Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto
Pagas una entrada, organizas tu día, quedas con tus hijos, o con amigos, o te sientas en el sofá de tu casa, o te pones el partido en diferido, y muchas veces solo para ver un gol, al menos uno. A veces no pides mucho más. El gol es el momento cumbre del fútbol, el instante, porque no dura más que eso, el instante en el que todo puede cambiar, un segundo de fugacidad, apenas un relámpago de genialidad y estalla la tensión acumulada durante muchos minutos, a veces, más de una hora, incluso hora y media. El gol es una explosión de júbilo, de rabia contenida, es la expulsión de adrenalina que lleva tiempo queriendo salir, que te lleva a vociferar, estallar, abrazarte a los más cercanos y sonreír.
Pues me ocurre (y no sé si en esto estoy solo) que en este fútbol moderno cada vez celebro menos los goles. O tardo más en hacerlo, que, para el caso, viene a ser lo mismo. Siento que nos están robando las celebraciones de los goles, ese estallido de euforia al que hacía referencia en el párrafo anterior. ¿Los motivos? Así, a botepronto, se me ocurren tres, seguro que habrá quien tenga otros:
Las normas de la FIFA
Dentro del «ambicioso» plan marcado por los gerifaltes del fútbol para acabar con el mismo mientras se llenan los bolsillos, comenzaron hace años con acotar las celebraciones y tratar de regular lo que se podía y lo que no se podía hacer, lo cual encaja bastante bien con este mundo de lo políticamente correcto y los ofendiditos por todo. En lugar de modificar el Reglamento para mejorar el espectáculo, algo de lo que se debate desde hace tiempo y en lo que solo se avanza en soplapolleces, la FIFA trató de cortar hace tiempo las celebraciones de los jugadores. Exageradas en muchos casos, de acuerdo, escandalosas, venga, también, pero que esto se haya convertido en un «no te quites la camiseta», «y si te la subes hasta los hombros, que no haya mensajes en otra camiseta interior», nada de saltar la valla, dar una patada al bandería, celebrar con el público, hacer gestos que puedan ser interpretados como ofensivos, porque hay una brigada de censores con monóculo controlando cada gesto de los jugadores «y no queremos que se nos ofenda un árabe o un chino porque ponen mucha pasta en esto». Y que no salte nadie del banquillo a celebrar un gol que también los tarjeteamos… ¡idos a la mierda, infantinos!
La celebración de Cristiano Ronaldo en Lisboa fue muy macarra, estoy de acuerdo, pero la de Iniesta en Sudáfrica fue gloriosa. Ahora mismo, tras cada gol y cada celebración, la UEFA, la FIFA, los comités de disciplina y la brigada de piperos con palillo en la boca escrutan cuidadosamente cada gesto de un futbolista para interpretar si con el mismo ofende a varios colectivos o no. Gracias a ellos supimos que los jugadores suizos de origen albanokosovar Shaqiri y Xhaka habían hecho el gesto del águila en el Mundial 2018, lo cual podía enfadar a los serbios, así que mejor multarlos y quitamos las ganas a otros. Hombre, los «nostálgicos» del fútbol de los ochenta y noventa no pedimos que se toleren los saludos nazis, como los de Di Canio en su día, pero ojalá el fútbol no se convierta en un juzgado de lo contencioso-gestual-administrativo. Parece coña, pero es que ya se analiza cualquier gesto o palabra, aunque sea dicha entre dientes o a un compañero, o una respuesta al público para ver si se sanciona al jugador, que tiene coj… la cosa. No hay nada más importante en lo que ocuparse. «Fútbol es fútbol», que decía Vujadin Boskov, al carajo todas estas chorradas.
El VAR
Si el gol dura un instante, un destello, ¿por qué nos hacen esperar la celebración dos o tres minutos? ¿Por qué aniquilan la espontaneidad del momento? Me pasa de manera especial en la Liga española, donde ya no celebro los goles a la primera casi nunca, condicionado por el hecho cierto y contrastado de que el VAR está controlado por el avalista del Barça y dirigido por los herederos de Negreira. Que al Real Madrid le hayan anulado muchos más goles que a sus rivales, el doble o triple que a sus rivales, en ocasiones tirando las líneas con el pintalabios de la señorita Pepis, no hace sino aumentar esa sensación de no-celebración hasta que vea al equipo rival sacar de centro, el gol en el casillero y que hayan transcurrido varios minutos más tras la reanudación.
En los chats con amigos, mientras vemos un partido, nos ponemos en la piel de esos González-González de la vida que escrutan cada imagen de un gol del Madrid en busca de un roce con la uña del meñique, o un soplido sobre la nuca del defensa o del portero, o un mechón del flequillo en posible posición adelantada para tratar de anticipar si van a anular el gol o no. Así que el momento espontáneo de celebración se ha convertido en improvisados debates sobre la validez o no del mismo, «¡no jodas, cómo van a anularlo por eso!», hasta que vemos al De Burgos-Sotogrado-Sánchez Martínez-Bengoetxea de turno invalidando la jugada sin necesidad de acudir al monitor. Les basta con señalarse el pinganillo y a otra cosa, pringaos vikingos.
En la Champions funciona bastante mejor, por suerte, y aun así, nos privaron en directo del momento cumbre de la temporada pasada, que no fue en la final, sino el 2-1 de Joselu con la espinilla en las semis contra el Bayern. Los jugadores tuvieron que esperar más que los que lo veíamos en casa, sabiendo que a los esbirros de Ceferino no les quedaba más remedio que validar el tanto.
– ¿Qué pasa, no lo celebras? -me dice mi mujer muchas veces tras un gol del Madrid.
El VAR me ha privado de esa alegría instantánea, y celebrarlo un minuto más tarde me hace recordar el inmenso lodazal de corrupción que ha sido este campeonato durante décadas.
Los propios futbolistas
A veces pienso que los peores son los propios futbolistas, la moda esta moderna en la que parecen más actores o influencers que superatletas. No soporto a todos esos futbolistas (y ya lo son casi todos) que piden a sus compañeros que no lo abracen todavía porque no han hecho «su ritual». Que si besarse los nudillos o las muñecas, el soplido a cámara, el siiiiuuuu tras salto, señalarse el dorsal, el escudo, mostrar las orejas, el gesto de la tortuga, la mano al pecho y el dedo al cielo… «ya está, ya lo he hecho, ya podéis venir a abrazarme, llevarme en volandas o felarme de manera conveniente». A veces es tan ridículo que primero esperan la confirmación del gol en el VAR, luego hacen el ritual de las narices, y a continuación ya viene el abrazo con los compañeros. Menos mal que no soy profesional, porque pasaría, ya estaría en mi sitio presto para continuar el juego.
Los propios futbolistas son los primeros en acabar con la espontaneidad del momento con sus chorradas a cámara. Supongo que es una cuestión de pasta, de derechos de imagen, de los patrocinadores de la marca de ropa, pero creo que, más que eso aún, es un asunto del ego de las estrellas. «He creado mi sello, mi celebración propia que millones de niños van a imitar en el mundo». La última gilipollez del mundo del fútbol es la de patentar la celebración y pretender cobrar ¿¡derechos de autor!!!? Cole Palmer ha registrado su gesto del frío, Dani Olmo, el de señalar la hora, Mbappé, el gesto de la tortuga… ¿nos hemos vuelto ya gilipollas del todo?
Mira que me encanta Jude Bellingham como futbolista, pero me entero de que ha registrado sus brazos en modo «cuasiCristo del Corcovado» como marca propia, ¿de verdad? ¿De verdad alguien ha admitido una autoría a un gesto que los que hemos jugado al fútbol hemos hecho miles de veces? (Exagero, no he metido tantos goles en mi vida). Pues sí, parece que la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea ha admitido todos estos gestos. Sí, he dicho bien, propiedad «intelectual». En el fondo, todo va de lo mismo, de monetizar el juego, de tratar de sacar réditos a la pelota, de andar pendiente del gesto que va a las redes sociales en lugar del propio juego.
Por muchas de estas razones, cada día valoro más a un jugador de la vieja escuela, como es Fede Valverde. Cada vez que marca un gol (golazo en el noventa por ciento de las ocasiones), explota, corre, da puñetazos al aire, se tira de la camiseta, estalla como lo hacemos los aficionados (como haré yo mañana cuando vuelva a ponerme las botas para una pachanga navideña con los colegas de siempre). Pero incluso el futuro capitán del Real Madrid por muchos años, cayó un día en una celebración significativa y el otro día, tras marcar al Sevilla, entre el público y algunos de sus compañeros le pidieron que la hiciera. Y a tomarporcu… la espontaneidad.
Esta semana ha comenzado la vista en Inglaterra para dilucidar si los 115 cargos de que se acusa al Manchester City (130 ya, con los 15 incorporados en el último mes) son merecedores de sanción, y de una sanción ejemplar, como solicitan cada vez más clubes y medios en el país. Los que seguimos el fútbol desde siempre manteníamos cierto escepticismo con el proceso, al igual que con los iniciados en el pasado contra el Paris Saint Germain, contra el propio City o los inexistentes contra el Fútbol Club Barcelona. Pero es posible que algo haya cambiado y quizás por ello albergo ciertas esperanzas de que se sancione duramente a los que juegan con otras normas. El motivo de este cierto optimismo viene por dos motivos:
Las sanciones ya aplicadas la temporada pasada al Everton y al Nottingham Forest por incumplimiento de la normativa financiera de la Premier, concretamente, superar las pérdidas de 105 millones de libras en tres ejercicios. Al Everton le restaron 10 puntos en la clasificación, luego reducidos a 6, y el Forest fue castigado con 4 puntos menos, sanciones que fueron aplicadas en la clasificación de la misma temporada. Ambos equipos coquetearon con el descenso, luego la Premier no se anda con remilgos.
El gobierno británico está preocupado por las fuertes pérdidas de los clubes de la primera y segunda división inglesas, y planteó hace meses la creación de un órgano supervisor independiente de los clubes (ya tratado en (In)sostenibilidad financiera y austericidio). Los clubes de la Premier han reaccionado tratando de hacer ver que son capaces de autogestionar su competición, y quieren demostrarlo con sanciones como las mencionadas, o con los procesos al Manchester City y al Chelsea.
Los 115 cargos por los que se investiga al City (130 ya) se desglosan en:
54 cargos por no proporcionar información financiera precisa de las temporadas 2009-10 hasta 2017-18. Aquí no hay prescripción que valga, como ha sucedido en LaLiga española con los pagos a Negreira. Entre los datos imprecisos figuran los contratos de patrocinios (dudosos, fuera de mercado o con empresas vinculadas).
14 por información inadecuada sobre los contratos de jugadores y entrenadores. Como ejemplo, se ha mencionado el contrato que tuvo Roberto Mancini como entrenador, el cual cobraba un contrato «real» del City y el mismo salario por un cargo como asesor del Al Jazeera. Pese a que las investigaciones terminaban inicialmente en 2018, me gustaría que algún día se supiera el importe real del traspaso del noruego Haaland, pues, siempre según el propio club, la cifra fue de 60 millones de euros. Me lo creo tanto como los 19 millones del Barça por Neymar.
5 cargos más por incumplir la regulación financiera de la UEFA.
7 por los incumplimientos de la sostenibilidad financiera exigida por la Premier.
35 por falta de cooperación en la investigación.
Y los 15 cargos recientemente incorporados por los incumplimientos de las temporadas 2018-19 hasta 2021-22.
No deja de resultar curioso que este proceso, que supuso cuatro años de investigaciones, se anunciara en febrero de 2023, justo la misma semana en que el gobierno británico anunciaba la creación del órgano supervisor. Hay que tener en cuenta que 17 de los 20 clubes de la Premier pertenecen a dueños extranjeros (fondos de Abu Dhabi, Arabia Saudí, Irán, Tailandia y mayoría de estadounidenses). No creo en las casualidades. Las pérdidas de los clubes han seguido creciendo, según el último informe de Deloitte sobre las finanzas del fútbol europeo:
La propia Premier quiere apartar la injerencia de un regulador externo y por ello ha planteado una nueva normativa de fairplay financiero a partir de la temporada 2025-26: los clubes tendrán un tope del 70% de sus ingresos para costes salariales y traspasos, porcentaje que podrá subir al 85% para los clubes que no participen en competiciones europeas. Las cifras actuales están disparadas en varios casos (no así en el City, que ha hecho un ejercicio de contención en las últimas dos temporadas):
Con este modelo, los dueños de los clubes aspiran a no ser fiscalizados por un tercero, sino a un modelo como el de la NBA o la NFL de autogestión, y por ese motivo, parecen dispuestos esta vez a sancionar y ejemplarizar con el City y, según pinta, posteriormente con el Chelsea. Otros dos aspectos importantes en lo referido al proceso del Manchester City:
Para que la Premier modifique su normativa o adopte algún tipo de decisión, basta con el apoyo favorable de 14 de los 20 clubes, y la mayoría ya han mostrado su predisposición a sancionar los incumplimientos de ambos clubes. Un fondo americano quiere rentabilidad, pero no puede competir con los fondos ilimitados de Arabia Saudí o los Emiratos.
La anterior sanción al Manchester City (que los excluía dos años de las competiciones europeas) provenía de la UEFA y tenía recurso ante el TAS, que fue quien rebajó la misma a la ridiculez de 10 millones de euros por prescripción del delito. Este proceso parte de la propia Premier y no tiene recurso ante el TAS.
La reacción de los dueños del club ha sido de oposición frontal a las acusaciones, incluso, con la presentación de una demanda a la Premier por las restricciones a las operaciones con empresas vinculadas. No solo no han colaborado con las investigaciones con la aportación de documentación, sino que el propio dueño del club, el jeque Mansour Bin Zayed, fue grabado con la famosa frase de que prefería gastarse 30 millones de libras en abogados a pagar una sola libra a la Premier.
Las sanciones a las que se enfrenta el club mancuniano son de lo más variado:
Algunos medios hablaron de un descuento de 80 puntos a aplicar en el siguiente campeonato, lo que supondría con seguridad el descenso (65 puntos distanciaron al City del antepenúltimo la pasada temporada) y una temporada fuera de Europa. Hay otros que opinan que la sanción podría repartirse en tres temporadas.
Descenso directo a la segunda división.
Retirada de títulos. Hay clubes que lo han pedido abiertamente. De poco sirve quitar puntos en campeonatos posteriores si eso te ha permitido beneficiarte de títulos (6 de las últimas 7 ligas, por ejemplo). No hacerlo sería como mantener los Tours de Armstrong y sancionarlo con no participar en el siguiente Giro o Tour.
La expulsión de la Premier, con todas las letras. Hay quien lo plantea como la única solución para que el Manchester City pague por sus culpas. Para volver a la primera, tendría que hacer una especie de refundición y comenzar en la cuarta división o en el fútbol aficionado.
En cualquier caso, será una resolución interesante por las consecuencias que puede tener. Entre las teorías que circulan, hay una que dice que el City, propiedad del grupo de Abu Dhabi City Football Group, podría ceder a jugadores entre varios de los clubes satélites pertenecientes al grupo: Girona, Troyes (Ligue 1), Palermo (Serie A), New York City, y así hasta 13 clubes repartidos por todo el mundo:
Otra opción que se baraja es la posible incorporación del City a la Superliga si se consumase la expulsión de la Premier. Ahora bien, que los dos principales socios del Real Madrid en el proyecto fueran el cliente de Negreira y el de las trampas contables, no es precisamente el mejor aval para la reputación de la competición.
Comparación con España
Esta misma semana dijo el presidente de LaLiga, Javier Tebas, que el City debería ser sancionado duramente por sus infracciones. Sorprende esa dureza en sus declaraciones cuando no tardó ni medio día en decir que no se podía hacer nada en contra del Barça por el caso Negreira. Pero es que también ha transigido con los incumplimientos contables y del fairplay financiero del Barça. Las palancas de Barça Studios siguen sin concretarse en ingresos reales en la caja para los de Laporta, y sin embargo, ahí siguen las inscripciones obtenidas pese a incumplir las reglas de la competición.
Al contrario que en Inglaterra, salvo el Real Madrid y el Athletic de Bilbao, y tímidamente el Sevilla, ningún club ha manifestado su interés por que se sancione al Barça, ya sea por los pagos al vicepresidente del CTA o por las falsas palancas. ¿Por qué se critica tanto al City en Inglaterra y se le «protege» desde España? Pues por antimadridismo, no puedo concebir otra razón.
El Manchester City es puro ADN culé. Su CEO desde 2012 es Ferran Soriano, el que fuera CEO de Joan Laporta en su primera etapa al frente del club, cuando se cuadruplicaron los pagos a Negreira. El director técnico es Txiki Begiristáin y el entrenador, el que llevó al club catalán a su época más victoriosa, Pep Guardiola. En los últimos años ha sido el rival más poderoso al que se ha enfrentado el Real Madrid, y, quizás por ello, sean muchos los que no desean una sanción para el club inglés que lo aparte de la primera línea durante varias temporadas. Mejor seguir apoyando al tramposo, como se ha visto con el Barça. Casi todo lo sucedido con el City, ya lo hizo el Barça en el pasado:
Traspasos inflados para evitar las pérdidas contables (Neto-Cillessen, Pjanic-Artur). Otro ejemplo que me da envidia: en Italia, la Juventus fue sancionada con diez puntos por el caso de las plusvalías infladas, la mayor de las cuales fue en el intercambio con… ¿lo sabéis?: el Barça.
Multiplicidad de contratos para evitar dar las cifras reales (Neymar es el mayor exponente).
Nula colaboración con las investigaciones.
Si a todo ello se le añade el conflicto de intereses con el proveedor de las imágenes del VAR, los pagos al CTA o el paso directo de la vicepresidencia del club al Consejo Superior de Deportes (Albert Soler) para modificar a su antojo culé la Ley del Deporte, uno se pregunta qué cojones hacemos compitiendo en este campeonato con semejante rival.
De todo ello estuve conversando con Javi «Kollins» en su canal esta misma semana. El enlace está al principio del post.
Brian Winner, el conocido jefazo de la productora, se encontraba en su amplio despacho californiano a media mañana. Tenía mal aspecto. Apuró su segundo whisky de la mañana, se apretó los cordones tejanos que hacían las veces de corbata en su atuendo y llamó a su secretaria:
– Señorita Hardaway, ¿a quiénes tenemos hoy?
Por el interfono se escuchó la voz de la secretaria:
– Tengo aquí a los tres productores ejecutivos a los que Vd. había citado para la película sobre los Juegos de París.
– No, señor Winner. Es otro Rodríguez, pero este viene de España, la España de Europa.
“Ah”, pensó el tejano. “España de Europa y no de México, ¿y cuál coño es la diferencia?”.
– Señorita Hardaway, ¿la Greenflower esa es la que trabajó varios años para Netflix?
– Exactamente -respondió la secretaria de modo diligente.
“Qué pereza”, pensó el productor.
– Bueno, que pasen los tres y a ver si despachamos rápido.
– ¿Todos a la vez?
– Sí -vociferó-, que cada uno escuche las historias de los otros, si yo me las trago, ellos también, y a ver si así sale algo entre toda la bazofia que me traigan.
– Como quiera.
Los tres visitantes entraron al despacho y tomaron asiento frente al productor Winner, que estuvo tentado de servirse un nuevo whisky. Desde aquella absurda denuncia de una trabajadora, había tenido que dejar los habanos que recibía hasta poco después de los Juegos de Tokio. “Que si estaba embarazada y no sé qué”, se quejaba en su círculo interno de amigos, “ahora resulta que puedo emborracharme durante la jornada de trabajo y soltar fucking gilipolleces, pero no me dejan echar unas caladitas, que son las que de verdad me relajaban y me llevaban a acertar sobre las historias, ¡este mundo se nos va a la mierda!”.
Todos los productores ejecutivos que habían pasado por ese despacho sabían que contaban con un tiempo máximo de tres minutos. Si la idea era “mala de cojones”, el señor Winner los callaba con el índice y pasaba al siguiente. Si la idea era medianamente ejecutable, dejaba que terminaran su exposición. El señor Winner miró a los tres y torció el gesto cuando vio el aspecto colorido y extremely cool de la señorita Greenflower:
– Recuerde: tres minutos. Empiece usted -le conminó con el dedo.
Mrs. GREENFLOWER.- Señor Winner, el público está cansado de historias deportivas heteropatriarcales repletas de hombres musculosos que luchan y se enfrentan a otros hombres igualmente musculosos, tipos duros que exudan testosterona y solo conocen el sacrificio extremo y el entrenamiento hasta niveles de tortura. Así que queremos apostar por las nuevas tendencias que tanto están gustando a las nuevas masas. Mi proyecto se titulará “Supercampeonas” y me encantaría que lo dirigiera Greta Gerwig, que hizo esa obra maestra que es Barbie.
Pasó un dedo por su iPad y mostró un fotomontaje en el que se veía a un grupo de mujeres: negras, blancas, mulatas, orientales, de distinto peso y altura. El señor Winner comenzó a levantar el índice para cortarla, «fucking woke», pero recordó que la señorita Greenflower era el fichaje estrella de los nuevos inversores de la Metro, así que, aunque su idea era pasar por napalm ese esbozo de guion, al menos tenía que fingir interés y escucharla. A medida que soltaba nombres, la productora pasaba las imágenes en la tablet:
Mrs. GREENFLOWER.- Contaremos la intrahistoria que hay detrás de cada participante. Shafiqua Maloney, mire qué aspecto tan estético para una buena historia. Natural de San Vicente y las Granadinas, se quedó a dos décimas de lograr la primera medalla de la historia para su país.
Kim Mi Rae, de Corea del Norte. Lloró al recibir la medalla de bronce, pero no por la recompensa a su esfuerzo, sino al pensar que el idolatrado Líder Supremo del país la recibiría como una heroína del pueblo.
Por la cabeza de Winner pasó otra vez ese pensamiento de «malditos rojos millonarios», pero no le dio tiempo a decir nada al ver el nombre de la siguiente candidata, «¿un tío?». Un malentendido que se aclaró enseguida:
Diyora Keldiyorova, 50 kilos de peso, una uzbeka que logra llevarse el oro en un país que llevaba casi exclusivamente luchadores y boxeadores hombres a los Juegos.Raven Saunders, plata en peso en 2020 y «undécime» en París. Realmente se identifica como no binaria y queer, pero compite como mujer.
A Winner le vino a la cabeza una de las parejas cómicas del cine mudo. Masculino, por supuesto.
– Vale, vale -le apremió Winner-. Supongo que las siguientes serán lesbianas…
– Sí, tengo varias futbolistas de la selección española. Y Ana Carolina Silva, bronce en voleibol con Brasil.
– ¿También es boll… lesbiana?
– No, es vegana y ha hecho gala de su dieta para llegar a lo más alto.
– Mucha diversidad, seguro que es lo que le parece, ¿pero no habría sido mejor incluir a algún hombre, uno al menos?
– Oh, mire, tenemos -pasó el dedo por la pantalla y se lo mostró.
– Hergie Bacyadan, boxeador filipino. Nació mujer, pero se identifica como hombre transgénero.
Winner suspiró, «creo que me voy a tomar ese whisky».
– Y a todo esto, ¿de qué iría la trama de la película?
– Nada especial -respondió Greenflower-, serían como piezas documentales para contar las dificultades contra las que han tenido que luchar estas supercampeonas.
– ¿Dificultades? ¿Ser negra, vegana, de ojos rasgados, gay o porreta? ¡Ni que fueran atletas con discapacidad!
– ¡Anda, se me ha olvidado incluir a un paralímpico!
Pasó el dedo varias veces por la pantalla, encontró lo que buscaba, y se lo mostró:
– WTF? ¿Otra vez con lo mismo? -en su interior repetía «cabezabuque, cabezabuque, qué apellido tan apropiado llevas».
– No, no, no, déjeme que continúe, que desde los anteriores Juegos ha habido una evolución de los personajes.
MR. BOATHEAD.- Recordará que en Tokio Simone Biles apareció como la heroína que se sobrepuso a una terrible historia de abusos, depresión y estrés en la propia competición, mientras que el serbio Novak Djokovic se mostró prepotente y desafortunado en sus declaraciones. A mí me gustaría titular esta película Dos caras de la misma moneda, y que la dirigiera alguien un tanto retorcido, Darren Aronofsky, por ejemplo. En París tendremos a una Simone Biles que ya no es tan buena como nos la habían pintado: sus broncas en las redes con la excompañera que la sustituyó en Tokio, MyKayla Skinner, sus palabras totalmente equivocadas sobre la gastronomía francesa, el excesivo protagonismo de su marido y la reacción agresiva de la gimnasta ante las críticas.
Winner levantó el dedo y lo giró, como animándolo a continuar. «Nunca he soportado a esa petarda».
MR. BOATHEAD.- Por el otro lado de la trama tenemos a Novak Djokovic, el hombre que se enfrentó a todo el sistema, el antivacunas en su carrera por ser considerado el mejor de la historia. Lo ha ganado todo, más Grand Slams y Master 1000 que nadie, pero anhela como pocas cosas una medalla de oro para su país. Se opera la rodilla el 7 de junio y aun así, con un vendaje y mucho esfuerzo, es capaz de llegar a la final de Wimbledon, que pierde ante ese nuevo Nadal, ese tal Carlos Alcaraz. Ambos se enfrentan de nuevo en la final de París con el oro en juego. El villano de Tokio se convertirá por fin en ese héroe que lo ha ganado todo. El guion contaría ambos Juegos, los altibajos del deporte de élite y terminaría con el recibimiento que realizaron en Serbia al tenista, mientras que la norteamericana llegaría a Estados Unidos como una más de una delegación con bastantes triunfadores que acaparan más éxito mediático.
El señor Winner se quedó pensativo. Siempre le había caído bien ese serbio, le recordaba un poco a su querido Trump por el negacionismo ante ciertas imposiciones «de esos progres que todo lo invaden». Levantó el índice y señaló a Rodríguez, «el español que no es mexicano».
SR. RODRÍGUEZ.- «Otra manera de triunfar», ese sería el título. Sé que puede que no tenga gancho, pero «Un triunfo doloroso» o «Aprender a triunfar», que es lo que este guion trata de contar, me gustan menos. Es la historia de Carolina Marín, una paisana de mi tierra, de Huelva.
– ¿Caroline Merin? -exclamó Winner con un espantoso acento-. Where the hell is Well-bah?
SR. RODRÍGUEZ.- Puede que a priori le parezca que no tiene gancho, pero es un argumento que no tiene nada que envidiar a Rocky Balboa y sus entrenamientos por Filadelfia. La trama se desarrollaría en Huelva, una ciudad al sur de España en un país sin ninguna tradición en bádminton. La suya es una historia de determinación, de lucha, de garra, le puedo pasar la serie que ya existe en Amazon Prime, «Puedo porque pienso que puedo». Carolina solo conoce el triunfo, la victoria, fue campeona olímpica en Río 2016 y tres veces campeona del mundo. Se sobrepuso a una rotura del cruzado de la rodilla derecha en 2019 y, cuando se preparaba para defender el título en Tokio, se rompió el ligamento cruzado anterior y los dos meniscos de la rodilla izquierda. Pero se repone a todos los palos que le da la vida, aunque el más doloroso fue la muerte de su padre.
¡Joder, esta chica es la teniente O’Neil, la boxeadora de Million dollar baby y, tiene el espíritu de Sarah Connor y la determinación de Beatrix Kiddo! Tiene el oro entre ceja y ceja, llega a París en plena forma y va derrotando a sus rivales una tras otra hasta la semifinal, en la que va por delante con comodidad en el marcador. De repente, su rodilla cede de nuevo, se quiebra. El grito de dolor resuena en el polideportivo.
– Entonces, ¿es la historia de una derrota? -preguntó Winner.
SR. RODRÍGUEZ.- Noooo, toodo lo contrario. Ella llora porque solo concibe el título como meta, como objetivo, como modo de eludir lo que considera un fracaso. Pero todo el público comienza a aplaudir su esfuerzo por continuar en la brega, saben de su historia y de todo lo que ha peleado para llegar hasta allí y se lo reconoce. Como se lo reconocen muchos de los grandes deportistas de los Juegos, Carolina recibe incluso más cariño en redes del que había recibido por sus títulos. Su rival en las semifinales se acuerda de ella cuando recibe la medalla de plata, es un momento de gran emotividad. Carolina descubre que existe ese «otro modo de triunfar».
– Cómo os gusta a los europeos la épica de la derrota -sentenció Winner-. Gracias por sus propuestas, señores.
– Y señorita -respondió Greenflower.
– Sí, y señorita -suspiró.
Los tres ejecutivos abandonaron el despacho. Winner tenía claro lo que le podía llegar a interesar de todo lo que acababa de escuchar. ¿Y ustedes, amables lectores?
Siempre que acaban unos Juegos Olímpicos surge el debate en los medios sobre si han sido buenos, horribles o “los mejores Juegos de la historia”, algo que vengo escuchando al menos desde Barcelona 92. Parece obvio que los de Río se salvaron, pese a las carencias de la organización y lo apurado de las instalaciones. Los de Tokio nunca podrán ser los mejores de siempre por razones obvias: los estadios vacíos, una cierta sensación de tristeza, de “celebrarlos porque sí, aunque sea con un año de retraso”. No sé cómo catalogar los de París, lo dejo a los expertos. Han tenido muchos momentos positivos en lo competitivo (post de Barney), muy vistosos por el “decorado” de París y un acercamiento al deporte popular (post de Lester). Y varias polémicas, que es para lo que algunos hemos quedado.
La época del postureo: vivimos en la época de las redes sociales, la viralización de las imágenes y la polarización de las opiniones para todo, también para el deporte. Los Juegos han tenido acusaciones de “wokismo” desde antes de que empezaran: por el cartel oficial, por la supuesta parodia kitsch-trans de La última cena en la ceremonia inaugural, por la interpretación que otros dieron a los símbolos de la clausura… Algunas agrupaciones católicas se sintieron atacadas por esa imagen de la que ya da igual si su intención era provocar o no: estaba fuera de lugar. Lo que se pide en estos eventos es que haya clase, elegancia, belleza, concordia… en ese engendro no había nada. Si alguien pretende que en el país que sufrió la matanza de Charlie Hebdo se haga una chanza similar con algún símbolo del Islam, como he leído por ahí, que espere sentado varios ciclos olímpicos más.
En ese postureo del comité organizador, incluso se permitieron modificar uno de los símbolos universales del movimiento olímpico: la llama, el fuego encendido en la misma Olimpia y trasladado de mano en mano desde Grecia. El invento del pebetero suspendido en el aire con la forma del globo de los hermanos Montgolfier ofrecía una imagen espectacular, muy fotogénica, pero tenía truco: no era fuego real. Se trataba de una combinación de agua, gases y luces LED. En aras de la sostenibilidad, como nos contaron después. En algún momento se rompió la «cadena del fuego» de Olimpia. El Comité Olímpico Internacional (COI) se sumó hace años a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la Agenda 2030, aunque lo haga más de boquilla y de cara a la galería que otra cosa. Se ha hablado mucho de inclusión, diversidad, sostenibilidad, respeto al medioambiente, etc. Lo mejor de París en este sentido es que tenía construidas casi todas las instalaciones, no ha habido que acometer despilfarros insostenibles como los del mundial de Catar.
La villa olímpica y la comida de los atletas. En esa línea de postureo, se construyó la villa olímpica con criterios ecológicos y de sostenibilidad. Mucha madera, material reciclable y un fuerte compromiso para reducir las emisiones de CO2 a la mitad en comparación con las de Río 2016. Desconozco cómo se realizan dichas mediciones, si incluyen todos los traslados en avión de los deportistas, el desplazamiento de seguidores y equipos técnicos, el desgaste de energía que ha habido para limpiar el Sena, etc. Todo lo que se haga en este sentido y no sea postureo, bienvenido sea. El problema ha surgido cuando llegaron las quejas de los atletas por la mala calidad del alojamiento, la incomodidad de las camas, el poco espacio en las habitaciones y el mal funcionamiento del aire acondicionado. La polémica se acrecentó cuando aparecieron las imágenes del campeón olímpico de los 100 metros espalda (el italiano Thomas Ceccon) durmiendo en un parque por la incomodidad del recinto.
El comité organizador también presumió de haber doblado los menús de origen vegetal en la villa, algo muy de estos días, por la sostenibilidad, acabar con las granjas industriales, etc. El lumbreras que lo decidió seguramente no contaba con que los ocupantes eran deportistas de élite, gente con necesidad de comer proteínas, con dietas de más de 5.000 calorías diarias en muchos casos. Las quejas por la falta de pollo y huevos, que tuvieron que ser racionados, fueron habituales desde el primer día, tantas que las delegaciones de Gran Bretaña y Corea del Sur abandonaron finalmente la villa olímpica. Te pasas cuatro años preparando una competición y en una semana te encuentras con hambre y falta de sueño. Fue una mala gestión, sin duda.
Seguridad: había bastante preocupación con la falta de seguridad en varios recintos olímpicos, especialmente en los alrededores de Saint Denis, mayor aún tras lo ocurrido con los incidentes de la final de Champions de 2022. Los incidentes no se hicieron esperar y tanto una parte de la delegación australiana como la selección argentina de fútbol fueron asaltados y desvalijados de parte de sus pertenencias. O bien algo se hizo bien y se reforzó la seguridad, porque no hubo apenas más incidentes reseñables, o bien nos lo ocultaron. Los dispositivos funcionaron y, según he escuchado a algunos periodistas, han sido unos Juegos muy cómodos en cuanto a desplazamientos, identificaciones y seguridad.
Las boxeadoras de sexo dudoso: la gran polémica de los Juegos, sin duda. La argelina Imane Khelif y la taiwanesa Lin Yu-Ting se alzaron con el oro en sus respectivas categorías en medio de una gran polémica por las dudas sobre la categoría en la que competían. Varias de sus rivales cruzaron los dedos para formar una gran X como protesta, como reivindicación de sus cromosomas XX en lugar de los XY detectados en Khelif y Yu-Ting. La Asociación Internacional de Boxeo (IBA) tenía vetadas a ambas boxeadoras desde el mundial de hace un año al considerarlas de sexo masculino, una decisión que no fue recurrida por ninguna de ellas. Lo sorprendente del caso han sido las explicaciones del COI en este asunto, un COI que no reconoce la autoridad de la IBA en esta materia y cuyo portavoz afirma en rueda de prensa que no se puede determinar con certeza si una persona es hombre o mujer, así que se les permite participar en función de lo que digan sus pasaportes.
A ver, que yo me entere, antes del año 2000 se podía saber con certeza si una persona era hombre o mujer, pero ahora esto depende más de una asignación familiar como en el caso de la argelina, o de una autopercepción, que de lo que el propio cuerpo indica. Khelif tiene cromosomas XY y un nivel de testosterona que su propio entrenador reconoce que está en los parámetros masculinos. Pero compite como mujer porque ya no se pueden hacer las verificaciones que se hacían hace un cuarto de siglo.
¿Y todo esto no se solucionaba haciendo que compitieran de acuerdo con su sexo biológico? Si tienen cromosomas XY y un nivel masculino de testosterona, lo que, unido a la mayor musculatura, fuerza y potencia, les da una ventaja frente a las mujeres, ¿por qué no compiten de acuerdo con su sexo biológico? Su vida pueden vivirla como quieran, que en eso no quiero entrar. Como decía la abogada especializada en derecho del deporte Irene Aguiar, hay cuatro deportistas trans que han competido en los Juegos sin problemas, pero lo han hecho en la categoría de su sexo. Si no se toma una decisión sobre este asunto, el deporte va a cambiar radicalmente para las mujeres en los próximos años.
Competir en el Sena: ha sido una guarrería. Entiendo el romanticismo de la propuesta, el río por el centro de la Ville Lumiere con los nadadores compitiendo en sus aguas, la belleza que algunos entendían que podían haber dado algunas de las imágenes, pero la realidad es que ha sido un estropicio para el espectáculo. Se habla de una inversión de 1.500 millones de dólares «muy sostenible y eso», para que los nadadores en aguas abiertas y los triatletas pudieran bañarse en sus aguas, pero la calidad ha sido tan baja que hubo que aplazar la competición el primer día. Después, vimos las imágenes de los nadadores pegados a los laterales para evitar las corrientes, con lo que la belleza de otros juegos fue hurtada al espectador y finalmente, la imagen que quedó fue esta, la de los vómitos:
El dopaje. Algún año de estos habrá que afrontar que el dopaje sigue existiendo, ¿no? Nos centramos en hablar de China, como en su día del dopaje de estado organizado por Rusia, los países del Este y la antigua Unión Soviética, pero, ¿y Estados Unidos? Marion Jones y Lance Armstrong nunca dieron positivo y solo años después se supo que competían chutados hasta las cejas. Durante los Juegos de París se ha sabido por una denuncia de la WADA (World Anti Doping Agency) que la agencia norteamericana contra el dopaje (USADA) permitió que tres atletas que habían dado positivo siguieran compitiendo con normalidad. Ni nombres, ni fechas, ni nada, oscurantismo total. Como con todo lo relacionado con las pruebas de los jugadores de la NBA. En este tema parecen «chinos», pero al fin y al cabo, qué más da, show must go on!
Hoy terminan los Juegos de París, unos juegos olímpicos que han recordado a lo acostumbrado, tras los estadios vacíos de Tokio 2021. Éxito de público, de participación, de competidores, emoción… las polémicas quedan para el siguiente post. En el de hoy toca destacar algunas de las imágenes más curiosas o llamativas para el que suscribe. No son las mejores, ni las más llamativas (algunas sí), pero están entre mis favoritas por lo que suponen, por esos momentos puros del deporte. No hay orden alguno en las preferencias:
El surfista brasileño Gabriel Medina protagonizaba la que quizás fuera la imagen más «instagramera» de los Juegos. Celebra su triunfo, el oro, la mejor marca nunca obtenida en esta competición y parece que se apoya en las nubes mientras su tabla le acompaña. Si no ves el vídeo, parece un montaje. Una imagen preciosa.
2. Armand Duplantis, o Mondo Duplantis, logra un nuevo récord del mundo al superar el listón en los 6,25 metros. Yo creía que Sergey Bubka era de otro planeta y que sus marcas perdurarían aún más de los treinta años que lo han hecho, pero lo de este chico, con apenas 24 años, pinta a leyenda total, a superar todos los registros del ucraniano en títulos y récords. A los que no lo hayan visto, les recomiendo el documental Mondo Duplantis, fácilmente disponible. La vida de un sueco-americano de Louisiana que lleva saltando desde los tres años en el jardín de su casa. Esta foto conjuga plasticidad, técnica, fuerza, equilibrio, la expectación del público… y la lucha del hombre contra los límites establecidos. Impresionante.
3. Plano cenital de la entrada en meta de los 100 metros lisos masculinos. La final más igualada de la historia: ocho atletas entre los 9.79 del campeón y los 9.91 del último clasificado. El pie del jamaicano Kishane Thompson entra en meta antes que el norteamericano Noah Lyles, pero lo que cuenta es el pecho, y por solo cinco milésimas el oro va a parar al norteamericano. Una final fantástica para el espectador, como suele ser todo el atletismo en los Juegos. El deporte rey, sin duda.
4. a) Lágrimas. El grito de dolor de Carolina Marín, un llanto que va mucho más allá del dolor físico de la lesión, es un grito que refleja su frustración tras ver que se le escapaba una medalla que ya acariciaba. La onubense es ambiciosa, concibe la victoria como parte casi exclusiva del deporte y no está acostumbrada a todo lo que no sea un triunfo. El gesto de su rival en las semifinales, la china He Bing Jao, al recibir la medalla de plata y acordarse de Carolina fue puro sentimiento olímpico. Los aplausos de reconocimiento del público, el gesto de su rival, los elogios en los medios y redes sociales, todo ello deben ayudar a nuestra campeona de bádminton a entender que hay muchos otros valores del deporte más allá de la victoria.
4. b) Lágrimas. En el último minuto de la final de waterpolo femenino, la portera suplente Laura Ester no podía contener las lágrimas. Es bastante probable que estos sean sus últimos Juegos Olímpicos y quería el oro, tras las platas de Londres 2012 y Tokio 2020. El título que le faltaba. Era un manojo de nervios y, aunque no jugó, aplaudió a rabiar cada intervención de la titular, Martina Terré, una de las grandes artífices del triunfo. Creo que ha sido la primera vez en mi vida que he visto un partido de waterpolo entero. Sigue sin apasionarme, pero reconozco que fue entretenido. Bravo por Laura, por Martina, el resto de jugadoras, Miki Oca y todo el cuerpo técnico.
4. c) Lágrimas. Las de «nuestro» Carlitos Alcaraz, quien, tras llevarse Roland Garros y Wimbledon de una tacada, aspiraba al oro olímpico. Jugó 9 partidos en 9 días, ya que sumó el torneo de dobles con Nadal, y pese al cansancio acumulado nos regaló uno de los grandes partidos de los últimos años (uno más) en una final igualadísima contra Novak Djokovic. Pero no pudo ser, 7-6/7-6. Había comentado varias veces la ilusión que le hacía ganar esta medalla para España, pero se quedó a las puertas, si bien, como le dijo su rival al finalizar, va a tener muchas oportunidades de lograr ese ansiado oro.
4. d) Lágrimas. Las de felicidad de Nole, el tipo que lo había ganado todo, menos el torneo olímpico. El que (ahora ya sí) puede presumir de ser el mejor de la historia, siempre tenía ese reproche, esa ausencia en su palmarés: el oro olímpico. El serbio orgulloso, que acabó desquiciado los anteriores Juegos, pudo por fin desquitarse en el que posiblemente sea su último torneo olímpico. Sacó la bandera de Serbia, se abrazó a los suyos y rompió a llorar como si este fuera el primero de sus 24 Grand Slam.
5. Sifan Hassan. La neerlandesa se había puesto un reto mayúsculo, casi imposible: competir en los 5.000, los 10.000 metros y el maratón. Solo Emil Zatopek había logrado este triplete imposible, pero eran otros tiempos del deporte mundial, menos profesionalizado, ni tan repleto de especialistas. El finlandés Lasse Viren estuvo cerca de lograrlo en Montreal 76 (oro en 5.000 y 10.000 metros, y quinto en el maratón). La atleta, de origen etíope, logró el bronce en las dos pruebas de pista, y con menos de dos días de descanso se presentó en la salida del maratón. Pues ahí está, en un final muy apretado, ha logrado el oro y el récord olímpico, una de las gestas de estos Juegos.
6. La retirada del luchador Mijaín López. El luchador cubano ha conseguido en París lo que nadie había logrado hasta la fecha: obtener el oro en una prueba durante cinco Juegos consecutivos. Una barbaridad por lo que supone mantener el nivel durante un período tan largo: Pekín 2008, Londres 2012, Río 2016, Tokio 2020 y ahora París 2024. Solo tuvo una derrota en su periplo olímpico, ¡Atenas 2004! Seguro que hay más casos, pero mi memoria me lleva a los cuatro oros de Al Oerter en lanzamiento de disco y Carl Lewis en salto de longitud. Al acabar el combate, una vez obtenido el oro, el luchador se quitó las zapatillas y las dejó sobre el tatami (o como se llame en esta especialidad). El gesto de colgar las botas.
7. a) Deporte para todos. Los Juegos sirven para unir a deportistas de más de doscientos países, de todo tipo de continentes, niveles, formación y culturas. La foto de las jugadores de voley playa en el partido España-Egipto ha sido una de las más emblemáticas en esta competición tan diversa. Por sorprendente que parezca, he leído por ahí que las españolas estaban «cosificadas»; mientras que lo progresista resultaba ver a las egipcias con un nicab que les cubría voluntariamente el cuerpo. Claro, porque con 38 grados y una humedad sofocante, lo llevaban de manera voluntaria, como todas y cada una de las atletas de Irán. Los Juegos también nos llevan a ver (y, para algunos, normalizar) estas cosas.
7. b) Deporte para todos. También para todo tipo de cuerpos. La foto unía al jugador de baloncesto más bajo del torneo, el japonés Yuki Togashi, de 1,67 m., con el más alto, el francés Wembanyama (2,21 m.). Los japos han mejorado muchísimo, tanto, que los locales necesitaron una ayuda arbitral para salvar su duelo. Ha sido un muy buen torneo de baloncesto, aunque los españoles hayamos retrocedido varios peldaños en el escalafón mundial tras la retirada de los Gasol.
8.a) Y ya que hablamos de físicos de élite, una de las fotos del torneo, el mate de Yabusele sobre el incombustible LeBron James, un cuasi cuarentón que ha hecho un torneo espectacular.
8. b) El turco Yusuf Dikec es otro tipo de físico, el tipo terrenal que nos devuelve a todos la grandeza del wéstern. Es ese James Coburn que se levanta con hastío y pega tres tiros más certeros que los hipertecnificados tiradores de élite que le precedían. El detalle de la mano en el bolsillo es como el del lanzador de dardos con una pinta. ¡Crack!
9. El nadador chino Pan Zhanle pulverizó el récord de los 100 metros estilo libre en la piscina de París. Si dejamos al margen las dudas que siempre generan las estratosféricas marcas de los chinos (y algún día se hablará de los norteamericanos), los entendidos dicen que el estilo del chino es perfecto, limpio, eficiente, sumamente estudiado y depurado. Avanzaba más que ningún rival con las mismas brazadas. La final fue una de esas exhibiciones históricas que… ¿tendrá continuidad?
10. Baloncesto: dejo para el final uno de mis deportes favoritos de los Juegos, el baloncesto. El Team USA ha sufrido como no se le veía desde Atenas 2004, cuando no llevaba una selección tan potente como la de este año o las de los últimos campeonatos.
En esta foto pudo estar un momento histórico, una derrota frente a Serbia. El triple liberado de Dobric se salió del aro, una de esas oportunidades quizás únicas para una gran generación de jugadores. Habría puesto el +5 para los serbios a menos de dos minutos por jugar. Una pena, porque el partido de los serbios lo merecía (95-91).
Por el contrario, Stephen Curry tuvo unos momentos de locura tanto en las semifinales como en la final, 17 triples entre ambos partidos. Para derrotar a Francia en la final, se cascó cuatro triples casi consecutivos en los últimos minutos, a cual más difícil. Aún no sé cómo, pero este entró:
Una p… locura. Se acabaron los Juegos, sí. Y no he puesto nada de fútbol, ni una sola imagen. Lo sé.
A punto de terminar los Juegos de París de 2024, tengo una sensación extraña que ya comencé a sentir en los anteriores, los de Tokio 2020, que se celebraron en 2021. La necesidad de incorporar nuevas disciplinas al programa olímpico ha traído algunos aciertos y otros errores monumentales que espero que alguien subsane pronto. Parece como si el motor de muchas de estas decisiones fuera acercarse al deporte popular, quién sabe si a costa de restar peso a las disciplinas tradicionales. La vela y la equitación, por ejemplo, deportes que no están al alcance de cualquiera, pierden peso en los medios y horas en pantalla, y lo ganan otros deportes (o inventos), posiblemente con la intención de captar a los más jóvenes. En París me ha parecido ver cierto grado de «callejerismo», me explico:
Baloncesto 3 x 3: es la pachanga callejera de toda la vida incorporada a unos Juegos Olímpicos. Solo faltaban unos grafitis en el fondo, alguna irregularidad en el suelo y tendríamos el «partido con colegas» de toda la vida. He visto algunos partidos y son muy entretenidos. Se busca el dinamismo, la velocidad, porque parece que ahora no se puede retener la atención de los chavales más de veinte minutos. España llevó a cuatro jugadoras de nivel FIBA al torneo y no defraudaron, como demostraron con la medalla de plata y la victoria frente a las norteamericanas en semifinales. Pero ellas mismas reconocían que les explicaron las normas de la competición en el propio avión de ida a París. ¿Merece ser deporte olímpico? Pues tengo mis dudas, es como el gol-regate de toda la vida.
Skateboard: otro deporte callejero. En Tokio 2020, las tres medallistas sumaban 42 años. Este año ha habido una participante de once años, la china Zheng HaoHao. No discuto el mérito de lo que hacen, que me parece complicadísimo, simplemente pongo en cuestión la comparación de estas habilidades con un patinete con los años y años de entrenamiento de los gimnastas, saltadores de trampolín, nadadores y atletas. No lo veo, sinceramente. Por cierto, también faltaban grafitis en el escenario de la disputa, así como latas de cerveza abolladas y colillas por el suelo.
Escalada: es uno de los deportes cuya inclusión en el programa oficial me parece un acierto. La manera de puntuar me pareció un tanto absurda en Tokio, pero son cosas que mejoran tras cada edición y según he leído, para los Juegos de 2028 ya se celebrarán las tres modalidades por separado: velocidad, dificultad y bloques. Es un deporte que requiere fuerza, habilidad, coordinación, flexibilidad, resistencia… muchas horas de entrenamiento. Con la separación surgirán especialistas por disciplinas, como ocurre en los deportes tradicionales de los Juegos. Sí rotundo.
Voley playa: llevo diciendo desde hace muchos Juegos que se le da demasiados minutos al voley playa y casi ninguno al voleibol tradicional, mucho más espectacular, visual, atractivo para el espectador. El voley playa se incluyó hace ya veinte años y sigue igual, sin apenas evolución: la mayoría de los puntos son ganados por el que recibe, no por el que saca. Falta un tercer jugador o falta algo en ese deporte para que me atraiga. Lo curioso es ver el efecto llamada del olimpismo, pues hoy en día hay pistas de voley playa en cientos de ciudades que no tienen una playa a menos de quinientos kilómetros. Es lo de la popularidad que comentaba. No digo que se suprima, pero sí, ¡programadores de TV, por favor!, pónganme voley del de toda la vida.
Breakdance: es un insulto, una mamarrachada que espero que desaparezca pronto. Pensar que «eso» que se vio ayer puede tener el valor de una medalla olímpica me parece desmerecer a los atletas «de verdad» que se han pasado una vida para condensar la excelencia en un ejercicio de menos de dos minutos. Fue un circo, como tantas otras veces. Lo siguiente será hacer olímpicos los talent show de la televisión, con jurados de famosillos puntuando por afinidad. Infumable, no quiero dedicarle una línea más.
Maratón popular: dentro de esa «popularización» del deporte, la organización de los Juegos de París ha tenido una idea interesante, que es ofrecer la posibilidad de que cualquier atleta popular, como el que suscribe este texto, pueda realizar el recorrido olímpico del maratón el mismo día que los profesionales. Más de 20.000 personas se darán cita este fin de semana en un acontecimiento único para ellos. Bien por ellos, es una buena manera de conjugar la profesionalización con el aficionado en la prueba reina del fondo, el maratón olímpico.
Hay deportes que sobran y deportes que se echan en falta en este programa. Si queremos meter el rugby, habrá que hacerlo con el de verdad, el de 15 jugadores, no esa píldora del rugby-7 que es otra cosa. El fútbol sobra, lo he dicho siempre. Si a los Juegos van los mejores, tienen que ir los mejores, no valen sucedáneos como el que se practica desde hace décadas. De los deportes de equipo, se podrían plantear otros como el hockey patines, el béisbol o el sófbol, pero si en el béisbol no van a venir los mejores, como sucede con la NBA, pues que no lo incorporen.
Si lo que cuenta es la popularidad de los deportes escogidos, como sucedió con el acierto de la incorporación del triatlón en su día, habría que ver si se mantienen disciplinas que no practica nadie, como el pentatlón moderno. Pero esto de incorporar en función de la popularización es un riesgo, como se ha visto con el breakdance. Cualquier día nos meten la pelea de gallos (rap) o el reggaeton. En ese caso, yo propongo los dardos en un pub atestado de humo, el futbolín y el billar.
Y ahora ya sin coñas, el pádel y el squash. Tendríamos casi completo el cupo de deportes de raqueta (no considero el frontenis, amigos ceporros que lo habéis practicado conmigo alguna vez).
Se han incorporado disciplinas mixtas al programa, lo cual parece un acierto en la mayoría de ellas, siempre y cuando compitan hombres con hombres y mujeres con mujeres al mismo tiempo. Las imágenes de los relevos mixtos de 4×400 en los anteriores Juegos han sido evitadas con la nueva modalidad. Mejor así. No entro en una de las polémicas de estos Juegos, eso lo dejo para otro post.
Continuará:
Juegos de París (II): las mejores imágenes, vía Barney.
Juegos de París (III): las polémicas, vía Josean.
Juegos de París (IV): las películas que no se harán, vía Travis.
Mañana finaliza un torneo que parecía interminable, la Eurocopa de 2024, y se me ocurren muchas reflexiones tras lo visto, pero, más que de reflexiones, he querido hablar de «repaso» en su doble acepción: recuerdo de lo vivido y reprimenda de todo aquello que no me ha gustado.
Formato: insufrible, erróneo, totalmente equivocado. 24 selecciones, de las que 16 pasaban a la segunda ronda. No hay nivel suficiente para tantos equipos, es un hecho. No digo que haya que volver a los 8 equipos de 1992, pero esto no tiene ningún sentido. Un mes de competición para unos jugadores que ya andan tiesos en la mayoría de los casos. 51 partidos, como los mundiales de los ochenta y principios de los noventa. Es un error mayúsculo, pero como la UEFA trinca de todo esto, y trinca mucho, lo normal es que sigan con este formato o que incluso lo incrementen. El resto de los años lo tienen ocupado con las fases de clasificación y con ese nuevo invento que es la Nations League. Hay mucho dinero en juego y es un chollo para la UEFA: utiliza a unos jugadores cuyos salarios no paga, y los devuelve luego a sus clubes en peores condiciones de las que tenían cuando llegaron (Mbappé y Pedri, por ejemplo). El seguro abona luego una ridiculez a los clubes por las lesiones y no hay ninguna compensación por el exceso de minutos en las piernas, por incorporarse con retraso a las pretemporadas o por perderse los partidos de las giras que tanta pasta reportan a los clubes. La FIFA es aún peor, como se verá con el absurdo Mundial de 2030, con 48 selecciones y 45 días de competición. Objetivo: ganar más. Realidad: Matar el fútbol.
Juego: ha habido muchos más minutos soporíferos, de juego aburrido, inconexo, poco valiente, que de verdadero espectáculo. Los equipos con las mejores plantillas, posiblemente Inglaterra y Francia, tienen a dos cicateros inútiles por seleccionadores, tipos cobardes que apenas arriesgan y que juegan como casi todos los equipos hoy en día: a no perder el balón. Juegan muy mal, como Italia, pero, además, juegan aburrido, muy planos. Por esa razón, los partidos que más he disfrutado son los de selecciones inesperadas, los de Suiza, Austria, Turquía, equipos mucho más directos y verticales, que no especulaban con el balón y no lo retrocedían y retrocedían hasta jugar con su portero. En el partido frente a Suiza (creo que fue ahí), Inglaterra insultó a toda su historia en el fútbol cuando sacó un córner hacia atrás, y el jugador, incapaz de centrar, aún más atrás, y el medio al defensa, y el defensa, presionado, a su propio portero. Un insulto al fútbol y a los espectadores.
Vuelvo a abogar por incorporar cambios en el Reglamento, pero el bajo nivel de juego no cambiará solo por una cuestión de normas. Lo es también de coordinación de los equipos, de jugar como un conjunto y no como una suma de individualidades, y en cada gran campeonato se aprecia con mayor claridad cómo el fútbol de clubes supera con mucho al de combinados nacionales. Brasil es otro gran ejemplo.
España: está jugando bastante bien, no tan bien como cantan nuestros entusiastas periodistas, encantados de que se les permita campar a sus anchas por la concentración (algunos se están cobrando cuentas pendientes con Luis Enrique), pero sí está mostrando un juego bastante sólido. Por lo menos, saben lo que hacen y juegan con un criterio. En estas alturas de la temporada, los jugadores de los principales clubes están fundidos: así se vio a Kroos, a Wirtz, a Modric, a Kane, Bernardo Silva, Jude Bellingham, Walker, Rice, a todos los italianos, a Mbappé y Griezmann… Son datos de la web FBREF y no incluye los partidos de selecciones:
Todos ellos están muy por encima de los 3.000 minutos de juego. Por el contrario, en España están destacando jugadores que apenas sobrepasan los 2.000 minutos en sus respectivos equipos, o que no los alcanzan, bien porque no han jugado competiciones europeas, o bien porque no son titulares. Es el caso de Cucurella, Fabián, Nico Williams, Dani Olmo, Laporte…
Lo de Rodri y Carvajal, con más de 3.500 minutos en sus piernas y el nivel mostrado, es de otra galaxia. El primero, porque su principal fuerte es la colocación, y el segundo, por la veteranía y eterna juventud que ha exhibido estas últimas temporadas, una vez cambiada su dieta y olvidadas sus lesiones. Hay otros dos jugadores en la selección con unas cifras muy elevadas y un rendimiento muy dispar:
A Lamine Yamal lo están explotando de una manera imprudente para su edad, como hicieron con Ansu Fati y Pedri en su día, jugadores que, bien por lesiones, bien por un mal trabajo en la musculación, no se han recuperado del exceso de partidos. El chaval se está saliendo, sigue fresco a estas alturas de la temporada, y ojalá su carrera no se frustre por estas minutadas. Su venta debería ser el alivio que las cuentas del Barça necesitan. Álvaro Morata no está fresco, pero no creo que sea por un exceso de minutos, venía así de serie. Simplemente está jugando a su nivel de las últimas temporadas.
Uno mira los minutos de Kane, Griezmann, Bellingham, Barella, Bernardo Silva, etc., con 1.000-1.500 minutos más sobre el campo, o lo que es lo mismo, 12-15 partidos más, y se entiende mejor por qué los nuestros llegaban antes a cada cruce y balón dividido. La frescura de piernas de los españoles ha sido fundamental hasta este partido, hace que estén en otro nivel, lo cual, en un fútbol tan físico como el actual, te da ese plus.
Hay otro jugador al que querría destacar, el portero Unai Simón. Ha estado muy bien, salvo en alguna de sus lagunas habituales con los pies, pero ha sido un seguro bajo palos, en las salidas por alto, y todo un crack con el micrófono para repartir guantazos educadamente a la prensa.
Luis de la Fuente: se merece todo el reconocimiento, también de los que dudamos de su valía para el puesto, entre los que me incluyo. Me cuesta mucho entender su horripilante gestión de Brahim, cuyas «medias horas» desde el banquillo podrían darnos extra o revolucionar los partidos como ha hecho ya varias veces con el Real Madrid. Casi se carga él solito el partido frente a Alemania con sus cambios, cuando sacó del campo a Lamine Yamal y Nico Williams, o luego al meter en la prórroga a Ferran Paque-Torres, pero hay que reconocer que ha sabido crear un grupo sólido, que juega a algo reconocible, y ha dado a los jugadores la confianza necesaria para que muestren la versión que están dando (Pedri y Morata, esto no va por Vds.).
Fue una elección de Rubiales, que nadie lo olvide, y fue otro de los que aplaudió al impresentable expresidente de la Federación en aquella sonrojante comparecencia, pero aquí hablamos de fútbol, y Luis de la Fuente ya ha sido campeón de Europa con la sub-19, con la sub-21 y mañana puede completar el tri-triunfo. No solo ha logrado formar un equipo, sino que se respira un ambiente sano, totalmente alejado de épocas anteriores.
Prensa: no ha sido una sorpresa, han sido, de lejos, lo peor. El autoproclamado «mejor periodismo deportivo del mundo» es un espanto, no hay por dónde cogerlo. Se han pasado estas últimas cuatro semanas preguntando a Nico Williams si le gustaría jugar en el Barça, o escribiendo sobre lo que sería ese dúo en el club azulgrana, hasta el punto de incomodar al chaval. La connivencia de la prensa con la Federación y LaLiga se ha visto claramente cuando el presidente del Athletic de Bilbao, Jon Uriarte, criticó abiertamente la presión a la que se ha visto sometido el chaval y la nula protección de la Federación. Pues resulta que han sido los periodistas habituales del «régimen» los que se han sentido aludidos y han salido a defender a la Federación y criticar al Athletic de Bilbao.
Joan Laporta hizo gala de su locuacidad habitual y se permitió hablar directamente de su fichaje, cuando las cuentas siguen sin salir, y parece que a la prensa tampoco le preocupó la cercanía con el partido de semifinales. Para completar el combo, los medios ponen el micro al otro bocazas habitual, Javier Tebas, y se despacha con un «el Barça podrá fichar a Nico Williams». ¿Pero si no ha entrado la pasta de Barça Studios, si no ha vendido a nadie, si no ha generado masa salarial, que sigue desbocada? ¿Y la prensa? Pues aplaudiendo todo esto en lugar de criticarlo. Las críticas son para el Athletic de Bilbao, es acojonante. Tebas ha regado a los medios con publicidad y ahora les pide que le ayuden en su revancha contra el Athletic: por no firmar el acuerdo con CVC, por no aprobar su enésima subida de sueldo, por pedir (como el Madrid) el fuera de juego semiautomático y la tecnología de gol, por salirse del perfil bajo de LaLiga con el escándalo del Barça y los pagos a Negreira, en resumen, por enfrentarse al sistema «tebano» como hasta ahora solo había hecho el Real Madrid.
Los políticos que se suben al carro: he dicho que la prensa ha sido lo peor, pero lo cierto es que tienen una dura competencia con la clase política, que ha querido politizar los éxitos de la selección. Parece que algunos han descubierto ahora que jugaban dos negros en la selección (¿puede decirse, o tengo que decir «afroespañoles»?) y han querido ligarlo a los menas, la inmigración/integración cultural, el auge de la extrema derecha y hasta a Nacho Cano.
Han resultado patéticos, nada que deba extrañarnos a estas alturas. Irene Montero, que ni había visto el partido, al hablar de los dos goles de personas «racializadas» frente a Francia (no sabía que Dani Olmo fuera una persona «racializada»). Echenique, Óscar Puente, Pablo Iglesias… Como no tienen ni idea de fútbol, ni les interesa, no saben que en la selección ya hemos tenido a Diego Costa, a Catanha, a Marcos Senna, ¡a Donato!, y no teníamos que escuchar chorradas. En los ochenta, la selección de baloncesto jugaba con Chicho Sibilio, ¿dónde se ha visto?, jugábamos con una persona o persone «racializada» y lo veíamos con la absoluta normalidad que estos sectarios no ven. Vicente del Bosque habló de dos «inmigrantes» que triunfaban con España, otro error más del elegido por el gobierno para controlar la descontrolada Federación Española de Fútbol. Nico nació en Pamplona y Lamine en Esplugues de Llobregat, pero son «inmigrantes», pues vale.
La final: mañana deberíamos ganar a Inglaterra. La selección española ha jugado mucho mejor que los ingleses, pero esto es una final y puede pasar cualquier cosa. La selección del torpón de Southgate lleva 13 partidos seguidos sin perder en Eurocopas (en la anterior cayó por penaltis en la final) y ha demostrado tener mil vidas, como se ha visto en las tres eliminatorias previas, en las que les ha tocado remontar una desventaja.
Para mañana pido dos cosas: el triunfo y que no se repita la foto de Pedro Rocha con el Rey. De pena, como todo en esa Federación corrupta que debería arrasarse con napalm. Bueno, y otras dos más: que Morata haga el partido de su vida, tan enorme como para merecer levantar como capitán el trofeo, y que Alcaraz gane Wimbledon. Casi nada.
Igual que hicimos en 2020, tocaba hablar de la NBA y de la gran final que hoy comienza, y la persona que más sabe de la liga norteamericana a este lado del charco es mi hijo, así que le cedo la palabra para que haga sus pronósticos que (seguro) serán mucho más acertados que los míos.
Ibra.- Tras unos playoffs llenos de sorpresas en ambas conferencias, las finales de la NBA ya están aquí, y este año nos presentan dos equipos llenos de historia gracias a algunos de sus protagonistas. Porzingis contra Dallas, equipo en el que jugó durante casi 3 años y nunca encajó como co-estrella de Luka Doncic. Y por otro lado, el anticipado retorno de Kyrie Irving a Boston, franquicia de la cual se marchó como agente libre en 2019 tras jugar 2 años y asegurar que pensaba renovar con el equipo. Los fans de los Celtics nunca le han perdonado este gesto y desde entonces siempre que vuelve a Boston es recibido con insultos, abucheos y pancartas de odio. Es de esperar que todo esto se multiplique en esta serie teniendo en cuenta que está en juego el título de campeón de la NBA. Dejando el drama de lado, analicemos los equipos y hagamos una predicción sobre el resultado final de esta interesante serie.
Como representante de la conferencia Este, vienen los Boston Celtics liderados por Jayson Tatum y Jaylen Brown. A priori el aplastante favorito a ganar esta serie y alzarse con el título de la NBA. ¿Y por qué digo aplastante favorito? ¿Es una exageración? Miremos qué dicen los datos.
Antes de comenzar esta temporada 23/24, el ex entrenador de los Celtics, Brad Stevens, ahora General Manager de la franquicia, finalizó dos traspasos clave. El primero por Jrue Holiday, anterior base de los Milwaukee Bucks, y el segundo por Kristaps Porzingis, el pívot letón de casi 2,20 metros proveniente de los Washington Wizards. A cambio tuvieron que sacrificar jugadores valiosos en su banquillo como Malcolm Brogdon y Robert Williams III, además del alma del equipo, Marcus Smart. Sin duda una dura decisión, criticada por parte de los fans del equipo, pero estos movimientos de plantilla posicionaron a los Celtics como principales favoritos a ganar el anillo desde antes de que comenzara la temporada.
Los resultados hasta ahora han sido hasta ahora excelentes, 64-18 en temporada regular, 14 victorias por encima del segundo clasificado en el Este, y tan solo 2 derrotas en estas 3 anteriores series de playoffs. Pero en cierto modo, estos resultados no son sorprendentes, el equipo ha jugado un total de 96 partidos (82 de regular season y 14 de playoffs), en los cuales, de acuerdo con las casas de apuestas americanas, sólo partían como no favoritos en 3 de ellos. Y si nos enfocamos sólo en los playoffs, el récord de 12-2 que llevan hasta ahora no luce mucho debido a las lesiones que han tenido sus equipos rivales. Es importante mencionar que Porzingis también ha estado fuera por lesión, pero no es el jugador estrella de los Celtics, como sí lo son Jimmy Butler en Miami Heat, Donovan Mitchell en Cleveland Cavaliers y Tyrese Haliburton en Indiana Pacers.
Viniendo por el Oeste tenemos a los Dallas Mavericks de Luka Doncic y Kyrie Irving. Al contrario que Boston, su presencia en estas finales es una sorpresa para muchos. Tras terminar la temporada regular con un récord de 50-32, en quinta posición de la siempre ultra competitiva conferencia Oeste. En su camino a las finales, primero tuvieron que eliminar a los Clippers de Harden, Paul George y Kawhi Leonard en 6 partidos, aunque Leonard sólo pudo jugar 2 partidos de la serie por lesión. Luego al primer clasificado en temporada regular, los Thunder, también en 6 partidos, y por último en 5 partidos a unos Timberwolves, que venían enchufados tras eliminar a los Nuggets de Jokic, vigentes campeones de la liga. Todo esto sin contar con ventaja de campo y saliendo como no favorito al comienzo de estos tres enfrentamientos.
Dallas viene en una muy buena dinámica, Doncic está a su mejor nivel, Irving es un segunda espada de lujo, Derrick Jones Jr está acertado desde el triple, PJ Washington y Daniel Gafford (adquiridos en febrero justo antes de la fecha límite de traspasos) han encajado a la perfección; e incluso el rookie Dereck Lively II está dando la talla. Jason Kidd parece haber dado con la tecla y tiene al equipo rodando, sin embargo, me parece muy difícil que gane Dallas por su falta de armas en defensa. Dependen mucho de Gafford, Washington y Jones, que no son jugadores especialmente buenos defensivamente, y de lo poco que puedan aportar Doncic e Irving.
Los únicos factores que veo favorables para Dallas son que ya han sentido presión en estos playoffs, se han visto en situaciones desfavorables y han sabido superarlas, mientras que Boston aún no ha jugado contra nadie que le ponga en problemas. Y el factor estrella, Dallas cuenta con el mejor jugador de la serie en Luka Doncic y eso siempre es algo a tener en cuenta. Por el contrario, Boston lo tiene todo para ganar, un ataque balanceado, aunque depende del acierto de 3 algo más de lo que debería; y una de las mejores defensas de la liga con estrellas en ese área como Derrick White y Jrue Holiday que junto con Jaylen Brown pueden hacer un trabajo decente con Doncic e Irving en el perímetro. También cuentan con el factor experiencia. En Dallas, sólo Irving y Jones saben lo que es jugar las finales, además de Jason Kidd en su época de jugador. Mientras que Boston ya perdió en las finales de 2022 contra los Warriors de Curry, cuando ya contaban con un equipo muy similar al de este año. Sin embargo, los traspasos mencionados antes por Holiday, que ya sabe lo que es ganar un anillo en Milwaukee en 2021, y Porzingis que no ha llegado tan lejos nunca, pero vuelve 100% recuperado de su lesión, creo que le dan la profundidad necesaria a esta versión de los Celtics para ganar el anillo número 18 de la franquicia.
Personalmente, como fan del Real Madrid le tengo cariño a Luka Doncic y quiero que gane. Pienso animar a Dallas con toda mi alma estas finales, pero se me hace muy difícil ver a Boston perdiendo. Mi corazón tira hacia Dallas, pero mi cabeza y conocimiento baloncestístico me dicen que debería ganar Boston. Como predicción final, creo que tras unas finales de conferencia cortitas, los dioses del basket nos van a brindar una final disputada y muy competitiva. Ganará Boston en 7 partidos, y Jayson Tatum será el MVP de las finales.
Barney.- Pues sí, todo me lleva a pensar que debería apostar por Boston Celtics. Su temporada está siendo redonda, típica de equipo aspirante indiscutible al título: primeros de toda la NBA en victorias (64-18), factor cancha a favor, y unas series en las que se han deshecho de sus rivales de manera contundente, Miami Heat (4-1), Cleveland Cavaliers (4-1) e Indiana Pacers (4-0). Sus jugadores de perímetro se han mostrado muy solventes en el tramo final de temporada (Jaylen Brown, Derrick White, Jrue Holiday y Jayson Tatum), interiores con buena mano como Horford y todo hace indicar que recuperan al letón Porzingis para las finales. Debería apostar por ellos, decía… pero lo haré por Luka Doncic, Kyrie Irving y los Mavericks de Dallas.
¿Razones? Que me apetece mucho verlos ganar, ese es el principal motivo. Dallas ya ha logrado un gran éxito llegando a la final y ganando la Conferencia Oeste con el factor cancha en contra en todas las eliminatorias. Solo eso es un meritazo enorme, pero voy más allá: superar tres eliminatorias tan duras como las que han tenido frente a los Clippers de Los Ángeles, los Thunder de Oklahoma y los Timberwolves de Minnesota no ha sido una cuestión de suerte o de un momento puntual del equipo. Hay un bueno juego de conjunto, grandes individualidades, picos de forma de algunos miembros del equipo, acierto de los secundarios y convencimiento. Sobre todo esto último: ha habido convicción en el equipo. Han creído que podían subirse al carro de Luka Doncic y Kyrie Irving, y apoyar a los dos cracks para lograr la victoria en campos tan complicados como los de sus rivales.
En la serie contra los Wolves, Luka Doncic pareció estar en su mejor momento de forma de todos los playoffs, como si hubiera dejado atrás las molestias que tuvo frente a los Clippers. Sus porcentajes de tiro también han mejorado notablemente, hasta llegar a la exhibición del primer cuarto en el partido definitorio de la serie en Minnesota. 18 puntacos en siete minutos para poner tierra de por medio. Cuentan en algunos círculos que el sexto partido, de haberse producido, coincidía con la final de la Champions del Real Madrid, y que Luka no estaba dispuesto a perdérsela, razón por la cual aceleró sus ritmos para destrozar a los locales y no alargar más la final de Conferencia.
Por otro lado, a sus 32 años, Kyrie Irving ha alcanzado el punto de madurez necesario en su carrera para entender lo que el equipo necesitaba de un jugador dotado de un talento descomunal como el suyo, y de ese modo ha logrado complementarse a la perfección con Luka para, entre ambos, machacar desde el perímetro a cualquier rival. A los Mavs les falta juego interior, sin duda, máxime tras saberse que Porzingis será de la partida, pero el letón es poco amante de la pintura y le gusta más abrirse para tiros exteriores, luego quizás no sea un alta tan determinante. Además, los Celtics han sabido adaptar el juego a su ausencia, y ahora tendrán que volver al esquema anterior, lo cual no es nada negativo, sino, posiblemente, una alternativa más para el equipo. Pese a las buenas prestaciones de Dereck Lively II, pese a la energía mostrada en algunos partidos, no parece que sea suficiente para dominar los aros, pero todo está por ver. A estas alturas de la temporada, la cabeza pesa más que el físico, aunque el físico tiene que estar a tope para no arrastrar a la cabeza. Será una final en la que la mentalidad y el control de las emociones pueden ser decisivos si se llega a finales igualados, como se ha visto en las eliminatorias anteriores. En esos momentos chungos, los Celtics también han demostrado una solvencia más que sobrada, pero, ¿qué decir de los Mavericks de Dallas?
Ibra y yo tuvimos la suerte de estar en el Palacio de los Deportes el día en que debutó Luka Doncic con el Real Madrid. El primer balón que recibió se cascó un triple desde la esquina. Este chaval prometía y no dejaba de crecer año tras año, pero además, demostró tener un gen competitivo impresionante, como el que tienen muy pocos jugadores. No rehúye el combate, no se escaquea de asumir responsabilidades, siempre da un paso al frente, aunque sigo pensando que su mayor virtud no es su acierto individual, sino cómo hace mejorar al resto del equipo, compañeros que entienden perfectamente su visión periférica de todo el campo, su facilidad para encontrar siempre al jugador desmarcado o colgar el balón cerca del aro para el alley oop. Luka y Kyrie, Kyrie y Luka, han logrado convencer al resto de la plantilla de que no eran inferiores a nadie y que había que luchar cada partido y cada posesión, apretar un poco más defensa para lograr el éxito. Están enseñando al resto a ganar.
The Wall Street Journal ha dedicado un artículo esta semana a Luka Doncic y al lugar en el que aprendió a ganar: el Real Madrid. La mentalidad, la constancia, la filosofía de la victoria, el instinto asesino… de todo ello hablan en este artículo. Y Luka no ha llegado a la final para no ganarla, ¿no? Así que mi apuesta es que ganan los Mavs en 7 partidos, 4-3. Con Doncic como MVP.
Por cierto, llevamos una curiosa racha de derrotas de los favoritos en las finales: Leverkussen en la Europa League, Fiorentina en la Conference, Manchester City en la FA Cup… Solo ha cumplido con su papel triunfador en las finales… el Real Madrid. Va a ser muy complicado, pero… mucha suerte y ¡Hasta el final…!
Pues sí, ya puede decirse, cantarse, celebrarlo: sí, sí, sí, la Champions ya está aquí. La 15, ni más ni menos, o la Decimoquinta. Para los que bordeábamos la treintena sin haber visto al Madrid ganar una Champions, lo que estamos viviendo es una barbaridad, un sueño, una enormidad descomunal. Nueve «orejonas» en los últimos veintiséis años.
Es el resultado de una buena gestión en lo deportivo y en lo económico, de un equipo en el que todos han aportado lo que se necesitaba en cada momento. Hoy apenas quiero mencionar a los mejores, Vini con sus regates y sus incansables esfuerzos por desbordar en banda, Jude Bellingham, quien no pudo mantener toda la temporada el fenomenal juego y ritmo que tuvo los primeros cinco meses en el club, y, por supuesto, Toni Kroos con la manija, dirigiendo al equipo, marcando la velocidad a la que debía jugarse o dónde trazar la línea del conjunto. Ancelotti ha levantado su quinta Champions, lo que no va a evitar que algunos sigan cuestionando su valía como estratega, como ENTRENADOR, o que quede nuevamente como poco más que un gestor de egos. Un alineador, que era lo que decían de Zidane esos supuestos expertos que no se cansan de errar en sus predicciones.
De todos ellos se esperaba su rendimiento, sobresaliente, como el de Valverde, Rüdiger (vaya paso adelante el suyo) o el de Modric en sus medias horas finales, pero hoy quería hablar de los héroes inesperados, los guerreros que resultaron claves para lograr este éxito:
Lunin: en verano se lesionó Courtois y en el propio club se confiaba poco en el ucraniano como portero titular para toda la temporada, tan poco que incluso se contrató a un refuerzo, Kepa. Lunin se fue haciendo con la portería con sus buenas actuaciones, y con la confianza fue creciendo y creciendo hasta resultar infranqueable frente al Leipzig en octavos y ante el Manchester City en los durísimos cuartos de final. Para la historia, la tanda de penaltis ante los de Guardiola. El gesto de Lunin apenas varió tras la clasificación. Hablamos de un tipo que se casó en chándal, un extraterrestre impertérrito que sorprendió día a día, incluso con el juego de balón con el pie. Esta Champions le debe mucho a Lunin, sin olvidar el comportamiento perfecto de Kepa durante los diez meses de cesión. Nunca una mala cara, un mal gesto, siempre estuvo ahí para colaborar con el equipo, como al aleccionar al ucraniano sobre los lanzadores del City.
Mendy: comenzó la temporada muy cuestionado, que si el Madrid debía reforzar este puesto con Alphonso Davies o con algún otro, que si las lesiones, que si su manera de sacar el balón jugado… Ferland Mendy ha dado una exhibición tras otra en defensa de lo que debe ser un defensa. Claro que no es un extremo izquierda, ni será nunca un espectáculo ofensivo como Roberto Carlos o Marcelo, pero ha sido una roca inexpugnable, un muro que no han podido superar los rivales en ningún momento. Ayer mismo leía una estadística que decía que solo le habían regateado una vez en todas las eliminatorias: fue ante el Bayern de Múnich y supongo que fue la de Sané en la ida. Ni una sola vez se fueron los atacantes del Leipzig ni del Dortmund la marca de Mendy. Ni una sola vez, y fue clave, los extremos del Manchester. La seguridad de Mendy fue tal que Carletto pudo diseñar un entramado defensivo sin ayudas para el francés, lo que no pudo hacer en el otro lateral, donde Valverde tuvo que multiplicarse para apoyar a Carvajal ante Grealish, Doku y todo el que atacaba machaconamente por allí.
Joselu: cómo me alegro del éxito de este jornalero del fútbol, de un tipo al que le llegó la oportunidad de su vida el verano pasado, con 33 años. Tras descender de manera consecutiva con sus últimos equipos, Alavés y Espanyol, parecía que a Joselu le quedaba un final de carrera en equipos entre la Segunda y la pelea por evitar el descenso, pero llegó a Chamartín y se puso a disposición del entrenador para lo que hiciera falta. ¿Que había que rematar algo, lo que fuera, un centro preciso o uno malo, una sandía, un pelotazo al centro del área? Ahí estaría él para meter la cabeza, el pecho o la rodilla. Cuando el Madrid perdía ante el Bayern de Múnich a falta de quince minutos para el final, a Ancelotti y a su hijo no se les ocurrió mejor alternativa: sacamos al tipo este que lo remata todo. Y Joselu respondió como siempre, con lucha y con acierto. Dos goles, el segundo de ellos con la espinilla, y a la final.
Brahim: pocos jugadores han aprovechado mejor los pocos minutos que el joven malagueño (que jugará con Marruecos, por cierto, por la incompetencia del seleccionador y los dirigentes de la Federación). La colección de golazos que nos ha dejado Brahim esta temporada es bestial. Villarreal, Cádiz y, sobre todo, el que sirvió para que el equipo se llevara la victoria en Leipzig. Para mí, firme candidato al top-5 de goles de la Champions. Otro jugador al que nunca se le vio una mala cara pese a que sus buenas prestaciones no fueran acompañadas de más minutos sobre el campo.
Nacho: el capitán que tuvo el honor de levantar el trofeo, el hombre de club que lleva catorce temporadas sin ser titular, pero que ha jugado cientos de partidos en los que ha rendido siempre al máximo nivel. Había dudas sobre si afrontar toda la temporada solo con Rüdiger y Nacho, tras las lesiones de larga duración de Alaba y Militao, y el de Alcalá de Henares ha respondido siempre, aunque tuviera enfrente los delanteros más peligrosos de Europa. Se merece ese momento con la Champions, esa foto alzando la copa. Y ojalá siga. Una temporada más, al menos. No hay defensas en el mercado con un perfil tan solvente y polivalente.
Carvajal: vaya temporada la suya, vaya manera de sacar los dientes en defensa y de contribuir en ataque. Tras varios años en los que las lesiones sembraron dudas sobre el lateral, este curso ha dado una lección tras otra de buen hacer sobre la banda, de cubrir muchísimo campo, de ampliar las opciones en ataque (no sé si podré acostumbrarme a un Madrid sin los pases cruzados de Kroos para Carva). Por si todo lo que aportó en defensa (pese a los complicadísimos retos ante Bayern y City) no fuera suficiente, marcó el gol decisivo en la final de Wembley. De cabeza, entre los gigantones alemanes. Es su sexta Champions y en las seis ha sido titular, algo que no pueden decir ni Nacho, ni Modric. Este equipo es imprevisible y sus héroes, inesperados.
Davide Ancelotti: «algo está tramando», me decía una y otra vez cuando le veía decir algo a su padre al oído. Hay que cambiar esto, o lo otro, o sacar a Joselu, o cambiar a Rodrygo de lado. Algo había visto en su tablet que tenía que ser corregido y se lo mostraba a Carletto, quien, con la cena levantada, daba el OK. Esta Champions es también de Davide, del «enchufe» al que estoy seguro que veremos como primer entrenador algún día. No sé dónde será, pero estoy convencido de que lo veremos. Los jugadores lo adoran, no hay más que ver el cariño que le profesan en cada cambio, en todas las celebraciones.
¿Y Courtois? Otro al que no se esperaba y llegó al final de la temporada para aportar su granito de arena. Y Lucas Vázquez, le pongan donde le pongan. Camavinga, ya sea como revulsivo o como titular con todo el peso del centro del campo, como en la final. Tchouaméni, Rodrygo, el joven Güler… A ver hacia dónde progresa este equipo, a ver de qué manera encaja Endrick, si eso supondrá alguna salida, y a ver qué ocurre finalmente con Mbappé. En estos años de su no-llegada, el equipo ha levantado dos Champions. Tres, si contamos también la de 2018, cuando fichó por la sucursal de Catar en París. Solo pido que haga como todos los que he mencionado: que aporte al grupo, que no interfiera este clima tan sano que se ha creado en la plantilla.
El juez Aguilar se encontraba en su despacho de la primera planta de los juzgados de Barcelona. Acababa de dejar una carta sobre la mesa, tras volver a introducirla en el sobre, y, como hacía siempre que algo le preocupaba, se levantó para mirar por la ventana y reflexionar. Era su manera de evadirse, de mirar las cosas con claridad, de tomar cierta perspectiva.
Desde el amplio ventanal podía divisar a un grupo enorme de periodistas, muchos de ellos con el micrófono preparado, otros con las cámaras fotográficas y algunos corrillos en los que departían y, probablemente, compartían información. El juez también vio varios cámaras de televisión con el trípode instalado y un periodista situado frente a ellos con el micro en la mano, pero en situación de espera. Como sucedía desde el primer día del juicio, o aun antes, desde su designación, aquel revuelo mediático le producía una pereza infinita al juez Aguilar. “Menos de dos años”, pensó. La jubilación le rondaba la cabeza desde hacía tiempo y deseaba como pocas cosas emplearse en otros menesteres más gratificantes.
“Si por lo menos los testigos pasaran desapercibidos… ayudaría a rebajar el ruido mediático”, pensó. En ese momento llegó un coche negro, paró unos segundos en zona prohibida, se abrió la puerta trasera y bajó el que parecía ser el próximo testigo. En efecto, las hordas descontroladas de fotógrafos y periodistas cercaron al sujeto que acababa de bajar, como si el testigo hubiera escuchado los pensamientos del juez: “¿no querías ruido? Pues toma taza y media”. Por lo poco que sabía el juez del testigo de la jornada, había escuchado que era un tipo con querencia a los micrófonos, con incontinencia verbal e “indescifrable, ingobernable”, en palabras de un amigo de profesión buen aficionado al fútbol. “Es un tipo incontrolable, con una verborrea de esas que tanto aprecias”, concluyó con sorna.
El testigo se paró delante de los periodistas y estuvo hablando unos tres minutos frente a un batiburrillo de micros, móviles y grabadoras vintage. Hizo varias veces el gesto de mirar el reloj y señalar al juzgado, como si no pudiera atenderlos, aunque, por otro lado, se le veía feliz por poder hacerlo. Julián Aguilar resopló. Sabía que era la hora. Sacó la toga del armario, se la puso y salió del despacho, no sin antes recoger una carpeta y su famosa libreta de anotaciones. Llegó al inmenso corredor de la planta baja y, ya desde la puerta de la sala de vistas, divisó a una veintena de metros al compareciente, que estaba preguntando a un empleado hacia dónde debía dirigirse.
– ¡En pie! -escuchó el juez desde el interior de la sala-. Preside el honorable juez Aguilar.
Se abrieron las puertas y comenzó una nueva vista del caso ya conocido en la prensa galernauta como “El Negreirato”. El juez tomó asiento, colocó sus papeles, la libreta, sacó un boli y un par de rotuladores de colores, e hizo un gesto al abogado de la defensa.
– Con la venia, señoría –comenzó Jorge Carlos Scotto, la defensa llama a declarar a Don Javier Tebas Medrano.
“Bull”, el ordenanza, abrió las puertas de la sala y entró el presidente de LaLiga de Fútbol Profesional, quien, con paso firme y una amplia sonrisa hacia el público, los periodistas y el jurado, se dirigió al banco para testificar. Solo cambió el gesto al cruzar su mirada con la abogada del Real Madrid y al pasar junto al banquillo de los acusados, momento en que bajó la vista y encogió la cabeza como diciendo “qué le voy a hacer”. En su mirada verdosa se apreciaba un derrame en el ojo izquierdo.
– Señor Tebas, muchas gracias por venir –comenzó Scotto-, sabemos que es un hombre muy ocupado. Antes de comenzar con su testimonio, ¿le importaría decirnos de qué equipo es?
– Sí, claro, sin prob…
– ¡Protesto! –interrumpió Estuardo-, es irrelev… bueno, déjelo, retiro la protesta.
– Señor juez, miembros del jurado –contestó Scotto-, puede que parezca irrelevante, como iba a decir mi colega, pero tratamos de hacer ver con la declaración del señor Tebas que se puede ser aficionado de un equipo y, a la vez, ser capaz de discernir acerca de unos hechos y diferenciar lo que es delictivo y lo que no.
Estuardo asintió e incluso levantó el pulgar. Scotto se volvió hacia el testigo:
– ¿Señor Tebas?
– Sí, cómo no. Como todo el mundo sabe, soy del Madrid desde los ocho años, mis cuatro hijos son del Madrid, sería un hipócrita si no lo dijera.
– Muy bien, ¿y qué sintió cuando se enteró de los pagos del Fútbol Club Barcelona al señor Enríquez Negreira a cambio de la prestación de servicios de asesoramiento?
– No son cosas incompatibles –apuntó Scotto-, el hecho de que haya podido haber unos pagos irregulares que se están aclarando en este juicio puede coexistir perfectamente con la inexistencia de sanciones.
– Así es, yo soy abogado, como sabe –Tebas reafirmó su postura mirando directamente al jurado-, y no es posible porque del año 2018, en que cesan los pagos, hasta 2023, en que se sabe de los mismos, han pasado cinco años y este tipo de sanciones prescriben a los tres años. Otra cosa distinta es en el ámbito de la jurisdicción penal, donde puede existir un delito de corrupción entre particulares en la versión de amaños de ámbito deportivo.
– ¿Por qué se ha personado el organismo que usted preside, LaLiga, en este caso?
– Desde la patronal del fútbol hemos querido aclarar este asunto y aportar la información que teníamos, porque creemos que ha habido unos pagos irregulares. En su día pedimos las pruebas que la Federación Española de Fútbol no estaba pidiendo. Por ejemplo, solicitamos que se estudie el miembro o los miembros del organismo que estaba en esas épocas para designar a los árbitros, por si pudo haber alguna interferencia, o bien, por si el señor Negreira pudo intervenir en alguna designación. Lo que sí es una conclusión es que tanto estética como éticamente estas cosas no pueden ocurrir en el fútbol español. Y mire lo que le voy a decir: somos prácticamente los únicos que estamos dando impulso al caso Negreira, los únicos que aportamos escritos para empujar –Tebas miró directamente a la abogada del Real Madrid, señaló con el dedo hacia su mesa y se le enrojeció aún más el ojo izquierdo-. El Real Madrid solo presentó un escrito para estar hoy aquí personado, pero no ha hecho nada.
– ¿Cree que el Barça para pagó para beneficiarse de los resultados?
– Como ya le he dicho, creo que hay indicios de unos pagos irregulares y se tendrá que aclarar la intención. Pero, ¿influyeron en la competición esos pagos? Pues puede que esa fuera la intención, pero tendrá que aclararse. Pagar desde un club a Negreira es una irregularidad muy grave. Es delito si es para influir. Pero es que hay muchos modos de pretender influir en la competición, por ejemplo, como hace el Real Madrid con los vídeos de su televisión. Lo que hace el Real Madrid no está dentro del fairplay deportivo. Sobre todo, los reportajes previos a los partidos, sacan imágenes en blanco y negro… Pero de ahí a adulterar la competición hay un trozo. Yo tampoco sé las intenciones del Real Madrid con esas imágenes.
El fiscal Estuardo y la abogada Luisa Ramírez comenzaron a cuchichear unas palabras por lo bajo. Se sentían interpelados por el testigo, señalados directamente, pero finalmente asintieron entre ellos y le dejaron continuar.
– Volviendo al caso Negreira –Scotto redirigió la declaración-, antes ha hablado de estética, ¿es un problema, entonces, de imagen?
– No le resto gravedad a sus respuestas -afirmó Scotto-, pero por lo que le entiendo, estamos hablando de una posible influencia, de un daño de imagen, de una irregularidad, muy lejos de lo que se pretende juzgar aquí en esta sala.
– Eso deseamos todos -concluyó Scotto-. Muchas gracias, señor Tebas.
Mientras se dirigía a su asiento, Laporta, Rosell y Bartomeu se sonreían ligeramente en el banquillo de los acusados. Parecían estar satisfechos tras escuchar las palabras del presidente de LaLiga. Hacia ese mismo banquillo se dirigió el fiscal Jaime Estuardo según inició su interrogatorio. Apoyó las manos en la barandilla que separaba a los acusados del resto de la sala, y miró directamente a los ojos de Joan Laporta, luego a Josep María Bartomeu, a continuación, a Sandro Rosell y, por último, a Albert Soler. Situado en esa postura, daba la espalda a Javier Tebas, y así se mantuvo cuando comenzó su interrogatorio.
– Señor Tebas, ¿podría decirme de qué equipo es el señor Laporta? Aquí presente.
A Tebas se le escapó ese característico gesto risa-ladrido-arcada con el que suele obsequiar cada una de sus comparecencias.
– Hombre, todos lo sabemos. Del Fútbol Club Barcelona.
– ¿Y el señor Sandro Rosell?
– No sé dónde quiere ir a parar.
– ¿Y a la directiva de qué club pertenecía Albert Soler? -continuó el fiscal.
– Es obvio -replicó Tebas-, creo que no merece la pena contestar.
– Hágalo, por favor, ha venido a testificar hoy aquí, le ruego que responda a mis preguntas.
– Al Fútbol Club Barcelona, como todos sabemos.
– Muy bien, gracias. ¿Y podría decirnos a todos los aquí presentes, y a todos los que están en sus casas, y a todos los que seguirán este juicio por los medios, qué club de fútbol es el que estuvo realizando pagos a las empresas del señor Negreira y su hijo durante dos décadas?
La risa de Tebas tornó más hacia la arcada con gargajo:
– El Barcelona.
– Me alegra saberlo. Escuchando su declaración, he llegado a dudar de si se juzgaba al Fútbol Club Barcelona o al Real Madrid.
Se escucharon varias risas entre el público asistente y un murmullo de desaprobación.
– ¡Protesto! -exclamó Scotto con un tono de voz elevado-. No vamos a ningún lado con estas preguntas.
– Señor juez, miembros del jurado –alegó Estuardo-, puede que parezca irrelevante, como su afición o afiliación deportiva, pero tratamos de hacer ver con la declaración del señor Tebas que se puede ser aficionado de un equipo, o abogado, o presumir de adalid de la verdad y, a la vez, ser incapaz de discernir acerca de unos hechos y otros si su obsesión por el presidente del Real Madrid es superior a todo lo demás.
– ¡Eso no es cier…! -trató de responder Tebas, pero fue interrumpido por el juez.
– No se admite la protesta. Sus preguntas no aportan gran cosa, pero no son motivo de reprobación. Señor Estuardo, díganos adónde pretende llegar, por favor.
– Cómo no, señoría -dijo Estuardo antes de retomar la palabra-. Quiero hacer ver a los miembros del jurado que el testimonio del presidente de LaLiga carece de valor alguno, puesto que su obsesión es otra, y todos sus movimientos se encaminan en una única dirección.
Caminó por la sala y volvió a la posición anterior, frente a los acusados y dando la espalda a Tebas, al cual le había crecido el derrame tras la mención del fiscal a su obsesión.
– Miren, vean otro ejemplo. Señor Tebas, ¿qué piensa de la Superliga y el papel de Joan Laporta en la misma?
Se giró para mirar directamente a Tebas, quien se dio cuenta al instante de que había caído en la trampa. Estuardo no quería soltar la presa, así que no perdió el tiempo:
– ¿Cuántos litigios sostiene LaLiga con el Real Madrid?
– No sé, cerca de un centenar. Florentino quiere salirse siempre con la suya y recurre por todo: el reparto de los derechos de televisión, las imágenes de la previa de los partidos, el acuerdo con CVC…
– ¿El señor Laporta votó a favor de su subida de sueldo?
Javier Tebas se había puesto en pie visiblemente enfurecido. El fiscal se dio la vuelta, sonrió y miró hacia la audiencia. Hizo una pausa, momento que Tebas aprovechó para sentarse, respirar y ajustarse, por este orden, la corbata y el mechón de pelo que le caía sobre el frentón. Estuardo se giró hacia el jurado:
– Señores y señoras del jurado, les ruego no tomen en mucha consideración el testimonio del testigo de hoy. Como habrán podido comprobar, el señor Tebas no ha venido hoy a hablar del caso Negreira, del que ha hablado con numerosas vaguedades, de manera ambigua, “sí, es grave, pero habrá que ver si era para influir”… poco más. Ha venido para aprovechar el altavoz mediático que le presta esta causa y proseguir en su particular guerra contra el Real Madrid y su presidente.
Javier Tebas se aferraba con fuerza a los brazos de la silla. Trataba de callar, como le habían aconsejado, puesto que ya había hablado demasiado. Pero el fiscal no cejaba en su argumentación:
– El señor Tebas nos cuenta que está preocupado por la imagen del fútbol español y sus problemas. “Rubiales, Vinícius, Negreira”. In that order. ¿Por qué no decir “la Federación, Soule, el racismo, el CTA, el Barça y sus presidentes? ¿Por qué tiene que meter a un jugador del Real Madrid entre dos investigados en causas de presunta corrupción?
– ¿Acaso es un delito ejercer mi profesión? Es con lo que me he ganado la vida siempre –se defendió Tebas.
– No, por supuesto que no –respondió el fiscal-. Solo trato de que el jurado llegue a la conclusión de que usted, por muy madridista que se confiese, solo ha actuado como muchos de los árbitros de la trama Negreira. Ellos sabían que su sueldo dependía de tener satisfecho a quien los designaba para los partidos grandes o los puntuaba para descender o promocionar. Usted sabe que para mantener su sueldo tiene que mantener satisfecho a quienes se lo aprueban y le mantienen en el puesto. Y entre ellos no está el Real Madrid, y sí nuestros acusados en esta causa. No haré más preguntas, señoría.
El fiscal se dirigió a su asiento y su turno fue asumido por Luisa Ramírez, la abogada del Real Madrid.
– Señor Tebas, ha dicho usted que fallaron los sistemas de compliance tanto en el Fútbol Club Barcelona como en el CTA, ¿debemos entender que dichos controles funcionan bien en el organismo que usted preside?
– Enhorabuena –contestó la abogada con el mismo entusiasmo que Maldini ante un gol del Madrid en una final de Champions-. Pero remontémonos más atrás en el tiempo, a la era Negreira. Usted ha venido aquí y nos ha hablado del caso Negreira como si fuera poco más que una irregularidad administrativa, un posible conflicto de intereses menor que habrá que aclarar. Pero, ¿sabe usted realmente qué es un conflicto de intereses cuando permitió que el Director Audiovisual de LaLiga facturara 500.000 euros desde su propia empresa pese al Código Ético que lo prohibía?
– Esas son las noticias falsas del “portacoz” oficial de Florentino Pérez –contestó Tebas.
– Protesto –intervino Scotto con timidez-. Nada de lo mencionado guarda relación alguna con el caso juzgado.
– Se admite –sentenció el juez Aguilar, que no dejaba de apuntar nuevas flechas con el rotulador verde en su libreta-. Aténgase al caso juzgado, letrada.
– Entendido, señoría –asintió la abogada-. Solo trataba de hacer ver que, al igual que lo argumentado por la defensa, prácticamente nada de lo mencionado en el día de hoy por el señor Tebas guarda relación alguna con el caso. Su cruzada es otra. Y me quedo con una frase de lo que ha dicho hoy: señor Tebas, ¿ha dicho usted que están trabajando para minimizar el impacto reputacional que el caso Negreira tiene sobre LaLiga y el fútbol español?
– Ya, ya lo vemos. Y es más, a ese club al que no se quiere desprestigiar porque ya lo hacen sus dirigentes se le ajusta la normativa de control económico, se le aceptan las palancas que no se cobran o se le permite sobrepasar el límite salarial, se le informa del acuerdo con CVC sin hacerlo con su máximo rival… Pero todo sea por mantener la buena reputación de LaLiga.
– Cómo se nota quién le paga a usted –respondió Tebas mientras mostraba unos afilados colmillos.
– Lo sabe todo el mundo. Igual que sabía todo el mundo para quién trabajaba su hijo. O igual que sabe todo el mundo lo que paga el organismo que usted preside a los medios de comunicación para, entre otras cosas, “minimizar el impacto reputacional” del caso Negreira. 140 millones de euros en cinco años para hacer publicidad de este lodazal. Solo voy a decirle una cosa más: mi cliente detestaría saber que una parte del dinero que LaLiga detrae de sus ingresos, ¡por ridícula que fuera!, se destinara a publicidad y a la mejora reputacional del club al que se está juzgando en esta sala. No haré más preguntas, señoría.
El juez terminó de apuntar otra página más de su libreta, la cerró, junto con sus carpetas, miró a su ayudante y resopló varias veces.
El tono áspero de la sesión lo había dejado agotado. Golpeó con el mazo y se acercó al micrófono:
– Se levanta la sesión.
El juez se marchó pitando, sobre todo cuando vio que Javier Tebas se acercaba a la mesa de la abogada del Real Madrid para seguir discutiendo.
Capítulo 8 – Iturralde González
El juez Aguilar apagó la pantalla del móvil, puso el modo avión y dejó de mirar por la ventana. Al parecer, el próximo testigo estaba llegando a los juzgados, como supuso por el remolino de periodistas en torno a la figura de un individuo no muy alto y de complexión delgada que acababa de llegar a los juzgados de Barcelona. El juez guardó una carta que había recibido esa misma mañana en el mismo cajón en el que dejó la que le llegó la semana anterior. El único cajón que cerraba con llave cada vez que salía del despacho. Se puso la toga y bajó las escaleras.
– ¡En pie! -se escuchó a Bull-. Preside la sesión el honorable juez Aguilar.
El murmullo del interior de la sala se acalló mientras el juez y sus ayudantes tomaban asiento. En el banquillo de los acusados había dos ausencias, lo cual, a estas alturas del juicio, ya no sorprendía a nadie. Joan y José María, José María y Joan, que monta tanto como de tanto en tanto se lo montan. Mientras el juez ordenaba su documentación y colocaba el famoso kit de “libreta + rotuladores de colorines para no perderse en la trama”, apareció Joan Laporta por la puerta cercana al banquillo de los acusados. Por el carraspeo con el que pronunció entre dientes “Perdón” se pudo intuir que seguía con sus problemas de afonía o garganta. El juez hizo un gesto al abogado de la defensa, Jorge Carlos Scotto, para que comenzara con la vista del día.
– Con la venia, señoría. Señor juez, miembros del jurado, curiosos congregados en este caso -se giró hacia toda la sala-, hasta la fecha la defensa ha traído el testimonio de directivos del mundo del fútbol y del arbitraje, así como unos informes periciales contundentes para desmontar este caso que nunca debió ser considerado tal, un caso que, si sigue vivo en los medios, es por el control que sobre los mismos ejerce la parte acusadora. Hoy vamos a traer el testimonio de una persona que es una eminencia en el mundo del arbitraje, alguien que ejerció como árbitro en activo durante todos los años que se juzgan en este caso, mientras el señor Enríquez Negreira era vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Una persona, además, de gran locuacidad, que sienta cátedra cada semana en algunos de los principales medios de comunicación de este país.
A medida que pronunciaba estas palabras, en la sala se escuchaba un murmullo de expectación, “wow”, “wow, wow, wow”, hasta que Scotto anunció el nombre del testigo:
– La defensa llama a declarar a don Eduardo Iturralde González.
En ese instante, en la misma audiencia se oyó un “buah”, “Itu”, “¿Piturralde, cátedra?” y un “pffff” de varias personas que sonó como un globo deshinchándose con lentitud.
Se abrieron las puertas y entró en la sala un tipo de paso apresurado, que caminaba algo encorvado, vestido con una americana negra bajo la cual llevaba una camiseta igualmente negra con un dibujo de algo que parecía una piña marrón. Llevaba el pelo despeinado, lacio, como si una vaca le hubiera dado un lametón y le hubiera quedado un mechón colgando por la frente. Justo antes de alcanzar el banco, apareció Enríquez Negreira por la misma puerta de los baños por la que había salido Laporta unos minutos antes. Ambos frenaron sus pasos, se miraron con desprecio mutuo y prosiguieron hacia el lugar que cada uno tenía designado. De repente, la sala se llenó de un hedor insoportable y algunos de los acusados, al igual que miembros del jurado, se llevaron la mano a la nariz.
– Yo no soy -dijo Negreira a su hijo por lo bajo, una vez tomó asiento. Y con el mentón señaló hacia el testigo.
El abogado Scotto se acercó al testigo para iniciar el interrogatorio, pero frenó el paso firme que llevaba al percatarse del mal olor. Pegó varios manotazos al aire como para ventilar un poco el ambiente y comenzó:
– Don Eduardo Iturralde González, hijo y nieto de árbitros, profesional en activo en Primera de 1995 a 2012, años todos ellos durante los cuales el señor Enríquez Negreira ya prestaba sus servicios en el Comité Técnico de Árbitros. Una trayectoria intachable -en ese momento se oyó una risa entre el público-, de hecho, el colegiado que más partidos había dirigido en su momento en Primera División. Díganos, señor Iturralde, desde su dilatada experiencia y puesto que aquí se está cuestionando el arbitraje español, ¿qué tiene que decir?
– Pues que me parece una desgracia -respondió el culegiado-, el caso Negreira me parece lo más grave que ha habido en el fútbol español, que alguien haya intentado aprovecharse de su posición, y que luego otros estén queriendo transmitir a la gente que ha habido compra de partidos… me da mucha rabia, sobre todo porque eso no lo van a poder demostrar nunca.
– Aprecio su contundencia -afirmó Scotto-. ¿Todos ellos, no hay duda sobre ninguno, como intenta demostrar la acusación particular?
– Todos ellos -contestó Iturralde, en cuya frente brillante por el sudor se pegaba media docena de pelos-. Porque ningún compañero mío se ha vendido jamás. Pongo la mano en el fuego por todos ellos.
– Entonces, ¿qué sentido tienen los pagos que realizaba el Fútbol Club Barcelona, no cree que eran para influir en los árbitros?
Al fiscal Estuardo se le escapó una carcajada. Se disculpó con la mano ante el juez, quien, en la mesa principal de la sala, debió percibir el hedor que invadía el ambiente. Con un gesto indicó al alguacil que abriera las ventanas, para lo cual este tuvo que apartar “el florero de López Nieto”. Las abrió y entró una corriente que disipó ligeramente el olor, aunque la ubicación de la ventana hizo que el aire infectado volara directamente a la pituitaria del juez, que no pudo disimular un gesto de desagrado.
– Así que usted no ve nada más que un tema de unas facturas que habrá que aclarar, no un delito de corrupción deportiva -continuó Scotto, quien se había apartado varios metros del testigo.
– Eso es, eso es, y eso no lo tendrá que aclarar ningún árbitro, sino quien haya podido lucrarse con esta situación -a cada frase, Iturralde aceleraba sus palabras-. Ahí hay unas facturas que habrá que aclarar, pero si… ¿cómo se dice… esa palabra inglesa?, ¿la “complayans”?, si la “complayans” dijo en su día que todo era correcto, pues no hay caso. Porque lo que sí puedo decirle con rotundidad es que Enríquez Negreira no tenía poder, ni ascendencia ninguna sobre los árbitros, ¡nin-gu-na!. Y si yo quiero comprar a un juez, por ejemplo, en este juicio -miró hacia la mesa del juez Aguilar, que se quitó las gafas, enarcó las cejas y lo miró como diciendo “a mí no meta usted en sus fregaos”-, no compro al jefe del juez, compro al que me va a juzgar, pago directamente al juez.
Iturralde se giró hacia el juez Aguilar, en cuyo rostro se apreciaba que no le hacía ni pizca de gracia la hipótesis planteada de manera tan poco inteligente por el testigo. A medida que “Itu” se aceleraba, las glándulas sudoríparas de su cabeza se activaban, lo que provocaba una imagen desastrada y algo penosa. El exárbitro se sacó un clínex del bolsillo de la americana y se quitó levemente el sudor.
– A lo que voy -continuó un Iturralde cada vez más nervioso-, si yo pago para influir, compro al árbitro, no a un señor que no pintaba nada. Como conocedor del gremio, que es para lo que se me ha citado, y como conocedor del arbitraje y de cómo funciona, creo que ese dinero que cobró Negreira, una parte era para él y otra volvía a ciertas personas.
Se hizo un silencio en la sala que Scotto no quiso interrumpir. Iturralde pidió un vaso de agua. Mientras se lo servían y se refrescaba con el agua, el público pudo escuchar a través de las ventanas que una feria ambulante pasaba por las calles aledañas a los juzgados. “¡Y otro perrito piloto!”. Nadie pudo intuirlo en ese momento, pero el editor de La Galerna utilizaría ese momento tan surrealista para escribir uno de sus artículos sobre esta farsa.
Scotto volvió al interrogatorio:
– Habrá quien diga que resulta extraño que un vicepresidente de los árbitros no tuviera ninguna influencia sobre ellos.
– A ver, desde el momento que trabaja codo con codo con el presidente del CTA está claro que tenía influencia, pero sería más en árbitros de categoría inferiores y no tanto en Primera División. Pero si me pregunta por influencia, le voy a decir quien sí tenía mucha influencia y no necesitaba pagar por ella. Porque hay una cosa que no se “m’a olvidao” nunca y que a mí me dijeron cuando entré en el arbitraje y es que no te haces árbitro hasta que chocas con el autobús blanco. Hasta cuando aciertas contra el Madrid, como se ha demostrado muchas veces, fíjate la que se monta. La repercusión que tiene el Real Madrid, te guste o no, es así, es el equipo con más repercusión, a diferencia del segundo.
– Dada su experiencia en cuestiones arbitrales, usted ejerce ahora de comentarista en el Diario As, un medio considerado claramente madridista, y en la Cadena Ser, un medio que no es sospechoso, y digo que no es sospechoso, puesto que fue uno de sus programas el que destapó el caso de las facturas irregulares entre el Barcelona y Dasnil, ¿ha sentido alguna vez esa presión, como árbitro o como comentarista arbitral?
Iturralde se sirvió otro vaso de agua. El temblor de las piernas se le había pasado a las manos.
– ¿Puedo ir al baño un momento? -solicitó.
El juez resopló y denegó con la cabeza.
– Esto no nos llevará mucho más tiempo, aguarde.
El abogado de la defensa retomó las preguntas para acelerar la marcha de un sujeto del que comenzaba a arrepentirse por haberlo propuesto para la comparecencia.
– Hablemos de otro de los acusados, el señor Javier Enríquez Romero, aquí presente. ¿Usted cree que se le pudo pagar por realizar informes sobre los árbitros o por condicionarlos de alguna manera con dichas valoraciones?
– Es lo que intentamos aclarar en estas sesiones. Muchas gracias, señor Iturralde. No haré más preguntas, señoría.
El fiscal Jaime Estuardo se levantó de la silla, se abotonó la americana, se ajustó el nudo de la corbata con la elegancia de la que solía hacer gala y se dirigió con paso firme hacia el banquillo del testi… no pudo acercarse más. La nube tóxica llegaba hasta unos tres metros del micrófono con el que se grababan todas las comparecencias de testigos. Supo disimular su gesto de incomodidad y comenzó:
– Señor Iturralde González, árbitro de Primera División durante diecisiete temporadas. Diecisiete, diecisiete… el caso es que ese número me recuerda a algo, ¿sabe usted? Diecisiete temporadas estuvo pagando el Fútbol Club Barcelona al vicepresidente de los árbitros y, según gente como usted, a cambio de nada, de ningún beneficio en los terrenos de juego.
– ¡Protesto! -dijo el propio Iturralde-. No le consiento que diga tal cosa de…
El juez lo miró perplejo. Para salir del paso, fue Scotto el que se puso en pie y exclamó un fuerte “¡protesto!”, logrando salvar de ese modo el ridículo del excolegiado.
– No se admite. Letrado, el fiscal solo está leyendo un párrafo del auto de instrucción, no hay nada sobre lo que protestar -aseveró Aguilar con cierta condescendencia. A continuación, se dirigió a Iturralde González-. En cuanto a usted, limítese a responder a lo que le pregunten, no está en su derecho de protestar. Continúe, por favor.
Tras acallarse ciertas risas entre el público, Estuardo prosiguió con la lectura del párrafo:
– … de tal manera, decía, “que debió existir una desigualdad en el trato con otros equipos y la consiguiente corrupción sistémica en el conjunto del arbitraje español”. ¿Qué tiene que decir a esto, señor Iturralde?
Estuardo lo miró perplejo. Aplaudió con evidente sarcasmo, apenas tres palmadas porque fue rápidamente reprobado por el juez:
– Letrado, evite aquí esos espectáculos que no contribuyen al buen desarrollo de la vista. Si tiene algo más que añadir, continúe, por favor. En caso contrario, le ruego que dé por finalizado el interrogatorio.
– Disculpe, continuaré, cómo no -aseguró Estuardo-. Así que nadie les presionaba, ha dicho, y que, como mucho, se sintió influido por… ¿cómo ha dicho?… chocar con el autobús blanco. Señor Iturralde, ¿usted sabe con qué arbitro ha perdido más veces el Real Madrid en su campo en toda su historia?
– Sí, je, je, je -se le escapó una risa nerviosa-, conmigo.
– Así es. ¿Y sabe usted, por un casual, quién es el segundo?
Entre el público se extendió un murmullo y se pudo escuchar algún que otro improperio, “todavía se ríe el hijop…”.
– Exactamente -asintió Iturralde-. Luego no parece que a los Iturralde les afectara mucho haber chocado con el autobús blanco. Diecisiete años en Primera y el ascenso a la internacionalidad, aunque luego apenas le dieran partidos.
– Llegué a pitar partidos de Champions -contestó Iturralde, cuyo temblor de piernas se trasladaba al resto del cuerpo, lo que provocaba una cierta incomodidad para cualquiera que estuviera viéndolo en ese momento.
– Apenas ocho. Y nunca fue designado para partidos de Mundiales ni Eurocopas. Su nivel era apreciado aquí por el sistema de los señores Sánchez Arminio y Enríquez Negreira, pero no por la UEFA, ni la FIFA.
– ¡Estuve siempre entre los árbitros mejor considerados por el sistema!
– Lo sabemos, señor Iturralde, lo sabemos, no se ponga nervioso. Precisamente aquí estamos enjuiciando ese sistema, por lo anormal de su funcionamiento, por premiar a árbitros como usted, que perjudicaban a unos clubes y favorecían a otros, como puede extraerse de las estadísticas de su carrera. Usted tiene otro récord con el Real Madrid y es que nadie ha expulsado tantas veces a su capitán como usted, ¡luego no nos venga con que pitar mal al Real Madrid podía perjudicar a su carrera! Que el máximo rival del equipo que pagaba a Enríquez Negreira perdía con usted el 25 por ciento de sus partidos, que era uno de los peores de toda la competición para ellos.
Iturralde volvió a secarse el sudor con el clínex que sacó del bolsillo, pero lo tenía tan húmedo que se le quedaron pegados varios trozos de papel en la sien izquierda y cerca de la mejilla. Su aspecto era tan deplorable como el hedor que se respiraba en la sala.
– Aquel era un gran equipo -contestó entre temblores-, tenía a muchos de los mejores jugadores del mundo, algo bien harían.
– Claro, era un equipazo, eso no se ha discutido nunca en este juicio. Lo que se discute es que se premiara a los árbitros que no eran neutrales, que se recompensara a los afines al sistema de Negreira, es decir, a los que favorecían al Barcelona o perjudicaban al Real Madrid. Entenderá que se dude de su imparcialidad cuando usted se da abrazos con algunos periodistas para celebrar el 2-6 del Barcelona en el Bernabéu.
– Qué barbaridad acaba de decir-le recriminó Estuardo-. Supongo que está comparando tener a un excolegiado en nómina como Megía Dávila en funciones de delegado arbitral, con un sueldo en torno a treinta o cuarenta mil euros y todo debidamente acreditado, con pagar varios millones de euros durante diecisiete años al vicepresidente en activo de los árbitros a través de una serie de sociedades interpuestas. Igualito.
– No deja de sorprenderme usted -continuó Estuardo tras una breve pausa-. Mire, el “sistema”, el “Tinglao”, como lo definen algunos en redes sociales. Voy a leerle otro párrafo y usted me dice qué opina… -buscó entre sus papeles y leyó-: “Creo que está de más que los árbitros voten al presidente de la Federación”, porque, “es necesario que el arbitraje sea independiente, difícil que se garantice esa absoluta independencia cuando suman los votos. Luego le pedimos peras al olmo y que no se ponga en duda nuestra profesionalidad y honestidad”, “cuando algunos candidatos tienen, de alguna forma, el control de los votos de los árbitros”. “Es lo que se entiende como un sistema clientelar, un círculo de favores donde me tienes que dar para que yo te dé, luego de tu interés depende facilitar mi poder”.
– Pues… qué tengo que decir, que me resulta familiar -contestó el excolegiado vasco.
– ¿Y no le parece que en cierto modo define lo que es el Negreirato? Controlar a los árbitros es un círculo de favores en el que todos se benefician, mire, le leo otro párrafo, “y digo clientelar, porque aquí no fluyen los sobres con papeles, porque de lo contrario, tendríamos que hablar directamente de jerarquía mafiosa”.
El testigo se quedó en silencio, parecía como si ya recordara. Se volvió a secar el sudor y trató de controlar su temblor corporal.
Tras un prolongado silencio, incómodo por la gestualidad del interpelado, este solo supo responder:
– Pues sepa usted que Villar era madridista.
¡Booooom! No se oyó, pero se sintió en la sala. El fiscal Jaime Estuardo se había encontrado con tipejos de la peor calaña a lo largo de su carrera: narcotraficantes, asesinos, delincuentes de navaja, pero también de cuello blanco, evasores del fisco… Pero en esos momentos estaba convencido de que pocas veces había encontrado un testigo que no respondiera a una sola de sus preguntas, sino que contestara a todas movido por su resentimiento hacia otra entidad o persona. En casos así, solo cabía dejarlo por imposible.
– Señor juez, miembros del jurado, dejo al testigo por imposible. Solo quiero que conste en acta una última prueba que pretendo dejar aquí, una ínfima muestra de lo que se premiaba en el Comité Técnico de Árbitros de los señores Arminio y Negreira, regado con millones por el Fútbol Club Barcelona. Señor Iturralde, ¿qué opina de esta jugada?
– “No hay ni que verlo”, usted lo ha dicho. Viste de blanco y los otros de azulgrana, y con eso era suficiente. Y así es como se asciende en el escalafón. No haré más preguntas, señoría.
Estuardo se volvió hacia su banco y buscó un pequeño envase de colonia que llevaba siempre en su maletín. Se echó un poco por el cuello y las muñecas. La abogada Luisa Ramírez se levantó y se acercó al testigo. Tampoco mucho.
– Eduardo Iturralde González. Ha dicho usted que apenas conocía los servicios que prestaban tanto el señor Enríquez Negreira como su hijo.
– Sí, apenas nada, la charla que les he contado y poco más.
– ¿No comió usted en el restaurante propiedad de la pareja del señor Enríquez Negreira en alguna ocasión?
– Pues… no lo recuerdo. Hace ya tiempo, sabe, y con el tiempo, esas cosas no se recuerdan con claridad.
– Florentino, con su 1,65 y una edad avanzada, empujándolo como un matón a usted, que, como árbitro, estaba en plena forma ¿y mide? ¿1,75?
– Un poco más, 1,77.
– Me cuesta hacerme a la idea. Y primero dice que le metió en una sala, pero luego que no le dejó entrar en el cuarto de los árbitros…
– ¿Acaso esto es un juicio en el que se me cuestiona?
– ¡Por supuesto que es un juicio en el que se cuestionan todos los testimonios de los testigos! ¿No se había dado cuenta aún? Tratamos de encontrar pruebas, certezas, y con testigos como usted es imposible. Mire, esto es una prueba, ¿sabe lo que es?
– Es el acta del partido al que hacía usted referencia, el mismo en el que, supuestamente y siempre según sus palabras, Florentino Lucabrasi Pérez lo arrinconó a empujones y le pidió… no nos ha dicho lo que supuestamente le pidió. ¿Nos lo puede aclarar?
– Eso es, al menos en su imaginario, porque al Barça le pitaba de una manera y al Madrid, de otra. Y dice que lo comunicó al CTA, lo único es que aquí, en el acta, junto a su firma, aparece escrito “sin incidencias” de ningún tipo. Señor Iturralde González, usted no pasaría la máquina de la verdad. Bueno, no hace falta decirlo porque ya se sometió al polígrafo en un programa de televisión y fracasó de manera estrepitosa.
La abogada se acercó a la mesa del juez, depositó el acta como prueba número 324/06 y continuó:
– Señores y señoras, miembros del jurado. Les ruego tomen en su justa medida las palabras de este testigo, cuya fiabilidad ha resultado ser más bien escasa. Del testigo sí sabemos al menos una cosa: que la Guardia Civil no lo está investigando por un aumento excesivo de patrimonio, al contrario que ocurre con otros árbitros investigados a raíz de esta causa. La única propiedad que tiene a su nombre fue embargada hace un año por la Agencia Tributaria. Es difícil dilapidar ese salario de árbitro internacional percibido durante tantos años, pero algo así le ha ocurrido a numerosos exdeportistas por una mala cabeza o por adicciones varias. No haré más preguntas, señoría.
Iturralde González no esperó ni a que le dieran permiso y salió corriendo hacia el baño. El juez apuntó unas últimas notas en su libreta, tomó el mazo y, dando tres golpes, concluyó:
– Se cierra la sesión. Y por favor, ventilen la sala.
Capítulo 9 – Árbitros en activo (I)
Cuando el ordenanza “Bull” pronunció el ya conocido “en pie, preside la sesión el honorable juez Aguilar”, algunos de los intervinientes no se habían situado aún en su sitio. No solo Enríquez Negreira estaba ausente, as usual, sino que Joan Laporta estaba departiendo amigablemente con algunos de los miembros del jurado popular. Al abrirse las puertas de la sala, Laporta trató de volver con celeridad a su asiento, pero estuvo a punto de chocar con el juez y uno de sus asistentes, que recorrían un camino similar al suyo. “Disculpe”, murmuró entre el jadeo que el maratón de ocho metros le provocaba. El juez Aguilar frunció el ceño antes de tomar asiento y se quedó mirando al presidente del Barcelona mientras ocupaba su lugar en el banquillo de los acusados. Dejó la libreta, un par de carpetas y los rotuladores sobre la mesa, acercó el micrófono a la boca y con una voz tenue indicó:
– ¿Pueden los letrados acercarse un momento?
Scotto por la defensa, Estuardo por la fiscalía y Luisa Ramírez por la acusación particular se acercaron al estrado del juez.
– Le ruego, señor Scotto, que indique a los acusados que deben abstenerse de entrar en contacto con el jurado -Scotto torció levemente el gesto-. Entiéndalo, no es admisible, ni ético, y no resulta en absoluto recomendable. Por no decir que me parece un comportamiento altamente reprobable.
– De acuerdo, señoría, se lo haré saber. Solo quería hacerle notar que no han sido más que unas fotos que algún miembro del jurado…
– ¿Algún o “algunos”? -puntualizó la abogada.
– Un par… -respondió Scotto-, tres, como mucho, nada más. Algún miembro del jurado ha pedido hacerse una foto con el presidente de una entidad histórica aquí en Barcelona, como el club de fútbol, posibles simpatizantes, nada más, y este les ha regalado unos pines y un par de fotos firmadas, nada más.
El juez Aguilar se quedó perplejo. Miraba fijamente al abogado defensor.
– Para garantizar la neutralidad del jurado, supongo -pronunció con sorna.
– Nada más que unos pines, señoría -añadió Scotto.
El juez Aguilar seguía sin cambiar de gesto, hasta que finalmente se pronunció:
– Letrado, “nada más” le voy a decir una cosa: si no es capaz de comprender la importancia que puede tener el hecho de que un acusado haga regalos al jurado, sean del tipo que sean, me parece que va a tener muy difícil defender a sus representados. Diga a su cliente, e insístale varias veces, porque ya nos vamos conociendo en esta sala, que no se acerque al jurado, que no tiene ni que dirigirles la palabra. Nada más. ¿Le queda claro?
– Sí, señoría -asintió Scotto-. Puedo no compartir su preocupación, pero entiendo que es lo más recomendable por estética.
– Igual que pagar al jefe de los árbitros -puntualizó Luisa Ramírez de manera quisquillosa-. Una mera cuestión estética, sin duda.
Los abogados volvieron a sus lugares, excepto Scotto, que se acercó a Laporta para decirle unas palabras al oído. El presidente del Fútbol Club Barcelona negaba con la cabeza, hinchó la papada y cerró los ojos con una mezcla de indignación e incredulidad mientras soltaba un “brrrl, el madridismo sociológico lo invade todo”. Scotto quiso salir del paso cuanto antes, así que se dirigió a los asistentes y dijo en voz alta y clara:
– ¡La defensa llama a declarar a Don Alejandro Hernández Hernández!
Se abrieron las puertas y apareció un cuarentón con aspecto saludable, más pelirrojo que rubio, bien vestido, quizás hasta coqueto… un rostro muy conocido para cualquiera que siguiera la liga española de fútbol. Tomó asiento y Scotto, antes de comenzar el interrogatorio, se dirigió hacia el jurado:
– Señores y señoras, miembros del jurado: hasta ahora han desfilado por este juzgado numerosas personalidades del ámbito directivo del fútbol, expertos en su área que han acreditado la profesionalidad con la que se trabaja en el deporte español, tanto en sus órganos federativos como en el arbitraje (Cerca de la ventana pasó una bandada de gaviotas cuyo graznido sonaba como una estruendosa carcajada). En estas próximas sesiones hablaremos con algunos de los mayores representantes del arbitraje, árbitros en activo que han recibido numerosas críticas por parte del madridismo y de la prensa madridista. Varios de ellos son veteranos que han sufrido en sus carnes que se dudara de su profesionalidad.
Se acercó al testigo:
– Don Alejandro Hernández Hernández, usted ha sido uno de los árbitros más criticados por ciertos sectores del madridismo, pero lo cierto es que, si uno revisa sus estadísticas con el Fútbol Club Barcelona en Liga, no son nada “favorables”, por utilizar el argot que se ha empleado en anteriores sesiones en esta sala, ¿a qué cree que se debe?
“Madridismo sociológico de manual”, se escuchó decir a Laporta hacia su derecha.
– No lo sé, señor, a mí me han acusado de muchas cosas desde que soy árbitro de Primera División, hasta de hacer perder una Liga al Barcelona.
– Precisamente quería hablarle de un error muy sonado que perjudicó al Fútbol Club Barcelona, aquel gol no concedido al equipo catalán, que le habría supuesto un triunfo en el Villamarín y los tres puntos.
Cada vez que Laporta hablaba hacia Bartomeu en lo que él creía que era voz baja, se escuchaba algo parecido al jadeo de un búfalo y se le entendían perfectamente sus palabras: “vaya robo, nos tangaron una liga”.
– Entonces, por seguir con la teoría que se ha defendido en esta sala sobre los pagos del Fútbol Club Barcelona a Negreira y su influencia en los partidos, ¿cómo encaja con este tipo de errores? -preguntó Scotto.
– Eso mismo se pregunta cualquiera que sepa un poco de fútbol -afirmó Scotto con aires sentenciosos-. Y ya puestos, ¿qué pensó cuando saltó el caso Negreira?
En todas las vistas previas, Enríquez Negreira había mantenido dos actitudes bien distintas. Unos días tenía la vista perdida y apenas mantenía contacto visual con los comparecientes. Pero en otras ocasiones, como en la presente, se le veía muy atento, con la vista fija en las palabras del testigo, en especial, cada vez que se mencionaba su nombre.
– La Guardia Civil ha investigado a varios de ustedes por un incremento en su patrimonio, hay un informe que habla de un incremento exponencial, quién sabe si buscando que a ustedes les hubiera llegado un dinero extra, ¿qué tiene que decir a esto?
– Así lo cree la defensa, señor Hernández Hernández, solo quería darle la oportunidad de manifestarlo en público. Muchas gracias por su testimonio, no haré más preguntas.
Scotto se volvió satisfecho hacia su asiento y en su camino se cruzó con el fiscal, Jaime Estuardo, quien mostraba un rictus de cierta indiferencia.
– Con la venia, señoría -comenzó-, la defensa insiste en la teoría de la compra de árbitros, una teoría que no ha sido mantenida prácticamente por nadie en esta sala. En este juicio no hablamos de eso, sino de la compra del sistema entero, del poder arbitral, a través de la persona que, como ha quedado acreditado, podía decidir sobre el presente y el futuro de los colegiados, o sobre las designaciones para los partidos. Señor Hernández Hernández, ¿podría indicarnos quién le comunicó su ascenso a Primera División?
– Sí, así es -contestó el canario-. Le conocíamos por haber trabajado con la Federación y el CTA en el pasado.
– Y a los dos años de llegar a Primera División, usted es ascendido a internacional. ¡Solo dos años! Es una carrera sorprendentemente meteórica. Bien es cierto que no podremos demostrar que los árbitros que se reunían con el hijo de Enríquez Negreira ascendían rápidamente a Primera y luego a internacionales, pero parece haber una cierta causalidad.
– Sí, usted asciende muy rápidamente tras una serie de errores, pero curiosamente la UEFA no le da partidos de Champions porque no lo considera suficientemente capacitado para ello. Le asignan apenas dos partidos en ocho años y, sin embargo, aquí lo designan con pasmosa facilidad para pitar los partidos más importantes del Madrid o del Barça.
– Todos ustedes tienen una cierta afición por poner la mano en el fuego. O perdone, para ser más exactos, por decir que pondrían la mano en el fuego.
– Ya hemos comentado mis estadísticas con el Fútbol Club Barcelona, si quiere ir por ahí, verá que no son especialmente favorables, apenas gana el cincuenta por ciento de los partidos conmigo.
– Las estadísticas no lo cuentan todo, permítame que se lo indique. En Italia, por ejemplo, el Moggigate no era un caso solo de influencia en los arbitrajes, era también de selección de árbitros afines, de manipulación de las designaciones.
El fiscal se acercó a su mesa, cogió una carpeta de color azul marino y se acercó hacia el testigo y la mesa del juez.
– El Madrid gana con diez en el Camp Nou: usted anula un gol a Bale y expulsa a Sergio Ramos. En su interpretación de las estadísticas, aparecerá como “desfavorable” para el Barcelona porque perdió, pero su actuación estuvo plagada de errores que perjudicaron al rival. Otra, el Madrid empata en el Camp Nou y usted se traga dos penaltis sobre Varane -según ponía ejemplos, el fiscal dejaba fotos en la mesa del juez, a la par que repartía otras entre el testigo y el jurado-. Otra más, vaya, qué mala suerte tenía usted con el francés: el cuarto árbitro le indica que ”es falta de Suárez” a Varane y usted deja seguir la jugada, que acaba en gol de Messi. Ese partido acabó en empate y también suma a favor de sus estadísticas supuestamente desfavorables, ¿quiere que sigamos?
El colegiado, o “culegiado”, como había escrito uno de los periodistas esa misma mañana en su medio, permanecía callado. Finalmente se defendió diciendo:
– Ya, lo entendemos, muy injusto. Los errores se reparten, a veces se favorece a unos, normalmente de azulgrana, y en ocasiones se perjudica a otros que habitualmente visten de blanco. ¡Tengo más! Mire, en ese mismo partido se come este penalti de Jordi Alba a Marcelo, pese a que estaba bien situado, como puede verse en la foto. Usted seguía sin pitar en Champions, ¡pero se le caían los Madrid-Barça de las manos! ¿No le llamaba la atención? Aquí vuelve a errar al no señalar un penalti de Umtiti a Cristiano, pero no se preocupe, que en sus estadísticas, el Barça ganó. Ah, también expulsó a Sergio Ramos en ese partido. ¿Cree que era por eso por lo que se le designaba para los partidos más importantes de cada temporada? En lugar de a los árbitros élite UEFA, como sus compañeros Mateu o Gil Manzano.
El colegiado canario permanecía callado, pero el fiscal seguía mostrando fotos:
– Aquí el Madrid perdió con un gol en claro fuera de juego, y aquí… mi favorito de todos ellos: el Penalba.
Se giró hacia el juez, puso una foto en su mesa y le preguntó:
– Señor juez, perdone que me salta el procedimiento, pero usted, que no es aficionado al fútbol, ¿podría decirnos qué ve en estas imágenes?
El juez se puso las gafas, analizó la imagen, y balbuceó sin mucha seguridad:
– Pues… no me haga mucho caso, porque yo de esto no entiendo, pero… veo a un jugador dando una patada al suelo.
– ¡Exactamente! Patada al suelo que fue convertida en penalti. Y como se falló, unos minutos después, el combo de penalti y expulsión. Última jornada de Liga, por cierto. Quería llamar la atención del testigo sobre las fechas. Usted acaba de contarnos que acudió al plató de Movistar para lamentarse de un error que perjudicó al Fútbol Club Barcelona.
– Así es, fue al acabar la temporada, creo que la 2016-17 -respondió Hernández Hernández.
– Exacto. Acudió al estudio de Movistar en junio de 2017 y aquel error contra el Barça en el Villamarín sucedió en enero de 2017. Cinco meses antes.
– Puede ser, no recuerdo las fechas con exactitud.
– Lo son. Lo sorprendente es que el “Penalba” y su calamitosa actuación en la última jornada de Liga sucedió una semana antes de que fuera al programa, ¿y no se le ocurrió disculparse en términos parecidos? “Me quedé tocadísimo”, “cómo pude fallar en un error tan groseramente claro”, no sé, algo así.
– El error contra el Fútbol Club Barcelona pudo costar una Liga, no sé, quizás por eso -se disculpó el canario.
– No, hombre, no. ¿Sabe usted sumar? El Barcelona acabó esa Liga a tres puntos del Madrid. De no haber mediado su error, la diferencia habría sido de solo uno, pero no habría cambiado el campeón del torneo. Yo creo que usted estaba mandando un mensaje al sistema: pedía perdón por su error contra los que lo controlan. Que no volvería a ocurrir, que estaba “tocadísimo” por su cagada.
– Señor fiscal, le llamo la atención por el lenguaje -le recriminó el juez.
– Me disculpo, lo retiro. Solicito que en la transcripción figure la palabra “error” en lugar de “descomunal cagada” (se volvió de nuevo hacia el testigo). Llama la atención que nunca le hayamos visto disculparse por ninguno de los errores comentados, que no son pocos. Y algunos no son errores, como cuando recibió el aviso de su asistente sobre la falta de Suárez y dejó seguir el juego. Si hasta se le ve hacer el gesto de pitar y frenar el ataque culé.
Hernández Hernández seguía en silencio.
– ¿Sabe usted lo que le ocurrió a aquel árbitro asistente que le avisó de la descomunal cag… del error de dejar seguir el juego? Fue descendido a Tercera. Ricardo Escudero Marín. De asistente en un Clásico a Tercera. Se retiró del arbitraje con 34 años. En cambio, el asistente que justificó a Zidane su decisión se mantuvo en la categoría. Y usted, como todos sus compañeros del CTA, saben todo esto. Con sus palabras en televisión, usted estaba comunicando al “Sistema Negreiro”, a ese sistema que premia y castiga de tal modo, que se encontraba muy tocado por su error, que no volvería a fallar en esa dirección.
– ¡Protesto! -exclamó Scotto-. Está afirmando que el testigo actúa de manera premeditada, le está acusando de prevaricar.
– Se admite -dijo el juez.
– De acuerdo, retiro la última parte de mi argumentario -prosiguió el fiscal-. Su colega de profesión, Xavier Estrada Fernández, publicó en su libro La verdad sobre el caso Negreira detalles muy jugosos del comportamiento de Enríquez Negreira y su control sobre el arbitraje. “La familia” (puso una voz afónica mientras pronunciaba esas palabras). En ese libro aparece usted como uno de los más “oficialistas” del presidente en el momento en que estalla el caso, Medina Cantalejo.
– Me limité a intentar coordinar nuestras acciones como árbitros, firmar un comunicado común, recabar apoyos…
– Ya, al presidente que intentó tapar el escándalo. Por desgracia para la fiscalía, no va a haber un solo árbitro de Primera que reconozca que actuaba influido por este sistema de Negreira y Sánchez Arminio, pero todos ustedes saben desde hace décadas cómo deben comportarse para prosperar en el arbitraje. No haré más preguntas, señoría.
Volvió hacia su asiento y lanzó una mirada al banquillo de los acusados, en el que se encontraba Laporta negando con la cabeza y hablando hacia su compañero de bancada a la izquierda. Aunque se tapaba la boca con la mano, se le escuchó decir perfectamente: “¡era penalti claro!”. La abogada del Real Madrid, Luisa Ramírez, se levantó a continuación y se acercó al banco del testigo.
– Con la venia, señoría. Me gustaría recordar las palabras de un sabio del fútbol cuyas iniciales eran, curiosamente, como las de nuestro invitado: Helenio Herrera. Helenio Herrera, HH, decía que al fútbol se juega mejor con diez que con once. Díganos, ¿es por eso que usted considera que no perjudicaba al Real Madrid en todos esos partidos en que dejaba a mi representado con diez?
– Bueno, seguramente podría defender cada una de esas expulsiones -respondió el “otro” HH-, ahora mismo no lo recuerdo, pero mis motivos tendría.
– El caso es que llama la atención lo fácil que le resulta expulsar a jugadores del Real Madrid y lo difícil que le resulta aplicar el mismo criterio con el Barcelona. En especial, con su máxima estrella durante años, Leo Messi.
El colegiado permanecía en silencio. Su única respuesta consistió en encogerse de hombros y hacer un mohín de indiferencia con la boca.
– Hay numerosas agresiones delante de usted, otras segundas amarillas perdonadas por no dejar sacar faltas, pero quiero destacar una especialmente llamativa, que es aquella en la que Messi le intenta dar un balonazo a usted. ¡Vamos, que ni por esas lo expulsó! ¿Acaso temía los informes “arbitrales” de la familia Negreira? ¿El índice corrector o corruptor? ¿El impacto que podría tener esa tarjeta roja en su carrera?
La abogada empleó una táctica similar a la de su colega Estuardo y acompañó sus frases con una serie de imágenes que se dedicó a repartir por la sala.
– Nadie se atrevía a expulsar a Messi en España, pero es que tampoco se atrevían a hacerlo con Luis Suárez. El “saldo arbitral” que demostraron los informes periciales es muy claro. ¿No se atrevían, tenían instrucciones, o eran conscientes de lo que una expulsión a estos jugadores iba a suponer para el “dedo índice corrector”?
El colegiado canario mantenía silencio, como seguramente le había aconsejado su asesor legal.
– Usted tuvo varias oportunidades para expulsarlo, desde el terreno de juego o desde el VAR. Pero aquí no le estamos juzgando a usted, estamos juzgando a esos señores de allí (señaló hacia el banquillo de los acusados), estamos tratando de saber la influencia de los pagos de los distintos presidentes del Fútbol Club Barcelona (fue señalándolos uno a uno) al vicepresidente de los árbitros (mantuvo el brazo extendido hacia el acusado que daba nombre a la trama) para que se designara a colegiados afines como usted para los partidos relevantes.
– Claro -confirmó la abogada-, porque el árbitro de campo se había equivocado y usted hizo bien sus deberes al hacérselo saber, para eso está el VAR, ¿no?
– Ciertamente, para eso está. Lo llamativo es que esas correcciones desde el VAR se produjeran dos meses después de declarar ante la Guardia Civil, me resulta curioso. Durante los doce años anteriores, como hemos podido ver por los numerosos ejemplos mostrados, nunca se comportó de esa manera, su tendencia arbitral era otra.
– Siempre fui muy respetuoso con mis compañeros de la sala del VAR -contestó un cariacontecido HH.
– Excepto una vez. Decisiva. Y en aquella ocasión no acudió a ningún plató a pedir perdón, o a decir que estaba tocadísimo. 7 de marzo de 2021.
La abogada sacó tres copias de una foto de gran formato de su carpeta y las depositó con parsimonia y en este orden en la mesa del juez, junto al micro del testigo y en la barrera de separación del jurado.
– ¡Iturralde González! Si esa es la referencia, estamos listos. Ese… señor, por llamarlo de algún modo, ya dejó clara su tendencia al testificar en el mismo banco en el que está usted sentado ahora mismo. Seamos claros, su criterio depende de a quién esté pitando, arbitra condicionado, como todos los de su colectivo. Sabedores de que una decisión podía hacer que promocionaran o descendieran. Usted mismo ha ido al monitor del VAR más de una vez para pitar manos mucho menos claras, como esta, por ejemplo:
– Si es que el balón está en el hombro del jugador, no es un brazo separado como el de Felipe. Sin embargo, como he repetido varias veces, aquí no se les juzga a ustedes, sino a estos señores, a los que mantenían este sistema. Mayo de 2021, apenas dos meses después. En esa misma temporada en la que usted no quiso pitar la mano que su compañero le indicó desde el VAR que debía pitar, con las consecuencias que ello tuvo en el sentido de privar del título a mi representado, usted fue designado, ¡premiado!, como árbitro asistente de Mateu Lahoz en toda una final de Champions.
– Bueno, ya había sido elegido mejor árbitro de la temporada unos años antes -se justificó HH.
– El CTA siempre premia a los que mejor cumplían sus designios. Y a usted, señor Hernández Hernández, le daban siempre esos partidos porque toda su vida le han tirado ciertos colores. Por casualidad, ¿ha visto usted El secreto de sus ojos, la película argentina?
El árbitro hizo una mueca de extrañeza y negó con la cabeza, así que la abogada continuó:
– Pero eso fue una entrevista que me hicieron con nueve o diez años -protestó el canario.
– Recuerde, no se puede cambiar de pasión. Y otro compañero de profesión, Rafa Guerrero, camino a un partido en Huelva, le vio a usted celebrar un gol del Barça. (HH emitió un gesto de fastidio y movió la cabeza hacia ambos lados) Pero no le culpo por eso, entiéndanos. Culpo a los que compraron el sistema para asignar los partidos más importantes de cada temporada a un culé que no disimula con el silbato.
– ¡Protesto! -dijo Scotto-. Nuevamente está emitiendo juicios de…
Antes de que el juez resolviera, la abogada se adelantó:
– No se preocupe, letrado. Retiro mis juicios de valor. Si el problema no es con estos señores, sino con estos otros (señaló de nuevo al banquillo de los acusados). No haré más preguntas, señoría.
El juez resopló, como al final de cada sesión, pidió a su asistente que guardara las fotos que habían dejado en su mesa, cerró la libreta y sus carpetas, y golpeó con el mazo para dar por finalizada la sesión. Estaba más agotado que Iturralde defendiendo todas las decisiones arbitrales de la carrera de Hernández Hernández.