Rebelión en la granja podemita, por Josean

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En 1945 se publicó la novela satírica Rebelión en la granja, del escritor británico nacido en la India George Orwell, una estupenda fábula sobre el estalinismo y la corrupción que engendra el poder. Tomando como punto de partida la revolución iniciada por los animales de una granja contra sus dueños opresores, humanos lógicamente, Orwell realiza una crítica furibunda de los totalitarismos y la manipulación de la realidad por parte del poder establecido cuando dicha manipulación es útil y necesaria para sus objetivos.

Por si alguno no la ha leído (que deje ya este post y se ponga a hacerlo de inmediato), o por si los que la leyeron en su día no la tienen fresca en la memoria, trataré de hacer un breve resumen de lo que esta historia cuenta.

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Tras la muerte del Viejo Mayor, figura que puede representar a Lenin o incluso a Marx y los principios de lucha contra el capitalismo, los animales de la granja, liderados por los cerdos, se rebelan contra el señor Jones y los humanos, a los que consiguen expulsar. En una pared bien visible escriben sus reglas, los Siete Mandamientos que todos los animales sin excepción se comprometen a cumplir.

Crean un nuevo orden bajo el mando del astuto cerdo Napoleón (Stalin), el cual se apoya en sus inicios en Snowball (Trotski), posiblemente más inteligente y preparado que el primero, y en Squealer, que representa al aparato de propaganda necesario para convencer a los demás animales de que cualquier decisión de Napoleón es siempre la acertada y la más conveniente para ellos. El caballo percherón Boxer es el proletariado trabajador, y las ovejas y gallinas representan a los campesinos, al pueblo que acata y nunca se muestra crítico con las decisiones de los cerdos.

Con el tiempo, los cerdos comenzarán a incumplir uno a uno los Mandamientos, entre ellos el de caminar como los humanos o dormir en una cama, y tomarán decisiones que no serán bien comprendidas, como la de mudarse a la antigua casa de los Jones. Para mantener su autoridad, Napoleón se rodea de un grupo de violentos perros (la policía secreta estalinista), y solucionará sus diferencias de criterio con Snowball expulsando al mismo de la granja.

A partir de ese momento Snowball pasa a ser un proscrito, pese a lo importante que fue en su día para la revolución, y Napoleón consigue convencer al resto de animales de que en realidad era un traidor que estaba pactando con los humanos y que boicoteaba cualquier intento de establecer ese nuevo orden liderado por los cerdos. El entusiasmo inicial de los animales va decayendo al comprobar que su situación apenas ha variado, por no decir que ha empeorado, y sobre todo cuando descubren que el comportamiento de Napoleón y sus más cercanos se parece cada día más al de los humanos. El libro termina con una comida entre los humanos y los cerdos, en la que estos han copiado totalmente el comportamiento de los humanos. Los Siete Mandamientos de la pared han sido eliminados o modificados con el transcurso de los meses y al final solo queda el célebre:

“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”

Leí este libro por primera vez hará unos veinte años, y lo volví a leer el verano pasado porque ya entonces lo que estaba ocurriendo en la formación Podemos me recordaba al comportamiento de los cerdos en el libro. Por tanto, este post llevaba muchos meses de maduración, y tras las últimas noticias acaecidas en la formación política no puedo dejar pasar este momento.

Utilizaré los cerdos porque son los animales empleados por Orwell, y de verdad que no pretendo hacer ningún paralelismo ni crítica de los líderes de Podemos aludiendo al comportamiento general de los marranos, solo a los de la novela. Fue una crítica que ya en su día recibió Orwell, quien consideró estúpidas las sugerencias, algunas como la del escritor T. S. Eliot, en el sentido de que “cualquier animal que no fuera el cerdo podía haber sido elegido para representar a los bolcheviques”.

Evidentemente, Pablo Iglesias es Napoleón, el líder de esa revolución contra la Casta, un líder ambicioso que convence y engatusa a sus seguidores para rebelarse contra el poder establecido, un sistema injusto y corrupto en el que todos veíamos con estupor cómo se privatizaban los beneficios y se socializaban las pérdidas. El movimiento de protesta y rechazo al PPSOE era necesario (Entre Podemos y el No Podemos, escribí en su día). Otra cosa muy distinta es que esa necesidad se canalizara a través de Iglesias y los más extremistas.

Desde el principio de su nacimiento, Iglesias y sus acólitos proclamaron a los cuatro vientos que ellos jamás se comportarían como la Casta, que no tolerarían imputados en sus filas, ni evasores de impuestos, ni percibirían los salarios y privilegios del resto de la clase política, y que seguirían viviendo en el barrio de toda la vida y siendo cercanos a los suyos. Íñigo Errejón es Snowball, el segundo de a bordo, quizás más moderado y preparado que Napoleón Iglesias, pero precisamente por eso ha sido expulsado por el líder supremo. Igual que todo el que ha osado hacerle sombra, como Carolina Bescansa o los movimientos de Echenique en sus principios.

La toma de decisiones entre los animales adquiere el aspecto de asamblea participativa, si bien se adopta siempre lo que Napoleón previamente ha decidido. Que Iglesias saliera elegido en su partido, y su pareja Irene Montero ocupara el segundo lugar, es propio de ciertos regímenes que tanto gustan al líder de la formación morada. Todo ello, en unas primarias en las que cada vez votan menos militantes (apenas el 11,7% de los inscritos) y en las que se utilizó el sistema de votación que pretendía Iglesias y no los que propusieron otros rivales.

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Pablo Echenique se ha convertido en Squealer, el justificador ante las bases de militantes de todas las decisiones de Iglesias, por controvertidas que puedan parecer. Juan Carlos Monedero es el aparato de propaganda necesario, La Tuerka, aparato que sirve tanto para criticar a los malos malísimos de la Casta como a los “traidores” que han cuestionado los principios del partido, unos principios tan móviles y cambiantes como los Siete Mandamientos de la granja. Las excusas que han dado algunos de los dirigentes de esta formación cuando les han pillado incurriendo en fraude fiscal (Monedero) o condenados por no pagar a la Seguridad Social (Echenique) me han recordado a las manipulaciones que los cerdos hacían de los principios fundamentales escritos en la pared de la granja.

En el libro de Orwell, los animales se sorprenden cuando Napoleón y los suyos se van a vivir a la casa grande de los Jones, porque “estaban todos de acuerdo en que jamás debería vivir allí animal alguno”. Es evidente que el chalet de Galapagar es la casa de los Jones, un símbolo de todo aquello contra lo que se rebelaron los animales.

Alberto Garzón sería como el señor Frederick, con el que Napoleón firma un pacto de no agresión, puesto que podía ser una competencia para su granja. Me queda por ver si el señor Pilkington es Pedro Sánchez, el humano de la Casta con el que pacta para alcanzar el poder, y la culminación de un proceso en el que, como en el libro, al final resulta imposible distinguir a Napoleón de todo aquello que siempre criticó.

El poder corrompe y esa es una de las grandes reflexiones del libro de Orwell. O como dijo Lord Acton, “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Iglesias, como Napoleón, como tantos líderes, como tantos totalitarismos, detesta la crítica en su entorno. Todos ellos prefieren la mansedumbre de ovejas y gallinas.

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El viernes pasado, con todo lo que ha ocurrido en los últimos días con la salida de Errejón y Ramón Espinar, y la separación del partido de Manuela Carmena, un tuitero propuso que le pusiéramos título de película al futuro próximo de Podemos. Yo lo tuve muy claro, sería el de esa comedia de Jim Carrey titulada Yo, yo mismo e Irene.

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Cara Josean

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Leer sentencias en los tiempos del tuit (1 de 2), por Josean

Parece mentira que en estos tiempos en los que tenemos más información que nunca al alcance de un clic, mucha más de la que somos capaces de leer y procesar, en cualquier medio, en cualquier soporte, en cuestión de segundos, en una pantalla en la palma de la mano, parece mentira, decía, que estemos más desinformados que nunca. Desde luego mucho más que una o dos décadas atrás.

Y el problema seguramente sea nuestro porque anteponemos la inmediatez a la veracidad de la información. No se contrasta nada, se difunde todo con un solo clic, por Whatsapp, por Facebook, por Twitter, y así, a poco que nos descuidemos, nos dejamos colar cualquier cosa, como la de ese falso enfermo terminal de cáncer, Paco Sanz, “el hombre de los 2.000 tumores“, detenido por estafa, apropiación indebida y blanqueo de capitales, un tipo que lo más que hizo para acreditar su enfermedad fue depilarse la cabeza y las cejas.

O el enorme montaje de Fernando Blanco, el padre de esa niña llamada Nadia a la que llevaba a curar a unas cuevas de Afganistán porque ningún médico de occidente era capaz de enfrentarse a la enfermedad de la pequeña. 150.000 euros recaudados en cuatro días, y a poco que algún medio rascó un poco se encontró todo un historial de mentiras, “inexactitudes y extractos verdaderamente fantasiosos“. Pero antes de desmontar este inmenso fraude, que algunos cifran en un millón de euros, numerosos famosos se sumaron a su difusión con una rapidez inaudita (el famoso hashtag directo al corazón de la gente, #UnaGranHistoriaDeAmor).

¿Las nuevas tecnologías nos han vuelto definitivamente gilipollas? ¿O será que los manipuladores han encontrado un enorme campo abonado para aunar voluntades a sus montajes? Me inclino por esto segundo. Las nuevas tecnologías te permiten acceder a una enorme cantidad de información, pero por otro lado todo fluye tan veloz que cuesta separar el polvo de la paja y en ocasiones resulta imposible realizar un análisis racional (y sosegado) de cualquier asunto.

El problema que veo es que se tiende a convertir esas opiniones manipuladas (públicas o publicadas, según la definición de Felipe González), esos trending topic, en verdades absolutas irrebatibles, en estados de opinión de los que parece que no te puedes salir (hace poco hablaba de este asunto respecto a las marchas del Orgullo). Y se está pretendiendo manipular algo tan serio como las sentencias o las resoluciones judiciales. Porque en este estado de la manipulación son muy pocos los que leen más allá de un tuit, y porque todos nos permitimos el lujo de opinar sobre cualquier asunto, aunque no tengamos los conocimientos precisos para hacerlo.

Tenemos un caso desde hace semanas en todos los medios, del que nos actualizan prácticamente a diario los datos conocidos: el caso de Juana Rivas. Reconozco que la primera vez que escuché una noticia sobre el asunto pensé: “qué barbaridad, entregar a unos niños a un padre maltratador, ¿qué clase de justicia es esta?” Por si alguien tiene dudas, todo mi desprecio hacia los maltratadores, sean del género que sean, y desde luego las mayores condenas hacia todos ellos, pero en este caso reconozco que me asaltaron las dudas: ¿lo que nos estaban contando era realmente así?

El hashtag #JuanaEstáEnMiCasa sucedió al #YoSoyJuanaRivas y el martilleo constante en los medios me hizo tratar de entender el caso. Luego descubres que tres tribunales, ¡tres!, han dado ya la razón al padre, el italiano Francesco Arcuri, frente a la madre, y empiezas a pensar que a lo mejor no todo lo que has escuchado es cierto. A lo mejor no hubo una paliza brutal, como ha declarado la madre. Y a lo mejor la Madre Coraje no es tan buena, ni el padre tan villano. Aunque Twitter ya haya dictado sentencia, yo me quedo con los tribunales.

Entendí mejor el caso tras leer la explicación de María José Bultó, abogada especialista en Derecho de Familia, Penal y Menores. Resulta que la famosa condena por maltrato del año 2009 aplica los artículos 153.2 y 153.3, es decir, agresiones que pueden ser verbales o incluso físicas (basta un agarrón, un leve empujón) que no causan lesiones. Y no solo eso, sino que Juana Rivas y su marido se denunciaron mutuamente tras una fuerte discusión de pareja. Cuando la madre interpone la segunda denuncia por maltrato, en julio de 2016 (después de haber rehecho su vida con el italiano y haber tenido otro hijo en 2012) y en España (el dato es relevante), ya se había llevado a los niños del domicilio familiar en mayo, luego lo que se juzga es un caso de secuestro internacional de menores. Se aplica el Convenio de La Haya sobre sustracción de menores, no el número de retuiteos de un hashtag.

No pretendo hablar del caso en sí, que seguro que es mucho más complicado de lo que soy capaz de explicar en estos párrafos, sino del bombardeo mediático y la politización de casi cualquier asunto. La explicación de María José Bultó comienza por el lamento del abogado defensor de Francesco Arcuri y “el estupor paralizante que siente cuando algo que pertenece al campo del Derecho se convierte -sin sustento alguno- en un circo mediático”.

El tiempo suele poner a cada uno en su sitio y ya empiezo a leer artículos cada vez más en contra de la actitud de Juana, sin duda mal asesorada desde el inicio del caso. A Elisa Beni (y no creo que sea una persona sospechosa de simpatizar con el maltrato y la violencia machista) se le ocurrió escribir el artículo Juana no está en mi casa, en el que decía que “pretender que la solución a los problemas de Juana puede darse en algún otro ámbito es falso, desestabilizador y peligroso“, y me parece que a eso estamos llegando.

Fue contestada en ese mismo medio por dos miembros (¿miembras?) de Podemos, Beatriz Gimeno e Isa Serra, con un artículo de opinión cuyo título daba miedo: Juana y el derecho de las mujeres a la desobediencia“. Sustituyamos mujeres por cualquier otro colectivo, no sé, musulmanes, fachas, controladores aéreos, el que quieran, y a ver qué pensábamos del texto. Para qué tener tribunales si con la opinión publicada en Twitter es suficiente. Y en un tuit, aunque solo tenga 140 caracteres, se dicen muchas barbaridades.

Yo me sigo quedando con los tribunales de justicia y con los profesionales del Derecho, aunque a veces me cueste entender algunas sentencias. En este mismo foro mostré mi perplejidad con la resolución del “caso Ciempozuelos” (Coño, es un pato), pero dije que habría que aceptarla, porque en este sistema que hemos convenido los delitos hay que probarlos, y existe la presunción de inocencia. También en lo referido a la violencia de género.

Ese defecto tan español de no leer afecta a la mayoría de los ciudadanos, presidente Rajoy a la cabeza, y en el caso de las sentencias creo que se multiplica de modo exponencial. Demasiado farragoso, quizás. Rajoy llegó a decir cuando le preguntaron por el caso de Juana Rivas: “Hay que ser conscientes de lo que le ha ocurrido a la mujer. Ha sido agredida dos [sic] veces. A las personas conviene comprenderlas y luego está todo lo demás“.

Rajoy en estado puro. Confundiéndolo todo, o como dijo Arcadi Espada: “Sería terrible que el presidente del Gobierno empezara a parecerse a esos histéricos que, sin ninguna grave preocupación en la vida, emprenden causas dictadas por el aburrimiento, el oportunismo y la frivolidad“. Porque esto es lo que parece que finalmente ha ocurrido, que se va a convertir este caso, manipulado por diferentes medios y grupos, repleto de falsedades y medias verdades, en un debate público sobre el maltrato, la custodia de menores y el posicionamiento de cada uno de los partidos ante el espinoso asunto. El caso pertenece ya a los medios y no a la Justicia, y no quiero ni imaginar la que se va a montar el día que aparezca Juana Rivas, se la lleven a comisaría y entreguen a sus hijos a ese padre con el que, según dos tribunales, no corren ningún peligro.

En la segunda parte hablaré de varios casos curiosos que son los que inicialmente motivaron este post, pero el tsunami de Juana Rivas ha sido tan exagerado que no he podido abstraerme del mismo. Quizás haya sido arrasado por la fuerza de Twitter.

 

 

Sin miedo a votar, por Josean

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Recta final para las elecciones generales en España. Apenas unas horas para que el Reino Unido decida acerca de su permanencia o no en la Unión Europea. El famoso Brexit/Bremain. Creo que hay un punto en común entre ambos procesos, un sentimiento que predomina entre nuestros dirigentes y es el miedo.

En el Reino Unido, Cameron y los partidarios del sí a la UE llevan semanas hablando de las consecuencias desastrosas que tendría una salida de la Unión Europea: “Si votamos por irnos, ya está. Es irreversible. Nos iremos de Europa para siempre y la siguiente generación tendrá que vivir con las consecuencias durante mucho más tiempo que el resto de nosotros”. Sigue leyendo

A quién votamos (y II), por Josean

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Pertenezco a ese 18 ó 20 por ciento de indecisos que según algunos medios todavía no nos hemos decantado y podemos decidir el juego final de pactos. Creo que en la anterior entrada quedó muy claro lo poco que me gusta este sistema electoral, pero es el que tenemos, y no voy a dejar de votar cuando en algunos países (o en este hace cincuenta años) es un privilegio del que les gustaría gozar.

Dicho lo cual, y como en alguna de las decisiones trascendentes de la vida, Sigue leyendo

Habrá que ir a votar, ¿no?, por Josean

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“Estoy harto de todos, no pienso ir a votar”. Este es un pensamiento cada vez más repetido, junto al “no sirve para nada”, o “son todos iguales, una panda de golfos, sinvergüenzas y corruptos”.

Pues no, no estoy de acuerdo. Y eso que seguramente mi hartazgo Sigue leyendo

Otra semana repleta de mierda, por Josean

Hay semanas en las que uno coge el periódico el lunes y se mosquea, el martes y se cabrea, el miércoles y se indigna, y así hasta el domingo en el que uno concluye que no tenemos remedio. Además, resulta tan sencillo hoy en día acceder a casi cualquier información que la indignación es mayor. matrix

Seríamos más felices tomándonos la pastilla azul como en Matrix y viviendo en la ignorancia. Veríamos Adán y Eva o Gran Hermano, en lugar de leer noticias como las que voy a comentar. Sigue leyendo

Entre Podemos y el No Podemos, por Josean

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El partido político de moda, aquel del que todos hablan en los últimos tiempos, Podemos, ha decidido recientemente disminuir su presencia en los medios para evitar la sobreexposición de su líder, Pablo Iglesias. Sinceramente creo que hay otro objetivo añadido y es que no se le vean tanto las costuras, los defectos o las carencias de su programa.

Hasta ahora el mensaje indignado había calado en la gente, Sigue leyendo