Aquellos Óscar que detestamos

REGGIE & TRAVIS, 25/04/2021

Este domingo se celebra la ceremonia de los Óscar más extraña de toda su historia, repartida entre el Dolby Theatre y la Union Station de Los Ángeles. Gracias a que en 2020 la entrega se realizó en febrero, pudimos ver un escenario pre-pandemia con el auditorio rebosante de estrellas, abrazos y besos, caras maquilladas y libres de mascarillas,… Qué lejos quedan aquellos tiempos.

Se entregan hoy los Óscar correspondientes al año 2020, posiblemente el año en el que menos veces he ido a una sala de cine, así que no podré opinar mucho sobre las películas seleccionadas. Apenas he visto Mank, Tenet, El juicio a los 7 de Chicago y Noticias del nuevo mundo, así que se me ha ocurrido con mi amiga y compañera de críticas cinematográficas Reggie pegarle un repaso a películas que obtuvieron un Óscar en otras ediciones y que a alguno de nosotros no nos gustó nada. Y a la inversa, uno de los dos tendrá que defender alguna película vilipendiada por buena parte de la crítica o los aficionados.

REGGIE – Hola, Travis. Vaya año desastroso para el cine. Si te soy sincera, creo que desde marzo del año pasado no he pisado una sala de cine, ¡y yo antes iba todas las semanas! Pero bueno, vamos a lo que nos compete hoy que es despellejar algún título que se llevase algún premio Óscar en su momento y que a nosotros no nos guste nada.

La primera en mi lista es Shakespeare in love (1998) que se llevó siete de las trece (¡trece!!) nominaciones que tenía. Cuando pienso en que una película se lleve tantas nominaciones y tantos premios pienso que aporta algo nuevo o diferente a la industria. ¿Ha revolucionado de alguna manera o ha dejado un estilo diferente Shakespeare in love en la historia del cine? A mi parecer no. Años después me sigue pareciendo lo que al principio: una producción cuidada, una buena recreación histórica (tampoco le vamos a quitar sus méritos), pero una película con falta de sustancia y con unos actores protagonistas que no convencen: Gwyneth es sosita como ella sola y Fiennes parece que sólo tiene “cara deslumbrada” en su baraja de expresiones faciales: deslumbrado enfadado, deslumbrado concentrado, deslumbrado pensativo… pero siempre deslumbrado. Y lo siento, pero la historia me parece aburridísima. También es verdad que el género romántico me aburre por norma general.

TRAVIS.- Y a mí, es un género que me suele provocar ganas de coger un buen libro, pero me reconcilio con el mismo cuando el pastelón no acaba bien. Y Shakespeare in love no tiene final feliz, así que voy a defenderla un poco, aunque me cueste. Son trece nominaciones y siete Óscar porque tiene un reparto tremendo. Me hablas de Gwyneth Paltrow y Joseph Fiennes, pero por ahí andan también Judi Dench, Colin Firth y Geoffrey Rush, actores todos con Óscar, más Imelda Staunton y Ben Affleck con su habitual boca abierta. Se llevó varios Óscar por el reparto, más los normales por el diseño de vestuario y la dirección artística. Ahora bien, me parece uno de esos errores históricos que se llevara los Óscar al mejor guion y a la mejor película, ¡estando Salvar al soldado Ryan o El show de Truman

Y ya que estábamos con el género romántico, un año antes arrasó Titanic, ¡once Óscar, ni más, ni menos! Los mismos que Ben-Hur. Sé que la gente suele ponerla a caldo, pero al margen de la historia maniquea de pobres felices y ricos deprimidos, la película tiene momentos de lo más entretenido, aparte de una recreación del hundimiento espectacular, porque cuando Cameron hace algo a lo grande, lo hace muy bien. Y otra cosa más: cumple mi premisa de ser una peli romántica salvable porque no hay final feliz. Aunque creo que el egoísmo de Rose era el único final posible.

REGGIE.- La verdad es que las múltiples nominaciones y premios de Titanic me enervan muchísimo menos que los de Shakespeare in love. Ya sólo los modelos a escala que se hicieron, el set que se podía inclinar en el agua… todo eso me parece un hito. Por otra parte, la banda sonora es preciosa, después de tantos años se ha quedado un poco manida, pero a mí Celine Dion sigue poniéndome el vello de punta.

¿Sabes con qué película me pasa lo que a ti de que la medio salvo porque no hay final feliz? Con La la land (2016) que también fue súper premiada, aunque, a pesar de la confusión inicial no se llevara el Óscar a la mejor película. Fue una película de la que todo el mundo hablaba, que todo el mundo la alababa y que cuando yo fui a verla me gustó pero salí pensando que menos mal que terminaban los protagonistas cada uno por su lado porque si no hubiera sido un pastelón insoportable. Lo que más me gustó de la película fue la primera escena que es un plano secuencia que te centra completamente en el ritmo de la película pero para mí ese ritmo se volvió demasiado lento en la mitad y hacia el final de la película y se me hizo larga.

TRAVIS.- La la land empieza genial con esa escena y tiene una parte hacia la mitad tirando a aburrida, pero el final me pareció grandioso, esa especie de “What if…?” que deja caer con Ryan Gosling al piano. Pero ese año los votantes de la Academia sí fueron menos conservadores de lo habitual y en lugar de darle el Óscar a La la land, que era lo previsible y la había visto todo el mundo (más de 400 millones de dólares de recaudación), se lo dieron a Moonlight, que no la había visto nadie. Reconozco que yo tampoco la he visto y mira que me la han recomendado, pero han pasado unos años y no me provoca el más mínimo interés.

Por ejemplo, yo eché en falta que otros años la Academia se hubiera atrevido a premiar peliculones de animación de Pixar en lugar de las tradicionales “oscarizables”, como por ejemplo en 2010, que se lo dieron a En tierra hostil, de Kathryn Bigelow, en lugar de a esa maravilla que era Up. También estaban los Inglorious Basterds de Tarantino, que habría sido una elección salvaje y algo contracorriente, pero para mí mil veces mejor. Y en 2011 se lo llevó El discurso del Rey cuando para mí la peli del año era Toy Story 3, una puñetera maravilla. Pero vamos a destrozar alguna que triunfó en su día: ¿no había nada mejor que Slumdog Millionaire en 2009? Estaba El curioso caso de Benjamin Button, que era “muy de Óscar”, o que se lo hubieran dado a Wall-E, ¡hasta a Kung-Fu Panda!, pero Slumdog Millionaire… ¡por favor!

REGGIE – Habría sido grandioso que hubieran premiado a Inglorious Basterds, sabes que soy muy fan de Tarantino, y estoy completamente de acuerdo que en 2011 la peli del año era Toy Story 3. Vi en el cine Slumdog Millionaire, pero no recuerdo nada de ella y nada ha hecho que quiera volver a verla y creo que eso es la peor crítica que puedo hacerle a una peli, en cambio Wall-E es una película que llevo tiempo rumiando que me apetece volver a ver.

A veces pasa que una película marca bastantes de las casillas que debe marcar para que me parezca una gran película y, por lo que sea, no lo hace. Imagino que el arte es así de subjetivo. La película que en mi caso más representa este caso es Birdman (2014): las actuaciones me parecen buenas, un gran despliegue técnico usando un falso plano secuencia continuo, el guion tiene partes muy buenas, humor ácido y una gran crítica al mundo del espectáculo… pues, aun así, a mi esta película no me gusta. Puede que no la haya terminado de entender, que la batería que suena muchas veces de fondo no me guste o que tiene, para mi gusto, demasiados planos demasiado cerca de las caras de los personajes y creo que eso me resulta un poco claustrofóbico. Sea como sea, no me convence. ¿Tú qué opinas sobre ella?

TRAVIS.- ¿Birdman? Me encantó. Le dediqué un post entero en su día, y lo que vine a decir es que apreciaba un montón su propuesta formal, el desarrollo y las actuaciones, y solo podía reprocharle el minuto final. Me alegré de que fuera la peli ganadora ese año. Siendo como era una película sobre el mundo de la interpretación, hay una subtrama que fue de lo que más me gustó y es la referida a la crítica del New York Times, esa mujer sin talento alguno especializada en destrozar los trabajos de todos los creadores que se atreven a hacer algo diferente. La película de Iñárritu es una crítica al propio mundo de la crítica, y creo que los Óscar de Hollywood tienen mucho de eso, de no salirse de la corriente que te marca la propia crítica de hacia dónde deben ir los premios. Ya sabes que los Óscar se consiguen a base de fiestas, promociones, dar la tabarra (y regalos) a los miembros de la Academia para promover tal o cual filme… en suma, invertir dinero para obtener un Óscar que reportará más dinero. That’s Hollywood, that’s America!

En ocasiones esa “corriente” establecida de que hay que votar a una u otra película lleva a que resulten premiadas cosas que para mí no pasan de ser una agradable película de sobremesa, como Paseando a Miss Daisy. ¿De verdad que esa era la peli del año? Repaso las otras candidatas de ese año, 1990, y puede que no fuera un año excepcional, pero había pelis muy interesantes, prefiero mil veces Nacido el cuatro de julio, El club de los poetas muertos, Abyss, ¡Indiana Jones y la última cruzada!, Cinema Paradiso, hasta prefiero La sirenita y Do the right thing. No creo que Paseando a Miss Daisy fuera ni top-ten de ese año, qué digo año, mes. Y a veces puedo entender que hay intereses políticos o sentimentales en las votaciones, como en otro de los grandes “robos” de la historia: 1977, Rocky (que me encanta, ojo) se lleva el Óscar por delante de Taxi driver.

REGGIE.- Estoy de acuerdo contigo, Paseando a Miss Daisy es una película de sobremesa y los Óscar no suelen salirse de esa “corriente” establecida: La forma del agua, Crash o El discurso del rey, que también la nombrabas antes, son ejemplos de opciones seguras que siguen alimentando esa imagen que quiere proyectar Hollywood.

Como dices, Rocky fue uno de los grandes robos en la historia de los Oscar, pero este año y las circunstancias que estamos viviendo hacen que la historia de Rocky merezca la pena ser recordada y poner en valor a todas esas personas que, como Rocky, a pesar de lo dura que está siendo la realidad, siguen peleando por seguir adelante, poner en valor a los sanitarios que pelean todos los días contra esta pandemia, todos los que han peleado contra la enfermedad y la han superado, las familias que han perdido a un ser querido o a varios, y que pelean por continuar con su vida… Por todos los que pelean y se esfuerzan por salir adelante en esta pandemia, hoy me olvido de Taxi Driver y defiendo a Rocky.

TRAVIS.- ¡Vaya, esa no me la esperaba! A ver cómo salgo de esta, yo, que firmo como Travis… Si lo miramos desde esa perspectiva, tienes toda la razón: Travis Bickle es un veterano curtido en mil batallas, desgastado, tristón y hastiado de la clase política, que se toma la justicia por su mano. Bajo ese punto de vista, para este año concreto, es un mensaje mucho más constructivo el del luchador Rocky Balboa. Y a veces eso es lo que prima en los Óscar, el American dream frente a las pesadillas o las autocríticas feroces, que para eso los estadounidenses son únicos. Sin embargo, este año parece que la gran favorita para los Óscar es Nomadland, que representa precisamente a ese millón de personas que viven como nómadas en Estados Unidos, viviendo con lo justo y vagando sin rumbo por el país.

Pero ya que has mencionado Rocky, te propongo concluir esta charla con esas grandes injusticias de los premios Óscar, y no me refiero a películas concretas, que suelen atender a momentos puntuales o modas, sino a esas grandes estrellas que nunca lograron una estatuilla pese a tener un carrerón inmenso a sus espaldas. Kirk Douglas y Cary Grant, por ejemplo, dos de mis favoritos de siempre. Que no lograran más que Óscar honoríficos al final de sus carreras y tras décadas y décadas de brillantes interpretaciones te demuestran que estos premios tienen más de marketing y venta de un producto que de reconocimiento de la calidad cinematográfica.

REGGIE- Cary Grant es una de esas grandes injusticias de los Óscar, tiene interpretaciones que han marcado la historia del cine, como por ejemplo en Arsénico por compasión y no nombro las de Hitchcock porque soy muy parcial con respecto a ese director. Chaplin, todo un símbolo del cine, Greta Garbo, Lauren Bacall… de los actores más contemporáneos tenemos, por ejemplo, a Bill Murray o a Glenn Close.

TRAVIS.- ¡No, Glenn Close, no, por favor! Aquí tienes a uno de los miembros fundadores de su club de haters. Aunque es muy posible que esta noche se lleve el primero de su carrera, eso parece al menos.

REGGIE.- La verdad es que los Óscar no son objetivos, están politizados y tienen sus propios intereses pero, a pesar de todo, todos los años nos siguen interesando y siguen haciendo que debatamos sobre lo merecidos que han sido ese año los premios o no, y siguen haciendo que el cine sea parte de nuestras conversaciones diarias, así que, justos o no, les tendremos que agradecer que siempre despierten estos divertidos debates. Gracias por el ratito, Travis.

TRAVIS.- Muchas gracias a ti, Reggie, un placer este café virtual. Yo no he visto muchas películas candidatas este año, pero voy a mojarme en las principales categorías en función de lo que he leído y de esa corrección política de la que hablábamos.

Mejor película: Nomadland. Parece la gran favorita en un año en el que los grandes (salvo Fincher y Nolan) no han estrenado. El American nightmare, que es lo que había que contar en este último año de Trump. Ganador: Nomadland.

Mejor director: mi favorito es David Fincher por esa maravilla visual que es Mank, pero por lo que leo, parece que ganará Chloé Zhao, la directora de Nomadland. Cumple además la “cuota” como mujer y por ser de origen chino. No lo digo porque no lo merezca, sino porque Hollywood quiere desprenderse de esas etiquetas de machismo y racismo que le han puesto en los últimos años y Zhao es perfecta para ello. Ganadora: Chloé Zhao.

Mejor actor principal: Chadwick Boseman. Un afroamericano en el año del Black Lives Matter, y un buen actor que ha tenido la desgracia de fallecer este último año. Al igual que ocurriera con Heath Ledger, la muerte ha “incrementado el valor” de su actuación. And the Óscar goes to… ¡Anthony Hopkins! Sorpresa.

Mejor actriz principal: Carey Mulligan. Aunque parece que la favorita es la cargante Frances McDormand y que cerca anda Viola Davis, ambas han ganado el premio con anterioridad, y en Hollywood suelen gustar las actrices inglesas, así que voto por ella, porque además parece una de las pocas posibilidades de que Una joven prometedora no se vaya de vacío. Pues ganó la “intensa” Frances McDormand. ¿Es una de las mejores actrices de la historia? No, ¿verdad? Pues ya tiene tres Óscar (tras Fargo y Tres anuncios en las afueras).

Mejor actor de reparto: Daniel Kaluuya, por Judas y el Mesías negro. No la he visto, pero este actor londinense de familia ugandesa se ha llevado este año todos los premios de actuación en su categoría. A mí me gustó mucho el papel de Sacha Baron Cohen en El juicio a los siete de Chicago, pero parece que no tiene posibilidades. Ganador: Daniel Kaluuya.

Mejor actriz de reparto: Olivia Colman, por El padre. He leído en algunos sitios que ganará Glenn Close, pero no puedo apostar por ella tras haberme declarado odiador profesional de la actriz, y en otros que ganará la coreana Youh You-Jung por Minari, que se ha llevado el Bafta y el premio del Sindicato de Actores. Apuesto por Olivia Colman porque sí, por la simpatía que le tengo tras ver The Crown. Ganadora: Youh You-Jong.

No mucho más, porque tengo poco cine visto en 2020 como para opinar sobre el resto. Ojalá el año que viene sea diferente y podamos volver a la magia de la sala oscura.

Citizen Mank, Ciudadano Fincher

TRAVIS, 19/12/2020

Como en los últimos dos años, la plataforma Netflix nos ha traído una de las películas más interesantes del año, Mank, la última de David Fincher, una de esas obras poco comerciales como Roma (Alfonso Cuarón, 2018) o El irlandés (Martin Scorsese, 2019), en las que se da plena libertad a sus directores para que desarrollen la historia que les apetezca. Coinciden estas tres películas en el hecho de ser proyectos largamente perseguidos por sus directores, historias ya escritas o que les rondaban la cabeza y que no encontraban nunca el momento o la financiación para llevarlas a cabo. Si Netflix asume el riesgo de producir este tipo de obras arriesgadas sin temor a la audiencia, bienvenida sea esta plataforma, al igual que todas las demás que se dedican a producir películas o series de calidad.

El proyecto llevaba largo tiempo intentando ser plasmado en pantalla, tanto como que David Fincher trató de sacarla adelante tras el éxito de taquilla de The Game (1997) y sobre todo de Seven (1995). Y resulta tan personal porque el guion fue escrito por Jack Fincher, el padre de David, quien sin embargo falleció en 2003 sin poder ver su historia trasladada a la gran pantalla. Una pena en varios sentidos, por el propio Jack, que no pudo ver lo que el fino estilista de su hijo ha rodado, por David, que no llegó a tiempo de dedicarle en vida el filme a su padre, y por nosotros los espectadores, porque creo que Fincher hijo ha querido respetar de tal modo el guion de Fincher padre que no le metió su toque personal. Por respeto o por lo que fuera, pero creo que en alguna parte de la trama, sobre todo en el final, el guion está muy por debajo de la realización.

La película cuenta el proceso de escritura de Ciudadano Kane, Citizen Kane (1941), la ópera prima de Orson Welles, ese título que aparece sistemáticamente en todos los listados de películas más grandes de todos los tiempos. Una de esas películas no aptas para todos los públicos, así me lo ha parecido siempre que la he visto con alguien por sus comentarios. Descomunal, grandiosa en el mejor y peor sentido de la palabra, brillante en algunas escenas, plúmbea y pretenciosa en otras… Exactamente igual que Mank, apelativo de Herman J. Mankiewicz, coguionista junto al propio Welles de Ciudadano Kane.

David Fincher me parece un director asombroso, de los mejores del cine actual sin duda, pero de él me maravilla su capacidad de transformarse en cada película para ser capaz de pasar de un director rompedor en el estilo (Seven o esa obra maestra que fue El club de la lucha) al clasicismo más absoluto, como en Zodiac (2007), El curioso caso de Benjamin Button (2008) o en Mank. Lo que ha hecho Fincher en pleno 2020 es rodar una película de finales de los treinta y principios de los cuarenta, no en vano la época en la que está ambientada. Con el mismo estilo y la misma atmósfera. El blanco y negro, el gran angular, la profundidad de campo, los títulos de crédito y algunos toques personales como la vieja máquina de escribir que marca los flashbacks de la historia. David Fincher tiene un sentido estético y visual como pocos directores actuales, como el Ridley Scott de sus mejores películas, con una concepción global de lo que quiere rodar (música, fotografía, planificación) al estilo de Steven Spielberg o Martin Scorsese, un tipo capaz de regalar grandes planos de esos que se quedan para siempre en la memoria.

Mank, como no podía ser de otra manera, está repleta de homenajes a Citizen Kane: la estructura temporal, la bola de nieve que cae de las manos aquí convertida en botella, el moribundo en la cama y la enfermera entrando por una puerta difuminada al fondo, el destrozo de la habitación de Kane que resulta ser una caja de botellas de whisky en Mank, el plano desde el suelo (o más abajo) de la habitación,… y sobre todo la luz, la iluminación. Si en algo se esmeró Orson Welles con el director de fotografía Gregg Toland fue en componer planos en los que la luz fuera protagonista, que entrara en las habitaciones como un personaje más, con su propio significado, como un cañón de luz en el teatro que lleva la atención sobre unos personajes, se concentra sobre un objeto o difumina otros. Quizás por eso su nombre comparte pantalla en los títulos de crédito con el del director y creador con mayúsculas de esta película:

Al talento de Toland, ya reconocido por entonces con un Óscar, se le unió la mayor concentración de talento precoz que se ha visto nunca en una sola película: el niño prodigio Welles a la tierna edad de 25 años, Robert Wise como montador (el que después fuera director de Sonrisas y lágrimas, Ultimátum a la Tierra y West Side Story contaba entonces solo 26 años) y Bernard Herrmann como compositor de la banda sonora sin haber alcanzado aún la treintena. Bernard Herrmann había colaborado previamente con Orson Welles en varios programas de radio y se convertiría en historia de Hollywood con el paso de las décadas: comenzó con Welles, compuso las bandas sonoras más características de las películas de Alfred Hitchcock (Vértigo, Con la muerte en los talones y la famosísima de Psicosis) y acabó sus días a las pocas horas de terminar de grabar los últimos acordes de la desasosegante música que acompaña a Robert De Niro en Taxi driver.

Comento toda esta concentración de talento porque no es otra cosa lo que vemos ocupar la pantalla en Mank. Con asombrosa naturalidad pasean por la pantalla el hermano de Mank, Joseph L. Mankiewicz (director de Eva al desnudo, Cleopatra, La huella, guionista oscarizado por Carta a tres esposas y Eva al desnudo), los escritores Ben Hecht y Charles MacArthur, y varios de esos productores judíos que pusieron en pie los estudios de Hollywood, como Irving Thalberg o Louis B Mayer.

La historia que cuenta Mank no es original, se ha contado ya muchas veces, como en el ensayo de la crítica cinematográfica Pauline Kael, Raising Kane, o en RKO 281, una película de 1999 dirigida por Benjamin Ross, que se centra en el propio rodaje y en las reacciones del magnate caricaturizado en Kane, William Randolph Hearst. RKO 281 me pareció en su día una película interesante, sin más, aunque según he leído posteriormente comete varias inexactitudes en la historia, como que la fiesta en la que supuestamente estuvo Orson Welles no existió, o el imperdonable error de no utilizar el estado convaleciente del guionista.

El papel de Mank recae en John Malkovich, Liev Schreiber hace de Orson Welles, y los papeles de Hearst y su novia Marion Davies recaen en James Cromwell y Melanie Griffith. Creo que volveré a verla estos días, se puede encontrar fácilmente en enlaces como el que dejo aquí:

Mank se basa fundamentalmente en el ensayo de Pauline Kael, una serie de artículos polémicos que se decantan por la teoría de que el autor del guion casi de modo exclusivo fue Mankiewicz. Pero conociendo el genio creador de Orson Welles, apabullante, megalómano, controlador hasta la obsesión, parece improbable que el guion que Mank entrega en la película a Welles se convirtiera finalmente en lo que se rodó. En 1996 se rodó un documental sobre esta misma historia, The battle over Citizen Kane, en el que se explica que Welles realizó seis versiones del guion sobre el original de Mankiewicz, más de trescientos cambios y aportaciones que hacen que quizás lo más justo es que la autoría del guion quedara compartida, como finalmente ocurrió aunque no hubiera sido lo pactado inicialmente. También se puede encontrar con facilidad:

Lo curioso es que de las nueve nominaciones a los Óscar que recibió Ciudadano Kane solo obtuvo una estatuilla, la de mejor guion, y ni Welles ni Mankiewicz acudieron a la ceremonia a recogerlo. A mi modo de ver, algunas partes de Mank podrían haber mejorado con un recorte, mientras que echo en falta más metraje justo en el final, en esas reelaboraciones del guion o en las presiones que recibió la RKO del círculo de Hearst para que Citizen Kane no viera la luz. La película de Fincher se corta de una manera algo abrupta con la ceremonia de los Óscar y con las palabras reales de los dos coguionistas en conflicto (y no hago spoiler, porque creo que esto lo sabe todo cinéfilo), con esa genial respuesta de Mankiewicz al hipotético discurso que habría dado de haberse personado en la ceremonia: “estoy muy feliz de recoger este premio en ausencia de Orson Welles, que es como se escribió este guion: en ausencia de Orson Welles”. Ahí, volando los cuchillos, remarcando la distancia enorme que separó a ambos.

Para terminar, no podía dejar de lado las interpretaciones de Mank. Gary Oldman tiene uno de esos papeles tan agradecidos para los actores, tan “oscarizables” como el que le diera el galardón por interpretar a Winston Churchill en La noche más oscura: un personaje real, histórico e histriónico, arrollador, con buenos diálogos y perfecto para el lucimiento. Mankiewicz era un alcohólico totalmente dependiente y Oldman muestra esa degradación del personaje a la perfección. “Pescado y vino blanco”, ahí lo dejo para el que la haya visto. Charles Dance interpreta a un William Randolph Hearst más amable que el de RKO 281, sobrio, contenido y con una fábula estupenda que contar acerca de un mono y un organista. Amanda Seyfried pone la cara y la voz a Marion Davies, y Tom Burke a Orson Welles. El resto de secundarios tiene “cara de época”, sobre todo esos cabroncetes de productores judíos, como Louis B. Mayer (Arliss Howard), pero me quedo con dos de las actrices: Lily Collins, que interpreta a la asistente y mecanógrafa de Mank, Rita Alexander, y la no menos estupenda Tuppence Middleton, la “poor Sara” Mankiewicz del filme.

Merece la pena verla, como los enlaces que aquí les he dejado. Pero si algo merece la pena de verdad es ver este otro enlace que dejo por aquí. Hasta la próxima:

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