya después, nos olvidamos de Negreira?

—A ver, chaval, ¿quién más quiere que te olvides de Negreira?

Ese culé que dirige ahora el CTA y ha puesto al “talismán” Fernández Borbalán al frente del cotarro y a un promocionado por Negreira como Prieto Iglesias dirigiendo el VAR. Ese es el que quiere que lo olvides. Pues bien, no lo olvides nunca, al menos mientras no haya una sanción ejemplar. Lo que tienes que hacer es ignorarlo en el campo y jugar al fútbol lo mejor que puedas mientras puedas y las patadas rivales te lo permitan. Las reglas están muy claras, perfectamente definidas desde antes de esa carta del 2 de febrero de 2025, y aún más claras desde entonces. Sabes que hay árbitros que se han juntado en un sindicato (de millonarios, especie única en el mundo) con el único fin de putearte y de que no acabes con su chiringuito, pues eres el único que quiere cambiarlo. Esas son las reglas, no digo que las aceptes, pero asúmelas y juega con ellas, o contra ellas. Igual que sabes que jugar como visitante es más complicado que hacerlo de local, o que en un campo embarrado es más difícil construir el juego que cuando está perfecto, también sabes que compites en el ecosistema Negreiro. Controla lo que esté en tu mano: la forma física de los jugadores, la actitud, la confianza en el entrenador. Mejora todo aquello en lo que te has equivocado, y recupera la calidad y el físico en la plantilla. Eres mejor que todos ellos juntos, ya lo habéis demostrado muchas veces.

Y sobre todo, no olvidemos que nada les hace más daño que cada uno de nuestros títulos.

(Artículo publicado en La Galerna el 8 de marzo de 2026)

Un maratón eleGante

LESTER, 02/04/2026

A veces ocurre. No siempre, no es lo habitual, pero a veces planificas algo al
mínimo detalle y luego las cosas no resultan como esperabas. Te pasas varios
meses preparando un maratón, tratando de cuidar ciertos detalles como la
alimentación, los entrenamientos, y luego te viene un virus, una molestia o un
viaje con poco espacio para el descanso y no llegan los resultados esperados.
Sin embargo, otras veces sucede lo contrario: preparas con menos tiempo y
expectativas, confías en la base que se supone que llevas y te dejas llevar. Te
lo tomas de otra manera: “lo que salga estará bien, haz lo que esté en tus manos y disfruta las largas horas de entrenamiento en soledad”. El resultado será secundario. Y a veces ocurre que esos resultados son mejores de lo esperado.


Esto último me sucedió durante el maratón de Gante, celebrado el domingo 29 pasado. Me lo “debía” tras el pinchazo de San Sebastián en noviembre, en el que me quedé con esa sensación de rabia por la acumulación de todos los contratiempos mencionados anteriormente. Así que llegó enero y me dije: “no estaba tan mal entonces y una vez superadas las molestias, a ver si en tres meses me da tiempo a intentarlo de nuevo”. Y eso hice, sin pretensión alguna. Por no cambiar, no cambié ni siquiera la rutina de la alimentación, las cervezas, cenas con los amigos o el baloncesto de los fines de semana con la gente de Las Rozas. Hasta una semana antes estuve compatibilizando las carreras con los canastos, o el running con el basket, por esa manía anglófona que nos ha entrado. “A lo que salga, a disfrutar de la carrera”.

Llevaba un año y medio sin completar un maratón (Bilbao 2024) y casi siete sin correr en el extranjero (San Petersburgo 2019), así que “me lo debía”, como decía, y me apunté a Gante. Mentiría si dijera que no hice una preparación adecuada o que no me lo tomé en serio. Sería una insensatez por mi parte. Incorporé algunos cambios en mis rutinas como más sesiones de fuerza y gimnasio (¡pereza!), que a ciertas edades la musculatura no es la misma, y seguir los ¿sabios? consejos de mi hijo en materia de nutrición deportiva: añadí complementos de creatina y proteínas a mis desayunos (¡más pereza aún!).

Al contrario que en anteriores maratones, apenas perdí peso en esos tres meses. Mi cabeza le decía a mi cuerpo: “eso es porque el músculo pesa más, don’t worry!”. Pero la cabeza “de verdad” me sugería por detrás: “¿te has quitado el queso? ¿La cerveza? ¿El chocolate? Cuando alguien lleva bollería a la oficina por su cumpleaños, ¿acaso renuncias? ¿O te tomas dos manolitos y tres palmeras?”.

Para que no se entienda todo esto como una falta de respeto a una distancia
tan exigente, hice rodajes de 22, 24, 26 y 30 kilómetros, y un medio maratón como mandan los cánones, tres semanas antes de la prueba y a buen ritmo,1h. 47 minutos. Todo hacía indicar que iba preparado por lo menos para acabar.

En estos viajes al extranjero sucede también que quieres ver todo lo que puedas durante esa corta estancia y eso incluye la gastronomía local, por muy poco apetecible que pueda parecer a priori. Estofado de carne en salsa de cerveza con patatas fritas, mejillones al vino blanco con muchas patatas fritas y gofres con chocolate. Y, por supuesto, las famosísimas cervezas belgas, con cartas de 300 tipos distintos en casi todos los lugares que visitamos. Y, claro, puesto que uno va “a lo que salga”, había que probarlo todo. Reconozco que lo mejor fueron las cervezas, la Leffe en mi caso, la Carolus no-sé-qué para mi mujer.

Ya me estoy yendo del tema, volvamos a Gante, capital de Flandes Oriental,
cuna del mismísimo Carlos I de España (apenas V de Alemania), sede del
archifamoso políptico de los hermanos van Eyck La Adoración del cordero
místico y ciudad eleGante donde las haya. El maratón comenzaba y terminaba
a las afueras de la ciudad el mismo día del cambio de hora, con lo que el madrugón fue de los buenos. Decenas de corredores salimos de distintos sitios rumbo a la salida con los primeros rayos de sol del día. La luz del amanecer sobre la catedral de San Bavón y la iglesia de San Nicolás le daban a la ciudad un aspecto maravilloso.

El mayor miedo que podía tener a esta carrera era el viento, que durante días estuvo previsto que rondara los veinte kilómetros por hora. Y ya se sabe que el viento, cuando vas corriendo o en bici, nunca viene de culo, sino siempre de cara. Da igual tu dirección, no sé cómo lo hace el puñetero Eolo.

Había 3,7 kilómetros de distancia hasta la salida, así que me sirvió para hacer
el calentamiento previo, necesario, si consideramos los cuatro grados de
temperatura con los que empezó la jornada. Todo estuvo muy bien organizado
en la salida (bolsas, ubicación de los corredores, baños), excepto una sola cosa: tras el pistoletazo de salida nos hacían pasar a todos por un hueco de poco más de dos metros. De este modo se tardaba bastante en arrancar, pero la ventaja es que luego ibas con más espacio del que suele ser habitual en los primeros kilómetros de cualquier prueba. “Aquí estás de nuevo, chavalote”, me espetó el duende verde, “¿y dices que vas a lo que salga? A ver si te vas a dar un trastazo de los buenos…”. Cogí a mi viejo compañero de batallas y lo arrojé al primer canal que cruzamos:

—Hoy no me vas a hundir la moral.

Mi carrera fue tan lineal, tan monocorde, que no tiene mucha más épica que la
que sea capaz de inventarme. Salí a un ritmo cómodo de 5.30 min/km. con la
esperanza de poder aguantarlo toda la carrera. Tras atravesar el puente de San
Miguel y disfrutar sus espectaculares vistas, llegamos al km. 5, frente al ayuntamiento y nuestro hotel del fin de semana. Allí me esperaba mi única admiradora, perdón, seguidora, que eso de admirar a un tío cansino cambió hace mucho. Supongo que mientras algunos nos íbamos a engullir kilómetros, otras se fueron al buffet del hotel a zamparse todas las delicatessen a las que yo había tenido que renunciar un par de horas antes (algún croiassant cayó, cómo no).

Los mejores kilómetros para el “tourist-runner” de Gante son los que van del 4 al 10, cuando recorres el centro de la ciudad, los antiguos muelles de carga, los canales y la iglesia de Santiago, por la que pasa una de las rutas del camino de Santiago… ¿desde allí hasta Santiago de Compostela? Increíble, y yo vistiendo de épica mis 42 kilómetros de nada. Eso sí, siendo Gante como es, una ciudad con empedrado y adoquín en su casco histórico, nada de admirar la arquitectura flamenca y mejor concentrarse en dónde ponías el siguiente pie.

A partir del km.15 la carrera te lleva por el sur de la ciudad, más allá algún parque, y más allá aún, los campos, las granjas y las zonas cenagosas por donde pasan los canales, lodazales en algún caso. No sé si es un tema cultural, pero fue una carrera silenciosa, sin el bullicio de muchos maratones que recorren los cascos urbanos de las ciudades. Los propios participantes andábamos concentrados en nuestros respectivos ritmos, solo alterados por alguna banda dispuesta por la organización (a saber, un DJ marchoso, una banda musical de instituto, un grupo de percusionistas perrofláuticos y ¿un gaitero escocés?, ¿qué hacía ese pavo con falda de cuadros a las puertas de una granja???).

Cuando las piernas empezaban a pesar, tras atravesar el km. 25, volvimos
hacia la ciudad y atravesamos alguna zona residencial muy animada. El camino era tan estrecho que atravesábamos pasillos humanos como los ciclistas del Tour cuando suben un puerto. Fueron unos kilómetros muy entretenidos, que traté de sobrellevar leyendo los carteles de los seguidores de la carrera. Mucho cartel en flamenco y alemán que no pienso traducir para no parecer presuntuoso, y los típicos en inglés sobre “Run now, rum later”, “Mucho sudor para conseguir un plátano gratis”, “Hit me for extra power”. Me quedé con lo que indicaban dos de ellos que me llamaron la atención:

* “Pain is just the French word for a piece of bread”. Situado estratégicamente donde, ¡pan!, empezaba el dolor acumulado en las piernas.

* “Sonríe si no llevas ropa interior”. Esa chica sabía de lo que escribía y se me escapó una sonrisa enorme, cómo no.

Hice la primera mitad en 1.56.34 y la segunda en 2.01.30, pero, si descuento la
parada del 30 por una larga “evacuación mingitoria” y la del 37 con mi querida
señora, que estuvo más fotógrafa de lo habitual, lo cierto es que los tiempos de ambos parciales no habrían estado muy alejados. Apenas unos segundos más por kilómetro en la segunda parte, lo cual indica que la preparación había sido buena, que las proteínas del chaval habían funcionado o que las “asesinas”que me compré para las últimas semanas de entrenamiento eran tan fantásticas como parecían por los comentarios sobre su capacidad de amortiguación y el efecto rebote (nada que ver con la dieta Dukan).

El recorrido final no tiene gran atractivo para el corredor, salvo dos momentos:
uno, cuando entramos en el estadio de fútbol, el Gent Arena, y dimos una vuelta alrededor del césped, y dos, la entrada en meta, en un magnífico pabellón con pista de atletismo indoor repleto de gente.

Solo haces allí los 195 metros posteriores a los 42 de trabajo previo, pero te sientes ligero como un etíope del 10.000 en la última vuelta, esprintas para arañar unos segundos finales y haces toda la parafernalia final de sacar pecho, alzar los brazos y el puño en alto (sin reivindicación política ni racial de ningún signo). Luego ves elvídeo de la organización y más que un etíope pletórico pareces un tío
reumático intentando acelerar para pillar el bus. Solo intentándolo.

En fin, que acabé muy contento. 3 horas, 58 minutos y 4 segundos. Podía haber mejorado dos o tres minutos porque acabé muy bien, bastante entero. Quién sabe, igual si aceleras más, te pega el del mazo antes de tiempo. O quizás tenga que probarlo de nuevo y no retirarme todavía.

Lo que no tiene precio es la tarde que nos pegamos por Gante. Apuntad un
sitio, visitantes: Beer Central. Da igual la hora del día a la que vayas que sirven
comida típica gantesa hasta las diez de la noche en un local bastante curioso.

En nuestro caso, estábamos más cerca de la cena belga que de su almuerzo.
Lo mejor de todo, tienen un “Book of beer”, un libro entero para que estudies,
analices y saborees los cervezones que te vas a pedir. Después de los más de
50 kilómetros que llevaba en las piernas, hay que aprovechar las propiedades
isotónicas y curativas de la cerveza gantesa. No olvidéis que hace apenas tres o cuatro siglos, cuando la sociedad era sin duda más civilizada que ahora, el agua de la ciudad era insalubre y la cerveza era considerada un alimento incluso para los niños. Por eso la elaboraban con cebada, trigo y algunas guarrerías de frambuesa y melocotón que vimos en alguna página de la carta. Lo de que “hay que probarlo todo” no incluía estos atentados terroristas al buen gusto.

Muy buena experiencia, “me lo debía” y cumplí, como reza el titular, de manera eleGante.

Once contra once

En el transcurso de la rueda de prensa de Pep Guardiola tras la eliminación de su Manchester City ante el Real Madrid en el Etihad, se lamentó hasta ocho veces de no haber podido “jugar once contra once”. No podía discutir la justicia de la expulsión de Bernardo Silva, irrebatible hasta para el entrenador que cuestionaba los aciertos arbitrales (o los análisis de orina, recordad El sexto sinsentido), pero sí quiso dejar un doble mensaje con sus amargas quejas:

  • Minusvalorar al Real Madrid, algo que lleva haciendo desde que ejerce como entrenador y que ha elevado al paroxismo tras la cuarta eliminación en cinco años a manos de los blancos. Del “son atletas” tras el 0-4 de Múnich a la escocida frase “el Madrid no ha sido mi mayor desafío estos años, ha sido Klopp”. Como bien dijo alguien en redes sociales, Klopp será su mayor desafío superado, como acreditan los 6 títulos de Premier del City en los últimos 8 años. Su mayor desafío atragantado y no superado es el Madrid por mucho que le duela, pues solo ha conseguido la Champions en este último lustro en la única ocasión en que logró derrotar a los de Ancelotti y Arbeloa. Pep es un gran entrenador, no cabe duda, pero no resulta nada objetivo cuando habla del equipo por el que se marchó de Barcelona (la Liga de los récords de Mou lo dejó exhausto mentalmente). Nada más ganar la Carabao Cup el pasado fin de semana, volvió a la carga: “El Arsenal es, junto al Bayern de Múnich, y quizás el Barça, el mejor equipo de Europa”. Ni el PSG campeón de Europa que se los ventiló con solvencia en octubre, ni el Real Madrid “mediocre” de Arbeloa que le endosó un 5-1 en la eliminatoria. Como bien explicó el genial Marselle:
  • Su equipo es mucho mejor de lo que pudo demostrar, pero no le dejaron competir en igualdad de condiciones. “Nuestro equipo es extraordinario”, pero “jugar 10 contra 11 es casi imposible”, “la próxima temporada volveremos, seremos campeones. No pudimos jugar un partido como es debido, once contra once para ver qué pasaba”. 1.500 millones de euros invertidos en los últimos años, pero sigue sin competir en igualdad. El Madrid tenía una decena de lesionados y alineó a un chaval que comenzó la temporada en el juvenil, no siquiera en el Castilla. Pep se acerca peligrosamente a sus propios récords de hipocresía, como cuando pronunció aquella hilarante comparación del City “como el Villarreal de la Premier”.

Guardiola es culé de cuna, formación, aprendizaje, carrera como futbolista y, por supuesto, culé nivel supremo como entrenador. Eso significa haber nacido con el convencimiento de que son los mejores del mundo, los inventores del fútbol en un mundo que conspira en su contra, y por ello, cualquier medio vale para triunfar y poder demostrar a todo el universo que, efectivamente, son los mejores. Eso incluye contratar los servicios de Negreira, el dopaje, saltarse las normas de la competición o las 130 irregularidades financieras por las que su club aún no ha sido sancionado. Todo vale porque, al fin y al cabo, el objetivo es lícito: demostrar a ese mundo que conspira en su contra que son superiores.

Lo que me llama la atención de sus declaraciones sobre la importancia de jugar “once contra once” es que parece que se dio cuenta la semana pasada, tras casi una veintena de años como entrenador, de las dificultades que supone competir en inferioridad numérica. En el momento de la expulsión de Bernardo Silva protestó como un energúmeno (solo vio tarjeta amarilla) y con ello hizo ver a su afición que no había nada que hacer. Que en el minuto 20 del partido la suerte de la eliminatoria ya estaba echada. Tan contagioso fue su estado de ánimo al grupo que cuando Haaland empató el partido, ni siquiera lo celebró, casi pareció pedir disculpas al público porque no se podía hacer más.

Y llegado a este punto es donde me apetece recordarle a Guardiola (o a quien quiera leerme) que precisamente jugar en inferioridad numérica es lo que sufrieron durante años los equipos que se enfrentaban a su Barcelona. Sí, el de las grandes figuras y el mismo cuyos presidentes untaban a Negreira y le mejoraban las retribuciones cada año. Helenio Herrera inmortalizó hace años la famosa frase de “se juega mejor con diez que con once”, pero la verdad empírica, estadística y demostrable es que no es así, y menos en un fútbol tan físico como el actual.

Por supuesto que la célebre frase no es cierta. Por eso mismo, hace años que el Madrid aprendió a jugar en inferioridad numérica y contra arbitrajes sibilinos, lo cual forja el carácter, te hace más inasequible al desaliento, más fuerte, y todo ello explica en buena medida por qué la mayoría de jugadores del club se retiran con más títulos internacionales que nacionales. Volvió a demostrarlo el pasado domingo tras la incomprensible expulsión de Fede Valverde a manos de Munuera Montero. Un árbitro que demostró tener criterios bien distintos en un mismo partido (amarilla a Ruggeri, roja para Valverde). O si lo comparamos con actuaciones suyas en el pasado, como en la entrada de Reinildo a Rodrygo, por detrás, sin el balón a distancia de ser jugado, o con la salvaje tijera de Raphinha al jugador del Mallorca Morey. Entradas salvajes que saldó solo con amarilla, mientras que a Valverde le mostró la roja con la misma celeridad que a Bellingham hace un año. Como si el trencilla tuviera prisa por adquirir el protagonismo del choque.

Los diez de Arbeloa podían haberse ido mentalmente del partido o podían haberse ganado varias tarjetas más por las protestas, pero me gustó la actitud del equipo. Una vez pasada la incredulidad (maravillosa la expresión de Tchouaméni), se apretaron los machos como diciendo: “venga, muchachos, es lo de siempre, dejad tranquilo al tipo este, que ha venido a lo que ha venido, igual que en Pamplona hace un año. Ya sabemos lo que toca, cerrar líneas y jugar con inteligencia, con balones largos a Vini y Mbappé para que aguanten el mayor tiempo que puedan allá arriba, y en defensa, sin contemplaciones”. Arbeloa reorganizó a los suyos y realizó algunos cambios. Con el descuento fueron casi veinte minutos de sufrimiento y se logró salvar el resultado, para disgusto de Munuera Montero y de los actuales gestores del CTA.

Son muchas las veces que el Madrid ha ganado el partido con un jugador menos. En muchas ocasiones es una cuestión de carácter y, si uno recuerda algunos de esos partidos, entiende que el Madrid de las 6 Champions en 11 temporadas se forjó en situaciones de inferioridad numérica. Y más lejos aún en el tiempo.

Aún duele a los atléticos aquel 1-4 en el Calderón, en una de las actuaciones más recordadas de Raúl. Corría el minuto 67 cuando Pedja Mijatovic fue expulsado. El montenegrino llevaba todo el partido recibiendo insultos de la que se autoproclama “mejor afición del mundo” (así de tarados están algunos), con alusiones muy desagradables a la enfermedad de su hijo, el cual falleció unos pocos años después, por cierto. Hasta que Pedja se cansó y la tomó con el juez de línea en una de sus protestas. Tarjeta roja, 1-1 en el marcador y todavía recuerdo las carcajadas que se escucharon en el estadio.

Ni por esas. El Madrid no solo ganó en inferioridad numérica, es que goleó, humilló a los que se deshuevaban de la roja. Era el año 1997 y no debe ser casual que un año después se rompiera la sequía de 32 años en la máxima competición europea, la Octava en Ámsterdam.

Guardiola se quejaba de no poder competir once contra once, pero es que ni lo intentó. Quizás su memoria frágil le hizo olvidar que durante varios años de Real Madrid-Barça (me niego a ennoblecer estos partidos y denominar “Clásico” a un encuentro con tanta diferencia de “clase” entre los contendientes) hubo 15 expulsiones en esos partidos. Años negreiros todos ellos, supongo que una casualidad. 14 de esas 15 expulsiones cayeron del lado madridista.

En la primera época de Guardiola como entrenador, en el F.C. Barcelona, obtuvo grandes éxitos como la Champions de 2011, una competición en la que pudo avanzar fases gracias a expulsiones tan surrealistas como la de Van Persie en el Camp Nou (conviene recordar que, a falta de media hora, el Barça estaba eliminado) o la de Pepe por la teatralidad de Dani Alves en semifinales (Por qué, por qué?). Se pasaron todo el partido del Bernabéu fingiendo agresiones, en lo que me llevó a escribir Escuela culé de teatro. Para que vea Guardiola lo importante que es jugar “once contra once”, que asimile que en igualdad de condiciones su equipo habría sido eliminado por el valor doble de los goles en campo contrario (0-0 en el Bernabéu, 1-1 en el Tramp Nou).

Estoy convencido de que todas estas sobreactuaciones venían motivadas por la red con la que jugaban en las competiciones españolas, en las que expulsar a un jugador culé pareció estar fuera del Reglamento durante años. Años negreiros, sí, lo recuerdo de nuevo. El famoso «saldo arbitral» que confesó Alfons Godall, exdirectivo del Barça.

En Europa, numerosos equipos sufrieron también esa desventaja de jugar en inferioridad numérica: el Atleti, el Chelsea… Una de las más famosas fue en 2010: Motta sufrió una expulsión cuando jugaba en el Inter por otra gran sobreactuación de Busquets. Solo había transcurrido media hora de las semifinales y aún quedaba más de una hora por delante por jugar. Por suerte, los de Mourinho supieron apretar los dientes el resto del encuentro y evitaron que el Barça se clasificara para la final de Champions en el Bernabéu. Habría sido un premio terrible para el fingimiento de Busqueta.

Volviendo a la eliminatoria del City, Guardiola podría argumentar que bajó los brazos en el partido contra el Madrid porque la desventaja de goles en la eliminatoria era muy grande. Y yo le recordaría aquel año en que el Real Madrid se jugaba el título de la Supercopa contra aquel gran Valencia de David Silva, Villa, Mata y Joaquín. Con 0-1 en el partido, Iturralde González, otro de los trencillas más negreiros que haya pasado por nuestro campeonato, expulsó a Van der Vaart. Aún era la primera parte, lo que no evitó que el Madrid se rearmara en el descanso y peleara aquel partido. Logró empatarlo al inicio de la segunda mitad. Como Piturralde vio que se le escapaba el partido, expulsó a Van Nistelrooy, y en ese preciso instante fue cuando surgió la locura: con nueve jugadores sobre el campo, el Madrid anotó tres goles en los siguientes quince minutos. ¡Chúpate esa, Negreiro, el título se queda en casa!

El carácter competitivo se forjó durante años en situaciones y partidos así. La primera visita de Zidane como entrenador al Camp Nou coincidió con una de las terribles actuaciones de Hernández Hernández al silbato. Con 1-1 en el marcador, anuló un gol a Bale por ser más alto que Jordi Alba, y poco después expulsó a Sergio Ramos. El equipo podía haberse descentrado de nuevo, pero insistió e insistió, y ganó aquel partido con un gol de Cristiano Ronaldo.

La facilidad con la que reciben roja los blancos contrasta con las agresiones constantes de Luis Suárez en el equipo contrario. Más de dos años sin expulsiones ni penaltis en contra en LaLiga. Ocurre que luego ambos equipos salen a competir en Europa y unos pueden sobreponrse a todo, mientras que otros, sin colchón, se desmoronan en Liverpool, Roma o Múnich. Esta aberración estadística, Pep, es la que hace que tu máximo rival sea tan competitivo:

Es una lección difícil de aprender, pero algunos lo han logrado. Que Modric, Bale, Bellingham o Vinícius tengan muchas más rojas que Suárez, Mascherano o Piqué es absurdo. Pero parece que sirvió para algo.

Tendencias y predicciones 2026 (III): ¿hacia dónde vamos?

Si las dos primeras partes trataban sobre las innovaciones tecnológicas o la economía y geopolítica mundial, esta tercera parte versará sobre el modo en que todo ello afectará a nuestras vidas, ya sea por la manera de comportarnos y relacionarnos, o por el modo de entender el ocio, la educación, la cultura, los viajes ¡o el propio mundo! Para algo tan ambicioso tendré que apoyarme en informes y artículos que he ido recopilando por distintos sitios, a los que añadiré comentarios de mi cosecha. Utilizaré sobre todo dos:

  • The Future 100, de VML, agencia de marketing, tecnología y creatividad. VML presenta todos los años un informe que analiza diversas tendencias esperadas de consumo y comportamiento clasificadas por conceptos: cultura, alimentación, belleza, viajes, salud… Los expertos consultados pronostican o juegan a imaginar ese futuro quizás no tan inminente y, de ese modo, nos encontramos con cuestiones interesantes y también, por qué no decirlo, con algunas chorradas de iluminados (una nueva especia que prolifera y se expande, hasta el punto de ser otra tendencia; se les denomina influencers). Es un informe de casi 300 páginas en inglés que —lógicamente— no he leído íntegro, sino aprovechando las maravillosas bondades que la IA nos ofrece para traducir, seleccionar, filtrar y quedarme con todo aquello que me resultaba más atractivo.
  • Los pronósticos presentados por el Consejo Editorial de Ethic, una web sobre tendencias globales y tecnología con una perspectiva humanista y crítica.  

Cultura

VML ofrece varios puntos de vista interesantes acerca de cómo se ha “democratizado” la creatividad (unbounded crativity) en el sentido en que resulta más accesible para casi cualquiera poder crear imágenes, sonidos, vídeos o textos a partir de unas instrucciones dadas a la máquina. La hiperrealidad, la mezcla de tecnologías (pantallas, Google glass, sensores a tutiplén) o los gemelos digitales permitirán a los que estén interesados en ello una nueva forma de ver lo que les rodea o de encontrar un nuevo ¿arte?

Aunque no capta mi interés, me ha hecho gracia ver que una tendencia define como “entropism” un gusto por la estética sucia, quizás por lo imperfecto. En este mundo de las imágenes precocinadas por IA en las que todo resulta de una perfección exagerada, quizás se valoren las impurezas, las manchas en la piel o las arrugas no uniformes, «ganadas tras años de esfuerzo», como decía Anna Magnani. No sé si es por la huida de la IA, pero se me ocurren muchas películas y manifestaciones culturales en las que se aboga por la fealdad y la mugre, con Arco, la estética reggaeton y Sirat a la cabeza.

Mucho más relevante para el futuro me parece lo que el informe denomina “alfabetización de la verdad”: como hay millones de imágenes falsas circulando, cada vez resulta más sencillo crearlas y difundirlas. Y como tenemos un cerebro preparado para consumir imágenes más rápidamente de lo que nos lleva leer textos (y se asimilan mejor, pues afectan en mayor medida a las emociones), en este presente que nos toca vivir, “debemos aprender a detenernos y reflexionar ahora sobre si lo que vemos en un vídeo o en cualquier medio es algo que sucedió en el mundo real”. En ocasiones hasta da lo mismo, y me explico: sabemos que algo es falso, pero sirve para alimentar nuestras ideas preconcebidas sobre algo o alguien, un político, un club de fútbol o un actor. El sesgo de confirmación. Los llamados fact-checkers tendrán que ser más ágiles en detectar el fraude, y ni siquiera será suficiente con ello. Como dice Sean Pillot en el informe: “nos encontramos con un panorama en el que la verdad se manipula deliberadamente, la confianza se ha devaluado catastróficamente y la desinformación organizada es un negocio en crecimiento”. Elena Pisonero plantea en Ethic que «la digitalización, la inteligencia artificial o la automatización multiplican la eficiencia, pero también la complejidad. El riesgo no está en la tecnología, sino en la falta de preparación para integrarla con sentido».

La potencia de las nuevas herramientas de desinformación es tremenda. Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad South California diseñó un sistema de agentes de IA con identidad políticas y unas directrices concretas e introdujo a cincuenta de ellos en X, la red social Twitter de toda la vida. El programa se llamaba GABM (Generative Agent-Based Modeling) y los resultados fueron terriblemente esclarecedores: los agentes reforzaban sus ideas preconcebidas, interactuaban entre ellos y amplificaban de manera coordinada sus publicaciones, todas del mismo sesgo. Conseguían alcanzar a numerosos usuarios y sus mensajes tenían un nivel de propagación (y seguramente influencia) enorme. Una propaganda brutal para cualquier mensaje, mucho más efectivo que las granjas de bots, cada vez más detectables.

Por estos motivos, empresas tecnológicas y medios de comunicación como Adobe, Microsoft o la BBC están trabajando en un etiquetado de autenticidad de contenido, algo similar a lo que ya ofrecen Google, Meta o Pinterest con la (insuficiente) “marca de agua” para identificar el contenido generado por IA. YouTube acaba de anunciar la implantación de un sistema de detección de rostros generados por inteligencia artificial, pero no se queda ahí, sino que pretende que la suplantación digital no autorizada tenga consecuencias jurídicas. Dinamarca es el primer país que ha legislado sobre los deepfakes y la protección de las personas que son suplantadas por una IA, casi nunca por un buen motivo.

Este peligro de manipular figuras públicas, sus actos o sus palabras, entronca a mi modo de ver con lo indicado por José Antonio Marina en Ethic: “la aceptación de los autoritarismos, la credulidad rampante, la polarización, la influencia de las redes sociales. Por debajo de fenómenos tan diversos, detecto el «sistema del sujeto menguante». Se está favoreciendo la aparición de un sujeto débil, manipulable, falto de sentido crítico. La democracia debe basarse en ciudadanos responsables y críticos, pero los partidos políticos necesitan votantes crédulos y manipulables”. Todo ello constituye “un amable llamamiento a abdicar de los grandes proyectos humanos:  la libertad, la democracia, la autonomía, el pensamiento crítico, la justicia”. El pensamiento crítico, ¿dónde quedó?

Ocio

Otra tendencia interesante que aparece en el informe de VML es el de la aparición de los microcines, las pantallas privadas para grupos muy concretos, precisamente en estos momentos en que los multicines lidian con la disminución de la asistencia de espectadores a las salas y el aumento del consumo de ocio en las plataformas de los hogares. The Nickel, ubicado en Londres, es un microcine financiado íntegramente por aficionados al género grindhouse, es decir, películas de serie B de terror o acción realizadas por y para el consumo de frikardos del gore. Este tipo de proyectos se están extendiendo en otros países: en Singapur ha abierto un «hogar para el cine y los amantes del cine», especializado en la emisión de películas no necesariamente de actualidad. En Nueva York abrió hace un año una sala para 42 personas especializada en la emisión de clásicos y documentales, y el complejo Metro Private Cinema en la misma ciudad cuenta con 20 salas, y ofrece un concepto de cine privado acompañado de una experiencia gastronómica exclusiva, elaborada por chefs. El amiguete Travis ya dejó una idea similar en un post de hace unos años, en su caso, para poder disfrutar de grandes clásicos en una pantalla grande y con la mayor calidad de sonido posible.

Algunas partes del informe dejan una extraña sensación de película futurista verosímil, y digo “extraña” porque puede ser atractiva y triste al mismo tiempo. Algunas de las tendencias, como esta misma de los cines casi privados, están relacionadas con la manera de combatir la soledad, un problema cada vez mayor en las sociedades modernas, incrementadas por el crecimiento de la longevidad, el aumento del número de divorcios o separaciones, las menores tasas de reproducción y el tipo de vida. Según informes de las Naciones Unidas, en 2025 hay 703 millones de personas mayores de 65 años, pero en 2050 este colectivo superará los 1.500 millones. Se estima que la población mayor de 80 años se triplicará en tres décadas y, por supuesto, Europa será el continente más envejecido del planeta. Eduardo Madina abunda en esta línea en Ethic: «Europa es el continente más envejecido. Sus más de 45 años de media de edad contrastan con la juventud de otras zonas geográficas del mundo. Si a esa media poblacional le sumamos una baja natalidad, es evidente una problemática que cuestiona la propia sostenibilidad del modelo social. El gran debate que tiene por delante nuestro país —y nuestro espacio europeo— es cómo dar cabida en ese modelo social a condiciones que generen una mejora en los niveles de natalidad (recursos públicos o ampliación del estado de bienestar)». De fondo surge el asunto de la inmigración, cómo no, pero este tema da para uno o varios post completos. Al igual que estas predicciones sobre la evolución de la población en este siglo, con lo que supondría de cambios de todo tipo: culturales, económicos, religiosos, sobre el modo de entender la familia o la sociedad…

Seguramente por este cambio de las pirámides de población y del tipo de vida familiar o comunitario en las sociedades occidentales, el informe de VML menciona tendencias como:

  • Las multiflex cities, o el Living loyalty hablan de espacios urbanos en los que conviven pequeñas comunidades que comparten gastos de ocio, cuidado o trabajo. Puede ser una evolución de los llamados senior coliving, o la cooperativa Trabensol, una pionera en el autocuidado de la tercera edad, un lugar admirable a las afueras de Madrid que tuve la suerte de conocer hace unos pocos años. Este tipo de centros se están extendiendo por otros países y en algunos casos se convierten en verdaderas residencias de lujo para sus habitantes, los jubiletas activamente felices (el Coopers Chase de la película El club del crimen de los jueves, para que se me entienda). Se puede enlazar con otras tendencias como las que VML denomina Social Health o el Living loyalty, que se refieren al fomento de espacios comunitarios y actividades diseñadas para combatir la soledad.
  • Wellbeing status y programas de Resilience wellness que, pese a los nombres rimbombantes, vienen a estar relacionados: se trata de los autocuidados a base de monitorizaciones con el uso de wearables y apps, es decir, sensores corporales en relojes, teléfonos móviles y quién sabe si chips subcutáneos, todo ello para estar medido y controlado… en soledad. Como otras tendencias indicadas en el informe y que me provocan un hastío infinito: Reality interface, RelAItionships evolved, Smart plays, Commercial humanoids… asistentes de IA para suplir el diálogo humano. Sucede que a mí, y espero que a muchos otros, al menos de mi generación, cada vez me apetece menos hablar con una máquina y quiero hacerlo con alguien real, de carne y hueso. Ni chatbox, ni pantallas táctiles, ni asistente de voz en el móvil. Como bien decía este artículo que leí esta semana:

Medio ambiente

Si todas las predicciones sobre el cambio climático aciertan, nos espera un futuro a treinta años vista bastante problemático. VML habla ya de Climate-resilient healthcare, infraestructuras preparadas para combatir situaciones de clima extremo. El informe menciona la necesidad de la colaboración público-privada que pueda crear esas nuevas ciudades con condiciones habitables para frenar los fenómenos extremos a los que no terminamos de acostumbrarnos (y espero no acostumbrarme nunca): incendios, danas, borrascas extremas, inundaciones, huracanes… Supongo que si la tecnología ha permitido hacer pistas de nieve en mitad del desierto (con un impacto brutal sobre el medio ambiente), en alguna década de estas seremos capaces de convivir en ciudades más confortables y seguras, no solo en occidente.

La politóloga Cristina Monge indica en Ethic que «no estamos aplicando las medidas necesarias para hacer frente a unos fenómenos naturales extremos, que van a ser cada vez más frecuentes y más virulentos. En primer lugar, porque es muy difícil que tanto la población como los gobiernos entiendan la urgencia de poner en marcha, sobre todo, medidas de adaptación —revisar protocolos y actuaciones de emergencia de protección civil, generar una cultura de respuesta ante las emergencias, plantear políticas que ayuden a generar un territorio más resiliente—. En segundo lugar, porque gran parte de esto tiene que ver con políticas de mitigación, que implican necesariamente reducir emisiones de gases de efecto invernadero». El economista Alberto Andreu insiste en la idea de «conseguir todo eso sin poner en riesgo la identidad y los valores fundacionales de Europa. Y podemos, porque la sostenibilidad —social y ambiental— está en el centro de la esencia europea».

Claro que a veces nos preguntamos qué será de Europa, qué peso tendrá en las próximas décadas, o en esta misma, ¿nos quedamos en Atenas y Roma como fundadores del anterior mundo nuevo? ¿Seremos el museo del futuro, como dijo Ana Patricia Botín? En cuestión de sostenibilidad, sucede que la Unión Europea ya está desandando algunos de los pasos dados con anterioridad para no perder más competitividad de la ya perdida.

Igual hay que continuar esta serie de post y abrir nuevos «melones», ya que no soy capaz de prever la evolución de ninguno.

Tendencias y predicciones 2026 (I): big ideas y bluffs

Tendencias y predicciones 2026 (II): economía y geopolítica