Everest, por Travis


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Tenía ciertos recelos ante esta película después de ver el tráiler, porque todo apuntaba a la glorificación de la gesta épica de unos alpinistas en la montaña más alta del mundo. En opinión de los expertos, no es la más peligrosa, ni la más difícil técnicamente, pese a que se ha cobrado unas 240 vidas en sus laderas. El tráiler, todo hay que decirlo, sí te dejaba con ganas de verla, por la Sigue leyendo →

Terminator… y Apocalipsis, por Travis

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“La batalla contra las máquinas ha comenzado”. Y no me refiero solo a la saga Terminator, sino a la realidad que vivimos en 2015, a la que dedicaré un apartado al final del comentario sobre Terminator: Génesis.

Continúo y concluyo mi especial sobre Terminator, advirtiendo al lector de que aquí sí voy a destripar toda la película, voy a comentar lo que me ha gustado y lo que me ha cabreado, y por supuesto, hablaré de las incongruencias de guion. De las que admitimos, y de las que no perdonamos. De lo que son homenajes y de lo que son copias descaradas por falta de imaginación.

Estáis advertidos entonces: spoiler a saco. Sigue leyendo →

Terminator: Génesis y…, por Travis

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Antes de nada informo a los posibles lectores de que esta entrada no contiene spoilers de Génesis, no hablo del final, de los giros o sorpresas de guion, y apenas mencionaré la trama de la nueva película de Terminator que, bajo el título Terminator: Génesis, se estrenó en julio. Todo eso lo dejo para la entrada que colgaré en próximos días titulada: Terminator: …y Apocalipsis. Sí hablaré lógicamente de las anteriores películas, porque doy por hecho que cualquiera con la paciencia suficiente para leer este texto, las habrá visto y no le estropearé nada. Dicho lo cual y establecidas las reglas, vamos allá.

El cariño a ciertas sagas

Pues sí, le tengo cariño a esta saga, y no debo ser el único, porque cuando fui al cine a verla conté exactamente seis personas en la sala. Incluyéndome a mí. Una pareja (me imagino al chico convenciendo a su novia de que esta era la mejor película de la cartelera esa día), y cuatro tipos solitarios, cada uno en una fila distinta. Cuatro tíos que por alguna razón habíamos decidido que queríamos invertir nuestro dinero y parte de nuestro tiempo de vacaciones en una saga que ya daba muestras de estar finiquitada con la tercera entrega (2003). Ese cariño te hace ser condescendiente con algunas inconsistencias del guion y tragarte cosas que no tolerarías en otras películas. Qué le vamos a hacer, no es una opinión imparcial, está condicionada por el afecto.

Pero esos otros tres tipos como yo, frikis que vamos al cine a divertirnos y no a criticar lo que vemos, tenemos la sana costumbre de coger aprecio a las sagas, sobre todo a las buenas, por más que a veces se empeñen en quitárnoslo a base de pésimas secuelas. Por ejemplo, con Indiana Jones. Tenía que haber terminado con La última cruzada, que para algo era la última, y más contando con Sean Connery. Nada bueno podía aportar una secuela como El reino de la calavera de cristal, y menos veinte años más tarde.

O Matrix, una de las tres enormes películas de 1999, junto a American Beauty y El club de la lucha. El primer Matrix es una obra maestra absoluta. Los hombres frente a las máquinas en un futuro apocalíptico, como Terminator. Aguantamos bien la segunda por algunas escenas de acción y por el grato recuerdo de la primera. La tercera,… Buff, estás deseando que termine. No he vuelto a verla, lo cual es una señal.

O Alien. Tras la genial de Ridley Scott vino la magnífica secuela Aliens: el regreso, de James Cameron, y ahí tenía que haber terminado todo. Luego, pese a (o quizás por) David Fincher y Jean-Pierre Jeunet la saga se fue al carajo, y degeneró definitivamente con una cosa llamada Alien vs Predator, que no he tenido el ¿placer? de ver. No me interesa. Como Jason vs Freddy, o como Las crónicas de Sarah Connor que emitieron por la tele y a las que dediqué unos dos minutos.

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Sí podrían despertar mi atención los cuatro números de cómic con guiones de Frank Miller que se titularon Robocop vs Terminator. Pero nunca como película.

La saga de Terminator

T2Comienza en 1984, así que el cariño que le tengo vendrá sobre todo porque me devuelve a la adolescencia. La película, con dirección y guion de James Cameron (aunque luego tuvo que acreditar a un tal Harlan Ellison para evitar un pleito), tiene aire de serie B por la escasez de medios, pero lo suple con creces con imaginación. Hace años escuché a Francis Ford Coppola en una entrevista que decía:

I think the smaller the budget, the bigger the ideas can be. And the bigger the budget, the smaller the ideas are and the exploration and the adventure and the challenge.

Haría bien James Cameron en aprenderse esta frase que contrapone imaginación y presupuestos.

T3Los efectos especiales de esta primera chirrían en varios puntos, como el careto de Schwarzenegger tras los disparos o el movimiento del T-800 al final de la película, pero no me importa en absoluto. El presupuesto fue de unos 6 millones de dólares, así que el resultado fue magnífico para los medios de que dispuso. La película es una lección de ritmo cinematográfico desde el primer minuto. Pero ritmo controlado, no eso que ahora llaman «ritmo», que consiste en comenzar con una explosión brutal, mover mucho la cámara durante dos horas, correr y hablar atropelladamente, y destrozar cosas cada vez más grandes.

Schwarzenegger es una máquina implacable de matar y creó escuela, por mucho que se le critiquen sus dotes interpretativas. Es cierto, se repitió en el papel a raíz del éxito de Terminator, pero, ¿me lo parece solo a mí o Javier Bardem copió la figura del asesino implacable que no gesticula en No es país para viejos? ¡Y a él le dieron un Óscar, manda huevos!

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Hace poco volví a ver el principio en televisión, lo cual me vino perfecto para este Terminator: Génesis que se acaba de estrenar, como veremos en la próxima entrada. Y creo que resiste muy bien el paso del tiempo, pese a la incongruencia de que el Reese enviado desde el futuro por John Connor resulte ser el padre del propio líder de la resistencia humana. Incongruencias que sí trataban de explicar en parte en Regreso al futuro un año después, en 1985. Otra saga, por cierto, a la que le perdonamos la tercera parte por ese mismo aprecio que sentimos por las dos primeras. ¡Esto es cine, no buscamos coherencia científica!

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Siete años después de la primera, en 1991, se estrena Terminator II: el juicio final. De nuevo con guion y dirección de James Cameron, y con unos efectos especiales que no habíamos visto nunca, aunque se intuían ya sus posibilidades en Abyss (1989, James Cameron).

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Quizás sea la mejor de toda la saga, entre otras cosas porque ya contaba con más de 100 millones de dólares de presupuesto, y un guion sólido. Con sus incongruencias temporales de siempre, pero un guion sólido.

T13Tanto, que el especialista en guiones Syd Field lo incluyó en su libro Prácticas con 4 guiones, libro que disfruté hace ya varios años y que explicaba los aciertos de esta película.

Resulta paradójico que, al igual que en la primera el viaje al pasado de Reese posibilita el nacimiento de John Connor en el futuro, en esta nos enteramos de que el viaje al pasado del T-800 posibilita todo el desarrollo de Skynet y el nacimiento del T-1000, que aparece en esta secuela interpretado por Robert Patrick.

La peli está muy bien, moooola. La volví a ver entera hace poco. Otra vez. La pillé según empezaba y no pude despegarme de la tele hasta el final. Me gusta todo. Bueno, casi todo. No me gusta Edward Furlong, el John Connor adolescente. Yo hubiera dejado al Terminator que se lo cargara, y hubiera nombrado líder de la resistencia a su madre, Sarah. El personaje que interpreta Linda Hamilton en esta secuela ha evolucionado considerablemente desde la primera, se ha puesto cachas, se ha convertido en una experta en el manejo de armas, y la veo capaz de liderar a la humanidad en esa guerra. Pero al niñato del Furlong, no, ni de coña.

T4BUn momento intrigante, que ya comentó Lester en Mis teorías de la conspiración favoritas: en la persecución del canal, el aviso que aparece sobre el puente. Caution 9’11». Aviso o advertencia: 11-S. ¡Diez años antes de 2001!

Ahí tenía que haber terminado la serie, con la auto eliminación del bueno de Schwarzie en la fundición. Con el pulgar en alto. Recuerdo que la vi en su día en un cine de Coslada y el tío que tenía delante de mí levantó el pulgar y repitió el gesto hacia la pantalla. Creo que tenía lágrimas en los ojos.

T6Nada aportó Terminator 3: la rebelión de las máquinas, (2003), por mucho morbo que nos diera la Terminatrix, una desconocida (para mí) Kristanna Loken. 200 millones de dólares ya de presupuesto, pero una historia que ya olía y que no aportaba nada nuevo. ¿Que el futuro no se puede cambiar? Pues lo habéis hecho treinta veces en la saga.

La nueva Terminator: Génesis homenajea a las dos primeras películas de la serie (en ocasiones, las copia descaradamente), pero esta tercera dejó tan poca huella que no se ha utilizado nada, ni el T-X que tantas posibilidades ofrecía.

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Terminator Salvation (2009) traslada la acción al futuro, y aunque mejora bastante sobre la tercera, lo cual no era difícil, el interés por esta historia comienza a decaer de modo definitivo incluso para los más fans de la serie. Son tantos los giros del guion y las vueltas de la historia sobre sí misma, que por mucho que los guionistas intentan encajar las piezas, resulta imposible. Tiene a Christian Bale, imágenes impactantes, mantiene las «alfombras» de calaveras y huesos aplastadas por máquinas, la sonrisa calavérica de los Terminators,… pero ya agota. Cansa. Parece que era el principio de una trilogía, pero ojalá abandonen la idea.

Respecto a Génesis, hablaremos la semana que viene, en Apocalipsis. Y la criticaremos. Y alabaremos lo positivo de la misma. Y por supuesto, haremos spoilers a saco.

Cara Travis

 

Lágrimas en la lluvia, por Travis

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“Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.

Así terminaba el discurso del replicante Rutger Batty Hauer al final de Blade Runner, tras una ralentizada proclama sobre la puerta de Tannhäuser, los rayos C en Orión y la madre que lo trajo, proclama narrada con el mismo entusiasmo de Iniesta después de un título importante. Para algunos, este es un momento cumbre de la historia del cine, lleno de poesía, lirismo y sentido metafórico acerca de la fugacidad de la vida. Para mí, como sabe el que leyera mi entrada sobre esta película, es un momento tostón más dentro de una película lenta y a ratos soporífera. Sigue leyendo →

Carta de amor de un cinéfago desentrenado y desenfrenado (Travis)

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¡Buenos días, princesa!

He soñado toda la noche contigo

No se me ocurre mejor modo de comenzar esta declaración que con las palabras de Roberto Benigni en La vida es bella. La entrada de hoy trata de elaborar una carta de amor, pero como en este noble arte noto el desentreno y necesito el desenfreno, utilizaré las palabras de otros y tomaré prestadas grandes frases de películas. cam4 Lo que viene siendo un «Ana Rosa» en toda regla, si bien, como decía el cartero Massimo Troisi de El cartero y Pablo Neruda:

La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita.

Intentaré no resultar «moñas» y que la declaración sea poco convencional, así que huiré de las manidas frases de amor de cine, que las hay a patadas. Algunas empalagosas hasta el vómito, como aquella tan típica y tópica de Love Story, que sale en casi todas las recopilaciones de citas:

Amar significa no tener que decir nunca «lo siento»

Intentaron que sonara profundo, y la repetían varias veces en la película como para que cam3apreciáramos su trascendencia, pero es que, ¿qué coño se supone que significa? ¿Que no hay que decir «lo siento» ni siquiera tras todas esas veces que la cagamos a lo largo de nuestras vidas? ¿Que no hay que pedir perdón a pesar de que en ocasiones seamos unos auténticos memos con ganas de bronca? Bah, no me extraña que Ryan O’Neal ni parpadease cuando la petarda de Ali MacGraw palmaba en la peli. Debió querer cambiar la frase a la opuesta: «No amarte significa tener que decir que no lo siento, así que me voy a buscar a otra que no diga esas sandeces».

Pero ese no es mi caso y mi formación cinematográfica nada tiene que ver con peliculómetros románticos, así que allá vamos.

cam5 Todo comenzó hace muchos años, con una paciente labor de pico y pala al estilo de Andy en Cadena Perpetua. O como un acercamiento hacia (y posterior conquista de) esa mujer tan especial, al estilo cam6Toy Story y su famoso «Hay un amigo en mí». Y mira que en aquellos años, Cuando Harry encontró a Sally, ya nos advertía Billy Crystal de que:

Ningún hombre puede ser realmente amigo de una mujer que le resulta atractiva.

Siempre quiere tener relaciones con ella.

Otra película de fugas, La gran evasión, la mejor del género para quien esto escribe, dice en un contexto completamente distinto que La vida de un hombre no vale nada si no vive de acuerdo con su conciencia. Y mi conciencia, viendo a esa chica, hablando con ella, me decía, como Woody Allen en Toma el dinero y corre, que:

 Sabía que estaba enamorado. En primer lugar, sentía náuseas.

Así que tengo que darle la razón a Billy Crystal y afirmar que tras la amistad vino el cariño, la relación, el amor, y todo lo demás. CAM2cam12

Y no hablo, porque no sería propio de caballeros de «¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?«, que dijo Groucho Marx. O Manuel Gómez Pereira.

Mamá siempre decía: «La vida es como una caja de bombones, nunca sabes el que te va a tocar”.

El bueno de Forrest nos regaló una película repleta de grandes frases, y en la referida a la caja de bombones y la elección que te brinda la vida, reconozco que fui tremendamente afortunado. Tan afortunado, que pude emular a Vito Corleone y me dije:

Le haré una oferta que no podrá rechazar cam7

Y pese a que “Nadie es perfecto”, ella aceptó. Quizás le dije como Billy Harry Crystal (de nuevo) que «quiero que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches«. Y antes de caer en la blandenguería contraatacaré otra vez con Groucho Marx:

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

Y no deja de ser una broma, porque desde entonces, como Gary Cooper hacia el final de El orgullo de los yanquis puedo decir que “Me considero el hombre más feliz sobre la faz de la Tierra”.

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No sé si encontré el «amor verdadero» a la manera de La Princesa Prometida, porque según Groucho, «el verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida… y luego ya no hay quien se lo quite de encima«. Pero tampoco hago nada por quitármelo de encima.

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Hay quien, como a Robert Duvall en Apocalypse Now, le encanta el olor a napalm por la mañana. «Nada en el mundo huele así«. Y lo mismo pienso yo cuando me levanto cada día junto a ella, si bien «ella huele a lo que deben oler los ángeles«, frase cursi donde las haya extraída de una película tan salvaje como Sin City.

Como decía Harry el Sucio: “Alégrame el día”. Y no necesito decírselo, vaya si me lo alegra.

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Todavía podría superarlo si cada mañana, cuando me voy al trabajo, me despidiera con alguna frase mítica, plena de significado para mí, tipo: “Que la fuerza te acompañe”. O si me recibiera por las noches a lo Mae West y su mítica:

¿Llevas una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?

“Y francamente, querida, me importa un bledo” resultar pedante o cursi, es lo que siento. Como decía Dorothy al final de El mago de Oz: “Se está mejor en casa que en ningún sitio”.

Otro gran maestro de los pensamientos profundos, Gandalf el Blanco, del que mi chica nunca sabrá que es más sabio que Gandalf el Gris, dijo:

Cada uno decide qué hacer con el tiempo que le es dado.

Y en ese punto tengo clarísimo qué quiero hacer y dónde quiero estar. Y con quién. Una de las razones me la dio el borde de Jack Nicholson en Mejor imposible:

Y por supuesto, “siempre nos quedará París”, como decía Ingrid Bergman, Ilsa en Casablanca. Y “mañana será otro día”, como decía la Señorita Escarlata. Todo en mi vida es cine, frases de cine, historias de cine, y por eso quizás, al acabar el día fundido, derrengado, como Rocky Balboa al final de su combate, mis palabras son para ella, de cine, universales, archirrepetidas, como en este vídeo que recopila esos grandes momentos de ternura del cine:

Pero hay un vídeo que me gusta más que este de los “I love you” del cine, que es el de los besos robados o censurados de Cinema Paradiso, acompañados de la maravillosa música de Ennio Morricone:

Termino ya. Recomiendo al que no la haya visto, que vea Una cuestión de tiempo, de Richard Curtis. Sus últimos minutos podría haberlos escrito yo mismo:cam19

Todos viajamos a través del tiempo juntos, cada día de nuestras vidas. Solo podemos esforzarnos por disfrutar de este notable viaje.

En mi caso, hago el viaje en la mejor compañía posible. El mismo protagonista nos recuerda después que:

La verdad es que ya no viajo, ni siquiera para revivir un día. Trato de vivir cada día como si hubiera decidido volver a ese día, de disfrutarlo como si fuera el último día entero de mi extraordinaria vida ordinaria.

Y estas frases me recuerdan al final de American Beauty, a ese Lester Burnham que me hace ver que: cam20

Y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida.

El Francotirador, por Travis

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Clint Eastwood siempre ofrece algo interesante. El que fuera Harry Callahan, el que para mí siempre será Harry el Sucio, tiene una colección de peliculones tremendos como director, muchos de ellos rodados después de cumplir setenta años: Million dollar baby, Mystic river, Gran Torino, o las dos versiones sobre la batalla de Iwo Jima, Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima.

frt2bHoy cumple 85 años, pero con 84, Sigue leyendo →

Todo sobre mi madre (Travis)

Con mi madre no he ido mucho al cine, al contrario de lo que ocurría con mi padre y esas grandiosas tardes de sesión continua. Sin embargo, sí compartimos muchas veladas de cine en casa, sobre todo con los ciclos de cine clásico que solían poner los lunes en La2 (entonces llamado «el guachefe»). En casa éramos tantos que teníamos dos teles en el salón, que hacía las funciones de comedor, cuarto de estar y… Sigue leyendo →

Segundas partes que nunca se rodarán (y III), por Travis

Blade Runner Returns

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El primer problema que se encuentran los productores para esta secuela es conocer el punto de partida. ¿Continúa la historia después del primer final estrenado? ¿Continúa tras el primer montaje en DVD? ¿O tras el Director’s Cut de 1992, o el montaje final de 2007? La mayor duda es saber si Deckard (Harrison Ford) es un replicante o no, porque está claro que Sean Young, ahora Sean Old, lo es. Así que la historia comienza con la depresión de Deckard por las dudas existenciales acerca de sí mismo y por el fracaso de su vida sentimental. Su vida con la replicante es un desastre, los coitos son aburridos porque estos bichos no muestran emoción alguna. Un «¡oh!» es lo más cercano a un orgasmo que pueden emitir. En una de las conversaciones, Deckard le increpa:

– No entiendo cuando la gente describe como algo maravilloso que en la cama su mujer es una máquina.

Como los replicantes tienen una vida limitada a cuatro años, Deckard se pasa contando los días hasta que finalmente una mañana, Sean Old se queda «cuajaica» en un sillón, como una figura de cera inerte:

– Tienes la misma expresividad que cuando te movías.end2

Pero Deckard necesita saber si él es también un replicante o no. Gaff fue desenchufado después de dejarles huir en la primera, y reciclaron su endoesqueleto para fabricar origamis. A Deckard no le queda más remedio que acudir al Creador, papel que interpreta el propio Ridley Scott. Mucho decorado ultramoderno, carteles de neón con marcas que ya no existen, polución a manta, una lluvia pesada,… Beijing en unos años. El Creador recibe a Deckard con un batín de seda con las iniciales S.S.A. Cuando Deckard le pregunta por su origen, al Creador se le escapa una carcajada:

– ¡Pues claro que eres un replicante! ¿Cómo un humano iba a hablar tan despacio como tú? Eres un modelo 2.0 de los Nexus, esa versión defectuosa que dio tantos problemas. Te implantamos unos recuerdos, pero tienes pocas prestaciones, hablas muy lento, no puedes sonreír,…

– Pero… no puede ser,… llevo viviendo casi ocho años…

– Claro, es como los móviles antiguos, que tienen menos funciones pero la batería dura el doble –le pasa un escáner por los ojos-. Te pasa como a los concejales defectuosos, que en lugar de durar cuatro años, aguantan ocho. A veces más.

– ¿Entonces?

El Creador mira la pantalla del escáner:

– Te quedan 23 días antes de apagarte.

– Pero… no puede ser, tengo muchas cosas por hacer en la vida como… (se queda pensando, se supone que el momento es poético-trascendental-existencialista, pero en realidad, se pasa casi un minuto en silencio)… no sé, pero no me puedo marchar todavía.

– ¿De verdad hay algo que creas que puedes hacer con tu vida?

– No sé -dice Deckard-, será por los recuerdos implantados, pero me veo haciendo de arqueólogo aventurero o vaquero espacial hasta los 70 años. O estrellando mi propia avioneta en Kentucky. Así que no todo está perdido. Puede haber un futuro.

El Creador le mira con pena, y le propone un trato:

end3 – Hay un asesino suelto, un replicante del tipo Havier-3, que está eliminando todas mis creaciones anteriores. Acaba con él y yo te prolongaré la vida. Te puedo insertar este chip que he desarrollado en los últimos tiempos. Todavía está en fase experimental.

– ¿Y funcionará?

– Casi seguro. Lo que sí te garantizo es que mejorará tus prestaciones.

– ¿Adquiriré superfuerza, invulnerabilidad? ¿Seré más rápido?

– Serás más rápido… hablando, que hasta ahora estabas en modo 45 revoluciones y la verdad es que cansas bastante.

Deckard se marcha con una misión. Llueve. No muestra alegría porque es tan expresivo como su compañera en estado vegetativo, pero al menos tiene algo por lo que luchar. El replicante Havier-3, interpretado por Javier Bardem con el pelo oxigenado, es un tipo malencarado y con evidentes síntomas de no pasar mucho por la ducha. Los productores ahorran mucho así con la caracterización del personaje.

Llueve todo el rato. Tras varias persecuciones tediosas y una pelea desigual en la azotea de un edificio, Deckard queda malherido y colgando de una cornisa. Llueve a cántaros, esto parece Lekeitio. Havier-3 se acerca en gayumbos y con una paloma gris en las manos (es Beijing, no lo olvidemos). Parece que va a arrojar a Deckard al vacío, pero sin embargo le salva la vida y le deja seguro en la azotea. Con voz muy profunda, comienza su discurso final:end4

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto contenedores en llamas más allá de la Puerta del Sol en una protesta por la reforma laboral, y luego a esos mismos manifestantes usando esa norma para despedir a los trabajadores de su negocio. He visto actores echar Rayos C por los ojos en protesta por la guerra de Irak y luego irse a vivir a California. He visto tipos despotricando contra la privatización de la sanidad y luego alquilando una planta entera del hospital más caro de Estados Unidos para sus propios hijos. Coño, que he visto polideportivos con el nombre de mi madre. Todos esos momentos se perderán, afortunadamente, como lágrimas en la lluvia. Es hora de partir”.

Suelta la paloma al vacío, pero esta no vuela porque está intoxicada de tanta polución como hay en la ciudad. Cae y se estampa contra el suelo. “Coño”, exclama Havier-3, “es también mi hora de partir… me la crisma”. Se arroja al vacío.

Deckard vuelve a la casa del Creador para que le instale el chip milagroso, pero este ha desaparecido. En la mesa de su despacho están las pésimas críticas por sus últimos trabajos.

Deckard sabe que se le acaba el tiempo. Pero ni se inmuta. Como el resto de la película. Como en 1982. Música electrónica. Fundido a negro.

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Ya dijo aquel que segundas partes nunca fueron buenas.

Cara Travis

Segundas partes que nunca se rodarán (II), por Travis

¿Qué tal, amiguetes? Pues vamos con la segunda parte de las segundas partes que nunca se rodarán. En mi anterior entrada mencioné un posible Blade Runner Returns, y justo una semana después leí que están preparando la continuación de esta soporífera película. Señores guionistas y productores de Hollywood, aquí les dejo mis propuestas.

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Otra proposición indecente

Veinte años después, Demi Moore y Woody Harrelson siguen siendo pobres porque hay que recordar que al final de la primera se gastaron el millón de dólares en comprarse un hipopótamo. Con grandes dificultades consiguieron meterlo en su pequeño piso de las afueras. Enseguida tuvieron problemas con los vecinos, y no por los golpes o el ruido, porque el anterior inquilino era el típico obeso norteamericano de 325 kilos que no cabe por las puertas, sino por el olor y porque la pareja se pasaba el día recogiendo restos de comida en los contenedores del vecindario para poder alimentar a la bestia.

Así que finalmente se mudan a un rancho abandonado en Luisiana. Tienen serios problemas para introducir al hipopótamo en su pequeño utilitario, pero finalmente lo consiguen y la familia «feliz» se muda. Woody se pone peluca para parecer más joven, encuentra trabajo de detective y consigue alejarse de las drogas que le habían consumido en los últimos años.

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Demi, por su parte, intenta ocuparse del rancho y del hipopótamo. Pero es una carga demasiado pesada. En sentido metafórico y real. Intenta venderlo al zoo de la ciudad, pero le dicen que ya tienen uno. Luego se lo intentan colocar a varios circos de paso por el estado, pero les contestan que es mayor para enseñarle a hacer equilibrios sobre una pelota o a tumbarse sobre una joven sin aplastarla.

En una noche estrellada el hipopótamo se escapa del rancho, se mete en la autopista y provoca un accidente en el que hay varios muertos. La policía comienza sus averiguaciones y en cuestión de horas localiza a la pareja porque, al fin y al cabo, «¿quién podía tener un hipopótamo en medio de Luisiana?». Son detenidos, echan a Woody del trabajo y les acusan de varios cargos que pueden dar con sus huesos en la cárcel.

En su mansión de California, el millonario Robert Redford observa en las noticias lo sucedido y algo se ilumina en su rostro. No puede sonreir demasiado porque con tanto estiramiento de piel se le podrían saltar los puntos del cogote. Se presenta en Luisiana en su jet privado, habla con la policía y con el juez, y consigue sacar a la (ya no tan) joven pareja. «Esta noche os invito a cenar. Yo me encargaré de este asunto. No tenéis de qué preocuparos. Tengo contactos». Lo dice con un tono que ni Correa y el pequeño Nicolás juntos en sus mejores momentos.

Durante la cena en un lujoso restaurante en la azotea de un hotel, el millonario les hace su proposición:

– Vuestros problemas con la justicia desaparecerán, y os daré además un millón de euros para que desaparezcan también vuestros problemas financieros. Ah, y me encargaré también del hipopótamo, siempre quise tener compañía en mi piscina de Malibú.

– ¿Y a cambio, qué? -pregunta Demi-. ¿Otra vez tengo que acostarme con usted?

– No -responde el millonario-, tú sólo mirarás. A mi edad el sexo es como intentar jugar al billar con una cuerda. Las pastillas azules ya no me hacen efecto y ahora disfruto el sexo de otro modo. Woody, el millón de dólares es a cambio de tener sexo contigo. Y no te preocupes, que yo seré maquinista y tú el vagón de cola.

La pareja se mira y tras unos brevísimos segundos de duda, acepta. Pasan la noche desenfrenada y en la siguiente escena vemos a la pareja disfrutando en su dormitorio bajo una lluvia de billetes de 1.000 dólares.

– Ya nada será lo mismo -exclama Demi.

Y que lo digas. En los días posteriores, vemos a la pareja gastando el dinero a lo bestia. Demi se arregla los labios, el pecho, se estira la piel, se quita cartucheras,… se pone estupenda. Woody comienza a comprarse ropa ajustada y de colores vivos, y va al gimnasio a mazarse. Una noche le dice a Demi que va a salir un rato. Lleva la ropa muy ceñida, las cejas depiladas, se ha dejado una crestita púrpura y se ha perfilado los ojos. Demi se mosquea, le sigue, y se queda boquiabierta cuando descubre que entra en la mansión del millonario Robert Redford.

– Tenemos que hablar -le dice Demi cuando este vuelve a casa.

– Estoy de acuerdo. Tenemos que hablar. Estoy sintiendo cosas que no había sentido nunca. Y no tiene que ver con el dinero, reconozco que ahora es por placer. Te dejo, me voy con él. Puedes quedarte con el millón.

Demi se hunde moralmente, no puede soportar que la abandonen por un septuagenario pasado de rosca, así que luchará por recuperar a su varonil Woody. Para intentar darle celos se lía con hombres mucho más jóvenes que ella, y comienza una relación seria con un tipo majete interpretado por Ashton Kutcher. 2as partes3

Woody, por su lado, está cada día más descocado, más mazas, con ropa cada vez con menos tela y cambiando de peluca casi a diario.

Pero las dos nuevas parejas tienen problemas y rompen. Ashton abandona a Demi cuando le pide tener hijos, y ellas se echa una carcajada.

– ¡Pero si tengo 52 años!

Por su parte Woody llega un día a la mansión y el mayordomo le dice que el señor no puede recibirle. «¿Cómo que no?», lo aparta a un lado y se presenta en el dormitorio. Allí yace su amado Robert con otro anciano, el capitán von Trapp, interpretado por Christopher Plummer (ahora Christopher Pluma). Se queda descolocado. «¿Usted?»

Los dos ancianos se ponen un batín de seda y se lo explican con un whisky en la mano:2as partes7

Christopher.- No aguantaba a los niños, todo el puto día con el «Do es trato de varón, Re, selvático animal». Y no digamos de Julie tarareando Edelweiss desde que se despertaba. Me estaba volviendo loco, y al final acabé ¡loca!

Robert.- Así que me llamó. Somos viejos amigos y ambos pertenecemos a las S.S.A.

Woody.- ¿Querrás decir las S.S.?

Robert.- No, hombre, no, las S.S. no, aunque reconozco que me gusta cuando el capitán se pone su uniforme nazi. La S.S.A. es la asociación de Septuagenarios que Salieron del Armario. La creó este otro amigo nuestro (le enseña una foto). 2as partes8

Woody.-  Se parece a Gandalf.

Woody abandona la mansión y vuelve al rancho. Demi está sentada en el porche llorando sus penas. Se sienta a su lado.2as partes5

– Estás estupenda -se pone romántico.- Vaya par de melones te has puesto.

– Tú tampoco estás nada mal -responde mientras le acaricia sus bien marcados músculos-. Pero quítate ese pelucón, por favor. Y antes de que te lleve a la cama para recuperar tu condición hetero, dime que no has vuelto por el dinero.

– Claro que no, cariño. Y para demostrártelo…2as partes6

Entra en la casa, saca los fajos de billetes, los rocía de gasolina y les prende fuego.

– ¡¿Pero tú estás idiota?! -le grita Demi intentando salvar alguno.

– Lo he hecho por ti, amor mío.

Al igual que en la primera, parece que a ninguno le importa perder un millón de dólares. Se besan, hacen el amor, y aunque Woody intenta varias veces que Demi se gire y se de la vuelta, esta le demuestra que algún día fue la Teniente O’Neil, y no lo consigue.
2as partes2

Cara Travis

 

 

 

Segundas partes que nunca se rodarán (I), por Travis

Forrest Gump 2, Ghost, el Retorno, Salvar al soldado Ryan otra vez, Blade Runner Returns, Vuelve el puto árbol de la vida,… Son películas que seguramente nunca veremos, pero lo mismo pensamos de historias que parecían cerradas, como Terminator, El Planeta de los simios (la clásica), Matrix o Alien, y años después nos encontramos con secuelas bastante dignas. Algunas siguieron con terceras o más partes, o sagas, y ahí empezaron a decaer, cuando no a provocar el hartazgo del espectador.

Hay gente muy buena (y ociosa) haciendo montajes en internet, vídeos, chistes (“memes”, que es como se llaman ahora), y hace unos años descubrí este falso tráiler de Titanic 2. El tío que lo hizo cogió imágenes del Titanic original, de otras películas, fundamentalmente de Leonardo di Caprio, y preparó este magnífico tráiler de una película inexistente:

Yo no tengo la habilidad ni el tiempo ni la genialidad para preparar una obra maestra de la parodia como esta, pero sí se me ocurren historias para el rodaje de segundas partes que sé que nunca se rodarán. Bueno, ahí dejo mis ideas, si alguna productora de Hollywood quiere rodarlas, que las coja gratuitamente, no tiene que pagarme ni un euro por mis grandes aportaciones a la historia del cine.

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La historia transcurre veinte años después de la primera parte. Sabemos en los primeros minutos que Julia Roberts y Richard Gere, tras contraer matrimonio, tuvieron una vida normal de pareja: aburrida y carente por completo de sexo, su principal nexo de unión en la primera parte. Su segundo nexo de unión fue la pasta, pero como Richard Gere se ablandó para los negocios y se hizo éticamente respetable, ha sido despedido de su trabajo. Estaban arruinados, vivían en un piso modesto, y finalmente se divorciaron.

Pero Julia es una superviviente y aprovecha sus contactos de los años en que se codeó con las altas esferas de las finanzas, para liarse con Lord Jameson III, el octogenario presidente de una compañía nabiera, con b de nabos. Richard Gere, por su parte, se ofrece como maduro acompañante de sexagenarias faltas de cariño. Tiene éxito entre las maduritas con pasta, “me recuerda a ese actor de American Gigoló”, dice la mayoría.

Lord Jameson III muere de un infarto en un intento de realizar el acto con su hermosa mujer, la cual está más guapa que veinte años atrás. Julia hereda toda la fortuna, acciones, castillos, apartamentos lujosos de su millonario marido y se dedica a disfrutar de su fortuna. Pero se aburre, necesita marcha, y un día por casualidad encuentra una página de “señores de compañía maduros y serios”. Cierra un fin de semana a ciegas en el Regent Beverly Wilshire de Los Ángeles con uno de estos atractivos profesionales, que resulta ser, por supuesto, Richard Gere.

En lo que sin duda alguna constituyen las escenas más emotivas de la película, es ella la que deja que le haga el amor salvajemente, la que le dice a la mañana siguiente que tiene sus compromisos (“un aburrido consejo de administración») y que se tiene que ir, pero que se puede quedar en la bañera de espuma. Por último, le da dinero para que vaya de compras, al ritmo de Pretty Woman de Roy Orbison. No, que no pega, mejor al ritmo de Sex Machine, de James Brown. Le echa un cable el director del hotel, interpretado de nuevo por Héctor Elizondo, el cual pide a Richard que deje de dar tarjetas a las señoras mayores que allí se alojan. Le confiesa además que con la crisis no ha podido jubilarse y tiene que seguir currando a sus 78 años.

Cuando vuelve de su “aburrido consejo de administración”, Julia opina sobre los modelitos de Richard: hortera, muy gay, demasiado apretado, demasiado casual,…

Por la noche van a una cena con los máximos accionistas de una empresa rival, y luego a la ópera, a la que Julia se ha hecho muy aficionada. Richard confiesa que le aburre profundamente:

– En su día me venía bien por hacer contactos, pero hoy en día temo encontrarme con la mitad de mis clientas.

Por supuesto, se queda profundamente dormido en el palco, y los compañeros de fila se lo reprochan a Julia, que le defiende como puede:

– No está dormido, es que entra en trance con la belleza de la voz de la soprano, que le embriaga.

Más sexo y tal, y el fin de semana llega a su fin. Julia le dice que le ha gustado, pero que debe seguir con su vida, que esto ya lo han probado y no funcionó. Richard dice que lo entiende, que seguirá con su web de contactos mientras no tenga nada mejor y que se vuelve a su humilde apartamento en las afueras.

Esa misma tarde, cuando Julia vuelve de su soporífera reunión de negocios en la limusina, le dice al chófer que se dirija al sur:

– Es un barrio peligroso, señora, no debería ir allí.

– Lo sé –acierta a contestar.

Se presenta en el apartamento de Richard enarbolando un paraguas a modo de príncipe… no, mejor, aparece vestida con el modelo con el que hacía la calle en la primera película. Es una declaración en toda regla. Se besan en la escalera de incendios, hacen el amor ahí mismo… Ah, no, que esto es Hollywood, simplemente se besan…

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Y ahora otra todavía más interesante:

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Una serie de truculentos asesinatos se suceden en una ciudad en la que llueve más que en Ferrol.

* El secretario del juzgado con más expedientes atrasados de toda la ciudad aparece muerto en su casa. Según la autopsia, en su estómago había restos de papeles de los expedientes del juzgado, en una cantidad tal que le había reventado el vientre.

* Un hombre con agorafobia aficionado al porno duro muere por inhalación de gas en su propia casa. Un cartel en el interior escrito por otra persona le avisaba del escape de gas, y la investigación revela claramente que no se trata de un suicidio.

* Un conductor de autobús muere por una serie de pinchazos en su brazo con los que le inoculan todos los virus malignos conocidos del planeta. En su historial médico aparecía previamente la detección de una variedad muy contagiosa de la gripe A.

* Un hombre adicto al sexo que llevaba una vida familiar aparentemente perfecta, aparece desollado en uno de los prostíbulos más lúgubres de la ciudad.

Los detectives interpretados por Brad Pitt y Morgan Freeman se enfrentan a la investigación de un nuevo asesino múltiple, al igual que veinte años atrás. «Joder, otra vez», dice Brad. Morgan tiene una idea:

– Los asesinatos siguen un patrón, una serie de siete elementos.

– ¿Los siete pecados capitales, como la otra vez?

– No, los siete enanitos. El funcionario que retrasa los expedientes es Dormilón. Luego, el tipo ese que prefiere morir gaseado a salir de su propia casa, ese es Tímido. El conductor de autobús que iba contagiando la gripe A a todos sus clientes es Mocoso. Y el adicto al sexo, sin duda, era Feliz.

Cuando están investigando en la biblioteca, les llaman de comisaría. Ha aparecido muerto el contable del mafioso Don Luigi Barcenasi, sospechoso de connivencia con el alcalde de la ciudad:

– Le han hecho tragarse su propia lengua envenenada con cianuro -dice Brad a su compañero.

– Mudito -dice Morgan-. Siempre se negó a declarar y a colaborar con las investigaciones del fiscal.

Vuelven a la biblioteca, y piden una relación de personas que hayan pedido vídeos o libros de Disney en los últimos meses. Hay un tipo que ha retirado en los últimos tres meses todos los vídeos de Walt Disney para televisión de los sesenta, aquellos lamentables que empezaban con «El mundo es cascada de coloooores, mágico mundo de coloooores».

– Ese tío está como una regadera, ¿cómo se llama?

– Hunter DeVille. Es él, sin duda. «Hunter», el cazador que mató a la madre de Bambi, y DeVille, como Cruella.

Van a su apartamento, y justo aparece Hunter por ahí, que consigue fugarse como en toda peli americana por la escalera de incendios y lanzándose al contenedor de basura, que está rebosante cual mullida colchoneta. Inspeccionan el apartamento, que está repleto de material Disney: vídeos, princesas, libros, figuras de los malvados Jafar, Capitán Garfio, Maléfica, un Mickey Mouse en la nevera, una sirenita en la bañera y un póster del Rey León en el cabecero de la cama. Aterrador.

Brad vuelve a casa con su mujer. Tras la primera película, consiguió rehacer su vida y se casó con la más bella del reino, Angelina Jolie. En esos años, Brad ha estado absorbido por su trabajo y Angelina ha adoptado varios niños: asiáticos, chechenos y un par de afroamericanos sospechosamente parecidos a Morgan Freeman, con el que mantiene una relación de complicidad especial.

En la comisaría aparece un individuo que llama a gritos a Brad Pitt: «¡Detective! He venido a entregarme». Es calcado a Kevin Spacey, con veinte años y treinta kilos más que en la primera. Realmente es su hermano gemelo. Tiene las manos manchadas de sangre, pero según el primer análisis no es suya. Consigue sacar de sus casillas a Brad:

– Detective, se pasa el día protestando, quejándose de todo.

– ¡¡Dinos a quién te has cargado de una vez!! -le grita un irritado Pitt.

– Todavía no ha llegado mi momento -respira profundamente-. Mi obra casi ha terminado.

Les dice que aún quedan dos cadáveres por aparecer y tienen que ir a una zona desértica a pocos kilómetros. Casualmente es el único lugar de la ciudad en el que no llueve. Hasta está soleado. Aparece a lo lejos una furgoneta de Fedex, mientras Hunter DeVille sigue hablando:

– Detective, esta mañana he ido a ver a su mujer, quería saber qué tipo de vida llevaba un tipo que se pasa la vida protestando, como usted. Como Gruñón. Quería comprobar qué horrible vida sufría un hombre que siempre está de mal humor. Y no lo entiendo. Vive en una buena casa, en un barrio bien, tiene una mujer preciosa, unos niños maravillosos, aunque alguno me recuerda a su compañero… Y ahora van a tener otro niño…

– ¿Qué dices? ¿De qué estás hablando? -le grita Brad mientras desenfunda su pistola y le apunta a la cabeza.

Morgan Freeman interviene:

– Guarda la pistola, Brad, creo que hay una cosa que debes saber.

– ¿De qué está hablando? -solloza un aturdido Pitt, que ya no sabe qué hacer con la pistola, ni a quién apuntar.

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Pero Hunter sigue hablando mientras el mensajero de Fedex entrega un paquete a los dos policías:

– Ah, ¿que no lo sabía? Soy un hombre inteligente, detective, y envidio una vida como la suya. Yo soy Sabio, y al ver que no merezco vivir una vida como la suya, he querido al menos llevarme un recuerdo de su bella esposa.

Abre la caja:

– ¡Nooooooo!

Brad se carga a Hunter. La obra se ha consumado. Vuelven a la ciudad. Está lloviendo.

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Siendo el tema de este post el que es, no lo duden, habrá una segunda parte…

Cara Travis