El Real Madrid ganó la Supercopa de España de baloncesto el domingo pasado en Vitoria contra el eterno enemigo, el Barça. El marcador fue contundente, 99-78. Hasta aquí todo perfecto, un título más, una paliza a unos rivales que venían muy crecidos y que nos birlaron la liga hace apenas 3 meses, y una alegría en este deporte después de la decepción del Mundobasket. Da gusto ver jugar a Llull a ese nivel, me recordó al de la victoria en la final de Copa del Rey de hace dos años en el Palau Sant Jordi (74-91). La pena es que no sea más regular a ese nivel.
Pese a la satisfacción por la victoria, me va a salir un post parecido al de la Supercopa de Europa de fútbol: «Pues no creo que lo celebre demasiado». Se están cargando el baloncesto, igual que se están cargando el fútbol. Si acabas con la igualdad, matas la competición. Y en ese camino de destrucción andan metidos Florentino y los distintos presidentes del Barça, el actual y todos los que han dimitido por los escándalos legales y fiscales. Ojo, que no estoy defendiendo al «nuestro» y comparando, que de escándalos también sabe y mucho Super-Flo, pero seguramente por sus contactos consigue salir bien parado. Sigue leyendo










