Marte (The Martian), por Travis

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Id a verla, merece la pena. Aunque no os gusten las pelis del espacio. Aunque os de pereza volver a Ridley Scott y la ciencia-ficción después de Blade Runner y Prometheus. Aunque los personajes de la pelirroja sabelotodo Jessica Chastain y el náufrago abandonado Matt Damon os recuerden truños interestelares pasados. Yo vi el tráiler y sin querer saber nada más de la peli, Sigue leyendo

Regreso al futuro que ya está aquí

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21 de octubre de 2015, 4 horas, 29 minutos de la tarde en Hill Valley, California. Una y media de la madrugada del día 22 en España, el día ha llegado. Por alguna extraña razón esta fecha de Regreso al futuro se ha convertido en mítica para cientos de miles de personas. Debe ser porque los cuarentones de ahora, los adolescentes de los ochenta que manejamos buena parte del cotarro en la actualidad, llevamos años reivindicando esa década de mil formas, como si no hubiera habido otra mejor.

El éxito de los libros y la web Yo fui a EGB, Sigue leyendo

Everest, por Travis


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Tenía ciertos recelos ante esta película después de ver el tráiler, porque todo apuntaba a la glorificación de la gesta épica de unos alpinistas en la montaña más alta del mundo. En opinión de los expertos, no es la más peligrosa, ni la más difícil técnicamente, pese a que se ha cobrado unas 240 vidas en sus laderas. El tráiler, todo hay que decirlo, sí te dejaba con ganas de verla, por la Sigue leyendo

Terminator… y Apocalipsis, por Travis

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“La batalla contra las máquinas ha comenzado”. Y no me refiero solo a la saga Terminator, sino a la realidad que vivimos en 2015, a la que dedicaré un apartado al final del comentario sobre Terminator: Génesis.

Continúo y concluyo mi especial sobre Terminator, advirtiendo al lector de que aquí sí voy a destripar toda la película, voy a comentar lo que me ha gustado y lo que me ha cabreado, y por supuesto, hablaré de las incongruencias de guion. De las que admitimos, y de las que no perdonamos. De lo que son homenajes y de lo que son copias descaradas por falta de imaginación.

Estáis advertidos entonces: spoiler a saco. Sigue leyendo

Terminator: Génesis y…, por Travis

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Antes de nada informo a los posibles lectores de que esta entrada no contiene spoilers de Génesis, no hablo del final, de los giros o sorpresas de guion, y apenas mencionaré la trama de la nueva película de Terminator que, bajo el título Terminator: Génesis, se estrenó en julio. Todo eso lo dejo para la entrada que colgaré en próximos días titulada: Terminator: …y Apocalipsis. Sí hablaré lógicamente de las anteriores películas, porque doy por hecho que cualquiera con la paciencia suficiente para leer este texto, las habrá visto y no le estropearé nada. Dicho lo cual y establecidas las reglas, vamos allá.

El cariño a ciertas sagas

Pues sí, le tengo cariño a esta saga, y no debo ser el único, porque cuando fui al cine a verla conté exactamente seis personas en la sala. Incluyéndome a mí. Una pareja (me imagino al chico convenciendo a su novia de que esta era la mejor película de la cartelera esa día), y cuatro tipos solitarios, cada uno en una fila distinta. Cuatro tíos que por alguna razón habíamos decidido que queríamos invertir nuestro dinero y parte de nuestro tiempo de vacaciones en una saga que ya daba muestras de estar finiquitada con la tercera entrega (2003). Ese cariño te hace ser condescendiente con algunas inconsistencias del guion y tragarte cosas que no tolerarías en otras películas. Qué le vamos a hacer, no es una opinión imparcial, está condicionada por el afecto.

Pero esos otros tres tipos como yo, frikis que vamos al cine a divertirnos y no a criticar lo que vemos, tenemos la sana costumbre de coger aprecio a las sagas, sobre todo a las buenas, por más que a veces se empeñen en quitárnoslo a base de pésimas secuelas. Por ejemplo, con Indiana Jones. Tenía que haber terminado con La última cruzada, que para algo era la última, y más contando con Sean Connery. Nada bueno podía aportar una secuela como El reino de la calavera de cristal, y menos veinte años más tarde.

O Matrix, una de las tres enormes películas de 1999, junto a American Beauty y El club de la lucha. El primer Matrix es una obra maestra absoluta. Los hombres frente a las máquinas en un futuro apocalíptico, como Terminator. Aguantamos bien la segunda por algunas escenas de acción y por el grato recuerdo de la primera. La tercera,… Buff, estás deseando que termine. No he vuelto a verla, lo cual es una señal.

O Alien. Tras la genial de Ridley Scott vino la magnífica secuela Aliens: el regreso, de James Cameron, y ahí tenía que haber terminado todo. Luego, pese a (o quizás por) David Fincher y Jean-Pierre Jeunet la saga se fue al carajo, y degeneró definitivamente con una cosa llamada Alien vs Predator, que no he tenido el ¿placer? de ver. No me interesa. Como Jason vs Freddy, o como Las crónicas de Sarah Connor que emitieron por la tele y a las que dediqué unos dos minutos.

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Sí podrían despertar mi atención los cuatro números de cómic con guiones de Frank Miller que se titularon Robocop vs Terminator. Pero nunca como película.

La saga de Terminator

T2Comienza en 1984, así que el cariño que le tengo vendrá sobre todo porque me devuelve a la adolescencia. La película, con dirección y guion de James Cameron (aunque luego tuvo que acreditar a un tal Harlan Ellison para evitar un pleito), tiene aire de serie B por la escasez de medios, pero lo suple con creces con imaginación. Hace años escuché a Francis Ford Coppola en una entrevista que decía:

I think the smaller the budget, the bigger the ideas can be. And the bigger the budget, the smaller the ideas are and the exploration and the adventure and the challenge.

Haría bien James Cameron en aprenderse esta frase que contrapone imaginación y presupuestos.

T3Los efectos especiales de esta primera chirrían en varios puntos, como el careto de Schwarzenegger tras los disparos o el movimiento del T-800 al final de la película, pero no me importa en absoluto. El presupuesto fue de unos 6 millones de dólares, así que el resultado fue magnífico para los medios de que dispuso. La película es una lección de ritmo cinematográfico desde el primer minuto. Pero ritmo controlado, no eso que ahora llaman «ritmo», que consiste en comenzar con una explosión brutal, mover mucho la cámara durante dos horas, correr y hablar atropelladamente, y destrozar cosas cada vez más grandes.

Schwarzenegger es una máquina implacable de matar y creó escuela, por mucho que se le critiquen sus dotes interpretativas. Es cierto, se repitió en el papel a raíz del éxito de Terminator, pero, ¿me lo parece solo a mí o Javier Bardem copió la figura del asesino implacable que no gesticula en No es país para viejos? ¡Y a él le dieron un Óscar, manda huevos!

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Hace poco volví a ver el principio en televisión, lo cual me vino perfecto para este Terminator: Génesis que se acaba de estrenar, como veremos en la próxima entrada. Y creo que resiste muy bien el paso del tiempo, pese a la incongruencia de que el Reese enviado desde el futuro por John Connor resulte ser el padre del propio líder de la resistencia humana. Incongruencias que sí trataban de explicar en parte en Regreso al futuro un año después, en 1985. Otra saga, por cierto, a la que le perdonamos la tercera parte por ese mismo aprecio que sentimos por las dos primeras. ¡Esto es cine, no buscamos coherencia científica!

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Siete años después de la primera, en 1991, se estrena Terminator II: el juicio final. De nuevo con guion y dirección de James Cameron, y con unos efectos especiales que no habíamos visto nunca, aunque se intuían ya sus posibilidades en Abyss (1989, James Cameron).

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Quizás sea la mejor de toda la saga, entre otras cosas porque ya contaba con más de 100 millones de dólares de presupuesto, y un guion sólido. Con sus incongruencias temporales de siempre, pero un guion sólido.

T13Tanto, que el especialista en guiones Syd Field lo incluyó en su libro Prácticas con 4 guiones, libro que disfruté hace ya varios años y que explicaba los aciertos de esta película.

Resulta paradójico que, al igual que en la primera el viaje al pasado de Reese posibilita el nacimiento de John Connor en el futuro, en esta nos enteramos de que el viaje al pasado del T-800 posibilita todo el desarrollo de Skynet y el nacimiento del T-1000, que aparece en esta secuela interpretado por Robert Patrick.

La peli está muy bien, moooola. La volví a ver entera hace poco. Otra vez. La pillé según empezaba y no pude despegarme de la tele hasta el final. Me gusta todo. Bueno, casi todo. No me gusta Edward Furlong, el John Connor adolescente. Yo hubiera dejado al Terminator que se lo cargara, y hubiera nombrado líder de la resistencia a su madre, Sarah. El personaje que interpreta Linda Hamilton en esta secuela ha evolucionado considerablemente desde la primera, se ha puesto cachas, se ha convertido en una experta en el manejo de armas, y la veo capaz de liderar a la humanidad en esa guerra. Pero al niñato del Furlong, no, ni de coña.

T4BUn momento intrigante, que ya comentó Lester en Mis teorías de la conspiración favoritas: en la persecución del canal, el aviso que aparece sobre el puente. Caution 9’11». Aviso o advertencia: 11-S. ¡Diez años antes de 2001!

Ahí tenía que haber terminado la serie, con la auto eliminación del bueno de Schwarzie en la fundición. Con el pulgar en alto. Recuerdo que la vi en su día en un cine de Coslada y el tío que tenía delante de mí levantó el pulgar y repitió el gesto hacia la pantalla. Creo que tenía lágrimas en los ojos.

T6Nada aportó Terminator 3: la rebelión de las máquinas, (2003), por mucho morbo que nos diera la Terminatrix, una desconocida (para mí) Kristanna Loken. 200 millones de dólares ya de presupuesto, pero una historia que ya olía y que no aportaba nada nuevo. ¿Que el futuro no se puede cambiar? Pues lo habéis hecho treinta veces en la saga.

La nueva Terminator: Génesis homenajea a las dos primeras películas de la serie (en ocasiones, las copia descaradamente), pero esta tercera dejó tan poca huella que no se ha utilizado nada, ni el T-X que tantas posibilidades ofrecía.

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Terminator Salvation (2009) traslada la acción al futuro, y aunque mejora bastante sobre la tercera, lo cual no era difícil, el interés por esta historia comienza a decaer de modo definitivo incluso para los más fans de la serie. Son tantos los giros del guion y las vueltas de la historia sobre sí misma, que por mucho que los guionistas intentan encajar las piezas, resulta imposible. Tiene a Christian Bale, imágenes impactantes, mantiene las «alfombras» de calaveras y huesos aplastadas por máquinas, la sonrisa calavérica de los Terminators,… pero ya agota. Cansa. Parece que era el principio de una trilogía, pero ojalá abandonen la idea.

Respecto a Génesis, hablaremos la semana que viene, en Apocalipsis. Y la criticaremos. Y alabaremos lo positivo de la misma. Y por supuesto, haremos spoilers a saco.

Cara Travis

 

Lágrimas en la lluvia, por Travis

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“Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.

Así terminaba el discurso del replicante Rutger Batty Hauer al final de Blade Runner, tras una ralentizada proclama sobre la puerta de Tannhäuser, los rayos C en Orión y la madre que lo trajo, proclama narrada con el mismo entusiasmo de Iniesta después de un título importante. Para algunos, este es un momento cumbre de la historia del cine, lleno de poesía, lirismo y sentido metafórico acerca de la fugacidad de la vida. Para mí, como sabe el que leyera mi entrada sobre esta película, es un momento tostón más dentro de una película lenta y a ratos soporífera. Sigue leyendo

Carta de amor de un cinéfago desentrenado y desenfrenado (Travis)

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¡Buenos días, princesa!

He soñado toda la noche contigo

No se me ocurre mejor modo de comenzar esta declaración que con las palabras de Roberto Benigni en La vida es bella. La entrada de hoy trata de elaborar una carta de amor, pero como en este noble arte noto el desentreno y necesito el desenfreno, utilizaré las palabras de otros y tomaré prestadas grandes frases de películas. cam4 Lo que viene siendo un «Ana Rosa» en toda regla, si bien, como decía el cartero Massimo Troisi de El cartero y Pablo Neruda:

La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita.

Intentaré no resultar «moñas» y que la declaración sea poco convencional, así que huiré de las manidas frases de amor de cine, que las hay a patadas. Algunas empalagosas hasta el vómito, como aquella tan típica y tópica de Love Story, que sale en casi todas las recopilaciones de citas:

Amar significa no tener que decir nunca «lo siento»

Intentaron que sonara profundo, y la repetían varias veces en la película como para que cam3apreciáramos su trascendencia, pero es que, ¿qué coño se supone que significa? ¿Que no hay que decir «lo siento» ni siquiera tras todas esas veces que la cagamos a lo largo de nuestras vidas? ¿Que no hay que pedir perdón a pesar de que en ocasiones seamos unos auténticos memos con ganas de bronca? Bah, no me extraña que Ryan O’Neal ni parpadease cuando la petarda de Ali MacGraw palmaba en la peli. Debió querer cambiar la frase a la opuesta: «No amarte significa tener que decir que no lo siento, así que me voy a buscar a otra que no diga esas sandeces».

Pero ese no es mi caso y mi formación cinematográfica nada tiene que ver con peliculómetros románticos, así que allá vamos.

cam5 Todo comenzó hace muchos años, con una paciente labor de pico y pala al estilo de Andy en Cadena Perpetua. O como un acercamiento hacia (y posterior conquista de) esa mujer tan especial, al estilo cam6Toy Story y su famoso «Hay un amigo en mí». Y mira que en aquellos años, Cuando Harry encontró a Sally, ya nos advertía Billy Crystal de que:

Ningún hombre puede ser realmente amigo de una mujer que le resulta atractiva.

Siempre quiere tener relaciones con ella.

Otra película de fugas, La gran evasión, la mejor del género para quien esto escribe, dice en un contexto completamente distinto que La vida de un hombre no vale nada si no vive de acuerdo con su conciencia. Y mi conciencia, viendo a esa chica, hablando con ella, me decía, como Woody Allen en Toma el dinero y corre, que:

 Sabía que estaba enamorado. En primer lugar, sentía náuseas.

Así que tengo que darle la razón a Billy Crystal y afirmar que tras la amistad vino el cariño, la relación, el amor, y todo lo demás. CAM2cam12

Y no hablo, porque no sería propio de caballeros de «¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?«, que dijo Groucho Marx. O Manuel Gómez Pereira.

Mamá siempre decía: «La vida es como una caja de bombones, nunca sabes el que te va a tocar”.

El bueno de Forrest nos regaló una película repleta de grandes frases, y en la referida a la caja de bombones y la elección que te brinda la vida, reconozco que fui tremendamente afortunado. Tan afortunado, que pude emular a Vito Corleone y me dije:

Le haré una oferta que no podrá rechazar cam7

Y pese a que “Nadie es perfecto”, ella aceptó. Quizás le dije como Billy Harry Crystal (de nuevo) que «quiero que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches«. Y antes de caer en la blandenguería contraatacaré otra vez con Groucho Marx:

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

Y no deja de ser una broma, porque desde entonces, como Gary Cooper hacia el final de El orgullo de los yanquis puedo decir que “Me considero el hombre más feliz sobre la faz de la Tierra”.

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No sé si encontré el «amor verdadero» a la manera de La Princesa Prometida, porque según Groucho, «el verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida… y luego ya no hay quien se lo quite de encima«. Pero tampoco hago nada por quitármelo de encima.

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Hay quien, como a Robert Duvall en Apocalypse Now, le encanta el olor a napalm por la mañana. «Nada en el mundo huele así«. Y lo mismo pienso yo cuando me levanto cada día junto a ella, si bien «ella huele a lo que deben oler los ángeles«, frase cursi donde las haya extraída de una película tan salvaje como Sin City.

Como decía Harry el Sucio: “Alégrame el día”. Y no necesito decírselo, vaya si me lo alegra.

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Todavía podría superarlo si cada mañana, cuando me voy al trabajo, me despidiera con alguna frase mítica, plena de significado para mí, tipo: “Que la fuerza te acompañe”. O si me recibiera por las noches a lo Mae West y su mítica:

¿Llevas una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?

Y francamente, querida, me importa un bledo” resultar pedante o cursi, es lo que siento. Como decía Dorothy al final de El mago de Oz: “Se está mejor en casa que en ningún sitio”.

Otro gran maestro de los pensamientos profundos, Gandalf el Blanco, del que mi chica nunca sabrá que es más sabio que Gandalf el Gris, dijo:

Cada uno decide qué hacer con el tiempo que le es dado.

Y en ese punto tengo clarísimo qué quiero hacer y dónde quiero estar. Y con quién. Una de las razones me la dio el borde de Jack Nicholson en Mejor imposible:

Y por supuesto, “siempre nos quedará París”, como decía Ingrid Bergman, Ilsa en Casablanca. Y “mañana será otro día”, como decía la Señorita Escarlata. Todo en mi vida es cine, frases de cine, historias de cine, y por eso quizás, al acabar el día fundido, derrengado, como Rocky Balboa al final de su combate, mis palabras son para ella, de cine, universales, archirrepetidas, como en este vídeo que recopila esos grandes momentos de ternura del cine:

Pero hay un vídeo que me gusta más que este de los “I love you” del cine, que es el de los besos robados o censurados de Cinema Paradiso, acompañados de la maravillosa música de Ennio Morricone:

Termino ya. Recomiendo al que no la haya visto, que vea Una cuestión de tiempo, de Richard Curtis. Sus últimos minutos podría haberlos escrito yo mismo:cam19

Todos viajamos a través del tiempo juntos, cada día de nuestras vidas. Solo podemos esforzarnos por disfrutar de este notable viaje.

En mi caso, hago el viaje en la mejor compañía posible. El mismo protagonista nos recuerda después que:

La verdad es que ya no viajo, ni siquiera para revivir un día. Trato de vivir cada día como si hubiera decidido volver a ese día, de disfrutarlo como si fuera el último día entero de mi extraordinaria vida ordinaria.

Y estas frases me recuerdan al final de American Beauty, a ese Lester Burnham que me hace ver que: cam20

Y no siento otra cosa que gratitud por cada instante de mi estúpida e insignificante vida.

El Francotirador, por Travis

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Clint Eastwood siempre ofrece algo interesante. El que fuera Harry Callahan, el que para mí siempre será Harry el Sucio, tiene una colección de peliculones tremendos como director, muchos de ellos rodados después de cumplir setenta años: Million dollar baby, Mystic river, Gran Torino, o las dos versiones sobre la batalla de Iwo Jima, Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima.

frt2bHoy cumple 85 años, pero con 84, Sigue leyendo

Todo sobre mi madre (Travis)

Con mi madre no he ido mucho al cine, al contrario de lo que ocurría con mi padre y esas grandiosas tardes de sesión continua. Sin embargo, sí compartimos muchas veladas de cine en casa, sobre todo con los ciclos de cine clásico que solían poner los lunes en La2 (entonces llamado «el guachefe»). En casa éramos tantos que teníamos dos teles en el salón, que hacía las funciones de comedor, cuarto de estar y… Sigue leyendo

Segundas partes que nunca se rodarán (y III), por Travis

Blade Runner Returns

Blade Runner

El primer problema que se encuentran los productores para esta secuela es conocer el punto de partida. ¿Continúa la historia después del primer final estrenado? ¿Continúa tras el primer montaje en DVD? ¿O tras el Director’s Cut de 1992, o el montaje final de 2007? La mayor duda es saber si Deckard (Harrison Ford) es un replicante o no, porque está claro que Sean Young, ahora Sean Old, lo es. Así que la historia comienza con la depresión de Deckard por las dudas existenciales acerca de sí mismo y por el fracaso de su vida sentimental. Su vida con la replicante es un desastre, los coitos son aburridos porque estos bichos no muestran emoción alguna. Un «¡oh!» es lo más cercano a un orgasmo que pueden emitir. En una de las conversaciones, Deckard le increpa:

– No entiendo cuando la gente describe como algo maravilloso que en la cama su mujer es una máquina.

Como los replicantes tienen una vida limitada a cuatro años, Deckard se pasa contando los días hasta que finalmente una mañana, Sean Old se queda «cuajaica» en un sillón, como una figura de cera inerte:

– Tienes la misma expresividad que cuando te movías.end2

Pero Deckard necesita saber si él es también un replicante o no. Gaff fue desenchufado después de dejarles huir en la primera, y reciclaron su endoesqueleto para fabricar origamis. A Deckard no le queda más remedio que acudir al Creador, papel que interpreta el propio Ridley Scott. Mucho decorado ultramoderno, carteles de neón con marcas que ya no existen, polución a manta, una lluvia pesada,… Beijing en unos años. El Creador recibe a Deckard con un batín de seda con las iniciales S.S.A. Cuando Deckard le pregunta por su origen, al Creador se le escapa una carcajada:

– ¡Pues claro que eres un replicante! ¿Cómo un humano iba a hablar tan despacio como tú? Eres un modelo 2.0 de los Nexus, esa versión defectuosa que dio tantos problemas. Te implantamos unos recuerdos, pero tienes pocas prestaciones, hablas muy lento, no puedes sonreír,…

– Pero… no puede ser,… llevo viviendo casi ocho años…

– Claro, es como los móviles antiguos, que tienen menos funciones pero la batería dura el doble –le pasa un escáner por los ojos-. Te pasa como a los concejales defectuosos, que en lugar de durar cuatro años, aguantan ocho. A veces más.

– ¿Entonces?

El Creador mira la pantalla del escáner:

– Te quedan 23 días antes de apagarte.

– Pero… no puede ser, tengo muchas cosas por hacer en la vida como… (se queda pensando, se supone que el momento es poético-trascendental-existencialista, pero en realidad, se pasa casi un minuto en silencio)… no sé, pero no me puedo marchar todavía.

– ¿De verdad hay algo que creas que puedes hacer con tu vida?

– No sé -dice Deckard-, será por los recuerdos implantados, pero me veo haciendo de arqueólogo aventurero o vaquero espacial hasta los 70 años. O estrellando mi propia avioneta en Kentucky. Así que no todo está perdido. Puede haber un futuro.

El Creador le mira con pena, y le propone un trato:

end3 – Hay un asesino suelto, un replicante del tipo Havier-3, que está eliminando todas mis creaciones anteriores. Acaba con él y yo te prolongaré la vida. Te puedo insertar este chip que he desarrollado en los últimos tiempos. Todavía está en fase experimental.

– ¿Y funcionará?

– Casi seguro. Lo que sí te garantizo es que mejorará tus prestaciones.

– ¿Adquiriré superfuerza, invulnerabilidad? ¿Seré más rápido?

– Serás más rápido… hablando, que hasta ahora estabas en modo 45 revoluciones y la verdad es que cansas bastante.

Deckard se marcha con una misión. Llueve. No muestra alegría porque es tan expresivo como su compañera en estado vegetativo, pero al menos tiene algo por lo que luchar. El replicante Havier-3, interpretado por Javier Bardem con el pelo oxigenado, es un tipo malencarado y con evidentes síntomas de no pasar mucho por la ducha. Los productores ahorran mucho así con la caracterización del personaje.

Llueve todo el rato. Tras varias persecuciones tediosas y una pelea desigual en la azotea de un edificio, Deckard queda malherido y colgando de una cornisa. Llueve a cántaros, esto parece Lekeitio. Havier-3 se acerca en gayumbos y con una paloma gris en las manos (es Beijing, no lo olvidemos). Parece que va a arrojar a Deckard al vacío, pero sin embargo le salva la vida y le deja seguro en la azotea. Con voz muy profunda, comienza su discurso final:end4

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto contenedores en llamas más allá de la Puerta del Sol en una protesta por la reforma laboral, y luego a esos mismos manifestantes usando esa norma para despedir a los trabajadores de su negocio. He visto actores echar Rayos C por los ojos en protesta por la guerra de Irak y luego irse a vivir a California. He visto tipos despotricando contra la privatización de la sanidad y luego alquilando una planta entera del hospital más caro de Estados Unidos para sus propios hijos. Coño, que he visto polideportivos con el nombre de mi madre. Todos esos momentos se perderán, afortunadamente, como lágrimas en la lluvia. Es hora de partir”.

Suelta la paloma al vacío, pero esta no vuela porque está intoxicada de tanta polución como hay en la ciudad. Cae y se estampa contra el suelo. “Coño”, exclama Havier-3, “es también mi hora de partir… me la crisma”. Se arroja al vacío.

Deckard vuelve a la casa del Creador para que le instale el chip milagroso, pero este ha desaparecido. En la mesa de su despacho están las pésimas críticas por sus últimos trabajos.

Deckard sabe que se le acaba el tiempo. Pero ni se inmuta. Como el resto de la película. Como en 1982. Música electrónica. Fundido a negro.

end

Ya dijo aquel que segundas partes nunca fueron buenas.

Cara Travis