Un maratón eleGante

LESTER, 02/04/2026

A veces ocurre. No siempre, no es lo habitual, pero a veces planificas algo al
mínimo detalle y luego las cosas no resultan como esperabas. Te pasas varios
meses preparando un maratón, tratando de cuidar ciertos detalles como la
alimentación, los entrenamientos, y luego te viene un virus, una molestia o un
viaje con poco espacio para el descanso y no llegan los resultados esperados.
Sin embargo, otras veces sucede lo contrario: preparas con menos tiempo y
expectativas, confías en la base que se supone que llevas y te dejas llevar. Te
lo tomas de otra manera: “lo que salga estará bien, haz lo que esté en tus manos y disfruta las largas horas de entrenamiento en soledad”. El resultado será secundario. Y a veces ocurre que esos resultados son mejores de lo esperado.


Esto último me sucedió durante el maratón de Gante, celebrado el domingo 29 pasado. Me lo “debía” tras el pinchazo de San Sebastián en noviembre, en el que me quedé con esa sensación de rabia por la acumulación de todos los contratiempos mencionados anteriormente. Así que llegó enero y me dije: “no estaba tan mal entonces y una vez superadas las molestias, a ver si en tres meses me da tiempo a intentarlo de nuevo”. Y eso hice, sin pretensión alguna. Por no cambiar, no cambié ni siquiera la rutina de la alimentación, las cervezas, cenas con los amigos o el baloncesto de los fines de semana con la gente de Las Rozas. Hasta una semana antes estuve compatibilizando las carreras con los canastos, o el running con el basket, por esa manía anglófona que nos ha entrado. “A lo que salga, a disfrutar de la carrera”.

Llevaba un año y medio sin completar un maratón (Bilbao 2024) y casi siete sin correr en el extranjero (San Petersburgo 2019), así que “me lo debía”, como decía, y me apunté a Gante. Mentiría si dijera que no hice una preparación adecuada o que no me lo tomé en serio. Sería una insensatez por mi parte. Incorporé algunos cambios en mis rutinas como más sesiones de fuerza y gimnasio (¡pereza!), que a ciertas edades la musculatura no es la misma, y seguir los ¿sabios? consejos de mi hijo en materia de nutrición deportiva: añadí complementos de creatina y proteínas a mis desayunos (¡más pereza aún!).

Al contrario que en anteriores maratones, apenas perdí peso en esos tres meses. Mi cabeza le decía a mi cuerpo: “eso es porque el músculo pesa más, don’t worry!”. Pero la cabeza “de verdad” me sugería por detrás: “¿te has quitado el queso? ¿La cerveza? ¿El chocolate? Cuando alguien lleva bollería a la oficina por su cumpleaños, ¿acaso renuncias? ¿O te tomas dos manolitos y tres palmeras?”.

Para que no se entienda todo esto como una falta de respeto a una distancia
tan exigente, hice rodajes de 22, 24, 26 y 30 kilómetros, y un medio maratón como mandan los cánones, tres semanas antes de la prueba y a buen ritmo,1h. 47 minutos. Todo hacía indicar que iba preparado por lo menos para acabar.

En estos viajes al extranjero sucede también que quieres ver todo lo que puedas durante esa corta estancia y eso incluye la gastronomía local, por muy poco apetecible que pueda parecer a priori. Estofado de carne en salsa de cerveza con patatas fritas, mejillones al vino blanco con muchas patatas fritas y gofres con chocolate. Y, por supuesto, las famosísimas cervezas belgas, con cartas de 300 tipos distintos en casi todos los lugares que visitamos. Y, claro, puesto que uno va “a lo que salga”, había que probarlo todo. Reconozco que lo mejor fueron las cervezas, la Leffe en mi caso, la Carolus no-sé-qué para mi mujer.

Ya me estoy yendo del tema, volvamos a Gante, capital de Flandes Oriental,
cuna del mismísimo Carlos I de España (apenas V de Alemania), sede del
archifamoso políptico de los hermanos van Eyck La Adoración del cordero
místico y ciudad eleGante donde las haya. El maratón comenzaba y terminaba
a las afueras de la ciudad el mismo día del cambio de hora, con lo que el madrugón fue de los buenos. Decenas de corredores salimos de distintos sitios rumbo a la salida con los primeros rayos de sol del día. La luz del amanecer sobre la catedral de San Bavón y la iglesia de San Nicolás le daban a la ciudad un aspecto maravilloso.

El mayor miedo que podía tener a esta carrera era el viento, que durante días estuvo previsto que rondara los veinte kilómetros por hora. Y ya se sabe que el viento, cuando vas corriendo o en bici, nunca viene de culo, sino siempre de cara. Da igual tu dirección, no sé cómo lo hace el puñetero Eolo.

Había 3,7 kilómetros de distancia hasta la salida, así que me sirvió para hacer
el calentamiento previo, necesario, si consideramos los cuatro grados de
temperatura con los que empezó la jornada. Todo estuvo muy bien organizado
en la salida (bolsas, ubicación de los corredores, baños), excepto una sola cosa: tras el pistoletazo de salida nos hacían pasar a todos por un hueco de poco más de dos metros. De este modo se tardaba bastante en arrancar, pero la ventaja es que luego ibas con más espacio del que suele ser habitual en los primeros kilómetros de cualquier prueba. “Aquí estás de nuevo, chavalote”, me espetó el duende verde, “¿y dices que vas a lo que salga? A ver si te vas a dar un trastazo de los buenos…”. Cogí a mi viejo compañero de batallas y lo arrojé al primer canal que cruzamos:

—Hoy no me vas a hundir la moral.

Mi carrera fue tan lineal, tan monocorde, que no tiene mucha más épica que la
que sea capaz de inventarme. Salí a un ritmo cómodo de 5.30 min/km. con la
esperanza de poder aguantarlo toda la carrera. Tras atravesar el puente de San
Miguel y disfrutar sus espectaculares vistas, llegamos al km. 5, frente al ayuntamiento y nuestro hotel del fin de semana. Allí me esperaba mi única admiradora, perdón, seguidora, que eso de admirar a un tío cansino cambió hace mucho. Supongo que mientras algunos nos íbamos a engullir kilómetros, otras se fueron al buffet del hotel a zamparse todas las delicatessen a las que yo había tenido que renunciar un par de horas antes (algún croiassant cayó, cómo no).

Los mejores kilómetros para el “tourist-runner” de Gante son los que van del 4 al 10, cuando recorres el centro de la ciudad, los antiguos muelles de carga, los canales y la iglesia de Santiago, por la que pasa una de las rutas del camino de Santiago… ¿desde allí hasta Santiago de Compostela? Increíble, y yo vistiendo de épica mis 42 kilómetros de nada. Eso sí, siendo Gante como es, una ciudad con empedrado y adoquín en su casco histórico, nada de admirar la arquitectura flamenca y mejor concentrarse en dónde ponías el siguiente pie.

A partir del km.15 la carrera te lleva por el sur de la ciudad, más allá algún parque, y más allá aún, los campos, las granjas y las zonas cenagosas por donde pasan los canales, lodazales en algún caso. No sé si es un tema cultural, pero fue una carrera silenciosa, sin el bullicio de muchos maratones que recorren los cascos urbanos de las ciudades. Los propios participantes andábamos concentrados en nuestros respectivos ritmos, solo alterados por alguna banda dispuesta por la organización (a saber, un DJ marchoso, una banda musical de instituto, un grupo de percusionistas perrofláuticos y ¿un gaitero escocés?, ¿qué hacía ese pavo con falda de cuadros a las puertas de una granja???).

Cuando las piernas empezaban a pesar, tras atravesar el km. 25, volvimos
hacia la ciudad y atravesamos alguna zona residencial muy animada. El camino era tan estrecho que atravesábamos pasillos humanos como los ciclistas del Tour cuando suben un puerto. Fueron unos kilómetros muy entretenidos, que traté de sobrellevar leyendo los carteles de los seguidores de la carrera. Mucho cartel en flamenco y alemán que no pienso traducir para no parecer presuntuoso, y los típicos en inglés sobre “Run now, rum later”, “Mucho sudor para conseguir un plátano gratis”, “Hit me for extra power”. Me quedé con lo que indicaban dos de ellos que me llamaron la atención:

* “Pain is just the French word for a piece of bread”. Situado estratégicamente donde, ¡pan!, empezaba el dolor acumulado en las piernas.

* “Sonríe si no llevas ropa interior”. Esa chica sabía de lo que escribía y se me escapó una sonrisa enorme, cómo no.

Hice la primera mitad en 1.56.34 y la segunda en 2.01.30, pero, si descuento la
parada del 30 por una larga “evacuación mingitoria” y la del 37 con mi querida
señora, que estuvo más fotógrafa de lo habitual, lo cierto es que los tiempos de ambos parciales no habrían estado muy alejados. Apenas unos segundos más por kilómetro en la segunda parte, lo cual indica que la preparación había sido buena, que las proteínas del chaval habían funcionado o que las “asesinas”que me compré para las últimas semanas de entrenamiento eran tan fantásticas como parecían por los comentarios sobre su capacidad de amortiguación y el efecto rebote (nada que ver con la dieta Dukan).

El recorrido final no tiene gran atractivo para el corredor, salvo dos momentos:
uno, cuando entramos en el estadio de fútbol, el Gent Arena, y dimos una vuelta alrededor del césped, y dos, la entrada en meta, en un magnífico pabellón con pista de atletismo indoor repleto de gente.

Solo haces allí los 195 metros posteriores a los 42 de trabajo previo, pero te sientes ligero como un etíope del 10.000 en la última vuelta, esprintas para arañar unos segundos finales y haces toda la parafernalia final de sacar pecho, alzar los brazos y el puño en alto (sin reivindicación política ni racial de ningún signo). Luego ves elvídeo de la organización y más que un etíope pletórico pareces un tío
reumático intentando acelerar para pillar el bus. Solo intentándolo.

En fin, que acabé muy contento. 3 horas, 58 minutos y 4 segundos. Podía haber mejorado dos o tres minutos porque acabé muy bien, bastante entero. Quién sabe, igual si aceleras más, te pega el del mazo antes de tiempo. O quizás tenga que probarlo de nuevo y no retirarme todavía.

Lo que no tiene precio es la tarde que nos pegamos por Gante. Apuntad un
sitio, visitantes: Beer Central. Da igual la hora del día a la que vayas que sirven
comida típica gantesa hasta las diez de la noche en un local bastante curioso.

En nuestro caso, estábamos más cerca de la cena belga que de su almuerzo.
Lo mejor de todo, tienen un “Book of beer”, un libro entero para que estudies,
analices y saborees los cervezones que te vas a pedir. Después de los más de
50 kilómetros que llevaba en las piernas, hay que aprovechar las propiedades
isotónicas y curativas de la cerveza gantesa. No olvidéis que hace apenas tres o cuatro siglos, cuando la sociedad era sin duda más civilizada que ahora, el agua de la ciudad era insalubre y la cerveza era considerada un alimento incluso para los niños. Por eso la elaboraban con cebada, trigo y algunas guarrerías de frambuesa y melocotón que vimos en alguna página de la carta. Lo de que “hay que probarlo todo” no incluía estos atentados terroristas al buen gusto.

Muy buena experiencia, “me lo debía” y cumplí, como reza el titular, de manera eleGante.

Once contra once

En el transcurso de la rueda de prensa de Pep Guardiola tras la eliminación de su Manchester City ante el Real Madrid en el Etihad, se lamentó hasta ocho veces de no haber podido “jugar once contra once”. No podía discutir la justicia de la expulsión de Bernardo Silva, irrebatible hasta para el entrenador que cuestionaba los aciertos arbitrales (o los análisis de orina, recordad El sexto sinsentido), pero sí quiso dejar un doble mensaje con sus amargas quejas:

  • Minusvalorar al Real Madrid, algo que lleva haciendo desde que ejerce como entrenador y que ha elevado al paroxismo tras la cuarta eliminación en cinco años a manos de los blancos. Del “son atletas” tras el 0-4 de Múnich a la escocida frase “el Madrid no ha sido mi mayor desafío estos años, ha sido Klopp”. Como bien dijo alguien en redes sociales, Klopp será su mayor desafío superado, como acreditan los 6 títulos de Premier del City en los últimos 8 años. Su mayor desafío atragantado y no superado es el Madrid por mucho que le duela, pues solo ha conseguido la Champions en este último lustro en la única ocasión en que logró derrotar a los de Ancelotti y Arbeloa. Pep es un gran entrenador, no cabe duda, pero no resulta nada objetivo cuando habla del equipo por el que se marchó de Barcelona (la Liga de los récords de Mou lo dejó exhausto mentalmente). Nada más ganar la Carabao Cup el pasado fin de semana, volvió a la carga: “El Arsenal es, junto al Bayern de Múnich, y quizás el Barça, el mejor equipo de Europa”. Ni el PSG campeón de Europa que se los ventiló con solvencia en octubre, ni el Real Madrid “mediocre” de Arbeloa que le endosó un 5-1 en la eliminatoria. Como bien explicó el genial Marselle:
  • Su equipo es mucho mejor de lo que pudo demostrar, pero no le dejaron competir en igualdad de condiciones. “Nuestro equipo es extraordinario”, pero “jugar 10 contra 11 es casi imposible”, “la próxima temporada volveremos, seremos campeones. No pudimos jugar un partido como es debido, once contra once para ver qué pasaba”. 1.500 millones de euros invertidos en los últimos años, pero sigue sin competir en igualdad. El Madrid tenía una decena de lesionados y alineó a un chaval que comenzó la temporada en el juvenil, no siquiera en el Castilla. Pep se acerca peligrosamente a sus propios récords de hipocresía, como cuando pronunció aquella hilarante comparación del City “como el Villarreal de la Premier”.

Guardiola es culé de cuna, formación, aprendizaje, carrera como futbolista y, por supuesto, culé nivel supremo como entrenador. Eso significa haber nacido con el convencimiento de que son los mejores del mundo, los inventores del fútbol en un mundo que conspira en su contra, y por ello, cualquier medio vale para triunfar y poder demostrar a todo el universo que, efectivamente, son los mejores. Eso incluye contratar los servicios de Negreira, el dopaje, saltarse las normas de la competición o las 130 irregularidades financieras por las que su club aún no ha sido sancionado. Todo vale porque, al fin y al cabo, el objetivo es lícito: demostrar a ese mundo que conspira en su contra que son superiores.

Lo que me llama la atención de sus declaraciones sobre la importancia de jugar “once contra once” es que parece que se dio cuenta la semana pasada, tras casi una veintena de años como entrenador, de las dificultades que supone competir en inferioridad numérica. En el momento de la expulsión de Bernardo Silva protestó como un energúmeno (solo vio tarjeta amarilla) y con ello hizo ver a su afición que no había nada que hacer. Que en el minuto 20 del partido la suerte de la eliminatoria ya estaba echada. Tan contagioso fue su estado de ánimo al grupo que cuando Haaland empató el partido, ni siquiera lo celebró, casi pareció pedir disculpas al público porque no se podía hacer más.

Y llegado a este punto es donde me apetece recordarle a Guardiola (o a quien quiera leerme) que precisamente jugar en inferioridad numérica es lo que sufrieron durante años los equipos que se enfrentaban a su Barcelona. Sí, el de las grandes figuras y el mismo cuyos presidentes untaban a Negreira y le mejoraban las retribuciones cada año. Helenio Herrera inmortalizó hace años la famosa frase de “se juega mejor con diez que con once”, pero la verdad empírica, estadística y demostrable es que no es así, y menos en un fútbol tan físico como el actual.

Por supuesto que la célebre frase no es cierta. Por eso mismo, hace años que el Madrid aprendió a jugar en inferioridad numérica y contra arbitrajes sibilinos, lo cual forja el carácter, te hace más inasequible al desaliento, más fuerte, y todo ello explica en buena medida por qué la mayoría de jugadores del club se retiran con más títulos internacionales que nacionales. Volvió a demostrarlo el pasado domingo tras la incomprensible expulsión de Fede Valverde a manos de Munuera Montero. Un árbitro que demostró tener criterios bien distintos en un mismo partido (amarilla a Ruggeri, roja para Valverde). O si lo comparamos con actuaciones suyas en el pasado, como en la entrada de Reinildo a Rodrygo, por detrás, sin el balón a distancia de ser jugado, o con la salvaje tijera de Raphinha al jugador del Mallorca Morey. Entradas salvajes que saldó solo con amarilla, mientras que a Valverde le mostró la roja con la misma celeridad que a Bellingham hace un año. Como si el trencilla tuviera prisa por adquirir el protagonismo del choque.

Los diez de Arbeloa podían haberse ido mentalmente del partido o podían haberse ganado varias tarjetas más por las protestas, pero me gustó la actitud del equipo. Una vez pasada la incredulidad (maravillosa la expresión de Tchouaméni), se apretaron los machos como diciendo: “venga, muchachos, es lo de siempre, dejad tranquilo al tipo este, que ha venido a lo que ha venido, igual que en Pamplona hace un año. Ya sabemos lo que toca, cerrar líneas y jugar con inteligencia, con balones largos a Vini y Mbappé para que aguanten el mayor tiempo que puedan allá arriba, y en defensa, sin contemplaciones”. Arbeloa reorganizó a los suyos y realizó algunos cambios. Con el descuento fueron casi veinte minutos de sufrimiento y se logró salvar el resultado, para disgusto de Munuera Montero y de los actuales gestores del CTA.

Son muchas las veces que el Madrid ha ganado el partido con un jugador menos. En muchas ocasiones es una cuestión de carácter y, si uno recuerda algunos de esos partidos, entiende que el Madrid de las 6 Champions en 11 temporadas se forjó en situaciones de inferioridad numérica. Y más lejos aún en el tiempo.

Aún duele a los atléticos aquel 1-4 en el Calderón, en una de las actuaciones más recordadas de Raúl. Corría el minuto 67 cuando Pedja Mijatovic fue expulsado. El montenegrino llevaba todo el partido recibiendo insultos de la que se autoproclama “mejor afición del mundo” (así de tarados están algunos), con alusiones muy desagradables a la enfermedad de su hijo, el cual falleció unos pocos años después, por cierto. Hasta que Pedja se cansó y la tomó con el juez de línea en una de sus protestas. Tarjeta roja, 1-1 en el marcador y todavía recuerdo las carcajadas que se escucharon en el estadio.

Ni por esas. El Madrid no solo ganó en inferioridad numérica, es que goleó, humilló a los que se deshuevaban de la roja. Era el año 1997 y no debe ser casual que un año después se rompiera la sequía de 32 años en la máxima competición europea, la Octava en Ámsterdam.

Guardiola se quejaba de no poder competir once contra once, pero es que ni lo intentó. Quizás su memoria frágil le hizo olvidar que durante varios años de Real Madrid-Barça (me niego a ennoblecer estos partidos y denominar “Clásico” a un encuentro con tanta diferencia de “clase” entre los contendientes) hubo 15 expulsiones en esos partidos. Años negreiros todos ellos, supongo que una casualidad. 14 de esas 15 expulsiones cayeron del lado madridista.

En la primera época de Guardiola como entrenador, en el F.C. Barcelona, obtuvo grandes éxitos como la Champions de 2011, una competición en la que pudo avanzar fases gracias a expulsiones tan surrealistas como la de Van Persie en el Camp Nou (conviene recordar que, a falta de media hora, el Barça estaba eliminado) o la de Pepe por la teatralidad de Dani Alves en semifinales (Por qué, por qué?). Se pasaron todo el partido del Bernabéu fingiendo agresiones, en lo que me llevó a escribir Escuela culé de teatro. Para que vea Guardiola lo importante que es jugar “once contra once”, que asimile que en igualdad de condiciones su equipo habría sido eliminado por el valor doble de los goles en campo contrario (0-0 en el Bernabéu, 1-1 en el Tramp Nou).

Estoy convencido de que todas estas sobreactuaciones venían motivadas por la red con la que jugaban en las competiciones españolas, en las que expulsar a un jugador culé pareció estar fuera del Reglamento durante años. Años negreiros, sí, lo recuerdo de nuevo. El famoso «saldo arbitral» que confesó Alfons Godall, exdirectivo del Barça.

En Europa, numerosos equipos sufrieron también esa desventaja de jugar en inferioridad numérica: el Atleti, el Chelsea… Una de las más famosas fue en 2010: Motta sufrió una expulsión cuando jugaba en el Inter por otra gran sobreactuación de Busquets. Solo había transcurrido media hora de las semifinales y aún quedaba más de una hora por delante por jugar. Por suerte, los de Mourinho supieron apretar los dientes el resto del encuentro y evitaron que el Barça se clasificara para la final de Champions en el Bernabéu. Habría sido un premio terrible para el fingimiento de Busqueta.

Volviendo a la eliminatoria del City, Guardiola podría argumentar que bajó los brazos en el partido contra el Madrid porque la desventaja de goles en la eliminatoria era muy grande. Y yo le recordaría aquel año en que el Real Madrid se jugaba el título de la Supercopa contra aquel gran Valencia de David Silva, Villa, Mata y Joaquín. Con 0-1 en el partido, Iturralde González, otro de los trencillas más negreiros que haya pasado por nuestro campeonato, expulsó a Van der Vaart. Aún era la primera parte, lo que no evitó que el Madrid se rearmara en el descanso y peleara aquel partido. Logró empatarlo al inicio de la segunda mitad. Como Piturralde vio que se le escapaba el partido, expulsó a Van Nistelrooy, y en ese preciso instante fue cuando surgió la locura: con nueve jugadores sobre el campo, el Madrid anotó tres goles en los siguientes quince minutos. ¡Chúpate esa, Negreiro, el título se queda en casa!

El carácter competitivo se forjó durante años en situaciones y partidos así. La primera visita de Zidane como entrenador al Camp Nou coincidió con una de las terribles actuaciones de Hernández Hernández al silbato. Con 1-1 en el marcador, anuló un gol a Bale por ser más alto que Jordi Alba, y poco después expulsó a Sergio Ramos. El equipo podía haberse descentrado de nuevo, pero insistió e insistió, y ganó aquel partido con un gol de Cristiano Ronaldo.

La facilidad con la que reciben roja los blancos contrasta con las agresiones constantes de Luis Suárez en el equipo contrario. Más de dos años sin expulsiones ni penaltis en contra en LaLiga. Ocurre que luego ambos equipos salen a competir en Europa y unos pueden sobreponrse a todo, mientras que otros, sin colchón, se desmoronan en Liverpool, Roma o Múnich. Esta aberración estadística, Pep, es la que hace que tu máximo rival sea tan competitivo:

Es una lección difícil de aprender, pero algunos lo han logrado. Que Modric, Bale, Bellingham o Vinícius tengan muchas más rojas que Suárez, Mascherano o Piqué es absurdo. Pero parece que sirvió para algo.

Tendencias y predicciones 2026 (III): ¿hacia dónde vamos?

Si las dos primeras partes trataban sobre las innovaciones tecnológicas o la economía y geopolítica mundial, esta tercera parte versará sobre el modo en que todo ello afectará a nuestras vidas, ya sea por la manera de comportarnos y relacionarnos, o por el modo de entender el ocio, la educación, la cultura, los viajes ¡o el propio mundo! Para algo tan ambicioso tendré que apoyarme en informes y artículos que he ido recopilando por distintos sitios, a los que añadiré comentarios de mi cosecha. Utilizaré sobre todo dos:

  • The Future 100, de VML, agencia de marketing, tecnología y creatividad. VML presenta todos los años un informe que analiza diversas tendencias esperadas de consumo y comportamiento clasificadas por conceptos: cultura, alimentación, belleza, viajes, salud… Los expertos consultados pronostican o juegan a imaginar ese futuro quizás no tan inminente y, de ese modo, nos encontramos con cuestiones interesantes y también, por qué no decirlo, con algunas chorradas de iluminados (una nueva especia que prolifera y se expande, hasta el punto de ser otra tendencia; se les denomina influencers). Es un informe de casi 300 páginas en inglés que —lógicamente— no he leído íntegro, sino aprovechando las maravillosas bondades que la IA nos ofrece para traducir, seleccionar, filtrar y quedarme con todo aquello que me resultaba más atractivo.
  • Los pronósticos presentados por el Consejo Editorial de Ethic, una web sobre tendencias globales y tecnología con una perspectiva humanista y crítica.  

Cultura

VML ofrece varios puntos de vista interesantes acerca de cómo se ha “democratizado” la creatividad (unbounded crativity) en el sentido en que resulta más accesible para casi cualquiera poder crear imágenes, sonidos, vídeos o textos a partir de unas instrucciones dadas a la máquina. La hiperrealidad, la mezcla de tecnologías (pantallas, Google glass, sensores a tutiplén) o los gemelos digitales permitirán a los que estén interesados en ello una nueva forma de ver lo que les rodea o de encontrar un nuevo ¿arte?

Aunque no capta mi interés, me ha hecho gracia ver que una tendencia define como “entropism” un gusto por la estética sucia, quizás por lo imperfecto. En este mundo de las imágenes precocinadas por IA en las que todo resulta de una perfección exagerada, quizás se valoren las impurezas, las manchas en la piel o las arrugas no uniformes, «ganadas tras años de esfuerzo», como decía Anna Magnani. No sé si es por la huida de la IA, pero se me ocurren muchas películas y manifestaciones culturales en las que se aboga por la fealdad y la mugre, con Arco, la estética reggaeton y Sirat a la cabeza.

Mucho más relevante para el futuro me parece lo que el informe denomina “alfabetización de la verdad”: como hay millones de imágenes falsas circulando, cada vez resulta más sencillo crearlas y difundirlas. Y como tenemos un cerebro preparado para consumir imágenes más rápidamente de lo que nos lleva leer textos (y se asimilan mejor, pues afectan en mayor medida a las emociones), en este presente que nos toca vivir, “debemos aprender a detenernos y reflexionar ahora sobre si lo que vemos en un vídeo o en cualquier medio es algo que sucedió en el mundo real”. En ocasiones hasta da lo mismo, y me explico: sabemos que algo es falso, pero sirve para alimentar nuestras ideas preconcebidas sobre algo o alguien, un político, un club de fútbol o un actor. El sesgo de confirmación. Los llamados fact-checkers tendrán que ser más ágiles en detectar el fraude, y ni siquiera será suficiente con ello. Como dice Sean Pillot en el informe: “nos encontramos con un panorama en el que la verdad se manipula deliberadamente, la confianza se ha devaluado catastróficamente y la desinformación organizada es un negocio en crecimiento”. Elena Pisonero plantea en Ethic que «la digitalización, la inteligencia artificial o la automatización multiplican la eficiencia, pero también la complejidad. El riesgo no está en la tecnología, sino en la falta de preparación para integrarla con sentido».

La potencia de las nuevas herramientas de desinformación es tremenda. Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad South California diseñó un sistema de agentes de IA con identidad políticas y unas directrices concretas e introdujo a cincuenta de ellos en X, la red social Twitter de toda la vida. El programa se llamaba GABM (Generative Agent-Based Modeling) y los resultados fueron terriblemente esclarecedores: los agentes reforzaban sus ideas preconcebidas, interactuaban entre ellos y amplificaban de manera coordinada sus publicaciones, todas del mismo sesgo. Conseguían alcanzar a numerosos usuarios y sus mensajes tenían un nivel de propagación (y seguramente influencia) enorme. Una propaganda brutal para cualquier mensaje, mucho más efectivo que las granjas de bots, cada vez más detectables.

Por estos motivos, empresas tecnológicas y medios de comunicación como Adobe, Microsoft o la BBC están trabajando en un etiquetado de autenticidad de contenido, algo similar a lo que ya ofrecen Google, Meta o Pinterest con la (insuficiente) “marca de agua” para identificar el contenido generado por IA. YouTube acaba de anunciar la implantación de un sistema de detección de rostros generados por inteligencia artificial, pero no se queda ahí, sino que pretende que la suplantación digital no autorizada tenga consecuencias jurídicas. Dinamarca es el primer país que ha legislado sobre los deepfakes y la protección de las personas que son suplantadas por una IA, casi nunca por un buen motivo.

Este peligro de manipular figuras públicas, sus actos o sus palabras, entronca a mi modo de ver con lo indicado por José Antonio Marina en Ethic: “la aceptación de los autoritarismos, la credulidad rampante, la polarización, la influencia de las redes sociales. Por debajo de fenómenos tan diversos, detecto el «sistema del sujeto menguante». Se está favoreciendo la aparición de un sujeto débil, manipulable, falto de sentido crítico. La democracia debe basarse en ciudadanos responsables y críticos, pero los partidos políticos necesitan votantes crédulos y manipulables”. Todo ello constituye “un amable llamamiento a abdicar de los grandes proyectos humanos:  la libertad, la democracia, la autonomía, el pensamiento crítico, la justicia”. El pensamiento crítico, ¿dónde quedó?

Ocio

Otra tendencia interesante que aparece en el informe de VML es el de la aparición de los microcines, las pantallas privadas para grupos muy concretos, precisamente en estos momentos en que los multicines lidian con la disminución de la asistencia de espectadores a las salas y el aumento del consumo de ocio en las plataformas de los hogares. The Nickel, ubicado en Londres, es un microcine financiado íntegramente por aficionados al género grindhouse, es decir, películas de serie B de terror o acción realizadas por y para el consumo de frikardos del gore. Este tipo de proyectos se están extendiendo en otros países: en Singapur ha abierto un «hogar para el cine y los amantes del cine», especializado en la emisión de películas no necesariamente de actualidad. En Nueva York abrió hace un año una sala para 42 personas especializada en la emisión de clásicos y documentales, y el complejo Metro Private Cinema en la misma ciudad cuenta con 20 salas, y ofrece un concepto de cine privado acompañado de una experiencia gastronómica exclusiva, elaborada por chefs. El amiguete Travis ya dejó una idea similar en un post de hace unos años, en su caso, para poder disfrutar de grandes clásicos en una pantalla grande y con la mayor calidad de sonido posible.

Algunas partes del informe dejan una extraña sensación de película futurista verosímil, y digo “extraña” porque puede ser atractiva y triste al mismo tiempo. Algunas de las tendencias, como esta misma de los cines casi privados, están relacionadas con la manera de combatir la soledad, un problema cada vez mayor en las sociedades modernas, incrementadas por el crecimiento de la longevidad, el aumento del número de divorcios o separaciones, las menores tasas de reproducción y el tipo de vida. Según informes de las Naciones Unidas, en 2025 hay 703 millones de personas mayores de 65 años, pero en 2050 este colectivo superará los 1.500 millones. Se estima que la población mayor de 80 años se triplicará en tres décadas y, por supuesto, Europa será el continente más envejecido del planeta. Eduardo Madina abunda en esta línea en Ethic: «Europa es el continente más envejecido. Sus más de 45 años de media de edad contrastan con la juventud de otras zonas geográficas del mundo. Si a esa media poblacional le sumamos una baja natalidad, es evidente una problemática que cuestiona la propia sostenibilidad del modelo social. El gran debate que tiene por delante nuestro país —y nuestro espacio europeo— es cómo dar cabida en ese modelo social a condiciones que generen una mejora en los niveles de natalidad (recursos públicos o ampliación del estado de bienestar)». De fondo surge el asunto de la inmigración, cómo no, pero este tema da para uno o varios post completos. Al igual que estas predicciones sobre la evolución de la población en este siglo, con lo que supondría de cambios de todo tipo: culturales, económicos, religiosos, sobre el modo de entender la familia o la sociedad…

Seguramente por este cambio de las pirámides de población y del tipo de vida familiar o comunitario en las sociedades occidentales, el informe de VML menciona tendencias como:

  • Las multiflex cities, o el Living loyalty hablan de espacios urbanos en los que conviven pequeñas comunidades que comparten gastos de ocio, cuidado o trabajo. Puede ser una evolución de los llamados senior coliving, o la cooperativa Trabensol, una pionera en el autocuidado de la tercera edad, un lugar admirable a las afueras de Madrid que tuve la suerte de conocer hace unos pocos años. Este tipo de centros se están extendiendo por otros países y en algunos casos se convierten en verdaderas residencias de lujo para sus habitantes, los jubiletas activamente felices (el Coopers Chase de la película El club del crimen de los jueves, para que se me entienda). Se puede enlazar con otras tendencias como las que VML denomina Social Health o el Living loyalty, que se refieren al fomento de espacios comunitarios y actividades diseñadas para combatir la soledad.
  • Wellbeing status y programas de Resilience wellness que, pese a los nombres rimbombantes, vienen a estar relacionados: se trata de los autocuidados a base de monitorizaciones con el uso de wearables y apps, es decir, sensores corporales en relojes, teléfonos móviles y quién sabe si chips subcutáneos, todo ello para estar medido y controlado… en soledad. Como otras tendencias indicadas en el informe y que me provocan un hastío infinito: Reality interface, RelAItionships evolved, Smart plays, Commercial humanoids… asistentes de IA para suplir el diálogo humano. Sucede que a mí, y espero que a muchos otros, al menos de mi generación, cada vez me apetece menos hablar con una máquina y quiero hacerlo con alguien real, de carne y hueso. Ni chatbox, ni pantallas táctiles, ni asistente de voz en el móvil. Como bien decía este artículo que leí esta semana:

Medio ambiente

Si todas las predicciones sobre el cambio climático aciertan, nos espera un futuro a treinta años vista bastante problemático. VML habla ya de Climate-resilient healthcare, infraestructuras preparadas para combatir situaciones de clima extremo. El informe menciona la necesidad de la colaboración público-privada que pueda crear esas nuevas ciudades con condiciones habitables para frenar los fenómenos extremos a los que no terminamos de acostumbrarnos (y espero no acostumbrarme nunca): incendios, danas, borrascas extremas, inundaciones, huracanes… Supongo que si la tecnología ha permitido hacer pistas de nieve en mitad del desierto (con un impacto brutal sobre el medio ambiente), en alguna década de estas seremos capaces de convivir en ciudades más confortables y seguras, no solo en occidente.

La politóloga Cristina Monge indica en Ethic que «no estamos aplicando las medidas necesarias para hacer frente a unos fenómenos naturales extremos, que van a ser cada vez más frecuentes y más virulentos. En primer lugar, porque es muy difícil que tanto la población como los gobiernos entiendan la urgencia de poner en marcha, sobre todo, medidas de adaptación —revisar protocolos y actuaciones de emergencia de protección civil, generar una cultura de respuesta ante las emergencias, plantear políticas que ayuden a generar un territorio más resiliente—. En segundo lugar, porque gran parte de esto tiene que ver con políticas de mitigación, que implican necesariamente reducir emisiones de gases de efecto invernadero». El economista Alberto Andreu insiste en la idea de «conseguir todo eso sin poner en riesgo la identidad y los valores fundacionales de Europa. Y podemos, porque la sostenibilidad —social y ambiental— está en el centro de la esencia europea».

Claro que a veces nos preguntamos qué será de Europa, qué peso tendrá en las próximas décadas, o en esta misma, ¿nos quedamos en Atenas y Roma como fundadores del anterior mundo nuevo? ¿Seremos el museo del futuro, como dijo Ana Patricia Botín? En cuestión de sostenibilidad, sucede que la Unión Europea ya está desandando algunos de los pasos dados con anterioridad para no perder más competitividad de la ya perdida.

Igual hay que continuar esta serie de post y abrir nuevos «melones», ya que no soy capaz de prever la evolución de ninguno.

Tendencias y predicciones 2026 (I): big ideas y bluffs

Tendencias y predicciones 2026 (II): economía y geopolítica

Robert Duvall in memoriam

Esta noche se celebra la 98ª edición de la entrega de los premios Óscar en el Dolby Theatre de Los Angeles. He visto varias de las películas candidatas (Francamente, querida, me importa un bledo) y sé que muy probablemente esté en desacuerdo con la mayor parte de los premios, pero también sé, estoy seguro, de que va a haber un momento especialmente emotivo este año: el vídeo que suele emitirse con las imágenes de los fallecidos de la Academia desde la última entrega.

Entre ellos estará Robert Duvall, que falleció el pasado mes de febrero a la edad de 95 años. Su familia anunció que no harían un funeral especial, sino que animaba «a quienes deseen honrar su memoria a que lo hagan de una manera que refleje la vida que vivió, ya sea viendo una buena película, contando una buena historia alrededor de una mesa con amigos o dando un paseo en coche por el campo para apreciar la belleza del mundo». Y ver una buena película de Robert Duvall fue justamente lo que hice la misma semana en que supimos de su fallecimiento. Busqué una en la que hubiera coincidido con otro de los grandes nombres que serán homenajeados esta noche: su tocayo Robert Redford. Nunca me han gustado los rankings de interpretación, dirección o películas porque me parece imposible decir si uno está por encima de otro, o a la par, pero tampoco parece una temeridad afirmar que ambos Robert están en el top-10 o top-15 de mejores actores. O de mis actores favoritos, mejor dicho.

Robert Duvall y Robert Redford compartieron pantalla en El mejor y en La jauría humana (The Chase), una película salvaje rodada por Arthur Penn en 1966, que fue la que escogí para ese homenaje póstumo. Sus personajes no llegan a compartir escenas ni diálogos, pues Redford interpreta a un prófugo que se pasa escondido casi todo el metraje, mientras que Duvall saca adelante el complicado papel de un pusilánime oficinista casado con un pendón verbenero. La película tiene sesenta años, pero tras este revisionado me pareció acojonantemente actual: un grupo de cretinos blancos con pasta, cuya degradación moral tratan de imponer en ese pequeño pueblo sureño de los Estados Unidos. Racistas, clasistas, machistas, alcoholizados… tipos descontrolados que solo respetan la autoridad cuando se pone de su lado. Si no, son capaces de reventar todo lo que encuentren a su paso.

Robert Duvall fue siempre un actor que destacaba por su sobriedad, una contención gestual que, sin embargo, no le impedía transmitir todo lo que su personaje requería. Sin decir nada, sabíamos lo que pensaba de su jefe, de su mujer o del grupo de tarados fascistas que lo acompañan. Uno repasa los actores candidatos a ganar el Óscar este año y encuentra todo lo contrario al estilo Duvall. Parece que ganará Michael B. Jordan por hacer el doble papel de los hermanos gemelos en Sinners. Que sí, que lo hace genial porque diferencias a los hermanos solo con sus gestos o la manera de hablar tan característica de uno y otro, pero son papeles escritos para el lucimiento del actor, para «forzar» la interpretación. Lo mismo puede decirse de Leonardo Di Caprio y el fumeta que representa en Una batalla tras otra. Hace años abandonó sus papeles de «cara bonita» y ya ha demostrado en numerosas películas que es un actorazo, algo similar a lo que parece que sucedía con Robert Redford en sus inicios. Robert Redford era la presencia, el atractivo, y mucho más que un tío guapo que lucir en pantalla. Basta disfrutar esta película o las dos que rodó con Paul Newman (El golpe y Dos hombres y un destino) para entender la categoría como actor del rubio preferido de Hollywood durante décadas.

Se rumorea que en la ceremonia de los Óscar de esta noche aparecerá Barbra Streisand cantando The way we were, la mítica cancion que dio título a esa maravilla dirigida por Sydney Pollack en 1974, Tal como éramos, aquí en España. Si eso ocurre, los lagrimones de muchos serán incontenibles. Otras caras que aparecerán por la pantalla serán las de los bellezones de la misma época Claudia Cardinale y Brigitte Bardot. También se marcharon este año Terence Stamp (el mejor villano de Superman), Michael Madsen (mítico psicópata como Señor Rubio en Reservoir dogs) y Graham Greene, el amigo indio de Kevin Costner en Bailando con lobos.

Volviendo a Robert Duvall, debutó en el cine en 1962 en Matar a un ruiseñor, casi nada. Y es que la colección de películas que tiene a sus espaldas es estupenda, historia del cine por épocas y géneros. Bullit, Valor de ley, Mash, La invasión de los ultracuerpos, Joe Kidd, A civil action, Network o ese peliculón rodado con otro de los grandes actores del último siglo, Gene Hackman, La conversación (1974, Francis Ford Coppola). Al igual que sucedía con Hackman, era más habitual verlo como secundario que como actor principal, y ambos eran de esos secundarios que mejoraban cualquier película, que «retaban» al protagonista sin necesidad de ser histriónicos. Y menciono esto último porque he leído en algunas páginas especializadas que Sean Penn es favorito para llevarse esta noche el Óscar al mejor papel de reparto. Su actuación en Una batalla tras otra es atroz. Exagerada, histriónica, cómica cuando debería provocar más bien pánico a su paso. Entiendo que son los tiempos modernos y lo que se premia, pero… pfffff, me desesperó en casi todos los planos, qué sobreactuación tan absurda.

Robert Duvall fue candidato al Óscar en siete ocasiones, tres como principal y cuatro como secundario. Solo ganó uno, por Gracias y favores (Tender mercies, de 1983), que no he tenido ocasión de ver. El propio Duvall sabía cómo había que sobreactuar un papel si el director se lo requería, pero incluso en esa exageración era capaz de crear un personaje mítico sin caer en la parodia involuntaria. Me refiero, cómo no, al mítico coronel Bill Kilgore de Apocalypse Now, de 1979, nuevamente a las órdenes de Francis Ford Coppola, un papel que nos ha dejado frases de esas que repetimos fuera de contexto por la potencia de las mismas:

-¿Hueles eso? ¿Hueles eso? Napalm, hijo. Nada en el mundo huele así. Me encanta el olor a napalm por la mañana.

-El olor, ¿sabes ese olor a gasolina? Toda la colina olía… a victoria.

Robert Duvall desarrolló una carrera menos conocida como director y rodó cinco películas menores, de temáticas bien distintas: We’re not the Jet Set (1974) Angelo My Love (1983), El apóstol (1997), Asesinato a ritmo de tango (2002) y Caballos salvajes (2015). Y en la ceremonia de esta noche se rendirá homenaje a un director fallecido de una manera trágica en los últimos meses, otro Robert. Me refiero, cómo no, a Rob Reiner, autor de algunas de esas películas que volvemos a ver y disfrutar con cierta recurrencia: La princesa prometida, Cuenta conmigo, Misery, Cuando Harry encontró a Sally o Algunos hombres buenos. Fue asesinado junto a su mujer a manos de su propio hijo, un chaval problemático con afición a meterse tanta mierda en el cuerpo como cualquiera de los personajes de Sirat.

Lo sé, he metido con calzador la película española que opta al Óscar a mejor película en lengua no inglesa. Parece que tiene posibilidades, pero sería una aberración (una más de la Academia en estos años) frente a las propuestas de sus rivales. Aparte de que Sirat es mala con ganas, es una castaña al lado de Un simple accidente, del iraní Jafar Panahi, aterradora, y mucho más aburrida que La voz de Hind, una película tunecina modestísima sobre el rescate de una niña de seis años atrapada en la franja de Gaza. Todavía no he podido ver Valor sentimental, la película noruega de Joachim Trier que, por lo que he leído, le da diez millones de vueltas en complejidad intelectual al bodrio de Oliver Laxe.

Dejo para el final otro de esos grandes rostros que aparecerán en el In memoriam de esta noche: Diane Keaton. Enorme actriz, atractiva, musa de Woody Allen, siempre interesante en sus papeles, elegantísima y, según parece, intelectualmente brillante. Diane Keaton y Robert Duvall compartieron escenas en las dos primeras entregas de El Padrino a las órdenes de Francis Ford Coppola. La sobriedad de Duvall era lo que necesitaba su personaje como consigliere de los Corleone cuando el Don tomaba una medida difícil de asumir, ya fuera un asesinato o apartar a Kay (Diane Keaton) de la famiglia. Al Pacino realiza una de las interpretaciones de su vida como Michael Corleone, pero su papel sería probablemente distinto sin las réplicas de Robert Duvall y Diane Keaton.

Seguiré homenajeando a Robert, a Diane y a los otros Robert del modo en que la familia de Duvall nos aconsejó.Al fin y al cabo, siempre consideré al consigliere como una persona «cercana» a la que pedir consejo:

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Anécdotas de los Óscar

Los actores (I): la veracidad

Los actores (II): el ganado

Tendencias y predicciones 2026 (II): economía y geopolítica

(Nota previa del autor: este post estaba escrito en su mayor parte el 27 de febrero, pero ha quedado obsoleto tras los bombardeos cruzados entre Estados Unidos e Irán)

Como dice el viejo chiste referido a los economistas, los de mi gremio predijeron nueve de las últimas cinco recesiones. Vamos, que el mono tocando botones al azar en Wall Street tenía las mismas posibilidades de acertar que el más experto de los gurús. No por ello dejo de leer cada año con atención las predicciones de los principales medios económicos, no solo por la parte financiera, sino también por lo referido a la geopolítica, que al final termina influyendo en nuestros bolsillos. Mi opinión particular respecto a lo que espero para 2026 (en el sentido de expectativa, no de esperanza) no es relevante, pero, aun así, algún comentario se me escapará, no puedo evitarlo.

Me he aficionado estos últimos años a las predicciones del Financial Times, quizás porque no se centran solo en cuánto va a subir la Bolsa, los tipos de interés o la inflación, sino por el análisis global de la situación y cómo un evento en la otra parte del mundo puede terminar impactando en nuestro día a día. Aún recuerdo las predicciones de 2022, algunas muy concretas, que seguí con atención durante todo el año:

¿Invadirá Rusia a Ucrania? ¿Será Taiwán invadido por China?

No a la primera, una predicción incumplida apenas cincuenta días después, y no de momento a la segunda. La verdad es que los tiros estaban muy bien pegados, como algunas otras cuestiones: ¿tendrá Francia un presidente de extrema derecha? ¿Se enfrentará Boris Johnson a una cuestión de confianza? ¿Se mantendrá Bolsonaro en el poder? ¿Servirá de algo la Cumbre del Clima de ese año? El porcentaje de éxito fue importante en varias de estas cuestiones, así que vamos a ver las más interesantes que se nos plantean para 2026:

  • ¿Se mantendrán los aranceles de Trump más elevados que a finales de 2025? No, por diversas razones, como acuerdos unilaterales con otros países, las amenazas de China o la previsible anulación de los aranceles por parte del Tribunal Supremo de Estados Unidos, como así ha ocurrido. El escenario se mantiene imprevisible, tan incontrolable como los impulsos del presidente más oligofrénico de la Historia.
  • ¿Perderán los republicanos el control del Capitolio? La predicción de Edward Luce afirma que sí, lo que permitiría a los demócratas bloquear varias de las alocadas ideas del presidente. Por eso se le ve con tanta urgencia por disparar hacia todas las direcciones posibles sin analizar las consecuencias (Venezuela, Cuba, Groenlandia, México, la inmigración, Colombia, los aranceles, la desregulación de los combustibles fósiles, Irán, Palestina, la ONU vs su Junta de Paz…). Nos quedan nueve meses… poned el adjetivo que queráis: interesantes, frenéticos, acongojantes, estremecedores… de aúpa. El mismo Edward Luce publicó esta semana un artículo que comienza con un título aterrador y concluye con un diagnóstico estremecedor:
  • ¿Estallará la burbuja de la IA? La periodista consultada, Katie Martin, dice que sí. Ya mencionábamos este punto en la primera parte y todo hace indicar que las megamillonarias inversiones realizadas obtendrán su resultado (como marcan todas las decisiones empresariales de la historia económica) solo en aquellos casos en que la IA aporte y mejore el negocio, cuando sea capaz de generar rentabilidad a sus inversores. Muchos otros quedarán por el camino con juguetes “bonitos”, pero deficitarios.
  • ¿Dejarán los bancos centrales de recortar los tipos de interés? Interesante cuestión, y la respuesta según el diario es que no, que resulta bastante probable que los bancos centrales, liderados por Estados Unidos y con la excepción de Japón, rebajarán sus tipos de interés a lo largo del año para estimular el crecimiento. Según el articulista, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, también está dispuesta a proponer el recorte si el crecimiento de Europa flaquea. Y vaya si flaquea.
  • ¿Tendrá Zelenski que renunciar al Donbás para alcanzar un acuerdo de paz en Ucrania? Según Ben Hall, no, si bien las informaciones de esta semana, en el cuarto aniversario del inicio de la invasión, parecen indicar que esta cesión será el punto crítico de la negociación. Lo más terrible de la resolución de este conflicto es que todo hace indicar que Putin se saldrá en buena parte con la suya, con la nueva frontera delimitada gracias a la fuerza de la ocupación. Nada que deba extrañar a nadie tras la ocupación de Crimea en 2014 y la aparente aceptación del resto del mundo. Ahora se incorporan 133.000 kilómetros cuadrados más. De momento. ¿Dónde acaban estos impulsos expansionistas?
  • ¿Se enfrentará Keir Starmer a un posible relevo, a un cambio de liderazgo? La respuesta de la periodista Miranda Green es un sí rotundo, y entonces hablaba solo de falta de liderazgo, problemas internos, resultados electorales adversos… Tras la revelación de su relación con Brian Epstein parece claro que no se comerá el turrón en el 10 de Downing Street.

El artículo de Financial Times es interesante porque trata cuestiones muy diversas sobre las elecciones en Francia (no de momento), el cuarto mandato de Lula en Brasil (un sí en las apuestas), la apreciación del renminbi chino (no con reservas), la continuidad de Takaichi en Japón (sí, para los curiosos), acerca de si tendremos robots caseros (¿acaso no los tenemos ya, aunque no tengan patas?) o el crecimiento demográfico y económico de África, pero es una pena que no se meta más en las procelosas cuestiones de Oriente Medio, no mucho más allá de una pregunta poco relevante acerca de la relación entre Arabia Saudí e Israel. Si viramos algo más de la geopolítica a la economía, podemos enlazar con algunas predicciones para este año del que ya han volado dos meses. Resulta todo tan cambiante en el ámbito de la economía que acertar puede deberse tanto a la casualidad como a la causalidad. A modo de ejemplo, en este artículo de El País del 2 de enero se podían encontrar hasta cuatro análisis totalmente distintos de lo que puede esperarse del año:

La situación global da un poco bastante de miedo con las ansias de Trump por quitar de en medio a todo aquel líder de un país que interfiera en su objetivo único del Make America great again, (o Let me do what my balls say). Sin embargo, la macro parece indicar otra cosa. El crecimiento mundial se estima en un 3% para este año, la Bolsa alcanzó niveles máximos en 2025 en varios países, la inflación y el desempleo parecen bajo control y la locura de los arancele ha tenido hasta la fecha menor impacto del esperado. Hay problemas evidentes en las principales economías, como las mencionadas inversiones megamillonarias en la IA en Estados Unidos, el leve estancamiento de China o las crisis internas de Alemania y Francia en la Unión Europea, pero, de momento, el consenso de los economistas del artículo no apuntan a una recesión similar a la que comenzó en 2008.

  • Los más optimistas: Francisco Uría, director general del Instituto Español de Banca y Finanzas de CUNEF, indica que “Hay motivos razonables para serlo, tengo la esperanza de que el acuerdo de paz en Ucrania sea una realidad y no creo que se pueda hablar de burbuja de la IA. Los niveles de deuda pública agregados son elevados, pero los mercados los están gestionando, salvo algún susto puntual, aunque sería bueno recuperar la disciplina fiscal. Todo esto cambiaría si hubiese algún shock geopolítico”. Y los hay, varios. Y los niveles de deuda está por las nubes, pero qué sabremos algunos. España es un caso aparte. BlackRock lo ha elegido como «país preferido» en su informe de proyecciones de 2026 y parece haberse convertido en la inesperada locomotora de la economía europea. El símil no me gusta mucho: una cosa es que avances más rápido que el resto, y otra bien distinta, que vayas tirando de unos vagones más pesados. Pero los indicadores previstos son buenos. Según el Banco de España, el PIB terminó 2025 con un avance del 2,9% y obtendrá un 2,2% en 2026. Los casi 100 millones de turistas han aportado mucho a sector servicios, así como la llegada masiva de inmigrantes. “Ninguna de esas condiciones va a cambiar en 2026”, señala Javier Giménez-Díaz, de la escuela de negocios IESE, “los ciclos económicos no se mueren por viejos, se mueren porque les pasa algo”. Crucemos los dedos.
  • Los más reservones, los del «sí, pero…»: Alicia García Herrero, economista jefa para Asia-Pacífico en Natixis e investigadora principal en Bruegel, advierte de los riesgos existentes: la inflación en Estados Unidos, las políticas expansivas de los bancos centrales, la presión de Trump para bajar los intereses de la FED… Todo ello se une a la incertidumbre existente en Europa, especialmente en países como Francia. Y el consenso de estos economistas menos optimistas advierte de otro riesgo: «En los últimos 10 años, la deuda pública combinada de los países avanzados ha llegado a su nivel más elevado desde las guerras napoleónicas, y una sacudida en los mercados pondría la máquina del pánico a funcionar. Para 2029, a nivel mundial, habrá llegado al 100% del PIB, algo que no ocurría desde la Segunda Guerra Mundial, con algunos países ya por encima de ese umbral, entre ellos potencias como China, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón o el Reino Unido». Crucemos aún más los dedos.
  • Los más pesimistas: o los optimistas bien informados, como rezaba aquella cita. Como la historia se repite con frecuencia, esto me recuerda a épocas no tan lejanas. “Soy de las que opina que hay una burbuja de la IA, la duda es cómo se pinchará, si de forma ordenada o como ocurrió en 2008. Esto último podría traer muchos problemas, porque el mercado de valores es central en Estados Unidos”, afirma Lourdes Casanovas (Universidad de Cornell, Nueva York). La crisis de las puntocom acabó arrastrando a los bancos que invirtieron fortunas en unas empresas que vendieron más humo que negocio. Y los bancos a las aseguradoras, y cuando las aseguradoras tuvieron problemas, los contagiaron incluso a los sectores primarios. Paul de Grauwe, de la LSE (London School of Economics) tiene claro que existe una burbuja y que “la corrección llegará, ¿será en 2026? ¿dentro de dos años? ¿de tres? No lo sabemos, pero dependiendo de su virulencia podría llevar a una recesión». Ya no sirve cruzar los dedos, ¡júntalos y reza!
  • Una distopía ¿no tan lejana?: al pinchazo de la burbuja de la IA le añadimos algún incidente geopolítico relevante. Hay muchos para elegir con este presidente norteamericano hiperactivo: el Caribe, el estrecho de Ormuz, Groenlandia, Ucrania, China y Taiwán, Pakistán y Afganistán, la caída o no del régimen de los ayatolás, las guerras en Sudán o el Yemen… La distopía pensada por Gita Gopinath, ex subdirectora gerente del FMI y ahora profesora en Harvard, para The Economist, resulta inquietante: «una corrección de la misma magnitud de la crisis puntocom liquidaría 20 billones de dólares de la riqueza de los hogares estadounidenses (equivalente al 70% del PIB) y las pérdidas de los inversores extranjeros equivaldrían el 20% del PIB del resto del mundo». Jorge Sicilia, del departamento de estudios de BBVA, no se queda atrás: “Las crisis más peligrosas son las que se producen con algún acelerador financiero, en el caso de una caída de la Bolsa del 30% o la quiebra de algún banco estadounidense, el contagio es inmediato. Los Gobiernos deben decidir entonces si dejan que el sistema se ajuste y se purga, o si el daño puede ser muy superior y lo intentan detener. El crédito y el consumo se resentiría en cualquier caso”.

Todo está cambiando muy rápido y en el mundo de la pasta, aún más veloz. «El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos», como dice el personaje de Rick en Casablanca, en una frase que recuerda uno de estos artículos. Para la última parte quedarán las predicciones de cómo puede cambiar nuestro día a día según dos puntos de vista muy diferentes: el de la consultora de innovación y tendencias VML, y el de la revista Ethic.

Habrá un poco de todo y quizás, antes de publicarlo, ya hayan quedado obsoletas algunas «tendencias».

LaLiga frente a la Premier (II): ¿es posible competir?

Tras la primera fase de la Champions de este año, cinco equipos ingleses se han clasificado al top-8 de la Champions, y el sexto, el Newcastle, llegó a estar clasificado por momentos, en función de los resultados globales. Los ocho primeros se completan con un equipo portugués (Sporting de Portugal), un alemán (el siempre presente Bayern de Múnich) y un solo representante de LaLiga española (un Barça aupado por arbitrajes ceferinos). El Real Madrid y el Atleti han quedado fuera de la clasificación, en una temporada en la que ambos no andan finos, pero la mayor constatación del bajo momento de LaLiga de Tebas se aprecia en que equipos como el Athletic de Bilbao o el Villarreal (que marcha tercero en la clasificación) no hayan entrado ni entre los 24 primeros. El Villarreal solo ha arrancado un punto en ocho jornadas.

Se ha clasificado incluso el 14º de la Premier, el Tottenham. Luego la pregunta era obvia: ¿estamos tan lejos de la Premier? ¿Es posible competir con los clubes ingleses? Otro dato para el análisis: de los últimos nueve enfrentamientos entre equipos de ambos campeonatos, los ingleses se han llevado el triunfo en ocho. Puede que sea una cuestión económica, si atendemos a las cifras de ingresos de los diferentes campeonatos, con un distanciamiento cada vez más amplio:

La insostenibilidad financiera y el austericidio de LaLiga ya fueron analizados con anterioridad en este blog, así como las sanciones (que nunca llegan) al Manchester City en la Premier, pero en este post vamos a tratar de ir un poco más allá, a ver si esta “tendencia”, que es mucho más que una tendencia, se puede quebrar o estamos condenados a tener un campeonato secundario frente a la pujanza de los ingleses.

Recientemente se publicó un informe de Deloitte sobre la capacidad de generar ingresos de los principales clubes europeos, el Deloitte Football Money League. Lo primero que llama la atención es que ninguno de los cuatro primeros es un club inglés:

Los seis siguientes puestos están ocupados por el Big Six de la Premier y en la lista de los veinte primeros aparecen otros tres clubes ingleses: Aston Villa, Newcastle y West Ham. Luego de primeras sí podríamos decir que la “clase media” es mucho más potente que la del resto de ligas europeas que, en el mejor de los casos, cuentan con dos o tres equipos potentes con una gran distancia sobre el resto. Si entramos al detalle de las cifras del informe de Deloitte, se pueden extraer otras conclusiones interesantes:

El Real Madrid ha tenido un descenso del 6% en los ingresos por los días de partido, pero el propio informe indica que se debe a una venta de los asientos VIP realizada en 2024, lo que, ajustando los ingresos de ese año, los reducirían hasta 807 millones en total (lo que a Laporta le gusta denominar “palanca”). La masa salarial se mantiene controlada respecto a los ingresos totales, por debajo del 50%, como desde hace años. En el año analizado, los derechos de televisión son muy elevados porque a los nacionales se unen los ingresos por la Champions en un año en el que no solo se logró el título, sino que, además, la baja prestación del resto de equipos españoles hizo que los ingresos por market pool de LaLiga cayeran casi exclusivamente en las arcas del club. La potencia de otros ingresos adicionales, como la venta de camisetas, los ingresos del estadio o los patrocinios se mantienen en cifras muy elevadas, top mundial.

Como trabajo digno de analizar, me queda para otra charla con Kollins tratar de averiguar en qué se le va al Madrid tanta parte de su presupuesto. Con estas cifras de ingresos tan sostenidas y potentes, con una masa salarial controlada y una política de fichajes equilibrada en la última década, ¿por qué no puede competir el Madrid con equipos de la Premier que tienen un 60-70% de sus ingresos y la masa salarial despendolada?

De primeras llama la atención que la columna verde, correspondiente a los ingresos del estadio, experimente un incremento notable cuando el Camp Nou ha estado cerrado. El propio informe indica que se debe a la venta de los asientos VIP, la “palanca” de 70 millones de euros que permitió inscribir a varios jugadores esta temporada. La masa salarial está mucho más controlada y se ha reducido del 81% que llegó a tener al 54%, o el 60% si descontamos el efecto puntual de la palanca. La diferencia con el Real Madrid en la explotación del estadio es llamativa, 335 mill. frente a 243 mill., pero tendrá que equilibrarse una vez que el Camp Nou entre en funcionamiento a pleno rendimiento (algún año de estos).

A un madridista como el que escribe este post le sorprende el nulo daño reputacional que ha sufrido el club en las últimas temporadas, pese al estallido del caso Negreira o la lamentable imagen de su presidente, Joan Laporta. El Barça sigue siendo el segundo equipo del mundo que más camisetas vende, y todo ello se refleja en sus magníficas cifras de ingresos por la explotación comercial de la marca. Por otro lado, estos ingresos no reflejan que el club no va a poder contar durante muchos años con buena parte de los ingresos generados: los primeros 100 millones de euros que genere el estadio se destinarán al pago de la deuda asociada, y de los derechos de televisión, el 25% fueron vendidos a 25 años en el verano de 2022 (palancas 1 y 2 del verano más “palanquero” de Laporta).

Bayern de Múnich y Paris Saint Germain, dos maneras radicalmente distintas de gestionar. Los alemanes, muy eficientes, incluso austeros, con una gestión profesional de los recursos. Los franco-cataríes, con la ventaja de los fondos ilimitados del fondo catarí y una masa salarial que solo ahora parece que empieza a estar controlada.

El precio de las entradas de fútbol es mucho más bajo en Alemania que en el resto de Europa, y de ahí la diferencia de ingresos en este apartado con respecto a LaLiga o la Premier. El Bayern mantiene unos buenos ingresos por los derechos de televisión, tanto por la Bundesliga como por llegar siempre lejos en la Champions, y realiza una muy buena gestión comercial y de marketing, lo que le permite percibir de manera recurrente el doble de ingresos por esta partida que su principal rival, el Borussia Dortmund. En cuanto al PSG, empieza a tener controlada una masa salarial que en algunos años llegó a superar los ingresos completos del club. Las cuantiosas pérdidas económicas del club eran cubiertas por el fondo catarí y las sanciones de la UEFA, que empezaban en cifras bajas, acababan siendo ridículas tras los recursos. El compadreo de Al Khelaifi con Ceferin y la presidencia del primero en la ECA (ahora EFC, European Football Clubs) ya indicaban a las claras que no se iba a actuar contra uno de los financiadores del cotarro.

La mayoría de los clubes ingleses pertenecen a fondos de inversión extranjeros que han apostado fuerte por el fútbol y en especial por la Premier. Ingresos recurrentes de más de 800 millones de euros, apoyados en los fuertes ingresos por derechos de televisión y la gestión de la marca. Se aprecian diferencias entre el Liverpool (perteneciente al fondo americano Fenway Sports Group, propietarios de los Boston Red Sox) y el Manchester City (del fondo Abu Dhabi United Group, del jeque Mansour bin Zayed). El Manchester City tiene unos ingresos por estadio y partidos muy inferiores a los del resto de equipos de la Premier (es un club con menos tradición, pues durante cuatro décadas estuvo lejos de la élite), y cubre esa carencia con los patrocinios ¿fake?, varios de los cuales dieron lugar a las investigaciones de la Premier y a las posibles 130 sanciones (La Premier se pone seria) que ahora están medio aparcadas. Otro dato relevante es que un equipo como el Liverpool, con esta cifra de ingresos, pueda permitirse invertir 500 millones el pasado verano en fichajes. O el City, capaz de gastarse más de 200 millones en los mercados de invierno en jugadores que luego apenas cuentan con minutos.

Los siguientes puestos son ocupados por el Arsenal y el Manchester United, otros dos equipos que llevan años anclados en el topde gasto por fichajes… pero muy lejos del top en los títulos. Sorprende que el Chelsea, con todo lo que ha gastado desde hace dos décadas no esté entre los ocho primeros. El ManU fue el primero que empezó hace un cuarto de siglo con una gestión hiper profesional de los derechos de imagen y los patrocinios del club, y eso le posibilita mantenerse en una cifra muy elevada pese a llevar años lejos de ser un equipo relevante.

De un simple vistazo individual es difícil llegar a una conclusión, así que he agrupado los resultados en este cuadro, añadiendo al Inter de Milán (11º) y al Atlético de Madrid (13º):

Por la altura de las barras, a primera vista podría decirse que, al menos el Real Madrid, el Barça, el Bayern y el PSG pueden competir con los grandes de la Premier. Tienen la misma capacidad de generar ingresos o más, y una masa salarial, que es la que permite convencer a los jugadores para fichar por un equipo u otro, al mismo nivel que los ingleses.

El rango de los ocho primeros clubes se sitúa entre los 400 y los 515 millones de euros, algo más para el PSG. Sin embargo, este análisis resulta incompleto por dos razones:

  • El impacto fiscal: como los jugadores pactan sus salarios en neto, el coste salarial ha sido más elevado en algunos países como España y Alemania que en otros, aunque actualmente empieza a equilibrarse tras la modificación del Decreto Crescita por el gobierno de Giorgia Meloni y el fin paulatino de la excepción fiscal favorable a la que podían acogerse los futbolistas extranjeros en Inglaterra (más detalles en el enlace de El Mundo)
  • El enorme coste destinado a los fichajes entra en el capítulo de los gastos por amortización de derechos de traspaso en cada club. Ahí es donde se establece la gran diferencia entre la Premier y el resto de los equipos.

El saldo neto, la diferencia entre lo invertido en fichajes y las ventas, se distancia cada año más del resto de ligas. Ni siquiera se le acerca la saudí:

La diferencia en los últimos cinco años demuestra que, salvo la Premier y los italiaños, los principales campeonatos están más por la labor de vender que por la de invertir:

En el apartado de Matchday, ingresos por estadio y días de partido, si descontamos el efecto de la venta anticipada de palcos de los clubes españoles, las cifras quedan bastante equilibradas, con la excepción del Manchester City, que obtiene unos ingresos muy inferiores a las de los equipos de su misma Liga. La mitad que su gran rival de Manchester, pese a que la trayectoria deportiva de uno y otro sea muy diferente en los años recientes

La mayor diferencia entre campeonatos se da en los ingresos por derechos de televisión, si bien en este gráfico aparecen los campeonatos nacionales agregados a los internacionales. La Ligue 1 francesa ha renovado con una baja considerable de ingresos, la Bundesliga y la Serie A italiana se mantienen a duras penas, y LaLiga permanece estable o decrece si tenemos en cuenta la inflación acumulada del período (ver post anterior).

Las cifras del Real Madrid son muy elevadas en este cuadro por un año excepcional en lo deportivo (Champions, Supercopa, Intercontinental) y tendrá unos buenos ingresos en 2025, como todos los participantes en el Mundial de clubes.

El contrato firmado por la Premier posibilita que todos los clubes tengan unos ingresos muy elevados, incluso los de la Segunda división (EFC), y pueden acceder a fichajes que, aunque no sean del primerísimo nivel, sí les permita ser competitivos. La brecha entre LaLiga y la Premier crece tras los recientes acuerdos firmados:

La respuesta del presidente de LaLiga es… en fin, como su persona. Populista y poco congruente. Hace dos años dijo que las diferencias eran de 14 millones de abonados en la Premier con poco más de 2 en la española, una cifra que me cuadra bastante más con las audiencias por partido (ver post anterior).

Por último, la parte referida a los acuerdos comerciales y patrocinios tiene a los dos principales clubes españoles como una máquina de generar ingresos. Son dos marcas muy potentes, los dos clubes que más camisetas venden en todo el mundo. Y sí, me sorprende el nulo coste reputacional que ha sufrido el Barça, que no haya habido más patrocinadores que huyeran despavoridos tras salir el caso Negreira, las triquiñuelas de Laporta, el caso Benaiges y tantos otros:

A finales de enero se publicó un estudio de la auditora norteamericana BDO realizado a partir de una serie de encuestas a los directores financieros (CFO) de los clubes ingleses. El estudio resulta interesante por las diferentes conclusiones que deja acerca de la situación del fútbol inglés: las pérdidas, las elevadas cifras de ingresos, la percepción negativa de los CFO acerca de la evolución financiera de los clubes y la relación con los accionistas.

Ya en las primeras páginas deja datos como los 6.700 millones de libras en cuatro años por la venta de los derechos de televisión, pese a los cuales el 90 por ciento de los CFO esperan un resultado negativo antes de impuestos del club que gestionan. Algo tendrá que ver esa otra estratosférica cifra de 3.600 millones de euros de gasto en fichajes solo en la ventana de verano.

El saldo neto negativo se disparó de manera descontrolada tras la pandemia:

La percepción de los CFO acerca de las finanzas de los clubes de la Premier (EPL) y la segunda (EFC) es mayoritariamente negativa y, lo que resulta más llamativo, ha empeorado en el último lustro:

Este dato se complementa con la pregunta acerca del resultado esperado para el ejercicio en curso, con una predominancia del color rojo intenso (pérdidas superiores a 30 millones de libras) y una presencia reducida de un verde muy tenue (resultados positivos entre 2 y 10 millones de libras):

Si la capacidad de generar ingresos de los grandes clubes de Europa no está tan lejos de los de la Premier, PSG aparte, ¿dónde está la principal diferencia? Pues en las aportaciones de los dueños, bien sea por aportaciones de capital o por deuda de los accionistas, en su mayoría fondos de inversión de capital extranjero (saudíes, americanos, cataríes, emiratíes…). En este artículo se explica bien:

Pese a la insostenibilidad financiera del negocio del fútbol, el interés se mantiene porque “sorprendentemente” el valor de los clubes aumenta año tras año. Es como la burbuja de ciertos negocios, que siguen recibiendo aportes de capital pese a que las pérdidas indiquen que a sus inversores les va a costar recuperarlo. Los CFO esperan cubrir sus pérdidas con aportaciones de capital de los dueños, entrada de nuevos accionistas o incrementos de deuda. No parecen confiar en generar la caja suficiente para mantener su desbocado ritmo de gastos:

Pese a las pérdidas, hay más apetito inversor que nunca por parte de fondos extranjeros por invertir en el negocio de la Premier. La respuesta de los CFO acerca de si prevén devolver pasta a sus accionistas es demoledora (y eso que no contempla la opción «ni de coña»):

La gran duda que surge es si este nivel de pérdidas será sostenible durante mucho tiempo. Los clubes de la liga italiana acumulan una pérdida de 4.000 millones de euros en la última década. Los ingleses mucho más, a razón de 1.000 millones de euros anuales en las últimas temporadas. La preocupación del gobierno inglés con este asunto les llevó a promulgar una ley, la Football Governance Act, que entra en vigor ya la temporada próxima.

Pero seamos serios, la entrada de capital extranjero en el país es recibida con los brazos abiertos, ¿acaso creemos que alguien va a tratar de impedir la llegada de esa ingente cantidad de dinero, da igual si viene de satrapías del Golfo Pérsico? No lo veo, me cuesta creerlo. Por eso era importante un proyecto como la Superliga, porque dejaba el control financiero en manos de los clubes. En el preacuerdo firmado la semana pasada entre la UEFA y el Real Madrid se habla en uno de los puntos de la sostenibilidad financiera y el control económico. Y en otro, de las mejoras tecnológicas para explotar el fútbol (¿una plataforma como Unify, de acceso gratuito, quizás?). El fútbol europeo tiene que cambiar muchas cosas, de lo contrario, estamos condenados a ser comparsas de los clubes de la Premier, a no poder competir con ellos. O a cambiar el modelo de negocio, de ahí que tanto el Real Madrid como el Barça estén empezando a moverse en esa línea. ¡Veremos!

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Tendencias y predicciones 2026 (I): big ideas y bluffs

Desde hace varios años, sigo con interés los artículos que se publican en el inicio de cada ejercicio acerca de las tendencias que se esperan para el año en curso. Por curiosidad, más que nada, no con el ánimo de señalar un año después “qué equivocado estaba este gurú” o “esta no la vimos venir”. Es verdad que a veces se te escapa una media sonrisa cuando lees el catastrofismo de algunos o la inocencia de otros, expertos opinadores todos ellos que me merecen el máximo respeto (miento, no todos lo merecen). En su día se habló mucho de criptomonedas, otros años tocaron los NFT`s, las Google Glass o el metaverso. Alguno nunca le vimos la gracia a estas cosas y seguimos «perdidos en el metaverso«. En 2025 se publicó este artículo en la red social Linkedin sobre “Las 15 tendencias que definirán 2025”.

Suena un tanto pretencioso, más que nada por dar una cosa por hecha cuando, si algo nos han demostrado estos últimos años, es que el entorno es incierto y las circunstancias pueden cambiar en cuestión de días por unas elecciones, una pandemia, una desgracia natural o una cuestión geopolítica. Algunos de los anuncios de ese artículo se repiten para este 2026 y seguramente en los siguientes, no “hasta que acierten”, sino porque las tendencias necesitan precisamente un horizonte temporal para asentarse, para imponerse como una tendencia y no como una mera moda.

  1. “La IA allanará el camino hacia una jornada laboral más corta”, por Eric S. Yuan, CEO de Zoom.

Parece evidente que la tecnología mejora la facilidad para desempeñar nuestros trabajos, ya desde Ford y la cadena de montaje, los ordenadores, la expansión de Internet o la mejora de los teléfonos móviles, pero no sé cuándo se alcanzará esa “jornada laboral de cuatro días” que pronostica el autor del artículo. De momento, por segundo año consecutivo y aunque por diferentes motivos, no se ha conseguido reducir de 40 a 35 horas semanales en nuestro país. Y por otro lado, no dejo de pensar en la cantidad de nuevas tareas y obligaciones que nacen cada vez que aparece una innovación tecnológica. Y si no nacen, parece que alguien las crea.

2. “La lucrativa carrera por frenar la obesidad continuará”, por Beth Kutscher.

Pues parece que las cifras de obesidad en el primer mundo no paran de crecer, con un aumento notable en edades cada vez más tempranas. La obesidad ha cambiado de clase social. Si hace décadas era señal de pertenencia a clases opulentas sobrealimentados, en la actualidad se asocia a la mala alimentación, al abuso de ultraprocesados y comida rápida, considerablemente más barata que la healthy. Y si la obesidad llega a preocupar a los más pudientes, el artículo se refiere a los tratamientos con Ozempic, Wegovy y nuevos fármacos biológicos de acción prolongada. En lugar del titular escogido, el mío iría por la línea de una obesidad a dos velocidades, como en casi todo en la vida, una gordura que delimite a ricos y pobres. Eso si no se crea un nuevo impuesto para financiar el sobrecoste asociado a la obesidad.

3. “El crecimiento global dependerá de la mejora de la productividad”, por Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI.

Pues parece más una obviedad que una tendencia. Ayudaría bastante no abusar de la hiperregulación, algo a lo que somos demasiado aficionados en Europa.

4. “Los buses autónomos se abren paso en el transporte público”, por Katarina Lukac.

Pese a las pruebas realizadas en algunas ciudades, parece lejos de poder extenderse a lo largo del globo. Ya hay autobuses eléctricos sin conductor que operan en ciudades como Didcot y Edimburgo. Pero no veo tan cercano que llegue su momento: aún no se ha encontrado la solución para que convivan los vehículos autónomos con la inteligencia humana de un repartidor de Seur que viene desde Fuenlabrada con prisas (cambien Seur por Nacex o Amazon, y Fuenlabrada por Sabadell, Vélez-Málaga o la ciudad que les plazca, ¡es solo una coña! Y lo aclaro por motivos que saldrán en este propio post).

5. “La banca vuelve a apostar por el cara a cara”, por Misa Han.

Ja, ja, ja, ja… perdón. ¡¡¡¡Jua, jua, juas, juas!!!! Es una batalla perdida, no hay nada que hacer. Si han tratado como lo han hecho a nuestros padres, que apenas tuvieron Internet o un móvil antes de sus 50 ó 60 años de edad, ¿van a abrir sucursales para nosotros, los que no las pisamos desde hace años, o para nuestros hijos, que ni siquiera emplean dinero físico? Mi apuesta es otra: apostarán por el cara a cara solo para los grandes patrimonios.

6. “Las empresas priorizarán los beneficios personalizados”, por Thomas de Man.

El artículo menciona los beneficios que incorporan algunas empresas para tratar de cuidar y mantener a sus empleados: planes de pensiones, gimnasio, aplicaciones de meditación ycoaching, preocupación por el bienestar físico y emocional del empleado, flexibilidad laboral. La realidad es que el teletrabajo ha retrocedido y la idea de que con estas prácticas mejoraría la fidelidad del empleado y se reduciría el absentismo no parecen haber funcionado.

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7. “¿El fin de los escáneres? Llegan los diagnósticos sin máquinas”, por Ainhoa Iriberri.

No hemos conseguido reducir las listas de espera de los hospitales, pero ya nos hablan de escáneres de iris para identificar enfermedades que aún no tenemos y métodos para hacer tu cuerpo transparente y que el médico pueda vernos los órganos. Suena a ciencia ficción de la buena, así que no voy a opinar nada mientras no se solucione lo más básico. Bueno, sí, que no sé si quiero ver mi bazo o mi hígado algún día. Por mucho que me digan que «la belleza está en el interior».

8. “Se venderán más coches eléctricos, pero no los suficientes”, por Adrián Francisco Varela.

¿Y cuántos son “los suficientes”?, pregunto. Los indicados por la Unión Europea no me valen, pues atienden a patrones voluntaristas más que a análisis fiables (bien que nos han tomado la medida los fabricantes chinos). Nuevamente se está creando una diferencia social entre los más pudientes y los menos, por mucho que se haya abaratado el coste del vehículo eléctrico. Los que pueden permitírselo gozan de ventajas para acceder al centro de las ciudades, aparcamiento, carriles especiales y subvenciones. Mientras que los del diésel verán reducido su radio de acción en las ciudades y seguirán pagando miles de euros anuales en impuestos por su vehículo, más cuanto menor sea su poder adquisitivo y con ello, la imposibilidad de cambiarlo.

9. “Los CEO y los consejos verán con claridad la utilidad de la IA”, por Sridhar Ramaswamy, CEO de Snowflake.

Esto ha sonado a «pon algo de la IA, aunque todavía no sepamos qué hacer con el invento». Es una idea en línea con algunas de las pronunciadas un año atrás, como «el uso de la IA mejorará la productividad de las empresas» o «aumentará la demanda de energía asociada a la expansión de la IA». Obviedades, pero, ¿y si este es el año en el que explota la burbuja de la Inteligencia Artificial? Algunos autores ya lo preconizan desde hace un tiempo, como Javier Esteban (Algoritmos, renuncias y otros mitos del empleo). Noticias recientes como la caída en Bolsa de las grandes tecnológicas debido a las cuantiosas inversiones realizadas en una IA de la que aún no sabe la utilidad o el rendimiento que podrán dar apoyan esta posibilidad.

Y el impulso a la baja de Meta, Nvidia, Alphabet (Google), AMD y otras puede acabar arrastrando a otros sectores, como el de las empresas de software:

Y quién sabe si esa caída generalizada arrastrará a otras, como la banca que financió esos excesos… ¿pero esto no lo vivimos ya con las puntocom?

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10. “La nostalgia seduce a marcas y consumidores”, por Ana Muñoz Vita.

Totalmente de acuerdo, pero por una cuestión económica, como casi todo. Ya que estamos dejando a la juventud sin futuro, sin viviendas ni planes para formar una familia, al menos que tengan pasado, ¡el nuestro, el de la generación que tiene casa, familia, pasta y aún se siente «joven»! Star Wars, Terminator, Alien, Mad Max, Parque Jurásico y los superhéroes de hace décadas en los cines. Los Rolling Stones, AC DC, Kiss, Dylan, Hombres G y Los Secretos en los escenarios. Modelos vintage setenteros en las tiendas. A precios de lujo, eso sí.

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11. “Sin alcohol, por favor. El auge de las bebidas NoLo”, por Satoshi Ebitani.

Estamos dejando a los jóvenes sin acceso a la vivienda, sin coche, sin hijos, sin vacaciones en algunos casos, ¿y ahora queremos quitarles también la cerveza o el placer de una buena copa de vino? Chicos, NoLo sigáis al Satoshi este, «Ebitanlo».

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12. “2025 será el año del CEO millenial”.

Esto me parece otra gilipollez de relleno. ¿CEO millenial, y? Como si en su día no hubiera habido Jobs, Gates, Pages, Zuckerbergs o Jack Mas creando negocios, arriesgando y desarrollando ideas geniales. O Amancio-ortegas. Independientemente de la edad o el sector.

13. “Los envases comestibles llegan al supermercado”, por Aaron Toumazou.

De verdad que hay gente «mú rara». ¿Os habéis comido alguna vez un envase que vaya más allá de la piel de una manzana? Pues eso, hala, siguiente.

14. “El lujo se desmaterializa: saber es el nuevo poseer”, por César Val, experto en lujo y consultor.

Habrá quien piense que esta frase forma parte del lema «No tendrás nada y serás feliz», popularizada a partir del Foro de Davos de 2016 y con el objetivo temporal de la Agenda 2030. Yo prefiero pensar que es consecuencia del hastío por la acumulación ingente de bienes materiales y no hablo solo de gente con pasta. La inmensa mayoría de nosotros tenemos más ropa, zapatillas, cachivaches y basura tecnológica de lo que somos capaces de utilizar. Y en cada celebración o evento en el que hay que regalar algo se convierte cada vez en algo más común «una experiencia». Un viaje, una cata de vinos, un salto en parapente, una cena gourmet, un masaje normal o guarrerías en forma de chocoterapias y cosas similares. Si los jóvenes no tienen una casa que amueblar, porque será temporal, ni unos niños a los que comprar todos esos objetos aparentemente necesarios, les queda eso, acumular experiencias, lugares, culturas, conciertos.

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15. “Europa relanzará su papel como actor global”, por Enrico Letta, presidente del Jacques Delors Institute y ex-primer ministro de Italia (2013-2014).

Una pena, pero no lo veo. De hecho, Europa pinta cada vez menos en el contexto internacional. La Unión Europea parece un foso de legisladores. Francia está muy tocada, Reino Unido se ahoga en sus propios problemas, Alemania no termina de arrancar y los países nórdicos no tienen peso suficiente para tirar del resto. La invasión de Ucrania y los chantajes de Trump han demostrado nuestra inutilidad para defender ese mercado común, teóricamente próspero y moralmente superior, al menos en nuestras creencias como europeos. Como dice Leo Harlem, si España está al frente de una clasificación, malo. Y no hacen más que contarnos que nuestra economía, con todas sus deficiencias, es la más pujante de Europa. Como definía muy bien este diagrama de Óscar Juliá:

Pero dejaré las predicciones económicas para la segunda parte:

LaLiga frente a la Premier (I): el triunfalismo de Tebas

El presidente de LaLiga, Javier Tebas, se mostró exultante el pasado mes de diciembre durante la presentación del acuerdo de renovación de los derechos de televisión por los próximos cinco años. Comparó la liga española con las principales ligas europeas, que “vienen bajando o no tienen crecimiento” y se felicitó por la mejora del contrato en un diez por ciento. Según el locuaz Tebas, el logro se debe a la lucha contra la piratería (aunque en ocasiones actúa como si usara toneladas de napalm para quemar media hectárea de rastrojo) y a la mejora del producto, en la que afirma trabajar con la ayuda de los clubes.

Bueno, es su opinión. Habría mucho que decir al respecto, aunque debo reconocer que me parece un cierto éxito haber logrado renovar al alza el contrato, si bien con matices. Lo cierto es que los ingresos no alcanzan ese incremento del 10 por ciento, sino que se queda en el 9%, como se ve en las propias cifras presentadas, o en un escaso 6% de mejora para LaLiga de Primera División. A la trampa se le ve el cartón si consideramos la inflación acumulada durante el período anterior 2022-2027, con años del 8,4% (2022) y del 3,5% (2023), lo que llevaría a afirmar que, en realidad, el importe actualizado del acuerdo supone una disminución de ingresos. Si además comparamos el incremento con la inflación existente en el mundo del fútbol (salarios y fichajes, en especial), convendremos en que resultará insuficiente para los clubes españoles de fútbol.

Esta semana ha finalizado la primera fase de la Champions League, este formato absurdo del grupo único y desigual. El Real Madrid y el Atleti se han quedado fuera por sus errores y por la mala temporada que arrastran. Los calamitosos arbitrajes que sufrió el Madrid frente al City y el Benfica difícilmente podrían haber supuesto algún punto extra porque el juego fue inferior al de sus rivales. Otros dos equipos españoles han quedado fuera de los 24 clasificados (Villarreal y Athletic de Bilbao) y solo un equipo de LaLiga ha logrado meterse entre los ocho primeros. Laporta sabe desde hace años de qué va esto y su acercamiento a la UEFA le supuso contar con un sorteo favorable y el favor “Ceferino” arbitral ante el Brujas, Copenhague y Eintracht de Frankfurt (¿es Davide Massa un Ovrebo en potencia?).

Según el ranking UEFA, LaLiga está en tercer lugar en el escalafón europeo, tras la Premier y el Scudetto italiano. La Bundesliga ha recortado distancias en este ranking, al igual que la Ligue1 francesa.

Esta clasificación se realiza en función de los resultados de los equipos en el último lustro y la buena posición del fútbol español se mantiene gracias a los triunfos del Real Madrid en las Champions de 2022 y 2024, la de los héroes inesperados. Si el bajón de este año se repite durante un par de temporadas más, LaLiga podría perder uno o incluso dos de sus cinco representantes en la máxima competición europea.

El dato estadístico de las competiciones europeas refleja la realidad de LaLiga española de manera más precisa que el voluntarista ánimo de Tebas. Y no es solo un dato fiable como los resultados, es también la sensación de hartazgo que hay con la competición, un campeonato en el que hay dos grandes clubes, Real Madrid y Barcelona (me cuesta catalogar de “grande” al cliente único de Negreira), a gran distancia del tercero, el Atleti, y con este separado también de una clase media y baja cuyas aspiraciones se sitúan entre evitar el descenso y, con suerte, aspirar a una plaza en alguna competición europea, aunque sea menor. Al Real Madrid se le critica todo lo que hace, enfrentado como está a todos los organismos y a buena parte de la prensa (Contra todo y contra todos), y esa rabia se transmite a casi todos los campos que visita, donde se le recibe de manera encendida, todo lo contrario que sucedía en los ochenta, cuando la visita del Madrid era una fiesta allá en la mayor parte de los campos de España. Al otro “grande”, bien entrecomillado, se le permite todo desde hace décadas. Juega con media plantilla inscrita de manera fraudulenta o con cautelares de coña, obtiene excepciones que se deniegan a sus rivales, formaliza acuerdos fraudulentos por los que la contraparte, la Juve, ha sido sancionada en Italia, y lo más grave, se permite realizar pagos al vicepresidente arbitral sin que haya sanción alguna. Y ese hartazgo se transmite a muchos aficionados que han dejado de seguir el fútbol o, al menos, de contribuir pagando para sostener la competición podrida de Javier Tebas.

Las cifras actuales de audiencias de televisión no son tan fiables como antaño, cuando, con el fútbol en abierto, las audiencias medias de un partido superaban los cuatro o cinco millones de espectadores con asiduidad. Desde que existen las televisiones de pago los datos no son comparables y estas muestran unos datos muy inferiores, muy por debajo de los dos millones por partido y solo para Real Madrid y Barça:

Javier Tebas sabe que está perdiendo audiencia, en especial entre ese sector del madridismo que ha dejado de seguir el campeonato, y por ello centró su charla en mencionar la mejora de las audiencias “en los cuarenta minutos previos al partido y en los siguientes a la finalización de los partidos”. Tuvo bemoles de decirlo sin pestañear, ¿y qué pasa con los propios partidos en sí, por qué nos interesa cada vez menos ver esta Liga en la que ya no nos creemos casi nada? ¿Una Liga con arbitrajes que huelen cada semana, con periodistas que justifican lo injustificable, con insultos racistas en numerosos estadios? ¿En qué momento comenzamos muchos aficionados a sentir que “se nos echaba” de la liga española? Lo único que se ha disparado de manera estratosférica estos años ha sido el sueldo de Javier Tebas al frente del cotarro:

En cuanto a sus proyectos estrella, aún tardaremos un tiempo en ver si el controvertido acuerdo de LaLiga con CVC sirve para mejorar el rendimiento de los clubes firmantes (todos menos el Real Madrid, el Barça y el Athletic de Bilbao). Por la parte de los fichajes y el dinero que se suponía que iba a generar, parece claro que no: LaLiga sigue perdiendo puestos en la clasificación anual de fichajes (una tendencia de varias temporadas). El verano pasado quedó por detrás incluso de la segunda división inglesa y, por supuesto, de la saudí. A punto de cerrarse el mercado de invierno, nos encontramos con el más pobre en años, con varios clubes desprendiéndose de jugadores al tener dificultades para afrontar sus salarios. Un caso sorprendente es el del Atlético de Madrid, ahora propiedad del fondo norteamericano Apollo, que se ha desprendido de cuatro jugadores (Gallagher, Raspadori, Javi Galán y Carlos Martín), ha incorporado solo tres de menor coste y ha hecho caja.

Otra manera de medir el éxito o estancamiento del campeonato se refleja en la asistencia a los estadios, que se mantienen similares en las últimas temporadas, sin apenas una evolución al alza:

Se supone que el acuerdo con CVC también iba a traer una serie de inversiones de mejora de los estadios, por lo que es pronto para ver su reflejo en el aumento de la asistencia de espectadores. Ojalá haya más equipos con aspiraciones de competir por algo más que sobrevivir. No hace tantos años de las ligas peleadas o ganadas por el Atleti, la Real Sociedad, el Deportivo de La Coruña o el Valencia, equipos ahora, varios de ellos, luchando por no descender o penando incluso en otras categorías.

Cinco equipos de la Premier han entrado entre los ocho primeros de la Champions, los que dan acceso directo a los octavos de final. ¿Es solo una cuestión económica? Según el estudio de la consultora Deloitte, bajo el título Deloitte Football Money League, ninguno de los cuatro clubes europeos con mayor capacidad de generar ingresos es inglés:

LaLiga tiene a las dos marcas más reconocibles en todo el mundo, el Real Madrid y el F.C. Barcelona, pero no parece capaz de sacar más partido de ello, como no lo hizo en los años en los que Cristiano Ronaldo y Leo Messi eran sus principales figuras. Siguen siendo capaces de facturar millones de euros, incluso un Barça al que las tropelías de Laporta no le han rebajado prestigio internacional. Les sigue el Bayern de Múnich, y a continuación, un Paris Saint Germain, o Catar Saint Germain, como ya se ha denominado aquí varias veces más. Los seis siguientes en la lista son el Big Six de la Premier. ¿Es posible competir contra ellos, plantarles cara?

De eso tratará la segunda parte de este post. De momento, concluyo con la comparación de los ingresos por la venta de derechos de emisión que recibe cada uno de los clubes de LaLiga y la Premier:

No hay tanta diferencia en las alturas. La comparación no se sostiene del tercer puesto hacia abajo.

Continuará: LaLiga frente a la Premier (II): ¿es posible competir?

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Cómics (V): El disturbio eterno

Apenas un mes después de que regresáramos de nuestro viaje a la India, en noviembre de 2025, me enteré por la radio de que Joe Sacco presentaba un nuevo libro, El disturbio eterno, centrado en las revueltas de Uttar Pradesh de 2013. Como sus libros anteriores, no se trataba de una novela de ficción, sino de un «largo reportaje gráfico sobre conflictos étnicos en la India actual», en palabras de la promo que lo acompañaba. Así que no solo me hice enseguida con el cómic o el reportaje gráfico, sino que además me acerqué a la presentación en la Fundación Telefónica.

Joe Sacco no es un dibujante al uso, como los que han aparecido en este mismo blog, Paco Roca, Art Spiegelman, Marjane Satrapí…, sino que le diferencia del resto su formación principal, que es la de periodista. Esa cualidad diferencial se aprecia en todos sus trabajos (Reportajes, Notas al pie de Gaza, Gorazde, Un tributo a la tierra), en una huida de la ficción a la par que el denodado esfuerzo en la ardua tarea de la búsqueda de la verdad. Insistió en ello varias veces a lo largo de la charla que mantuvo con Guillermo Altares. No solo habló de su nueva obra, sino que además mencionó varias veces lo que tenía en común con otros de sus anteriores trabajos: cómo se establece el relato, muchas veces alejado de la verdad, y cómo las mentiras se construyen de manera consciente. Y cómo quienes lo perpetran fundamentalmente son los políticos y líderes religiosos para manipular y dirigir a la población.

Joe Sacco nació en Malta en 1960, vive en Estados Unidos desde hace décadas y, quizás por ello en estos tiempos actuales, sabe que su guerra contra las fake news es una batalla perdida. Es un término en el que no cree, porque parece que con el mismo se relativiza su importancia, como si las fake news fueran fruto de un error o de un malentendido, cuando en realidad forman parte de una campaña para imponer una «verdad» alternativa con la que beneficiar los intereses de sus promotores. Recordad el peligro de la creación de esa «memoria colectiva» sectaria de la que ya hablamos en este mismo blog.

El disturbio eterno se sitúa en un país en el que se juntan todo tipo de discriminaciones y desigualdades: por religión, por sexo, por raza, por clases sociales. El sistema de castas sigue vigente en la actualidad, aunque oficialmente fuera abolido, y los conflictos religiosos no se cerraron con la independencia de Pakistán en 1947, poco después de la independencia de la propia India. Es el caldo de cultivo perfecto para que los líderes locales agiten el avispero de aquellos cuyas voluntades manejan. Solo así se entiende que un crimen local en una pequeña aldea rural acabara convertido en un enfrentamiento entre poblaciones que duró varias semanas y se llevó por delante a cerca de dos mil personas. Ese era el germen de la investigación de Joe Sacco, quien trató de llegar al origen del conflicto y a los testimonios de los intervinientes en las revueltas para entender cómo pudieron suceder.

Lo primero que sorprende en los dibujos de Joe Sacco es la precisión de sus dibujos, el esmero en retratar los detalles de las caras, las ropas y los paisajes que aparecen en cada viñeta. Para mí, que acababa de llegar de aquel sorprendente país, fue una delicia observar cómo reflejó el caos del tráfico local o recordar a esas mujeres amasando las boñigas de vaca con las que cocinarán o calentarán el té (juntar «delicia» y «boñigas de vaca» en la misma frase tiene su mérito).

Los personajes tienen rasgos propios, están perfectamente definidos, si bien, como contó Sacco, se vio obligado a modificar alguna característica de alguno de ellos para evitar descubrirlos, violar la confidencialidad de los testimonios que le prestaron a lo largo de decenas de entrevistas. Si uno se fija en la portada, en esa imagen de una turba violenta que da miedo (una imagen empleada numerosas veces para advertir del peligro de las masas descontroladas, como en Frankenstein o su parodia en Los Simpsons), el grupo de hombres armados con palos está formado por individuos distintos, diferenciados, con pelo más corto o más largo, bigote, barba, ambos o ninguno, turbante, banda, pañuelo… Sacco explicó que quería destacar precisamente eso, que se trata de hombres que toman sus propias decisiones, no de una masa impersonal. Y lo logra, el realismo, la sensación de veracidad, no se abandona en ningún momento de toda la obra.

Otro de los aspectos que llama la atención en El disturbio eterno es la extrema polarización social en la región en la que se dieron los incidentes. Una violación sucedida entre musulmanes e hindúes está en el origen del conflicto. La reacción posterior de las autoridades, al frenar la investigación oficial por un mero cálculo electoral (ya que condenar al autor podía llevar a que el dirigente perdiera apoyos de toda la comunidad musulmana) fue el detonante del estallido que asoló la zona durante las siguientes semanas. Las comunidades pueden haber convivido durante décadas de manera aparentemente pacífica, pero el riesgo de conflicto permanece latente, entre otras cosas porque la propiedad de la tierra es de mayoría hindú y la mano de obra barata, musulmana. El crecimiento demográfico de esta última comunidad es muy superior al del resto de grupos étnicos o religiosos del país, y eso es otra fuente de problemas en un país con un líder nacionalista hindú como el actual, Narendra Modi.

Sacco intenta desarrollar su labor de investigación periodística en el libro de manera objetiva (el autor se retrata a sí mismo en numerosas viñetas), pero encuentra dificultades de toda índole por el relato impuesto y narrado de boca en boca entre comunidades, un relato parido y difundido por los líderes locales que alimenta los extremismos y el odio soterrado. Para Sacco, un autor con tanto mundo a sus espaldas y espectador de varios conflictos, resulta llamativo comprobar que algunos falsos relatos (no fake news) cambian de país y contexto, pero se repiten. En el libro habla de la «Yihad romántica», una teoría según la cual los musulmanes seducen a mujeres hindúes para procrear hijos musulmanes y, una vez conseguido, las repudian. Según Sacco es la misma teoría de «El Gran Reemplazo» que los grupos de extrema derecha están propagando en Francia.

Merece la pena leer El disturbio eterno. Merece la pena intentar comprender el país más poblado del mundo, la supuesta «mayor democracia» existente, algo sobre lo que Joe Sacco es muy crítico por el peso de los líderes locales ante sus comunidades. Y un país donde la prensa no es libre, en el que los periodistas extranjeros no son bien recibidos porque se entiende que pueden dar una imagen distorsionada del país, la democracia flaquea, deja de existir (por desgracia hay líderes europeos que lo saben y a los que no les importa controlar los medios con todo tipo de armas a su favor). La veterana periodista francesa Vanessa Dougnac, con más de 25 años de presencia en el país, se quejaba amargamente en diciembre pasado de la represión que sufrían los periodistas locales y de cómo los extranjeros eran invitados a abandonar el país. Cuando solicitas el visado, es una de las profesiones que te aconsejan no poner, so pena de que te denieguen la entrada al país.

Joe Sacco concluye el libro de una manera desoladora, con un tono de desencanto ante el polvorín que vio desfilar ante sus ojos. Será cuestión de tiempo que haya un nuevo estallido de violencia. Nada, por otro lado, que no haya presenciado el autor en otras regiones. Los Reyes «majos» me han regalado la obra más conocida de Joe Sacco, Notas al pie de Gaza, de 2009, así como la actualización posterior al 7 de octubre de 2023. Será duro, no tengo ninguna duda. Pero también sé que será objetivo, y en este asunto es algo cada vez más difícil de encontrar.

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Francamente, querida, me importa un bledo

En el último post que escribí (De Frankenstein a la IA: los Prometeos modernos), terminaba manifestando mi ignorancia sobre el cine actual, no porque supiera más o menos del mismo, sino por mi visión totalmente contrapuesta a la de la crítica. No coincido en nada con ellos. Ya me pasó en las últimas ediciones de los Óscar. Lo que para casi toda la crítica es una maravilla, a mí me parece un truño de proporciones bíblicas, mientras que lo que me ha podido gustar en tiempos recientes es despachado por la crítica, en el mejor de los casos, con un «pasable», «amable» o «entretenida sin más».

A lo largo del mes de diciembre de 2025 se publicaron varias listas con las mejores películas del año según el criterio de varios medios y críticos especializados. Por un lado, comprobé que había visto muy pocas de las seleccionadas por los críticos (no creo que haya sido un año excepcional), y por otro, vi que la distancia que me separaba de lo que habían dicho acerca de las obras que sí había visto era gigantesca. Mientras daba el pequeño repaso que voy a dar ahora a las pelis del último año y medio, me di cuenta de que en mí está creciendo un sentimiento que antes no experimentaba cuando veía una película, que no es otro que el hecho de que los personajes me importan poquísimo. Como decía Rhett Butler en Lo que el viento se llevó: «Francamente, querida, me importa un carajo». Una traducción más ajustada al «bledo» con el que nos doblaron el «I don’t give a damn» original, o el «comino» que validó la censura.

Durante décadas, yo veía una película y sufría, me enamoraba o me divertía con lo que le pasara a Paul Newman, Kirk Douglas, Jack Lemmon, Katharine Hepburn, Cary Grant o Ingrid Bergman. Empatizaba con sus amoríos o sus preocupaciones. Si sufrían, yo estaba fastidiado en mi butaca. Si disfrutaban del momento, me arrastraban en su alegría. Ahora veo estas pelis ensalzadas por la crítica y a la media hora, o a veces menos, me importa un carajo lo que le ocurra a los personajes.

  • Sirat, de Oliver Laxe. Está en todas las listas que se han publicado a final de año y se ha llevado un montón de premios importantes, como el de mejor película en el festival de Chicago, el premio especial del jurado en Cannes o el de mejor banda sonora para la Asociación de Críticos de Los Ángeles. Las críticas no han podido ser mejores. «Una obra apabullante que deja al espectador en estado de trance», según Nando Salvá en El Periódico. «Una película sorprendente, emocional, reflexiva y comunitaria, como la cultura rave», para Pepa Blanes en la Cadena Ser. Luis Martínez, en El Mundo, llega a afirmar, supongo que sin sonrojarse, que «Sirat recuerda a Centauros del desierto«, ¡nooo, por favor!, «es un trabajo que conmueve y, en su sentido menos frívolo, entretiene (que no distrae) de manera casi impúdica». Incluso Carlos Boyero en El País, normalmente muy crítico con todo el cine moderno, nos habla justamente de lo contrario a lo que yo siento ante el desfile de mugre que se muestra en pantalla: «la fascinación ante el poderío visual de lo que transmite la pantalla, los sonidos se convierten en una sinfonía, no me distraigo en ningún momento, me perturban las calamidades que van ocurriendo en el camino, me engancha la atmósfera que desprende la historia». Yo estoy fuera de la trama desde el inicio y no me integro en ningún momento. Me importa un carajo lo que le suceda a esa panda de tipos siniestros medio drogados y enganchados a una música espantosa. Mejor banda sonora, tienes que deshuevarte con estas cosas… Para mí, Sirat es un tostón infumable, una estafa al espectador, una cosa extraña en la que estás deseando que los personajes se despeñen por un barranco o perezcan por sobredosis en sus hediondas caravanas. No hay diálogo interesante, no hay un guion sólido, la música es cargante, los actores no transmiten, no tienen nada que contar, nada traspasa la pantalla, salvo su olor, quizás. Lo mejor que he leído sobre este engendro es la crítica de Alberto Olmos en El Confidencial. «Vivir al margen, no tener nada que decir y morir como un idiota. Cabe preguntarse si Sirat parodia una forma de vida o la defiende con involuntaria mala fe». Si alguien tiene dudas acerca de verla o no, que lea la crítica completa: es mucho más divertida que la peli. Y tremendamente reveladora. Solo dejo esta frase más, demoledora: «La película dura dos horas y yo creo que su guion cabe en quince páginas».
  • Sinners / Los pecadores, de Ryan Coogler. Acaba de conquistar cuatro premios importantes en los Critics Choice Awards: mejor guion, mejor banda sonora, actor joven y reparto. La película tiene una primera hora vibrante, muy entretenida, una especie de drama sureño de época con conflictos raciales y una música potente, que es, de largo, lo mejor que ofrece. Luego, tras esa primera hora, se convierte en un Abierto hasta el amanecer en versión Black Lives Matter. Michael B. Jordan se duplica para interpretar a dos gemelos y sus papeles de gángsters de ciudad que regresan a los orígenes molan, están muy bien. Igual que los amoríos que ambos recuperan. Pero en el momento en que entran los vampiros, deja de interesarme prácticamente todo para pasar solo a divertirme, que no es poco. Tiene escenas muy potentes y otras totalmente irrelevantes. El baile de los vampiros ha tenido su público, aunque para mí rozaba el ridículo, sin sobrepasar nunca la barrera. Y queda a años luz de las risas y estupefacción que me dejó en su día El baile de los vampiros de la peli de Polanski. Es una buena peli, no digo que no, ¿pero el mejor guion para los críticos? ¿De verdad? Conseguirá muchos más premios, estoy seguro de ello. El asunto interracial siempre ayuda.
  • Una batalla tras otra / One battle after another, de Paul Thomas Anderson. Por supuesto que es una buena película, casi tres horas intensas que disfruté como hay que hacerlo, en el cine y con un sonido envolvente, muy necesario con una banda sonora como la que acompaña a la trama. Pero no me pareció «extraordinaria, una obra maestra inabarcable», como dijo Sergi Sánchez en La Razón. Ni una peli que «va de un lado a otro todo el rato y no para de sorprender durante las casi tres horas que pasan volando», según afirmó Jordi Battle Caminal en La Vanguardia. Por supuesto que tampoco estoy de acuerdo con el odiador profesional metido a crítico cinematográfico Carlos Boyero, quien habló de «un bostezo tras otro en la película del año». «Una de las películas más tontas e insoportables del año, un delirio sin causa…». No recuerdo ahora a quién se lo leí, o si lo escuché en la radio, pero un crítico llegó a decir que era la mayor obra maestra rodada en la última década, y una de las cinco mejores películas de lo que llevamos de siglo. A ver, está bastante entretenida, en especial por determinadas escenas, como las persecuciones con ese sonido machacante de fondo, pero el guion tiene lagunas considerables y varios despropósitos. Y no consigue que nos interese (al menos a mí) ni uno solo de los personajes. Ni el fumao de Leonardo Di Caprio, ni el insulso Benicio del Toro (y ya es difícil convertirlo en un «sin sal»), ni mucho menos el histriónico y exagerado personaje de Sean Penn. Para matarlo varias veces, y por lo visto en pantalla, el director pensaba lo mismo que yo. Lo mejor son las dos actrices, Teyana Taylor (la zumbada Perfidia Beverly Hills) y Chase Infiniti (la inicialmente moderada y controlada Willia Ferguson) y un ritmo que no decae, si bien, luego llegas a casa, te pones a «racionalizar» lo que has visto, analizas el sentido de algunas decisiones de los protagonistas y no se sostienen por ningún lado.

En algunas de las listas aparecen biopics como el de Bob Dylan, Un completo desconocido, o el de María Callas. No logro que me interesen demasiado, el de Dylan está muy bien por la música y la constatación de que el cantante norteamericano es un bicho raro, y el de María Callas es directamente un tostón. Muy propio de su director, el chileno Pablo Larraín, al que le siguen produciendo películas sobre mujeres interesantes que convierte en aburridas (Spencer, sobre Lady Di, y Jackie, sobre Kennedy/Onassis). Ha habido historias que me han interesado mucho más, como las de Jurado nº 2, por mucho que no sea una de las mejores del bueno de Clint Eastwood, o la tercera entrega de Puñales por la espalda, con un guion potente y algo tramposo, pero repleto de personajes interesantes. No pido mucho más, que los personajes no me importen un carajo. Me gustó La infiltrada, me divirtió saber de las andanzas del profesor inglés atrapado en la Argentina del golpe en Lo que aprendí del pingüino y me encantó recuperar Los que se quedan, de Alexander Payne, de 2023. Historias con personajes reales, de carne y hueso.

Esta noche se entregan los Globos de Oro. Sirat es un truño gigantesco, creo que mi opinión ha quedado clara, pero es posible que pille algo. Sinners y Una batalla tras otra seguro que también cosechan premios. No están mal, de verdad, pero, ¿no ha habido nada mejor este año?