De suicidios y escritores malditos, por Travis

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Como dijo algún sabio, «suicidarme sería lo último que haría en la vida». Y sin embargo, resulta paradójico que siendo el suicidio algo tan feo, casi vulgar y en ocasiones cobarde, en el cine se nos presenta con frecuencia como todo lo contrario, como un acto heroico, lleno de épica.

suicidio1El momento cumbre de Los Miserables, la inmortal obra de Víctor Hugo, es sin duda el suicidio del comisario Javert Sigue leyendo

La seguridad jurídica salta por los aires (y II), por Josean

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– Se reanuda la sesión. El demandante alegaba en su anterior intervención que algunas decisiones judiciales ponían en duda el concepto de seguridad jurídica, si bien en su argumentación se limitaba a exponer una confusa mezcla entre normativas nacionales, comunitarias y procedimientos de reclamaciones de índole fiscal. ¿Algo más que añadir?

– Por supuesto, señoría. Mi cuestionamiento va mucho más allá Sigue leyendo

La seguridad jurídica salta por los aires (I), por Josean

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– ¡Protesto, señoría!

– Pero qué sabrá usted, que ni siquiera es abogado.

– ¿Y eso me limita el derecho a protestar, a quejarme ante leyes absurdas, o lo que es peor, ante los abusos que suponen algunas resoluciones judiciales? Estamos llegando a niveles críticos y aunque no sea abogado ni experto en Derecho, considero necesario mencionar algunas normas o resoluciones que hacen que el principio de seguridad jurídica se tambalee. Sigue leyendo

Juegos de Río 2016 (y III): un resumen a mi manera (Barney)

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Acaban los Juegos Olímpicos, comienza la Liga de fútbol. Todo el mismo fin de semana, como si esos superatletas ejemplares cedieran el testigo a esos otros no tan ejemplares.

Con la clausura de los Juegos, nos dejan esos gimnastas, nadadores, luchadores y atletas en genera que se han pasado cuatro años preparándose para su gran cita, para pruebas complicadísimas que en muchos casos duran menos de un minuto, Sigue leyendo

Juegos de Río 2016 (II): nostalgia de México 68 (Barney)

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¿Se puede sentir nostalgia de un tiempo que no has vivido? ¿Se pueden añorar unos momentos épicos que no presenciaste en directo? Pues en mi caso, sí, y si ese sentimiento no es la nostalgia, haría falta un verdadero experto (como decía Woody Allen respecto al dinero y la felicidad) para encontrar la diferencia.

Mi llegada al mundo se produjo en el ciclo olímpico entre México 68 y Múnich 72, así que no vi ni viví uno solo de los minutos de aquellos Juegos que dejaron imágenes imborrables Sigue leyendo

Blog, Año 3

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Lo siento, amigos lectores: hemos renovado. Si este blog dependiera de un jefe o de un experto independiente que decidiera desde fuera, seguramente nos habrían liquidado la página, pero como el único requisito es que los cuatro amiguetes sigan teniendo ganas de tomarse unas jarras de cerveza y contarnos sus cosas (y pagar la cuota anual, claro), el blog va a continuar un tiempo más.

Leí hace tiempo que el 99 por ciento de los blogs suelen morir antes de llegar al año de vida, Sigue leyendo

Juegos de Río 2016 (I): para esto quería una Smart TV (Barney)

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Más de diez mil atletas y en apenas dieciséis días se habrán acabado los Juegos. Visto y no visto. Al contrario que el fútbol, de cuyos partidos «clave» (y parece que todos lo son) se habla desde la semana anterior hasta la posterior, con los Juegos tienes que estar pendiente porque en apenas unas horas ves una medalla en natación, un ciclista que queda cuarto por un puñado de segundos, una gimnasta que cae de la barra y echa por tierra el trabajo de años de sacrificio, o te cabreas con la última decepción de uno de tus equipos. Sigue leyendo

Niños exterminables, por Travis

Niños exterminables 1 - Cuatro amiguetes

«¿Dónde habré puesto el Magnum 44?», pronuncio mientras busco en algún cajón el revólver que no tengo. Esta frase me viene a la cabeza cada vez que veo en la tele al niño insoportable de Indiana Jones y el templo maldito (1984), el Tapón de las pelotas. Me volvió a pasar la semana pasada, una vez más, y con los años es peor. Este niñato me echa de la peli cada vez que aparece y eso que las tres primeras del gran Indy están entre mis favoritas de todos los tiempos del género de aventuras.

Haciendo una analogía con el nombre del personaje, este chico no es el tapón de la botella de gaseosa que cierra herméticamente el tarro de las esencias, sino el tapón saltarín/cabrón de la botella de champán que hace que el preciado elemento se derroche. Qué cargante resulta por momentos, sobre todo hacia el final, cuando se pone a dar pataditas, seguramente porque todo charlie sabe algo de kárate (otro topicazo peliculero), y derriba a tres tíos de un solo golpe con un palo, o cuando empieza con el «no mucho divertido, Indy» o el «tú hace trampas».

Niños exterminables 4 - Cuatro amiguetesSi el Mola Ram le hubiera arrancado el corazón en algún momento, o si el maharajá le hubiera sajado el abdomen con la daga de Shiva, hubiéramos aplaudido a rabiar, y sería un momento mítico de la película, impactante. Los malos nos caerían bien, pasarían a ser de los nuestros, pero ya sabemos que no te puedes cargar a un niño en pantalla ni aunque lo merezca, como es este caso. La censura, la autocensura, el miedo al fracaso en taquilla o a la calificación de la película lo impiden. Chicho Ibáñez Serrador lo sabía bien y tituló su aterradora película ¿Quién puede matar a un niño? (1976), y mira que los niños de esa película tenían algo más que una patada en la boca.

El niño tiene que caer bien a la fuerza y el que diga lo contrario es un psicópata peligroso (apúntenme en la lista). Es como esos programas de nuevos talentos en los que aparecen artistas que llevan años ensayando su número (y algunos son fantásticos) junto a «niños con grasia». Pues bien, para mi cabreo, los «niños con grasia» se suelen llevar los mayores aplausos y elogios, porque a ver quién tiene el valor de echar a un niño de seis años de un programa de estos.

Y yo detesto a Tapón, qué quieren que les diga, y a muchos niños que aparecen en películas. A Anne Paquin, cuando era una insoportable niña de 11 años le dieron un Óscar por interpretar… a una insoportable niña de 11 años en El piano (otro para la lista de Óscar que me tocan).

Niños exterminables 2 - Cuatro amiguetesEl tal Tapón, que responde al nombre de Ke Huy Quan, tuvo cierto éxito en aquella época y fue contratado al año siguiente para otra película mítica de los ochenta, Los goonies (1985). Yo nunca fui muy fan de esa película, me hubiera cargado a varios chavales de la pandilla, pero en lo que se refiere a Tapón no debí ser el único, porque buscando en su filmografía veo que apenas hizo nada después. ¡Bien, señores del casting, bien! Por fin han entendido que los niños que pudieron tener su gracia de críos son realmente insoportables del todo cuando crecen (Miley Cyrus, no va por ti, qué va). Lo último que se sabe de Tapón es que trabajó como coreógrafo en escenas de acción de los X-Men. Lobezno, es tu turno, remátalo por el bien de la Humanidad.

W WHEATON,PHOENIX,J O'CONNELL STAND BY ME COLUMBIA 01/05/1986 CTM41716No odio todo el género infantil, ni mucho menos, hay películas que me gustan. De esa época tan dada a la nostalgia es la estupenda Stand by me (1986), aquí titulada Cuenta conmigo, en la que repetía uno de los goonies, Corey Feldman, el zumbao de gafas. De esta peli solo me hubiera cargado a Jerry O’Connell, el gordito, porque reúne todos los tópicos cargantes sobre los niños y las películas. El resto del reparto está perfecto en su papel, con mención especial para el malogrado River Phoenix, cuyo personaje ya tenía ese aura trágico que le persiguió en su corta vida. El mismo River interpretó, y vuelvo al principio con esta coincidencia, al joven Indiana Jones en La última cruzada.

Niños exterminables 5 - Cuatro amiguetesSteven Spielberg, director de Indiana Jones y productor de Los goonies, es uno de esos creadores a los que no solo no les importa, sino que parecen anhelar trabajar con niños. Estuvo detrás de E.T. y… bueno, salvaré de la quema a Elliott por los pelos. El mundo sería mejor si se hubiera ido en la nave espacial, pero tampoco fue tan grave que se quedara. Me atrevo a salvar también de las balas a Drew Barrymore, porque bastante sufrió ya esa niña antes de los doce años como para ahondar su desgracia.

No pensé lo mismo tras ver El imperio del Sol, con la cargante voz de Christian Bale como púber insoportable, candidato directo a la categoría de «Niño exterminable». Estando en un campo de prisioneros no hubiera sido necesario forzar demasiado el guion para buscar un motivo. Y reconozco que me equivoqué con él, porque Christian Bale ha tenido una madurez muy interesante, con papeles como el de Patrick Bateman (American Psycho), El maquinista, John Connor (Terminator Salvation) o el mejor Bruce Wayne que se recuerda (los Batman de Nolan).

Niños exterminables 6 - Cuatro amiguetesSpielberg vuelve a regalarnos otra niña exterminable en Mi amigo el gigante, una pena de película pues tenía numerosos ingredientes para resultar muy entretenida: basada en un cuento de Roald Dahl, con guion de Melissa Mathison (E.T.), banda sonora de John Williams, buenos efectos especiales como siempre con Spielberg,… Pero un tostón de peli, sin ritmo, sin gracia, sin interés,… y con una niña cargante, la tal Ruby Barnhill en el papel de Sofía. Recuerda a Matilda (otro cuento de Roald Dahl), pero como si le hubieran aplicado un sedante de caballo.

A mi modo de ver, creo que a muchos directores hay que explicarles que lo que hace cargante o salvable a un niño en una película no es la bondad o la maldad de su personaje, sino la finísima línea entre la gracia de un chaval talentoso y el supuesto (e infame) encanto de un chaval redicho, que además parece más maduro y sabio que cualquier adulto. Hay niños malos que me encantan, y niños «adorables» que me hacen buscar el Magnum.

Como hay tantos niños que aparecen en películas, y como tantos aficionados al cine son amantes de las listas, voy a concluir esta entrada con tres listas, clasificando a estos nobles e innobles infantes en función de las sensaciones que me producen (animo al lector a aportar nombres que seguro se me pasan en este repaso):

1. Niños que se salvan de la quema, la patada en la boca, el Magnum 44 y la daga de Shiva:

El Totó de Cinema Paradiso.

Los sufridores niños de Slumdog millionaire y los chicos de las favelas de Trash.

Niños exterminables 7 - Cuatro amiguetesLa Natalie Portman de León, el Profesional y Beautiful Girls. Gran adolescencia, juventud y madurez la suya. Encantadora en todos los sentidos.

El Haley Joel Osment de El sexto sentido y Forrest Gump. Y enamorado de Jenny, cómo no.

El Bola.

Los de El orfanato y Los otros.

El pequeño Nicolás, pero el de la comedia francesa, lógicamente, no el arribista que engañó a los tontos más tontos de este país.

Los niños de Pixar, en especial Andy, la niña de Toy Story 3, Los increíbles y la Riley de Inside Out. Niños exterminables 8 - Cuatro amiguetes

Y por supuesto, los de las películas de miedo: la niña de El exorcista, las gemelas de El resplandor, el psicópata de Toy Story, los niños de El pueblo de los malditos, de Poltergeist,…

Y Chencho, ¡Chenchoooo!

2. Niños que se quedan en la zona neutra, ni frío, ni calor. Por momentos los odio, pero luego ves lo mal que lo están pasando, te apiadas y hasta acabas cogiéndoles cariño. No mucho, como a una cobaya, más o menos:

El Giosué de La vida es bella.

Los niños de El niño con el pijama de rayas.

Hugo, el de La invención de Hugo. Niños exterminables 9 - Cuatro amiguetes

El Haley Joel Osment de Inteligencia Artificial (otra vez Spielberg).

La pequeña Miss Sunshine.

La Dorothy de El mago de Oz, aunque Judy Garland, con sus 17 tacos, no colaba como niña de 12. Asesinaría a su dobladora, eso sí.

3. Más niños claramente exterminables. Echan por tierra la teoría darwinista sobre la evolución de la especie:

Anakin Skywalker. De crío, de menos crío y de adolescente. Un sable láser a tiempo…

Niños exterminables 10B - Cuatro amiguetesNiños exterminables 10 - Cuatro amiguetesNiños exterminables 11 - Cuatro amiguetes

Solo en casa. Mención especial del Jurado. El director de esta película, Chris Columbus, guionista de Los Goonies por cierto, consiguió lanzar al estrellato a Macaulay «Mazo-en-la-jeta» Culkin, pero tiene el dudosísimo mérito de crear un personaje todavía más odioso: uno de los hermanos pequeños, el gafotas que se meaba encima, interpretado por Kieran Culkin. Sí, hermano del anterior. Vaya par. Niños exterminables 13 - Cuatro amiguetes

Este chico es un demonio, nunca un título estuvo mejor puesto.

Daniel el Travieso, (1993). Viendo al abominable Mason Gamble, y viendo que Walter Matthau no se lo cargaba, supe que estaba acabado como actor. Qué lástima, uno de los cabrones más simpáticos de todos los tiempos aguantando a este payaso al que le hubiera quitado los dientes con alicates. De uno en uno.

Niños exterminables 12 - Cuatro amiguetesAtreyu (Noah Hathaway) en La historia interminable. Y ya que estamos, eliminamos también a Bastian y a la Hija de la Luna.

El amigo pelirrojo del «crío» Tom Hanks en Big.

Los chicos de Zathura, Jumanji, Mary Poppins, y cómo no, nuestra aportación patria: Zipi y Zape, y los Parchís.

Niños exterminables 14 - Cuatro amiguetesCualquier papel de Freddie Highmore, ya sea en Charlie y la fábrica de chocolate, Descubriendo Nunca Jamás, o Las Crónicas de Spiderwick. Pobrecito ¡bang, bang!

(TEXTO CALIFICADO POR EL MINISTERIO COMO NO APTO PARA TODOS LOS PÚBLICOS)

¡Hasta la próxima, vigilad a esos diablillos y no los llevéis nunca a un casting!

Todo el proceso, por Lester

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A veces lo improvisado es lo que mejor resulta, como el gag de la empanadilla de Móstoles, por ejemplo, o el famoso «Lo sé» de Harrison Ford antes de ser crionizado en carbonita. Lo elaborado y archiensayado carece en ocasiones de esa frescura, de esa veracidad. Los niños improvisan todo el tiempo y Sigue leyendo

«Todo», por Lester

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Así que quiere saberlo todo, aunque la verdad duela, aunque le vaya a hacer un daño del que no se reponga. Pues bien, se lo voy a contar, claro que sí, pero por favor le pido que no vuelva a pegarme. La violencia es innecesaria, su uso gratuito y no le va a ayudar a encontrar consuelo en su desgracia.

Sí, no voy a negarlo, estoy «liado» con su mujer, como usted dice. Liado es una palabra que detesto, parece que lo nuestro ha sido casual, fortuito, como un lío de faldas, expresión que también se utiliza y que a mí personalmente me resulta espantosa.

Lo mío con su mujer, lo nuestro, es mucho más que una locura temporal. Es sincero, es real, va mucho más allá de la relación física o sexual, sé que no quiere oírlo, pero hay amor. Y es mutuo. Y tampoco quiere escucharlo, pero usted es el culpable.

Le contaré todo desde el principio. Conocí a su mujer hace apenas seis meses en el club de tenis y pádel del que son abonados. Acudo allí con bastante frecuencia, pues soy un asiduo jugador y, aunque pueda sonar presuntuoso, tengo un nivel bastante aceptable. Aquel sábado usted no llegó al partido. Yo acababa de terminar el mío con unos amigos en una pista cercana y presencié la discusión de su mujer con usted por teléfono: «siempre me haces lo mismo, siempre tu trabajo, me prometiste que hoy no fallarías».

Conozco a la otra pareja pues alguna vez había jugado contra ellos y me pidieron el favor, «si no le importa, si  no tiene usted otros planes». Fue tal la amabilidad, y sobre todo, fue tal la angustia que veía en el rostro de su mujer que no pude negarme. Resulta irónico, pero fue la primera vez que le sustituí, la primera vez que jugué a ser pareja de su mujer.

Ese mismo día, tras la ducha, me encontré con su mujer en el club social. Yo estaba en la barra disfrutando una merecida cerveza cuando ella se acercó. Sonrió, aunque su mueca era amarga. «Qué apuro», comenzó. Y no dejó de hablarme de usted. De su trabajo, sus incumplimientos, de sus ausencias, sus viajes,… Ahí había un matrimonio que hacía mucho que no lo era.

Su mujer tiene un enorme atractivo, seguro que ni se ha dado cuenta. Aquel día necesitaba alguien que escuchara sus lamentos. Fue la segunda vez que suplí su ausencia. Nos dimos dos besos de despedida. Fueron corteses, formales, meros signos de educación, si bien en el roce de rostros ambos supimos que era cuestión de tiempo que acabáramos llevando esa relación más allá. «Liados», como usted dice.

Por supuesto que volvimos a coincidir poco después en el club, apenas una semana. El rostro de su mujer dibujaba una sonrisa que esta vez no era amarga. Tampoco alegre, yo diría que curiosa, expectante. Coqueta. Al finalizar el partido, la ducha, la cerveza y la conversación, esta vez sin usted como centro de la misma, terminamos en mi cama. Su mujer estaba muy nerviosa, «es la primera vez que hago esto». Calló como si fuera a añadir algo, pero a buen entendedor, ya sabe el refrán.

Me entregué al acto como quien sabe que tiene ante sí a la mujer de su vida. Ella por el contrario estaba temerosa, insegura, quizás por la conciencia, tal vez por pensar en usted, pues al finalizar lloró. «Lo siento», me dijo, «no es por ti». Lo necesitaba, había gozado, pero en su interior le angustiaba una duda: «¿qué voy a hacer ahora?»

Vivir. Esa fue mi respuesta. Reír, disfrutar, compartir. Vivir. Y a eso nos entregamos. Su mujer y yo hemos vivido unos maravillosos meses de relación furtiva, huyendo de sus ambientes sociales de gente estirada y vacía. Hemos cenado en lugares que usted consideraría infames, pero están repletos de veracidad. Hemos ido al cine a ver comedias que usted detestaría, pero que en su mujer han provocado estruendosas carcajadas de un tipo que no recordaba ser capaz de proferir. Pero usted ni se ha enterado, ha estado tan ausente que ella ni siquiera tenía que fingir.

¿Recuerda aquel fin de semana en que usted tenía su convención anual de Directivos del año? Nosotros pasamos dos inolvidables días en una casa rural de Albarracín. Modesta para sus gustos, lo sé, pero tan real como el crujido de la rústica madera bajo el peso de nuestros cuerpos. Allí tomamos la decisión. Yo lo tenía claro desde el principio, pero su mujer me dijo que daría el paso, que hablaría con usted.

Y aquí estamos los dos. Tenga claro que no queremos nada de su fortuna, queremos vivir, solo eso. Así que por favor, le ruego de nuevo que guarde esa pistola y que deje de apuntarme.

Con esta historia recientemente he sido finalista de un concurso cuya condición casi única era que los relatos ocuparan menos de una página. «¡Bien, enhorabuena, monstruo!», me digo a mí mismo para animarme. Lo de menos es el premio en sí, simbólico, lo importante para mí es el reconocimiento, porque te anima a seguir. Porque entre varios centenares de relatos alguien se ha fijado en el tuyo, o porque alguien valora lo que haces, aunque, como en este caso, no sea tu relato preferido, ni aquel del que te sientes más orgulloso.

Este relato es, además, y de largo, el que menos tiempo me ha requerido, y solo por eso merece la pena hablar de lo que es el proceso de escritura.

Cara Lester