Un trabajo en equipo (2ª parte), por Lester

Trabajo en equipo

(Continuación. Para volver a la primera parte, pulsa aquí)

Durante hora y media los cinco empleados estuvieron soltando ideas de todo tipo, en ocasiones lo primero que se les venía a la cabeza:

FERNANDO.- Yo contrataría a unos sicarios, son fáciles de encontrar. Conozco a un tío que conoce a otro que da palizas de encargo, que seguro que podría llevarnos a…

DIEGO.- Lo secuestramos, lo llevamos encapuchado y lo soltamos en mitad de la Cañada Real con su Armani y el reloj de seis mil pavos.

Pero en otros momentos de más lucidez algunos de los asistentes plantearon ideas que al menos en apariencia podían resultar coherentes:

ARANCHA.- No tenemos ni idea de cómo se planifica un asesinato, pero puesto que esto consiste en un ejercicio solo teórico (miró a Álex para asegurarse de que sus palabras eran ciertas), podíamos plantearlo como aquel juego del Cluedo en el que había que averiguar el lugar del crimen, el arma homicida y descubrir al asesino.

A todos les pareció un punto de partida excelente, y así fue como en menos de quince minutos la propia Arancha se encontraba escribiendo en la pizarra lo que sus compañeros le decían:

  LUGAR                                            ARMA                                         QUIÉN                

Casa de Don Marcelino           Escopeta de caza de Diego                Diego

Despacho                                   Caída por el hueco del ascensor      Arancha

A la salida del trabajo             Matones a sueldo                                Fernando

Gimnasio al que acude           Objeto contundente / pesa                José Antonio

Restaurante habitual              Envenenamiento                                Luisa

Como por arte de magia, de repente todos aportaban ideas y las compartían sin rubor, sugerencias que Arancha apuntaba de modo eficiente. Incluso asentían con interés a lo que alguno de sus compañeros proponía, aunque llevaran años sin hablarse.

JOSÉ ANTONIO.- Diego, tú sabes cómo funciona el ascensor, has estado varias veces con los de mantenimiento. Sé que a cualquiera de nosotros nos costaría asesinarlo a sangre fría, pero dejarlo inconsciente de un buen golpe no nos supondría tanto problema. Es así, Fernando, tú que eres tan impulsivo lo sabes. Una vez inconsciente sería relativamente sencillo llevarlo al hueco y soltarlo por allí. Podría parecer un accidente, no sería la primera vez que ocurriera en edificios de oficinas, y hablamos de cinco plantas, así que los golpes durante la caída sin duda disimularían el nuestro.

LUISA.- ¿Y dejarlo inconsciente con pastillas? ¿Sedado?

DIEGO.- Lo detectarían los análisis posteriores durante la autopsia.

LUISA.- Es cierto. ¿Y otras opciones, como envenenarlo? Todos los martes come en el O’Faro do Lugo, y los jueves en Casa Paco. No es descabellado pensar que pueda sufrir una intoxicación letal por consumir algún producto en mal estado. O un agente químico que nunca debiera haber estado allí. Ahora que estamos negociando con una empresa rusa, las sospechas caerían sobre ellos de inmediato.

FERNANDO.- Ja, ja, ja, los rusos. Yo les dejaba a deber varias facturas y les escribiría una carta como si fuera Don Marcelino hablándoles de que su producto era una mierda y no pensaba pagarles.

ARANCHA.- Pero dejarías muchas pistas, y eso no te garantiza que los rusos se lo fueran a cargar, como mucho le darían un buen escarmiento. Aparte de que creo que no todos los rusos son unos matones.

FERNANDO.- Te garantizo que estos con los que se mezcla Marcelino sí lo son.

Se centraron sobre todo en el mejor lugar para hacerlo sin ser pillados y en cuál sería el mejor sistema y el arma, porque ninguno se atrevía a hablar del ejecutor. Los cinco tenían un brillo especial en la mirada, pero sin duda alguna el que mayor brillo mostraba en los ojos era el propio consultor, Álex, que disimulaba una sonrisa de satisfacción.

ÁLEX.- Bien, señores, les quedan apenas veinte minutos, pero todos sus planes, aun siendo interesantes, contienen grandes errores. Es obvio que no se puede usar la escopeta de caza de Diego porque sería localizado de inmediato por las pruebas de balística. El hueco del ascensor me parece una idea fascinante, pero abriría una investigación en la compañía y no creo que la hipótesis del accidente resultara muy convincente. El envenenamiento o los matones rusos implican utilizar cómplices que dificultarían el logro, aparte de que no sería válido de acuerdo con las reglas que les marqué.

ARANCHA.- Un Farruquito.

No solo sus cuatro compañeros se quedaron mirándola, sino que el propio Álex dilató sus pupilas, aguzó el oído y observó atentamente a la mujer.

ARANCHA.- Planteemos un Farruquito. Un atropello mortal en la vía pública y luego el conductor se daría a la fuga.

LUISA.- Hay un sitio perfecto cerca de mi casa. Salgo a correr tres días por semana al pinar cercano al polideportivo de Pozuelo, y allí me he encontrado en varias ocasiones a Don Marcelino, que debe vivir cerca. Saca de paseo a su perro cerca de las nueve de la noche, cuando yo vuelvo, y cruza siempre por el mismo sitio, por mitad de una calle sin paso de cebra ni demasiada iluminación. Ni demasiado transitada a esas horas.

FERNANDO.- Suena bien, apúntalo, Arancha. Podría parecer un accidente fortuito en el que el conductor, acojonado, se da a la fuga. El problema de ese tipo de atropellos es que siempre acaban pillando a los responsables por los desperfectos que sufre el coche. Aunque pasen varios meses, como con Farruquito, al final los acaban pillando por algún resto del vehículo o por los talleres de chapa y pintura.

DIEGO.- Creo que hasta en eso tendríamos suerte. Ahora mismo tenemos abajo en el taller una de las furgonetas de reparto para reparar. Hace una semana tuvo un golpe con el frontal contra otro coche en mitad de una autovía. La típica colisión múltiple en cadena. Puesto que en unos días nos llega la pieza, se podría preparar el atropello con la furgoneta sin arreglar, y a continuación, de inmediato, volver a montar el frontal.

FERNANDO.- Joder, sé que es un juego, pero me estoy emocionando viendo que sería posible. Habría que tener cuidado con las cámaras que hay por todas partes en una ciudad, en cualquier sitio.

LUISA.- En la zona que os digo solo hay un cajero automático al exterior, justo antes de la curva. Y esas son las primeras cámaras en las que la policía busca pistas siempre. Puede que identificara la matrícula de la furgoneta, pero no lo veo probable.

JOSÉ ANTONIO.- Sé que lo que voy a decir no es muy correcto, pero Diego y yo sabemos cómo doblar unas placas de matrícula porque tuvimos que hacerlo hace varios años.

DIEGO.- No me lo recuerdes, joder, qué tiempos aquellos. Pero sí, claro que es posible. Y te digo más, yo buscaría doblar una matrícula de alguna furgoneta similar ya retirada de circulación. En el desguace del Rubio sería sencillo localizarla y si algún día se llega a sospechar, la policía pensaría que el asesinato lo cometió alguien con un vehículo teóricamente retirado de la circulación, delincuentes de poca monta. Algo casual, no premeditado.

El consultor llevaba varios minutos en silencio contemplando a los cinco urdidores del asesinato y tratando de disimular su sonrisa, pero decidió intervenir al ver que se hacía una pausa, como si el objetivo ya estuviera cumplido:

ÁLEX.- Muy bien, señores, veo que son capaces de todo, incluso de cargarse a alguien, o de hacer algo más complicado en su caso, como es trabajar en equipo. ¿Pero no creen que se les olvida algo más?

ARANCHA.- Los móviles. Estamos hartos de ver esos programas de investigación de asesinatos en los que te cuentan cómo la policía ha dado con los delincuentes, y veo que casi siempre está relacionado con el seguimiento de los móviles y su posición. Una vez que investigan quiénes podrían ser los sospechosos, aunque apenas haya indicios, se ponen a rastrear sus móviles durante el día del crimen y los días anteriores y posteriores. En ocasiones es como un libro abierto, los asesinos están diciendo a las claras a la policía: «sí, agente, estuve allí el día del crimen. Y el anterior para planificarlo, y el siguiente para destruir pruebas».

JOSÉ ANTONIO.- Joder, pues claro, el supuesto ejecutor no podría llevar el móvil encima.

ÁLEX.- Ahí es donde quería llevarles yo. Y no me refiero a su teoría, Arancha, que me parece perfecta y una reflexión muy acertada, sino que quería llevarles a la figura del ejecutor, esa que ustedes han esquivado desde el principio de este juego.

Se hizo el silencio durante unos segundos. Los cinco se cruzaron las miradas sin decir nada, pero estaba claro que todos buscaban al compañero más adecuado al que señalar.

ARANCHA.- Tendría que ser alguien sin un motivo aparente, sin un móvil, alguien que no se beneficiara de la muerte de Don Marcelino.

LUISA.- Yo no podría ser, puesto que no tengo carné de conducir. Pero ayudaría encantada en el resto de tareas.

JOSÉ ANTONIO.- Yo tampoco podría ser, pero prefiero no contar mis razones. En mi caso, habría un móvil claro.

FERNANDO.- ¡Pero vamos a ver, José Antonio, aquí no hay secretos, que nos estamos jugando nuestros puestos de trabajo! Si no lo haces tú, lo voy a contar yo y que…

JOSÉ ANTONIO.- ¡No se te ocurra decir ni una palabra, hijo de puta!

ÁLEX.- ¡Eh, eh, eh, señor Pérez, le llamo al orden, modere su vocabulario! Y le recuerdo lo que se juegan ustedes hoy. Aquí, en esta mesa, en los próximos minutos. Si usted renuncia ya a su puesto de trabajo, puede levantarse y marcharse, nada se lo impide. Me ahorrará parte de mi ingrato trabajo y en unas horas, mañana mismo, recibirá su finiquito.

José Antonio agachó la cabeza, sabedor de lo que estaba por venir.

ÁLEX.- Continúe, por favor (señalando a Fernando con el mentón).

FERNANDO.- El presidente de la compañía, Don Agustín, tiene dos hijos: Don Marcelino, al que ya ha visto usted cómo nos gustaría atropellarlo, dispararlo o lanzarlo por el hueco del ascensor, y un joven que está apartado de la familia, de nombre Emilio, que se convertiría en el heredero único de Don Agustín. Emilio es…

JOSÉ ANTONIO.- Mi marido. Desde hace cuatro años.

«No jodas» fue la frase que más se oyó sobre la mesa.

LUISA.- ¡Lo sabía! Bueno, no que estuvieras liado con Emilio, sino que eras «diferente», «especial». Siempre lo sospeché.

DIEGO.- Joder, qué de cosas estamos aprendiendo hoy. Bueno, pues eso nos deja solos a Arancha, a Fernando y a mí.

ARANCHA.- En mi caso, yo tampoco debería ser, puesto que podría haber una ligera sospecha hacia mí, ya que… hace años… (se le quebró la voz). ¿Recordáis aquella baja de tres meses que tuve hará cosa de un par de años? Pues bien, no fue una baja sino una suspensión de empleo y sueldo por… (se le escapó una lágrima)… fue como represalia por una denuncia que interpuse contra Don Marcelino. Y de verdad que preferiría ahorrarme los detalles. Me tragué mi orgullo, retiré la denuncia y volví al trabajo. No podía perder el sueldo, es lo único que tenía. Ahora bien, con este juego macabro que se ha inventado usted, señor, no dejo de pensar en si hablamos de solo un juego o sería posible llegar más allá.

FERNANDO.- Joder, Arancha, yo lo haría por ti. Además, bastante tiene Diego con conseguir la furgoneta, desmontar el parachoques, volverlo a montar, conseguir las placas,… Yo lo haría. Además, hace años atropellé a un perro por accidente y me sentí fatal, pero fui capaz de seguir con mi vida. A los pocos días se me había pasado.

DIEGO.- No compares, estamos hablando de cargarnos a un tío, ¡a Don Marcelino!

FERNANDO.- Lo sé, y con más razón lo digo. Siento por los animales un cariño y un afecto que evidentemente no siento por ese hijo de la gran puta que tenemos por jefe.

Se hizo un nuevo silencio. Álex miró su cronómetro y dijo en voz alta:

ÁLEX.- Perfecto, se cumplen ya las dos horas. Señores, señoras, debo felicitarles por su gran trabajo, me han sido de gran ayuda.

En ese preciso instante llamaron a la puerta. Sin esperar respuesta, la misma persona la abrió. Era Doña Matilde, la octogenaria secretaria del presidente de la compañía.

DOÑA MATILDE.- Sr. Schwartz, el presidente le recibirá en estos momentos y le comunicará la decisión del Consejo.

ÁLEX.- Muchas gracias, Matilde, voy para allá. (Se levantó, recogió sus notas y se dirigió a los presentes). Acostúmbrense a mi cara, porque sospecho que me van a ver mucho por aquí.

Salió con gesto satisfecho. Los cinco compañeros, la cuadrilla de la muerte, los cómplices de planificación de asesinato, se quedaron perplejos.

FERNANDO.- ¿Qué coño está pasando aquí?

La puerta se abrió de nuevo, pero esta vez no hubo llamada previa. Se abrió con fuerza, con violencia. Era Don Marcelino.

DON MARCELINO.- ¡La reputa madre que os parió, por fin os encuentro! ¡Llevo dos putas horas buscándoos por todas partes y nadie sabe decirme dónde cojones os habíais metido! Con la de cosas que tenemos que hacer, con la de pedidos y llamadas que estamos teniendo, me gustaría saber qué hostias estáis pensando aquí todos juntitos, ¡venga, moved el culo, rápido!

Acostumbrados como estaban a las reprimendas de Don Marcelino, se levantaron de un salto y mientras abandonaban la sala, solo Diego se atrevió a decir:

DIEGO.- Pero fue Álex Schwartz quien nos dijo que usted…

DON MARCELINO.- ¿Y quién coño es Álex Schwartz? Venga, a ponerse al día ahora mismo, y hoy no salís de aquí hasta que recuperéis todo el trabajo atrasado, ¡¿está claro?!

Los cinco recuperaron su rutina habitual y un ritmo de trabajo algo más apresurado de lo que era costumbre en ellos, pero en cuanto Don Marcelino entró en su despacho, se cruzaron las miradas, unas miradas de las cuales emanaba un brillo especial, un reflejo fugaz y luminoso, desconocido apenas dos horas antes.

 

Rusia 2018 (y II): ganó la Unión Europea

Francia África

Josean, 20/07/2018

¿Afirmación o pregunta? Ganó la Unión Europea, o ¿ganó la Unión Europea?

Durante la segunda de las semifinales del Mundial de Rusia, disputada entre Croacia e Inglaterra, recibí una imagen publicada en Twitter por el periodista Jon Erlichman que recordaba todas aquellas marcas o productos que no existían la última vez que Inglaterra había llegado a unas semifinales de Mundial, allá por el lejano 1990:

Erlichman

Y el bitcoin, Tesla, Whatsapp, Airbnb, Uber, la Wikipedia, los emoticonos,… Podemos, JuntsxCat o el Movimiento Cinco Estrellas. Hoy en día no concebimos la vida sin estas marcas y sus productos, pero como muchos tuiteros recordaron al periodista, en 1990 tampoco existía… Croacia. La pequeña república de los Balcanes declaró su independencia en 1991 y desde el principio de su nueva existencia dejó claro su afán por apartarse de la antigua órbita soviética e integrarse en la Europa de la Unión. Solicitó su ingreso en 2003 y se convirtió en el 28º estado miembro de la Unión Europea en 2013.

Por esta razón (y por muchas otras, pero del ámbito futbolero y no político) celebré que Croacia le diera una patada en el culo a los ingleses y los mandara a su casa. ¿No queríais Brexit? Pues venga, de vuelta a vuestras islas del Reino Unido, a seguir dándole vueltas a esa salida blanda o dura de la Unión Europea, que con todos sus defectos, burocracia y limitaciones, seguramente será preferible a lo que supone la separación. Un país de 4 millones de habitantes que está haciendo serios esfuerzos de modernización se impuso a una potencia industrial y económica consolidada como Inglaterra. De castigo, a los ingleses les tocó lidiar con Bélgica para mejorar su posición final, pero tampoco les fue bien. Si todo esto era una metáfora, la verdad es que salió cojonudamente bien.

48344_1_Belgistan300Los belgas son una especie aparte, un país extraño, o dos países extraños bajo un mismo nombre, como tan bien explicara el periodista Jacobo de Regoyos en el libro Belgistán. Que las sedes de las principales instituciones de la Unión Europea estén en un país que se desintegra, desunido y con unas crisis institucionales que ríete de las españolas o las italianas no deja de ser otra enorme paradoja.

Los Mundiales de fútbol tienen muchos momentos fascinantes, y entre ellos están los minutos previos al partido, con los himnos nacionales. Puede que digan mucho acerca de cada país y cómo viven su nacionalidad. Tienes que ser más frío que Putin bañándose en un glaciar para no emocionarte con el himno de México, Colombia o con La Marsellesa. De los belgas solo cantaba la mitad de los jugadores, no sé si los flamencos o los francófonos. Pero funcionaron muy bien como selección, igual que lo hacen (aparentemente) como país. En España tenemos de todo, como siempre, a Ramos buscándose la rabadilla con la nuca y a Piqué mirando al suelo con cara de cabreo, mientras nuestros seguidores se suman al jolgorio con el «lolololo».

El Mundial se lo llevó Francia. La figura emergente en los últimos tiempos en la Unión Europea ha sido sin duda el presidente galo, Emmanuel Macron. «Ante los grandes trastornos del mundo«, dijo en su discurso de abril de 2018 en el Parlamento europeo, «necesitamos una soberanía mayor que la nuestra, complementaria, una soberanía europea«. En época de nacionalismos exacerbados y ansias de mayor poder local, sorprende un discurso como el suyo, basado en la cesión de soberanía a las instituciones europeas.

Francia Mundial 2018

Otra parte relevante de su discurso se centró en la necesidad de controlar e integrar los movimientos migratorios. Si quería mandar un mensaje al mundo sobre las bondades de la integración, la selección nacional de Francia es el mejor escaparate posible: 14 de los 23 jugadores seleccionados nacieron en África o son descendientes directos de africanos (el chiste gráfico de Topete GLZ es magnífico como descripción). Kylian Mbappé es hijo de camerunés y argelina, Pogbá es de origen guineano y los padres de Dembelé son de Mali y Senegal. De Mali también son los ascendientes del «genocida del oxígeno» Kanté y de Sidibé, y los de Mendy son senegaleses. Los de Rami son marroquíes y los de Fekir, argelinos. El padre de Kimpembe es natural de la República Democrática del Congo, al igual que el de Nzonzi. La madre de Tolisso es de Togo y el puzle se completa con otros continentes: el padre de Varane es de Martinica y Lemar nació en Guadalupe. Pues ahí ha estado el mérito de la selección francesa, en hacer que orígenes tan dispares lucharan por un interés común superior.

La lista

¿Qué pasó con los alemanes, los que «mandaban» en el fútbol y dirigían los designios de la Unión Europea? Pues quizás los sobrevaloramos, como hemos hecho siempre. Que si son muy currantes, hiper profesionales, meticulosos, que no hacen trampas,… pues con el caso Volkswagen creo que se nos han caído varios mitos. En el Mundial se los cepillaron los surcoreanos, esos a los que miraban con aire de superioridad germana. Sí, sí, los mismos de Hyundai, menudo bajón de autoestima.

Peor ha sido lo de Italia, cuya selección anda tan perdida como el país tratando de formar gobierno. No sabe si tirar hacia el juego de toque a lo Prandelli o volver al catenaccio que siempre le funcionó. No sabe si dejarse llevar por el Movimiento Cinco Estrellas o por la Liga Norte. Cambian de presidente con más frecuencia que de seleccionador, y así andan, despistados.

Pese a que las potencias europeas tradicionales no han competido al nivel esperado, el Mundial ha sido dominado por los equipos europeos: los cuatro semifinalistas y seis de los ocho cuartofinalistas. Las potencias emergentes no terminan de arrancar, como ha ocurrido una vez más con África. Brasil, el gran país emergente de Sudamérica del que tanto se esperaba, ha vuelto a ser un bluff. Su figura, Neymar, ha resultado ser como Lula, amado y denostado a partes iguales. Se esperaba mucho de ambos, pero han terminado juzgados y condenados por corrupción, económica la de uno, antideportiva la del otro.

Putin

Como todos los eventos deportivos de nivel internacional, el Mundial ha sido una magnífica publicidad para el organizador, la Rusia de Vladimir Putin, esa dictadura vestida de democracia. El ex campeón del mundo de ajedrez Garry Kaspárov lleva años escribiendo artículos enormemente duros con el presidente ruso. En World Cup 2018 and the ugly side of the beautiful game señala que dictadura «es la única descripción adecuada cuando un hombre mantiene el poder total sin oposición durante 18 años».

El artículo es muy crítico con el uso que hace Putin del Mundial o de los Juegos de Sochi hace cuatro años, los más caros de la historia, cuando Rusia es un país sin mucho dinero para sus clases medias. Recuerda Kaspárov que mientras los oligarcas rusos compran equipos de fútbol en Inglaterra o propiedades inmobiliarias en Miami, una mayoría de rusos vive con menos de 500 dólares al mes. El gasto público para construir los estadios y mejorar las infraestructuras hoteleras ha sido tremendo, pero ha servido para que los aficionados nos quedemos con las imágenes espectaculares, no con lo que indica el ajedrecista: «es una colorida distracción para cumplir el mandato cleptocrático: privatizar los beneficios, nacionalizar los costes».

Estadios

Sin embargo, el económico es solo uno de los numerosos inconvenientes que llevan al autor a destacar el «lado feo» del Mundial. El uso de prisioneros para la construcción de los estadios o de inmigrantes en condiciones laborales precarias, la restricción de derechos y libertades, los niveles de corrupción, que se unen a los habituales en la FIFA, el escándalo de dopaje de los atletas rusos, son otros de los problemas mencionados en el artículo, que concluye con una frase que comparto plenamente:

«We can support the beautiful game without supporting the world’s ugliest regimes».

«Podemos apoyar este hermoso juego sin necesidad de apoyar a los regímenes más horribles del mundo».

Catar en 2022 será la siguiente parada de esta dicotomía entre lo que amamos del juego y lo que detestamos de su entorno, de los millones que mueve y la vileza de sus dirigentes.

presidenta-croacia-mundial

Termino ya con algo menos serio. No sé qué ideología tendrá, ni si es o no una buena dirigente, pero para mi país quiero una presidenta tan cariñosa y simpática como la de Croacia.

Cara Josean

 

 

 

 

Rusia 2018 (I): las cifras

Estadio Luzhniki

Josean, 14/07/2018

A punto de terminar el Mundial de Rusia 2018 y ya que los amiguetes han dejado diferentes análisis futboleros, ya sea en modo deportivo (Barney y el odio a Neymar  o a las modas absurdas), actoral (Travis y su manía a los estrellitas) o en forma de relato (Lester para Historias de fútbol), no podíamos dejar de lado los análisis económicos ni geopolíticos (para la segunda parte).

Afortunadamente, como ya dije en la final Real Madrid-Juventus, esto es fútbol y no matemáticas, Sigue leyendo

Las modas del Mundial, por Barney

 

Argentina v Croatia: Group D - 2018 FIFA World Cup Russia

Solo quedan cuatro partidos para que acabe este Mundial de Rusia, las semis, la final y el intrascendente partido por el tercer puesto, y como en casi todos los campeonatos encontramos algo nuevo, un invento de los entrenadores, lo cual no significa que aporte nada especial ni que vaya a ser un descubrimiento perdurable más allá del mes de julio.

El invento de este Mundial es el «trenecito doble» en el punto de penalti. Lo habréis visto todos los que sigáis el Mundial: llega un córner y entre ocho y diez jugadores se concentran en los dos metros cuadrados alrededor del punto de penalti. Los atacantes mirando hacia portería y los defensores empujando frente a ellos. Agarrones, empujones, peleas por la cercanía al rival, el árbitro que advierte de un penalti que nunca va a pitar, y en cuanto el balón se pone en juego cada uno de los ocho jugadores sale disparado en una dirección, unos buscando el balón, otros bloqueando a sus defensores y estos tratando de evitar el remate. El resultado ha sido dispar, no creo que haya mejorado el porcentaje de remates de córner, ahora que se mide todo en estadísticas.

Colocación córner

Sobre lo que quería llamar la atención es sobre las modas en este tipo de campeonatos. No sé qué equipo fue el primero en hacerlo, pero de repente, de la noche a la mañana, lo hacen todas las selecciones, cuando se supone que debería ser algo que se ensayara en los entrenamientos. Es como si Roberto Martínez hubiera visto a los de Tite, que a su vez se lo vieron hacer a los de Deschamps, que vieron que a los de Southgate les funcionó contra Panamá, que…

Ya no recuerdo en qué Eurocopa fue, si en la de 2016 o en la de 2012, se puso de moda sacar el córner en corto, que un compañero la pisara y que el mismo que sacaba el córner centrara a la olla. ¡No aportaba nada al juego y de repente lo hacían todos los equipos! De verdad que quise entender a quién se le había ocurrido la soplapollez, pero duró poco la moda. Ese campeonato, concretamente.

Que conste que no estoy en contra de las novedades, es más, creo que el fútbol está muy necesitado de ellas, sobre todo en el Reglamento (algún día volveré a hablar de ello), pero lo que me repatea son las bobadas sin sentido, tanto como los gilicórners que terminan con el balón cada vez más lejos de la portería contraria, más lejos, más lejos, hasta finalizar en el área propia, como he visto alguna vez a esos integristas de la posesión.

Milinko PanticA veces hay equipos con jugadores con alguna virtud especial que hay que explotar, como aquellos años del Atleti de Milinko Pantic, cuando una decena de jugadores se peleaba por el espacio junto al primer palo por los balones que el serbio con enorme calidad. Visto desde lejos llamaba la atención tanto como el «trenecito doble» de Rusia 2018, pero era una novedad que aportaba mucho al juego. No sé la cantidad de goles que metió de ese modo el Atleti.

Luego están las modas chorras que se supone que aportan algo que mejora las prestaciones de los jugadores. ¿Os acordáis de las tiritas para la nariz? Eurocopa de 1996, prácticamente no había jugador que no la llevara. «¡Cómo hemos podido jugar tantos años sin una tirita en la nariz!», nos preguntamos algunos. La moda también fue efímera, yo creo que duró lo que el primer paquete de tiritas que se compraban los futbolistas.

Tiritas en la nariz

Otro año, a principios de los noventa, la moda fue usar unos calentadores de muslos de color fosforito chillón: rosa, amarillo, fucsia, verde,… de cualquier color que no fuera el original de la selección. Era hortera y visualmente horrendo, sobre todo por la tele. «Es por estética gilipollesca», discutía con amigos. «No, qué va, dicen que la musculatura calienta antes y se evitan lesiones». Bueno, pues meses después no había calentadores (prohibidos por una norma de la FIFA) y que se sepa no hubo un aumento de lesiones.

Aunque si hablamos de estética, creo que no ha habido una época peor que la presente, en la que los jugadores parece que consultan con sus asesores de imagen antes de saltar al campo: botas rosas fosforito o de distintos colores, tatuajes por todo el cuerpo, que publicitan en los medios cada vez que añaden uno a su colección, cortes de pelo imposibles incluso para el encuentro Donald Trump-Kim Jong Un, cejas depiladas, maquillaje, ¡sí, maquillaje!, barbas curradísimas y tremendamente incómodas,… No puedo con estas bobadas. Es en esos momentos cuando más añoro a los futbolistas de antaño, como Santillana, el héroe de wéstern al que dediqué mi debut en La Galerna. Quedan pocos futbolistas así en el fútbol actual y en este Mundial. Razón de más para que me encante Luka Modric, el croata feo, narizotas y de pelo lacio, cuyo juego es fútbol en estado puro sin toques intrascendentes. Owen Wilson, como decía Travis en Si los futbolistas fueran actores.

El fútbol de ahora es mucho más completo… en gilipolleces, como decía este chiste de El área de Bernal:

El área de Bernal

Recuerdo un jugador que llegaba tarde a todas las modas: Caminero, el ex del Valladolid y el Atlético de Madrid. En aquella Euro del 96 fue el último jugador en lucir la «milagrosa tirita dilatadora», y de los que se pusieron los calentadores rosa justo antes de que los prohibieran. Recuerdo que cuando se puso de moda no celebrar los goles contra tu ex equipo o pedir perdón, se le olvidó hacerlo en un partido con el Valladolid. Salió corriendo, dio un salto con el puño en alto, y según aterrizaba debió de ver los caretos de la gente y empezó a pedir perdón: «huy, lo siento, lo siento, que la moda es hacer que siento haberos enchufado un chicharro».

Don Balón.jpg

Y una más a la que recuerdo que llegó con retraso (y con esta palabra no insinúo nada). Cuando la moda consistió en llevar un mensaje escrito en la camiseta interior, se ve que Caminero no lo llevaba preparado y tras marcar frente a Francia se levantó la camiseta luciendo un nombre ininteligible escrito a boli y torcido que apenas se entendía. No he sido capaz de encontrar la foto (apenas la del Don Balón de arriba), pero quedaba cutre, muy cutre. Algo mucho más primario que el precioso homenaje de Iniesta a su amigo Dani Jarque en la final de Sudáfrica.

Iniesta Jarque

Se acaba el Mundial, no nos queda nada. Algunas cosas buenas nos está dejando, como el VAR, si es que en España somos capaces de lograr que funcione sin manipulaciones, o la demostración palpable de que la posesión sin velocidad ni profundidad no sirve de nada. Los tres equipos con mayor porcentaje de posesión (España, Alemania y Argentina) se fueron a casa a las primeras de cambio. O que se ha visto que Luis Suárez va a tener problemas para no acabar expulsado en cada partido. Pero lo que sin duda me congratula es que parece que se ha puesto de moda (por fin) criticar a los jugadores piscineros que se dejan caer al mínimo soplido en el área, cuyo máximo exponente es el brasileño Neymar. La moda es destacarlo ahora y criticarlo, cuando lleva toda su puñetera vida profesional haciéndolo. Pues aunque sea tarde, celebro esta nueva moda como uno de los grandes hallazgos del Mundial.

Aquí dejo mi pronóstico realizado antes de las eliminatorias. Fallé Inglaterra, porque puse Colombia en su lugar y no faltó mucho. A ver si acierto esa final inédita Bélgica-Croacia. Me encantaría, dos equipos de moda con jugadores alejados de las modas chorras.

 

 

 

 

El bigote de Kim

Vilfort

La pequeña Line acarició el bigote de su padre y le dio unos cariñosos tirones. Le encantaba agarrar un mechón y retorcerlo entre las yemas de los dedos. Por absurdo que pueda parecer, aquel bigote representaba para ella la seguridad. Era el bigote que en cada beso, estuviera dormida o despierta, le raspaba suavemente la cara como recordándole «eh, cariño, estoy aquí», el mismo bigote que reconocía con rapidez entre la multitud, ya fuera en el colegio o en el hospital.

Con la cabeza apoyada en la almohada, Line esbozó una sonrisa, le miró fijamente a los ojos y susurró:

– Vuelve con ellos y hazlo. Es tu sueño y me encantará verlo por la tele.

A Kim, el tipo duro de metro noventa, el fornido jugador de la selección danesa de fútbol que nunca se quejaba, se le saltaron las lágrimas. Los últimos resultados de los análisis no habían sido los esperados y la pequeña Line no respondía al tratamiento para combatir la leucemia. Demasiados parámetros fuera de lo normal para un cuerpo de apenas seis años.

Esa misma tarde Kim tomó el avión que le llevaría de vuelta a la concentración de la selección en Gotemburgo. Por la ventanilla miró al Báltico sin entender muy bien qué hacía sentado en esa butaca en lugar de estar junto a la cama de la pequeña. «Cumplir sus deseos», trató de justificarse. El color de las aguas, entre azul y gris, le recordó su mirada.

Cuando llegó al hotel, sus compañeros le abrazaron, le besaron, le dieron palmadas en la espalda y le gritaron de todo para animarle. El portero titular, el gigantón Peter Schmeichel, fue el último en abrazarle, con su característica sonrisa:

– Dijiste que volverías para la final, cabronazo.

– Bueno, no me fiaba de vosotros.

– ¿Acaso lo dudas? -soltó Peter con convicción.

Nadie esperaba que la selección danesa se clasificara para las semifinales de la Eurocopa de 1992, y menos  aún Kim Vilfort. En realidad ni siquiera les esperaban en Suecia, porque durante la clasificación para el campeonato habían sido segundos de grupo tras Yugoslavia. Sin embargo, diez días antes del inicio del torneo y cuando algunos jugadores daneses llevaban ya unos días de vacaciones, la ONU vetó la presencia de equipos yugoslavos por las guerras en los Balcanes.

Dinamarca confeccionó una selección en apenas diez días. No fue complicado pues apenas tenían jugadores para elegir: Schmeichel y diez más. Los que estuvieran localizables ocuparían el banquillo.

Los dos primeros partidos, como era de esperar, dejaron a Dinamarca medio eliminada. Un empate y una derrota. Tras el segundo partido Kim decidió volver con Line y con su familia, la hermosa Minna y el inquieto Mikkel. Quiso animar a sus compañeros con esa frase que ahora le recordaba Peter:

– Serán unos días, no quiero perderme la final.

Kim no confiaba en que sus compañeros lograran derrotar a la poderosa Francia de Papin, Cantona y Deschamps, y clasificarse para las semifinales. El invitado inesperado. El rival sería Holanda, la campeona, la naranja mecánica repleta de superclases como Gullit, Van Basten y Rijkaard. «Lo normal sería que nos triturasen», pensó Kim, «pero… esto es fútbol».

El partido acabó con empate a dos tras el cerrojazo danés y la portentosa actuación de Schmeichel. Tras cada una de sus paradas, levantaba el puño y animaba a sus compañeros con una determinación contagiosa.

Llegó la temida tanda de penaltis. Schmeichel detuvo el de la estrella holandesa Van Basten. A Kim le tocó lanzar el cuarto. El portero holandés, Van Breukelen, un tipo mal encarado, intentó sacarle de sus casillas, como había hecho con sus compañeros. Pero Kim estaba en otro mundo. Juntó el pulgar y el índice de su mano derecha bajo la punta de la nariz y comenzó a separarlos lentamente mesándose el bigote hasta llegar a la comisura de los labios. Era un gesto que repetía con frecuencia. Al final del movimiento abría la boca en lo que podía interpretarse como una sonrisa.

Lanzó el penalti con convicción y lo anotó. Como le espetó Schmeichel al celebrar la clasificación para la final:

– Ese energúmeno tocándote los cojones, y tú vas y te ríes en su cara.

De inmediato Kim pensó en Minna y en Mikkel, que estarían viéndole por televisión, pero sobre todo se acordó de Line postrada en la cama.

La final se disputaría en el mismo estadio cuatro días después contra Alemania.

– No tenemos nada que hacer, pero ya que estamos aquí, ¿qué tal si terminamos el trabajo? -dijo el veterano central Olsen.

La convicción de que podían lograr la proeza se fue adueñando de todos ellos, sensación que aumentó cuando Jensen anotó el primer gol desde fuera del área. El resto del partido fue un monólogo alemán tratando de penetrar en la sólida defensa danesa. Las manos milagrosas de Schmeichel hicieron el resto.

El cansancio empezaba a notarse en las piernas de los daneses. Quedaban pocos minutos de la segunda parte cuando un balón rebotado cayó cerca de Kim. Era la oportunidad. Estaba tan fundido que no llegaba al balón, así que se lo acomodó ligeramente con el brazo, con tal fortuna que el árbitro no lo vio,  y recortó hacia el centro. Tenía el balón para chutar con su pierna mala, la izquierda, pero estaba tan cansado que no podía dar un paso más, así que le pegó con el alma. Le salió perfecto, junto al palo izquierdo de Illgner, que no alcanzó a detenerlo. Dos a cero, quedaban apenas diez minutos y no había dudas de que Dinamarca sería campeona por primera vez en su historia.

Ochocientos kilos de equipo danés se abalanzaron sobre Kim formando una montaña humana. Las lágrimas de emoción se fundieron con sus lágrimas de alegría y dolor al pensar en Line, a la que imaginó frente al televisor tratando de encontrar el bigote de su padre entre esa maraña de jugadores, su pequeña Line de la que ya no se separaría en la semana de vida que su cuerpo aguantó.