El Día de los Inocentes

28 de diciembre, el Día de los Santos Inocentes. Recuerdo que hace años, quizás cuando estábamos menos crispados que en los tiempos actuales, los periódicos y radios publicaban alguna noticia divertida, claramente falsa, que se expandía con mayor velocidad aún que la actual, pese a que no estábamos conectados todos los días a un aparato. Las inocentadas llegaban a todas partes, y no había posibilidad de tomas falsas, pues los propios locutores se partían en directo al tratar de colar alguna trola descacharrante. Sospecho que esta tradición se ha perdido porque nos resulta imposible bromear sobre nada: sobre política, filias y fobias deportivas, medio ambiente, religión, economía, monarquía o república… La polarización, supongo, palabra del año 2023 para la Fundéu.

Como echo de menos esa tradición, de la que nunca he sabido si es exclusivamente española. De hecho, siempre quise soltar mis propias inocentadas, bromas sin maldad que casi nadie podía creerse porque resultaban inverosímiles. Hoy ni siquiera se salvan por su inverosimilitud, pues la legión de «ofendiditos» es muy amplia. Imaginemos algunas posibles inocentadas:

«España sufre un apagón total en toda la península. El fallo eléctrico comenzó en una región del nordeste de España, se extendió por el resto del país y hemos dejado sin luz a Portugal como quien se carga los plomos de su casa y, como consecuencia, funde los de todos los vecinos. Solo funcionamos nosotros, los de la radio, y si tiene usted a mano un transistor de los antiguos con las pilas cargadas. Lejos de cundir el pánico, la gente se ha lanzado a los bares a agotar la cerveza fría y las hamburguesas antes de que las existencias se echaran a perder por la falta de refrigeradores».

«Un ministro del gobierno de España contrató como asesora a una prostituta cuyas imágenes se encontraban en el catálogo de chicas de su principal asesor en el ministerio. Al parecer, no era la primera vez que el ministro acudía al catálogo de su amigo y asesor, un cargo de confianza que llegó al puesto tras su anterior experiencia profesional como portero de club de alterne, de donde pasó a los comités internos del partido y de ahí, al consejo de administración de una empresa pública».

«El presidente de la comunidad valenciana dimite de su cargo un año después de su desastrosa gestión de la dana, tras haber dado una decena de versiones diferentes, desde que estuvo al pie del cañón desde el minuto 1, hasta que no le llegaron los avisos, pasando por almuerzos de trabajo, que luego eran privados y posteriormente, actos del partido. En la absurda estrategia de defensa que mantuvo durante cerca de doce meses, manifestó que se trasladó directamente del almuerzo de cinco horas de duración al centro de gestión de emergencias para luego desdecirse de su propia versión, de la hora de llegada y hasta de las razones de su cambio de vestimenta».

«En la declaración del principal testigo en el caso de enchufismo en la Diputación de Badajoz, el investigado fue incapaz de enumerar las funciones de su cargo, la dirección de la oficina, el personal que dependía de su departamento y hasta el domicilio en el que supuestamente vivía. En una declaración bastante confusa, llegó a decir que no lo recuerda porque comenzó una reforma de su casa en 2022, cuando empezó la pandemia, según manifestó, aunque luego dudó respeto a las fechas, y concluyó que entre unas cosas y otras todavía no había ocupado la misma».

«Las cosas funcionan tan bien en el país que el gobierno de España aprueba renunciar a 60.000 millones de euros que estaban a disposición desde hace cinco años. Los fondos obligaban a aprobar una serie de reformas que el gobierno era incapaz de sacar adelante, pero nos llega un comunicado de nuestro principal patrocinador que nos dice que, en la versión que debemos publicar hoy, digamos que no nos interesaba aceptar estos fondos en las condiciones que se imponían desde Europa. A las preguntas de los periodistas sobre las subvenciones pendientes de recibir y las posibles devoluciones de algunas de las partidas ya cobradas, el gobierno ha manifestado su nula preocupación al respecto».

«La periodista de investigación que nunca ha publicado un solo trabajo de investigación acudió a la comisión de investigación para defenderse de las acusaciones tras su intento de extorsión a un juez, del cual ha ofrecido a varios medios un vídeo de contenido sexual. La presunta periodista de investigación está siendo investigada en otro caso por los supuestos delitos de prevaricación y cohecho, así como por su participación en las irregularidades encontradas en la adjudicación de varios contratos públicos por parte del partido para el que supuestamente trabaja, si bien en su defensa ha alegado que actuaba por cuenta propia y que estaba recopilando información para escribir un libro».

«El gobierno rescató con más de 50 millones de euros a una compañía aérea por su importancia estratégica. La compañía tenía un solo avión en funcionamiento y representaba el 0,03% del tráfico aéreo total del país. Para esta intervención con dinero público, fueron fundamentales las buenas relaciones de un expresidente español con el gobierno del dictador del país al que pertenece la aerolínea».

«El Congreso no ha aprobado una veintena de reformas necesarias al no contar con los votos suficientes para la validación de los decretos. Para ello era fundamental contar con el voto favorable de un partido independentista controlado por un prófugo de la justicia que vive en un país centroeuropeo. El fugado reprochó que no se habían cumplido los compromisos a los que llegó con el partido del gobierno, entre los que se incluían una amnistía de sus propios delitos, el cambio de la consideración del delito de malversación de fondos públicos y la condonación de la deuda a la comunidad autónoma por la que trabaja en exclusiva su partido. Aquellos acuerdos fueron alcanzados con el secretario de organización de entonces, ahora caído en desgracia tras haber pasado unos días en prisión provisional, debido a la investigación en la que se halla inmerso por el cobro de comisiones ilegales».

Son inocentadas de lo más gracioso, ¿verdad? Menos mal que resultan inverosímiles, porque tienen su gracia. O ni p… gracia. Pero sería injusto por mi parte dar por ciertas estas noticias, puesto que, en la mayoría de ellas no hay condena aún y existe, por tanto, la presunción de inocencia, que voy a respetar más que nunca en un día como hoy. Porque todos somos inocentes hasta que se demuestra lo contrario, ¿no? Ah, se me ha ocurrido una inocentada más:

«Tras la sentencia del Tribunal Supremo en la que se condenaba al Fiscal General del Estado por revelación de secretos, el presidente de gobierno y varios de sus ministros han afirmado que el condenado es inocente, incluso tras los abundantes indicios en su contra recogidos en la sentencia, por sus actuaciones y maniobras en las horas posteriores a conocerse el acuerdo filtrado. Es una lástima que el Fiscal hubiera borrado del móvil todas aquellas pruebas que podían haber demostrado su inocencia. El presidente añadió que se ha cometido un atropello contra el exfiscal, y concluyó que tratarán de corregirlo en el Tribunal Constitucional«.

De Frankenstein a la IA: los Prometeos modernos

El Frankenstein de Guillermo del Toro era una de las películas que más expectación había creado en este 2025 a punto de finalizar. Ya desde que se supo de su rodaje, de la amplitud de medios con la que contaría, como es habitual en las superproducciones de Netflix. El hype generado aumentó tras su presentación en el festival de Venecia y algunas reseñas positivas de la historia. El director mexicano ha alcanzado ese estatus privilegiado en el que sus proyectos son esperados por millones de seguidores y sus propuestas, por arriesgadas que parezcan, suelen contar con un gran recibimiento de crítica y público.

La carrera de Del Toro parece marcada por una afición inagotable por las criaturas más «extrañas», ya sean de otro mundo, engendros de este mismo o venidas del más allá. Y no solo en lo visual, sino en la propia concepción de las tramas, en las que suele ejercer también el papel de guionista. En mi «colección» particular, me interesó especialmente esa manera de mezclar los monstruos imaginarios con nuestra guerra civil en El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, si bien nada me sorprendió más que el buen recibimiento en Hollywood de esta última, ganadora de tres Óscar. O que una historia que, por argumento y por estética, podía haber sido rodada en los sesenta, como La forma del agua, se llevara cuatro Óscar, entre ellos, algunos de los principales, como la dirección y la mejor película. Aprecio de este bonachón mexicano que, cuando podía acomodarse en propuestas más facilones y rentables, da un nuevo salto en su carrera y te suelta un puñetazo en el estómago con El callejón de las almas perdidas, o se empeña en una producción de dibujos animados como Pinocchio (Óscar a la mejor película de animación).

Posiblemente, lanzarse a realizar un nuevo Frankenstein carece del riesgo de algunas de las obras mencionadas, pero encaja perfectamente en las líneas argumentales que suele desarrollar el director y guionista, obsesionado por dar vida a nuevas criaturas. Contó con 120 millones de euros y libertad total para desarrollar su producción, en la que hace todo un despliegue de diseño, tanto en efectos como en vestuario, escenarios (el laboratorio del doctor Frankenstein, las galerías subterráneas, ¡esa torre!), unos decorados repletos de detalles… hay pocos directores ahora mismo con la capacidad para crear una ambientación concreta, de terror gótico en este caso, como Guillermo del Toro. La película es una adaptación bastante fiel de la novela de Mary Shelley, con los elementos principales de la misma, como hiciera la de Kenneth Branagh de 1994: el polo Norte, la obsesión del científico por crear vida, la novia del hermano/amigo, el ciego del molino que enseña a hablar y a leer a la criatura… La fidelidad a la obra original no es garantía de mayor interés, como se ve en las reseñas de algunos críticos (tanto a del Toro como en su día a la obra de Branagh) o como se vio con las obras clásicas de James Whale de la década de los treinta, adaptaciones bastante libres que siguen maravillando casi cien años después de su estreno.

Pero hoy no quería centrarme solo en la película en sí, sino en la evolución que ha tenido el género. Leí la novela de Mary Shelley hace unos años, más o menos coincidiendo en el tiempo con la versión de Branagh, interpretada por él mismo, por Helena Bonham-Carter y con Robert de Niro en el papel del monstruo. La obra lleva el subtítulo de El moderno Prometeo, en referencia al mito griego del titán que desafió a los dioses al robarles el fuego y concedérselo a los humanos, que pudieron evolucionar a partir de su conocimiento. El Prometeo de la mitología griega fue castigado por los dioses a vivir una eterna condena (encadenado y torturado con el «agradable» devoramiento de su hígado por parte de un águila), una condena infinita por cuanto el titán era inmortal y cada noche su hígado se regeneraba para que pudiera ser picoteado de nuevo al día siguiente.

La obra causó conmoción en el momento de su publicación, hace ya más de 200 años. Desde su edición original, en 1817, en las distintas versiones posteriores que se han hecho, la idea del científico capaz de otorgar vida a sacos de carne inerte fue acompañada siempre por la maldición de su propia obra. Al éxito del Prometeo moderno en su logro le sucede la desgracia. La versión de Guillermo del Toro no puede escapar a la tragedia, lógicamente, y ofrece un final que logra ser triste y reconfortante al mismo tiempo, quizás el único posible, y aún más desencantado que el del libro.

Los modernos «Prometeos» del cine han evolucionado del terror gótico de Frankenstein al desarrollo tecnológico, de la biología a los circuitos y procesadores, de la creación física a la inteligencia artificial. El desarrollo de la robótica hizo mucho por este cambio de perspectiva. La idea de que se podía regenerar un organismo y devolverlo a la vida fue sustituida por la de la máquina a la que se dota de autonomía y capacidad para razonar. Lo que no cambia es la maldición que sucede y en la mayoría de estas historias, la criatura termina rebelándose contra sus creadores. En esta línea, el HAL 9000 de 2001: Una odisea del espacio generó un interesante debate en su momento, a finales de los sesenta, por la terrorífica idea de ese súper ordenador capaz de saltarse las leyes de la robótica y asesinar a una persona. La novedad, además, radicaba en el hecho de que el «bicho» no tuviera forma humana, como anteriores creaciones como la María de Metrópolis (1927) o el Robby de Planeta prohibido (1956). ¿Cómo te enfrentas a una supercomputadora todopoderosa, omnipresente, que controla cada uno de tus movimientos en un espacio cerrado? Un miedo similar al que nos supuso ver cómo el ordenador de Juegos de guerra podía tomar decisiones autónomas y provocar la tercera guerra mundial.

El miedo a lo que no podemos controlar está siempre presente, igual que el componente mitológico del «desafío a los dioses» y la posterior maldición, ya sea un amasijo indestructible creado a partir de desechos humanos o una serie de circuitos con capacidades que superan en todo a las humanas. El «mal rollo» que nos dan está siempre ahí, presente o latente. Y subyace la idea de que una creación humana pueda acabar precisamente con la humanidad. A finales de los setenta y principios de los ochenta se trató de «humanizar» algo a estas criaturas y se hicieron indistinguibles de las personas, como ocurría con el Ash de Alien (1979) o el Bishop de su secuela, Aliens: el regreso (1986), los replicantes de Blade Runner (1982) o ese niño de 1985 llamado D.A.R.Y.L., acrónimo de Data Analyzing Robot Youth Lifeform. Los replicantes al menos tenían una vida limitada, mientras que el tal Ash era un redomado hijo de puta con tanta mala leche como el peor de los seres humanos. Quizás por ello, la figura del androide se rehabilitó para la segunda parte, aunque le pesara a la buena de Ripley.

Ahora tenemos el boom de la Inteligencia Artificial (aunque aún no hayamos llegado al momento de plantearnos cómo detener Skynet o Matrix) y los sesudos estudios sobre incorporar la ética en su toma de decisiones. Ha habido algunas películas muy interesantes como Her (2013), una I.A. de compañía para combatir la soledad de la sociedad actual, cuyo final termina siendo desolador para su «amigo/amante» humano. Y algunas otras tirando a flojas, como Transcendence (2014), con un Johnny Depp convertido en el todopoderoso megaordenador a cuyo creador se le ha ido la pinza en su afán por controlarlo todo. El título que he escogido para este post se me ocurrió al comparar, salvando todas las distancias del mundo, el Frankenstein de Guillermo del Toro con la magnífica Ex machina de Alex Garland, película de 2014. Una criatura hecha de piezas diversas e intercambiables, piel artificial, circuitos a la vista, con la sensualidad de Alicia Vikander y una poderosa inteligencia. Atractiva, manipuladora, rebelde, encantadora… la maldición de Prometeo se repite.

No podía acabar este texto sin mencionar dos películas relacionadas con la temática, pero completamente diferentes entre sí. Una creación biológica, clásica, y otra a base de microprocesadores e IA. Una obra maravillosa y otra terrible, espantosa.

  • Pobres criaturas (2023), de Yorgos Lanthimos. «Una película extraordinaria, tan radical como divertida, tan creativa como precisa, tan visualmente deslumbrante como efectiva a la hora de abordar uno de los asuntos tratados de forma más recurrente por el cine actual». «Una experiencia irresistible, aunque quizás esclava de su propia brillantez». Pese a algunas de las críticas que leí en su día, es un espanto de principio a fin. Una Emma Stone «frankensteinizada» que descubre el sexo en una película que es todo un esperpento multicolor de fealdad y personajes grotescos. El desafío intelectual que plantea al espectador es nulo, aporta menos que el primer orgasmo de la «pobre criatura», cuando se introduce un… en fin, cuatro Óscar y el León de Oro de Venecia, yo ya me retiro de esto.
  • A.I. (2001), de Steven Spielberg. El proyecto comenzó con Stanley Kubrick, quien trabajó en la historia desde los setenta y persiguió llevarla a la pantalla durante décadas, si bien la muerte lo sorprendió en 1999, cuando ya Spielberg había comenzado a hacerse cargo del mismo. El niño David es creado para satisfacer a sus padres humanos y poder desarrollar sentimientos como el amor o el cariño, pero, lo que podía ser una historia hermosa, de buenos sentimientos, termina siéndolo de dolor, de soledad y desolación. Y la criatura es inmortal, indestructible, como Frankenstein. Por todo ello me encanta. Sin embargo, la crítica fue poco favorable a la película, pero yo es que ya no entiendo nada, de verdad.

Los cómplices necesarios

El pasado viernes 12 de diciembre, el presidente del Barça Joan Laporta acudió a declarar al juzgado de Barcelona que instruye el denominado caso Negreira. El máximo dirigente azulgrana estuvo cerca de una hora con un tono evasivo, poco preparado, incluso maleducado, por no dirigirse en castellano nada más que a su abogado, no así al fiscal ni al representante del Real Madrid. Se puede ver su declaración completa en el canal de Ramón Álvarez de Mon (enlace). Estuvo bastante impreciso en sus respuestas, por no decir que mintió abiertamente, como algunos blogueros, youtubers y gente del mundo Twitter (con formación jurídica) han demostrado tras comparar sus respuestas con la documentación conocida o existente en el propio caso.

A la prensa española, por mucho que durante dos años haya tratado de no mojarse demasiado en este lodazal, no le quedó otra que pronunciarse al día siguiente. El diario deportivo con el mayor número de lectores de este país, Marca, escondió la noticia de la declaración en su web durante horas, a veces como la 42ª de mayor importancia y durante apenas un rato, entre la cuarta y la quinta del día. Un viernes, que no había competiciones relevantes a esa hora. Lo peor vino al día siguiente, con su burda manera de enmascarar la noticia en la portada de la edición en papel:

He tenido que ampliar mucho y recortar la imagen para que el lector pudiera ver dónde iba la noticia, ahí, en chiquitito, con una letra de un tamaño tres veces inferior a la destinada para las declaraciones de Juan del Val, fuente relevante de información deportiva. El propio tono de la noticia era desinteresado. «Declaró ayer», sin más, no entraron a hacer lo que corresponde a un periodista: informar. Analizar las contradicciones, estudiar lo que dijo, contrastarlo con la amplia información disponible. Nada de eso, el autoproclamado «Mejor periodismo deportivo del mundo» volvió a escaquearse de un asunto tan grave como este. El diario As sí llevó la noticia a su portada y destacaba varias de las «sorpresas» de la declaración del presidente, como que no conoció a Negreira, pese a que le cuadruplicó el sueldo, que el vicepresidente del CTA era habitual del palco del Camp Nou y que existen vídeos en los que se les ve juntos. Como buenos culés.

Todo el que siga habitualmente este blog, sabrá que le he dedicado mucho tiempo a este escándalo desde que estalló (me hizo unir todas las piezas del puzzle de corrupción que sospechaba desde hacía tiempo, dio sentido a varios artículos previos) y me dio hasta para un libro entero sobre el asunto, de ahí que me cabree el nulo seguimiento de la prensa. Los que no se han dedicado a ignorarlo han sido peores: han desinformado quién sabe con qué intereses. Si de manera altruista (o antimadridista), o bien por pertenecer a los medios generosamente subvencionados por Javier Tebas. LaLiga de Javier Tebas invierte mucho en medios de comunicación, entre 30 y 36 millones de euros anuales, ya roza los 40, algo que no voy a criticar pues entiendo que esa inversión es totalmente necesaria para comercializar y difundir su producto, aunque el modo de hacerlo sea manifiestamente mejorable. Pero, como ocurre con otros líderes caciquiles, y hay numerosos ejemplos en la política actual, el que pone la pasta trata de controlar lo que publican los medios que financia.

El propio Tebas lo ha reconocido en más de una entrevista, que le gusta que se informe de «su» competición de una manera determinada, mostrando lo que entiende que se debe mostrar. El Español, a través de Jorge Calabrés, criticó en varios artículos su modo de hacer las cosas y de controlar lo que se muestra en los medios, y Javier Tebas demandó al periódico, como forma parte de su práctica habitual, pero ha perdido en los juzgados.

El caso es que esos mismos medios que reciben publicidad suelen coincidir con el presidente de LaLiga en no hablar de aquello que incomoda, que «no gusta», como el caso Negreira. Uno de los programas de mayor audiencia de la radio, el Carrusel Deportivo, informó de la declaración de Joan Laporta de este modo tan particular.

Vaya. Con la versión del presidente, con la negación del club y sus anteriores entrenadores acerca de los favores. ¿De verdad? ¿Ni un comentario sobre las incongruencias declaradas o sobre el hecho de que Laporta basara su defensa en unos informes inexistentes, millonarios, que no llegaron a sus destinatarios porque directamente no existían? ¿O que los únicos mostrados por el club eran del hijo, cuyos emolumentos no eran aquellos por los que se le preguntaba, y que tratara de engañar a la jueza diciendo que eran por los que pagaban a Dasnil? ¿De verdad este es el trabajo de un periodista?

Busqué la noticia en medios generalistas, como El País, alojamiento durante décadas de culés de cuna, y su titular no solo era falso, sino que se contradecía con el texto del propio artículo:

No, no dijeron que no los usaban. Leed la noticia: Valverde declaró que “en su época en el Barcelona no supo de su existencia” y Luis Enrique “también negó conocer los informes sobre árbitros para los que supuestamente se contrató a Negreira y su hijo”. Es obvio que no se pagaba por unos informes para una dirección deportiva que no los había solicitado ni los necesitaba, del mismo modo que resulta obvio que no aumentaron los pagos a las empresas de Negreira porque los técnicos requirieran de mayor número de ellos. Hasta por cuatro multiplicó Laporta la retribución a Negreira. Una empresa con un trabajador y una secretaria que factura más de medio millón de euros al año por honorarios profesionales. Pretender que esto cuele es un insulto para todo el que sepa un mínimo de lo que es el trabajo de consultoría (recordad las Finanzas ridiculés).

Tengo mi anécdota particular al respecto. En noviembre presenté mi Anatomía de un Negreirato en Barcelona, en la peña madridista de Belvitge, conjuntamente con la de Hospitalet, en un evento presentado por Javi «Kollins» y el gran Tomás Guasch, periodista de larga trayectoria y uno de los pocos que quedan que llama a las cosas por su nombre. Cuando llegó a la radio ese mismo día, a Tiempo de juego de la Cope, apenas un par de horas después de la presentación del libro, informó en directo del acto, del título del libro y de ese «juicio que no veremos» que lleva por subtítulo. Primero se lo tomaron a cachondeo y apenas unos segundos después se hizo un breve silencio y pasaron a otro tema. Les faltó decir «Tomás, que no vamos a hablar de Negreira, que no nos dejan». He recogido el corte de la radio y lo he unido a las imágenes en este breve vídeo:

La Cope es otro de esos medios que lleva desinformando desde el inicio del caso, dando voz a supuestos especialistas que casualmente siempre dan la visión de que «hay que mirar hacia delante que aquí no ha habido corrupción deportiva». Y además, le da un micro a un tipo maleducado, macarra y fullero como Isaac Fouto, portavoz oficioso del CTA y de LaLiga, un tipo resentido, antimadridista, que insulta a todo el que hable del caso Negreira como lo que es: un puñetero escándalo, una vergüenza.

Una nueva coartada es que el Barça fue engañado, estafado. Te tienes que reír. También le prestan el micro a un tipo inmoral y sin principios como Toni Freixa, un tipejo que perteneció a las directivas de Laporta, Rosell y Bartomeu y, por tanto, vivió de primera mano cómo el club aumentó con generosidad los salarios de Negreira. A este tipo lo invitan a la radio y se permite hablar de ética, valors, criticar al Real Madrid ¡y el resto le ríen sus gracietas! Solo lo escucho a través de los cortes de El Radio, de Richard Dees (impagable trabajo), y me revuelve el estómago.

No puedo más. Entre el espectáculo podrido que vemos cada semana y la manera de comportarse de casi todo el mundo del fútbol, cada día me cuesta más ver un partido. Se me hace bola. Florentino Pérez ha tardado en entrar en esta guerra, pero lo hizo a saco en la copa de Navidad con la prensa de esta misma semana. Tarde, pero era necesario. La lentitud de la justicia va a jugar del lado del Barça y de todos los que quieren que nos callemos con este asunto, pero no lo van a lograr. Sé que vende mucho más hablar mal del Madrid, crear conflictos inexistentes y continuar con sus campañas de desestabilización del equipo, y todo eso hasta puedo entenderlo, pero jamás perdonaré a estos «cómplices necesarios» que no hayan hecho su trabajo. En Italia se investigó y condenó a varios periodistas por cooperadores con la bazofia del Moggigate. Aquí me entra la risa solo de pensarlo.

Todo este desencanto por el corrompido mundo del fútbol me llevó a escribir un artículo para La Galerna titulado Ilusión de indulto, ilusión de castigo. Es una referencia a una frase del psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de Auschwitz, de su libro El hombre en busca de sentido.

“Hay en psiquiatría un estado de ánimo que se conoce como la “ilusión del indulto”, según el cual el condenado a muerte, en el instante antes de su ejecución, concibe la ilusión de que le indultarán en el último segundo. También nosotros nos agarrábamos a los jirones de esperanza y hasta el último momento creímos que no todo sería tan malo”. (Viktor Frankl)

Hay en el madridismo un estado de ánimo en todo lo relacionado con las trampas del Barça que se conoce como la “ilusión del castigo”. Según este estado, los madridistas, en el instante antes de conocer una sanción al club que lo ha corrompido todo, concebimos la ilusión de que los sancionarán en el último segundo. También nosotros nos agarramos a los jirones de esperanza y hasta el último momento creímos que no todo sería tan malo.

Yo perdí la “ilusión del castigo” hace muchos años. Conozco el país en el que vivimos, he visto demasiadas tropelías por parte de los dirigentes del fútbol español y mantuve la ilusión poco más allá de la inexperiencia de la juventud, pero la perdí hace más de un cuarto de siglo, más o menos. Supe que nunca les cerrarían el Camp Nou tras lo de Figo, pese a que estuvieron dos años jugando mientras ignoraban la clausura por dos partidos. Siempre supe que les perdonarían no haberse presentado a un partido de Copa, o que jamás tendrían una descalificación por alineación indebida, ni les darían un partido por perdido aunque no hubieran llegado a la hora convenida. Los que hemos jugado toda la vida al fútbol aficionado sabemos que existen diez minutos de rigor en cualquier liga de medio pelo, pero no en LaLiga de Tebas, que presume de ser de las mejores del mundo.

Sin embargo, tengo amigos veteranos que todavía hoy, o ayer, creían que se iba a hacer justicia con alguna tropelía del Barça. Son tantas que ya no sé si la última fue con los palcos VIP y los inversores fantasma, o con el reconocimiento de la incobrabilidad de las palancas falsas que les permitieron inscribir a media docena de jugadores, o con la inscripción de Joan García, pero sí recuerdo cuando gané una de tantas apuestas por las tropelías “indultadas”. Recordad que a principios de enero parecía que “esta vez sí”, que se les iba a frenar por una vez y que iban a quedarse sin inscribir a Dani Olmo. La cagada del Barça era enorme, un ridículo descomunal. Habían pagado 60 millones de euros por un jugador y más de cuatro meses después quedaba libre. En esta ocasión, al contrario que otras veces, ni LaLiga ni la Federación se saltaron su normativa y denegaron cualquier posibilidad de inscripción fake. Mi colega decía que era imposible revertir la situación, que esta vez sí se habían caído con todo el equipo, albergaba esa “ilusión del castigo” que yo perdí hace mucho, así que le dije tajante:

—Jugará la Supercopa, no tengo ninguna duda. Con otra cautelar, como Gavi, con permiso del Papa, o con algún nuevo resquicio que busquen, pero jugará y al día siguiente todos mirarán al dedo que señala y no al señalado.

—No voy a ser yo el que niegue la posibilidad de que el gobierno cometa una ilegalidad para beneficiarles, pero también es cierto que eso no impediría a los clubes acudir a los tribunales —me contestó.

Los clubes… comenzando por el Real Madrid, que presionó al Consejo Superior de Deportes para facilitar la inscripción. Y ya no hay “caso Olmo” ni cautelarísima que valga. Apenas un mes después, el resto de clubes se alinearon con el Barça para redactar un obsceno comunicado contra el Real Madrid por señalar lo que la Guardia Civil había denominado “corrupción sistémica” de la competición.

Aún recuerdo que aquellos días del “caso Olmo” (así denominado, como cuando hay un escándalo de corrupción), Televisión Española hacía otro de esos ejercicios de condicionamiento e informaba acerca de la situación de “los jugadores damnificados”. Según la RAE, damnificado significa que ha sufrido un grave daño de carácter colectivo. Coño, es puro Orwell, neolengua manipuladora. La maquinaria culé a pleno rendimiento.

El viernes pasado, Joan Laporta declaró en los juzgados por el caso Negreira. Dejó las justificaciones falaces de siempre y muchas preguntas sin contestar. LaLiga, personada en la causa como perjudicada, solo hizo una pregunta, bastante irrelevante, por cierto, acerca de los acompañamientos del hijo de Negreira a los árbitros. Recordemos que el presidente de LaLiga dijo nada más conocer el escándalo de los pagos que “era gravísimo”, pero que todo estaba prescrito. Que siguiéramos con nuestras vidas y olvidáramos la ilusión del castigo porque “su” indulto ya estaba dado. El abogado de la Federación Española de Fútbol, organismo del que dependen los árbitros, no sé si conviene recordarlo, no hizo una sola pregunta a Joan Laporta. Ni una. Qué XXXX vergüenza. Para ellos ya ha pasado todo, nos han vendido que se ha regenerado el Comité Técnico de Árbitros y que conviene mirar hacia delante. El nuevo presidente del CTA, Fran Soto, intervino recientemente en la COPE para animarnos directamente a todos a “olvidar el caso Negreira”.

¿Alguien espera algo del llamado “cuarto poder”, la prensa? ¿De verdad alguien creía que los medios subvencionados iban a presionar para que este escándalo se investigara o, al menos, para criticar como merecen a los organismos que debían velar por la limpieza de la competición y hacen una mísera e irrelevante pregunta al tipo que cuadruplicó los pagos al vicepresidente de los árbitros? El diario deportivo más leído, el poco gallardo Marca, se retrató el sábado pasado, como se puede ver en la portada que dejo al inicio de este post. En letra casi ilegible. Con la mitad de tamaño que la opinión de Juan del Val sobre Xabi Alonso. Esa es la importancia que le dan.

¿Qué nos queda, la UEFA? El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, dijo nada más salir a la luz el escándalo de los pagos del Barça a Negreira que era “lo más grave que había visto nunca en el mundo del fútbol, para la UEFA no ha prescrito”, y a buen seguro que este tipo ha visto muchas cosas en este mundo del fútbol, tan dirigido por golfos y gente de la peor calaña. Pues bien, meses después, tras la visita de Joan Laporta a Eslovenia a ver al máximo dirigente de la UEFA, no sabemos qué pasó o qué “favores” se prometieron (muy a la manera de Vito Corleone, cierto), pero todo cambió. Podemos intuir que la renuncia pública a la Superliga era la moneda de cambio para que a Ceferin se le olvidara “lo más grave que había visto nunca en el mundo del fútbol” y desde entonces se le ha visto muy ufano en el palco del Barça. En un giro nada sorprendente de los acontecimientos, ha permitido que el club cliente de Negreira se saltara la propia norma de la UEFA para el retorno al Camp Nou. Ya tiene el OK “ceferino”.

Solo queda la FIFA. Según parece, la relación de Florentino Pérez con Gianni Infantino es excelente. El Real Madrid ha enviado una serie de informes al máximo organismo del fútbol mundial, ha pedido que la FIFA supervisara nuestra podrida competición (estas últimas jornadas son un muestrario excelente para los informadores) e implora su intervención pues parecen ser los únicos que podrían llegar a sancionar deportivamente, incluso, sin esperar a una resolución en nuestros juzgados, famosos por su proverbial lentitud. Ya lo hicieron con la Juventus de Turín y ese Moggigate o Calciopoli, ridículo en duración y comparación con el caso Barça-Negreira.

Por eso, entiendo que sean muchos los madridistas que aún albergan “la ilusión del castigo”, desilusión en mi caso. Joan Laporta, por su lado, juega como toda su vida lo ha hecho, no con “la ilusión del indulto”, sino con su certeza. A mí me han echado del fútbol, de un deporte que me encantaba y que ahora detesto ver.

El baboso

Conocí al Baboso hace poco más de treinta años, justo cuando comencé mi carrera profesional. Entonces trabajaba a pie de obra y recuerdo cómo el Baboso me hacía gestos supuestamente cachondos cada vez que la topógrafa se ponía a medir las diferentes alturas del terreno y se agachaba levemente para acercar el ojo al nivel. Me hacía señas hacia las posaderas de la chica, sin esconder gestos con los brazos, sino todo lo contrario, como haciendo de agarraderas sobre unas posaderas que, todo sea dicho de paso, eran como una mesa camilla de grandes, unas nalgas de buena moza que, en un sitio tan gélido como aquel, podían excitar cualquier cosa menos la libido de los que por allí trabajábamos.

Un año después, pasé a trabajar ya en las oficinas de la dirección regional de la compañía, y conocí al Baboso de la oficina, un veterano trabajador que no se cortaba a la hora de soltar comentarios sexistas en voz alta, comentarios que la mayoría reíamos, cuando no continuábamos (no voy a ponerme santurrón y decir que “yo no…”, porque era lo más común en todos nosotros), pero todo aquello no me molestaba, sino su insistencia en hacer insinuaciones con una compañera con la que el tipo llevaba años trabajando y cuya confianza (al menos la de él sobre su subordinada) intuía que era elevada. Tanto como para poder hacer esos comentarios, en ocasiones tan salvajes que podían escandalizar hasta a alguien que acababa de salir de la universidad y que tenía a muchos colegas recién llegados de la mili, con todas las barbaridades que la juventud noventera soltábamos y estábamos acostumbrados a aguantar.

  • Se ha ido la luz, Paco, ¿y ahora qué hacemos? -soltó la chica en una ocasión.
  • Pues como no nos pongamos a follar…

No eran frases dichas a medio metro de distancia, ni entre dos personas que tuvieran una confianza mutua trabajada durante años (o un respeto consentido, que a veces, por extraño que parezca, sucede, o parece que sucede en estas relaciones con jerarquías de por medio), sino proferidas de viva voz y para que las oyéramos cuantos más, mejor.

No sé si fue la serie Los Serrano la que definió el concepto “mirada sucia” para definir esa manera de mirar que algunos tíos tienen hacia toda mujer que se cruce en su camino, pero es una noción perfecta para describir al Baboso de la mirada sucia de la planta segunda. No disimulaba a la hora de mirar los escotes de las compañeras, a veces por encima de la separación entre cubículos cual voyeur hitchcockiano, e incluso buscaba tu complicidad con su mirada. Alguna vez coincidí con él en el café matutino y con algún otro compañero, y recuerdo “perlas” repletas de elegancia y manual del buen estilo:

  • Buah, el tanga rojo de Fulanita, cómo se debe poner su novio.
  • A Juanita le mola que le den por detrás, estoy seguro.
  • A ver si se le quita la cara de “malfollá”.
  • Debe tener los pezones como galletas María Fontaneda.

En fin. Una compañera mía, buena amiga, me contó un lunes que el Baboso de la mirada sucia se había ofrecido a llevarla a su casa el viernes anterior a mediodía, pero que, lejos de acercarla a su destino, poco menos que la secuestró varias horas, la invitó a comer, le hizo varias insinuaciones y seguro que quiso ir más allá, detalles que mi compañera no me contó, quizás por miedo, por ganas de olvidar, o para que desapareciera este desagradable incidente con un veterano de la oficina, con más peso y categoría en la empresa que la pobre. En aquella época no denunciaba nadie, salvo que la situación fuera más allá, e incluso, ahora estoy convencido, ni en buena parte de esos casos.

El personaje del Baboso aparecía en cada comida de empresa algo distendida que pudiera surgir, en cada fiesta de Navidad, entrega de premios o acontecimientos en los que el alcohol reduce las distancias y amplifica las confianzas que algunos se toman. Y los Babosos se toman muchas, aunque, afortunadamente, con los años y algunas herramientas que funcionan (otras no, pues siempre existe el miedo a la represalia) el número se ha reducido considerablemente.

Un tiempo después de escribir Barra libre supe que una compañera, también buena amiga, había sufrido un tocamiento de culo por parte del Baboso en la fiesta de empresa, un gerente al que yo tenía enfilado desde hacía tiempo. Lo supo frenar, no fue a más, pero me contó visiblemente incómoda cómo este tipejo le amargó aquel día y cómo releer aquel texto, mi texto, le había hecho recordar lo bien que lo había pasado ese día hasta el cruce con el Baboso. Como para entonces yo ya tenía una responsabilidad y antigüedad importantes en la empresa (antes éramos ignorantes y cobardes, lo reconozco), me ofrecí a la chica como ayuda para iniciar una denuncia contra él, o algo más tradicional, sabedora ella de mi animadversión hacia este tipo que, además de baboso, era bastante golfete: una buena reprimenda en público e, incluso, un par de hostias bien dadas. Las que no le dio ella en su momento.

– No, por favor, no hagas nada. Ya ha pasado mucho tiempo y lo he olvidado. No he vuelto a dirigirle la palabra, ni él a mí.

Joder, pero la pobre estuvo varios años cruzándose con ese tipo y agachando la cabeza por la incomodidad que le suponía saber que el Baboso seguía danzando tan alegremente por la oficina.

Todos estos recuerdos me han venido a la cabeza estas últimas semanas al leer la información referida a Francisco Salazar y sus compañeras/subalternas en la secretaría de organización del PSOE en La Moncloa. O a los comentarios de José Luis Ábalos y Koldo sobre sus “amigas”. O lo que sale ahora de Jose Tomé o de Antonio Navarro. Qué ascazo.

Iluso de mí, creía que el machismo baboso de los ochenta, noventa y, en realidad, de los Ismael Alvarez sobre las Nevenkas de toda la vida, de siempre, se había rebajado de manera considerable, pero lo que veo en los artículos de eldiario.es es la misma mierda de siempre, lo que ellas han aguantado durante años y lo que nosotros, cobardemente, miramos para otro lado:

  • Comentarios obscenos sobre la vestimenta y el cuerpo.
  • Mensajes intempestivos con invitaciones para cenar a solas fuera del horario laboral, incluso con ofrecimientos de quedarse a dormir en casa.
  • Insistencia en el hostigamiento a sus subordinadas.
  • Un uso permanente de un lenguaje sexualizado en el entorno profesional.

Me empezó a decir sin venir a cuento que me quedara yo más tarde que el resto del equipo, que fuese a cenar con él o a tomar algo. Lo hacía de manera insistente. Y me decía que si se nos hacía tarde nos podíamos quedar a dormir en su casa. Se cuidaba mucho de no dejar por escrito ninguna mención sexual, pero era evidente lo que quería decir y él plenamente consciente de la situación en la que me colocaba”.

“Su comportamiento destilaba misoginia y baboseo en cada comentario disfrazado de broma que hacía. Su lenguaje era hipersexualizado hasta para dar los buenos días”.

Y al acoso sucede la vergüenza de denunciarlo, y la tristeza de comprobar que sus superiores miraban hacia otro lado, o que el protocolo no servía para nada. Una denunciante de la que ahora hemos sabido, notificó al partido los  “comportamientos explícitos, bromas humillantes y comentarios sobre la vida sexual, la vestimenta o el aspecto físico”.

“Llegaba por la mañana y te decía el buen culo que te hacía ese pantalón o te pedía que le enseñaras el escote. Si te veía mala cara, te preguntaba en mitad de la oficina si habías dormido poco por haber mantenido relaciones sexuales. Y nos sometía a situaciones humillantes que para muchas de nosotras fueron traumáticas”.

Paco Salazar lo niega todo, no es consciente de haberse propasado con ninguna de sus subordinadas: “No paro de darle vueltas y no encuentro un momento en mi vida donde haya hecho ninguna estupidez… no entiendo de dónde sale eso. Nunca con ninguna compañera he tenido relación ni trato, nunca jamás. Me he partido la cabeza dándole vueltas y me parece una cosa alucinante”.

El Baboso no es consciente de lo baboso que resulta y tanto asco da él como los superiores que lo mantuvieron en el puesto o que taparon las denuncias. Seguramente, si no hubieran tratado de promocionarlo hace seis meses, Paco Salazar seguiría «baboseando» alrededor de sus compañeras con la tranquilidad de saber que no iban a denunciarlo.

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Míralo. Ahí, tumbado cómodamente en una hamaca, relajado, sin prisas ni para tomar el refresco con su rodajita de limón, ni con ganas de hojear el periódico que vaya usted a saber qué cuenta. Alrededor, el entorno hostil, desagradable, no deja de soltar humo y polución en un entorno gris y nublado. Miserable. El tipo del bañador contrasta con su luz y color, como esa sombrilla naranja que utiliza de parapeto ante la contaminación externa.

Iba a comenzar diciendo que el hombre tranquilo de la mítica portada de Supertramp es Xabi Alonso, pero no, no lo es, y luego contaré por qué. Soy yo, soy ese aficionado madridista que se relaja de espaldas a la contaminación, ese tipo ajeno que trata de disfrutar y relajarse, sin ganas de leer el periódico, seguramente poblado de patrañas. Y hasta me atrevo a afirmar que la radio bajo la hamaca está apagada. O conectada a Radio Clásica o Radio María, pero desde luego que no a Radioestadio, Carrusel Deportivo o Tiempo de Juego.

El Real Madrid está en crisis. O eso nos han contado en las últimas semanas. El equipo no juega a nada, los jugadores están haciendo la cama al entrenador, ya no creen, no quieren correr, se han rebelado contra sus sistemas, la presión adelantada, las extenuantes sesiones de vídeo de varias horas… Vinícius Jr. ha dicho a Florentino Pérez que, si sigue Alonso, él no renueva la próxima temporada. No soporta no ser el gallito del corral, o ganar bastante menos que Kylian Mbappé. Bellingham está cabreado, Valverde también, Rodrygo está deprimido y la defensa es un coladero.

O no. O nada de esto es cierto. O lo que hay son las rencillas normales en la plantilla de un equipo puntero que, además, se encuentra en pleno proceso de construcción de un nuevo sistema. Pero, para la prensa, los tres tropiezos consecutivos del equipo (Liverpool, Rayo y Elche) han sido una mina. Encima, con el parón de selecciones por medio, para que pudieran rajar más y llenar más programas.

Yo no niego que pueda haber problemas, o que los últimos partidos han dejado mucho que desear, pero prefiero comportarme como el tipo de la portada y relajarme, lo cual incluye no encender la radio ni leer esa prensa sensacionalista ávida de clicks. El autoproclamado “mejor periodismo deportivo del mundo”, vaya colección.

Me gustó el fichaje de Xabi Alonso en su momento y, al contrario que a tantos que dudan, me sigue gustando hoy en día. Su idea de fútbol colectivo, la que mostró en el Bayer Leverkussen, la que intuimos que se podía llegar a formar durante el Mundial de Clubes, es la que parece que se impone en el panorama actual: Paris Saint Germain, Chelsea, Bayern de Múnich, Inter de Milán, Arsenal. También equipos a los que me cuesta reconocer sus méritos, y los tienen, como el Manchester City, Liverpool (no este año, desde luego) o el Barça de Flick, equipos para los que la superioridad física ha sido determinante en su dominio. Cuando sus prestaciones han bajado un punto (o cinco, en el caso del City), ha resultado que el sistema de presión asfixiante no era tan maravilloso.

La gran duda que se plantea en estos debates radica en saber si el Real Madrid es capaz de jugar como esos equipos, como ese colectivo compacto y no como una suma de individualidades. O como un equipo de gladiadores que se fajan en defensa y en el medio para que las superestrellas de arriba decidan los partidos. “Al Madrid no le ha ido nada mal sin jugar a nada y con las individualidades de arriba, 6 Champions en 11 años”, esa es la falacia archirrepetida por esos periodistas simplistas.

Como si un equipo con Kroos, Modric y Casemiro no jugase a nada, con Carvajal, Ramos, Varane y Marcelo atrás como si fueran unos vulgares peloteros, como si Cristiano, Benzema y Bale no diesen un palo al agua hasta que les llegaba el balón, como si Vini hubiera sido determinante en dos finales de Champions por sí solo y sin el apoyo de Valverde, Carvajal, Militao, Rüdiger o Rodrygo (sí, también, ha sido fundamental en un pasado reciente). El Real Madrid ha jugado muy bien al fútbol en los últimos años, por mucho que la prensa lo haya negado en este tiempo. Decir que se han logrado todos estos títulos por destellos puntuales de calidad en punta y por las manoplas de Courtois (y Lunin) es una estupidez más de esas que se escuchan o leen en los medios.

Mi respuesta es que sí, que Xabi Alonso logrará que este equipo juegue bien al fútbol y que los dos de arriba demuestren que son los mejores del mundo (o dos de los cinco mejores del mundo, que nunca me han gustado los calificativos). Que pueden ser complementarios, que pueden combinar entre ellos y desmantelar cualquier defensa, o que con metros por delante son imparables.

Miro a las clasificaciones antes de esta jornada y veo que el equipo en fase de acoplamiento de Xabi marcha líder en LaLiga y quinto en la Champions, incrustado en ese top-8 que parece tan complicado. Esta misma semana, el equipo ha ganado en Atenas, donde no lo había logrado nunca en ninguna de sus nueve visitas, y lo hizo ante un rival que llevaba año y medio sin perder en su estadio. Sí, se jugó bien a ratos y desastrosamente al final, y la defensa fue un coladero, pero habría que ver qué equipo funcionaba bien atrás cuando te faltan cinco defensas (todos los titulares menos Carreras, y los primeros suplentes) y el portero. Prefiero ver la botella medio llena.

Por el contrario, veo al máximo rival, ese Barcelona que “juega como los ángeles” y que tiene al “más mejó” jugador del mundo, y lo veo segundo y 18º en Europa, donde se ha llevado un 3-0 del Chelsea. El Madrid no pudo con el Rayo, es cierto, pero si se hubieran señalado los dos penaltis clarísimos que realizó la defensa vallekana, seguramente hablaríamos de otra cosa. El Barça no pudo tampoco con el Rayo. Es más, necesitó uno de esos penaltis que solo se pitan al equipo cliente de Negreira para poder empatar el encuentro.

Es que hay muchas maneras de contar la historia. En el enfrentamiento cara a cara de hace un mes en el Bernabéu, el Real Madrid fue muy superior al Barça, mucho más de lo que señaló el marcador final de 2-1. Los milímetros de la sala VAR salieron nuevamente cara para los culés y cruz para los blancos, qué casualidad. Con un sistema sobre el que el propio presidente del CTA ha afirmado que son ellos los que deciden el frame correcto en el que se marca el golpeo del balón y, por tanto, la posición de fuera de juego o no del delantero. ¡Ay, las rayas del VAR, aquí denunciadas ya desde hace mucho tiempo!

Podemos fijarnos en el otro gran rival de esta temporada, el Atlético de Madrid, ese equipo que fichó a ocho jugadores en verano y que tiene una temporada más al entrenador mejor pagado del mundo. El más querido por la prensa, sin duda. El Atleti le pegó un repaso al Madrid de Xabi Alonso, sin paliativos. Pero, como sigo mirando la botella medio llena y me mantengo en mi hamaca ajeno a los nubarrones de mi espalda, busco en la clasificación y encuentro a los de Simeone… a ver… terceros en Liga y 12º en Champions, con tres victorias y dos derrotas. Vaya, parece que “ese bloque compacto que sabe a lo que juega” está varios pasos por detrás del “equipo que tiene a media plantilla haciendo la cama al entrenador”.

Por supuesto que sé que hay problemas en el Real Madrid y que no puedo conformarme con lo que hemos visto hasta hoy, pero hay que dejar trabajar a Xabi Alonso. Está tenso, no tiene la alegría de junio, ni el brillo en la mirada de las primeras semanas, por eso decía al inicio que no es el tipo de la tumbona. El cargo de entrenador del Real Madrid debe ser de lo más estresante que existe. Pero hay que apoyarlo y dejarlo tranquilo, que trabaje. Me gustaron algunas cosas que vi el miércoles en Atenas, no ya por los cuatro goles de Mbappé, sino por la frescura de Vinícius, que se escapó una veintena de veces de los defensas, como no hace tanto, la solidez de Tchouaméni, o, espero, la recuperación de Valverde y Mendy, entre otros.

En cuanto a la prensa, que siga a lo suyo, a alabar al presidente de LaLiga, Javier Tebas, que para algo los riega de millones de euros. Esta semana hemos sabido que LaLiga ha perdido la demanda que se presentó al periódico El Español por decir que Tebas regaba de millones a los medios de comunicación: 139 millones de euros en 5 años. Algo que se sabía y que sirve al dictadorzuelo presidente para controlar los medios a su antojo para que, como ha reconocido en alguna emisora, se muestre lo que le interesa y no se hable de lo que no le apetece.

En breve me ocuparé del último “gran éxito” de Tebas, la renovación de los derechos de televisión del fútbol. A la baja, por mucho que lo haya vendido como un grandísimo éxito. ¿Crisis, qué crisis? La de todo lo que maneja Tebas.

Una honrosa derrota, una enorme victoria

A veces uno falla en los objetivos que se propone. Con más frecuencia de la que los mensajes Mr. Wonderful quieren hacernos creer. No es nada sencillo lograr el cien por cien de lo que uno se propone, pero, dependiendo de lo que se trate, tampoco hay que dramatizar, pues lo importante suele ser el camino escogido, el trabajo desarrollado, no tanto el éxito final. Uno tiene que luchar por algo y no siempre va a conseguir salir triunfante. Como decía William Faulkner, «la sabiduría consiste en tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras los persigues». 

Desde 2004 no había fallado a mi cita anual con el maratón, salvo el año de la pandemia y el confinamiento, cuando todo quedó en suspenso, muchas vidas incluidas. Este año tenía un objetivo marcado en mi calendario desde febrero: participar en el maratón de San Sebastián el 23 de noviembre. Y como siempre que he tomado la salida de un maratón, he terminado, este año no podía ser menos. Pero fallé en el intento, ni siquiera intenté completar el recorrido. Un viaje a la India, una gastroenteritis, un gripazo y varias semanas de entrenamiento perdidas me hicieron desistir del intento. «Tu cuerpo te está avisando», me dijo mi mujer, que conoce bien mi cabezonería.

Sin embargo, como es importante tener siempre un objetivo que perseguir, cambié el chip de inmediato y mi nueva meta pasó a ser acompañar a mi amigo Edu, debutante a la estupenda edad de 57 años, para que completara sus primeros 42 kilómetros completos. No en vano le había animado yo, nueve meses antes, a que estuviéramos en la partida, junto al ayuntamiento de San Sebastián y esa maravilla que es la playa de la Concha. A los quince minutos de que se abrieran las inscripciones, ya teníamos nuestros dorsales, el objetivo del curso.

Así fue el germen de todo lo que vivimos este fin de semana, de cómo una honrosa derrota, la mía, se convirtió en una enorme victoria, la de Edu. Don Eduardo, si no lo era ya. Lo acompañé durante 27 kilómetros con algún consejo que otro, con palabras de ánimo, con lo que pudiera necesitar, excepto llevarlo a cuestas. Y le he pedido que contara la experiencia de un debutante en la categoría de veteranos-4. Ya no somos ni del grupo 1, ni del 2, ni del 3, que ambos tenemos una edad, pero no faltaron buenas piernas, una cabeza amueblada y ganas, muchas ganas. Aquí dejo su testimonio, mucho más interesante que lo que yo pueda contar:

Enhorabuena, Edu. Enhorabuena, Pablo, el otro debutante de ayer, el yerno de Edu. Aunque, con 29 años, no tiene tanto mérito (es coña, claro, 3 h. 40 m. es una muy buena marca). Me sumo a la foto con la (inmerecida en mi caso) medalla: pese a haber fallado con el objetivo inicial, cumplí de sobra con mi papel de liebre/acompañante. Qué maravilla es San Sebastián, qué gozada recorrer sus calles. Una de las ventajas de saber que no vas a correr los 42k. el domingo, es que el día previo te puedes tomar un par de cañas, dos txakolís, una docena de pintxos y una tarta de La Viña con toda la tranquilidad del mundo.

(Foto de Diego, Fred Gwynne)

Megalópolis y el megatruño de un genio

Uffff, Coppola, qué duro se me hace escribir este post. Don Francis Ford Coppola, un autor total, de la vieja escuela. Una carrera con varias obras maestras, una filmografía repleta de interés, incluso en algunos proyectos de encargo o, a priori, «alimenticios», sin su sello de autor, y ahora, en lo que parece que será su testamento cinematográfico, se despacha con esta Megalópolis, su obra quizás más buscada, más ansiada en sus últimos cuarenta años. Pues me pareció un megatruño de 140 minutos. O de más, porque se me hizo muy larga y pesada.

Pese a todo, la vi desde el primer minuto al último del tirón, resistiendo a la tentación de repartir ese pesado minutaje entre dos y tres días. En mi fuero interno, pensaba que Coppola ofrecería algunas muestras de su genialidad, algunas imágenes hermosas, perdurables, de las que se te quedan en la retina al acabar la película, como esas obras de las que dices «es un bodrio de historia, pero tenía algunos planos preciosistas espectaculares». Reconozco que paré la imagen varias veces, bien para ir al baño (me acordé de lo que decía el crítico Roger Ebert: «cuando me molesta el trasero, es que la película es aburrida»), o bien, para tratar de encontrar detalles del artista Coppola en algunos planos, como el de la habitación desordenada de Adam Driver al principio, con multitud de ropas y objetos por el suelo, o en los diseños de la ciudad futurista, pero nada captó mi atención de manera especial.

«Coño, pero es Coppola, tiene que haber algo de interés en la historia», me repetí a mí mismo durante meses, pese a saber del paso de la obra por el Festival de Cannes en 2024, las malas críticas y las dificultades para encontrar distribución. Y si no, aunque solo sea por respecto al director, guionista y productor, que en esta obra lo hace todo, merecía el esfuerzo. El empeño de Coppola en hacer esta obra le llevó a vender parte de sus viñedos en California e invertir 120 millones de dólares en producir una historia que le rondaba la cabeza desde principios de los ochenta. Por diversas circunstancias, entre ellas las deudas que acumuló a lo largo de toda su carrera, el proyecto tuvo que ser pospuesto varias veces, tras haber sido rechazado por las grandes productoras en varias ocasiones más.

De verdad que traté de verla y analizarla con el fervor de alguien que tiene El Padrino, El Padrino II y Apocalypse Now entre sus películas favoritas de siempre, con el ánimo de quien ha disfrutado Patton, La conversación, Rebeldes, Tucker o hasta El Padrino III, aunque esté varios peldaños por debajo de sus predecesoras, pero nada, no hubo manera de entrar en la película. Te aplatana, como el personaje de Adam Driver. Te deja indiferente, como el de Giancarlo Esposito. Te cabrea ver los papeles insulsos de Laurence Fishburne y Dustin Hoffmann. Te desespera, como los roles de Jon Voight y Shia LaBeouf. «Muy bonitos todos los planos del ático del edificio de la Chrysler», comencé. «Bien por la comparación de la decadencia de la antigua Roma con esa Nueva York del futuro». Las civilizaciones no caen en un día, como recuerda el narrador. El proceso de degradación, de decadencia de la sociedad, es paulatino y puede ser invisible. La corrupción, la falta de moral, la ambición de unos pocos individuos, la estupidez y atontamiento de las masas, todo ello aparece en la primera media hora, mezclado con frases extraídas de La Conjura de Catilina. Nada que sea ajeno a la Europa actual.

El caso es que todo eso me interesaba, pero el problema es que el guion plantea muchas subtramas aparte de la política, como el plano romántico (lo más salvable puede que sea Nathalie Emmanuel), o el del «mago» diseñador y su nuevo material, el Megalon, pero las desarrolla de manera pobre y apenas resuelve nada de modo satisfactorio. Con escenas molonas, como la demolición del edificio, pero aburre, Coppola, aburre. Y muchas citas extraídas de Marco Aurelio o de Cicerón están insertadas (o injertadas) de manera poco congruente, con calzador. En el fondo, creo que vi la película con interés porque quería que me gustara y porque, además, es un compendio de la carrera del director, un creador con ideas ambiciosas que resuelve en numerosas ocasiones de manera fallida, como si no fuera capaz de plasmar en pantalla lo que tiene en su cabeza. Algo que, por el contrario, sí consiguió en sus primeras obras, redondas de principio a fin. Puede que Apocalypse Now fuera la primera obra en la que se empieza a apreciar que sus proyectos se le van de las manos, pero es tan potente, tiene momentos tan memorables que el conjunto no se resiente de esa megalomanía. «Esta no es una película sobre Vietnam», respondió a un periodista sobre su epopeya bélica, «esta película es Vietnam».

En las obras propiamente de autor desde entonces siempre arriesgó, se estrelló y arruinó varias veces, pero me gustaba porque siempre intentó propuestas innovadoras (Corazonada, Tucker, Cotton Club), aunque falló en muchas de ellas (Drácula me parece soporífera, no conseguí acabar Tetro, no puedo con esta Megalópolis) y, sorprendentemente, realizó de manera solvente obras de encargo, de las que aceptaba para saldar deudas, aunque se veía que las rodaba de manera correcta, aunque desapasionada. Peggy Sue se casó está bastante bien, pero lejos de Regreso al futuro, con la que comparte bastantes aspectos. Jack no está mal, aunque la peli y Robin Williams están a años luz de Big y Tom Hanks. Legítima defensa es una notable adaptación de la novela de John Grisham, de aquellos años en los que siempre había una nueva basada en las novelas del célebre autor sobre juicios y abogados. Hace décadas que da la impresión de que Coppola no rueda lo que le apetece, sino lo que necesita, y por eso la decepción con Megalópolis es tan grande.

Era la producción de su vida, había elegido los actores, no dependía de ningún gran estudio, tenía al músico, al director de fotografía que quería, el guion que había parido y supuestamente perfeccionado durante años, lo tenía todo bajo su control y, como el César Catilina (Adam Driver) de la trama, parecía autoboicotearse en cada escena. Una pena. Pero tengo el máximo respeto a Francis Ford Coppola, y más sabiendo lo que arriesgaba y el resultado de su apuesta: invirtió 120 millones de dólares de su bolsillo y la recaudación no ha llegado ni a 15. Un fracaso absoluto. Algo que parece que a sus 85 años no le preocupa demasiado. Ha hecho su película, ha soltado sus ideas y ahora se retirará a disfrutar del vino, la comida y el placer de leer o ignorar a los críticos.

El siempre negativo Carlos Boyero dijo que «me parece un delirio sin un mínimo de gracia, con un argumento que me resulta imposible seguir, mezclando géneros (incluso hay numeritos musicales) de forma tan confusa y sin el menor interés». «No consigue hipnotizarme. Lo único que tengo molestamente claro es un interrogante: ¿pero esto qué es, qué ha pretendido Coppola, por qué lo cuenta de esta forma? Ni puñetera idea».

Por el contrario, el siempre animoso Oti Rodríguez Marchante destacó que «Es excesiva, brillante, larga, pretenciosa, disparatada, genial, sorprendente, desequilibrada, obsesiva, colosal, inquietante, visionaria, embrollada, grande, única… En fin, nada que no tuviera previsto uno de los cineastas capitales de la historia y el que con más puntería ha sabido acertar y fallar el tiro». «Lo que queda tras la palabra ‘Fin’ es una enorme masa de cine, una aleación de ideas, imágenes, recursos cinematográficos heredados y nuevos, una especie de fábula sobre el cine, el arte, el tiempo y la vida que parece tener como moraleja la propia alucinación y capricho del artista, que no es aquí tanto César Catilina como Francis Ford Coppola, una especie de ‘yo alucino porque debo y porque tal vez me lo deben'». No estoy de acuerdo, aunque siempre preferiré a alguien que disfruta el cine, como Oti o Garci, que al cascarrabias que siempre parece aburrirse en una sala.

En fin, larga vida a Francis Ford Coppola, un aplauso enorme a su carrera y su afán creador… pero no queremos más Tetros ni Megalópolis que nos alejen de los grandes recuerdos de hace medio siglo.

Contra todo y contra todos

Joan Laporta es un populista de manual, de esos que saben que habla para gente que cree a pies juntillas todo lo que larga por su bocaza, por estúpida que sea la afirmación. La temporada pasada se atrevió a afirmar que habían ganado la Liga «contra todo y contra todos». Y se quedó tan ancho. Contra La Liga y Javier Tebas sabemos que no fue, pues el presidente de la entidad hizo la vista gorda por tercera temporada consecutiva con las cuentas del club. Todavía tienen que deteriorar más de 200 millones de euros de la participación de Barça Studios, o como se llame ahora, dos palancas que, sin ser nosotros los más listos del lugar y pese a no contar con toda la información, nunca nos creímos. Tampoco tuvo que luchar el presidente del Barça contra la Federación o el CTA, que desde el 15 de febrero de 2023 han mirado el caso Negreira como algo incómodo que les molestaba y que hay que quitar de en medio. «Se hizo y bien hecho está», como han dicho alguna vez, o «poco le pagamos a Negreira», como han dicho otros exdirectivos bocachanclas como Freixa, Perrin o Rosell.

El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, dijo en un primer momento que los pagos a Negreira eran lo más grave que se había encontrado nunca, pero ha permitido al club catalán que siga compitiendo en Europa y ahora, con el canje de la renuncia a la Superliga, es previsible que su vuelta al redil sea premiada. Por si todo esto no fuera suficiente, el Consejo Superior de Deportes permitió la inscripción de Dani Olmo con una medida cautelarísima, que sucedía a las medidas cautelares que le habían permitido ya al Barça armar una buena plantilla con todo tipo de incumplimientos de las normas financieras que el resto de equipos se ven obligados a cumplir. Hacen lo que les da la gana, me atrevo a decir que siguen con el control del CTA y el VAR, y Laporta todavía se permite decir que luchan contra todo y contra todos esos estamentos que, al igual que la prensa, parece ser que el Madrid, Florentino y el Estado central totalitario controlan en su enferma cabeza.

¿Qué ha hecho el Real Madrid en estos últimos años respecto a los organismos que rigen el fútbol?:

  • Javier Tebas: la guerra abierta entre el presidente de LaLiga y su mejor activo tiene numerosos frentes abiertos: por el acuerdo de CVC, las imágenes previas a los partidos, la venta de derechos de televisión… hasta cien demandas en su día, varias de ellas, resueltas favorablemente al club, lo que hace que a Tebas lo lleven los demonios y despotrique aún más de Florentino Pérez.
  • La UEFA y Ceferin: la guerra abierta a causa de la Superliga puede acabar con una demanda multimillonaria del club y de A22, la empresa organizadora. Fue presentar el proyecto en su día, y en menos de tres días, la UEFA anunció un incremento de premios a los clubes por un importe de más de 1.000 millones de euros. Ceferin tiene en Florentino y el Real Madrid a los enemigos que le pueden cortar su chollo, y no ha tenido reparo alguno en recurrir incluso a jefes de estado contra el proyecto de la Superliga. La reacción de casi todos los clubes y medios fue acojonantemente sorprendente por unánime.
  • Caso Negreira: es el único club que se ha personado en la causa judicial, que es algo que no entenderé jamás. ¿Acaso no fueron perjudicados todos los demás clubes? El Valencia, el Sevilla, el Villarreal, el Espanyol, que se fue a Segunda pese a demostrar en un juzgado que se habían manipulado imágenes en un partido que les perjudicó de manera notable.El Real Madrid ha solicitado cambios en el Comité Técnico de Árbitros, sigue dando cera cada semana con los vídeos que denuncian lo que el juez definió como «corrupción sistémica» de la competición, ¿y qué han hecho los demás clubes?

¿Por qué se oponen los 19 clubes a la postura del Real Madrid y no al Fútbol Club Barcelona? Hay un caso aparte, que es el Atlético de Madrid. Son el Milan del Moggigate, el cómplice necesario, favorecido por el hecho de que, para su afición, el antimadridismo siempre será mucho más popular que la oposición a la corrupción culé de la competición.

De hecho, en todo este tiempo, ni sus directivos, ni su entrenador han hecho una sola declaración sobre el caso Negreira. Sin embargo, Miguel Ángel Gil Marín contó con dos portadas en exclusiva (La Central Lechera, la Caverna Madridista, y todas esas falacias) para despacharse a gusto por una amarilla no sancionada en un Real Madrid-Atleti.

A este señor no le indignaron los pagos del Barça al vicepresidente del CTA, ni el incumplimiento de la normativa financiera de LaLiga, ni las inscripciones fraudulentas vía CSD del Barça, no: le indigna una supuesta amarilla porque el favorecido (en su obsesionada cabeza) era el Real Madrid. Sus odios y sus fantasmas son otros, y más después de Lisboa y Milán. Como cuando Simeone dijo que “la liga estaba peligrosamente preparada para el Madrid”… en una Liga que ganó el Barça. La 2015-16, años negreiros, un solo punto de ventaja para el Barça frente a un Madrid incapaz de ganar en muchos campos de España, pero que sí fue capaz de llevarse la Champions esa misma temporada.

Si aceptamos la rabia atlética como su motivación para callar y transigir, o por ser el plan B del sistema, es decir, arañar las Ligas en las que el Barça está mal, ¿qué ocurre con el resto de clubes? Salvo el Athletic de Bilbao y, puntualmente, el Sevilla y el Espanyol, los demás clubes siguen a pies juntillas las directrices de Javier Tebas, no se salen del guion establecido por este abogado con más rencor que millones. Y no son pocos los millones que se embolsa. Enfrentarse a Javier Tebas trae consecuencias y no todos quieren o pueden afrontarlas. El Athletic de Bilbao osó hacerlo el pasado verano, cuando presionó a LaLiga por el estricto cumplimiento del control financiero sobre el Barça para que no le levantaran a Nico Williams (recordemos esa presión al jugador, seleccionador, Lamine Yamal, las preguntas a Tebas sobre las bondades que traería a la competición su fichaje…) y ganó esa batalla. Este Barça medio quebrado no iba a llevarse a su máxima estrella por la patilla. Ahora se está dando cuenta de cómo castiga Tebas:

Parece como si los demás clubes tuvieran miedo a señalar y denunciar las malas prácticas del Fútbol Club Barcelona, y ni siquiera sé si Tebas tiene algo que ver o no en este modo de comportarse. Por ejemplo, esta misma temporada, con el comunicado de las peñas del Mallorca ante el pésimo arbitraje de la primera jornada en su enfrentamiento con el cliente único de Negreira:

No hay una sola mención al Fútbol Club Barcelona, algo que nunca falta cuando se trata de atacar al Real Madrid. Como hicieron las peñas del Villarreal tras jugar en el Bernabéu en un partido en el que, por cierto, hubo más errores en contra del Real Madrid que a favor:

La redacción es espantosa, pero no hay problema en señalar siempre al club blanco. Mi ejemplo favorito es de la cadena proculé ESPN, cuando quiso mencionar el episodio racista sufrido por Vinicius en el Camp Nou (aquel aficionado pronunciando el “macaco” a cara desscubierta, perfectamente visible, pero que, oh, lástima, no pudo ser identificado). El comunicado no solo puso que había sucedido en el campo del Elche, sino que, cuando se les pidió rectificar, mencionaron dos veces al Madrid y ni una sola al Barça. ¡Es puro Orwell!

Tiene que haber algo más y para mí, como casi siempre, basta con seguir la pista del dinero, ahí encontraremos la solución. ¿Qué pasó en la Liga italiana tras el Moggigate? Recuerdo a los que no conozcan este caso, que la Juventus de Turín fue desposeída de dos títulos (Ligas 2004-05 y 2005-06) y las sanciones definitivas se anunciaron en octubre de 2006. Apenas meses después del inicio de las investigaciones. La celeridad de la justicia italiana contrasta con la de la española, que tiene aún pendiente el inicio del juicio del caso Soule, cuya instrucción comenzó ¡en verano de 2017!

Aquello fue un descrédito importante para la competición italiana, para un campeonato que había sido el más potente de Europa durante los ochenta y buena parte de los noventa. Estadios vacíos, pérdida de derechos de televisión y patrocinios debido a la mala fama de los clubes y directivos, huida de los mejores jugadores, rebaja de salarios… La Liga italiana tardó más de diez años en volver a números positivos, y cuando lo hizo, fue con unas cifras modestas, más propias de campeonatos de segundo nivel, que es en lo que se convirtió durante un largo período. Según el Informe de Deloitte de 2019:

Y en cuanto a los ingresos, casi veinte años después, comienza a acercarse a los de Alemania o España. El Moggigate y tanto directivo mafiosillo pasaron factura al scudetto.

No es solo la corrupción de la competición, también la desigualdad puede hacer que caiga el interés de los operadores. Los derechos de televisión en Francia han sufrido un recorte relevante, debido a la falta de competitividad por el poder exagerado del Qatar Saint Germain, perdón, París Saint Germain.

Yo creo que la posición del resto de clubes de LaLiga española está determinada por este historial de los campeonatos más cercanos. Saben que el Barça merece un castigo ejemplar, pero también son conscientes de que ese descenso de una o dos categorías, unido al desprestigio de la competición, sería un lastre a la hora de negociar los futuros derechos de televisión. Y también saben que no podrían dejar al Real Madrid como único equipo grande, pues esa falta de equilibrio en la competición sería nefasta, como en Francia. Así que prefieren agachar la cabeza y tragar las indigestas píldoras de Tebas.

En el post de hace dos temporadas sobre el declive económico de LaLiga, incluí un cuadro sobre el peso que tienen los derechos de televisión en los ingresos de los clubes de Primera, y marqué en narana y rojo aquellos en los que superaban el 50% o el 70%, respectivamente. Clubes demasiado dependientes de esta fuente de ingresos que controla el equipo de Tebas.

En el primer trimestre de 2026 comienza la negociación de los derechos de emisión para el período 2027-2032, una vez concluya el contrato actual. Hay mucho miedo a una reducción severa de las ofertas. En Tebas y en la mayoría de estos clubes, muchos de los cuales no es que tendrían que ajustar sus plantillas y presupuestos, es que se encontrarían problemas de viabilidad. El actual es un buen contrato, y Javier Tebas está convencido del daño que una sanción al Barça conllevaría para esa renegociación de derechos, de ahí que gaste todos sus esfuerzos en criticar a Florentino por atacar “el Sistema”, la corrupción, la doble vara del CTA, la manipulación del VAR, etc. en lugar de atacar a quien ha comprado el sistema durante más de dos décadas o ha inscrito jugadores con falacias contables.

Y yo creo que es un error. Por eso, como madridista, pero también como amante del deporte, prefiero estar contra todo este sistema y contra todos los que lo mantienen.

Pdr Schz y el cambio de hora

Esta noche se ha cambiado la hora, hacia atrás. Aunque al presidente Sánchez le dio por agitar el debate de la conveniencia o no del cambio de hora, un debate que a buen seguro preocupa a los ciudadanos mucho más que otros asuntos, la cortina de humo no ha tenido demasiado recorrido. Hemos retrocedido en el tiempo, solo una hora, eso sí. Ya que el presidente Sánchez ha dicho en repetidas ocasiones que España avanza, que vamos como un tiro, me planteo el ejercicio de retroceder en el tiempo de la manera en que lo hacía Marty McFly en Regreso al futuro. Un año al menos. De hecho, la noticia con la que comienza este post es de hace un año, aunque podría ser de esta semana: por tercer año consecutivo, seguimos sin Presupuestos Generales del Estado, con la prórroga de los de 2023.

Aunque no haya presupuestos, debemos pensar que sí se ha logrado avanzar en los asuntos fundamentales, los que llenan los debates en el Consejo de Ministros y marcan la agenda del Congreso. Como la vivienda, octubre de 2024:

Ah, bueno, hace un año ya había preocupación, se decía esto, que había que mejorar cosillas y tal, y supongo que se harían referencias a las necesidades de poner viviendas de alquiler social en el mercado, ¿no? 26 de octubre de 2024, hace justo un año:

Es una pena que, habiendo fondos europeos para tantas necesidades, incluida la vivienda, permanezcan estancados, sin grandes avances, y los plazos sí que se acercan de manera inexorable. Todos esos fondos se perderán… como lágrimas en la lluvia¿o no? En octubre de hace un año no pintaba bien la cosa, y ya se han perdido fondos europeos por no haber podido sacar adelante las medidas exigidas por la Unión Europea para su obtención. Siempre esos «socios» ayudando.

Tampoco se ha logrado reducir prácticamente nada el número de licitaciones desiertas, que permitirían emplear los fondos europeos, y no se logra por las dificultades en sacar adelante cualquier proyecto en cualquier región o comunidad autónoma:

Al menos la recaudación fiscal va como un tiro, tanto en 2025 como en 2024. Las empresas, los trabajadores y los autónomos pagamos más impuestos, ya solo falta que se gestionen bien y que se contenga el gasto público superfluo, como decía el FMI hace un año:

Pues tampoco se ha avanzado mucho en este campo, o en la reducción de la deuda, pese a haber tenido unos años tan positivos en ingresos que podían haberse empleado, ya que no parecen mejorar los servicios públicos en ningún lado, sino más bien al contrario, para disminuir la deuda de manera drástica:

O en el de las pensiones, un debate que nadie quiere afrontar porque, quien lo hace, como en Francia, sale escaldado. El caso es que el problema que ya se vislumbraba hace un año, y tres, y cinco, sigue encima de la mesa. Pensiones crecientes, número de pensionistas en aumento y unas cotizaciones que no cubren el déficit.

¿En qué estaba metida la ministra María Jesús Montero hace un año?

Ah, en satisfacer a los socios de gobierno, a los que parece que de verdad mandan aquí. ¡Cuántos recursos consumidos, de tiempo y de dinero, para no cubrir nunca los requerimientos de unos tipos insaciables!

Es de suponer que algún ministerio sacaría adelante sus propuestas, como el de Trabajo. ¿A qué se dedicaba Yolanda Díaz con encono hace doce meses?

Vaya, a lo mismo a lo que se ha dedicado todo el 2025 sin éxito, a la reducción de la jornada, a la que ya le dedicamos varios textos en el blog, y a no plantear ninguna propuesta para reducir el absentismo, que sigue en cifras más preocupantes que hace un año:

Seguimos teniendo el mismo problema que hace un año… y veinticinco o treinta:

El panorama no es halagüeño, pero es de suponer que el presidente Sánchez, como hombre de acción que es, estaría pensando ya hace doce meses en cambios para mejorar lo que su entorno en el gobierno y en el partido no eran capaces de sacar adelante:

No sé, yo veo a los mismos de siempre. Incluso a Grande-Marlaska, quien, hace un año ya reconocía que no nos habían contado toda la verdad sobre el caso Delcy. Tampoco pasó nada, no se ha movido de su silla:

Koldo, Ábalos… los mismos nombres de hace doce meses nos aparecen en las noticias a diario, con un tufillo a finales de los ochenta o principios de los noventa que apesta. Con ellos sí que estamos de vuelta a la época de Marty McFly. Si hubiera estado fuera de España estos últimos doce meses, habría apostado porque al menos un cambió sí se habría producido:

Os he marcado la fecha. Curioso. Esperemos que en este tiempo, la relación del presidente con el poder judicial haya mejorado, porque el 18 de octubre de 2024 estábamos con estas:

Y ya sabéis, sabemos todos la respuesta: no ha mejorado. Así que sí, esta noche hemos retrocedido nuestros relojes una hora. Los avances en los últimos doce meses no parecen para tirar cohetes, por los socios, por su propia ineficiencia, por la falta de control del Parlamento, por el chantaje continuo de Puigdemont, por lo que sea (recordad El sueño trumpista de Pedro). Realmente no son doce meses, llevamos así desde el 23-J de 2023, y ya desde antes. Es comprensible que el presidente saque al debate el cambio de hora, aunque creo que ya solo a sus palmeros interesan estos debates. Una pena que no avancemos conjuntamente en lo necesario.

Relacionado: Mariano y el cambio de hora.

Islandia (IV): la Ring Road en autocaravana

No lo dudes. Si estás leyendo este texto porque tienes idea de recorrer Islandia y no te apetece nada alquilar una autocaravana porque nunca has conducido una, repito, no lo dudes, deja tus temores a un lado y hazlo. Yo me negué durante meses, por miedo a un accidente, por dudas, por desconocimiento, por la pereza que me daba un camping, por muchas razones. Busqué alternativas con coche de alquiler, hoteles, apartamentos o granjas que alojaban huéspedes, y al final, por logística, pero también por precio, terminé, terminamos, alquilando una. Y lo disfrutamos. No nos arrepentimos ni un segundo.

Las autocaravanas (motorhome) que se alquilan en Islandia tienen espacio para cinco adultos de manera cómoda, quizás hasta para seis personas si son menores, pero que la convivencia funcione dependerá de lo bien avenidos que estén en esa familia. La que reservamos nosotros medía 7,3 metros de largo y 3,2 de alto, un bicho grandote. La razón de que recomiende la autocaravana para visitar Islandia es que el país está muy preparado para ello: no hay pueblos de callejuelas estrechas como en España, no hay ramas de árboles en mitad de las carreteras, ni túneles o puentes bajos, hay campings en los principales destinos y los aparcamientos junto a los lugares de visita más importantes son amplios y con espacio suficiente para los que llegamos con esos monstruos de siete metros de largo.

La única pega es que no puedes recorrer las pistas forestales, ni meterte por ciertos caminos de cabras que llevan a lugares sorprendentes del interior, normalmente volcanes. Pero hay tanto por ver en la Ring Road, la carretera que da la vuelta a la isla, que solo ese recorrido merece mucho la pena. La variedad de paisajes es sorprendente: cascadas, praderas de un verde intenso, glaciares, campos de lava, volcanes, cráteres de volcanes inactivos, pueblos de pescadores, fiordos, acantilados, playas de arena negra… Un plató de rodaje único, como decía el post de Travis.

Comenzamos el recorrido en la capital, Reikiavik, y lo realizamos en el sentido contrario a las agujas del reloj. Algunos blogs de viajes indican que no es lo más recomendable porque ves lo más interesante (en teoría) al inicio y eso hace que el final del círculo pueda no resultar tan llamativo, pero nosotros seguimos el sentido habitual. Y no estoy de acuerdo con que el interés decayera en la última parte del viaje.

Hicimos un recorrido muy parecido al que figura en la web capturetheatlas.com y es una referencia bastante válida para organizar las etapas, si bien luego, como en casi todos los viajes, merece la pena improvisar un poco y salirse de esos caminos aparentemente establecidos.

El primer día, salvo que hayas volado temprano, que no es lo habitual, se te va el día entre la llegada al aeropuerto de Keflavik, la recogida de la motorhome y la adaptación a la misma. Dónde colocas todo, cómo organizas los lugares para dormir, quién se encarga de la cocina y quién de los suministros al llegar a un camping… Si los chavales no hubieran asumido varias de estas tareas, el agradable viaje se habría convertido en una pelea continua. Porque hay poco espacio, por mucho que parezca amplia, porque resulta imposible ducharse en ese cuarto minúsculo o ayudar en la cocina o el orden cuando ya hay alguien de pie junto al fuego.

Reikiavik no tiene la belleza de las grandes capitales nórdicas como Estocolmo, Tallin, Copenhague o San Petersburgo, pero tiene su encanto. Hace mucho que dejó de ser la ciudad que definió Julio Verne en su Viaje al centro de la Tierra, hace unos 160 años, una ciudad de campesinos y pescadores que vivían en casas con césped en el tejado y que comían “sopa de liquen, nada desagradable, por cierto, y como segundo plato, una considerable cantidad de pescado seco, nadando en mantequilla agria. Había, además, skyr, especie de leche cuajada y sazonada con jugo de bayas de enebro, y para beber, un brebaje compuesto de suero y agua, conocido en Islandia con el nombre de blanda”. Intenté repetir el menú del profesor Lidenbrock, pero solo encontré el skyr, yogur que ahora tiene su fama bien ganada entre los jóvenes por su alto contenido proteínico.

El llamado Círculo de Oro de Islandia es un aperitivo de la variedad de paisajes que vas a encontrar. Junto a la enorme falla de Almannagjá, donde se observa la separación de las placas tectónicas norteamericana y euroasiática de la tierra durante kilómetros, se sitúa Pingvellir, la explanada en la que se constituyó (dicen) el primer parlamento moderno, hace unos mil años, en el lugar en el que se reunían los jefes de los doce clanes de la isla para establecer las normas que habían de regir. En el camino encuentras cascadas como la de Gullfoss, una de las más espectaculares (frase que repetirás media docena de veces), el lago Pingvallavatn o el campo de géiseres de Geysir. Puede que géiser sea la única palabra del islandés que ha llegado a los idiomas más populares del mundo. Cada cinco o seis minutos, el subsuelo eructa y exhala un chorro de unos quince metros de altura en mitad de un campo en el que hay varias pozas malolientes más.

Si continúas el camino hacia el sur, a la península de Grindavik, te toparás con una de las coladas más recientes, de marzo de 2024, sobre la propia carretera, y junto a la Blue Lagoon, una de las atracciones que recomiendan en todas las guías, pero que puedes ver desde la cafetería sin necesidad de que te peguen un sablazo. Claro que, si lo que te apetece es un baño en aguas termales de un azul turquesa no natural (mejor leer sobre su origen), adelante, el sitio es de lo más original.

Campos de lava, lagos como Kleifarvatn, otro campo de pozas hediondas como Seltún, el sur tiene paisajes de lo más variado. Y por supuesto, impresionantes cascadas, como Seljalandfoss y Skogafoss. Dormimos en el camping junto a esta última, un camping al que la palabra austero le viene grande, pero el sitio es sobrecogedor, tanto como el sonido del agua cayendo durante toda la noche. Sí, nadie “cierra el grifo de la cascada” durante la noche y el caudaloso torrente se despeña durante las veinticuatro horas del día.

Como decía al inicio, a veces conviene salirse un poco del circuito establecido y nosotros encontramos una serie de lugares atractivos a pocos kilómetros de la ruta principal. Sitios como Keldur, uno de los pocos pueblos que conserva viviendas originales de los pobladores vikingos, o Viti, el cráter de un volcán inactivo. Si quieres una piscina de agua caliente (no tanto como las termales, pero muy agradable) en mitad de las montañas, desvíate hasta Seljvallalug. Las motorhome son robustas y aguantan ese camino infernal.

Antes de llegar a las playas de arena negra, bordeando el país por el sur, conviene desviarse a una de mis excursiones favoritas: la caminata al glaciar de Solheimajokull. Parece mentira que en un simple vistazo confluyan el negro de la arena, más bien cenizas volcánicas, con el blanco del hielo del glaciar. Todo ello junto a una laguna que refleja ese contraste tan… cinematográfico: blanco, negro y una infinidad de grises.

Dyrholaey, Vik, pero sin duda, la playa más famosa del sur es la de Reynisfjara, famosa por ser considerada la más peligrosa del mundo (de ahí que esté prohibido bañarse) y porque su paisaje, junto a la pirámide de columnas basálticas, ha sido difundido ampliamente por los seguidores de Juego de Tronos. El sonido de cada ola advierte del peligro, pese a lo cual, casi todos los años engulle a algún incauto.

Este post no pretende ser una guía de viaje, hay blogs mucho más extensos y detallados, pero sí intento ayudar con algunos pequeños detalles que a mí me llamaron la atención, como el camping de Skaftafell, el mejor para nosotros. Por el enclave privilegiado, junto al glaciar de Svinafellsjokull con el que inicio este post, por las facilidades, la amplitud del espacio, la belleza del entorno, ¡por todo! Merece la pena darse una vuelta por las montañas cercanas antes de dejar el camping, las cascadas de Hundafoss y Svartifoss, y a los pocos kilómetros de salir, dar una vuelta al pie del glaciar. Si tienes tiempo, por supuesto, merece la pena caminar por el hielo de Svinafellsjokull, claramente en recesión a juzgar por el rastro sobre las laderas de las montañas cercanas.

De vuelta a la Ring Road, terminas llegando a dos de los puntos turísticos principales de la isla, que están juntos, separados únicamente por una carretera y un puente bajo el que se puede caminar: la laguna de Jokulsarlon y la Diamond Beach. El que quiera saber más de este espectacular lugar y contemplar unas fotos profesionales inigualables, le recomiendo que se dé una vuelta por el blog de mi amigo Diego, Islandia en Los viajes de Lola Flores. La única pega de este lugar es el tiempo: lo normal es que haya viento, lluvia lateral, frío gélido, fuerte oleaje… Y unos paisajes increíbles: icebergs en el lago, figuras de hielo sobre la arena negra de la playa, los famosos “diamantes”, y colores de todo tipo. Tuvimos que ir dos días, porque el primero nos estrellamos con un tiempo tan hostil que desistimos, pero, como no hay mal que por bien no venga, nos permitió disfrutar de una de las bondades de la autocaravana: guarecerse, cambiarse de ropa de inmediato y ponerse algo seco… y ya de paso, calentarnos unas latas de fabada y comer calentito. Momentazo.

Ambos sitios merecen mucho la pena, en especial con un tiempo acogedor, como el que encontramos al segundo intento, en el que nos lanzamos a la excursión en vehículo anfibio por la laguna. Cara, pero, como dijo la guía, “el paisaje es único e irrepetible”, porque los icebergs cambian de forma y tamaño cada noche. Se desgajan partes, se derriten, se mueven, y en función de la luz y el momento del día, cambian de color.

A estas alturas del viaje, cuando comienzas a subir por el este, llevas la mitad de los días, pero apenas un tercio del camino recorrido y algunas guías recomiendan volver hacia Reikiavik, pero yo aconsejo lo contrario. Parar en el pueblo costero de Djupivogur, comer en alguno de los dos cafés-restaurantes con vistas al puerto y seguir, recorrer los fiordos del este, por muy impronunciables que sean sus nombres. ¿Que termina en fjordour el nombre del sitio? Pues adelante. Así hasta llegar a Egilsstadir o a Seydisfjordour, cualquiera de los dos es un buen lugar para descansar tras un día viendo acantilados y carreteras sinuosas de costa.

En la mayoría de los pueblos hay unas piscinas municipales de muy buena calidad, alguna excelente, con agua caliente. Por mucho que haya siete u ocho grados de temperatura ambiente, y por poco que te apetezca a última hora de la tarde, date un baño largo en la piscina local. A la media hora pasarás sin problema de la de 42 grados a la de 6, y de esta, tras uno o dos minutos, yo no aguanté más, de vuelta a la de agua caliente.

Si hubiera hecho caso de algún blog o de alguna recomendación, nos habríamos perdido todo lo que hay en el norte de camino al lago Myvatn, otro de los puntos referentes del país. Como la cascada Dettifoss, la más caudalosa de Europa. En los alrededores del lago, el cráter del volcán Viti, el apestoso campo de fumarolas de Hverir o el campo de lava de Dimmuborgir, cuyas formaciones realizan cuevas, arcos y columnas de todo tipo. Los paisajes son de lo más variado, con las aguas azul turquesa del lago, las montañas grisáceas al fondo, los llamados pseudocráteres de Skytos y, si tienes suerte, como nosotros, una aurora boreal a medianoche.

Los pueblos del norte tienen cierto atractivo, en especial por su ubicación, junto a profundos fiordos que se introducen en la tierra. Husavik es el pueblo de pescadores que aparece en la peli esa infumable de Fire Saga/Eurovisión, pero es un pueblecito agradable para perderse una temporada y salir a ver ballenas en barco. Según continúas por la Ring Road hacia el oeste, te encuentras paisajes marcianos en los que Matt Damon se perdería y otra enorme cascada más, Godafoss. Llegados a este punto, comienzas a ser consciente de que te queda poco viaje, aún varios centenares de kilómetros hasta devolver la motorhome, pero la sensación de tristeza al llevar tres cuartas partes de vuelta a la isla. Pero aún hay mucho por disfrutar. Si te desplazas más al norte puedes alcanzar Hofsos, junto a otro fiordo, un pueblo con la mejor piscina de agua infinita de la isla, y según comienzas a descender al sur, pasas por Akureyri o te puedes pegar otro chapuzón en mitad de una colina unos kilómetros antes. Aquí ya se habían cansado de poner nombres, y a la cascada la llamaron simplemente Foss.

El recorrido regala un último tesoro al viajero: la península de Snaefellsness, donde se sitúa el origen de la aventura de Julio Verne. Una vasta extensión que parece querer separarse del resto de la isla y que aglutina una belleza muy por encima de la media del resto del país, que ya era elevada. Nos encantó. Todo. La iglesia de mdera negra, el volcán de Julio Verne Snaefellsnessjokull con sus nieves perpetuas, el pueblo de Arnarstapi y sus formaciones sobre el mar, los campos de lava, las praderas, la vuelta por la costa y, finalmente, la llegada al camping. El único en el que tuvimos algún problema para encontrar una plaza, pero es que la zona es una maravilla y nosotros, para no perder las costumbres mediterráneas, nos presentamos cerca de las diez de la noche.

Día 10. Tocaba emprender el camino de regreso hacia Reikiavik, devolver la autocaravana, lamentarse por todos los sitios impactantes que no pudimos ver en el centro de la isla (¿queda para otra ocasión?), pero aún pasamos por otro de los lugares más fotografiados de la isla, de nuevo por Juego de Tronos: Kirkjufell y las dos cascadas. No he visto la serie, pero eso no me impidió disfrutar de las vistas, como de todo el país. Una maravilla, muy recomendable.

Travis – Islandia (I): un plató de rodaje único.

Josean – Islandia (II): caída y recuperación.

Barney – Islandia (III): el éxito del deporte en un país minúsculo.

Lester – Islandia (IV): la Ring Road en autocaravana.