Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto
Ahí estás. Orgulloso de dejar tu carro bajo la señal de prohibido. Que sí, que “solo es un polideportivo, no un hospital”, que llegabas tarde a la clase de natación de la niña, o a tu partidito de baloncesto o pádel con los colegas, los mismos que te decían “tío, no aparques ahí, que se lo lleva la grúa”, y tú les contestabas “bah, nunca lo hacen, no pasa nada”. Total, que lo dejaste ahí dos horas y claro que no “pasa nada”, solo que ahí está prohibido aparcar porque es el inicio de la curva que separa las plazas de aparcamiento del acceso, con lo cual, durante tus dos putas horas todos los que pasaron por allí tuvieron que maniobrar, esquivar tu coche, casi rozarse, esperar a que pasaran otros vehículos… en definitiva, los incomodaste. Nos tocaste las pelotas. Pero a ti te daba igual porque estarías pegando unos bolazos con tus amigos o leyendo tus mierdas en el móvil mientras tu hija hacía largos en la piscina. Molestaste a no menos de medio centenar de personas, pero eso te da igual porque de lo que se trataba era de llegar a tiempo aunque hubieras llegado tarde. Y que se jodan los que vengan detrás, que “el mundo es de los vivos”.
A veces cambia tu cara, pero eres el mismo imbécil que deja abierta la puerta de la taquilla en el gimnasio cuando ya has terminado de recoger tus mierdas, y te da lo mismo que otros estemos sentados en el banco o de espaldas a ti, que no te veamos y que al levantarnos o girarnos nos demos con la puerta de la taquilla en la cara o en la cabeza, o que pensemos “casi me saco un ojo con la esquina de la puerta” al ponerme en pie. Porque la has dejado abierta a medio metro de mi cabeza, niñato malcriado, del mismo modo que otra media docena de niñatos malcriados han dejado abiertas las taquillas, con sus esquinas puntiagudas hacia fuera. No sé si te da igual o no, porque ni siquiera eres consciente, igual que no eras consciente de la cantidad de gente a la que molestaste con tu manera de aparcar porque no miras a los demás, no piensas en los demás, quizás porque no piensas ni que haya “demás” al margen de tu reducido mundo.
Eres el mismo imbécil que encuentra publicidad en el parabrisas del coche y la tiras al suelo, porque “no me interesan estas mierdas, que no me las hubieran puesto ahí, sí, ya sé que ensucio el suelo, pero para eso están los servicios de limpieza”, el mismo niñato malcriado al que le dan una octavilla a la salida del Metro y la tira donde caiga en cuanto ve que no hay un cupón de descuento o una oferta inmediata que le interese. Eres el mismo tipo que no se quita para dejarnos salir del vagón, no ya a mí, que puedo mirarte a los ojos, sino a esa señora mayor que necesita espacio porque tiene menos agilidad. Pero qué digo de mirarte a los ojos, si llevas la mirada perdida mientras escuchas tus mierdas en tus auriculares inalámbricos a un volumen que hasta yo lo escucho a medio metro de ti. Y vaya mierdas escuchas, niñato malcriado. Las mismas que cuando vas con un altavoz por la calle, ¡un puto altavoz atronador!, o una de esas mochilas con altavoz, perdona, una speaker backpack con bluetooth para que todos apreciemos esa caja repetitiva de ritmos a la que a veces se une una voz gangosa de la que no se entiende una palabra. Pero que nos tenemos que tragar porque tú has decidido con tus santos cojonazos que tenemos que escucharla.
A veces te transfiguras en mujer, en esa anormal que me ve en el parking dejando pasar a un coche que daba marcha atrás y aprovecha para acelerar y ocupar mi lugar en la cola para salir. Sí, hazte la despistada, que ibas mirando al móvil, pero sé perfectamente que tienes tus mierdas súper importantes que hacer, por eso has pitado al que estaba delante, junto a la barrera teniendo problemas con el ticket. Tus mierdas son tan importantes que, no contenta con pitar y causar una estruendosa incomodidad en un sitio cerrado, has bajado la ventanilla para proferir cuatro insultos barriobajeros al tipo de delante. Torpe, sí, pero ese señor mayor no merecía tu mala educación. Eres la misma que aparca tu coche en doble fila junto a un hueco porque no te apetece maniobrar y así conviertes una calle de doble sentido en una de sentido único en la que se forma un pequeño follón durante unos segundos. No tengo duda de que las mierdas que tenías que comprar en el chino eran vitales en tu vida, y de una urgencia tal que no podías dedicar treinta segundos de valiosa vida a aparcar correctamente el coche.
Eres el mismo que escupe en la calle, que no recoge las mierdas del perro, la misma que se hace la despistada y trata de colarse en el supermercado, el mismo cerdo que deja un baño público convertido en un lodazal «y que lo limpie el siguiente». Lo que hace que la mayoría no seamos como vosotros se llama civismo y nos ayuda a que este mundo, país, ciudad o barrio sea más habitable. Más vivible, más amable. Por eso me gustó la teoría de los carritos de los supermercados.
Antes, en la mayoría de los supermercados había que meter un euro en el carrito para asegurarse de que la gente los devolvía a su sitio. Entre los protocolos Covid y que la gente cada vez usa menos el efectivo, se quitó lo del euro y por tanto, desapareció esa «recompensa» por el trabajo de llevarlo al punto de recogida. Así que proliferan los imbéciles que lo abandonan donde caiga una vez vacían sus contenidos en el maletero del coche. ¿Que ocupa una plaza de parking, un lugar de acceso, que no te deja abrir la puerta de tu coche, que incomoda a los siguientes usuarios? Les da absolutamente igual. Hace unos meses se hizo viral una teoría sobre este asunto. Llevar el carrito de la compra a su sitio o no, «sabiendo que no hay una gratificación o un castigo por hacerlo (o no hacerlo), puede colocarte del lado de los que hacen lo correcto en la vida y los que no». «El carrito de la compra es la última prueba de fuego para saber si una persona es capaz de gobernarse a sí misma», añadió su autora.
Y estoy de acuerdo. Es muy simple, es una mera cuestión de educación. Y «tus mierdas» han hecho que se te olvidaran las nociones mínimas de educación, niñato malcriado (por si no lo he dicho suficientes veces). Y niñata malcriada, que para esto sí uso el lenguaje inclusivo.
Debido al seguimiento que tuvo la primera parte, centrada en las chapuzas contables del Barça y en la huida hacia delante en la que el club lleva años inmerso, Javier «Kollins» Alberdi me pidió que mantuviéramos otra charla, en esta ocasión sobre los litigios que mantiene el «mès que un club» con la Agencia Tributaria.
El vídeo lleva 12.000 visitas en su primer día y por los comentarios que dejaron los seguidores del canal se ve que algunos de los asuntos tratados, fundamentalmente los de los años noventa, eran desconocidos para el gran público, seguramente porque esa parte fundamental del «Tinglao», la prensa, «la mejor del mundo», no se enteraba de nada o era untada para no difundirlo y dar esa imagen bucólica-idealizada del Barça.
La pillada del «Barçagate» o el «caso Negreira»
En el escandalazo del que llevamos hablando el último mes, al Barça lo pillan por un delito fiscal. Como a Al Capone. Había indicios de criminalidad en muchas de sus actuaciones, pero no podía probarse nada. La «omertá», la cercanía con el poder, el retorcimiento de la contabilidad, las disputas entre famiglias… veo muchos paralelismos. La Fiscalía acusa al Barça por corrupción continuada en los negocios y administración desleal (Rosell y Bartomeu), pero también por falsedad documental.
La denuncia de la Fiscalía concluye que el Barça se había deducido facturas por servicios no prestados. Cada excusa que da el club es peor que la anterior: que si había vídeos, que si asesoramiento verbal, que si coaching con los árbitros, que si informes de jugadores de divisiones inferiores… Todo mentira. El propio club firmó un acta de conformidad tras la inspección de Hacienda en el que reconoce que no podía acreditar los servicios pagados a la empresa de Enríquez Negreira, y por tanto, tuvo que devolver el IVA que había deducido y ajustar el gasto en el Impuesto de Sociedades de los ejercicios objeto de la inspección. Para que un no experto en materia fiscal lo entienda, voy a utilizar la medida del «Negreira», es decir, una factura de 40.000 euros más IVA por los servicios de lobby arbitral, por utilizar un eufemismo:
Y así muchas facturas y muchos euros por servicios no prestados de los que trataban de recuperar el IVA y la deducibilidad del gasto. Según el artículo de El Confidencial, solo en los ejercicios inspeccionados, de 2016 a 2018, la propuesta de regularización del Impuesto de Sociedades es de 404.249 euros, más 52.324 euros por intereses de demora. En cuanto al IVA, la inspección regularizó 473.050 euros, con sus correspondientes 84.991 euros de intereses. Si hacemos la cuenta en «Negreiras», tendremos la realidad de los pagos totales realizados a favor del vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros solo en tres años.
Con la regularización de Hacienda, «las facturas perdieron la presunción de validez», según indica la Fiscalía en su querella. En mayo de 2022, y la fecha es importante, ante los indicios de delito por los pagos no justificados, el expediente de la Agencia Tributaria fue enviado a la Fiscalía. Mayo de 2022, repito. La Ley del Deporte se cambia en diciembre, perpetrada por, entre otros, Albert Soler, director general del Consejo Superior de Deportes hasta enero de 2023 y directivo del Fútbol Club Barcelona entre 2014 y mayo de 2021. La Ley del Deporte amplió los plazos de prescripción de los delitos deportivos, pero solo de los leves y graves, y mantuvo la de los muy graves en la ridiculez de los tres años. Qué puñetera casualidad.
El Barça podía haber ajustado el gasto en el impuesto de sociedades (considerarlo no deducible) y a lo mejor hoy no tendríamos constancia del caso. Por poner un ejemplo, el Barça sí puede deducirse el gasto y el IVA de los pagos a detectives, periodistas y medios de comunicación, porque quedó acreditado que habían prestado un servicio. Se puede cuestionar su ética o no, su conveniencia o no, pero no la deducibilidad fiscal. Son los socios del club los que podrían denunciar a sus dirigentes por administración desleal o quebranto patrimonial, pero con Hacienda no habría problema alguno.
Hacienda investiga el destino de esos fondos
Como ya dije en este blog desde el primer día, aquí falta gente por salir, «faltan los peces gordos». Negreira era posiblemente solo un nexo de unión. Según la investigación de la Agencia Tributaria, el ex árbitro, ex vicepresidente y «lobbista», no ha tenido un incremento importante en su patrimonio. El dinero era retirado «en efectivo o mediante cheques al portador que cobraban terceras personas por encargo del árbitro». Hoy se ha sabido por El Confidencial que el dinero era retirado por la secretaria de Negreira y un empleado de la sociedad pantalla. Solo durante el período de 2016 a 2019 fueron 550.000 euros en efectivo. Y seguramente fue mucho más en los años anteriores. Pero si no hay un incremento sustancial del patrimonio de Negreira, si sus gastos de desplazamiento y dietas eran asumidos por la Federación Española de Fútbol durante los años del villarato, ¿dónde fueron a parar esos fondos, hay más implicados? ¿Podría ser un desvío de fondos con Josep Contreras, como algunos han tratado de justificar ya?
Por otro lado, la tenencia de dinero en efectivo no es prueba suficiente para acreditar la corrupción. En el vídeo recuerdo el caso Ciempozuelos, a cuya sorprendente sentencia dediqué un post (Coño, es un pato, 2ª parte). Falta por acreditar que los fondos fueron pagados para comprar los favores del estamento arbitral, que es lo que en el Moggigate se pudo demostrar con las horas ty horas de grabaciones de los directivos de la Juventus. En la sentencia del caso Ciempozuelos, pese a los cientos de miles de euros que ingresaron los ex alcaldes del municipio en Andorra, pese a los 800.000 euros que tenía uno en su caja fuerte, y pese a los acreditados intentos de soborno de un promotor inmobiliario, el juez consideró que “no puede descartarse que el dinero que llega al ANDBANC sea un dinero, “negro”, si se quiere, oculto a la Hacienda Pública, pero lícitamente ganado, (o incluso ilícitamente ganado pero no en razón de los hechos objeto de acusación)”.
Hay una parte peligrosa de aquella sentencia que me hace pensar en lo que podría llegar a ocurrir en este Barçagate o en el caso Soule, y es que la investigación se lleve mal de manera interesada. Ya sabemos que es muy complicado meterse con «el ejército de un país desarmado» y con la propia Cataluña o sus símbolos (recomiendo leer el artículo de Joaquín Manso Barça: ejército simbólico y corrupto). La carta del victimismo frente al Estado opresor ya ha empezado a jugarse en algunos medios. En aquella sentencia se decía que «Existían en la causa indicios de delito. El hecho de que la investigación haya sido incompleta o mal orientada y no permita, incluso pese al claro esfuerzo del Ministerio Fiscal, imputaciones suficientemente precisas, no significa que los hechos no revistieran indicios de presuntos delitos».
Y ahí se quedó, en indicios, y los investigados, absueltos de todas las acusaciones. Habrá que acreditar la compra de favores y aunque no será fácil sin grabaciones, la propia declaración de Negreira, su famoso burofax o la advertencia sobre cómo podía controlar el VAR podrían ayudar a alcanzar dicha conclusión. Respecto a la defensa del Barça como víctima de una estafa continuada, no soy jurista, pero si lo que se pretende argumentar es que entre Negreira y Contreras saquearon al Barça por servicios que el vicepresidente del CTA no podía dar, eso no eximiría al Barça del delito de corrupción continuada en los negocios, puesto que el destino de los fondos tenía un objetivo claro, según la Fiscalía: influir en la competición, en la designación de los árbitros y en presionarlos a base de decidir ascensos, descensos o promociones a internacionalidades.
Las actas de Hacienda de los noventa
Durante la revisión que hice de las cuentas del Barça para la primera charla (Finanzas ridiculés), pude remontarme hasta el ejercicio 2003-04. En el informe de auditoría se hace referencia a las actas de inspección de los ejercicios 1990 al 93 y 1996 al 99, por las que la Agencia Tributaria reclamó al club 22,3 y 30,5 millones respectivamente.
Lo sorprendente es saber a qué se debían dichas actas de inspección. El Barça había ideado un sistema para pagar las fichas de sus futbolistas mediante el cual pagaba una parte del salario de manera oficial, y los derechos de imagen suponían más del cincuenta por ciento del salario de los futbolistas, que tenían una tributación menor. De esta norma se beneficiaron la mayoría de clubes, el Real Madrid también, por supuesto. El «problema» radica en que los derechos de imagen de los jugadores del Barça (de fútbol, baloncesto y balonmano) eran abonados directamente por TV3 en sociedades radicadas en los Países Bajos.
El responsable de la sección de Deportes de TV3 en aquellos años era el que siempre aparece en estos temas: Jaume Roures. El problema es que aquí no ejercía de presidente de una empresa privada, sino que era un gestor de dinero público, de todos los catalanes, los culés y los del Espanyol, el Sabadella, el Nástic o el Girona. Fue un escándalo mayúsculo que pasó bastante desapercibido, sin mucho ruido mediático. Josep María Minguella ha presumido en varias ocasiones de cómo se fraguaron algunos fichajes de estrellas por el Barça… sin coste para el Barça. Con dinero público. Y de nuevo Jaume Roures y Tatxo Benet como hacedores o intermediarios.
El Barça terminó de liquidar las actas de Hacienda entre finales de 2009 y principios de 2010, y con los intereses la deuda se disparó hasta los 60 millones de euros. Casi veinte años para liquidar una herencia de Josep Lluís Núñez. «El club borra un pasado oscuro en el que ha habido deudas con Hacienda…», jajajaja, me deshuevo, «borra», dice.
Y ya que hablamos del Barça, de Hacienda y aparece el nombre de Núñez, es inevitable recordar que el ex presidente del Fútbol Club Barcelona estuvo dos años y medio en prisión por sobornar a inspectores de Hacienda. El delito fue cometido en sus negocios particulares, pero si un tipo sin escrúpulos fue capaz de sobornar a inspectores de Hacienda, y además era un redomado hooligan culé, sabemos que era capaz de cualquier cosa. Además del soborno, fue condenado por cohecho, por lo que tuvo que pagar 1,5 millones de euros. ¿Hay algún delito en el que no hayan incurrido los presidentes del Barça?
Y tras Núñez llegó Joan Gaspart, quien a la presidencia del Barça añadió los cargos de vicepresidente de la Federación Española de Fútbol y representante del Comité de competiciones de la UEFA. Pero estoy seguro de que se comportó de manera honesta y honrada durante todos estos años y en todos sus cargos. Claro que sí, wapis. Lástima de años perdidos, de ¿por qués? sin responder que prescribieron y desaparecerán en el tiempo como lágrimas en la lluvia, penaltis de Mascherano o agresiones de Suárez.
Llega un año más la ceremonia de los Óscar y me pasa algo parecido al año pasado, que no me motivaba de manera especial porque no había visto las favoritas o porque estas (CODA, El poder del perro) no me llamaban demasiado la atención. Los Óscar se han convertido en una ceremonia que premia lo políticamente correcto o ajustado a determinados cánones marcados no sé si por determinados lobbies o por quienes hagan la mejor campaña de promoción. Así que el post de hoy consistirá en dejar ocho anécdotas sobre los Óscar de otros años, con el aliciente de que una de las ocho no es cierta. El lunes a las 12 de la noche publicaré en la parte de Comentarios de cuál se trata, y se admiten apuestas.
La venganza de Jack Warner y la revancha de Bette Davis
A principios de los años treinta, la actriz llevaba dos años contratada por Warner Brothers y no estaba demasiado satisfecha de los papeles que se le ofrecían. La RKO le ofreció protagonizar Cautivos del deseo, pero a Jack Warner no le gustaba ceder a sus estrellas a la competencia. Finalmente, ante la insistencia de la actriz, el productor aceptó su participación, convencido de que iba a ser un fracaso: «Anda, ve y entiérrate a ti misma».
Pero la película fue un gran éxito, lo que enfadó enormemente a Warner. Un año después, la productora Columbia estaba buscando actriz para Sucedió una noche. La Davis, entusiasmada con el guion y con el proyecto, puesto que además anhelaba trabajar con Frank Capra, volvió a solicitar a Warner que le dejara participar, a lo cual este se negó de manera reiterada. Finalmente, Columbia contrató a Claudette Colbert, la película fue un éxito y su actriz obtuvo el Óscar por su interpretación.
La «revancha» de Bette Davis no llegaría hasta 1950, cuando Leo Mankiewicz estaba preparando Eva al desnudo, película para la cual contaba con Claudette Colbert como actriz principal. Sin embargo, esta se lesionó la espalda mientras esquiaba y tuvo que ser sustituida pocos días antes del rodaje. Bette Davis se hizo con el papel y la película fue un gran éxito, con seis candidaturas para los Óscar, si bien Bette Davis no lo logró, ni tampoco su compañera de reparto, Anne Baxter. En aquel año, el premio fue para Judy Holliday por su interpretación en Nacida ayer, de George Cukor.
Sunset Boulevard: la osadía de Billy Wilder
En Hollywood no suelen gustar las historias poco complacientes con la fauna que habita «sus junglas». Eva al desnudo es del mismo año que otro tortazo al mundo de guionistas, estrellas y productores detrás de las cámaras: Sunset Boulevard. El crepúsculo de los dioses en la «traducción libre» española. En el preestreno, uno de los hombres más poderosos de Hollywood de aquel entonces, el productor Louis B. Mayer, visiblemente indignado, exclamó a voz en grito desde el propio vestíbulo del cine:
– ¡Deberíamos enviar a este Billy Wilder de regreso a Alemania! ¡Muerde la mano que le da de comer!
Wilder lo escuchó y replicó sin pestañear:
– Yo soy el señor Wilder, ¿y por qué no se va usted a la mierda?
Finalmente, el talentazo que hay tras Sunset Boulevard se vio recompensado en los Óscar de aquel año, aunque solo logró tres de los once a los que aspiraba: dirección artística, banda sonora original de película no musical, y por supuesto, mejor guion original. Para Charles Brackett, D.M. Marschman Jr. y el osado Billy Wilder.
El pique de Herman Mankiewicz y Orson Welles
Jack Warner y Louis B. Mayer aparecen de manera fugaz, pero importante en Mank, de David Fincher. En la entrada dedicada a esta película, Citizen Mank, Ciudadano Fincher, la escritura del guion de Ciudadano Kane fue un verdadero tour de force entre el guionista Mank, totalmente alcoholizado, y el por entonces jovencísimo director Orson Welles. De las nueve candidaturas de la película, solo se llevaron precisamente el del guion, pero ninguno de los dos acudió a recogerlo. Welles estaba en Río de Janeiro preparando su siguiente película, y Mankiewicz recibió la estatuilla en su casa, donde soltó el hipotético discurso que habría dado de haberse presentado en la ceremonia:
– Estoy muy feliz de recoger este premio en ausencia de Orson Welles, que es como se escribió este guion: en ausencia de Orson Welles.
Los cuchillos entre ambos siguieron volando durante años. La siguiente vez en que coincidieron ambos artistas, en una fiesta privada de un productor en Los Ángeles, Mankiewicz estaba en pleno proceso para dejar el alcohol (ooootra vez), hecho que Welles conocía. Así que se presentó con una botella del whisky favorito de Mank, un Jack Daniels Gran Reserva, y en cuanto se encontró de frente con el guionista, soltó la bomba que tenía preparada:
– Estoy muy feliz de poder disfrutar de esta botella en presencia de Herman Mankiewicz, que es como se disfruta el buen whisky. Repito, en presencia de Herman Mankiewicz.
Pese a que la mujer de Mank intentó frenarlo, el guionista trincó la botella y se pilló una cogorza monumental. Ya no dejaría el alcohol hasta el final de sus días.
Desde el más allá
La muerte de Herman J. Mankiewicz fue prematura, en 1953, a los 55 años de edad y como consecuencia de su adicción al alcohol. Una muerte mucho más prematura y sorpresiva fue la de James Dean en 1955, con apenas 24 años de edad. Aun así, James Dean fue candidato al Óscar por Al este del edén. Esta situación excepcional se repetiría un año más tarde, cuando fue nominado para el Óscar por su cargante interpretación en Gigante.
Parece que a Hollywood le gustan estos Óscar o estas designaciones a título póstumo. Los más cercanos son los de Heath Ledger, Óscar por su Joker de El caballero oscuro, y Chadwick Boseman, nominado por Black Panther, candidatura que, estoy seguro, no se habría producido de no haberse cruzado la muerte en su camino.
El primer caso fue el de Jeanne Eagles en 1929 por La carta, y otros muy recordados son el Óscar a Peter Finch por Network (1977), que no pudo retirar obviamente, y las nominaciones a Spencer Tracy por Adivina quién viene a cenar esta noche (1967) y Massimo Troisi por El cartero (y Pablo Neruda), de 1996.
¿Óscar a un animal?
En Hollywood son muy dados a la excentricidad, de manera especial para promocionar a alguna de sus estrellas. Igual que se han concedido estatuillas a personajes fallecidos, es conocido el caso del intento de candidatura a Robin Williams por su papel en la película animada de Disney Aladdin. Solo por la voz, como reconocimiento a su trabajo. No coló, como tampoco los intentos de promocionar a un animal a un Óscar por su interpretación, que quedaron, como no podía ser de otro modo, en bromas o frases de admiración hacia los animales por sus habilidades interpretativas. Lassie, Rin-tin-tín, la mona Chita o la mula Francis, si bien ningún animal despertó tanta expectación como el caballo de Gringo viejo.
La American Humane Association quedó muy impresionada por los disparos que recibía el caballo del general Arroyo (Jimmy Smits), la caída del caballo y su posterior muerte. Como habían leído que ningún animal había sufrido daños durante el rodaje se pusieron en contacto con Gregory Peck, quien había estado en el rodaje de la escena. Peck les aseguró que el caballo «actuó» a la perfección y teatralizó la caída. Ante la incredulidad e insistencia de la asociación, el bueno de Peck los animó a visitar al caballo, de nombre Twister, que vivía en un rancho de California. Allí le hicieron repetir la caída varias veces e incluso concluyeron con un examen médico del animal, tras el cual pudieron comprobar que tenía un perfecto estado de salud.
Psicosis y el misterio sobre la asesina de la ducha
Gregory Peck parecía uno de esos actores condenados a aparecer en la ceremonia de los Óscar e irse de vacío. Hasta cuatro veces apareció en la ronda final y se fue a casa sin acariciar la figura del eunuco dorado. Por fin, en 1963, se alzó con el premio por su inolvidable interpretación de Atticus Finch en Matar a un ruiseñor. El que no tuvo nunca esa «suerte» con Hollywood, o nunca cayó suficientemente en gracia, fue el británico Alfred Hitchcock, candidato a mejor director hasta en cinco ocasiones. Su olvido es todo un descrédito para la Academia.
En 1960, estuvo entre los favoritos por Psicosis, película que también recibió las nominaciones a mejor actriz (Janet Leigh), mejor fotografía y mejor dirección artística. Todos se fueron de vacío a casa. El director francés François Truffaut le preguntó en una de las horas y horas de sesiones de grabación algo que siempre le había intrigado: ¿quién apuñalaba a Janet Leigh en el rodaje de la escena? «¿El propio Anthony Perkins con una peluca?, ¿una mujer?, ¿una doble, un bailarín? Si se recuerda que el asesinato está filmado a contraluz (…) todas estas eventualidades eran plausibles».
«Hitchcock me respondió que se trataba de una mujer joven con peluca, pero que había tenido que rodar la escena dos veces porque aunque la única iluminación fue situada detrás de la mujer, se distinguía demasiado claramente su rostro en las primeras tomas. (…) También había necesitado, la segunda vez, ensombrecer el rostro de la doble para conseguir al fin el efecto de una silueta ensombrecida en la pantalla, ensombrecida y no identificable».
La verdad es que nunca lo había pensado, siempre «vi» a una mujer, aunque esa era la trampa de Hitchcock.
Un gran guion repleto de fallos
Hitchcock era un «tramposo», quizás el mejor, y todo Hollywood suele ser una gran mentira, sobre todo si tiene que rodar alguna historia real. Y a veces ocurre que ajustarse a la realidad no resulta verosímil, como contaba William Goldman sobre la edad del general Gavin en Un puente lejano. William Goldman ganó dos Óscar como guionista a lo largo de su carrera, en 1977 por Todos los hombres del presidente, y en 1969 por Dos hombres y un destino, otra «traducción libre» de Butch Cassidy and The Sundance Kid.
Goldman disfrutó con la preparación y elaboración del guion. Se documentó durante meses, trató de conocer no solo las circunstancias personales de los dos bandidos, sino lo que denomina «el Salvaje Oeste», que fue «en realidad muy breve. Empezó a finales de la Guerra Civil y acabó con el inicio de siglo. Un total aproximado de treinta y cinco años». Fue una de las mejores experiencias de Goldman en Hollywood y como él mismo afirmaba en los noventa, «con la perspectiva de un cuarto de siglo, pienso lo mismo que pensaba entonces: es una espléndida obra narrativa, original y emocionante». Y sin embargo, él mismo reconoce que compuso un guion repleto de debilidades:
«Hay exceso de diálogo demasiado ingenioso.
Hay demasiadas «fintas», es decir, demasiadas sorpresas o sucesos inesperados.
Con demasiada frecuencia el conjunto se resiente por exceso de astucias.
Algunas de las secuencias sencillamente no te las crees.
No trata de lo que yo quería que tratara».
Para rematar diciendo que la escena mejor escrita no apareció en pantalla, «ahí quedó eso, como un gigantesco coprolito». Pero es una puñetera obra maestra, rodada con los dos actores más envidiados del mundo por entonces, Robert Redford y Paul Newman.
La envidia pasajera de Billy Wilder
Y ya que menciono la envidia, terminamos con ella. En Hollywood, es costumbre que algunos directores americanos inviten a comer a los directores candidatos de las películas en lengua no inglesa. A la comida de 1994, en la que estaba Fernando Trueba como director de Belle Epoque, junto con sus «rivales» Ang Lee o Chen Caige, acudieron veteranos como Stanley Donen y Billy Wilder, Paul Mazursky y jóvenes como Martha Coolidg y Andrew Davis.
En un momento de la animada conversación durante la comida, los directores off-Hollywood comentaron lo afortunados que eran por poder realizar sus películas de una manera totalmente libre, independiente, dejándose llevar por sus sentimientos o intuiciones personales. Varios de los directores norteamericanos insistieron en la envidia que les producía esa manera de trabajar, sin las ataduras de las productoras, sin las exigencias de los representantes de los actores. En ese momento, Billy Wilder preguntó a Trueba, Ang Lee y al resto de candidatos, si podían decirlo, cuánto habían cobrado por los respectivos trabajos que los habían llevado hasta aquella ceremonia. Conviene recordar que las nacionalidades de los cinco eran España, Hong Kong, Taiwan, Vietnam y Gales. En el momento que contestaron, a todos los directores americanos se les pasó la envidia y la conversación marchó por otros derroteros bien diferentes.
Solo una puntualización: Trueba cita esta anécdota como sucedida en 1994. Sin embargo, su Óscar fue en 1993.
Bibliografía:
Bette Davis y la venganza de Jack Warner. Del libro Secretos y mentiras de Hollywood, de los hermanos Payán.
Sunset Boulevard: la osadía de Billy Wilder. Conversaciones con Billy Wilder, de Cameron Crowe.
El pique de Herman Mankiewicz y Orson Welles. De la web de cine Off cameras.
Desde el más allá. Volumen 8 de Los Óscar, y Cinemanía.
¿Óscar a un animal? En uno de los maravillosos hilos de anécdotas de César Bardés en Twitter.
Psicosis y el misterio sobre la asesina de la ducha. De El cine según Hitchcock, de François Truffaut.
Un gran guion repleto de debilidades. Extraído de Las aventuras de un guionista en Hollywood, de William Goldman.
La envidia pasajera de Billy Wilder. Extraída del Diccionario de cine, de Fernando Trueba.
Y ahora os toca a vosotros, ¿cuál de las ocho es falsa? En veinticuatro horas, la respuesta.
Más de ocho mil visitas en tres días, me tiene sorprendido. El canal de Kollins de YouTube ha publicado esta semana la charla que mantuvimos acerca de determinadas prácticas contables y financieras del Fútbol Club Barcelona, del cual dejo copia en este post. El canal de Kollins (Javier Alberdi, antiguo editor de La Galerna) huye del «ruido» habitual de la prensa deportiva, de las exageraciones «chiringuiteras», de la desinformación o el desconocimiento de los asuntos y de la manipulación del «autoproclamado mejor periodismo deportivo del mundo». Lo recomiendo, no solo a madridistas. De hecho, esta semana me han dicho en privado algunos amigos del Atleti que se sorprendieron al ver que estaban de acuerdo conmigo. En este vídeo al menos, ya sé que en la mayoría de temas no coincidiremos jamás.
Como tocamos muchos palos en el vídeo y en algunos de ellos solo dimos pinceladas o puede que no quedaran suficientemente claros, y como he visto interés en estos temas, quería ampliar la información facilitada con este post.
El Barça, «víctima»
Por desgracia, y lo estamos viendo desde el primer día, el Barça se va a ir de rositas de este escándalo. Que haya pagado 7 millones de euros al vicepresidente de los árbitros, que cinco presidentes hayan mantenido estos pagos justo hasta el instante en que el susodicho Negreira dejó el cargo, no significa nada, según parece. La versión que circula es que el Barça ha sido estafado por un señor que vendía unos servicios que no podía dar (como los corruptos, en el Barça prefieren quedar como gilipollas que como golfos), o que los pagos eran para garantizar neutralidad arbitral, o que no se sabía muy bien qué se pagaba porque eran cantidades irrelevantes o menores para un gran club con un presupuesto cercano a los mil millones de euros. «Es que el Barça tiene más de 300 proveedores», he llegado a escuchar a un indocumentado periodista, como si ese número fuera elevado.
A ver, una gran empresa tiene mecanismos de control interno para evitar el fraude o para garantizar que se prestan servicios reales y no «comisiones» a cambio de favores. Los pagos a proveedores por importes de medio millón de euros (los Negreira llegaron a cobrar más de 700.000 euros en algunos ejercicios) tienen que superar una serie de controles rigurosos para comprobar que se ajustan a la legalidad, que presentan un precio competitivo, que no hay riesgo para los que lo contratan, que no hay connivencia o fraude con los firmantes, etc. En el caso del Barça, como explicó Carles Tusquets, presidente de la comisión económica del club entre octubre de 2020 y marzo de 2021, estos pagos «no constaban en los presupuestos, ni tampoco en la auditoría». Lo cual implica saltarse sus propios procedimientos de control interno, o peor aún, que se hacía de manera deliberada, directamente desde la presidencia.
Los que hemos trabajado con informes de consultores de más de 300.000 euros sabemos el trabajo que hay detrás y el soporte que existe para esas tareas en el caso de que Hacienda, la auditoría externa o la interna solicitaran la justificación de los servicios prestados. Son informes muy exhaustivos realizados por un ejército de abogados o consultores con unas tarifas hora elevadas, con una documentación de megas y megas de contratos y archivos revisados hasta la última coma, con reuniones constantes durante meses, con soportes muy profesionales que demuestran el análisis realizado. Los Negreira facturaban importes superiores a los mencionados entre el padre y el hijo, y la justificación de sus «informes» no aparece por ningún lado: entrenadores como Ernesto Valverde o el Tata Martino dicen que no los vieron nunca, y el vicepresidente deportivo del club desde 2014 hasta 2019, Jordi Mestre, afirma que los recibía, pero que pidió que dejaran de enviárselos. Indicó que se los entregaba Josep Contreras, responsable de la Comisión deportiva, un tipo juzgado por corrupción, pero que falleció de manera conveniente para la trama en diciembre.
Será muy complicado demostrar que esos pagos tuvieron incidencia real en los arbitrajes, por muchas anomalías de las que ya hemos hablado sobradamente en este blog, pero aunque solo fuera por el intento de controlar el Comité Técnico de Árbitros la sanción debería ser ejemplar. El bochornoso show de Medina «Cantadelejos» el pasado jueves ya indicó por dónde van los tiros: los árbitros han sido honestos, nunca jamás se equivocaron a favor del Barça y Negreira no pintaba nada. Curioso, cuando el propio Negreira estaba en las designaciones arbitrales como la del propio Medina (para el Clásico del cochinillo, por ejemplo) o en las comisiones que decidían los ascensos y descensos. Las hemerotecas le dejan en pelotas:
La situación financiera del club
Hablamos a continuación de «las palancas» y los balances del Barça, de si realmente estaban tan mal o no como contaban algunos medios, y la realidad es que están peor. Que nadie olvide que el apalancamiento es un eufemismo de endeudamiento (Lección 2 de los Grandes errores de las escuelas de negocios). El año del covid terminó de rematar la mala gestión que se venía arrastrando desde hacía años. Esta es la parte del balance que comenté brevemente de palabra. Las columnas con cifras corresponden a los cierres de junio de 2020 (las del lado izquierdo) y junio de 2019 (a la derecha).
Para los no entendidos, el activo corriente refleja los saldos a corto plazo (12 meses) existentes en tesorería o pendientes de cobrar, es decir, aquellos activos que pueden hacerse líquidos de manera relativamente rápida. El pasivo corriente recoge las deudas que hay que afrontar en los siguientes doce meses. El Barça ya tenía el balance desequilibrado en 2019 (687 millones de deudas frente a 402 millones «disponibles»), pero este desequilibrio se disparó en solo un año: 970 frente a 368 mill. Llaman la atención algunas partidas, como los 164 millones pendientes de abonar al «Personal deportivo» (los famosos aplazamientos de salarios), o los 126 millones adeudados a otras entidades deportivas (pagos de fichajes aplazados, fundamentalmente).
Con esta situación, llamó mucho la atención que el Barça fichara de manera compulsiva el pasado verano, o que cerrara varias «palancas» en cuestión de días. No tengo nada que decir sobre la venta de los derechos de televisión por 25 años a través de Sixth Street, una operación que se venía negociando desde meses atrás, pero sí sorprendieron las operaciones finales con Barça Studios y Socios.com y Orpheus Media. Jaume Roures en el horizonte, como siempre. Quizás trate de buscar información en las cuentas del club en próximos ejercicios, porque ahora mismo no he podido encontrar muchos detalles. Lo que ha hecho el Barça con la venta de los derechos de televisión por los próximos 25 años no ha sido otra cosa que anticipar el 25% de los ingresos de uno de sus mejores activos futuros. Si en próximos ejercicios tiene menos dinero para fichar, será por estos anticipos, pero las urgencias de Joan Laporta por montar un equipo competitivo eran muchas, y de ahí el destrozo que le ha supuesto caer en la Champions y en la Europa League a las primeras de cambio.
En cuanto a la deuda con entidades financieras, comentamos que la situación del F.C. Barcelona le ha llevado a incumplir todos los ratios a los que se había comprometido, entre ellos, el del préstamo de 90 millones de euros para arrancar ese Espai Barça que no parece arrancar nunca. El club consiguió aplazar el plazo para ampliar el cumplimiento de las mismas, y la última noticia publicada hace referencia a la entrada de nuevos posibles bancos financiadores para (¿quizás?) cancelar los préstamos actuales y acometer uno de mayor importe. Se habla de 1.500 millones de euros.
Los bancos americanos analizan con detalle los riesgos reputacionales de las compañías a las que financian, y en el Barça se está gestionando con JP Morgan y Goldman Sachs, luego el Barçagate o Caso Negreira les viene en un momento muy malo. A los que digan que esto aparece ahora de manera interesada, se les podría contestar que ha habido casi veinte años para investigar y frenar este escándalo, así que cualquier momento es bueno, aunque llega con muchísimo retraso.
Las chapuzas contables
El siguiente punto que tratamos fue el de los apaños contables del Barça con los trueques de jugadores. En el vídeo explicamos en qué consistían los intercambios Neto-Cillessen y Pjanic-Arthur. Los dos porteros, sin ser de primer nivel, están entre los 10 traspasos de porteros más caros de la historia, luego son precios inflados, no hay gran cosa que analizar. Con la plusvalía ficticia contabilizada (de unos 25 millones de euros), el club esquivó los números rojos y sus directivos evitaron tener que avalar las pérdidas con su patrimonio:
El intercambio Arthur-Pjanic con la Juventus se hizo por unos importes aún mayores, de unos 70 millones de euros. Precisamente este traspaso, considerado fraudulento por las autoridades italianas, es el que ha motivado la sanción de pérdida de 20 puntos para la Juventus. En el país origen de la mafia se sanciona a los infractores. En España no ha pasado nada. Y la omertá impuesta es la envidia de la Camorra.
Dejamos otros temas en el tintero, como los apaños que toleró LaLiga para que el Barça pudiera inscribir a sus fichajes el pasado verano. El Barça tenía que rebajar su masa salarial para ajustarse a los parámetros económicos de LaLiga y de ahí su empeño por quitarse a jugadores con sueldos altos, como Frenkie De Jong o Piqué. El Barça había llegado a acuerdos para diferir los salarios de los futbolistas y en algunos casos, sus sueldos eran crecientes como el del neerlandés. Pero este no quiso aceptar el traspaso propuesto y el Barça tuvo que buscar otras fórmulas de dudosa legalidad. El despido sin indemnización de Mattheus le permitió quitarse de golpe una ficha, aunque no se entiende que LaLiga admitiera ese movimiento, porque apenas cuatro meses después, como era de esperar, la Justicia dio la razón al jugador. O que se rebaje de la masa salarial la cesión de Umtiti al Lecce cuando la ficha sigue corriendo íntegramente por cuenta del Barça.
Pero Tebas tragó con todo y aceptó que el Barça inscribiera a todos los jugadores, si bien los culés rescataron su papel favorito: el de víctima perseguida por el sistema.
Las guerras internas entre clanes
A los que menos entiendo en todas estas historias es a los socios del Barça. Entre Laporta, Bartomeu, Rosell, Gaspart y Núñez están arruinando el club y terminarán en manos de un fondo extranjero, pero parece no importarles. Casi todo lo que sale del Barça es fruto de filtraciones internas o de ataques del otro «bando». En este segundo mandato, Joan Laporta encargó una due diligence sobre la gestión de Bartomeu y lo acusó de «administración desleal, apropiación indebida, alteración contable y simulación contractual», así como de haber causado un agujero injustificado de 30 millones de euros.
En su día fue Sandro Rosell quien realizó una due diligence sobre el primer mandato de Laporta y detectó pagos muy extraños, como entradas para conciertos de U2, jets privados o gastos excesivos asociados con una final de Champions. Luego todo se tapó porque seguramente de ahí no podía salir nada «bonito». Una vez visto lo que ha ocurrido con los Negreira, nos podemos temer cualquier cosa, por desgracia.
Hay una última historia que nunca he podido entender de manera completa y es la que llevó a Rosell a quitar la presidencia de Honor del Barça a una figura indiscutible en el barcelonismo como Johan Cruyff. Joan Laporta tenía negocios con Johan Cruyff en su despacho privado y firmó una sociedad en la que la pasta la pone el de siempre: Jaume Roures. Un socio culé, abogado para más señas, presentó una demanda contra el presidente y solicitó que se investigara si había habido administración desleal, falsedad documental y apropiación indebida, ¿les suena?
El artículo de opinión de hoy mismo de Salvador Sostres en el que acusa veladamente a Joan Laporta de cocainómano y de estar llevándose dinero de la comisión del fichaje de Lewandowski o de las futuras obras con la constructora Limak son un capítulo más de esta crónica sobre unas finanzas chapuceras, lindantes con el delito y que llevarán al club a convertirse en una sociedad anónima en manos de un fondo norteamericano. O catarí.
Quedan varios capítulos por escribir de esta historia, quizás para un siguiente vídeo. El escándalo de la compra de favores quedará en nada, para vergüenza de nuestra competición, pero la prensa no dirá nada. Está adormecida. Por cierto, el Barça pagó más de 7 millones de euros a medios de comunicación solo durante la era Bartomeu.