El calibrador de rojos y fachas, por Lester

Garrotazos

Opinar empieza a ser un ejercicio de riesgo. Decir lo que piensas en un grupo de Whatsapp de amigos o conocidos puede llevar a que inmediatamente te cuelguen una etiqueta que seguramente será equivocada o al menos de modo parcial. No digamos en esa jungla llamada Twitter si se te ocurre opinar sobre determinadas noticias porque hemos llegado a un punto en que todo, absolutamente todo, te convierte en rojo o en facha. El término medio, la equidistancia o la moderación están en vías de extinción, y no para el que opina, sino para el entorno que juzga la opinión.

– Creo que Rajoy tenía que haberse ido mucho antes de que lo echaran, «¡rojo!», pero no me gusta nada este gobierno de Sánchez pactando con comunistas e indepes. «¡Facha!»

– Menuda vergüenza la Gürtel, la Púnica, Rodrigo Rato, Bárcenas, los sobres B, «¡¡¡calla, rojo!!!», el mismo asco que los EREs de Andalucía, los fraudes de los cursos de formación, Griñán, Ábalos, las colocaciones a dedo en puestos relevantes, «¿qué dices, facha?»

Intento no opinar sobre política en grupos de Whatsapp porque la gente se calienta mucho, pero sobre todo porque cada vez hay gente más encendida que solo ve la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio, o que siempre encuentra un motivo para justificar que «no es lo mismo» o «¡no compares!». Tenemos un grupo de Whatsapp de sesenta amigos, solo tíos al borde de los cincuenta, antiguos compañeros del colegio, y cada vez que alguno ha dejado un comentario político o una noticia partidista e interesada, los otros cincuenta y nueve hemos permanecido en silencio. Una pena, pero creo que es lo más inteligente.

Hemos llegado a una situación en la que no nos sentimos libres para opinar (cosa que, por cierto, no hemos dejado de hacer los cuatro amiguetes de este blog desde hace años) y no se puede opinar porque los juicios o las valoraciones se han radicalizado, las posturas se han polarizado muchísimo y para todo. Hables de lo que hables.

  • Me niego a utilizar el lenguaje inclusivo, «eso es muy facha porque la RAE es carca y facha», pero es que no me gustan los toros, «eso es propio de rojos».
  • Las grandes empresas y las grandes fortunas deberían pagar más impuestos, unos impuestos más justos y equitativos, «ya está el comunista», pero huyo como de la peste de la sobreintervención de la economía que pretenden los de Pablo Iglesias y Sánchez, «claro, ultraliberalismo descontrolado a tope, muy de derechas».
  • El otro día viendo a Ana Pastor en LaSexta…, «yo no tengo sintonizada esa cadena de rojos, ni veo a esa tía», el caso es que sacaron un programa de lo más manipulador acerca de… «cómo os gusta a los fachas decir que LaSexta manipula».
  • Soy seguidor del Real Madrid, «claro, como todos los fachas, una institución franquista«, o del Atlético de Madrid, «el equipo del pueblo, los valores de la izquierda».
  • No tengo ningún problema con la bandera de España, la rojigualda, de hecho la suelo lucir en los maratones que corro por ahí, «muy, muy facha», pero habría afrontado el problema de Cataluña de un modo distinto a como lo hizo el Partido Popular, «claro, cediendo al independentismo, como los socialistas catalanes, regalando España».
  • Me gusta el cine español, sigo bastante sus películas, «claro, los de la ceja, sois todos unos rojos», pero me molesta mucho toda la politización que lo rodea, el rojerío de los Goya, la eterna petición de subvenciones, «¡en Francia sí saben fomentar su cultura, aquí los fachas preferís atacarla!»
  • Qué bien me cae Antonio Banderas, o he visto toda la filmografía de Almodóvar, «vaya estómago tenéis los rojos», pero qué mal me cae Javier Bardem y qué bien Arturo Fernández, «os pasa a todos los fachas».
  • Me preocupa y mucho la islamización de Europa, «veo que te estás haciendo de Vox», y qué mal lo ha hecho la Iglesia católica durante décadas ocultando los casos de pederastia en su seno, «no me toques a la iglesia, podemita, ¿qué quieres, volver al 36?».

Muchos de estos mensajes son ridículos, pero es que a esa ridiculez estamos llevando cualquier asunto. Ser vegano es progre, comer carne perpetúa un sistema capitalista y de derechas. Es una visión simplista, infantil, reducida a blanco o negro. Todo esto ya estaba en las diez estrategias de manipulación de Chomsky (que no eran de Chomsky, sino de Timsit): dirigirse al público como si fueran niños y ser complaciente con la ignorancia y la estupidez.

Escritores que no son fachas ni de lejos, como Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte, han recibido este calificativo en varias de estas polémicas a causa de sus artículos de opinión. Me deshuevo, Marías y Pérez-Reverte, fachas. En uno de los artículos de Don Arturo de hace un par de años, Ahora le toca a la lengua española, comentaba que hemos llegado al absurdo de considerar hablar bien y con un acertado uso del lenguaje como «de derechas», mientras que «a cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda». Tócate los cojones, como diría el mismo escritor ante algunas de las gilipolleces que nos toca leer o escuchar de vez en cuando.

Con todo, lo peor para mí es la polarización de la sociedad, la diferencia tan grande que se está creando entre «los dos bloques», arrasando con todo lo que intenta situarse en el medio. En política, el PP ha virado más hacia la derecha acercándose a Vox, como contrapeso al posicionamiento del PSOE junto a Podemos y los más radicales de la izquierda. Todo lo que intentó situarse en el medio, Ciudadanos o UPyD en su día, ha sido arrasado, vuelven las dos Españas. Y con las dos Españas se rescata a Franco para que se hable del franquismo más de lo que se hacía en los ochenta y los noventa. Me parece sorprendente escuchar a compañeros de trabajo nacidos después del 85 hablando todo el día de Franco, y los jueces franquistas, y los restos del dictador, y las instituciones heredadas del franquismo, y tal y tal. Nunca se habló tanto de Franco como en estos últimos años.

Al principio me hacía gracia ver cómo me tachaban de facha o rojo en distintos grupos, o según las opiniones que dejaba en este blog, pero lo cierto es que ahora no me gusta nada lo que está quedando, lo que veo. Me da mucha pena ver estas discusiones, me da rabia ver que no puede haber ya un debate sosegado y sobre todo, sobre todo, sobre todo, lo que me cabrea enormemente es comprobar cómo estamos perdiendo progresivamente (o cómo nos estamos limitando) nuestra libertad para opinar.

Déjà vu de la 2016-17, por Barney

El domingo pasado al acabar la jornada de Liga tuve una sensación muy extraña, como un eco de algo ya vivido. Un “déjà vu” o “deyaví”, por eso de no saber poner bien los acentos del francés. La jornada se cerró con un arbitraje que perjudicó severamente al Betis en su partido frente al Fútbol Club Barcelona (2-3), mientras que unas horas antes el Real Madrid sacó adelante su partido con solvencia frente al Osasuna (1-4), pese al nefasto arbitraje de Gil Manzano.

Fue una pena, porque el Madrid podía haber obtenido un mayor premio de una jornada complicada para ambos contendientes al título, y sin embargo, pese a los distintos merecimientos de uno y otro, las cosas seguían igual, con el Madrid manteniendo una exigua ventaja de tres puntos sobre los culés. Me recordó a la temporada 2016-17, aquella en la que Zidane deslumbró al mundo del fútbol con su arriesgada estrategia de jugar con dos equipos muy diferentes jornada tras jornada, la Liga del famoso “equipo B” que anotó más goles como visitante (58) que como local (48).

Aquella liga el Madrid fue el mejor equipo del campeonato de largo, mientras que el Barça tuvo una temporada complicada, también en Europa, donde cayó 4-0 en París (salvado por el Aytekinazo) y 3-0 en Turín. Sin embargo, la Liga se mantuvo viva hasta la última jornada. De modo artificial, de manera forzada. Si por merecimientos fuera, el Madrid tenía que haber sentenciado con varias jornadas de antelación, y en su lugar se encontró con que no podía fallar en dos visitas complicadas en cuatro días a Vigo y Málaga. Después de todo lo que había hecho, tenía que vencer en ambos campos a dos equipos peleones y en aquel entonces con muy buen fútbol. Para que nada fallara en el chiringo de Roures y Tebas, dos nombres que siempre se repiten: al Madrid le pitó De Burgos Bengoetxea y al Barça Hernández Hernández. Como el partido del Barça frente al Éibar se complicó, HH sacó su mejor arsenal para inventar dos penaltis, uno de ellos el famoso Penalba por patada al suelo.

Penalba

Se ganó la Liga con justicia, se ganó la Champions y la prensa calló ante lo que fue una temporada escandalosa jugada con otro Reglamento. Luego dicen que si “2 de 11”, que si el Madrid no compite las Ligas, pero lo cierto es que ganar dos ligas en este entramado podrido y perfectamente engranado es una heroicidad. Solo por recordar cómo se lograron:

  • La liga 2011-12, con Mourinho en el banquillo, es la llamada Liga de los récords. El Madrid tuvo que irse al récord de puntuación y goles para superar al Barça de Guardiola.
  • La liga 2016-17, la mencionada, con 93 puntos, con un magnífico equipo A y un B que no desmerecía en absoluto, y luchando entre otras cosas contra los penaltis no señalados en el Camp Nou y en el Bernabéu “por ser demasiado pronto”.

Este año es similar. Al Madrid ya le tangaron en la primera vuelta en el Camp Nou desde la designación de árbitros, el aplazamiento interesado y el día extra de descanso, y continuó en el campo: penaltis al limbo, un gol dudoso anulado y unas imágenes que ¡oh, casualidad!, nunca aparecen. Es tan previsible que el comentario que escribí semanas antes se cumplió casi punto por punto: Hernández Hernández en el campo y De Burgos Berngoetxea en el VAR:

Comentario La Galerna

En breve se repetirá la situación en el partido del Bernabéu, con un Madrid que podría sentenciar la Liga… si le dejan. En la 2016-17 el árbitro se comió un penalti de Umtiti nada más empezar (una vieja tradición) y el Madrid jugó con uno menos (otra no menos vieja) la última media hora. Se perdió injustamente 2-3 en la última jugada del partido y tocó sufrir el resto de partidos para llevarse el título.

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La maquinaria de lo que algunos definen acertadamente como #TheTinglao se ha puesto a funcionar a tope desde principios de temporada, pero ha intensificado su fuerza tras la eliminación copera del Barcelona frente al Athletic de Bilbao. Ya han empezado a decir que las audiencias se van a resentir por la caída del Madrid y el Barça, y tienen que mantener el interés por LaLiga como sea.

Por repasar de modo somero lo que ocurrió el pasado domingo en el Villamarín:

  • Con 1-1 Sergi Roberto realiza una entrada criminal con ambas piernas a Aleñá. Ya tenía una amarilla, y no había excusa para no mostrarle la segunda. Nada.

Sergi Roberto

  • Con 1-1 y también en la primera parte, Sergio Busquets realiza otra entrada de amarilla, que hubiera supuesto su segunda. Además protestó de modo ostensible al árbitro y le hizo este gesto de desprecio. Nada.
  • El 2-3 del Barça llega en una clara falta en ataque de Lenglet, que carga y empuja al defensa verdiblanco. Gol legal para Sánchez Martínez. Nada que revisar en el VAR, cuando en cada gol del Madrid nos toca esperar un par de minutos antes de poder celebrarlo.

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  • En la segunda parte, ya con 2-3, el mejor de los locales, Fekkir, realiza una entrada a destiempo a Lenglet. Amarilla, se aleja enfadado del árbitro, ¡¡¡que le persigue!!!, y el marroquí hace un gesto familiar. Segunda amarilla, en cinco segundos. Acojonante el doble rasero. (Vía @Hechi9248).
  • En el minuto 92, en la última jugada del partido, el árbitro deja sin señalar un claro penalti a Messi.

¿Qué había ocurrido en Pamplona unas horas antes?

  • Fede Valverde y Lucas Vázquez siguen andando de milagro, porque las entradas de Nacho Vidal y David García fueron salvajes. En el caso de este último era la segunda amarilla.
  • El penalti a Modric, al limbo.
  • El Osasuna casi empata a 2 tras una falta clara sobre Isco y un “sigan, sigan” escandaloso de Gil Manzano.

Pues bien, ¿qué destacó toda la prensa afín, es decir, de qué habló todo el TheTinglao al unísono? Sobre todo de dos jugadas, una, el penalti sobre Messi (intrascendente) no señalado, y dos, que Ramos tenía que haber sido expulsado por una jugada ¡que no fue ni falta! Se llevó el balón al llegar antes que el jugador navarro y posteriormente impactaron ambos jugadores. Es fácil comparar la imagen fija que ha utilizado toda la prensa esta semana y la que da origen a la jugada. Qué distinto se ve todo, ¿verdad?

Como muchísimo y siendo generoso, una amarilla por juego peligroso. Pues nada, tres días hablando de la permisividad con Ramos. Radios, periódicos y, por supuesto, Culevisión Española. TVE, «la de todos» (será la de todos los antimadridistas), mostró la jugada de Ramos cortando el momento en el que se lleva el balón, poniendo solo el final. Así es como se manipulan las cosas, y así es como fácilmente se lleva a la gente a creer que al Madrid le favorecieron en un partido con un arbitraje horrendo, sobre todo tras el 1-2 de los blancos. Pareció como si Gil Manzano fuera a cobrar un bonus por lograr el empate. Lo digo totalmente en serio y eso que es, quizás, el mejor árbitro de España, el único con categoría élite para la FIFA. Sin embargo, no pita nunca los Madrid-Barça. ¿Por qué? Solo lo hizo una vez y no ha repetido. ¿Tendrá que ver el hecho de que es el único árbitro que ha pitado un penalti contra el Barça en los Clásicos en estos últimos años?

El debate de esta semana ha sido si los árbitros son permisivos con Ramos. Vamos a ver, es un debate que no aguanta dos segundos con las estadísticas en la mano. Sergio Ramos es el jugador con mayor número de expulsiones en la historia de La Liga. Sin embargo, no ha sido expulsado nunca con la selección en 168 partidos, donde tiene mejores estadísticas que Piqué. «¿Insinúas que tiene distinto trato con árbitros españoles que con internacionales?». No lo insinúo, lo afirmo. Sus estadísticas en Liga indican que es expulsado cada 22 partidos, mientras que en Champions lo es cada 44.

Permisividad es la que existe con Luis Suárez, sancionado por juego violento y conductas antideportivas con el Liverpool, el Ajax y la selección uruguaya, mientras vive un sueño de impunidad en Barcelona. Permisividad es la que existe con Sergio Busquets, al que no expulsan ni aunque le saquen dos amarillas en el mismo partido. Ah, ¿que no me creéis?

Al Madrid ya le han perjudicado este año en Mallorca, Valencia, Valladolid (aunque ganó), Camp Nou y en el Bernabéu frente al Betis, y sin embargo sigue líder. A ver por cuánto tiempo. En el escándalo que ocurrió en Italia hace unos años, el Moggigate, se destapó que no solo la Juventus manipulaba la designación de árbitros para poner los que le resultaban más afines, sino que la prensa era cómplice del amaño. Unos medios de comunicación que defendían la limpieza del sistema y de la competición.

Si uno sigue LaLiga (o La Lliga) de cerca, como intento hacer yo aunque a veces me provoque arcadas, encontrará mil pruebas más que evidentes de la manipulación de la competición. Si por el contrario uno ve solo los resúmenes de dos minutos que ofrecen los de Tebas, pensará que esto es un paraíso de limpieza en el que de vez en cuando se ayuda al Madrid.

Voy a poner otro ejemplo que puede parecer menor, aunque para mí no lo es: el jugador ghanés del Alavés Wakaso. En el partido contra el Madrid se pasó 70 minutos haciendo un entradón tras otro y protestando cada vez que le señalaban falta. Fue vergonzoso, pero se fue sin tarjeta. Una semana después fue expulsado por doble amarilla con la mitad de faltas. Pero lo mejor estaba por llegar. Cómo no, en el Camp Nou. Allí vio amarilla por recibir un plantillazo de Umtiti. Pero no quedó ahí la cosa. Si uno observa la secuencia completa, es Wakaso el que llega antes al balón y el que recibe el doble golpe de Umtiti (con los tacos y con la rodilla en la espalda). El árbitro resuelve la jugada con balón para el Barça que acaba en… golazo de Messi. Gracias a @rafa_rnmj por subir el vídeo completo:

https://streamable.com/3p1db

La maquinaria de adulteración se está perfeccionando. El arranque de la temporada siguiente a la 2016-17 fue tremendo. El Madrid venía de ganar Liga y Champions y de arrasar 1-5 en la Supercopa al Barcelona, ganando con diez en el Camp Nou, luchando contra el penalti inventado tras piscinazo de Suárez y con De Burgos Bengoetxea al silbato. Un Villarato moribundo dejó al Madrid fuera del título en las diez primeras jornadas de Liga con decisiones incomprensibles a favor de unos y en contra de otros.

Fue demasiado evidente, así que la temporada siguiente igualaron algunas diferencias, como los penaltis. Con la pequeña diferencia de que al Madrid no le pitaron ninguno a favor en la primera vuelta y sí en la segunda, cuando ya estaba descartado para el título. Con el Barça ocurrió justo lo contrario. ¿Casualidad? No lo creo. Con la Liga ya decidida los números se compensaron. Hay verdaderos estudiosos de la estadística como Maketo Lari o Juanpa Frutos realizando los trabajos de análisis que no realizan los periodistas, y lo que encuentran son anomalías estadísticas demasiado exageradas desde 2004, casualmente desde el año en que Laporta apoyó a Villar para su permanencia al frente de la Federación (El saldo arbitral).

Creo que el Madrid acabará ganando esta Liga, pero estoy convencido de que la va a tener que pelear hasta el final, aunque sea superior al Barça de Messi, Ter Stegen y el #TheTinglao. Estoy viviendo un déjà vu permanente. Temo lo que está por venir el 1 de marzo, pero espero que al final de la temporada el sufrimiento haya merecido la pena.

 

La porra de los Óscar 2020

Películas Óscar 2020

TRAVIS, 09/02/2020

Creo que ningún año había visto tantas películas de las favoritas y candidatas a los Óscar como este año 2020, que además nos ha dejado una buena colección de obras notables. Se debe sin duda al estreno prácticamente simultáneo en cines de todo el mundo o en plataformas como Netflix, no como antaño, cuando tenías que esperar varios meses para el estreno de las películas premiadas en los Óscar, Globos de Oro, BAFTA y demás premios internacionales.

He visto siete de las nueve candidatas a mejor película (se me han escapado Mujercitas y Le Mans 66), aparte de otras con nominaciones en diversos apartados (Puñales por la espalda, Los dos papas, Star Wars: El ascenso de Skywalker, Dolor y gloria, El Rey León, Richard Jewell), así que me siento capacitado para dejar la tradicional apuesta/porra de los premios de la ceremonia de esta noche. Tengo claro que en los Óscar se premia no solo la calidad de la película, sino otras muchas cosas como la moda imperante, lo políticamente correcto, lo conveniente, el pasado de los candidatos, si ya han sido premiados o no, y sobre todo la ola mediática que acompaña a cada candidatura. Tiene que ganar tal o cual porque es la que los medios han empujado desde hace meses, pues vale, ha ocurrido en el pasado y seguirá ocurriendo, así que en esta «mi porra» (a la que invito a amigos y lectores a participar), voy a distinguir entre el que más me ha gustado a mí (en verde) y el que creo que va a ganar (en amarillo). Iré actualizando la porra a lo largo de la jornada con las apuestas que me vayan llegando. Vamos allá:

Película ÓscarMejor película

Aunque Joker es la que cuenta con mayor número de nominaciones, con 11, y sonó durante meses como firme candidata, la del Óscar es una carrera de larga distancia en la que la película de Todd Phillips arrancó demasiado pronto, en agosto. Se llevó el León de Oro de Venecia y multitud de elogios en la prensa, pero creo que no será la ganadora. A veces me parece que cuando una parte de la prensa eleva a los altares a una película, al poco tiempo surge la tendencia contraria que dice que «no es para tanto». Y lo cierto es que Joker es una película notable, incómoda, que te hace empatizar con el trastornado protagonista interpretado por Joaquin Phoenix, pero no creo que sea la mejor del año.

Algunas películas se han colado en la lista sin entender muy bien por qué, como Jo Jo Rabbit, una comedia satírica sobre las juventudes hitlerianas que se desinfla a medida que avanza el metraje, y sin embargo no entró Puñales por la espalda, en la que sucede todo lo contrario. La surcoreana Parasite, o Parásitos, me pareció una puñetera maravilla, me encantó, pero supongo que se llevará el Óscar de mejor película de habla no inglesa. Érase una vez en… Hollywood no está entre lo mejor de Quentin Tarantino, al menos para el que esto escribe, pero en las últimas semanas he leído varias críticas o escuchado algún podcast que la reivindica como un futuro clásico.

Creo que ganará 1917, la película de Sam Mendes sobre las trincheras en la primera guerra mundial, rodada como un falso plano secuencia, al igual que la también oscarizada Birdman (Óscar a mejor película y dirección en 2015). Es la típica película del gusto de la Academia de Hollywood: épica, histórica, una gran producción, exquisita en lo formal y avalada por la crítica. Mi película del año sigue siendo El irlandés, un peliculón con mayúsculas, pero es cierto que sus 210 minutos de metraje echan un poco para atrás. Si hoy domingo por la tarde tuviera la opción de ver 1917 o El irlandés, creo que elegiría la primera, porque la de Scorsese requiere una liturgia previa: tiempo por delante, tranquilidad, comodidad, un baño cerca,…

Óscar directorMejor director

No creo que gane el coreano Bong Joon Ho, que realiza un trabajo acongojante, angustioso por momentos, aunque Hollywood se ha acostumbrado en los últimos años a que el premio a la mejor dirección se lo lleven directores extranjeros, como los mexicanos Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, británicos como Tom Hooper (El discurso del Rey) o Danny Boyle (Slumdog millionaire), un taiwanés como Ang Lee (La vida de Pi y Brokeback mountain) o un francés como Michael Hazanavicius (The artist).

Cuando escribí sobre El irlandés y Érase una vez en… Hollywood, ya indiqué que algo de tijera habría mejorado el resultado final. Scorsese ya se llevó su premio por Infiltrados (tras una carrera repleta de títulos que bien lo merecían) y no creo que gane esta vez. El Tarantino director me gustó más que el Tarantino guionista de su última película, pero parece claro (y así lo indican todas las apuestas) que ganará de nuevo un extranjero en Hollywood: el británico Sam Mendes, por su enorme trabajo de planificación, coordinación y técnica en 1917. Será su segundo Óscar tras el que se llevó por esa patada en el estómago que fue su debut en el cine en 1999, American Beauty.

Óscar actorMejor actor

Desde el estreno de Joker ha sonado el nombre de Joaquin Phoenix como seguro ganador de la estatuilla y todos los premios posteriores han ido confirmándolo, así que parece que habrá poca sorpresa en este apartado. Es un papel desgarrado, desasosegante, poco agradable para el espectador, pero único para el lucimiento de un actor. Es el «pie izquierdo» o el Forrest Gump que casi todos los años aparece para llevarse el premio.

Me alegra ver a Antonio Banderas entre los candidatos después de tantos años, pero creo que no tiene nada que hacer. Su papel haciendo de Almodóvar en la peli de Almodóvar demuestra que todavía tiene mucho que dar y ojalá algún día logre el reconocimiento de la Academia que sí lograron otros menos dotados. Adam Driver me parece un actorazo, cada día me gusta más, y siento una enorme lástima por su personaje en Historia de un matrimonio. Papelón, pero no está entre los favoritos.

La película de Los dos papas me pareció correcta, sin más, y aunque Jonathan Pryce y Anthony Hopkins hagan unos acertados Francisco y Benedicto XVI, o Bergoglio y Ratzinger, no creo que sean papeles de Óscar. El que hace un papel acojonante es Leonardo Di Caprio, que cambia de registro varias veces en la película de Tarantino, a veces en la misma escena, para parecer soberbio, inseguro, atormentado o pasota, según convenga a cada momento. Es el que más me ha gustado, pero después del Óscar por The Revenant no creo que se lo lleve.

Óscar actrizMejor actriz

Todavía no he podido ver a Renée Zellweger interpretando a Judy Garland en Judy, pero al igual que el Óscar a mejor actor, este premio parece claro, de esos otorgados casi antes de comenzar la ceremonia. La operación que se hizo hace unos pocos años desfigurando esa carita de Bridget Jones que tenía, unido a la caracterización para el papel, hacen que esté irreconocible, pero según he leído realiza una gran interpretación, además en un biopic muy del gusto de estos premios.

A mí la que me enamoró (una vez más) fue Scarlett Johansson en Historia de un matrimonio. También en Jo Jo Rabbit, aunque su papel sea menor. En Historia de un matrimonio me pongo en la piel de Adam Driver y me niego a aceptar esa situación en la que se van metiendo los protagonistas. Me cabreo, «joder, salvad ese matrimonio», no dejéis que los picapleitos lo destrocen definitivamente, no dejes que Scarlett Johansson se vaya, haz que se enamore de ti como al principio, como tú sigues enamorado de ella.

Óscar actor repartoMejor actor de reparto

No sé si algún año ha habido tanto nivel en esta categoría. Todos los actores menos Brad Pitt tienen su correspondiente Óscar, incluso más de uno en sus vitrinas, como Tom Hanks. Creo que ganará Brad Pitt por su papel en la de Tarantino, porque nadie se quita la camiseta con su estilo, chulea a Bruce Lee o da palizas a una mujer con una lata de comida para perros de la manera en que él lo hace. Tiene muchos rasgos de algunos de sus papeles más característicos, pero es un actorazo desde hace décadas y quizás le haya llegado el momento de recibir su premio.

Los secundarios de El irlandés están enormes, y tanto Al Pacino como Joe Pesci componen grandes personajes en la peli de Scorsese. A mí me gustó de modo especial el papel de Joe Pesci, quien con sus silencios resulta mucho más expresivo que en todos sus excesos verbales de papeles anteriores (Goodfellas, Casino, Solo en casa, Mi primo Vinny).

Óscar actriz repartoMejor actriz de reparto

¡Qué raro, un año sin Meryl Streep! El papel de Scarlett Johansson en Jo Jo Rabbit tiene poco peso, pues toda la película se apoya en los jóvenes y en ese Hitler paródico, pero aun así es una actriz que cada año luce mejor.

El papel de Kathy Bates en Richard Jewell es… bueno, muy de Kathy Bates. Bien, siempre está bien, pero creo que un premio tiene que tener un plus, algo más. Creo que ganará Laura Dern por su papel de abogada sin escrúpulos en Historia de un matrimonio, donde aparte de resultar manipuladora, fría y cercana a la vez, está más atractiva que veinte años atrás.

Óscar guion originalMejor guion original

Érase una vez en.. Hollywood se llevó el Globo de Oro a mejor guion y ha cosechado un cerro de premios más, pero sinceramente creo que le falta tijera. Quentin Tarantino, en su afán por meter todas las cosas de su particular mundo interior, se pasa, está desmedido por momentos, pero no me extrañará nada si gana.

El guion de 1917 es lo que menos me gustó de la película, que está muy bien, todo hay que decirlo. Pero los protagonistas no dejan de tomar decisiones erróneas, una detrás de otra. Toda la trama gira en torno a una carrera contra el reloj y en ese sentido no va de otra cosa, no aporta más, ni desarrolla demasiado a los personajes. No creo que gane.

El guion de Puñales por la espalda sí es el típico guion trabajado, medido al milímetro, con diálogos certeros, escenas adecuadas y metidas en su momento exacto, sin fisuras. Puede que gane, para mí es mejor que el de Tarantino. Sin embargo, por lo sorprendente que me resultó, por el trasfondo social que tiene, y por su final (o finales, según se quiera), mi preferido es el de la coreana Parásitos.

Óscar guion adaptado

Mejor guion adaptado

No he visto Mujercitas, pero es una historia ya trasladada a la pantalla en varias ocasiones, y no sé si aporta algo diferente a las anteriores versiones de la novela de Louise May Alcott. Quizás tenga opciones por aquello de «lo políticamente correcto» que tanto se ha llevado en Hollywood estos últimos años.

Aunque mi favorita siga siendo El irlandés, no me extrañaría que ganara Joker, aunque tengo dudas de que realmente sea un guion adaptado. El guion de Todd Phillips y Scott Silver se basó inicialmente en Batman: La broma asesina, pero lo que realmente hicieron los guionistas fue tomar el personaje del Joker, cambiarlo por completo, añadirle los aspectos psicópatas-enfermizos de Taxi driver y meterlo en un ambiente opresivo, con un clima de revueltas sociales. Para mí no es realmente una adaptación de una obra del superhéroe. De hecho, la película podría funcionar sin las referencias al pequeño Bruce Wayne.

Óscar película habla no inglesaMejor película de habla no inglesa

Almodóvar, con Dolor y gloria has vuelto a hacer una película interesante tras el tostonazo de Los amantes pasajeros, pero no tienes nada que hacer ante el coreano Bong Joon Ho.

No tengo ninguna duda de que ganará Parásitos, una de las sorpresas de la temporada. La vi en versión original, como no podía ser de otro modo (menudo idioma el coreano), y me sorprendió porque aun siendo sus personajes y el entorno tan distantes al occidente en el que vivimos, muchas de sus situaciones nos llegan a resultar cercanas. La diferencia de clases sociales, la mentira, la manipulación, el saber buscarse la vida,… Recomendable.

Óscar banda sonoraMejor banda sonora

No se puede incluir la fenomenal selección que realiza Scorsese para El irlandés, sino que se trata de premiar a las mejores partituras originales, y aunque John Williams vuelve a estar sembrado en El ascenso de Skywalker, creo que ganará la chelista islandesa Hildur Guonadóttir.

Parece que me he marcado un exceso cinéfilo esnob, de esos de coger un nombre nórdico o indio y dárselas de entendido. Ni mucho menos, lo que he querido decir es que ganará la banda sonora de Joker, porque es perfecta para mostrar la angustia del personaje. Muy buena, inconfundible, de esas músicas que no concibes sin las imágenes que la acompañan.

Óscar película animaciónMejor película de animación

En un año en el que la película de Pixar ha sido más floja que en anteriores ediciones (Toy Story 4 está a años luz de la maravilla que fue la tercera), la categoría está más abierta que nunca. Y ahí es donde puede pescar un premio importantísimo la española Klaus, película escrita y dirigida por Sergio Pablos.

Que se llevara el Óscar dejaría con el culo al aire a nuestra Academia al haberle negado el Goya en la pasada edición, en favor de Buñuel en el laberinto de las tortugas. Mucha suerte a los nuestros.

Resto de categorías

En los apartados técnicos creo que habrá varios premios para Disney y la espectacular recreación de El Rey León con animales ¿reales? Algún premio de consolación para Le Mans 66 (montaje o edición de sonido) y seguro, seguro, alguna puya de los premiados a la Academia por las pocas opciones de minorías étnicas, diversidad sexual, veganos, crudívoros y negacionistas del cambio climático.

Que haya suerte para todos. Estas son las apuestas de los kolegas que se han animado a participar:

Porra 2020

Resultados finales

Pues ha habido sorpresón final. Los cuatro actores fueron los esperados, pero ya había indicios de que podía saltar la campanada, sobre todo cuando Parásitos se llevó el Óscar al mejor guion en lugar del favorito, Tarantino. No hubo suerte para Klaus, ni para Almodóvar ni Banderas.

El premio gordo se lo llevó la surcoreana Parásitos y su director Bong Joon Ho se une a la larga lista de directores extranjeros que se lleva el premio en los últimos años. En nuestra apuesta de amigos (en naranja los aciertos), nos arrasó Móni, que hoy me ha confesado no haber visto Parásitos, su gran apuesta. Paradojas de estos premios.

Porra resultados

And the Oscar goes to… next year!

Las grandes corporaciones son malas (II), por Josean

impuesto-sociedades

Las grandes corporaciones son malas (I). Continuación:

5. Considerar los resultados agregados y no consolidados. El cálculo del impuesto de sociedades de un grupo agrega los resultados individuales de las empresas y luego realiza las eliminaciones de operaciones intragrupo. Una filial de un grupo puede estar vendiendo un producto o servicio a otra del mismo, y lo que para una es un ingreso para la otra puede ser un coste, o un inmovilizado, o unas existencias. Ese resultado se elimina en la consolidación.

El caso del pago de dividendos es quizás en el que se ve con mayor claridad. La empresa B tiene un 50% de participación en la empresa A. Con ese porcentaje, A no consolida fiscalmente en B, y realiza su pago de impuestos con el tipo del 25%.

Antes dividendos

Supongamos (y es mucho suponer) que reparte el 100% del resultado restante a sus accionistas en forma de dividendos, es decir, a su matriz B le llegarían 30 (50% de 60).

La empresa B recibe el 50% del dividendo de A, lo integra en su base individual y lo elimina para el cálculo del impuesto, puesto que ese resultado ya ha tributado anteriormente en la empresa A.

Después de dividendos

¿Con qué resultado comparamos el impuesto? Pues el gobierno ha considerado conveniente hacerlo con el agregado (230 en el ejemplo), no con el consolidado (200), que seguiría siendo el mismo 25%. Esta manipulación de la cifra, o dejémoslo en cálculo interesado, llevado a grandes grupos con multitud de filiales tanto nacionales como extranjeras, produce distorsiones enormes en eso que han llamado tipo efectivo del impuesto.

Por otro lado, y por valorar todos los puntos de vista, este traspaso de resultados entre filiales de diferentes países con tributaciones distintas es muy goloso desde el punto de vista de la «ingeniería fiscal». Yo no digo que no haya que regularlo y controlarlo de algún modo, por supuesto que sí, y ya lo hice en su día con las empresas llamadas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple). Simplemente me he limitado en los puntos anteriores a criticar la falacia que se trata de vender a los medios para justificar las medidas que el gobierno piensa implantar según el punto 10.2 de su acuerdo:

Acuerdo PSOE-Podemos

a) La tributación mínima del 15%, dependiendo de cómo se realice ese cálculo, puede ser un auténtico hachazo para la tesorería y los resultados de las empresas, y a buen seguro afectará seriamente a su competitividad. Entre los ajustes al resultado contable que conforman la base imponible se encuentra la no deducibilidad parcial de los gastos financieros y amortizaciones, que los manda a ejercicios posteriores. Con este ajuste “Montoriano”, la base imponible se incrementa en el ejercicio en curso (y por tanto el pago de impuestos) a costa de rebajar la de los ejercicios posteriores. El que venga detrás que apechugue.

b) La reducción de la exención de los dividendos del 5% supone que el 95% restante sigue exento, y al tributar al 25% eso supone que el dividendo percibido (y que ya pagó impuestos en origen) tendrá un coste impositivo adicional del 1,25%. En mi ejemplo anterior quedaría así:

Nueva imposición dividendos

Puede ser una medida razonable, contemplada en la Directiva europea, y se justifica en los gastos que una empresa multinacional soporta en origen, en España, para el desarrollo de sus trabajos en el extranjero, pero aunque la fórmula indique que el tipo impositivo de esa empresa es inferior al 25%, no hay que olvidar que el dividendo tributó en origen y va a tributar de nuevo en destino.

Desde hace años se trabaja en la OCDE, el G-20 y la Unión Europea para controlar los abusos fiscales que pueden cometerse cuando se trasladan los beneficios de un país a otro, o se inflan los gastos para dejar el mayor resultado en los países con fiscalidad más favorable. Las normativas BEPS (Base Erosion Profit Shifting), la regulación de los precios de transferencia y de modo más reciente, la necesidad de informar del resultado obtenido por país, el country by country report. La Agencia Tributaria publicó en noviembre su cálculo acerca del impuesto efectivo que pagan las 134 multinacionales españolas obligadas a suministrar la información del country by country report (facturación superior a 750 millones de euros anuales) y concluyó que el tipo efectivo en términos de caja era del 12,6% y en términos de devengo, del 15,5%.

AEAT-country by country

Es otra aproximación. Ya no es el 7,7% sino el doble, si bien ese cálculo country by country peca de errores similares, puesto que algunas empresas informan de los resultados agregados y no consolidados, o no se consideran las compensaciones de impuestos devengadas en ejercicios anteriores como las comentadas en la primera parte de este post. En cualquier caso, este informe por país, bien realizado, puede ser muy útil para controlar los abusos de empresas como las mencionadas que trasladan sus beneficios de un país a otro para rebajar su factura fiscal.

La postura de la CEOE

Si hemos escuchado la versión de la Agencia Tributaria, tenemos que conocer la interpretación de la CEOE sobre este asunto. En diciembre de 2019, la CEOE se revolvió contra la metodología de cálculo empleada por la Agencia Tributaria y publicó su valoración (enlace: Informe CEOE), en la que, aparte de despotricar con razón, publicó los tipos efectivos que consideraba adecuados a la realidad y separando por sectores. Este tipo se acercaba al 20% de media.

Tipo efectivo por sectores

Como indican en su argumentario: “el tipo efectivo sobre la base imponible resulta más realista, ya que se realiza sobre la base imponible por la que las empresas deben tributar en España, descontados los beneficios generados en el extranjero, así como los ajustes por consolidación, las deducciones aplicadas, bases imponibles negativas obtenidas o créditos fiscales logrados”.

En esta otra noticia de esos mismos días, la CEOE indicó que las empresas del Ibex-35 pagan un tipo efectivo medio del 28,7%. Para los que hemos lidiado con el impuesto de sociedades estas diferencias entre “tipos efectivos” parecen un cachondeo, así que no quiero ni imaginar lo que pensará un profano en la materia.

La AEDAF (Asociación Española de Asesores Fiscales), en este interesante artículo titulado Tributación efectiva y la ceremonia de la confusión concluye que “el tipo efectivo medio de las empresas españolas ronda el 27%, partiendo de la metodología propuesta a tal efecto por la propia Dirección General de Tributos, el Banco de España y la propia OCDE”.

Y una referencia más: el Índice de Competitividad Fiscal de 2019, realizado por la Tax Foundation de Estados Unidos, que se puede descargar fácilmente en este enlace. El informe llega a las siguientes conclusiones:

Fortalezas y debilidades IS español

El denominado Índice de Competitividad Fiscal pretende medir si las políticas fiscales de los distintos países se guían por los dos principios que considera básicos en una buena política tributaria: competitividad y neutralidad. En función de su análisis elabora un ranking de competitividad fiscal que sitúa a España en una posición intermedia-baja (23º sobre 36 países analizados) por su fiscalidad global, el 22º por el Impuesto de Sociedades.

Ranking 2019 ICF 1

Ranking 2019 ICF 2

Conclusiones

Por supuesto que hay que mejorar la fiscalidad de las empresas y la recaudación, pero para ello no conviene mentir, que es de lo que iban estos dos textos tan largos y posiblemente tediosos que me he marcado. Y una cosa también importante: conviene no cambiar la normativa cada año. Según la misma Tax Foundation, el Impuesto de Sociedades español ha tenido más de doscientas modificaciones entre 2007 y 2017, y ahora mismo es una maraña infernal en la que se pierden fiscalistas, asesores, inspectores y por supuesto los que trabajamos en las empresas. Lo que hoy no resulta válido sí lo era hace tres años, o con otros porcentajes hace cinco, o con distintas deducciones hace siete. Es una auténtica tortura.

Hay muchas cosas que cambiar en el actual Impuesto de Sociedades, empezando por su simplificación. No hace tantos años el tipo impositivo era mucho más alto, del 35%, pero había una gran cantidad de deducciones, muchas de las cuales sí eran deducciones-trampa, o deducciones-colador, ingeniería fiscal cutre. A medida que fue bajando el tipo impositivo se redujeron las deducciones, pero por el contrario se ha complicado con los ajustes en la base imponible y las patadas hacia delante de numerosos gastos (más recaudación en el corto plazo, menor en el largo). Dejémonos de artificios, empezando por la administración.

La fiscalidad debe adaptarse a la realidad de los nuevos negocios, por difícil que me parezca atar en corto a la economía digital. Debido a la dificultad de localizar a las empresas de esta nueva economía digital, 137 países se han puesto de acuerdo en establecer una tasa global para gravar a las empresas por el lugar en el que tengan sus clientes, no sus oficinas. Puede ser un primer paso, preferible desde luego a ese modo de «hacer la guerra cada uno por su cuenta» que habían iniciado algunos países.

Bill Gates propuso hace unos meses establecer un impuesto a los robots, calculado en función del impuesto que pagaba el trabajador reemplazado. “Ahora mismo, un trabajador que realiza un trabajo en una fábrica e ingresa 50.000 dólares al año, paga unos determinados impuestos sobre esos ingresos. Si un robot viene a hacer la misma labor, se podría pensar en gravar al robot con un importe de impuestos equivalente”. Puede que sea razonable, pero no lo tengo claro, ¿y un ordenador? ¿Una cosechadora? ¿Cualquier cadena de producción del último siglo? Casi cualquier avance tecnológico supuso la sustitución de puestos de trabajo y no se generó este debate. ¿Por qué no establecer ese impuesto a «los chinos», que también han sustituido muchos puestos de trabajo locales y me niego a creer que todos ellos y sus negocios paguen impuestos?

Sobre el impuesto a las transacciones financieras ya me pronuncié en su día de modo favorable, y especialmente a las que no aportan valor y son de carácter puramente especulativo. Sigo sin entender por qué dejaron a los derivados fuera del proyecto de ley.

Hay mucho recorrido para aumentar los impuestos «verdes», relacionados con toda la eliminación de residuos. Si el principio es el de «quien contamina, paga», habrá que hacer que los productos (y por tanto los clientes) paguen mucho más por el residuo que generan, ya sea el plástico o el textil, uno de los más contaminantes que existe. Mientras no se penalice el producto por el tratamiento del residuo que genere seguiremos viendo camisetas a tres euros o mierdas de plástico a un euro, en los chinos y en los no chinos.

Hay que aumentar el número de inspectores y los medios de la inspección, puesto que estamos en unas cifras bajas en comparación con la media de la Unión Europea. Y creo que pese a que recomiende el aumento de inspecciones, hay que dejar trabajar a las empresas y no volver locos a sus gestores con tanto cambio normativo e impositivo, muchas veces generado para aumentar la recaudación en el corto plazo aun a costa de perjudicar el largo y la competitividad de las empresas.