Un repaso a la Euro

Mañana finaliza un torneo que parecía interminable, la Eurocopa de 2024, y se me ocurren muchas reflexiones tras lo visto, pero, más que de reflexiones, he querido hablar de «repaso» en su doble acepción: recuerdo de lo vivido y reprimenda de todo aquello que no me ha gustado.

Formato: insufrible, erróneo, totalmente equivocado. 24 selecciones, de las que 16 pasaban a la segunda ronda. No hay nivel suficiente para tantos equipos, es un hecho. No digo que haya que volver a los 8 equipos de 1992, pero esto no tiene ningún sentido. Un mes de competición para unos jugadores que ya andan tiesos en la mayoría de los casos. 51 partidos, como los mundiales de los ochenta y principios de los noventa. Es un error mayúsculo, pero como la UEFA trinca de todo esto, y trinca mucho, lo normal es que sigan con este formato o que incluso lo incrementen. El resto de los años lo tienen ocupado con las fases de clasificación y con ese nuevo invento que es la Nations League. Hay mucho dinero en juego y es un chollo para la UEFA: utiliza a unos jugadores cuyos salarios no paga, y los devuelve luego a sus clubes en peores condiciones de las que tenían cuando llegaron (Mbappé y Pedri, por ejemplo). El seguro abona luego una ridiculez a los clubes por las lesiones y no hay ninguna compensación por el exceso de minutos en las piernas, por incorporarse con retraso a las pretemporadas o por perderse los partidos de las giras que tanta pasta reportan a los clubes. La FIFA es aún peor, como se verá con el absurdo Mundial de 2030, con 48 selecciones y 45 días de competición. Objetivo: ganar más. Realidad: Matar el fútbol.

Juego: ha habido muchos más minutos soporíferos, de juego aburrido, inconexo, poco valiente, que de verdadero espectáculo. Los equipos con las mejores plantillas, posiblemente Inglaterra y Francia, tienen a dos cicateros inútiles por seleccionadores, tipos cobardes que apenas arriesgan y que juegan como casi todos los equipos hoy en día: a no perder el balón. Juegan muy mal, como Italia, pero, además, juegan aburrido, muy planos. Por esa razón, los partidos que más he disfrutado son los de selecciones inesperadas, los de Suiza, Austria, Turquía, equipos mucho más directos y verticales, que no especulaban con el balón y no lo retrocedían y retrocedían hasta jugar con su portero. En el partido frente a Suiza (creo que fue ahí), Inglaterra insultó a toda su historia en el fútbol cuando sacó un córner hacia atrás, y el jugador, incapaz de centrar, aún más atrás, y el medio al defensa, y el defensa, presionado, a su propio portero. Un insulto al fútbol y a los espectadores.

Vuelvo a abogar por incorporar cambios en el Reglamento, pero el bajo nivel de juego no cambiará solo por una cuestión de normas. Lo es también de coordinación de los equipos, de jugar como un conjunto y no como una suma de individualidades, y en cada gran campeonato se aprecia con mayor claridad cómo el fútbol de clubes supera con mucho al de combinados nacionales. Brasil es otro gran ejemplo.

España: está jugando bastante bien, no tan bien como cantan nuestros entusiastas periodistas, encantados de que se les permita campar a sus anchas por la concentración (algunos se están cobrando cuentas pendientes con Luis Enrique), pero sí está mostrando un juego bastante sólido. Por lo menos, saben lo que hacen y juegan con un criterio. En estas alturas de la temporada, los jugadores de los principales clubes están fundidos: así se vio a Kroos, a Wirtz, a Modric, a Kane, Bernardo Silva, Jude Bellingham, Walker, Rice, a todos los italianos, a Mbappé y Griezmann… Son datos de la web FBREF y no incluye los partidos de selecciones:

Todos ellos están muy por encima de los 3.000 minutos de juego. Por el contrario, en España están destacando jugadores que apenas sobrepasan los 2.000 minutos en sus respectivos equipos, o que no los alcanzan, bien porque no han jugado competiciones europeas, o bien porque no son titulares. Es el caso de Cucurella, Fabián, Nico Williams, Dani Olmo, Laporte…

Lo de Rodri y Carvajal, con más de 3.500 minutos en sus piernas y el nivel mostrado, es de otra galaxia. El primero, porque su principal fuerte es la colocación, y el segundo, por la veteranía y eterna juventud que ha exhibido estas últimas temporadas, una vez cambiada su dieta y olvidadas sus lesiones. Hay otros dos jugadores en la selección con unas cifras muy elevadas y un rendimiento muy dispar:

A Lamine Yamal lo están explotando de una manera imprudente para su edad, como hicieron con Ansu Fati y Pedri en su día, jugadores que, bien por lesiones, bien por un mal trabajo en la musculación, no se han recuperado del exceso de partidos. El chaval se está saliendo, sigue fresco a estas alturas de la temporada, y ojalá su carrera no se frustre por estas minutadas. Su venta debería ser el alivio que las cuentas del Barça necesitan. Álvaro Morata no está fresco, pero no creo que sea por un exceso de minutos, venía así de serie. Simplemente está jugando a su nivel de las últimas temporadas.

Uno mira los minutos de Kane, Griezmann, Bellingham, Barella, Bernardo Silva, etc., con 1.000-1.500 minutos más sobre el campo, o lo que es lo mismo, 12-15 partidos más, y se entiende mejor por qué los nuestros llegaban antes a cada cruce y balón dividido. La frescura de piernas de los españoles ha sido fundamental hasta este partido, hace que estén en otro nivel, lo cual, en un fútbol tan físico como el actual, te da ese plus.

Hay otro jugador al que querría destacar, el portero Unai Simón. Ha estado muy bien, salvo en alguna de sus lagunas habituales con los pies, pero ha sido un seguro bajo palos, en las salidas por alto, y todo un crack con el micrófono para repartir guantazos educadamente a la prensa.

Luis de la Fuente: se merece todo el reconocimiento, también de los que dudamos de su valía para el puesto, entre los que me incluyo. Me cuesta mucho entender su horripilante gestión de Brahim, cuyas «medias horas» desde el banquillo podrían darnos extra o revolucionar los partidos como ha hecho ya varias veces con el Real Madrid. Casi se carga él solito el partido frente a Alemania con sus cambios, cuando sacó del campo a Lamine Yamal y Nico Williams, o luego al meter en la prórroga a Ferran Paque-Torres, pero hay que reconocer que ha sabido crear un grupo sólido, que juega a algo reconocible, y ha dado a los jugadores la confianza necesaria para que muestren la versión que están dando (Pedri y Morata, esto no va por Vds.).

Fue una elección de Rubiales, que nadie lo olvide, y fue otro de los que aplaudió al impresentable expresidente de la Federación en aquella sonrojante comparecencia, pero aquí hablamos de fútbol, y Luis de la Fuente ya ha sido campeón de Europa con la sub-19, con la sub-21 y mañana puede completar el tri-triunfo. No solo ha logrado formar un equipo, sino que se respira un ambiente sano, totalmente alejado de épocas anteriores.

Prensa: no ha sido una sorpresa, han sido, de lejos, lo peor. El autoproclamado «mejor periodismo deportivo del mundo» es un espanto, no hay por dónde cogerlo. Se han pasado estas últimas cuatro semanas preguntando a Nico Williams si le gustaría jugar en el Barça, o escribiendo sobre lo que sería ese dúo en el club azulgrana, hasta el punto de incomodar al chaval. La connivencia de la prensa con la Federación y LaLiga se ha visto claramente cuando el presidente del Athletic de Bilbao, Jon Uriarte, criticó abiertamente la presión a la que se ha visto sometido el chaval y la nula protección de la Federación. Pues resulta que han sido los periodistas habituales del «régimen» los que se han sentido aludidos y han salido a defender a la Federación y criticar al Athletic de Bilbao.

Joan Laporta hizo gala de su locuacidad habitual y se permitió hablar directamente de su fichaje, cuando las cuentas siguen sin salir, y parece que a la prensa tampoco le preocupó la cercanía con el partido de semifinales. Para completar el combo, los medios ponen el micro al otro bocazas habitual, Javier Tebas, y se despacha con un «el Barça podrá fichar a Nico Williams». ¿Pero si no ha entrado la pasta de Barça Studios, si no ha vendido a nadie, si no ha generado masa salarial, que sigue desbocada? ¿Y la prensa? Pues aplaudiendo todo esto en lugar de criticarlo. Las críticas son para el Athletic de Bilbao, es acojonante. Tebas ha regado a los medios con publicidad y ahora les pide que le ayuden en su revancha contra el Athletic: por no firmar el acuerdo con CVC, por no aprobar su enésima subida de sueldo, por pedir (como el Madrid) el fuera de juego semiautomático y la tecnología de gol, por salirse del perfil bajo de LaLiga con el escándalo del Barça y los pagos a Negreira, en resumen, por enfrentarse al sistema «tebano» como hasta ahora solo había hecho el Real Madrid.

Los políticos que se suben al carro: he dicho que la prensa ha sido lo peor, pero lo cierto es que tienen una dura competencia con la clase política, que ha querido politizar los éxitos de la selección. Parece que algunos han descubierto ahora que jugaban dos negros en la selección (¿puede decirse, o tengo que decir «afroespañoles»?) y han querido ligarlo a los menas, la inmigración/integración cultural, el auge de la extrema derecha y hasta a Nacho Cano.

Han resultado patéticos, nada que deba extrañarnos a estas alturas. Irene Montero, que ni había visto el partido, al hablar de los dos goles de personas «racializadas» frente a Francia (no sabía que Dani Olmo fuera una persona «racializada»). Echenique, Óscar Puente, Pablo Iglesias… Como no tienen ni idea de fútbol, ni les interesa, no saben que en la selección ya hemos tenido a Diego Costa, a Catanha, a Marcos Senna, ¡a Donato!, y no teníamos que escuchar chorradas. En los ochenta, la selección de baloncesto jugaba con Chicho Sibilio, ¿dónde se ha visto?, jugábamos con una persona o persone «racializada» y lo veíamos con la absoluta normalidad que estos sectarios no ven. Vicente del Bosque habló de dos «inmigrantes» que triunfaban con España, otro error más del elegido por el gobierno para controlar la descontrolada Federación Española de Fútbol. Nico nació en Pamplona y Lamine en Esplugues de Llobregat, pero son «inmigrantes», pues vale.

Me parece terrible que no quieran dejarnos ni el fútbol al margen de la política, aunque me quedo con este vídeo de Susanna Griso, cuando quería hablar de racismo y de Lamine Yamal, y le contestó el vecino de su barrio: «sí, de los propios marroquíes cuando decidió jugar con España». Ja, ja, ja, si es que…

La final: mañana deberíamos ganar a Inglaterra. La selección española ha jugado mucho mejor que los ingleses, pero esto es una final y puede pasar cualquier cosa. La selección del torpón de Southgate lleva 13 partidos seguidos sin perder en Eurocopas (en la anterior cayó por penaltis en la final) y ha demostrado tener mil vidas, como se ha visto en las tres eliminatorias previas, en las que les ha tocado remontar una desventaja.

Para mañana pido dos cosas: el triunfo y que no se repita la foto de Pedro Rocha con el Rey. De pena, como todo en esa Federación corrupta que debería arrasarse con napalm. Bueno, y otras dos más: que Morata haga el partido de su vida, tan enorme como para merecer levantar como capitán el trofeo, y que Alcaraz gane Wimbledon. Casi nada.

Gratitude Bootcamp: un viaje de la razón al corazón

Quizás un Taller de Agradecimiento no suene especialmente motivador para la gente de mi generación, los prejuicios hacen que los mayores pensemos en «cosas raras». Sin embargo, escuchas Gratitude Bootcamp, te cuentan que es una experiencia inmersiva en la India en la que podrás conocer otra cultura, encontrarte con gente excepcional, reflexionar sobre lo importante de la vida, incluso meditar, si es lo que quieres… reconectar con tu esencia o con aquellas cosas que la velocidad de tu día a día podía haber hecho que olvidaras, y puede que te suene mejor. Si además te explican que tu estancia allí va a ayudar a que se mantenga una escuela con 800 niños, lo normal es que ya te intereses, que quieras saber más. Y en cuanto lo conoces, te pones a mirar fechas para apuntarte al siguiente grupo.

Cuatro jóvenes españoles, Raquel, Andrea, Victor e Ismael, han creado en 2024 este Gratitude Bootcamp, toda una inmersión en una de las zonas más espirituales de la India. Como ellos lo explican mucho mejor que yo, les cedo la palabra.

EQUIPO GRATITUDE BOOTCAMP.- El Gratitude Bootcamp es una experiencia inmersiva de una semana donde participantes de España viajan a Bodhgaya, al noreste de la India, para vivir un viaje de la razón al corazón, conectar con uno mismo, tomar perspectiva y, sobre todo, aprender a vivir desde la gratitud. El coste de esta experiencia va íntegramente donado a la escuela Bodhi Tree School Foundation, una escuela que da educación de calidad a más de 800 niños de las zonas más pobres de la India. Completando cuatro Gratitude Bootcamps al año, lograremos soportar los costes básicos del colegio.

¿Cómo surge este proyecto?

RAQUEL.- Este proyecto surge de un viaje a la India que hicimos Andrea y yo en 2023 para ir a una boda en Calcuta de un amigo nuestro. Una boda que resultó ser acordada por las familias, ambas de clase alta, que duró tres días y en la que abundaron el lujo y el despilfarro. Allí le propuse a Andrea visitar Bodhi Tree School, un colegio único en el mundo, donde yo había estado como voluntaria allá por 2016 (Vacaciones solidarias en la India) y al que siempre había querido volver. El contraste no pudo ser mayor, pasamos de la ostentación y la riqueza desmesurada a la pobreza extrema en menos de una hora de avión. Fue vivir desde dentro las dos caras de la India. 

Visitar el colegio fue increíble, ver cómo había evolucionado en estos ocho años, pasando de tener 400 a más de 800 niños, creando una unidad para niños con discapacidad o con habilidades especiales como dicen allí, creando una sala informática, un huerto para enseñar a los niños a cultivar sus propias frutas y verduras, una sede bancaria para enseñarles desde pequeños a ahorrar… Volver a ver a Dhirendra, fundador del colegio, después de tantos años y poder conversar con él durante horas sobre Bodhi Tree School y la transformación que viven estos niños cuando llegan al colegio fue muy especial e inspirador. Podría quedarme horas hablando de los increíbles cambios que había experimentado el cole y lo emocionante que fue para mí volver y verlo todo.

Sin embargo, algo que nos marcó mucho fue el daño que el Covid había hecho al colegio y a la región. El colegio se había quedado sin recursos, pues se sostenía sólo a base de donaciones y visitas de voluntarios y desde la pandemia los voluntarios habían dejado de venir, las donaciones habían bajado muchísimo y las necesidades allí, por el contrario, se habían triplicado. En ese momento que estuvimos no podían dar de comer a todos los niños del cole, cosa que sí hacían en 2016, y no eran capaces de calcular el número de niños nuevos que podían acoger por la inconsistencia e inestabilidad de sus recursos.

Ahí fue cuando Andrea y yo estuvimos dándole vueltas a qué podíamos hacer para ayudar a que Bodhi Tree pudiera ser sostenible económicamente y lograra seguir dando educación a más y más niños. Desde el minuto uno se unieron Victor e Ismael, nuestras parejas, que se emocionaron con todo lo que les contamos a la vuelta y quisieron ayudarnos a dar con la idea. Así fue cómo surgió el Gratitude Bootcamp.

¿Qué se va a encontrar todo el que se apunte al Gratitude Bootcamp, por qué decís que es un proyecto win-win, de doble dirección?

ANDREA.- Todo el que participa en el Bootcamp realiza un viaje de la razón al corazón, reconectando con su esencia, con las cosas realmente importantes de la vida: el amor, la alegría, la compasión y la gratitud. Ver el cambio que Dhirendra ha generado en estos 800 niños y sus familias demuestra que el progreso es posible y que, incluso con recursos muy limitados, todos podemos marcar la diferencia en el mundo. 

En definitiva, es una experiencia transformadora que llena a los participantes de energía y de sentido del propósito, algo que se llevan a su vida cotidiana, haciendo pequeños y grandes cambios en su día a día y en el de su entorno. 

Se genera un win-win porque, además de reconectar a las personas occidentales con los valores más importantes, ayuda a financiar el colegio. Cada participante aporta un mínimo de 600 euros por su alojamiento, dietas, visitas y transporte durante su estancia en la India, lo que deja un margen suficiente para invertirlo en mejoras sustanciales para el colegio. Además, para los niños de Bodhi Tree School, es una manera de relacionarse con personas de otras culturas, ampliar sus horizontes y ganar confianza en sí mismos, especialmente para las niñas, que en la India viven en condiciones de desigualdad.  

En definitiva, se trata de un proyecto de doble impacto que permite que este oasis de gratitud y alegría en un sitio remoto de India se autofinancie y al mismo tiempo genere valor en los participantes que conectan con su parte más auténtica.

¿Qué es lo que hizo que te unieras a organizar una experiencia así sin haber estado nunca en el colegio ni en la India?

ISMAEL.- Lo más importante en la vida es que lo más importante sea lo más importante. En occidente siempre decimos la frase “no tengo tiempo de nada”, pero la realidad es que nos metemos en un bucle donde el día a día nos come y a menudo nos olvidamos de cosas como ayudar a los que más lo necesitan, cuidar a la gente de nuestro entorno o incluso cuidarnos a nosotros mismos y ser realmente felices.

Cuando Andrea me habló, con ese brillo en los ojos, de cómo era Bodhi Tree School y cómo era Dhirendra, tuve claro que el mundo tenía que conocerlos. Y nos pusimos manos a la obra para crear un modelo sostenible que financie el colegio, pero a su vez ayude y genere impacto en personas de occidente. 

Tengo la suerte de haber trabajado en diversos retiros y experiencias tanto con niños como con adultos. En general, se genera una transformación muy importante en la vida de las personas, pero, además, si puedes hacerlo en un lugar tan mágico como la India, donde vives una realidad muy distinta a la nuestra, la predisposición de los participantes y por tanto los resultados que consigues son aún mucho más profundos. En resumen, ¡no podía no sumarme a esta aventura!

¿Cómo fue la experiencia una vez allí? ¿Era cómo esperabas o habías visualizado?

VÍCTOR.- Fue una experiencia muy enriquecedora, por un lado tuvimos la oportunidad de sumergirnos en la cultura local, aprender su forma de vida, su cultura y tradiciones y por encima de todo, su forma de pensar basada en la gratitud y en la ausencia de ese EGO que tanto daño nos hace. Por otro lado, las dinámicas de desarrollo personal del Gratitude Bootcamp nos permitieron hacer una pausa en nuestra vida para poder reflexionar, responder a «¿Quién soy y de dónde vengo?» y fijar un propósito cuya meta es tu felicidad.

Disfrutamos, reímos, lloramos, aprendimos y sobre todo, nos lo pasamos muy, muy bien.

¿Cómo está organizada la escuela Bodhi Tree School? ¿Y quién es ese sujeto al que todos definís como excepcional, que es Dhirendra Sharma? 

ANDREA.- Dhirendra Sharma o, como nosotros decimos, Gandhi 3.0, es un hombre procedente de la zona rural de Bihar, una de las regiones más pobres de India. Creció en una familia muy pobre y fue el primero de su familia en pisar la ciudad y descubrir la ropa interior, el váter y el jabón a los 20 años. Al llegar a la universidad, a pesar de ser discriminado por su baja casta, Dhirendra se propuso aprender inglés a base de hablar con turistas y aprendió oratoria en la universidad. Su misión era demostrar al mundo que la educación puede borrar las líneas de la pobreza y la desigualdad. Así, fue ganando credibilidad dentro de la universidad y conoció a su maestro, uno de los últimos discípulos de Gandhi. Decidió dedicar su vida a la obra social a base de ofrecer oportunidades educativas a los niños de las zonas rurales de India, para romper el círculo vicioso de la pobreza.

Sin apenas recursos para llevar a cabo su sueño, Dhirendra se dedicó en los primeros años de su juventud a idear su proyecto. Definió los valores, el tipo de escuela que querría construir, y hasta visualizaba dónde estaría ubicada y qué elementos tendría.

Un buen día, conoció a un americano turista que quedó maravillado por los valores de Dhirendra y su vocación. Completamente inspirado por su historia y su propósito, él y su mujer decidieron donar sus ahorros para la fundación del proyecto, y así nació Bodhi Tree School.

12 años después, Bodhi Tree es un colegio de más de 800 niños becados en el que los alumnos aprenden, más allá del currículum académico básico, los valores de la gratitud y la alegría, el arte de la meditación, el respeto hacia la naturaleza, la igualdad entre hombres y mujeres, y desarrollan la capacidad de ser quienes realmente son, sin necesidad de encajar en los moldes estrictos de la sociedad.

Tal como lo describen algunos de los participantes del Bootcamp, este colegio representa “el cambio que todos queremos ver en el mundo”

Contadnos un poco sobre la región de Bodhgaya y su importancia «espiritual» en la India.

VICTOR. – La ciudad de Bodhgaya se encuentra en la región de Gaya, al noreste de la India. Lo más destacable de Bodhgaya es su templo Mahabodhi, erigido junto al Bodhi tree, lugar donde Siddhartha Gautama, Buda, se sentó a meditar, alcanzando la iluminación espiritual. Es considerada la cuna del budismo y sus seguidores peregrinan hasta allí para conocer el árbol, meditar y realizar ofrendas. Sus numerosos templos budistas, repartidos por toda la ciudad, y la multitud de fieles que se congregan en Bodghaya, confieren a la región una atmósfera espiritual que te invita a la reflexión y el autoconocimiento. Recorrer la ciudad es un continuo descubrimiento, te cruzas cantidad de monjes budistas vestidos con sus típicas túnicas naranjas y en cada rincón te sorprendes con algún ritual o pequeña ofrenda.

RAQUEL, en febrero de 2024 hicisteis el primer Bootcamp con 22 participantes, ¿podrías hablarnos del doble impacto generado con este bootcamp y los proyectos que se financiaron con el dinero?. 

El Bootcamp de febrero fue nuestro “estreno” y no pudo salir mejor. Nos permitió confirmar que no éramos los únicos locos que se maravillaban con Dhirendra y con el colegio, nos hizo ver que la gente necesita una experiencia así para dar un parón en su día a día, tomar perspectiva y valorar aspectos de su vida. Gracias al primer Bootcamp pudimos financiar varios proyectos que Dhirendra llevaba años queriendo hacer:

  1. Reparación del autobús escolar: 2.000 euros. Con la reparación del bus ahora se puede llegar a niños de aldeas rurales más lejanas y traerles a Bodhi Tree School. Además han reparado el autobús convirtiéndolo en una librería móvil que los fines de semana va por los pueblos llevando libros a los más pequeños.
  2. Instalación de un purificador de agua en el colegio: 1.500 euros. Gracias al purificador, ahora los niños pueden beber un agua segura y estar siempre hidratados, sobre todo en las épocas de más calor (Enlace a Nuestro Nobel de Economía).
  3. Instalación de paneles solares: 3.000 euros. El ser autónomos con la energía ayuda a que el cole no sufra cortes de electricidad constantes, algo muy común en la zona.
  4. Adquisición de productos de higiene femenina: 500 euros. Muchas niñas no tienen acceso a estos productos o no pueden permitírselos y, gracias a esta donación, ahora Bodhi Tree School cuenta en su enfermería con una amplia gama de productos de higiene femenina.
  5. Reacondicionamiento de algunas clases: 500 euros. Se han pintado las clases, reparado algunas fachadas del colegio y adquirido pupitres nuevos.

¿Qué se va a encontrar el viajero/voluntario/alumno del Bootcamp? ¿Qué mentalidad o disposición debe llevar el viajero para sacar el máximo provecho de una experiencia así? 

ISMAEL. – En primer lugar, el viajero debe saber que solo con su participación está ayudando a estos 800 niños a tener la oportunidad de cambiar su presente y su futuro a través de la educación, y de tener una oportunidad de salir de ese círculo de pobreza.

Pero la participación en Gratitude Boodcamp es mucho más, es un viaje interior en el que buscamos reconectar con la esencia más pura de cada persona. Queremos encontrar esa zona de genialidad que todos tenemos y sacarla a relucir o potenciarla aún más, para lograr lo mejor de nosotros mismos. 

Así que, para poder hacer una transformación tan importante, necesitamos tres elementos: 

  • Humildad: debe hacer una introspección, sin miedo y dejando el ego a un lado, para identificar aquellas cosas en su vida que no están fluyendo y que pueden mejorar.
  • Voluntad de cambio: deben ser exploradores con ilusión para conseguir ser su mejor versión.
  • Capacidad: conocerán herramientas y estrategias para implementar esos cambios en su vida, pero deben trabajar y ser valientes y constantes, para integrar todos los nuevos elementos.

Y aunque a Dhirendra no le guste hablar de las cosas materiales, ¿qué coste tiene la semana de inmersión y qué cubre?

ANDREA.- El bootcamp dura siete días y tiene un coste de 600 euros, que incluye el alojamiento, la comida y todos los desplazamientos y visitas. No se trata de un voluntariado, sino de una especie de campamento-retiro, donde por las mañanas hacemos actividades culturales, visitamos templos y monumentos, y pasamos tiempo en el colegio, contagiándonos de la alegría y gratitud de los niños, y por las tardes realizamos actividades de introspección y desarrollo personal. 

Es un proyecto sin ánimo de lucro, donde los organizadores somos voluntarios que trabajamos con el propósito de ayudar a Bodhi Tree School a autofinanciarse y a seguir creciendo. Normalmente, al terminar el Bootcamp, los participantes realizan un recorrido por algunos puntos de interés de la India, y muchas veces lo hacen en grupo, ya que surgen amistades y vínculos muy profundos tras haber vivido una experiencia transformadora como esta.

¿Es una experiencia recomendada solo para gente joven o para todas las edades?

RAQUEL.- Sin duda, para casi todas las edades. En el primer Bootcamp, los participantes teníamos entre 25 y 43 años, pero en el de agosto vamos a tener a gente de más de 50 y hasta cuatro personas con más de 60 años. Para el año 2025, estamos pensando en montar un grupo para que puedan acudir familias con sus niños, ya que hay muchas personas que nos lo han preguntado. Antes de ir conviene saber lo que te vas a encontrar: al tratarse de una inmersión total en el país, el alojamiento es austero, sin grandes lujos ni comodidades, pero en el que te vas a sentir muy cómodo. La comida es sabrosa y abundante, a todos nos encantó, pero es la que hay en la India, no vas a encontrar un menú a la carta. Por tanto, el Bootcamp es apto para todas las edades, además, la diversidad enriquece la experiencia. Lo importante son la actitud y las ganas de empaparse de la experiencia.

¿Podríais decirnos nuevas fechas, cómo inscribirnos, redes sociales y otras maneras de colaborar para los que no puedan ir al Bootcamp?

EQUIPO GRATITUDE BOOTCAMP.-

Nos quedan pocas plazas, pero aún hay disponibilidad para los dos próximos bootcamps:

  • Del 9 al 18 de agosto.
  • Del 25 de octubre al 3 de noviembre.
  • Del 1 al 9 de diciembre.

Los interesados solo tienen que visitar nuestra página web o nuestras redes sociales: @gratitude.bootcamp en Instagram.

Y rellenar el formulario de interés: https://btef.ngo/es/gratitude/.

A partir de ahí, nos ponemos en contacto con ellos y resolveremos todas sus dudas sobre el proyecto, los viajes y demás. 

Igualmente, aquellas personas que quieran contribuir con donativos u otros medios, existe un GoFundMe donde hacer donaciones: https://www.gofundme.com/f/help-us-sustaining-bodhitree-school o pueden ponerse en contacto con nosotros a través de la web o las redes sociales, y les ayudaremos a encontrar la forma correcta.

Hiperregulación (III) y competitividad

Se han publicado recientemente las estadísticas agregadas de 2023 sobre la producción normativa del Estado y las comunidades autónomas, y la situación apenas ha mejorado respecto al año anterior. El pasado ha sido el segundo año de la década con mayor número de páginas publicadas en los boletines oficiales, con unas cifras muy cercanas a las de 2022, casi 1,3 millones de páginas. Si tenemos en cuenta que el gobierno estuvo en funciones casi cinco meses, se comprueba que el parón no sirvió de freno en su capacidad para legislar en exceso y, en ocasiones, con precipitación.

Pese al cierre temporal en las Cortes, se publicaron 683 normas estatales, unas cuatro por día de actividad. En el primer post sobre la hiperregulación, la conclusión que alcanzaba era que el problema no es que se legisle mucho, sino que se legisle mal, o de manera precipitada en muchos casos. Se saca adelante la norma para tratar de solucionar el problema puntual, sin pensar en una medida de futuro. Buena parte de esta hiperactividad normativa se centra en reformas de índole tributaria para incrementar la recaudación y con ello se está afectando la competitividad de las empresas españolas, además de frenar a las que pretenden invertir en nuestro país (Hiperregulación, 2ª parte).

Según un informe de la Tax Foundation, España es el tercer país de la Unión Europea con una fiscalidad menos competitiva, y cita entre sus problemas la distorsión de tasas e impuestos por comunidades, o las continuas alteraciones en el impuesto de sociedades para limitar las deducciones o la reducción de las bases. Otro informe, en este caso de la Dirección General de Fiscalidad y Unión Aduanera de la Comisión Europea, concluye que España es el país que grava a las grandes empresas con el tipo impositivo efectivo más alto, el 29 por ciento, por encima de Alemania (28,8%), Francia (26%) e Italia (23,9%).

Es cierto que este porcentaje no tiene en cuenta a las empresas financieras, que en España se han beneficiado de tipos más bajos en los últimos años, pero no deja de ser un tipo impositivo elevado para el resto, con impacto directo en la tesorería de las empresas, y muy alejado del que los sucesivos ministros de Hacienda (de Montoro a Montero) anuncian ocasionalmente en prensa para señalar a las grandes empresas. Con todo, el problema no es el tipo impositivo (si tiene que ser del 20%, como si tiene que ser del 30%), sino lo enrevesado del sistema tributario nacional, con sucesivas reformas contradictorias que llevan años recurridas y que, cuando se resuelven en el sentido que todos los que trabajamos en las empresas esperábamos, como con el impuestazo de Montoro, resulta que han transcurrido ocho años, han mermado las tesorerías de las empresas y ahuyentado a potenciales inversores extranjeros.

No contentos con eso, el gobierno que esté en ese momento en el poder pone cuanto esté en sus manos para frenar la devolución a las empresas, como ocurrió en su día con el céntimo sanitario (La seguridad jurídica salta por los aires), con el régimen retributivo de las renovables o ahora con el impuestazo de Montoro. Como dice el diario Expansión, Hacienda hace una interpretación interesada para no devolver a las empresas todo lo que pagaron de más hace «solo» ocho años.

Entre la hiperactividad normativa, los constantes cambios para incrementar la recaudación en el corto plazo, la lentitud de las resoluciones de los recursos presentados y las trabas para devolver lo cobrado de más, España está retrocediendo a marchas forzadas en todos los índices de competitividad fiscal o de potencial atractivo para las inversiones extranjeras. Según el Índice de Competitividad Fiscal, hemos retrocedido al puesto 31 de 38 países de los países de la OCDE considerados:

No es un asunto exclusivo de este gobierno, sino que viene de mucho tiempo atrás (el que quiera, que busque en este mismo blog y que compruebe que no es un tema partidista) y se observa en cada nuevo informe que se publica sobre calidad institucional, eficacia de los sistemas tributarios o control del gasto público. Uno de los últimos informes del BBVA Research, sobre la inversión en España y en la Unión Europea, analizaba datos del Banco Mundial y concluía que «de 1996 a 2022, España es el segundo país de la Unión Europea, solo por detrás de Chipre y por delante de Hungría, donde más ha empeorado la calidad institucional, lo que desincentiva la inversión en capital físico y humano y en I+D».

Vale, venga, ya, el panorama es desolador, ¿y ahora qué? ¿Qué se puede hacer? Este informe del think tank Multinacional.es recoge algunos datos más sobre el panorama actual y algunas propuestas de mejora. La llamada «buena legislación» (el better regulation anglosajón) debería caracterizarse por varios factores:

  • Previsibilidad: para garantizar certidumbre a los potenciales inversores.
  • Simplicidad: normas de fácil interpretación y que no conduzcan a ambigüedades o nuevos recursos.
  • Minimización de las cargas administrativas: el ordenamiento jurídico español, con la distorsión autonómica, no facilita la reducción de la carga.
  • Participación ciudadana: contar con las asociaciones y organizaciones reconocidas para aportar elementos de juicio ante el problema sobre el que se legisla.
  • Evaluación de impacto ex ante: valorar los posibles efectos de la norma aprobada, medir su impacto y, sobre todo, derogar lo que deja de tener vigencia.
  • Evaluación de impacto ex post: verificar el cumplimiento de los objetivos y la interacción con las normas existentes. Por desgracia, nos hemos acostumbrado a que cada nueva norma lleve aparejada una ristra de problemas o contradicciones con las ya existentes.

El Informe tiene un apartado muy interesante sobre el cumplimiento del Plan Anual Normativo del gobierno, muy significativo de lo que está ocurriendo. Se trata de un Plan que se publica cada año en el que el gobierno anuncia las iniciativas legislativas que pretende aprobar cada ejercicio. El análisis se centra en el cumplimiento del Plan Anual de 2021 (PAN-21) y concluye que:

  • Se han aprobado el 57 por ciento de las iniciativas previstas y otro 37 por ciento comenzaron su tramitación.
  • Por otro lado, una cantidad ingente de normas no previstas se sacaron adelante. 261 nuevas normas: una reforma constitucional, 32 reales decretos-leyes, 3 leyes orgánicas, 9 ordinarias y 216 reales decretos.
  • Se han aprobado 31 de las 43 normas previstas en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, lo cual no está mal del todo, es un cumplimiento del 75 por ciento de lo previsto. Pero es que se aprobaron otras 56 normas asociadas al Plan de Recuperación que no estaban previstas en el PAN-21.

Todo esto lleva a pensar en la improvisación. O en algo peor que la improvisación: la necesidad de atender a los compromisos con los socios de gobierno. A los que trabajamos en las empresas nos traen de cabeza con tanto cambio y tanta adaptación a los nuevos requerimientos. Al inversor extranjero lo espanta. Por tratar de aportar algo al debate, ¿qué propone este informe?

  • Previsibilidad normativa: el cumplimiento de los Planes Anuales Normativos y la reducción sustancial de las normas no previstas en los mismos.
  • Simplicidad normativa: derogar numerosa legislación obsoleta y homogeneizar la legislación en todo el territorio nacional para evitar la fragmentación de mercado (imposible, I know). Solo el 15 por ciento de ese millón y pico de hojas de normativas provinieron del Estado.
  • Minimización de las cargas administrativas: un mantra tan repetido desde hace décadas que suena a utopía. Plantéate abrir tu negocio y verás lo que es vivir El proceso de Kafka en tus carnes.
  • Incremento de la participación ciudadana: evitar la costumbre tan extendida de los gobiernos de Sánchez y Aznar de esquivar los trámites de audiencia, las consultas previas y las consideraciones de las asociaciones que pudieran verse afectadas.
  • Evaluación de impacto ex ante: la precipitación conlleva los numerosos errores de cálculo de los que ya hay numerosos ejemplos (tasa Google, tasa Tobin, impuesto al plástico, a los residuos en vertedero). ¿Es mucho pedir que haya rigor en los cálculos?
  • Evaluación de impacto ex post. Continua, constante, para evitar la desactualización, los costes innecesarios y derogar todo lo que obstaculiza la iniciativa empresarial.

Creo que no soy el único que está agotado solo por intentar estar actualizado, lo cual resulta imposible. Así que me entran ganas de pensar en la jubilación y hacer cálculos, pero va a cambiar tantas veces la norma de aquí a «que me toque» que no me atrevo ni a empezar.

En el próximo post trataremos de ver cómo ha afectado toda esta hiperactividad normativa a los Fondos Next Generation, ese dineral que se suponía que iba a dar un impulso a la economía española (espero no tardar mucho en escribirlo, porque me pueden cambiar todo en semanas).

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La gente que nos enseñó a amar el cine (II)

Decía en la primera parte que Carlos Pumares nos hizo querer saber más de cine, conocer nuevas películas, sus actores y directores, en qué otras historias habían salido (porque para nosotros eran «historias», nada de «producciones», mucho menos «productos»), qué merecía la pena y qué no, o en qué debíamos fijarnos. Pues bien, José Luis Garci fue ese otro tipo que nos hizo entenderlo, comprenderlo, averiguar cómo enlaza una escena con otra, o qué pinta ese objeto ahí, que parece casual y luego su presencia resulta cualquier cosa menos fortuita. Está ahí para algo, aunque solo sea para despistar. No solo nos enseñó algunos de los trucos del cine, sino que hizo mucho por situar cada obra en su época, en su momento, por hacernos ver por qué ese plano que ahora podía no llamarnos la atención, en su día resultó revolucionario.

Todo ese conocimiento nos lo transmitió en sus programas de los lunes Qué grande es el cine, años noventa, y en los sucesivos Querer de cine o el podcast Cowboys de medianoche, que se mantiene vivo, muy vivo. De José Luis Garci siempre me interesó más su modo de contar el cine que el que tenía de hacerlo, de dirigirlo él mismo. Me pasaba con algunos de sus contertulios: podían no gustarme sus obras, ya fueran directores o escritores, pero me encantaba escucharlos destripar una película. Y disentir. Me gustaba escuchar sus tertulias, no solo porque explicaban magníficas películas, sino porque Garci las disfrutaba y transmitía ese cariño al espectador, esa pasión. No en vano los adjetivos que más empleaba son «portentoso», «prodigioso», «asombroso», porque a él, pese a ser un guionista y director multipremiado, las habilidades de sus colegas le seguían maravillando. Y te lo hacía ver.

Supongo que muchos de mi generación conocimos a Garci en nuestra adolescencia por el Óscar que se llevó en 1983 por Volver a empezar. También por su voluntarioso acento en inglés. Con los años conoceríamos muchas otras de sus películas, Asignatura pendiente, Sesión continua, El abuelo y la estupenda El crack. Años después supe que había sido coguionista de ese -portentoso, asombroso, prodigioso- mediometraje que fue La cabina, de y con Antonio Mercero. Corría el año 1972 y Garci no había estudiado en la escuela de cine, lo estudiaba en las salas. Pertenece a ese amplio grupo de directores que comenzaron en el mundo de la escritura de guiones. «Como Billy Wilder», le escuché en una entrevista. Tras el Emmy de La cabina, aún hizo cosas algo surrealistas de encargo como esa versión hispano-casposa de La naranja mecánica titulada Una gota de sangre para morir amando (Clockwork Terror), de Eloy de la Iglesia.

Pasó a la dirección animado por José María González-Sinde, padre de la que fuera ministra de Cultura, porque en el joven guionista intuyó que analizaba las películas «por planos»: un plano general, un plano corto, la cámara se mueve, aparece un indio… el wéstern como formación y aprendizaje. Todo lo demás, la técnica, dónde situar la cámara, cómo hacer que los intérpretes se muevan, lo aprendería con los años, seguramente tratando de llevar a la pantalla los millones de imágenes de cine (mayormente hollywoodiense) que pasaban por su cabeza.

No hace mucho, en dos post recientes, comentaba por aquí que posiblemente el montaje sea la parte más tediosa de hacer una película. Idear, escribir, producir, mover la cámara, interpretar, poner música o efectos a las imágenes… todo ello me resulta muy apetecible. Motivador. Meterme en una sala de montaje para seleccionar el plano adecuado, dejar los fotogramas idóneos y hacer las transiciones adecuadas, peor aún, meter la tijera, desechar planos que adoras, pero que tienes que dejar fuera porque entorpecen el ritmo… ver y rever un mismo plano o una secuencia hasta el hastío… no motiva. Sin embargo, el bueno de Garci, que sabe de esto infinitamente más que cualquiera de nosotros, contestaba con su sabiduría habitual que el montaje era su parte favorita de hacer una película: «Siempre ha sido el montaje, porque ahí se une la parte del escritor con la parte del director. Es una reescritura con imágenes, modificas todo».

Garci nos ayudó a descubrir a John Ford, a Howard Hawks, a Frank Capra, Fritz Lang, a Orson Welles, sin olvidar a Coppola, Scorsese o Tarantino. A Hitchcock y Wilder posiblemente ya los conocíamos. En mi caso, pasé de interesarme por los actores, a los que conocía muy bien por los estupendos ciclos de La2, a hacerlo por los directores. En los primeros años de sus programas, grababa solo las películas. Con el tiempo pasé a grabar también los debates. Y en ocasiones, solo estos si conocía bien los títulos seleccionados. Ahora, aun treinta años después, en ocasiones descargo los podcast de Qué grande es el cine (QGEEC) que permanecen colgados en Ivoox. En todos ellos se aprecia su gusto por seguir viendo películas, por poder disfrutarlas, sin el esnobismo de algunos. Dejo en este enlace un fragmento de cómo, ya en los ochenta, anticipaba que el cine no iba a morir por el hecho de que hubiera menos espectadores en las salas. Lo que moría era ese concepto de espectador, porque ahora, y con ello anticipaba el éxito de las plataformas actuales, se podía ver más cine que nunca (Enlace).

Si hablo de José Luis Garci, no puedo olvidar dos pasiones que comparto: el fútbol y los libros de cine. El fútbol es parte del paisaje en varias de sus películas, como El Molinón en la que le dio el Óscar, o la voz del Butano en la escena del mechero en El crack. Aprovecho para compartir una entrevista que concedió en La Galerna, el medio en el que colaboro, donde dejó perlas como que Hitchcock y el suspense son puro madridismo, o que Simeone falló al no hacer un Django desencadenado en la semifinal con el Real Madrid. Genio.

En cuanto a sus libros, solo los títulos lo dicen todo: Beber de cine, Latir de cine, Querer de cineMorir de cine. Porque el cine es para él, como para tantos de nosotros, Una vida de repuesto. Gracias.

Final de la NBA: ¿Celtics o nuevo milagro de Mavericks?

Igual que hicimos en 2020, tocaba hablar de la NBA y de la gran final que hoy comienza, y la persona que más sabe de la liga norteamericana a este lado del charco es mi hijo, así que le cedo la palabra para que haga sus pronósticos que (seguro) serán mucho más acertados que los míos.

Ibra.- Tras unos playoffs llenos de sorpresas en ambas conferencias, las finales de la NBA ya están aquí, y este año nos presentan dos equipos llenos de historia gracias a algunos de sus protagonistas.  Porzingis contra Dallas, equipo en el que jugó durante casi 3 años y nunca encajó como co-estrella de Luka Doncic. Y por otro lado, el anticipado retorno de Kyrie Irving a Boston, franquicia de la cual se marchó como agente libre en 2019 tras jugar 2 años y asegurar que pensaba renovar con el equipo. Los fans de los Celtics nunca le han perdonado este gesto y desde entonces siempre que vuelve a Boston es recibido con insultos, abucheos y pancartas de odio. Es de esperar que todo esto se multiplique en esta serie teniendo en cuenta que está en juego el título de campeón de la NBA. Dejando el drama de lado, analicemos los equipos y hagamos una predicción sobre el resultado final de esta interesante serie. 

Como representante de la conferencia Este, vienen los Boston Celtics liderados por Jayson Tatum y Jaylen Brown. A priori el aplastante favorito a ganar esta serie y alzarse con el título de la NBA. ¿Y por qué digo aplastante favorito? ¿Es una exageración? Miremos qué dicen los datos. 

Antes de comenzar esta temporada 23/24, el ex entrenador de los Celtics, Brad Stevens, ahora General Manager de la franquicia, finalizó dos traspasos clave. El primero por Jrue Holiday, anterior base de los Milwaukee Bucks, y el segundo por Kristaps Porzingis, el pívot letón de casi 2,20 metros proveniente de los Washington Wizards. A cambio tuvieron que sacrificar jugadores valiosos en su banquillo como Malcolm Brogdon y Robert Williams III, además del alma del equipo, Marcus Smart. Sin duda una dura decisión, criticada por parte de los fans del equipo, pero estos movimientos de plantilla posicionaron a los Celtics como principales favoritos a ganar el anillo desde antes de que comenzara la temporada. 

Los resultados hasta ahora han sido hasta ahora excelentes, 64-18 en temporada regular, 14 victorias por encima del segundo clasificado en el Este, y tan solo 2 derrotas en estas 3 anteriores series de playoffs. Pero en cierto modo, estos resultados no son sorprendentes, el equipo ha jugado un total de 96 partidos (82 de regular season y 14 de playoffs), en los cuales, de acuerdo con las casas de apuestas americanas, sólo partían como no favoritos en 3 de ellos. Y si nos enfocamos sólo en los playoffs, el récord de 12-2 que llevan hasta ahora no luce mucho debido a las lesiones que han tenido sus equipos rivales. Es importante mencionar que Porzingis también ha estado fuera por lesión, pero no es el jugador estrella de los Celtics, como sí lo son Jimmy Butler en Miami Heat, Donovan Mitchell en Cleveland Cavaliers y Tyrese Haliburton en Indiana Pacers. 

Viniendo por el Oeste tenemos a los Dallas Mavericks de Luka Doncic y Kyrie Irving. Al contrario que Boston, su presencia en estas finales es una sorpresa para muchos. Tras terminar la temporada regular con un récord de 50-32, en quinta posición de la siempre ultra competitiva conferencia Oeste. En su camino a las finales, primero tuvieron que eliminar a los Clippers de Harden, Paul George y Kawhi Leonard en 6 partidos, aunque Leonard sólo pudo jugar 2 partidos de la serie por lesión. Luego al primer clasificado en temporada regular, los Thunder, también en 6 partidos, y por último en 5 partidos a unos Timberwolves, que venían enchufados tras eliminar a los Nuggets de Jokic, vigentes campeones de la liga. Todo esto sin contar con ventaja de campo y saliendo como no favorito al comienzo de estos tres enfrentamientos. 

Dallas viene en una muy buena dinámica, Doncic está a su mejor nivel, Irving es un segunda espada de lujo, Derrick Jones Jr está acertado desde el triple, PJ Washington y Daniel Gafford (adquiridos en febrero justo antes de la fecha límite de traspasos) han encajado a la perfección; e incluso el rookie Dereck Lively II está dando la talla. Jason Kidd parece haber dado con la tecla y tiene al equipo rodando, sin embargo, me parece muy difícil que gane Dallas por su falta de armas en defensa. Dependen mucho de Gafford, Washington y Jones, que no son jugadores especialmente buenos defensivamente, y de lo poco que puedan aportar Doncic e Irving. 

Los únicos factores que veo favorables para Dallas son que ya han sentido presión en estos playoffs, se han visto en situaciones desfavorables y han sabido superarlas, mientras que Boston aún no ha jugado contra nadie que le ponga en problemas. Y el factor estrella, Dallas cuenta con el mejor jugador de la serie en Luka Doncic y eso siempre es algo a tener en cuenta. Por el contrario, Boston lo tiene todo para ganar, un ataque balanceado, aunque depende del acierto de 3 algo más de lo que debería; y una de las mejores defensas de la liga con estrellas en ese área como Derrick White y Jrue Holiday que junto con Jaylen Brown pueden hacer un trabajo decente con Doncic e Irving en el perímetro. También cuentan con el factor experiencia. En Dallas, sólo Irving y Jones saben lo que es jugar las finales, además de Jason Kidd en su época de jugador. Mientras que Boston ya perdió en las finales de 2022 contra los Warriors de Curry, cuando ya contaban con un equipo muy similar al de este año. Sin embargo, los traspasos mencionados antes por Holiday, que ya sabe lo que es ganar un anillo en Milwaukee en 2021, y Porzingis que no ha llegado tan lejos nunca, pero vuelve 100% recuperado de su lesión, creo que le dan la profundidad necesaria a esta versión de los Celtics para ganar el anillo número 18 de la franquicia. 

Personalmente, como fan del Real Madrid le tengo cariño a Luka Doncic y quiero que gane. Pienso animar a Dallas con toda mi alma estas finales, pero se me hace muy difícil ver a Boston perdiendo. Mi corazón tira hacia Dallas, pero mi cabeza y conocimiento baloncestístico me dicen que debería ganar Boston. Como predicción final, creo que tras unas finales de conferencia cortitas, los dioses del basket nos van a brindar una final disputada y muy competitiva. Ganará Boston en 7 partidos, y Jayson Tatum será el MVP de las finales. 

Barney.- Pues sí, todo me lleva a pensar que debería apostar por Boston Celtics. Su temporada está siendo redonda, típica de equipo aspirante indiscutible al título: primeros de toda la NBA en victorias (64-18), factor cancha a favor, y unas series en las que se han deshecho de sus rivales de manera contundente, Miami Heat (4-1), Cleveland Cavaliers (4-1) e Indiana Pacers (4-0). Sus jugadores de perímetro se han mostrado muy solventes en el tramo final de temporada (Jaylen Brown, Derrick White, Jrue Holiday y Jayson Tatum), interiores con buena mano como Horford y todo hace indicar que recuperan al letón Porzingis para las finales. Debería apostar por ellos, decía… pero lo haré por Luka Doncic, Kyrie Irving y los Mavericks de Dallas.

¿Razones? Que me apetece mucho verlos ganar, ese es el principal motivo. Dallas ya ha logrado un gran éxito llegando a la final y ganando la Conferencia Oeste con el factor cancha en contra en todas las eliminatorias. Solo eso es un meritazo enorme, pero voy más allá: superar tres eliminatorias tan duras como las que han tenido frente a los Clippers de Los Ángeles, los Thunder de Oklahoma y los Timberwolves de Minnesota no ha sido una cuestión de suerte o de un momento puntual del equipo. Hay un bueno juego de conjunto, grandes individualidades, picos de forma de algunos miembros del equipo, acierto de los secundarios y convencimiento. Sobre todo esto último: ha habido convicción en el equipo. Han creído que podían subirse al carro de Luka Doncic y Kyrie Irving, y apoyar a los dos cracks para lograr la victoria en campos tan complicados como los de sus rivales.

En la serie contra los Wolves, Luka Doncic pareció estar en su mejor momento de forma de todos los playoffs, como si hubiera dejado atrás las molestias que tuvo frente a los Clippers. Sus porcentajes de tiro también han mejorado notablemente, hasta llegar a la exhibición del primer cuarto en el partido definitorio de la serie en Minnesota. 18 puntacos en siete minutos para poner tierra de por medio. Cuentan en algunos círculos que el sexto partido, de haberse producido, coincidía con la final de la Champions del Real Madrid, y que Luka no estaba dispuesto a perdérsela, razón por la cual aceleró sus ritmos para destrozar a los locales y no alargar más la final de Conferencia.

Por otro lado, a sus 32 años, Kyrie Irving ha alcanzado el punto de madurez necesario en su carrera para entender lo que el equipo necesitaba de un jugador dotado de un talento descomunal como el suyo, y de ese modo ha logrado complementarse a la perfección con Luka para, entre ambos, machacar desde el perímetro a cualquier rival. A los Mavs les falta juego interior, sin duda, máxime tras saberse que Porzingis será de la partida, pero el letón es poco amante de la pintura y le gusta más abrirse para tiros exteriores, luego quizás no sea un alta tan determinante. Además, los Celtics han sabido adaptar el juego a su ausencia, y ahora tendrán que volver al esquema anterior, lo cual no es nada negativo, sino, posiblemente, una alternativa más para el equipo. Pese a las buenas prestaciones de Dereck Lively II, pese a la energía mostrada en algunos partidos, no parece que sea suficiente para dominar los aros, pero todo está por ver. A estas alturas de la temporada, la cabeza pesa más que el físico, aunque el físico tiene que estar a tope para no arrastrar a la cabeza. Será una final en la que la mentalidad y el control de las emociones pueden ser decisivos si se llega a finales igualados, como se ha visto en las eliminatorias anteriores. En esos momentos chungos, los Celtics también han demostrado una solvencia más que sobrada, pero, ¿qué decir de los Mavericks de Dallas?

Ibra y yo tuvimos la suerte de estar en el Palacio de los Deportes el día en que debutó Luka Doncic con el Real Madrid. El primer balón que recibió se cascó un triple desde la esquina. Este chaval prometía y no dejaba de crecer año tras año, pero además, demostró tener un gen competitivo impresionante, como el que tienen muy pocos jugadores. No rehúye el combate, no se escaquea de asumir responsabilidades, siempre da un paso al frente, aunque sigo pensando que su mayor virtud no es su acierto individual, sino cómo hace mejorar al resto del equipo, compañeros que entienden perfectamente su visión periférica de todo el campo, su facilidad para encontrar siempre al jugador desmarcado o colgar el balón cerca del aro para el alley oop. Luka y Kyrie, Kyrie y Luka, han logrado convencer al resto de la plantilla de que no eran inferiores a nadie y que había que luchar cada partido y cada posesión, apretar un poco más defensa para lograr el éxito. Están enseñando al resto a ganar.

The Wall Street Journal ha dedicado un artículo esta semana a Luka Doncic y al lugar en el que aprendió a ganar: el Real Madrid. La mentalidad, la constancia, la filosofía de la victoria, el instinto asesino… de todo ello hablan en este artículo. Y Luka no ha llegado a la final para no ganarla, ¿no? Así que mi apuesta es que ganan los Mavs en 7 partidos, 4-3. Con Doncic como MVP.

Por cierto, llevamos una curiosa racha de derrotas de los favoritos en las finales: Leverkussen en la Europa League, Fiorentina en la Conference, Manchester City en la FA Cup… Solo ha cumplido con su papel triunfador en las finales… el Real Madrid. Va a ser muy complicado, pero… mucha suerte y ¡Hasta el final…!

La Champions de los héroes inesperados

Pues sí, ya puede decirse, cantarse, celebrarlo: sí, sí, sí, la Champions ya está aquí. La 15, ni más ni menos, o la Decimoquinta. Para los que bordeábamos la treintena sin haber visto al Madrid ganar una Champions, lo que estamos viviendo es una barbaridad, un sueño, una enormidad descomunal. Nueve «orejonas» en los últimos veintiséis años.

Es el resultado de una buena gestión en lo deportivo y en lo económico, de un equipo en el que todos han aportado lo que se necesitaba en cada momento. Hoy apenas quiero mencionar a los mejores, Vini con sus regates y sus incansables esfuerzos por desbordar en banda, Jude Bellingham, quien no pudo mantener toda la temporada el fenomenal juego y ritmo que tuvo los primeros cinco meses en el club, y, por supuesto, Toni Kroos con la manija, dirigiendo al equipo, marcando la velocidad a la que debía jugarse o dónde trazar la línea del conjunto. Ancelotti ha levantado su quinta Champions, lo que no va a evitar que algunos sigan cuestionando su valía como estratega, como ENTRENADOR, o que quede nuevamente como poco más que un gestor de egos. Un alineador, que era lo que decían de Zidane esos supuestos expertos que no se cansan de errar en sus predicciones.

De todos ellos se esperaba su rendimiento, sobresaliente, como el de Valverde, Rüdiger (vaya paso adelante el suyo) o el de Modric en sus medias horas finales, pero hoy quería hablar de los héroes inesperados, los guerreros que resultaron claves para lograr este éxito:

Lunin: en verano se lesionó Courtois y en el propio club se confiaba poco en el ucraniano como portero titular para toda la temporada, tan poco que incluso se contrató a un refuerzo, Kepa. Lunin se fue haciendo con la portería con sus buenas actuaciones, y con la confianza fue creciendo y creciendo hasta resultar infranqueable frente al Leipzig en octavos y ante el Manchester City en los durísimos cuartos de final. Para la historia, la tanda de penaltis ante los de Guardiola. El gesto de Lunin apenas varió tras la clasificación. Hablamos de un tipo que se casó en chándal, un extraterrestre impertérrito que sorprendió día a día, incluso con el juego de balón con el pie. Esta Champions le debe mucho a Lunin, sin olvidar el comportamiento perfecto de Kepa durante los diez meses de cesión. Nunca una mala cara, un mal gesto, siempre estuvo ahí para colaborar con el equipo, como al aleccionar al ucraniano sobre los lanzadores del City.

Mendy: comenzó la temporada muy cuestionado, que si el Madrid debía reforzar este puesto con Alphonso Davies o con algún otro, que si las lesiones, que si su manera de sacar el balón jugado… Ferland Mendy ha dado una exhibición tras otra en defensa de lo que debe ser un defensa. Claro que no es un extremo izquierda, ni será nunca un espectáculo ofensivo como Roberto Carlos o Marcelo, pero ha sido una roca inexpugnable, un muro que no han podido superar los rivales en ningún momento. Ayer mismo leía una estadística que decía que solo le habían regateado una vez en todas las eliminatorias: fue ante el Bayern de Múnich y supongo que fue la de Sané en la ida. Ni una sola vez se fueron los atacantes del Leipzig ni del Dortmund la marca de Mendy. Ni una sola vez, y fue clave, los extremos del Manchester. La seguridad de Mendy fue tal que Carletto pudo diseñar un entramado defensivo sin ayudas para el francés, lo que no pudo hacer en el otro lateral, donde Valverde tuvo que multiplicarse para apoyar a Carvajal ante Grealish, Doku y todo el que atacaba machaconamente por allí.

Joselu: cómo me alegro del éxito de este jornalero del fútbol, de un tipo al que le llegó la oportunidad de su vida el verano pasado, con 33 años. Tras descender de manera consecutiva con sus últimos equipos, Alavés y Espanyol, parecía que a Joselu le quedaba un final de carrera en equipos entre la Segunda y la pelea por evitar el descenso, pero llegó a Chamartín y se puso a disposición del entrenador para lo que hiciera falta. ¿Que había que rematar algo, lo que fuera, un centro preciso o uno malo, una sandía, un pelotazo al centro del área? Ahí estaría él para meter la cabeza, el pecho o la rodilla. Cuando el Madrid perdía ante el Bayern de Múnich a falta de quince minutos para el final, a Ancelotti y a su hijo no se les ocurrió mejor alternativa: sacamos al tipo este que lo remata todo. Y Joselu respondió como siempre, con lucha y con acierto. Dos goles, el segundo de ellos con la espinilla, y a la final.

Brahim: pocos jugadores han aprovechado mejor los pocos minutos que el joven malagueño (que jugará con Marruecos, por cierto, por la incompetencia del seleccionador y los dirigentes de la Federación). La colección de golazos que nos ha dejado Brahim esta temporada es bestial. Villarreal, Cádiz y, sobre todo, el que sirvió para que el equipo se llevara la victoria en Leipzig. Para mí, firme candidato al top-5 de goles de la Champions. Otro jugador al que nunca se le vio una mala cara pese a que sus buenas prestaciones no fueran acompañadas de más minutos sobre el campo.

Nacho: el capitán que tuvo el honor de levantar el trofeo, el hombre de club que lleva catorce temporadas sin ser titular, pero que ha jugado cientos de partidos en los que ha rendido siempre al máximo nivel. Había dudas sobre si afrontar toda la temporada solo con Rüdiger y Nacho, tras las lesiones de larga duración de Alaba y Militao, y el de Alcalá de Henares ha respondido siempre, aunque tuviera enfrente los delanteros más peligrosos de Europa. Se merece ese momento con la Champions, esa foto alzando la copa. Y ojalá siga. Una temporada más, al menos. No hay defensas en el mercado con un perfil tan solvente y polivalente.

Carvajal: vaya temporada la suya, vaya manera de sacar los dientes en defensa y de contribuir en ataque. Tras varios años en los que las lesiones sembraron dudas sobre el lateral, este curso ha dado una lección tras otra de buen hacer sobre la banda, de cubrir muchísimo campo, de ampliar las opciones en ataque (no sé si podré acostumbrarme a un Madrid sin los pases cruzados de Kroos para Carva). Por si todo lo que aportó en defensa (pese a los complicadísimos retos ante Bayern y City) no fuera suficiente, marcó el gol decisivo en la final de Wembley. De cabeza, entre los gigantones alemanes. Es su sexta Champions y en las seis ha sido titular, algo que no pueden decir ni Nacho, ni Modric. Este equipo es imprevisible y sus héroes, inesperados.

Davide Ancelotti: «algo está tramando», me decía una y otra vez cuando le veía decir algo a su padre al oído. Hay que cambiar esto, o lo otro, o sacar a Joselu, o cambiar a Rodrygo de lado. Algo había visto en su tablet que tenía que ser corregido y se lo mostraba a Carletto, quien, con la cena levantada, daba el OK. Esta Champions es también de Davide, del «enchufe» al que estoy seguro que veremos como primer entrenador algún día. No sé dónde será, pero estoy convencido de que lo veremos. Los jugadores lo adoran, no hay más que ver el cariño que le profesan en cada cambio, en todas las celebraciones.

¿Y Courtois? Otro al que no se esperaba y llegó al final de la temporada para aportar su granito de arena. Y Lucas Vázquez, le pongan donde le pongan. Camavinga, ya sea como revulsivo o como titular con todo el peso del centro del campo, como en la final. Tchouaméni, Rodrygo, el joven Güler… A ver hacia dónde progresa este equipo, a ver de qué manera encaja Endrick, si eso supondrá alguna salida, y a ver qué ocurre finalmente con Mbappé. En estos años de su no-llegada, el equipo ha levantado dos Champions. Tres, si contamos también la de 2018, cuando fichó por la sucursal de Catar en París. Solo pido que haga como todos los que he mencionado: que aporte al grupo, que no interfiera este clima tan sano que se ha creado en la plantilla.

Y ya desde hoy, con la 16ª en el punto de mira.

La gente que nos enseñó a amar el cine (I)

Quentin Tarantino opinaba en sus Meditaciones de cine sobre esos críticos cinematográficos que parecen odiar su trabajo, o al menos lo transmiten en sus palabras, gente cuyos artículos «reflejaban un afán de venganza hacia la propia película (no solo los sacaba de quicio tener que escribir la reseña; los sacaba de quicio ya de entrada tener que ver la película)». Para alguien como Tarantino, quien, en sus años de empleado de videoclub debía ver entre cuatro y cinco películas diarias (y las disfrutaba), la actitud de estos críticos era incomprensible. Gente que no disfrutaba haciendo lo que para muchos como el cineasta sería el mejor trabajo posible. Hace años no solía perderme las críticas de Carlos Boyero, pero llevo mucho tiempo pensando que su actitud huraña, furibunda, o no sé cómo definirla, descreída, es más una pose que una realidad, entre otras cosas, porque no podría haber sido crítico de cine durante tantos años si las películas sobre las que escribe le provocan tamaño aburrimiento. Y esa negatividad (que tan bien transmite) hace que cada vez lo lea menos.

El cine debe ser algo distinto a la vida. Una válvula de escape, una manera de meterte en otra vida. Si la tuya es aburrida, una película puede ofrecerte una alternativa, aunque apenas dure dos horas. Antes de cumplir los veinte, yo ya tenía un cierto bagaje cultureta-cinéfilo, pero de mero espectador, nada «gafapasta», debido a los innumerables programas dobles de sesión continua en los cines a los que nos llevaba mi padre. En esos años, finales de los ochenta, conocí en la radio a un tipo singular, un crítico cinematográfico que era todo lo contrario a lo que tenía entendido que era su oficio: Carlos Pumares. Polvo de estrellas era su programa, que se mantuvo en Antena 3 de 1982 a 1993. Comenzaba a continuación del Butanito, y por eso lo conocí, pero llegó un momento en que pasábamos de la bilis del periodista deportivo y deseábamos que comenzara el hombre del «Sí, buenas noches, dígame».

Carlos Pumares era la Wikipedia de cine de mi generación, nuestro IMDb en el que saber qué más había hecho tal director o actriz; era, incluso, nuestro Filmaffinity en el que comprobar si los gustos que teníamos sobre una película u otra coincidían con las de «los que saben». Porque para mí, Carlos Pumares no era uno de «los que saben»: era el que más sabía y con el que podía identificarme. No coincidía con muchas de sus opiniones, pero al menos, me gustaba de él que evitaba toda esa pose acerca del cine serio o culturalmente reconocido. Me gusta o no me gusta, me divierte o no me divierte. El cine es mucho más sencillo que las pajas mentales que los críticos al uso se montaban sobre las producciones que se estrenaban cada viernes o que se presentaban en unos festivales que eran la cumbre del esnobismo.

«No hay película buena o mala, hay película entretenida o aburrida».

Había oyentes que llamaban a Carlos Pumares y le narraban una escena que andaba por ahí, perdida en algún rincón recóndito de su memoria, con la esperanza de que, con un par de datos, el crítico les recordara el título para poder buscarla. 

– Recuerdo una peli que vi de niño, que salía una cabaña en lo alto de la montaña, y ahí vivía una familia…

– ¿Era en blanco y negro?

– En blanco y negro -decía el oyente.

– ¿La película era en blanco y negro o su televisión era en blanco y negro?

– Ah, claro, hace tantos años… en casa de mis padres, sí, la tele era en blanco y negro.

En un porcentaje muy alto, daba el título y describía parte del argumento posterior para que el oyente confirmara si era o no lo que andaba buscando. En los tiempos pre-Internet, Carlos Pumares era el buscador de los oyentes. Aquel tipo aparentemente cascarrabias me hacía pensar que yo quería saber algún día de esto. No contaba con alcanzar su erudición, aquel conocimiento enciclopédico, pero sí, al menos, con ser capaz de recordar, comparar, interpretar escenas, memorizar secuencias… ¡saber! Me hizo querer saber de cine.

Como cada crítico, tenía sus filias (Billy Wilder, John Ford, Alfred Hitchcock, Howard Hawks…) y sus fobias (Robert de Niro, David Lynch, Meryl Streep, Glenn Close, Laurence Olivier) y en su repertorio tenía varios especiales que solía emitir con periodicidad anual: sobre Casablanca, sobre sus canciones favoritas, sobre bandas sonoras… y el esperadísimo y nunca bien ponderado episodio monográfico sobre el monolito de 2001, Una odisea en el espacio.

Carlos Pumares fue una de esas personas que nos hizo entender que estábamos por el buen camino si lo que anhelábamos era disfrutar de un buen entretenimiento, nada de trascender, plantear problemas existenciales como si nos fuera la vida en esos noventa minutos, y nos mostró, de manera especial, que estaba prohibido aburrir.

Estos días, mientras escuchaba algunos podcasts que han rescatado momentos de sus programas (gracias a La Libreta de Van Gaal por la recopilación), me he dado cuenta con cierto regocijo de que compartía opinión con él sobre Blade Runner: “no es ni buena, ni mala. Es aburrida”. Y no solo eso, también decía que, cuando la estrenaron, la mayoría de los críticos opinaron lo mismo que él, se aburrieron en la sala, “pero luego escribieron otras cosas”.

Porque Pumares era genuino, sonaba veraz, honesto, era su opinión y la soltaba, sin filtros, sin miedo a diferir de la versión “oficial” de la crítica biempensante. Sus opiniones sobre los festivales y el pasteleo de los mismos eran sinceras, se nos hacían cercanas: odiaba los rollos pretenciosos intelectualoides infumables, que eran los que precisamente se llevaban los premios. Y seguro que también odiaba a los críticos que elevaban a los altares a esos tostones infumables La eternidad y un día, de Theo Angelopoulos. Siempre he pensado que no hay mejor título para definir el sopor. En eso compartía lo que comenta Quentin Tarantino en el mismo capítulo sobre los críticos:

«Daba la impresión de que la mayoría de los críticos que escribían para periódicos y revistas se situaban por encima de las películas que les pagaban por reseñar. Cosa que nunca pude entender, porque, a juzgar por sus textos, evidentemente no eran superiores. Miraban por encima del hombro las películas que proporcionaban placer, así como a los realizadores que poseían una comprensión del público de la que ellos carecían».

Porque Don Carlos Pumares era lo que el director de Knoxville valoraba en el crítico Kevin Thomas: «uno de los pocos profesionales de su medio que disfrutaba de su trabajo y, por tanto, de su vida».

No había una «mejor» película de todos los tiempos, porque podían ser cuarenta o cincuenta. Del mismo modo que no había un «mejor director», porque había muchos muy buenos. Totalmente de acuerdo. Pumares era políticamente incorrecto, claro que sí, lo cual se agradece y se echa de menos. Hoy sus opiniones estarían más que censuradas por los numerosos grupos de ofendiditos que pueblan las redes. Sería tildado de machista por su modo de hablar de actrices «estupendas», mujeronas espectaculares firmes candidatas a entrar en su selecto «Club», formado por un grupo de señores seguidores de actrices, «que son muy buenas actrices, y además están muy ricas».

  • Kathleen Turner estaba muy rica, incluso ahora que está caballuda.
  • No sé qué le ven a María de Medeiros. Al natural, tiene bigote.

Carlos Pumares también nos enseñó a valorar la importancia de la voz original de los actores. A nosotros, que solo conocíamos las versiones dobladas. «Usted no puede saber si es buen o mal actor si no lo ha escuchado nunca en versión original». No odiaba el doblaje tanto como el Cinemascope u otros formatos que alteraban la imagen, pero nos incitó a disfrutar las películas en versión original. Del mismo modo que nos animaba a ver el cine en las salas, porque en el vídeo (y hablo de nuestros VHS de los ochenta y principios de los noventa) no se veía nada.

  • Y menos si la película es muy oscura. Y si encima salen muchos negros, como en esta, ¡pues no se ve nada!.
  • ¿A quién se le ocurre rodar Asalto a la comisaría del Distrito 13 en esos ambientes tan oscuros? ¡Pero si solo salen negros! ¡No se ve nada!

Carlos Pumares falleció en octubre del año pasado, con ochenta años y (sospecho) muchas cosas aún por contar. Si tenía esa edad cuando falleció, eso significa que tenía maneras de abuelete cabreado con el mundo cuando aún no había cumplido los cincuenta años, pero es que creo que la suya era una pose mucho más honesta que la de Carlos Boyero. Era considerado con el oyente, no con el oyente plasta que iba solo a soltar su lista de autores, sino con el oyente callado, con ganas de aprender, con ganas de conocimiento, con deseos de entender y amar el cine. Con el que deseaba empaparse de buenas películas. «Vaya a verla. Mañana mismo, no haga más planes, vaya a verla». Y por supuesto, con él aprendimos a decir:

Próximo capítulo: José Luis Garci.

Las últimas viñetas de Ibáñez

Ha caído en mis manos el último volumen del gran Francisco Ibáñez, sobre la inminente aventura de Mortadelo y Filemón en París 2024. En mi infancia, adolescencia, juventud y madurez (que no termina de llegar), había unas ganas incontenibles cada año en que tocaban Juegos Olímpicos o Mundial de fútbol. Y había una tradición que lleva acompañándonos décadas como era la última aventura de Mortadelo y Filemón, agentes de la T.I.A., en sus denodados esfuerzos por acabar con una conspiración internacional que pretendía atacar estos eventos. Guardo en casa un volumen recopilatorio de muchas de estas aventuras que compré (dije) para mi hijo, pero que en el fondo quería disfrutarlo yo tanto como él.

El gran Ibáñez se dibujaba siempre a sí mismo encadenado a su mesa de dibujo y no me extrañaría que en alguna entrevista dijera que la muerte le pillaría trabajando, como casi ocurrió. La última aventura de Mortadelo y Filemón se ha publicado tal cual quedó, inconclusa, con las últimas viñetas esbozadas por Ibáñez la tarde anterior a su fallecimiento. El tomo comienza con un prólogo de Arturo Pérez-Reverte, quien definió al artista barcelonés como lo que debió de ser toda su vida:

Es una pena que el volumen quedara inacabado, pero, por otro lado, nos ha permitido a los lectores entender mejor el método casi artesanal de este trabajador incansable que tenía una imaginación desbordante y millones de ideas en su cabeza. En este proceso artesanal, se aprecian los bocetos antes de pasar al trazo fino y el color, con ese movimiento de los personajes y de los objetos que vuelan que se intuye en cada viñeta con precisión, los bocadillos de texto sin rellenar, y una página numerada con el texto correspondiente a cada uno en la que el propio Ibáñez transcribía a máquina (imagino una Olivetti de mil años) los diálogos que quería que aparecieran después en la versión definitiva.

Hace tiempo leí alguna pseudocrítica a sus historias: que no arriesgaba en los guiones, que había quien pensaba que las tramas eran repetitivas, con el mismo esquema argumental de 44 páginas en cada aventura, separadas en pequeños días o sketches de 4, y todos esos episodios terminaban con la escapada de los torpes detectives por su última metedura de pata. Jamás he visto a nadie que metiera más la pata que estos dos tipos y sin embargo, se les seguía contratando para las misiones más importantes. ¿Repetitivas? Pues no lo sé, pero uno estaba acostumbrado a encontrar una broma diferente en cada viñeta y eso, tras más de doce mil páginas, que son las que nos dicen que brotaron de su imaginación, me parece de un mérito incuestionable. Sí, era la misma trama de siempre en este tomo de París 2024, pero es que esa era exactamente la trama que yo quería encontrar.

Políticamente incorrecto, aunque más moderado. Todo se soluciona a guantazo limpio: del jefe Filemón a su subordinado Mortadelo, del Súper a ambos agentes, así como de los matones Bestiájez, Brútez, y el resto de nombres inventados con esa falta de sutileza. En muchas de estas historias, el paraíso soñado por alguno de los protagonistas es el tópico de la playa tropical rodeado de mujeres esculturales, ya fuera un futbolista brasileño de grandes piños o un alto cargo corrupto:

No hace tantos años que Ibáñez seguía dibujando a los africanos como caníbales y recurría a todo lo tribal para representar a los jugadores de países exóticos:

Puede que alguien en la editorial le advirtiera de que determinado humor estaba fuera de época y él mismo se corregía o se reprochaba estas bromas, como si quisiera dejar claro que esto no iba más allá de una coña lindante con el racismo:

Por suerte, Ibáñez nunca tuvo pelos en la lengua o una censura que le impidiera soltar sus barbaridades (al menos en los años que yo lo leí, que fueron tras el 75). No eludió temas como la corrupción, con el capítulo sobre Luis Roldán, otro sobre Juanito Batalla (claro alter ego de Juan Guerra) o uno más reciente sobre cierto tesorero de gran parecido a un tal Bárcenas. Eran historietas tristemente ilustrativas de una realidad nacional:

Puro cachondeo sin pretensiones. En la resolución de todas estas tramas se veía su cabreo con la situación, y era un final divertido, pero amargo a la vez. Como ese presidente sin nombre (pero perfectamente identificable), que comienza cada frase con un «Por consiguiente» y que termina «mirando para otro lado» por lo que le conviene:

Pero volvamos al fútbol o a su visión tan particular del mundo del deporte. Aparte de los especiales sobre los Mundiales y los Juegos, tenía algunos tomos monográficos acerca del fútbol, en los que demostraba un amplio conocimiento del argot…

…los jugadores…

…las socorridas bromas sobre sí mismo…

… o los peligros de ciertos aficionados del fútbol. Esta viñeta es de 2010, aproximadamente, y parece que su autor, pese a vivir en Barcelona, no simpatizaba mucho con los culés. O puede que tuviera en mente episodios como el del cochinillo, la botella de JB o el mecherazo a Roberto Carlos en la cabeza.

Tengo la ligera sospecha de que Ibáñez simpatizaba más con el Real Madrid que con otros clubes, no solo por esta broma, o por cómo dibujaba a los aficionados del Atleti…

… sino por esta otra coña sobre los escudos de algunos de los principales equipos, en el que ya escribía que el Bar-Litronas sobornaba a los árbitros antes y después de los partidos:

Sus últimas viñetas, apenas perfiladas, quedan como el testimonio de un tipo que no dejó de sonreír y de contagiar esa sonrisa a los lectores. De todos los personajes que brotaron de su mente, yo siempre me quedé con los agentes de la T.I.A. y, en menor medida, con los moradores de la 13 Rue del Percebe. En ocasiones leía a Rompetechos (mote que ha quedado incorporado a nuestro acervo cultural) y Pepe Gotera y Otilio me interesaron más bien poco, pero lo que sí es seguro es que todos ellos influyeron en multitud de series y películas, de manera reconocida o no, directa o subliminal.

Don Francisco Ibáñez falleció en julio de 2023, con 87 años de edad. En 2002 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, y unos años después fuimos muchos los que firmamos en las campañas para que se le concediera el premio Princesa de Asturias de las Artes. En 2021 hubo una candidatura apoyada por varios eurodiputados y por artistas de otras disciplinas, como Arturo Pérez-Reverte o Álex de la Iglesia. No hubo suerte y se lo llevó la petarda sobreactuada de Marina Abramovic, ¡pero qué sabremos nosotros de estas cosas! ¡Si solo somos amantes de las descacharrantes historias de Mortadelo y Filemón en unos Juegos!

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El «arancel verde» (II): el CBAM

El CBAM, el Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera, nace como una de las principales medidas del paquete Fit for 55 de la Unión Europea para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (“fit”, para ajustarse a una eliminación de, al menos, un 55 por ciento en comparación con los niveles existentes en 1990).

Cuando la Unión Europea planteó su ambición en materia de clima, al menos supo ver y entender que la reducción de emisiones en su territorio no aseguraba una disminución a nivel mundial, al margen del riesgo que se corría de que la producción se trasladara a países sin las obligaciones comunitarias en esta materia. Otra losa adicional para la competitividad de la industria europea. En el propio vídeo patrocinado por la Unión Europea explican el mecanismo como una medida para reducir las emisiones comunitarias y para “animar” a otros países a producir bajo un modelo menos contaminante:

La primera parte de estos dos textos se centraba en lo que dicho mecanismo tenía como barrera comercial para países con legislaciones más permisivas en materia medioambiental, mientras que esta segunda estará dedicada a su funcionamiento y los problemas de implementación que puede encontrar. No es un impuesto a las importaciones, ni tampoco funciona exactamente como un arancel, sino que consiste en un complejo mecanismo de declaraciones anuales y compra de certificados CBAM que acrediten el pago de las emisiones de los productos importados.

Compatibilidad e interacción con los derechos de emisión

El mecanismo supone, en palabras de Julián Illanes, de EY España, un “cambio radical” respecto a las anteriores políticas comunitarias en cuestión de emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea. Lógicamente, su implantación sustituirá de manera progresiva el anterior régimen, consistente en la asignación gratuita de derechos y las compensaciones por las emisiones indirectas. Además, se confía en acabar con la especulación que supusieron estos derechos en los últimos años como consecuencia de la reducción de la disponibilidad en el mercado (recordad El mercado de humos).

El mecanismo anterior, que lleva funcionando desde 2005, se creó en su momento para que las empresas abonaran por el teórico coste medioambiental de sus emisiones. La estimación de partida era que se situara en torno a los 20 euros por tonelada de CO2. Sin embargo, el problema surgió con las sucesivas reducciones de los derechos existentes, que provocaron que los precios se dispararan hasta casi 100 euros por tonelada en los momentos álgidos. Este funcionamiento se sustituirá de modo gradual para que, a partir de 2034, la compra de los certificados CBAM sea equiparable al coste de los derechos de emisión que se pagan en Europa.

Sectores afectados

El CBAM se aplicará al principio únicamente a las industrias más contaminantes, entre las que se han considerado en esta primera fase:

  • Cemento.
  • Hierro y acero.
  • Aluminio.
  • Fertilizantes.
  • Producción de hidrógeno.
  • Electricidad.

La idea es que el mecanismo se extienda posteriormente a otros sectores y actividades hasta cubrir prácticamente todos, con objeto de incidir directamente en la emisión de gases por la vía del gravamen. Si bien la Unión Europea planteó este arancel inicialmente por su contribución medioambiental (no solo por la propia reducción global de emisiones, sino como una manera de evitar la llamada “fuga de carbono”), y no como una medida con fines exclusivamente recaudatorios, algunos estudios han medido ya su posible impacto económico en entornos del 0,1% del PIB de la Unión Europea.

Ámbito geográfico e implantación

El CBAM excluye de su aplicación a las mercancías originarias dentro del propio territorio comunitario, más otros países que se han adherido a los acuerdos sobre el comercio de derechos de emisión de la Unión Europea, como Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein. La situación actual de los fabricantes europeos (y su desequilibrio competitivo) se ve claramente definida en este cuadro de la consultora KPMG:

El sistema de asignaciones gratuitas seguirá funcionando en una primera fase y se compatibilizará con la entrada en funcionamiento del CBAM a partir de enero de 2026:

Si bien la idea es que este sistema se suprima definitivamente a partir de 2034 y funcionen exclusivamente la compra de derechos de emisión en la Unión Europea para los fabricantes europeos y los derechos CBAM para los importadores de productos fabricados fuera del territorio comunitario:

En 2024 nos encontramos en la fase de recopilación de datos, un proceso que durará desde octubre de 2023 hasta diciembre de 2025. Durante este período los importadores y las instalaciones están obligados a presentar las declaraciones con efectos meramente informativos, pero opera un régimen sancionador por incumplir con la obligación de informar. El proceso es complicado por las propias mediciones y por los fallos que hubo en la plataforma diseñada por la Unión Europea, lo que obligó a prorrogar treinta días el plazo para presentar las declaraciones del último trimestre de 2023. Durante el período de transición, se podrán calcular las emisiones con los valores por defecto aceptados por la normativa comunitaria, pero a partir de 2026 las emisiones reales podrán ser verificadas, y el régimen sancionador por las declaraciones incorrectas u omitidas son elevadas, de hasta 100 euros por tonelada no notificada, más una sanción de 3 a 5 veces el importe resultante por cada certificado no entregado.

Compatibilidad con la normativa de la OMC

Con la igualdad de costes se pretende salvar la controversia surgida acerca de su compatibilidad con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Algunos países entre los más contaminantes, como la India, ya han anunciado sus recursos contra la implantación del CBAM. También fue objeto de controversia en la Cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) celebrada en agosto de 2023 en Johannesburgo, en cuya declaración final conjunta se oponían «al uso de la lucha contra el cambio climático como pretexto para establecer barreras comerciales a nivel internacional».

La respuesta de las autoridades europeas es que el coste a pagar por las emisiones es el mismo, ya sea por la producción en territorio comunitario o extracomunitario, bien sea por los derechos de emisión o por la adquisición de los certificados CBAM. Y si el producto extracomunitario paga en otra legislación por sus emisiones, se puede deducir dicho coste del pago del CBAM. En abril de 2023 había registradas 73 iniciativas de precios de carbono en el mundo, pero casi todas ellas con precios por tonelada considerablemente más inferiores que los comunitarios. Según el informe de EY, el precio medio es de unos 2 euros por tonelada:

Los norteamericanos Nicholas Stern y Joseph Stiglitz (Nobel de Economía en 2001) criticaron los cálculos realizados en su día por la administración de Barack Obama respecto al coste que debía tener la tonelada de dióxido de carbono emitida, de unos 50 euros. Según sus cálculos, para cumplir con los compromisos alcanzados en el Acuerdo de París para 2030, este precio debería rondar los 100 euros/tonelada.

Problemas de cálculo

El CBAM va a suponer un reto enorme por la dificultad de controlar su gestión, por la fiabilidad de los datos aportados o por los múltiples intervinientes en el proceso. Un producto puede estar semielaborado en Taiwán con materiales adquiridos en Pakistán e Indonesia e importado en la Unión Europea para su transformación posterior por una empresa europea, que además, podría vender el producto en territorio europeo o exportarlo. En un mundo tan globalizado como el actual, con múltiples intercambios comerciales y especialización por componentes, va a ser fundamental el análisis de la cadena de suministro de los productos, la electricidad consumida durante el proceso y su origen, la trazabilidad de las materias primas empleadas y la fiabilidad de las agencias medidoras de las emisiones.

Medir la huella de carbono de un producto que ha recorrido medio mundo… ya. Sencillo.

El reto es mayúsculo desde el punto de vista del seguimiento de los datos, el control efectivo de las emisiones y los costes arancelarios/fiscales de los intervinientes en el proceso, pero hay muchos recursos puestos en ello. Y aún más recursos en lo que debe resultar al final de todo este proceso: unas innovaciones tecnológicas que permitan dirigirnos a una actividad económica descarbonizada.

Por si este breve resumen del CBAM ha dejado dudas al lector, la Comisión Europea vio todo esto algo tan «sencillo» que publicó una guía de «solo» 34 páginas con las FAQ’s (Frequently Asked Questions), las respuestas a esas pequeñas dudas que a todos nos genera este ambicioso proyecto.

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Anatomía de un Negreirato (III)

Tres nuevos capítulos de este juicio farsa (y no Barça) que nunca se celebrará.

Capítulo 7: Javier Tebas.

Capítulo 8: Iturralde González.

Capítulo 9: Árbitros en activo (I). Hernández Hernández.

Capítulo 7 – Javier Tebas

El juez Aguilar se encontraba en su despacho de la primera planta de los juzgados de Barcelona. Acababa de dejar una carta sobre la mesa, tras volver a introducirla en el sobre, y, como hacía siempre que algo le preocupaba, se levantó para mirar por la ventana y reflexionar. Era su manera de evadirse, de mirar las cosas con claridad, de tomar cierta perspectiva.

Desde el amplio ventanal podía divisar a un grupo enorme de periodistas, muchos de ellos con el micrófono preparado, otros con las cámaras fotográficas y algunos corrillos en los que departían y, probablemente, compartían información. El juez también vio varios cámaras de televisión con el trípode instalado y un periodista situado frente a ellos con el micro en la mano, pero en situación de espera. Como sucedía desde el primer día del juicio, o aun antes, desde su designación, aquel revuelo mediático le producía una pereza infinita al juez Aguilar. “Menos de dos años”, pensó. La jubilación le rondaba la cabeza desde hacía tiempo y deseaba como pocas cosas emplearse en otros menesteres más gratificantes.

“Si por lo menos los testigos pasaran desapercibidos… ayudaría a rebajar el ruido mediático”, pensó. En ese momento llegó un coche negro, paró unos segundos en zona prohibida, se abrió la puerta trasera y bajó el que parecía ser el próximo testigo. En efecto, las hordas descontroladas de fotógrafos y periodistas cercaron al sujeto que acababa de bajar, como si el testigo hubiera escuchado los pensamientos del juez: “¿no querías ruido? Pues toma taza y media”. Por lo poco que sabía el juez del testigo de la jornada, había escuchado que era un tipo con querencia a los micrófonos, con incontinencia verbal e “indescifrable, ingobernable”, en palabras de un amigo de profesión buen aficionado al fútbol. “Es un tipo incontrolable, con una verborrea de esas que tanto aprecias”, concluyó con sorna.

El testigo se paró delante de los periodistas y estuvo hablando unos tres minutos frente a un batiburrillo de micros, móviles y grabadoras vintage. Hizo varias veces el gesto de mirar el reloj y señalar al juzgado, como si no pudiera atenderlos, aunque, por otro lado, se le veía feliz por poder hacerlo. Julián Aguilar resopló. Sabía que era la hora. Sacó la toga del armario, se la puso y salió del despacho, no sin antes recoger una carpeta y su famosa libreta de anotaciones. Llegó al inmenso corredor de la planta baja y, ya desde la puerta de la sala de vistas, divisó a una veintena de metros al compareciente, que estaba preguntando a un empleado hacia dónde debía dirigirse.

– ¡En pie! -escuchó el juez desde el interior de la sala-. Preside el honorable juez Aguilar.

Se abrieron las puertas y comenzó una nueva vista del caso ya conocido en la prensa galernauta como “El Negreirato”. El juez tomó asiento, colocó sus papeles, la libreta, sacó un boli y un par de rotuladores de colores, e hizo un gesto al abogado de la defensa.

– Con la venia, señoría –comenzó Jorge Carlos Scotto, la defensa llama a declarar a Don Javier Tebas Medrano.

 “Bull”, el ordenanza, abrió las puertas de la sala y entró el presidente de LaLiga de Fútbol Profesional, quien, con paso firme y una amplia sonrisa hacia el público, los periodistas y el jurado, se dirigió al banco para testificar. Solo cambió el gesto al cruzar su mirada con la abogada del Real Madrid y al pasar junto al banquillo de los acusados, momento en que bajó la vista y encogió la cabeza como diciendo “qué le voy a hacer”. En su mirada verdosa se apreciaba un derrame en el ojo izquierdo.

– Señor Tebas, muchas gracias por venir –comenzó Scotto-, sabemos que es un hombre muy ocupado. Antes de comenzar con su testimonio, ¿le importaría decirnos de qué equipo es?

– Sí, claro, sin prob…

– ¡Protesto! –interrumpió Estuardo-, es irrelev… bueno, déjelo, retiro la protesta.

– Señor juez, miembros del jurado –contestó Scotto-, puede que parezca irrelevante, como iba a decir mi colega, pero tratamos de hacer ver con la declaración del señor Tebas que se puede ser aficionado de un equipo y, a la vez, ser capaz de discernir acerca de unos hechos y diferenciar lo que es delictivo y lo que no.

Estuardo asintió e incluso levantó el pulgar. Scotto se volvió hacia el testigo:

– ¿Señor Tebas?

– Sí, cómo no. Como todo el mundo sabe, soy del Madrid desde los ocho años, mis cuatro hijos son del Madrid, sería un hipócrita si no lo dijera.

– Muy bien, ¿y qué sintió cuando se enteró de los pagos del Fútbol Club Barcelona al señor Enríquez Negreira a cambio de la prestación de servicios de asesoramiento?

– Lo primero que es evidente es que en 2018 y los años anteriores, las normas de compliance que controlan los conflictos de intereses tanto del CTA como del Barcelona no funcionaron, ya que, con lo que hemos visto, esos servicios no se deberían haber prestado, ni por esos importes. Estas cosas no pueden ocurrir en el fútbol español, pero también supe en ese mismo instante, y lo quiero dejar muy claro, que no puede haber ningún tipo de sanción deportiva para el club al haber prescrito este tipo de castigos.

– No son cosas incompatibles –apuntó Scotto-, el hecho de que haya podido haber unos pagos irregulares que se están aclarando en este juicio puede coexistir perfectamente con la inexistencia de sanciones.

– Así es, yo soy abogado, como sabe –Tebas reafirmó su postura mirando directamente al jurado-, y no es posible porque del año 2018, en que cesan los pagos, hasta 2023, en que se sabe de los mismos, han pasado cinco años y este tipo de sanciones prescriben a los tres años. Otra cosa distinta es en el ámbito de la jurisdicción penal, donde puede existir un delito de corrupción entre particulares en la versión de amaños de ámbito deportivo.

– ¿Por qué se ha personado el organismo que usted preside, LaLiga, en este caso?

– Desde la patronal del fútbol hemos querido aclarar este asunto y aportar la información que teníamos, porque creemos que ha habido unos pagos irregulares. En su día pedimos las pruebas que la Federación Española de Fútbol no estaba pidiendo. Por ejemplo, solicitamos que se estudie el miembro o los miembros del organismo que estaba en esas épocas para designar a los árbitros, por si pudo haber alguna interferencia, o bien, por si el señor Negreira pudo intervenir en alguna designación. Lo que sí es una conclusión es que tanto estética como éticamente estas cosas no pueden ocurrir en el fútbol español. Y mire lo que le voy a decir: somos prácticamente los únicos que estamos dando impulso al caso Negreira, los únicos que aportamos escritos para empujar –Tebas miró directamente a la abogada del Real Madrid, señaló con el dedo hacia su mesa y se le enrojeció aún más el ojo izquierdo-. El Real Madrid solo presentó un escrito para estar hoy aquí personado, pero no ha hecho nada.

– ¿Cree que el Barça para pagó para beneficiarse de los resultados?

– Como ya le he dicho, creo que hay indicios de unos pagos irregulares y se tendrá que aclarar la intención. Pero, ¿influyeron en la competición esos pagos? Pues puede que esa fuera la intención, pero tendrá que aclararse. Pagar desde un club a Negreira es una irregularidad muy grave. Es delito si es para influir. Pero es que hay muchos modos de pretender influir en la competición, por ejemplo, como hace el Real Madrid con los vídeos de su televisión. Lo que hace el Real Madrid no está dentro del fairplay deportivo. Sobre todo, los reportajes previos a los partidos, sacan imágenes en blanco y negro… Pero de ahí a adulterar la competición hay un trozo. Yo tampoco sé las intenciones del Real Madrid con esas imágenes.

El fiscal Estuardo y la abogada Luisa Ramírez comenzaron a cuchichear unas palabras por lo bajo. Se sentían interpelados por el testigo, señalados directamente, pero finalmente asintieron entre ellos y le dejaron continuar.

– Volviendo al caso Negreira –Scotto redirigió la declaración-, antes ha hablado de estética, ¿es un problema, entonces, de imagen?

– Bueno, a nosotros nos preocupa la imagen de LaLiga, la imagen que proyectamos. Hay muchos problemas en el fútbol español: Rubiales, Vinícius, Negreira. Rubiales hace daño a nuestro fútbol. Negreira suma en esa mala imagen. En este tema hay que seguir investigando para aclarar bien el nivel de influencia en los ascensos y descensos y en las designaciones. Eso es en lo que se ha trabajado este tiempo y el auto del juez ya dijo que el solo hecho de intentar influir ya es un sancionable en el ámbito penal. Pero debemos ser rigurosos y respetar lo que salga de aquí, no podemos hacer como el Real Madrid, que obtiene una sentencia que no es firme y tira por la calle de en medio.

– Como abogado y experto en derecho deportivo, ¿cree que ha podido haber un delito de cohecho?

– Tendría que ver la documentación. El cohecho se produce cuando el que comete delito es un funcionario público. Como abogado… lo tengo que estudiar. Soy abogado, sí, y no me gusta dar opiniones ni de jueces ni de compañeros, depende del tipo de delito, de la prescripción que tiene ese tipo de delito… Yo no sé si es cohecho, corrupción deportiva, otros hablan de blanqueo de capitales, no lo sé, pero yo no tengo esa sensación.

– Entonces, según su opinión, ¿pudo pagar el Barcelona para comprar árbitros?

Creo que el Barcelona no compró a los árbitros y es muy difícil demostrar que lo hizo, pero lo que buscaban era tener influencia en las citas, los ascensos y descensos de categorías, algo que para mí es suficiente para considerar que lo que ha pasado ha sido muy serio.

– No le resto gravedad a sus respuestas -afirmó Scotto-, pero por lo que le entiendo, estamos hablando de una posible influencia, de un daño de imagen, de una irregularidad, muy lejos de lo que se pretende juzgar aquí en esta sala.

– Mire -contestó Tebas con semblante muy serio-, se va aclarando lo que dije desde el principio: el Barcelona pagaba por las influencias que tenía Negreira en los ascensos y descensos de los árbitros. A lo mejor alguna influencia indirecta con Sánchez Arminio -torció el gesto, como si le restara importancia a sus propias palabras-, cuando había que designar árbitros… esa influencia. Poco más. Se habla mucho de esto por Florentino Pérez, que siempre me ha preocupado, todos conocemos su influencia y su área de poder. Y todo esto afecta a la imagen de LaLiga. El tema reputacional sigue existiendo, menor que antes, porque estamos trabajando para que se llegue a aclarar esta situación.

– Eso deseamos todos -concluyó Scotto-. Muchas gracias, señor Tebas.

Mientras se dirigía a su asiento, Laporta, Rosell y Bartomeu se sonreían ligeramente en el banquillo de los acusados. Parecían estar satisfechos tras escuchar las palabras del presidente de LaLiga. Hacia ese mismo banquillo se dirigió el fiscal Jaime Estuardo según inició su interrogatorio. Apoyó las manos en la barandilla que separaba a los acusados del resto de la sala, y miró directamente a los ojos de Joan Laporta, luego a Josep María Bartomeu, a continuación, a Sandro Rosell y, por último, a Albert Soler. Situado en esa postura, daba la espalda a Javier Tebas, y así se mantuvo cuando comenzó su interrogatorio.

– Señor Tebas, ¿podría decirme de qué equipo es el señor Laporta? Aquí presente.

A Tebas se le escapó ese característico gesto risa-ladrido-arcada con el que suele obsequiar cada una de sus comparecencias.

– Hombre, todos lo sabemos. Del Fútbol Club Barcelona.

– ¿Y el señor Sandro Rosell?

– No sé dónde quiere ir a parar.

– ¿Y a la directiva de qué club pertenecía Albert Soler? -continuó el fiscal.

– Es obvio -replicó Tebas-, creo que no merece la pena contestar.

– Hágalo, por favor, ha venido a testificar hoy aquí, le ruego que responda a mis preguntas.

– Al Fútbol Club Barcelona, como todos sabemos.

– Muy bien, gracias. ¿Y podría decirnos a todos los aquí presentes, y a todos los que están en sus casas, y a todos los que seguirán este juicio por los medios, qué club de fútbol es el que estuvo realizando pagos a las empresas del señor Negreira y su hijo durante dos décadas?

La risa de Tebas tornó más hacia la arcada con gargajo:

– El Barcelona.

– Me alegra saberlo. Escuchando su declaración, he llegado a dudar de si se juzgaba al Fútbol Club Barcelona o al Real Madrid.

Se escucharon varias risas entre el público asistente y un murmullo de desaprobación.

– ¡Protesto! -exclamó Scotto con un tono de voz elevado-. No vamos a ningún lado con estas preguntas.

– Señor juez, miembros del jurado –alegó Estuardo-, puede que parezca irrelevante, como su afición o afiliación deportiva, pero tratamos de hacer ver con la declaración del señor Tebas que se puede ser aficionado de un equipo, o abogado, o presumir de adalid de la verdad y, a la vez, ser incapaz de discernir acerca de unos hechos y otros si su obsesión por el presidente del Real Madrid es superior a todo lo demás.

– ¡Eso no es cier…! -trató de responder Tebas, pero fue interrumpido por el juez.

– No se admite la protesta. Sus preguntas no aportan gran cosa, pero no son motivo de reprobación. Señor Estuardo, díganos adónde pretende llegar, por favor.

– Cómo no, señoría -dijo Estuardo antes de retomar la palabra-. Quiero hacer ver a los miembros del jurado que el testimonio del presidente de LaLiga carece de valor alguno, puesto que su obsesión es otra, y todos sus movimientos se encaminan en una única dirección.

Caminó por la sala y volvió a la posición anterior, frente a los acusados y dando la espalda a Tebas, al cual le había crecido el derrame tras la mención del fiscal a su obsesión.

– Miren, vean otro ejemplo. Señor Tebas, ¿qué piensa de la Superliga y el papel de Joan Laporta en la misma?

– No veo ninguna posibilidad de éxito -al llegar a esta pregunta, el derrame se le pasó al otro ojo, y, con la mirada más ensangrentada que verde, respondió-, pero con Laporta no estoy peleado, ni enfrentado. Laporta y el Barça son críticos, no como Florentino Pérez, que está absolutamente equiv…

Estuardo sonreía sin dar la cara a Tebas y no dejó que concluyera la frase:

– ¿Y el VAR, a qué se deben las protestas sobre el VAR?

¡Con el VAR hubo un antes y un después de la llamada a Rubiales de Floren…!

Se giró para mirar directamente a Tebas, quien se dio cuenta al instante de que había caído en la trampa. Estuardo no quería soltar la presa, así que no perdió el tiempo:

– ¿Cuántos litigios sostiene LaLiga con el Real Madrid?

– No sé, cerca de un centenar. Florentino quiere salirse siempre con la suya y recurre por todo: el reparto de los derechos de televisión, las imágenes de la previa de los partidos, el acuerdo con CVC…

– ¿El señor Laporta votó a favor de su subida de sueldo?

¡Sí, al contrario que Florentino!

Javier Tebas se había puesto en pie visiblemente enfurecido. El fiscal se dio la vuelta, sonrió y miró hacia la audiencia. Hizo una pausa, momento que Tebas aprovechó para sentarse, respirar y ajustarse, por este orden, la corbata y el mechón de pelo que le caía sobre el frentón. Estuardo se giró hacia el jurado:

– Señores y señoras del jurado, les ruego no tomen en mucha consideración el testimonio del testigo de hoy. Como habrán podido comprobar, el señor Tebas no ha venido hoy a hablar del caso Negreira, del que ha hablado con numerosas vaguedades, de manera ambigua, “sí, es grave, pero habrá que ver si era para influir”… poco más. Ha venido para aprovechar el altavoz mediático que le presta esta causa y proseguir en su particular guerra contra el Real Madrid y su presidente.

Javier Tebas se aferraba con fuerza a los brazos de la silla. Trataba de callar, como le habían aconsejado, puesto que ya había hablado demasiado. Pero el fiscal no cejaba en su argumentación:

– El señor Tebas nos cuenta que está preocupado por la imagen del fútbol español y sus problemas. “Rubiales, Vinícius, Negreira”. In that order. ¿Por qué no decir “la Federación, Soule, el racismo, el CTA, el Barça y sus presidentes? ¿Por qué tiene que meter a un jugador del Real Madrid entre dos investigados en causas de presunta corrupción?

Tebas pasó del resoplido al bufido.

– Presume de haber aportado documentación a la causa, pero ha resultado ser una prueba falsa, algo que causó un profundo malestar en los acusados y una cierta confusión en el proceso.

– Ya explicamos en su momento el origen de la confusión –Tebas quiso salir del paso rápidamente-, tenían los mismos nombres, en una época similar.

– Ya –respondió Estuardo-. Espero que sea mejor como presidente de LaLiga que como abogado. Claro que tampoco espero gran cosa de quien empezó en el mundo del fútbol a sueldo de Dimitri Piterman.

– ¿Acaso es un delito ejercer mi profesión? Es con lo que me he ganado la vida siempre –se defendió Tebas.

– No, por supuesto que no –respondió el fiscal-. Solo trato de que el jurado llegue a la conclusión de que usted, por muy madridista que se confiese, solo ha actuado como muchos de los árbitros de la trama Negreira. Ellos sabían que su sueldo dependía de tener satisfecho a quien los designaba para los partidos grandes o los puntuaba para descender o promocionar. Usted sabe que para mantener su sueldo tiene que mantener satisfecho a quienes se lo aprueban y le mantienen en el puesto. Y entre ellos no está el Real Madrid, y sí nuestros acusados en esta causa. No haré más preguntas, señoría.

El fiscal se dirigió a su asiento y su turno fue asumido por Luisa Ramírez, la abogada del Real Madrid.

– Señor Tebas, ha dicho usted que fallaron los sistemas de compliance tanto en el Fútbol Club Barcelona como en el CTA, ¿debemos entender que dichos controles funcionan bien en el organismo que usted preside?

– Solo puedo decirle que desde abril de 2024 tenemos las certificaciones más altas en nuestros sistemas de Gestión de Compliance Penal y de Gestión Antisoborno.

– Enhorabuena –contestó la abogada con el mismo entusiasmo que Maldini ante un gol del Madrid en una final de Champions-. Pero remontémonos más atrás en el tiempo, a la era Negreira. Usted ha venido aquí y nos ha hablado del caso Negreira como si fuera poco más que una irregularidad administrativa, un posible conflicto de intereses menor que habrá que aclarar. Pero, ¿sabe usted realmente qué es un conflicto de intereses cuando permitió que el Director Audiovisual de LaLiga facturara 500.000 euros desde su propia empresa pese al Código Ético que lo prohibía?

– Esas son las noticias falsas del “portacoz” oficial de Florentino Pérez –contestó Tebas.

– No se ponga nervioso, señor Tebas, le ruego que se comporte, la Justicia dio la razón al periodista y al medio que lo publicó. Supongo que tampoco había conflicto de intereses al alcanzar acuerdos económicos entre el organismo que preside y Mediapro, la empresa que participa en el accionariado de Barça Studios, o por firmar operaciones de patrocinio con un jugador en activo del Fútbol Club Barcelona, Gerard Piqué. Para usted todo esto es normal, forma parte de los negocios y el día a día del fútbol, y aquí no hay más problemas que Florentino Pérez y los vídeos de Real Madrid Televisión.

– Protesto –intervino Scotto con timidez-. Nada de lo mencionado guarda relación alguna con el caso juzgado.

– Se admite –sentenció el juez Aguilar, que no dejaba de apuntar nuevas flechas con el rotulador verde en su libreta-. Aténgase al caso juzgado, letrada.

– Entendido, señoría –asintió la abogada-. Solo trataba de hacer ver que, al igual que lo argumentado por la defensa, prácticamente nada de lo mencionado en el día de hoy por el señor Tebas guarda relación alguna con el caso. Su cruzada es otra. Y me quedo con una frase de lo que ha dicho hoy: señor Tebas, ¿ha dicho usted que están trabajando para minimizar el impacto reputacional que el caso Negreira tiene sobre LaLiga y el fútbol español?

– Así es –afirmó Javier Tebas-. El fútbol español necesita claridad, y la reputación de la competición está por encima y da igual el club que sea. Pero no existe ninguna campaña para desprestigiar al Barcelona.

– Ya, ya lo vemos. Y es más, a ese club al que no se quiere desprestigiar porque ya lo hacen sus dirigentes se le ajusta la normativa de control económico, se le aceptan las palancas que no se cobran o se le permite sobrepasar el límite salarial, se le informa del acuerdo con CVC sin hacerlo con su máximo rival… Pero todo sea por mantener la buena reputación de LaLiga.

– Cómo se nota quién le paga a usted –respondió Tebas mientras mostraba unos afilados colmillos.

– Lo sabe todo el mundo. Igual que sabía todo el mundo para quién trabajaba su hijo. O igual que sabe todo el mundo lo que paga el organismo que usted preside a los medios de comunicación para, entre otras cosas, “minimizar el impacto reputacional” del caso Negreira. 140 millones de euros en cinco años para hacer publicidad de este lodazal. Solo voy a decirle una cosa más: mi cliente detestaría saber que una parte del dinero que LaLiga detrae de sus ingresos, ¡por ridícula que fuera!, se destinara a publicidad y a la mejora reputacional del club al que se está juzgando en esta sala. No haré más preguntas, señoría.

El juez terminó de apuntar otra página más de su libreta, la cerró, junto con sus carpetas, miró a su ayudante y resopló varias veces.

El tono áspero de la sesión lo había dejado agotado. Golpeó con el mazo y se acercó al micrófono:

– Se levanta la sesión.

El juez se marchó pitando, sobre todo cuando vio que Javier Tebas se acercaba a la mesa de la abogada del Real Madrid para seguir discutiendo.

Capítulo 8 – Iturralde González

El juez Aguilar apagó la pantalla del móvil, puso el modo avión y dejó de mirar por la ventana. Al parecer, el próximo testigo estaba llegando a los juzgados, como supuso por el remolino de periodistas en torno a la figura de un individuo no muy alto y de complexión delgada que acababa de llegar a los juzgados de Barcelona. El juez guardó una carta que había recibido esa misma mañana en el mismo cajón en el que dejó la que le llegó la semana anterior. El único cajón que cerraba con llave cada vez que salía del despacho. Se puso la toga y bajó las escaleras.

– ¡En pie! -se escuchó a Bull-. Preside la sesión el honorable juez Aguilar.

El murmullo del interior de la sala se acalló mientras el juez y sus ayudantes tomaban asiento. En el banquillo de los acusados había dos ausencias, lo cual, a estas alturas del juicio, ya no sorprendía a nadie. Joan y José María, José María y Joan, que monta tanto como de tanto en tanto se lo montan. Mientras el juez ordenaba su documentación y colocaba el famoso kit de “libreta + rotuladores de colorines para no perderse en la trama”, apareció Joan Laporta por la puerta cercana al banquillo de los acusados. Por el carraspeo con el que pronunció entre dientes “Perdón” se pudo intuir que seguía con sus problemas de afonía o garganta. El juez hizo un gesto al abogado de la defensa, Jorge Carlos Scotto, para que comenzara con la vista del día.

– Con la venia, señoría. Señor juez, miembros del jurado, curiosos congregados en este caso -se giró hacia toda la sala-, hasta la fecha la defensa ha traído el testimonio de directivos del mundo del fútbol y del arbitraje, así como unos informes periciales contundentes para desmontar este caso que nunca debió ser considerado tal, un caso que, si sigue vivo en los medios, es por el control que sobre los mismos ejerce la parte acusadora. Hoy vamos a traer el testimonio de una persona que es una eminencia en el mundo del arbitraje, alguien que ejerció como árbitro en activo durante todos los años que se juzgan en este caso, mientras el señor Enríquez Negreira era vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Una persona, además, de gran locuacidad, que sienta cátedra cada semana en algunos de los principales medios de comunicación de este país.

A medida que pronunciaba estas palabras, en la sala se escuchaba un murmullo de expectación, “wow”, “wow, wow, wow”, hasta que Scotto anunció el nombre del testigo:

– La defensa llama a declarar a don Eduardo Iturralde González.

En ese instante, en la misma audiencia se oyó un “buah”, “Itu”, “¿Piturralde, cátedra?” y un “pffff” de varias personas que sonó como un globo deshinchándose con lentitud.

Se abrieron las puertas y entró en la sala un tipo de paso apresurado, que caminaba algo encorvado, vestido con una americana negra bajo la cual llevaba una camiseta igualmente negra con un dibujo de algo que parecía una piña marrón. Llevaba el pelo despeinado, lacio, como si una vaca le hubiera dado un lametón y le hubiera quedado un mechón colgando por la frente. Justo antes de alcanzar el banco, apareció Enríquez Negreira por la misma puerta de los baños por la que había salido Laporta unos minutos antes. Ambos frenaron sus pasos, se miraron con desprecio mutuo y prosiguieron hacia el lugar que cada uno tenía designado. De repente, la sala se llenó de un hedor insoportable y algunos de los acusados, al igual que miembros del jurado, se llevaron la mano a la nariz.

– Yo no soy -dijo Negreira a su hijo por lo bajo, una vez tomó asiento. Y con el mentón señaló hacia el testigo.

El abogado Scotto se acercó al testigo para iniciar el interrogatorio, pero frenó el paso firme que llevaba al percatarse del mal olor. Pegó varios manotazos al aire como para ventilar un poco el ambiente y comenzó:

– Don Eduardo Iturralde González, hijo y nieto de árbitros, profesional en activo en Primera de 1995 a 2012, años todos ellos durante los cuales el señor Enríquez Negreira ya prestaba sus servicios en el Comité Técnico de Árbitros. Una trayectoria intachable -en ese momento se oyó una risa entre el público-, de hecho, el colegiado que más partidos había dirigido en su momento en Primera División. Díganos, señor Iturralde, desde su dilatada experiencia y puesto que aquí se está cuestionando el arbitraje español, ¿qué tiene que decir?

– Pues que me parece una desgracia -respondió el culegiado-, el caso Negreira me parece lo más grave que ha habido en el fútbol español, que alguien haya intentado aprovecharse de su posición, y que luego otros estén queriendo transmitir a la gente que ha habido compra de partidos… me da mucha rabia, sobre todo porque eso no lo van a poder demostrar nunca.

 – Aprecio su contundencia -afirmó Scotto-. ¿Todos ellos, no hay duda sobre ninguno, como intenta demostrar la acusación particular?

– Todos ellos -contestó Iturralde, en cuya frente brillante por el sudor se pegaba media docena de pelos-. Porque ningún compañero mío se ha vendido jamás. Pongo la mano en el fuego por todos ellos.

– Entonces, ¿qué sentido tienen los pagos que realizaba el Fútbol Club Barcelona, no cree que eran para influir en los árbitros?

– ¡Nooooo, en absoluto! -respondió Iturralde con vehemencia-. Todos o la mayoría de  árbitros que han declarado a la Guardia Civil han dicho que Enríquez Negreira no influyó en ningún resultado. Lo único que tenemos constatado es que para la Agencia Tributaria había unas facturas mal hechas.

Al fiscal Estuardo se le escapó una carcajada. Se disculpó con la mano ante el juez, quien, en la mesa principal de la sala, debió percibir el hedor que invadía el ambiente. Con un gesto indicó al alguacil que abriera las ventanas, para lo cual este tuvo que apartar “el florero de López Nieto”. Las abrió y entró una corriente que disipó ligeramente el olor, aunque la ubicación de la ventana hizo que el aire infectado volara directamente a la pituitaria del juez, que no pudo disimular un gesto de desagrado.

– Así que usted no ve nada más que un tema de unas facturas que habrá que aclarar, no un delito de corrupción deportiva -continuó Scotto, quien se había apartado varios metros del testigo.

– Eso es, eso es, y eso no lo tendrá que aclarar ningún árbitro, sino quien haya podido lucrarse con esta situación -a cada frase, Iturralde aceleraba sus palabras-. Ahí hay unas facturas que habrá que aclarar, pero si… ¿cómo se dice… esa palabra inglesa?, ¿la “complayans”?, si la “complayans” dijo en su día que todo era correcto, pues no hay caso. Porque lo que sí puedo decirle con rotundidad es que Enríquez Negreira no tenía poder, ni ascendencia ninguna sobre los árbitros, ¡nin-gu-na!. Y si yo quiero comprar a un juez, por ejemplo, en este juicio -miró hacia la mesa del juez Aguilar, que se quitó las gafas, enarcó las cejas y lo miró como diciendo “a mí no meta usted en sus fregaos”-, no compro al jefe del juez, compro al que me va a juzgar, pago directamente al juez.

Iturralde se giró hacia el juez Aguilar, en cuyo rostro se apreciaba que no le hacía ni pizca de gracia la hipótesis planteada de manera tan poco inteligente por el testigo. A medida que “Itu” se aceleraba, las glándulas sudoríparas de su cabeza se activaban, lo que provocaba una imagen desastrada y algo penosa. El exárbitro se sacó un clínex del bolsillo de la americana y se quitó levemente el sudor.

– A lo que voy -continuó un Iturralde cada vez más nervioso-, si yo pago para influir, compro al árbitro, no a un señor que no pintaba nada. Como conocedor del gremio, que es para lo que se me ha citado, y como conocedor del arbitraje y de cómo funciona, creo que ese dinero que cobró Negreira, una parte era para él y otra volvía a ciertas personas.

Se hizo un silencio en la sala que Scotto no quiso interrumpir. Iturralde pidió un vaso de agua. Mientras se lo servían y se refrescaba con el agua, el público pudo escuchar a través de las ventanas que una feria ambulante pasaba por las calles aledañas a los juzgados. “¡Y otro perrito piloto!”. Nadie pudo intuirlo en ese momento, pero el editor de La Galerna utilizaría ese momento tan surrealista para escribir uno de sus artículos sobre esta farsa.

Scotto volvió al interrogatorio:

– Habrá quien diga que resulta extraño que un vicepresidente de los árbitros no tuviera ninguna influencia sobre ellos.

– A ver, desde el momento que trabaja codo con codo con el presidente del CTA está claro que tenía influencia, pero sería más en árbitros de categoría inferiores y no tanto en Primera División. Pero si me pregunta por influencia, le voy a decir quien sí tenía mucha influencia y no necesitaba pagar por ella. Porque hay una cosa que no se “m’a olvidao” nunca y que a mí me dijeron cuando entré en el arbitraje y es que no te haces árbitro hasta que chocas con el autobús blanco. Hasta cuando aciertas contra el Madrid, como se ha demostrado muchas veces, fíjate la que se monta. La repercusión que tiene el Real Madrid, te guste o no, es así, es el equipo con más repercusión, a diferencia del segundo.

– Dada su experiencia en cuestiones arbitrales, usted ejerce ahora de comentarista en el Diario As, un medio considerado claramente madridista, y en la Cadena Ser, un medio que no es sospechoso, y digo que no es sospechoso, puesto que fue uno de sus programas el que destapó el caso de las facturas irregulares entre el Barcelona y Dasnil, ¿ha sentido alguna vez esa presión, como árbitro o como comentarista arbitral?

– Totalmente, totalmente -el sudor sobre la frente caía de manera incontrolable y empezó con un temblor en las piernas-. Totalmente. Yo mismo sentí la presión directamente de Florentino Pérez al acabar un partido en que pité al Real Madrid. Acaba el partido, 6-1 al Deportivo, salimos del campo, los asistentes salen conmigo y trata de encerrarme en un cuarto. Le pregunto si me está haciendo una broma y le digo que se ha acabado la conversación. A la media hora ya lo sabía el Comité Técnico de Árbitros. Lo puse en conocimiento, me parecía muy grave, pero ahí quedó. Para que vean lo que es presionar. No me voy a esconder. No hay ningún árbitro corrupto, porque nosotros estamos por encima.

Iturralde se sirvió otro vaso de agua. El temblor de las piernas se le había pasado a las manos.

– ¿Puedo ir al baño un momento? -solicitó.

El juez resopló y denegó con la cabeza.

–  Esto no nos llevará mucho más tiempo, aguarde.

El abogado de la defensa retomó las preguntas para acelerar la marcha de un sujeto del que comenzaba a arrepentirse por haberlo propuesto para la comparecencia.

– Hablemos de otro de los acusados, el señor Javier Enríquez Romero, aquí presente. ¿Usted cree que se le pudo pagar por realizar informes sobre los árbitros o por condicionarlos de alguna manera con dichas valoraciones?

– Que haga informes cuando no ha sido ni árbitro… que sea capaz de hacer informes arbitrales, fíjese qué valor tienen unos informes que hace una persona que de arbitraje no tiene ni idea. Es como si me pongo yo a informar de tenis. Puedo ver muchos partidos en la tele, pero a la hora de la verdad no tengo idea de nada. ¿Qué sabe el hijo de Negreira de árbitros? Apareció en mi época, me “le” presentaron como coach, que para mí es un intrusista de la psicología. Nos dio charlas y luego, el que quería podía continuar con él de forma privada. Sé que algunos lo hicieron, pero lo mejor es que citen a declarar a los árbitros, porque ahí se podrá ver que nosotros somos los más interesados en que esto se esclarezca, en que toda la gente sepa que algunos somos malos, malísimos o incluso alguno bueno, pero que todos somos honestos.

– ¿Descarta usted entonces que los pagos fueran por dichos informes arbitrales?

Yo creo que los pagos a Negreira han sido utilizados para enriquecer a directivos del Barcelona -mientras pronunciaba estas palabras, se giró hacia el banquillo de los acusados-. En este sentido, creo que algún directivo del club se ha enriquecido a través de facturas fundamentadas en informes arbitrales que no tienen apenas valor.

– Es lo que intentamos aclarar en estas sesiones. Muchas gracias, señor Iturralde. No haré más preguntas, señoría.

El fiscal Jaime Estuardo se levantó de la silla, se abotonó la americana, se ajustó el nudo de la corbata con la elegancia de la que solía hacer gala y se dirigió con paso firme hacia el banquillo del testi… no pudo acercarse más. La nube tóxica llegaba hasta unos tres metros del micrófono con el que se grababan todas las comparecencias de testigos. Supo disimular su gesto de incomodidad y comenzó:

– Señor Iturralde González, árbitro de Primera División durante diecisiete temporadas. Diecisiete, diecisiete… el caso es que ese número me recuerda a algo, ¿sabe usted? Diecisiete temporadas estuvo pagando el Fútbol Club Barcelona al vicepresidente de los árbitros y, según gente como usted, a cambio de nada, de ningún beneficio en los terrenos de juego.

– Usted pensará lo que quiera, pero no se puede poner en duda la honorabilidad de los árbitros, eso no se lo consiento a nadie -el sudor volvía a caerle de manera copiosa por la frente y las sienes.

– Bueno, lo consentirá o no lo consentirá, pero lo dice el juez instructor… -Estuardo abrió un legajo, buscó una página concreta y leyó-. Aquí está: “Los pagos realizados por el Barcelona satisfacían los intereses del club en atención a su duración y al incremento anual. De aquí se deduce también que los pagos produjeron los efectos arbitrales deseados por el Barcelona, de tal manera…”.

– ¡Protesto! -dijo el propio Iturralde-. No le consiento que diga tal cosa de…

El juez lo miró perplejo. Para salir del paso, fue Scotto el que se puso en pie y exclamó un fuerte “¡protesto!”, logrando salvar de ese modo el ridículo del excolegiado.

– No se admite. Letrado, el fiscal solo está leyendo un párrafo del auto de instrucción, no hay nada sobre lo que protestar -aseveró Aguilar con cierta condescendencia. A continuación, se dirigió a Iturralde González-. En cuanto a usted, limítese a responder a lo que le pregunten, no está en su derecho de protestar. Continúe, por favor.

Tras acallarse ciertas risas entre el público, Estuardo prosiguió con la lectura del párrafo:

– … de tal manera, decía, “que debió existir una desigualdad en el trato con otros equipos y la consiguiente corrupción sistémica en el conjunto del arbitraje español”. ¿Qué tiene que decir a esto, señor Iturralde?

Que ese juez está insinuando que el Barcelona compró árbitros y no lo puede demostrar. Igual nos tenemos que juntar los árbitros y querellarnos con el juez.

Estuardo lo miró perplejo. Aplaudió con evidente sarcasmo, apenas tres palmadas porque fue rápidamente reprobado por el juez:

– Letrado, evite aquí esos espectáculos que no contribuyen al buen desarrollo de la vista. Si tiene algo más que añadir, continúe, por favor. En caso contrario, le ruego que dé por finalizado el interrogatorio.

– Disculpe, continuaré, cómo no -aseguró Estuardo-. Así que nadie les presionaba, ha dicho, y que, como mucho, se sintió influido por… ¿cómo ha dicho?… chocar con el autobús blanco. Señor Iturralde, ¿usted sabe con qué arbitro ha perdido más veces el Real Madrid en su campo en toda su historia?

– Sí, je, je, je -se le escapó una risa nerviosa-, conmigo.

– Así es. ¿Y sabe usted, por un casual, quién es el segundo?

– Jo, jo, jo -aquí la risa pasó de nerviosa a siniestra-, sí, fue con mi abuelo.

Entre el público se extendió un murmullo y se pudo escuchar algún que otro improperio, “todavía se ríe el hijop…”.

– Exactamente -asintió Iturralde-. Luego no parece que a los Iturralde les afectara mucho haber chocado con el autobús blanco. Diecisiete años en Primera y el ascenso a la internacionalidad, aunque luego apenas le dieran partidos.

– Llegué a pitar partidos de Champions -contestó Iturralde, cuyo temblor de piernas se trasladaba al resto del cuerpo, lo que provocaba una cierta incomodidad para cualquiera que estuviera viéndolo en ese momento.

– Apenas ocho. Y nunca fue designado para partidos de Mundiales ni Eurocopas. Su nivel era apreciado aquí por el sistema de los señores Sánchez Arminio y Enríquez Negreira, pero no por la UEFA, ni la FIFA.

– ¡Estuve siempre entre los árbitros mejor considerados por el sistema!

– Lo sabemos, señor Iturralde, lo sabemos, no se ponga nervioso. Precisamente aquí estamos enjuiciando ese sistema, por lo anormal de su funcionamiento, por premiar a árbitros como usted, que perjudicaban a unos clubes y favorecían a otros, como puede extraerse de las estadísticas de su carrera. Usted tiene otro récord con el Real Madrid y es que nadie ha expulsado tantas veces a su capitán como usted, ¡luego no nos venga con que pitar mal al Real Madrid podía perjudicar a su carrera! Que el máximo rival del equipo que pagaba a Enríquez Negreira perdía con usted el 25 por ciento de sus partidos, que era uno de los peores de toda la competición para ellos.

Iturralde volvió a secarse el sudor con el clínex que sacó del bolsillo, pero lo tenía tan húmedo que se le quedaron pegados varios trozos de papel en la sien izquierda y cerca de la mejilla. Su aspecto era tan deplorable como el hedor que se respiraba en la sala.

– Usted -prosiguió Estuardo- fue designado tres veces para pitar el partido por excelencia de la Liga española y en las tres ocasiones ganó el equipo que pagaba a Negreira. Once goles a favor y ninguno en contra.

– Aquel era un gran equipo -contestó entre temblores-, tenía a muchos de los mejores jugadores del mundo, algo bien harían.

– Claro, era un equipazo, eso no se ha discutido nunca en este juicio. Lo que se discute es que se premiara a los árbitros que no eran neutrales, que se recompensara a los afines al sistema de Negreira, es decir, a los que favorecían al Barcelona o perjudicaban al Real Madrid. Entenderá que se dude de su imparcialidad cuando usted se da abrazos con algunos periodistas para celebrar el 2-6 del Barcelona en el Bernabéu.

– Yo solo puedo decirle que el noventa por ciento de los árbitros son madridistas.

– ¡Y dale! Me está usted recordando al presidente de LaLiga, ¿lo sabía? Le cuestionan por la posible corrupción del Fútbol Club Barcelona y usted contesta: “es que el Madrid…”.

– Pues tan a disgusto con el sistema no estaría el Madrid cuando es el único equipo con un “hijo” de Negreira como delegado.

– Qué barbaridad acaba de decir-le recriminó Estuardo-. Supongo que está comparando tener a un excolegiado en nómina como Megía Dávila en funciones de delegado arbitral, con un sueldo en torno a treinta o cuarenta mil euros y todo debidamente acreditado, con pagar varios millones de euros durante diecisiete años al vicepresidente en activo de los árbitros a través de una serie de sociedades interpuestas. Igualito.

Ellos, que siempre dicen que hay que acabar con todos los “hijos” de Enríquez, tanto que se quejan, pues su delegado fue árbitro -respondió. Y con el final de la frase, la gota de sudor que colgaba de la punta de su nariz se desprendió con la misma gracia que Falete en aquel concurso de saltos de trampolín.

– No deja de sorprenderme usted -continuó Estuardo tras una breve pausa-. Mire, el “sistema”, el “Tinglao”, como lo definen algunos en redes sociales. Voy a leerle otro párrafo y usted me dice qué opina… -buscó entre sus papeles y leyó-: “Creo que está de más que los árbitros voten al presidente de la Federación”, porque, “es necesario que el arbitraje sea independiente, difícil que se garantice esa absoluta independencia cuando suman los votos. Luego le pedimos peras al olmo y que no se ponga en duda nuestra profesionalidad y honestidad”, “cuando algunos candidatos tienen, de alguna forma, el control de los votos de los árbitros”. “Es lo que se entiende como un sistema clientelar, un círculo de favores donde me tienes que dar para que yo te dé, luego de tu interés depende facilitar mi poder”.

– Pues… qué tengo que decir, que me resulta familiar -contestó el excolegiado vasco.

– ¿Y no le parece que en cierto modo define lo que es el Negreirato? Controlar a los árbitros es un círculo de favores en el que todos se benefician, mire, le leo otro párrafo, “y digo clientelar, porque aquí no fluyen los sobres con papeles, porque de lo contrario, tendríamos que hablar directamente de jerarquía mafiosa”.

El testigo se quedó en silencio, parecía como si ya recordara. Se volvió a secar el sudor y trató de controlar su temblor corporal.

Lo escribió usted, señor Iturralde González. En el diario As, en 2017. Sin quererlo y hablando de otro asunto, estaba definiendo el funcionamiento del CTA y de la Federación Española de Fútbol.

– Abogaba por la independencia del colectivo arbitral -se defendió.

– Sí, pero estaba dando a entender que podían ser manipulables y que los favores se pagan, no necesariamente con dinero, sino con otro tipo de recompensas. Y llama aún más la atención que, sabiendo todo lo dicho, hiciera campaña en su día por el candidato de Joan Gaspart y Enríquez Negreira a la presidencia de la Federación, el señor Ángel María Villar.

Tras un prolongado silencio, incómodo por la gestualidad del interpelado, este solo supo responder:

– Pues sepa usted que Villar era madridista.

¡Booooom! No se oyó, pero se sintió en la sala. El fiscal Jaime Estuardo se había encontrado con tipejos de la peor calaña a lo largo de su carrera: narcotraficantes, asesinos, delincuentes de navaja, pero también de cuello blanco, evasores del fisco… Pero en esos momentos estaba convencido de que pocas veces había encontrado un testigo que no respondiera a una sola de sus preguntas, sino que contestara a todas movido por su resentimiento hacia otra entidad o persona. En casos así, solo cabía dejarlo por imposible.

– Señor juez, miembros del jurado, dejo al testigo por imposible. Solo quiero que conste en acta una última prueba que pretendo dejar aquí, una ínfima muestra de lo que se premiaba en el Comité Técnico de Árbitros de los señores Arminio y Negreira, regado con millones por el Fútbol Club Barcelona. Señor Iturralde, ¿qué opina de esta jugada?

No es ni falta. Es una jugada donde Araújo le pone la mano por encima del hombro al delantero en la disputa del balón y este se deja caer.

– Muy bien. ¿Y esta otra?

Es roja, no hay duda. Es clarísima. No hay ni que verlo. Militao no quiere hacer falta, pero se la saca el jugador del Levante.

– “No hay ni que verlo”, usted lo ha dicho. Viste de blanco y los otros de azulgrana, y con eso era suficiente. Y así es como se asciende en el escalafón. No haré más preguntas, señoría.

Estuardo se volvió hacia su banco y buscó un pequeño envase de colonia que llevaba siempre en su maletín. Se echó un poco por el cuello y las muñecas. La abogada Luisa Ramírez se levantó y se acercó al testigo. Tampoco mucho.

– Eduardo Iturralde González. Ha dicho usted que apenas conocía los servicios que prestaban tanto el señor Enríquez Negreira como su hijo.

– Sí, apenas nada, la charla que les he contado y poco más.

– ¿No comió usted en el restaurante propiedad de la pareja del señor Enríquez Negreira en alguna ocasión?

– Pues… no lo recuerdo. Hace ya tiempo, sabe, y con el tiempo, esas cosas no se recuerdan con claridad.

– En declaraciones ante la Guardia Civil, uno de sus asistentes en 2010, Jon Núñez, afirmó que el señor Enríquez Negreira les invitó a comer y a cenar el mismo día de un Barcelona-Real Madrid.

– No lo recuerdo -balbuceó Iturralde.

– ¿Tampoco recuerda que el hijo de Enríquez Negreira los llevara al Camp Nou ese día o algún otro?

– Pues… no, la memoria a veces juega malas pasadas -se excusó-. Pero no recuerdo al hijo de nada, de ningún servicio de coach, ni de traslados.

– Ya. Pues su asistente cifra en al menos cinco veces las que el hijo le llevó al estadio junto con su equipo de ayudantes -no hubo respuesta, así que la abogada continuó-. La memoria, claro, a veces le falla. A ver si no le falla en esta ocasión. Dice usted que Florentino Pérez le arrinconó y trató de meterlo en una sala del Santiago Bernabéu para presionarlo.

– Sí, así fue, eso lo recuerdo perfectamente.

– Florentino, con su 1,65 y una edad avanzada, empujándolo como un matón a usted, que, como árbitro, estaba en plena forma ¿y mide? ¿1,75?

– Un poco más, 1,77.

– Me cuesta hacerme a la idea. Y primero dice que le metió en una sala, pero luego que no le dejó entrar en el cuarto de los árbitros…

– ¿Acaso esto es un juicio en el que se me cuestiona?

– ¡Por supuesto que es un juicio en el que se cuestionan todos los testimonios de los testigos! ¿No se había dado cuenta aún? Tratamos de encontrar pruebas, certezas, y con testigos como usted es imposible. Mire, esto es una prueba, ¿sabe lo que es?

Es el acta del partido al que hacía usted referencia, el mismo en el que, supuestamente y siempre según sus palabras, Florentino Lucabrasi Pérez lo arrinconó a empujones y le pidió… no nos ha dicho lo que supuestamente le pidió. ¿Nos lo puede aclarar?

– Me dijo: “Solo os pido que me pitéis igual que al Barça”.

– Eso es, al menos en su imaginario, porque al Barça le pitaba de una manera y al Madrid, de otra. Y dice que lo comunicó al CTA, lo único es que aquí, en el acta, junto a su firma, aparece escrito “sin incidencias” de ningún tipo. Señor Iturralde González, usted no pasaría la máquina de la verdad. Bueno, no hace falta decirlo porque ya se sometió al polígrafo en un programa de televisión y fracasó de manera estrepitosa.

La abogada se acercó a la mesa del juez, depositó el acta como prueba número 324/06 y continuó:

– Señores y señoras, miembros del jurado. Les ruego tomen en su justa medida las palabras de este testigo, cuya fiabilidad ha resultado ser más bien escasa. Del testigo sí sabemos al menos una cosa: que la Guardia Civil no lo está investigando por un aumento excesivo de patrimonio, al contrario que ocurre con otros árbitros investigados a raíz de esta causa. La única propiedad que tiene a su nombre fue embargada hace un año por la Agencia Tributaria. Es difícil dilapidar ese salario de árbitro internacional percibido durante tantos años, pero algo así le ha ocurrido a numerosos exdeportistas por una mala cabeza o por adicciones varias. No haré más preguntas, señoría.

Iturralde González no esperó ni a que le dieran permiso y salió corriendo hacia el baño. El juez apuntó unas últimas notas en su libreta, tomó el mazo y, dando tres golpes, concluyó:

– Se cierra la sesión. Y por favor, ventilen la sala.

Capítulo 9 – Árbitros en activo (I)

Cuando el ordenanza “Bull” pronunció el ya conocido “en pie, preside la sesión el honorable juez Aguilar”, algunos de los intervinientes no se habían situado aún en su sitio. No solo Enríquez Negreira estaba ausente, as usual, sino que Joan Laporta estaba departiendo amigablemente con algunos de los miembros del jurado popular. Al abrirse las puertas de la sala, Laporta trató de volver con celeridad a su asiento, pero estuvo a punto de chocar con el juez y uno de sus asistentes, que recorrían un camino similar al suyo. “Disculpe”, murmuró entre el jadeo que el maratón de ocho metros le provocaba. El juez Aguilar frunció el ceño antes de tomar asiento y se quedó mirando al presidente del Barcelona mientras ocupaba su lugar en el banquillo de los acusados. Dejó la libreta, un par de carpetas y los rotuladores sobre la mesa, acercó el micrófono a la boca y con una voz tenue indicó:

– ¿Pueden los letrados acercarse un momento?

Scotto por la defensa, Estuardo por la fiscalía y Luisa Ramírez por la acusación particular se acercaron al estrado del juez.

– Le ruego, señor Scotto, que indique a los acusados que deben abstenerse de entrar en contacto con el jurado -Scotto torció levemente el gesto-. Entiéndalo, no es admisible, ni ético, y no resulta en absoluto recomendable. Por no decir que me parece un comportamiento altamente reprobable.

– De acuerdo, señoría, se lo haré saber. Solo quería hacerle notar que no han sido más que unas fotos que algún miembro del jurado…

– ¿Algún o “algunos”? -puntualizó la abogada.

– Un par… -respondió Scotto-, tres, como mucho, nada más. Algún miembro del jurado ha pedido hacerse una foto con el presidente de una entidad histórica aquí en Barcelona, como el club de fútbol, posibles simpatizantes, nada más, y este les ha regalado unos pines y un par de fotos firmadas, nada más.

El juez Aguilar se quedó perplejo. Miraba fijamente al abogado defensor.

– Para garantizar la neutralidad del jurado, supongo -pronunció con sorna.

Nada más que unos pines, señoría -añadió Scotto.

– Por solo “unos pines”, señoría, algunos dijeron que un árbitro se había dejado comprar en un Villarreal-Real Madrid.

El juez Aguilar seguía sin cambiar de gesto, hasta que finalmente se pronunció:

– Letrado, “nada más” le voy a decir una cosa: si no es capaz de comprender la importancia que puede tener el hecho de que un acusado haga regalos al jurado, sean del tipo que sean, me parece que va a tener muy difícil defender a sus representados. Diga a su cliente, e insístale varias veces, porque ya nos vamos conociendo en esta sala, que no se acerque al jurado, que no tiene ni que dirigirles la palabra. Nada más. ¿Le queda claro?

– Sí, señoría -asintió Scotto-. Puedo no compartir su preocupación, pero entiendo que es lo más recomendable por estética.

– Igual que pagar al jefe de los árbitros -puntualizó Luisa Ramírez de manera quisquillosa-. Una mera cuestión estética, sin duda.

Los abogados volvieron a sus lugares, excepto Scotto, que se acercó a Laporta para decirle unas palabras al oído. El presidente del Fútbol Club Barcelona negaba con la cabeza, hinchó la papada y cerró los ojos con una mezcla de indignación e incredulidad mientras soltaba un “brrrl, el madridismo sociológico lo invade todo”. Scotto quiso salir del paso cuanto antes, así que se dirigió a los asistentes y dijo en voz alta y clara:

– ¡La defensa llama a declarar a Don Alejandro Hernández Hernández!

Se abrieron las puertas y apareció un cuarentón con aspecto saludable, más pelirrojo que rubio, bien vestido, quizás hasta coqueto… un rostro muy conocido para cualquiera que siguiera la liga española de fútbol. Tomó asiento y Scotto, antes de comenzar el interrogatorio, se dirigió hacia el jurado:

– Señores y señoras, miembros del jurado: hasta ahora han desfilado por este juzgado numerosas personalidades del ámbito directivo del fútbol, expertos en su área que han acreditado la profesionalidad con la que se trabaja en el deporte español, tanto en sus órganos federativos como en el arbitraje (Cerca de la ventana pasó una bandada de gaviotas cuyo graznido sonaba como una estruendosa carcajada). En estas próximas sesiones hablaremos con algunos de los mayores representantes del arbitraje, árbitros en activo que han recibido numerosas críticas por parte del madridismo y de la prensa madridista. Varios de ellos son veteranos que han sufrido en sus carnes que se dudara de su profesionalidad.

Se acercó al testigo:

– Don Alejandro Hernández Hernández, usted ha sido uno de los árbitros más criticados por ciertos sectores del madridismo, pero lo cierto es que, si uno revisa sus estadísticas con el Fútbol Club Barcelona en Liga, no son nada “favorables”, por utilizar el argot que se ha empleado en anteriores sesiones en esta sala, ¿a qué cree que se debe?

“Madridismo sociológico de manual”, se escuchó decir a Laporta hacia su derecha.

– No lo sé, señor, a mí me han acusado de muchas cosas desde que soy árbitro de Primera División, hasta de hacer perder una Liga al Barcelona.  

– Precisamente quería hablarle de un error muy sonado que perjudicó al Fútbol Club Barcelona, aquel gol no concedido al equipo catalán, que le habría supuesto un triunfo en el Villamarín y los tres puntos.

Cuando llevas 12 temporadas en Primera División si nos dedicamos a recordar los errores del pasado, también estaría bien recordar los aciertos. Pero si hablamos de aquel error, ya lo expliqué en su momento, no me escondo. Acudí al plató de Movistar y lo dije, cuando terminó el partido y vi la imagen, evidentemente te quedas tocadísimo. Sería mentir si dijera lo contrario. Al final está en juego tu prestigio profesional, el no haber podido ver una jugada tan groseramente clara te hace un daño mediático y futbolístico importante.

Cada vez que Laporta hablaba hacia Bartomeu en lo que él creía que era voz baja, se escuchaba algo parecido al jadeo de un búfalo y se le entendían perfectamente sus palabras: “vaya robo, nos tangaron una liga”.

– Entonces, por seguir con la teoría que se ha defendido en esta sala sobre los pagos del Fútbol Club Barcelona a Negreira y su influencia en los partidos, ¿cómo encaja con este tipo de errores? -preguntó Scotto.

– Mire, en esa misma acción hay un posible penalti a Neymar -respondió Hernández Hernández-. Había dos posibilidades de tomar una decisión a favor del Barcelona, si tan predispuestos estábamos a pitar a favor de ellos, ¿qué pasó ahí?

– Eso mismo se pregunta cualquiera que sepa un poco de fútbol -afirmó Scotto con aires sentenciosos-. Y ya puestos, ¿qué pensó cuando saltó el caso Negreira?

La primera sensación fue que era fake. Entonces ves que había un vínculo y ya tienes que aceptarlo, que es una realidad. Lógicamente hay que dar explicaciones a la gente de la calle, pero las tienen que dar quienes han pagado y quienes han cobrado, porque son los responsables, y tienen que explicar el porqué. Nosotros, que éramos ajenos a esa situación, no podemos dar ninguna explicación porque no la tenemos.

– ¿Negreira tenía algún tipo de relación, de ascendente, de autoridad, sobre ustedes?

El poder que tenía es algo que tienen que responder los que estaban en aquel momento, porque no era una cuestión de vas a subir porque sí, había un comité técnico. La relación con nosotros era prácticamente inexistente.

En todas las vistas previas, Enríquez Negreira había mantenido dos actitudes bien distintas. Unos días tenía la vista perdida y apenas mantenía contacto visual con los comparecientes. Pero en otras ocasiones, como en la presente, se le veía muy atento, con la vista fija en las palabras del testigo, en especial, cada vez que se mencionaba su nombre.

– La Guardia Civil ha investigado a varios de ustedes por un incremento en su patrimonio, hay un informe que habla de un incremento exponencial, quién sabe si buscando que a ustedes les hubiera llegado un dinero extra, ¿qué tiene que decir a esto?

Todo el patrimonio que pueda tener encaja a la perfección con lo que he podido ganar en mi profesión y se ha obtenido lícitamente. He arbitrado 12 años en Primera División y 5 años en Segunda. Son tres propiedades, el informe miente porque me atribuye una en Las Palmas que no conozco. Nada que deba extrañar a nadie.

– Así lo cree la defensa, señor Hernández Hernández, solo quería darle la oportunidad de manifestarlo en público. Muchas gracias por su testimonio, no haré más preguntas.

Scotto se volvió satisfecho hacia su asiento y en su camino se cruzó con el fiscal, Jaime Estuardo, quien mostraba un rictus de cierta indiferencia.

– Con la venia, señoría -comenzó-, la defensa insiste en la teoría de la compra de árbitros, una teoría que no ha sido mantenida prácticamente por nadie en esta sala. En este juicio no hablamos de eso, sino de la compra del sistema entero, del poder arbitral, a través de la persona que, como ha quedado acreditado, podía decidir sobre el presente y el futuro de los colegiados, o sobre las designaciones para los partidos. Señor Hernández Hernández, ¿podría indicarnos quién le comunicó su ascenso a Primera División?

– Fue el propio Enríquez Negreira, tras acabar mi quinta temporada en Segunda. Me quedé temblando literalmente, y aún lo estoy. Automáticamente se lo comenté a mi novia, y luego al resto de mi familia y a la gente más cercana. En menos de cinco minutos estaba el móvil echando humo.

– Pero ha dicho que apenas tenía relación con ustedes, ¿por qué se quedó temblando, tanto “terror” les inspiraba?

Él llamaba a los ascendidos y a los descendidos simplemente para comunicar esa información. Cuando salió el tema de los pagos, Victoriano Sánchez Arminio, que en paz descanse, fue el primer sorprendido y traicionado por esta situación -el colegiado miró al techo al mencionar al difunto y se encontró el famoso lamparón de orines y heces de paloma.

– Usted es uno de los árbitros que ha reconocido que se reunió varias veces con el hijo de Enríquez Negreira antes de los partidos para “conversar”.

– Sí, así es -contestó el canario-. Le conocíamos por haber trabajado con la Federación y el CTA en el pasado.

Y a los dos años de llegar a Primera División, usted es ascendido a internacional. ¡Solo dos años! Es una carrera sorprendentemente meteórica. Bien es cierto que no podremos demostrar que los árbitros que se reunían con el hijo de Enríquez Negreira ascendían rápidamente a Primera y luego a internacionales, pero parece haber una cierta causalidad.

– Mire, jamás me dijeron nada de favorecer al Barcelona. Si me pasa, lo hubiera denunciado. Entiendo que desde fuera suena fatal lo que ha pasado y desde dentro es muy difícil de explicar que cómo ha podido ocurrir -se defendió HH.

– Sí, usted asciende muy rápidamente tras una serie de errores, pero curiosamente la UEFA no le da partidos de Champions porque no lo considera suficientemente capacitado para ello. Le asignan apenas dos partidos en ocho años y, sin embargo, aquí lo designan con pasmosa facilidad para pitar los partidos más importantes del Madrid o del Barça.

Es injusto que alguien haya elaborado un informe donde no hay absolutamente nada ilícito. Este tema judicialmente me preocupa cero. Si el máximo exponente del caso Negreira soy yo, pongo la mano en el fuego por mis colegas.

– Todos ustedes tienen una cierta afición por poner la mano en el fuego. O perdone, para ser más exactos, por decir que pondrían la mano en el fuego.

– Ya hemos comentado mis estadísticas con el Fútbol Club Barcelona, si quiere ir por ahí, verá que no son especialmente favorables, apenas gana el cincuenta por ciento de los partidos conmigo.

– Las estadísticas no lo cuentan todo, permítame que se lo indique. En Italia, por ejemplo, el Moggigate no era un caso solo de influencia en los arbitrajes, era también de selección de árbitros afines, de manipulación de las designaciones.

El fiscal se acercó a su mesa, cogió una carpeta de color azul marino y se acercó hacia el testigo y la mesa del juez.

– El Madrid gana con diez en el Camp Nou: usted anula un gol a Bale y expulsa a Sergio Ramos. En su interpretación de las estadísticas, aparecerá como “desfavorable” para el Barcelona porque perdió, pero su actuación estuvo plagada de errores que perjudicaron al rival. Otra, el Madrid empata en el Camp Nou y usted se traga dos penaltis sobre Varane -según ponía ejemplos, el fiscal dejaba fotos en la mesa del juez, a la par que repartía otras entre el testigo y el jurado-. Otra más, vaya, qué mala suerte tenía usted con el francés: el cuarto árbitro le indica que ”es falta de Suárez” a Varane y usted deja seguir la jugada, que acaba en gol de Messi. Ese partido acabó en empate y también suma a favor de sus estadísticas supuestamente desfavorables, ¿quiere que sigamos?

El colegiado, o “culegiado”, como había escrito uno de los periodistas esa misma mañana en su medio, permanecía callado. Finalmente se defendió diciendo:

Yo he pasado momentos malos en el arbitraje por mis decisiones, pero es parte de mi trabajo. Pero claro, este tema es una sentencia social y es injusto.

– Ya, lo entendemos, muy injusto. Los errores se reparten, a veces se favorece a unos, normalmente de azulgrana, y en ocasiones se perjudica a otros que habitualmente visten de blanco. ¡Tengo más! Mire, en ese mismo partido se come este penalti de Jordi Alba a Marcelo, pese a que estaba bien situado, como puede verse en la foto. Usted seguía sin pitar en Champions, ¡pero se le caían los Madrid-Barça de las manos! ¿No le llamaba la atención? Aquí vuelve a errar al no señalar un penalti de Umtiti a Cristiano, pero no se preocupe, que en sus estadísticas, el Barça ganó. Ah, también expulsó a Sergio Ramos en ese partido. ¿Cree que era por eso por lo que se le designaba para los partidos más importantes de cada temporada? En lugar de a los árbitros élite UEFA, como sus compañeros Mateu o Gil Manzano.

El colegiado canario permanecía callado, pero el fiscal seguía mostrando fotos:

– Aquí el Madrid perdió con un gol en claro fuera de juego, y aquí… mi favorito de todos ellos: el Penalba.

Se giró hacia el juez, puso una foto en su mesa y le preguntó:

– Señor juez, perdone que me salta el procedimiento, pero usted, que no es aficionado al fútbol, ¿podría decirnos qué ve en estas imágenes?

El juez se puso las gafas, analizó la imagen, y balbuceó sin mucha seguridad:

– Pues… no me haga mucho caso, porque yo de esto no entiendo, pero… veo a un jugador dando una patada al suelo.

– ¡Exactamente! Patada al suelo que fue convertida en penalti. Y como se falló, unos minutos después, el combo de penalti y expulsión. Última jornada de Liga, por cierto. Quería llamar la atención del testigo sobre las fechas. Usted acaba de contarnos que acudió al plató de Movistar para lamentarse de un error que perjudicó al Fútbol Club Barcelona.

– Así es, fue al acabar la temporada, creo que la 2016-17 -respondió Hernández Hernández.

– Exacto. Acudió al estudio de Movistar en junio de 2017 y aquel error contra el Barça en el Villamarín sucedió en enero de 2017. Cinco meses antes.

– Puede ser, no recuerdo las fechas con exactitud.

– Lo son. Lo sorprendente es que el “Penalba” y su calamitosa actuación en la última jornada de Liga sucedió una semana antes de que fuera al programa, ¿y no se le ocurrió disculparse en términos parecidos? “Me quedé tocadísimo”, “cómo pude fallar en un error tan groseramente claro”, no sé, algo así.

– El error contra el Fútbol Club Barcelona pudo costar una Liga, no sé, quizás por eso -se disculpó el canario.

– No, hombre, no. ¿Sabe usted sumar? El Barcelona acabó esa Liga a tres puntos del Madrid. De no haber mediado su error, la diferencia habría sido de solo uno, pero no habría cambiado el campeón del torneo. Yo creo que usted estaba mandando un mensaje al sistema: pedía perdón por su error contra los que lo controlan. Que no volvería a ocurrir, que estaba “tocadísimo” por su cagada.

– Señor fiscal, le llamo la atención por el lenguaje -le recriminó el juez.

– Me disculpo, lo retiro. Solicito que en la transcripción figure la palabra “error” en lugar de “descomunal cagada” (se volvió de nuevo hacia el testigo). Llama la atención que nunca le hayamos visto disculparse por ninguno de los errores comentados, que no son pocos. Y algunos no son errores, como cuando recibió el aviso de su asistente sobre la falta de Suárez y dejó seguir el juego. Si hasta se le ve hacer el gesto de pitar y frenar el ataque culé.

Hernández Hernández seguía en silencio.

– ¿Sabe usted lo que le ocurrió a aquel árbitro asistente que le avisó de la descomunal cag… del error de dejar seguir el juego? Fue descendido a Tercera. Ricardo Escudero Marín. De asistente en un Clásico a Tercera. Se retiró del arbitraje con 34 años. En cambio, el asistente que justificó a Zidane su decisión se mantuvo en la categoría. Y usted, como todos sus compañeros del CTA, saben todo esto. Con sus palabras en televisión, usted estaba comunicando al “Sistema Negreiro”, a ese sistema que premia y castiga de tal modo, que se encontraba muy tocado por su error, que no volvería a fallar en esa dirección.

– ¡Protesto! -exclamó Scotto-. Está afirmando que el testigo actúa de manera premeditada, le está acusando de prevaricar.

– Se admite -dijo el juez.

– De acuerdo, retiro la última parte de mi argumentario -prosiguió el fiscal-. Su colega de profesión, Xavier Estrada Fernández, publicó en su libro La verdad sobre el caso Negreira detalles muy jugosos del comportamiento de Enríquez Negreira y su control sobre el arbitraje. “La familia” (puso una voz afónica mientras pronunciaba esas palabras). En ese libro aparece usted como uno de los más “oficialistas” del presidente en el momento en que estalla el caso, Medina Cantalejo.

– Me limité a intentar coordinar nuestras acciones como árbitros, firmar un comunicado común, recabar apoyos…

– Ya, al presidente que intentó tapar el escándalo. Por desgracia para la fiscalía, no va a haber un solo árbitro de Primera que reconozca que actuaba influido por este sistema de Negreira y Sánchez Arminio, pero todos ustedes saben desde hace décadas cómo deben comportarse para prosperar en el arbitraje. No haré más preguntas, señoría.

Volvió hacia su asiento y lanzó una mirada al banquillo de los acusados, en el que se encontraba Laporta negando con la cabeza y hablando hacia su compañero de bancada a la izquierda. Aunque se tapaba la boca con la mano, se le escuchó decir perfectamente: “¡era penalti claro!”. La abogada del Real Madrid, Luisa Ramírez, se levantó a continuación y se acercó al banco del testigo.

– Con la venia, señoría. Me gustaría recordar las palabras de un sabio del fútbol cuyas iniciales eran, curiosamente, como las de nuestro invitado: Helenio Herrera. Helenio Herrera, HH, decía que al fútbol se juega mejor con diez que con once. Díganos, ¿es por eso que usted considera que no perjudicaba al Real Madrid en todos esos partidos en que dejaba a mi representado con diez?

– Bueno, seguramente podría defender cada una de esas expulsiones -respondió el “otro” HH-, ahora mismo no lo recuerdo, pero mis motivos tendría.

– El caso es que llama la atención lo fácil que le resulta expulsar a jugadores del Real Madrid y lo difícil que le resulta aplicar el mismo criterio con el Barcelona. En especial, con su máxima estrella durante años, Leo Messi.

El colegiado permanecía en silencio. Su única respuesta consistió en encogerse de hombros y hacer un mohín de indiferencia con la boca.

– Hay numerosas agresiones delante de usted, otras segundas amarillas perdonadas por no dejar sacar faltas, pero quiero destacar una especialmente llamativa, que es aquella en la que Messi le intenta dar un balonazo a usted. ¡Vamos, que ni por esas lo expulsó! ¿Acaso temía los informes “arbitrales” de la familia Negreira? ¿El índice corrector o corruptor? ¿El impacto que podría tener esa tarjeta roja en su carrera?

La abogada empleó una táctica similar a la de su colega Estuardo y acompañó sus frases con una serie de imágenes que se dedicó a repartir por la sala.

– Nadie se atrevía a expulsar a Messi en España, pero es que tampoco se atrevían a hacerlo con Luis Suárez. El “saldo arbitral” que demostraron los informes periciales es muy claro. ¿No se atrevían, tenían instrucciones, o eran conscientes de lo que una expulsión a estos jugadores iba a suponer para el “dedo índice corrector”?

El colegiado canario mantenía silencio, como seguramente le había aconsejado su asesor legal.

– Usted tuvo varias oportunidades para expulsarlo, desde el terreno de juego o desde el VAR. Pero aquí no le estamos juzgando a usted, estamos juzgando a esos señores de allí (señaló hacia el banquillo de los acusados), estamos tratando de saber la influencia de los pagos de los distintos presidentes del Fútbol Club Barcelona (fue señalándolos uno a uno) al vicepresidente de los árbitros (mantuvo el brazo extendido hacia el acusado que daba nombre a la trama) para que se designara a colegiados afines como usted para los partidos relevantes.

– Lo de afín es una opinión suya. Mire, ya que menciona el VAR, no olvide mencionar que la temporada pasada, el Real Madrid derrotó al Almería con tres correcciones que hice yo desde el VAR –se defendió el testigo.

– Claro -confirmó la abogada-, porque el árbitro de campo se había equivocado y usted hizo bien sus deberes al hacérselo saber, para eso está el VAR, ¿no?

– Sí, si te llaman del VAR es que hay un error claro y manifiesto.

– Ciertamente, para eso está. Lo llamativo es que esas correcciones desde el VAR se produjeran dos meses después de declarar ante la Guardia Civil, me resulta curioso. Durante los doce años anteriores, como hemos podido ver por los numerosos ejemplos mostrados, nunca se comportó de esa manera, su tendencia arbitral era otra.

– Siempre fui muy respetuoso con mis compañeros de la sala del VAR -contestó un cariacontecido HH.

– Excepto una vez. Decisiva. Y en aquella ocasión no acudió a ningún plató a pedir perdón, o a decir que estaba tocadísimo. 7 de marzo de 2021.

La abogada sacó tres copias de una foto de gran formato de su carpeta y las depositó con parsimonia y en este orden en la mesa del juez, junto al micro del testigo y en la barrera de separación del jurado.

Diecisiete veces había acudido usted al monitor de VAR avisado por sus compañeros y en las dieciséis primeras cambió su criterio. ¡Diecisiete! Dieciséis veces cambió su criterio inicial, pero en esta ocasión, en un partido entre los dos primeros clasificados del campeonato, ¡en el partido decisivo de LaLiga!, usted decidió no hacer caso del error claro y manifiesto que le estaban corrigiendo desde la sala VOR.

 – Yo no tengo claro que fuera un error por mi parte. Expertos arbitrales como Iturralde González me dieron la razón -se defendió el colegiado.

– ¡Iturralde González! Si esa es la referencia, estamos listos. Ese… señor, por llamarlo de algún modo, ya dejó clara su tendencia al testificar en el mismo banco en el que está usted sentado ahora mismo. Seamos claros, su criterio depende de a quién esté pitando, arbitra condicionado, como todos los de su colectivo. Sabedores de que una decisión podía hacer que promocionaran o descendieran. Usted mismo ha ido al monitor del VAR más de una vez para pitar manos mucho menos claras, como esta, por ejemplo:

– Si es que el balón está en el hombro del jugador, no es un brazo separado como el de Felipe. Sin embargo, como he repetido varias veces, aquí no se les juzga a ustedes, sino a estos señores, a los que mantenían este sistema. Mayo de 2021, apenas dos meses después. En esa misma temporada en la que usted no quiso pitar la mano que su compañero le indicó desde el VAR que debía pitar, con las consecuencias que ello tuvo en el sentido de privar del título a mi representado, usted fue designado, ¡premiado!, como árbitro asistente de Mateu Lahoz en toda una final de Champions.

– Bueno, ya había sido elegido mejor árbitro de la temporada unos años antes -se justificó HH.

– El CTA siempre premia a los que mejor cumplían sus designios. Y a usted, señor Hernández Hernández, le daban siempre esos partidos porque toda su vida le han tirado ciertos colores. Por casualidad, ¿ha visto usted El secreto de sus ojos, la película argentina?

El árbitro hizo una mueca de extrañeza y negó con la cabeza, así que la abogada continuó:

– Uno de los personajes le dice al protagonista que se puede cambiar de todo, “de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios, pero no puede cambiar de pasión”. Y su pasión desde pequeño es el Fútbol Club Barcelona.

– Pero eso fue una entrevista que me hicieron con nueve o diez años -protestó el canario.

– Recuerde, no se puede cambiar de pasión. Y otro compañero de profesión, Rafa Guerrero, camino a un partido en Huelva, le vio a usted celebrar un gol del Barça. (HH emitió un gesto de fastidio y movió la cabeza hacia ambos lados) Pero no le culpo por eso, entiéndanos. Culpo a los que compraron el sistema para asignar los partidos más importantes de cada temporada a un culé que no disimula con el silbato.

– ¡Protesto! -dijo Scotto-. Nuevamente está emitiendo juicios de…

Antes de que el juez resolviera, la abogada se adelantó:

– No se preocupe, letrado. Retiro mis juicios de valor. Si el problema no es con estos señores, sino con estos otros (señaló de nuevo al banquillo de los acusados). No haré más preguntas, señoría.

El juez resopló, como al final de cada sesión, pidió a su asistente que guardara las fotos que habían dejado en su mesa, cerró la libreta y sus carpetas, y golpeó con el mazo para dar por finalizada la sesión. Estaba más agotado que Iturralde defendiendo todas las decisiones arbitrales de la carrera de Hernández Hernández.