¿Qué es el TTIP?, por Josean

2014 11 18, TTIP

¿Acuerdo beneficioso para todo el mundo o la culminación del proceso instaurador de esa bien llamada plutonomía? (Def. plutonomía: control de la riqueza económica por una minoría)

Me considero una persona medianamente bien informada, incluso muy bien informada cuando se trata de determinados temas de los que pretendo hablar, Sigue leyendo

Madre, no hay más que una (Lester)

mm6

La coma está bien puesta, como explicaré al final. Ahora me pongo en plan “cuentos de antaño” y comienzo:

Mi madre tocaba el piano (pongan Chopin de fondo) y lo sigue tocando. Se pasaba horas Sigue leyendo

Mater et magistra (Josean)

MM1

«Madre y maestra». En mi turno me toca hablar de la relación entre mi madre y mis temas habituales, la política y la economía, y la verdad es que apenas tengo cosas que decir. Una madre representa lo mejor del ser humano, la bondad, la generosidad, el cariño, y lo cierto es que la política, tal como la conocemos hoy, y no digamos la economía, distan mucho de estos valores. Sigue leyendo

La madre que me parió (Barney)

madre6

«La madre que me parió» es una frase muy típica del mundo del deporte. Es lo primero que te (me) viene a la mente cuando algún jugador del equipo rival acierta con una acción inesperada. El canastón de Marcelinho Huertas desde el medio del campo, por ejemplo, el triple de Solozábal o los dos goles de Torres en el Bernabéu. En esos momentos, no sé por qué extraña asociación de ideas, me acuerdo de la madre que me parió. Quizás se deba a que los que hemos practicado deporte, o somos aficionados, en el fondo seguimos siendo unos niños competitivos que buscan consuelo o una explicación racional a algo que no lo tiene (¡dos goles de Torres!), y de toda la vida, ese consuelo sólo nos lo aportan nuestras madres.

Después de esta explicación tan cogida con pinzas, Mamá, también tengo que reconocerte que cuando alguno de los «míos» realiza una gran acción, una heroicidad deportiva, no me acuerdo de ti, sino de sus madres: «¡Olé, Sergio Ramos, viva la madre que te parió!», «¡CR7, la madre que te trajo!».

madre7madre9

De este modo me he acordado de las madres de Alberto Herreros, Andrés Iniesta, Pau Gasol (y Marc), Rafa Nadal, y tantas otras cuyos vástagos nos han regalado grandes tardes y noches de victorias.

La versión ofensiva hacia las madres fue la que se nos escapó a buena parte de los españoles en 2006 durante los breves segundos en los que el tiro de Nocioni voló por los aires en la semifinal España-Argentina del Mundial de Japón: «¡¡¡Andrés, la concha de tu madre!!!»

O la que a tantos se le escapa en los partidos de fútbol referidos a los árbitros: «¡Hijo de p…!», razón por la cual, a los árbitros se les conoce por sus dos apellidos: Mejuto González, Andradas Asurmendi, Andújar Oliver, y un largo etcétera, para que comprendamos que todos, incluso los trencillas, tienen madre conocida.

La relación de mi madre con el deporte, o con mi afición al deporte, nunca fue muy compartida. «Veintidós tíos en calzoncillos detrás de un balón», «¿Otra vez partido?», «Buf, qué rollo, ¿y hoy qué juegan?». Yo intenté que lo entendiera con frases de Albert Camus: «Todo lo que sé de los hombres lo aprendí en el fútbol». O de Walter Scott: «La vida en sí misma no es más que un partido de fútbol». O de mí mismo: «¡Árbitro, la hora!»

Sin embargo, mi madre siempre aceptó y promovió que practicáramos deporte, quizás porque el deporte, y no la música, amansa a las fieras. Es cierto que seguramente habría preferido que practicáramos otro tipo de deporte, más esnob o con más clase, pero nunca se quejó pese a que llegábamos con la ropa llena de barro tras esos míticos partidos jugados en lodazales. Alguna vez protestó algo más cuando nos oía contar en qué había derivado ese uno contra uno en basket jugado contra el cabroncete de mi hermano pequeño, que ya ha salido alguna vez en estas páginas.

madre8madre10

Sé que mi madre habría preferido que jugáramos al golf, «o sea, te lo juro», y de hecho me regaló un putter para ver si me animaba, pero un deporte en el que no puedes atizar al rival me parece menos deporte. O eso, o que no tengo paciencia. De haber jugado en esos años con mi hermano, seguramente le habría pegado con el palo. Con la madera 3 sin duda.

Sí le gustaba que jugáramos al tenis, pero no lo hacíamos con los chicos bien del club, ni vestíamos de riguroso blanco, qué va. Una camiseta heavy y un bañador eran más que suficientes. El tenis entre hermanos era otra cosa. Pese a haber una red de por medio, podía ser un deporte de riesgo. La norma de que «en cada lado de la pista pita el de ese lado» se venía abajo a la primera decisión dudosa. Y las dejadas tenían que ser muy buenas, porque si no, ya sabías que tu rival te iba a intentar dar un pelotazo allí donde más duele. Eso, cuando no le daba a nuestro hermano mayor por soltar la raqueta directamente. Recuerdo una vez que me di la vuelta al acabar un punto para recoger una bola del suelo y oí un zumbido por el aire, como un bumerán o algo así. Me giré a tiempo para agacharme antes de que la raqueta me decapitara. «¡Perdona!». Yo sé que no había mala intención, pero su modo de mostrar fastidio o cabreo tras un fallo, a lo Marat Safin, hacía que jugaras de cualquier modo menos relajado.

En fin, Mamá, que esto del deporte es «asín», una droga sana, una válvula de escape, una necesidad primaria que satisfacer. No desesperes, ya queda menos. Calculo que me quedan cinco o seis años más para empezar con el golf y continuar con la colección de palos. Ya estoy cerca de alcanzar ese nivel de paz interior que hace falta para relajarme en un campo de golf. Pero que no se aficione el cabroncete de mi hermano. ¡Feliz día de la madre! Besos.

Cara Barney

Todo sobre mi madre (Travis)

Con mi madre no he ido mucho al cine, al contrario de lo que ocurría con mi padre y esas grandiosas tardes de sesión continua. Sin embargo, sí compartimos muchas veladas de cine en casa, sobre todo con los ciclos de cine clásico que solían poner los lunes en La2 (entonces llamado «el guachefe»). En casa éramos tantos que teníamos dos teles en el salón, que hacía las funciones de comedor, cuarto de estar y… Sigue leyendo

Segundas partes que nunca se rodarán (y III), por Travis

Blade Runner Returns

Blade Runner

El primer problema que se encuentran los productores para esta secuela es conocer el punto de partida. ¿Continúa la historia después del primer final estrenado? ¿Continúa tras el primer montaje en DVD? ¿O tras el Director’s Cut de 1992, o el montaje final de 2007? La mayor duda es saber si Deckard (Harrison Ford) es un replicante o no, porque está claro que Sean Young, ahora Sean Old, lo es. Así que la historia comienza con la depresión de Deckard por las dudas existenciales acerca de sí mismo y por el fracaso de su vida sentimental. Su vida con la replicante es un desastre, los coitos son aburridos porque estos bichos no muestran emoción alguna. Un «¡oh!» es lo más cercano a un orgasmo que pueden emitir. En una de las conversaciones, Deckard le increpa:

– No entiendo cuando la gente describe como algo maravilloso que en la cama su mujer es una máquina.

Como los replicantes tienen una vida limitada a cuatro años, Deckard se pasa contando los días hasta que finalmente una mañana, Sean Old se queda «cuajaica» en un sillón, como una figura de cera inerte:

– Tienes la misma expresividad que cuando te movías.end2

Pero Deckard necesita saber si él es también un replicante o no. Gaff fue desenchufado después de dejarles huir en la primera, y reciclaron su endoesqueleto para fabricar origamis. A Deckard no le queda más remedio que acudir al Creador, papel que interpreta el propio Ridley Scott. Mucho decorado ultramoderno, carteles de neón con marcas que ya no existen, polución a manta, una lluvia pesada,… Beijing en unos años. El Creador recibe a Deckard con un batín de seda con las iniciales S.S.A. Cuando Deckard le pregunta por su origen, al Creador se le escapa una carcajada:

– ¡Pues claro que eres un replicante! ¿Cómo un humano iba a hablar tan despacio como tú? Eres un modelo 2.0 de los Nexus, esa versión defectuosa que dio tantos problemas. Te implantamos unos recuerdos, pero tienes pocas prestaciones, hablas muy lento, no puedes sonreír,…

– Pero… no puede ser,… llevo viviendo casi ocho años…

– Claro, es como los móviles antiguos, que tienen menos funciones pero la batería dura el doble –le pasa un escáner por los ojos-. Te pasa como a los concejales defectuosos, que en lugar de durar cuatro años, aguantan ocho. A veces más.

– ¿Entonces?

El Creador mira la pantalla del escáner:

– Te quedan 23 días antes de apagarte.

– Pero… no puede ser, tengo muchas cosas por hacer en la vida como… (se queda pensando, se supone que el momento es poético-trascendental-existencialista, pero en realidad, se pasa casi un minuto en silencio)… no sé, pero no me puedo marchar todavía.

– ¿De verdad hay algo que creas que puedes hacer con tu vida?

– No sé -dice Deckard-, será por los recuerdos implantados, pero me veo haciendo de arqueólogo aventurero o vaquero espacial hasta los 70 años. O estrellando mi propia avioneta en Kentucky. Así que no todo está perdido. Puede haber un futuro.

El Creador le mira con pena, y le propone un trato:

end3 – Hay un asesino suelto, un replicante del tipo Havier-3, que está eliminando todas mis creaciones anteriores. Acaba con él y yo te prolongaré la vida. Te puedo insertar este chip que he desarrollado en los últimos tiempos. Todavía está en fase experimental.

– ¿Y funcionará?

– Casi seguro. Lo que sí te garantizo es que mejorará tus prestaciones.

– ¿Adquiriré superfuerza, invulnerabilidad? ¿Seré más rápido?

– Serás más rápido… hablando, que hasta ahora estabas en modo 45 revoluciones y la verdad es que cansas bastante.

Deckard se marcha con una misión. Llueve. No muestra alegría porque es tan expresivo como su compañera en estado vegetativo, pero al menos tiene algo por lo que luchar. El replicante Havier-3, interpretado por Javier Bardem con el pelo oxigenado, es un tipo malencarado y con evidentes síntomas de no pasar mucho por la ducha. Los productores ahorran mucho así con la caracterización del personaje.

Llueve todo el rato. Tras varias persecuciones tediosas y una pelea desigual en la azotea de un edificio, Deckard queda malherido y colgando de una cornisa. Llueve a cántaros, esto parece Lekeitio. Havier-3 se acerca en gayumbos y con una paloma gris en las manos (es Beijing, no lo olvidemos). Parece que va a arrojar a Deckard al vacío, pero sin embargo le salva la vida y le deja seguro en la azotea. Con voz muy profunda, comienza su discurso final:end4

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto contenedores en llamas más allá de la Puerta del Sol en una protesta por la reforma laboral, y luego a esos mismos manifestantes usando esa norma para despedir a los trabajadores de su negocio. He visto actores echar Rayos C por los ojos en protesta por la guerra de Irak y luego irse a vivir a California. He visto tipos despotricando contra la privatización de la sanidad y luego alquilando una planta entera del hospital más caro de Estados Unidos para sus propios hijos. Coño, que he visto polideportivos con el nombre de mi madre. Todos esos momentos se perderán, afortunadamente, como lágrimas en la lluvia. Es hora de partir”.

Suelta la paloma al vacío, pero esta no vuela porque está intoxicada de tanta polución como hay en la ciudad. Cae y se estampa contra el suelo. “Coño”, exclama Havier-3, “es también mi hora de partir… me la crisma”. Se arroja al vacío.

Deckard vuelve a la casa del Creador para que le instale el chip milagroso, pero este ha desaparecido. En la mesa de su despacho están las pésimas críticas por sus últimos trabajos.

Deckard sabe que se le acaba el tiempo. Pero ni se inmuta. Como el resto de la película. Como en 1982. Música electrónica. Fundido a negro.

end

Ya dijo aquel que segundas partes nunca fueron buenas.

Cara Travis

Segundas partes que nunca se rodarán (II), por Travis

¿Qué tal, amiguetes? Pues vamos con la segunda parte de las segundas partes que nunca se rodarán. En mi anterior entrada mencioné un posible Blade Runner Returns, y justo una semana después leí que están preparando la continuación de esta soporífera película. Señores guionistas y productores de Hollywood, aquí les dejo mis propuestas.

2as partes

Otra proposición indecente

Veinte años después, Demi Moore y Woody Harrelson siguen siendo pobres porque hay que recordar que al final de la primera se gastaron el millón de dólares en comprarse un hipopótamo. Con grandes dificultades consiguieron meterlo en su pequeño piso de las afueras. Enseguida tuvieron problemas con los vecinos, y no por los golpes o el ruido, porque el anterior inquilino era el típico obeso norteamericano de 325 kilos que no cabe por las puertas, sino por el olor y porque la pareja se pasaba el día recogiendo restos de comida en los contenedores del vecindario para poder alimentar a la bestia.

Así que finalmente se mudan a un rancho abandonado en Luisiana. Tienen serios problemas para introducir al hipopótamo en su pequeño utilitario, pero finalmente lo consiguen y la familia «feliz» se muda. Woody se pone peluca para parecer más joven, encuentra trabajo de detective y consigue alejarse de las drogas que le habían consumido en los últimos años.

2as partes1 2as partes4

Demi, por su parte, intenta ocuparse del rancho y del hipopótamo. Pero es una carga demasiado pesada. En sentido metafórico y real. Intenta venderlo al zoo de la ciudad, pero le dicen que ya tienen uno. Luego se lo intentan colocar a varios circos de paso por el estado, pero les contestan que es mayor para enseñarle a hacer equilibrios sobre una pelota o a tumbarse sobre una joven sin aplastarla.

En una noche estrellada el hipopótamo se escapa del rancho, se mete en la autopista y provoca un accidente en el que hay varios muertos. La policía comienza sus averiguaciones y en cuestión de horas localiza a la pareja porque, al fin y al cabo, «¿quién podía tener un hipopótamo en medio de Luisiana?». Son detenidos, echan a Woody del trabajo y les acusan de varios cargos que pueden dar con sus huesos en la cárcel.

En su mansión de California, el millonario Robert Redford observa en las noticias lo sucedido y algo se ilumina en su rostro. No puede sonreir demasiado porque con tanto estiramiento de piel se le podrían saltar los puntos del cogote. Se presenta en Luisiana en su jet privado, habla con la policía y con el juez, y consigue sacar a la (ya no tan) joven pareja. «Esta noche os invito a cenar. Yo me encargaré de este asunto. No tenéis de qué preocuparos. Tengo contactos». Lo dice con un tono que ni Correa y el pequeño Nicolás juntos en sus mejores momentos.

Durante la cena en un lujoso restaurante en la azotea de un hotel, el millonario les hace su proposición:

– Vuestros problemas con la justicia desaparecerán, y os daré además un millón de euros para que desaparezcan también vuestros problemas financieros. Ah, y me encargaré también del hipopótamo, siempre quise tener compañía en mi piscina de Malibú.

– ¿Y a cambio, qué? -pregunta Demi-. ¿Otra vez tengo que acostarme con usted?

– No -responde el millonario-, tú sólo mirarás. A mi edad el sexo es como intentar jugar al billar con una cuerda. Las pastillas azules ya no me hacen efecto y ahora disfruto el sexo de otro modo. Woody, el millón de dólares es a cambio de tener sexo contigo. Y no te preocupes, que yo seré maquinista y tú el vagón de cola.

La pareja se mira y tras unos brevísimos segundos de duda, acepta. Pasan la noche desenfrenada y en la siguiente escena vemos a la pareja disfrutando en su dormitorio bajo una lluvia de billetes de 1.000 dólares.

– Ya nada será lo mismo -exclama Demi.

Y que lo digas. En los días posteriores, vemos a la pareja gastando el dinero a lo bestia. Demi se arregla los labios, el pecho, se estira la piel, se quita cartucheras,… se pone estupenda. Woody comienza a comprarse ropa ajustada y de colores vivos, y va al gimnasio a mazarse. Una noche le dice a Demi que va a salir un rato. Lleva la ropa muy ceñida, las cejas depiladas, se ha dejado una crestita púrpura y se ha perfilado los ojos. Demi se mosquea, le sigue, y se queda boquiabierta cuando descubre que entra en la mansión del millonario Robert Redford.

– Tenemos que hablar -le dice Demi cuando este vuelve a casa.

– Estoy de acuerdo. Tenemos que hablar. Estoy sintiendo cosas que no había sentido nunca. Y no tiene que ver con el dinero, reconozco que ahora es por placer. Te dejo, me voy con él. Puedes quedarte con el millón.

Demi se hunde moralmente, no puede soportar que la abandonen por un septuagenario pasado de rosca, así que luchará por recuperar a su varonil Woody. Para intentar darle celos se lía con hombres mucho más jóvenes que ella, y comienza una relación seria con un tipo majete interpretado por Ashton Kutcher. 2as partes3

Woody, por su lado, está cada día más descocado, más mazas, con ropa cada vez con menos tela y cambiando de peluca casi a diario.

Pero las dos nuevas parejas tienen problemas y rompen. Ashton abandona a Demi cuando le pide tener hijos, y ellas se echa una carcajada.

– ¡Pero si tengo 52 años!

Por su parte Woody llega un día a la mansión y el mayordomo le dice que el señor no puede recibirle. «¿Cómo que no?», lo aparta a un lado y se presenta en el dormitorio. Allí yace su amado Robert con otro anciano, el capitán von Trapp, interpretado por Christopher Plummer (ahora Christopher Pluma). Se queda descolocado. «¿Usted?»

Los dos ancianos se ponen un batín de seda y se lo explican con un whisky en la mano:2as partes7

Christopher.- No aguantaba a los niños, todo el puto día con el «Do es trato de varón, Re, selvático animal». Y no digamos de Julie tarareando Edelweiss desde que se despertaba. Me estaba volviendo loco, y al final acabé ¡loca!

Robert.- Así que me llamó. Somos viejos amigos y ambos pertenecemos a las S.S.A.

Woody.- ¿Querrás decir las S.S.?

Robert.- No, hombre, no, las S.S. no, aunque reconozco que me gusta cuando el capitán se pone su uniforme nazi. La S.S.A. es la asociación de Septuagenarios que Salieron del Armario. La creó este otro amigo nuestro (le enseña una foto). 2as partes8

Woody.-  Se parece a Gandalf.

Woody abandona la mansión y vuelve al rancho. Demi está sentada en el porche llorando sus penas. Se sienta a su lado.2as partes5

– Estás estupenda -se pone romántico.- Vaya par de melones te has puesto.

– Tú tampoco estás nada mal -responde mientras le acaricia sus bien marcados músculos-. Pero quítate ese pelucón, por favor. Y antes de que te lleve a la cama para recuperar tu condición hetero, dime que no has vuelto por el dinero.

– Claro que no, cariño. Y para demostrártelo…2as partes6

Entra en la casa, saca los fajos de billetes, los rocía de gasolina y les prende fuego.

– ¡¿Pero tú estás idiota?! -le grita Demi intentando salvar alguno.

– Lo he hecho por ti, amor mío.

Al igual que en la primera, parece que a ninguno le importa perder un millón de dólares. Se besan, hacen el amor, y aunque Woody intenta varias veces que Demi se gire y se de la vuelta, esta le demuestra que algún día fue la Teniente O’Neil, y no lo consigue.
2as partes2

Cara Travis

 

 

 

Fair play financiero, ¿quién se lo cree?, por Barney

champions

Ya tenemos aquí las semifinales de Champions: Bayern de Munich-F.C. Barcelona, y Real Madrid-Juventus.

El Madrid está en semifinales por quinto año consecutivo, el Barça juega por octava vez en los últimos diez años y el Bayern de Munich se clasifica por quinta vez en los últimos seis años. La presencia de estos tres equipos en las semifinales de las últimas temporadas se ha convertido por tanto en una constante en la que se cuelan ocasionales aspirantes como el Atlético de Madrid, el Chelsea, el Borussia Dortmund y el Manchester United. El cuarto semifinalista, la Juventus, pese a ser uno de los grandes de Europa, llevaba más de una década sin pisar esta fase de la Liga de Campeones.

La UEFA tiene montado un sistema y una competición en la que parece que le interesa que sea de este modo, con menos aspirantes reales, porque aumentan las rivalidades, más “partidos del siglo” y clásicos, nuevas revanchas,… Y si no basta con la competición deportiva propiamente dicha, se la inventan individual (Cristiano vs Messi, Guardiola vs Mourinho, balones de Oro, premios Puskas y chorradas similares), o hasta de marcas (Nike vs Adidas).champions 2

Es un negocio. Un gran negocio de proporciones desconocidas. Opaco, marrullero y corrupto. Un negocio blindado al que Blatter y sus secuaces intentan proteger a toda costa. Con normas ilegales, como aquella que impide acudir a la justicia ordinaria para defenderse. O aquella otra que impedía la libre circulación de trabajadores dentro de la Unión Europea (destrozada por la “Ley Bosman”).

Por eso me hace tanta gracia cuando oigo a los dirigentes de la UEFA hablar del fair play financiero. Tienen la indecencia de vendernos la idea de que se establecen unas reglas comunes de financiación para evitar que el poderío económico prime sobre el deportivo. Claro, claro, y yo voy y me lo trago. Por eso es sólo una casualidad que Bayern, Barça y Real Madrid tengan un puesto casi permanente en las semifinales.

Afortunadamente esto es un juego y como tal, mantiene un componente real de competencia deportiva, o de suerte, y por eso a veces nos encontramos sorpresas como las del Atleti o el Borussia compitiendo dignamente contra los todopoderosos y millonarios clubes mencionados. Y por el contrario, tenemos casos de equipos millonarios que dilapidan su fortuna en fichajes erróneos como el Chelsea, el PSG o el Manchester, cuyos puestos en el “ranking financiero” no se corresponden con sus prestaciones deportivas reales. Soy consciente de que en la última década Chelsea y Manchester han logrado las mismas Champions que Madrid y Bayern, pero sus presencias en las últimas rondas han sido más ocasionales que las de los tres que considero un peldaño por encima del resto.

El problema es que esta tendencia de los grandes a acaparar posiblemente aumentará en próximas temporadas, como en las ligas nacionales, que están muertas ahora mismo. Se las han cargado. Al año siguiente de sus magníficas temporadas, los grandes de Europa en pasta desmantelan a esos equipos que intentan entrar al reducido grupo de privilegiados, como le pasó al Borussia, cuyos dos mejores jugadores, Lewandoski y Gotze, acabaron en el Bayern (y Reus seguro que se va pronto), o el Atleti, que perdió a Diego Costa, Courtois y Filipe Luis (y seguro que pierde a Arda y Koke en breve). Ya hablé hace unos meses de la poca alegría que sentí al ganar la Supercopa de Europa al Sevilla cuando solo en el banquillo teníamos varias veces el presupuesto del Sevilla en el terreno de juego. En ese mismo post elogié los méritos del Atleti del Cholo por ser capaz de ganar la liga española y bordear la Champions con tan pocos mimbres.

Diapositiva1Como los seguidores habituales de este blog saben de mi forofismo madridista, y con el deseo de evitar críticas, he elegido precisamente las cuentas de mi equipo para explicar algunas curiosidades de este negocio del fútbol. Este inmenso negocio en el que no existe el fair play financiero que predica la UEFA. En estas cuentas se puede observar la máquina de ganar dinero que es el Real Madrid, independientemente de los títulos.

Diapositiva2

Me he permitido situar los importantes, Ligas y Champions, porque las Copas, Supercopas y Mundialitos, entran en otras categorías. En estos 15 años el Madrid ha pasado de unos ingresos de 118 millones de euros a 663, ¡ojo!, 663 millones de euros. Incluso esos años en que el Madrid no se comió un colín, los tres y pico de la anterior etapa de Florentino, el equipo seguía aumentando sus ingresos. Ganó lo económico sobre lo deportivo, los jugadores «mediáticos» sobre las necesidades del equipo (Beckham, cuando ya tenías a Figo, por ejemplo). Entre los grandes éxitos de Flo está haber echado con malas formas a Vicente del Bosque para traer a un entrenador que el Presidente definió como «moderno», porque, todo hay que decirlo, tenía mejor presencia que Don Pantuflo y hablaba un correctísimo inglés. Así estuvimos, comiéndonos los mocos durante varios años y viendo al Presi presumir de ser el equipo más rico del mundo.

Pero sigamos con algunos detalles de las Cuentas del Madrid, como el desglose de sus ingresos, o la evolución del resultado bruto de explotación:

Diapositiva3

La parte superior del cuadro recoge el desglose de ingresos, en el que se ve que se ha pasado de ingresar cero euros por partidos amistosos y compromisos internacionales a un 13% de los ingresos, unos 70 millones de euros al año. Así no es de extrañar ver al equipo jugando trofeos absurdos en países con regímenes no democráticos solo para ingresar más pasta. Da igual el equipo, el físico de los jugadores, da igual que para ellos estos viajes sean una ruina, no importa que en abril nos lamentemos de esos torneos absurdos en China o Catar.

Para mí otro detalle importante es la reducción del peso de los socios y abonados, que cada vez importan menos a la Junta Directiva. Y en cuanto al resultado de explotación, hay una explicación curiosa en las cuentas al descenso en los últimos tres ejercicios: las primas a los futbolistas por los títulos. Es decir, que ganar títulos es más gravoso para la cuenta de resultados que perderlos en las últimas rondas. Curioso. A lo mejor por eso Florentino no se pone nervioso nunca, porque pase lo que pase, él siempre gana.

Que el Real Madrid sea una mina de hacer dinero no es algo criticable, no quiero referirme en este post a eso. He analizado las cuentas del Barça y tienen una evolución similar. Son las consecuencias simplemente de la explotación de unas marcas reconocidas mundialmente y a las que se intenta sacar el mayor partido. Mi crítica viene por el lado de la competición. El Madrid y el Barça son antagónicos en todo menos en el reparto de la pasta del negocio. Y aquí coinciden en dos puntos:

– Uno, cuanto más blinden el sistema para avanzar en la competición (no olvidemos que el sistema de grupos en la Champions se inventó después de un par de años en que algunos grandes de Europa cayeron en el mes de noviembre), cuanto mayor sea el reparto económico por llegar a las últimas rondas, mayor será el desequilibrio con el resto de equipos.

– Y dos, el reparto del dinero de las televisiones. Que el Madrid y el Barça se hayan repartido más del cincuenta por ciento de los derechos televisivos en los últimos años atenta contra la competición. Los clubes acaban de firmar un manifiesto por un reparto equitativo, pero no me creo que lo consigan. Y si firman algo en esa línea, llegarán los amigos de Josean de la CNMC para invalidar el acuerdo, porque unas empresas privadas no pueden repartirse un mercado libre como es el de los derechos televisivos. Evidentemente, las cadenas no van a pagar lo mismo al Madrid o al Barça que, con todos los respetos, al Granada o al Getafe. Y continuaremos agrandando la brecha hasta convertir la Liga en el tostón que es actualmente.

Todo esto jamás ocurriría en Estados Unidos, donde de verdad saben de espectáculo y de mantener la igualdad en la competición. Miremos la NBA, por ejemplo. Una norma como el draft nos parece impensable en España. Imaginemos a ese chaval de Hospitalet de Llobregat que desea desde su nacimiento triunfar en el Barça y le dicen tras el sorteo que se tiene que ir al Almería. O a ese chico de Móstoles que nació con un escudo del Madrid en el pecho y que se tiene que ir al Athletic de Bilbao. Imposible, no ocurrirá jamás. Pero por lo menos alguien tenía que evitar ese robo de jugadores desde las propias canteras. Próximamente le dedicaré una entrada a esas fábricas de jugadores… y de promesas incumplidas.

NBA

Pero hay otros modos de controlar la igualdad en la competición y la NBA mantiene otras normas como el tope salarial de las plantillas, por ejemplo, o el veto a determinados traspasos, como ocurrió con nuestro Pau Gasol. De haber existido esta norma en Europa, tenían que haber prohibido que Lewandoski y Gotze fueran al Bayern, por ejemplo, o que el Barça se llevara medio Sevilla (Alves, Keita, Adriano, Rakitic), o que el Madrid fichara a lo mejor de la segunda fila de equipos (Ramos, Isco, Illarra, Modric, James, Bale). Hago un paréntesis para hablar de Illarra. Es tal el apego de Florentino Pérez al negocio que voy a empezar a creer en las teorías de algunos que dicen que los 40 millones de euros de su fichaje se deben al interés de adjudicarse para ACS la remodelación de Anoeta.

Claro que de aprobar ciertas normas, el negocio sería menor. Y eso no interesa a los presidentes de los grandes equipos ni a los mandamases de la UEFA.

Un último cuadro extraído de las Cuentas del Real Madrid: Diapositiva5

La sección de fútbol gana 73 millones de euros al año, la de baloncesto palma 18. Y sin embargo se mantiene entre los mejores de Europa. Con el dinero del fútbol, claro. Las fichas de los jugadores triplican los ingresos de la sección.

Diapositiva 6

La sección de baloncesto del Barça pierde más todavía, 24 millones de euros al año. Pero ahí sigue, pagando salarios de futbolista a jugadores que no lo están generando. Puro fair play financiero. O alguien lo frena o se van a cargar el baloncesto también. Nuestro eterno rival es mes que un club, concretamente tiene algo de ONG que se permite tirar 6,7 millones en el balonmano, 2,7 millones en el hockey, o ¡5,2 millones en el fútbol sala! Luego celebran los títulos como si tuvieran méritos más allá del exterminio de la competición.

Lo cierto es que yo soy del Madrid y que mi «hooliganismo» hace que me comporte exactamente igual. Pero en el fondo, muy en el fondo, me gustaría que las cosas fueran de otra manera, aunque no sé si estaría preparado para luchar cada diez años por la permanencia o celebrar como un éxito alcanzar la Europa League.

Ahora, a tomar Turín, y luego, como Leonard Cohen, «We’ll take Berlín!»

Cara Barney

 

 

 

 

 

El clan de los MacArrash (2ª parte), por Lester

“And I think I’ve drunk more than forty beers tonight…”

(Continuación)

Arrash0

Los “ullapoolenses”, que hasta entonces no habían mirado al escenario, se giraron tratando de averiguar qué clase de energúmenos podía estar cantando tan horriblemente mal una canción sobre un tío que ha bebido más de cuarenta cervezas y que va al baño a mear Sigue leyendo

El clan de los MacArrash (1ª parte), por Lester

Amiga S.N., a ver si soy capaz de superar el reto que me pusiste. Como este es un relato más largo que los habituales posts de este blog, lo voy a dividir en dos partes, como las entregas de Alejandro Dumas. Salvando las distancias, por supuesto.

Arrash0

Ocurrió en aquellos tiempos lejanos en que no había teléfonos móviles, ni wi-fis, ni conexión a internet, aquellos tiempos en los que podías desaparecer del mapa perfectamente sin que te localizaran y sin enterarte de lo que ocurría en el mundo, que, todo sea dicho de paso, nos interesaba más bien poco. Sigue leyendo