Esta semana he recibido por varios contactos distintos una petición para firmar en contra de una exposición que se va a celebrar en el Museo Reina Sofía de Madrid, en la que se invita, entre otras lindezas, a incendiar iglesias. Con un par, como en la guerra civil. Menos mal que la gente en general es mucho más civilizada que estos imbéciles, porque me pregunto qué pasaría si alguien cometiera el error de seguir al pie de la letra a estos provocadores y «contribuyera» con una cerilla en el sitio equivocado. Sigue leyendo
Autor: cuatroamiguetes
El otro «Lince de Parla» se lamenta, por Josean
La detención del alcalde de Parla, José María Fraile, dentro de las actuaciones de la Operación Púnica, ha hecho reaccionar (¡por fin!) al PP y al PSOE. Supongo que la reacción es más mediática que otra cosa, un lavado de imagen para atenuar el efecto del enorme favor que le han hecho de nuevo a Pablo Iglesias.
Tomás Gómez, líder de los socialistas madrileños, se ha apresurado a decir Sigue leyendo
Iker no se merece este trato, por Barney
No quiero ser ventajista, así que quiero que sepáis que este post estaba escrito antes del Madrid-Barça del sábado, pero esperé al resultado por si había que comentar algo o modificarlo. Creo que no hará falta, esto es exactamente lo que estaba escrito:
“Yo no soy galáctico, yo soy de Móstoles”
Un tío que ataja de esta manera la última ocurrencia/gilipollez de Florentino Pérez se merece todos mis respetos. «Los Galácticos», un motivo más para generar la animadversión del resto de equipos, para incitarles a vencer a ese equipo que presumía de no ser de este planeta. A la gente se le olvidan las cosas, pero ese Madrid de los supuestos galácticos de Florentino estuvo tres años sin ganar nada. Y al cuarto atrapó una liga que parecía perdida, la de Capello, remontando 5 puntos en las 5 últimas jornadas. Sigue leyendo
Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir, por Travis
El reciente post de Lester sobre su tocayo Burnham, el protagonista de American Beauty, me obliga a recordarle cuatro cosas acerca de su «admirado» personaje:
1. Su obsesión por Ángela, de 16 años, a la que está a punto de calzarse, está muy cerca de lo que nuestro Código Penal define como abuso sexual a un menor. Con pena de prisión de 2 a 6 años. Por meses no entra en esa categoría. Es verdad que en el último momento le sale la vena paternalista y le dice que se vista. «¿Te preparo un sandwich?». ¿Qué pasa por su cabeza en ese momento? Posiblemente el hecho de enterarse de que Ángela es virgen rompe su idealización de una comehombres voraz, Sigue leyendo
American Beauty, por Lester
Ya sé que el cine es la especialidad de Travis, pero como ha mencionado en dos ocasiones MI película, American Beauty, me siento en la obligación de opinar. De esta película, por cierto, es de la que cogí mi nombre para el blog (ver “Declaración de intenciones”), por ese gran personaje que es Lester Burnham, interpretado por Kevin Spacey.
American Beauty es una película de 1999, uno de esos años magníficos para el cine, porque de ese mismo año son otras dos películas muy recordadas y de gran influencia en los años posteriores, como fueron Matrix y El club de la lucha. Sigue leyendo
La locura de las entradas del Madrid-Barça, por Barney y Josean
JOSEAN: Yo no soy muy aficionado al fútbol, no me interesa demasiado. Al menos la parte del deporte, el tópico que repetía mi madre sobre «veintidós tíos en calzoncillos persiguiendo un balón». En cambio, sí me atrae el mundo de los negocios que hay detrás, lo que mueve, todo ese componente mafioso que hay detrás de presidentes de clubs, intermediarios, agentes, relaciones con la política,… Siempre he dicho que el palco del Bernabéu es la mejor sala de reuniones del mundo para cerrar negocios (o al menos la mejor de España, y una de las mejores de Europa). No soy abonado por razones obvias.
BARNEY: A mí claro que me encanta el fútbol, como todo el mundo sabe. Nunca he entendido lo que tiene para afectarme del modo que lo hace. Es irracional. Sigue leyendo
Ni transparencia, ni buen gobierno (2 de 2), por Josean
Retomo la Ley de Transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno en el punto en el que lo dejé la semana pasada. Me quedé en el Título I, en la parte de la información que los organismos sujetos a la Ley deben hacer pública. Tras la información sobre las estructuras y sus organizaciones, figura la información jurídica (decretos, proyectos, reglamentos,…). Nada importante, porque ya estaban obligados en su mayor parte a publicar la misma. Lo relevante viene a continuación: Sigue leyendo
No hagan trampas, señores, por Travis
Después del post sobre El club de la lucha, los amiguetes estuvimos comentando la gran trampa de la película, su truco final, consistente en el descubrimiento de la personalidad doble o disociada del narrador y Tyler Durden. El hecho de habernos mostrado las dos personalidades con dos actores distintos (Edward Norton y Brad Pitt), como dos personajes en lugar de uno solo, funciona, pero no deja de ser una gran trampa para el espectador. No resultaría creíble la pelea que da origen al club de la lucha con una escena interpretada por un solo actor, por ejemplo.
Algo parecido ocurre con Una mente maravillosa, Sigue leyendo
Ni transparencia, ni buen gobierno (1 de 2), por Josean
En apenas un par de meses se habrá cumplido el tercer año desde la llegada de Mariano Rajoy a la Presidencia del Gobierno, período en el cual han pasado muchas cosas, se han aprobado numerosas reformas, recortes y se han adoptado medidas (nos dicen) encaminadas a poner de nuevo el país en la senda del crecimiento. En ocasiones las crisis tienen efectos positivos, al menos en algún aspecto concreto de la economía o la política. Yo espero que ocurra con la actual y que al menos se produzca una regeneración o un replanteamiento de muchas de las políticas que nos estaban llevando por mal camino. En este contexto de crisis resulta más necesaria que nunca una verdadera transparencia Sigue leyendo
Equilibrio precario, por Lester
La semana pasada tuve que ir al centro a unas gestiones, y terminé hacia la una y media. Como había perdido casi toda la mañana, me tomé algo rápido en el Rodilla de Callao, y me encontré una libreta vieja, que como siempre, no pude evitar cotillear. Encontré este relato, fechado en 1997, que lleva por título Equilibrio precario, y que transcribo literal:
«Mis ojos no te miran, pero yo sí. Y aunque no quiera, mis oídos te escuchan. ¿Qué hago aquí subido? Manteniendo apenas el equilibrio sobre la barandilla. Con la cara pintada de blanco. Sosteniendo un gato inmóvil entre los brazos. A veces yo también me hago la misma pregunta. Y lo triste es que cada vez con mayor frecuencia.
Si todavía mis actos guardaran alguna lógica… Pero yo de lógica no entiendo, no como Timy. Al menos él sabe que cuanto más quieto permanezca, mayor será su ración.
Si todavía mantuviera la ilusión… Pero hace ya tiempo que murió. La novedad, la alegría, la imaginación desbocada… La libertad. Los primeros tiempos. No los añoro, sólo la ilusión.
Si me quedara alguna esperanza… Pero de qué, para qué. Con quién o para quién. No conozco otra vida y aunque así fuera, tampoco la querría.
Si la memoria me ayudara… Pero apenas conocí tiempos mejores. Ella se marchó y yo fracasé. Ellos me abandonaron, si bien es cierto que yo lo hice primero. Nadie permanece en mi memoria, como yo tampoco permanezco en la de nadie.
Algo he de hacer, ¿verdad, señora? Su hijo me está mirando, no me esquive usted. ¿Empezar desde el principio, comenzar donde mi suerte se torció? Cambiar de vida, evitar los errores, aprender de la experiencia,… Buscar un trabajo. Haciendo qué. Sólo sirvo de payaso ambulante, o de mimo callejero, y ni siquiera se me da bien. No valgo para el sacrificio ni sirvo para estar encerrado. No soy muy listo, ni tampoco fuerte. No soy nada. No tengo estudios, no tengo habilidad. No soy nadie. Señora, ¿no necesitará a alguien que le entretenga? Un paréntesis en esta vida de mierda.
Se marcha, me ignora. Cuesta pensar con el estómago vacío. O será que simplemente me cuesta pensar. Confundo las ideas, carezco de razonamientos. Mi cerebro sólo alberga imágenes y las funde con sonidos que no le corresponden. Visiones alteradas mezcladas con ruidos ajenos.
Sólo dispongo de tiempo. Y mi única posesión se vuelve en mi contra. Tiempo para pensar, tiempo para el tormento. Tiempo para meditar, tiempo para la desesperanza. El sentido de la vida. Desde mi atalaya lo diviso a la perfección. Oleadas de gentes presurosas, torrentes de coches y bocinas, mareas de grises individuos en atronadores autobuses,…
Chaval, suelta algo. Por el rabillo del ojo, del tuyo, sé que has reparado en mí. No huyas, tu caña es mi cena, tu periódico, el remedio a mi sed. ¿Acaso no oyes mis ojos? Adiós. Sigue, circula, llegas tarde.
Todas mis pertenencias se hallan en esa bolsa de basura. No las huelas, maldito perro, no las toques, maldita niña. Cierto es, carecen de valor, pero también las tuyas y no por eso permitirías que me acercara, que intentara compartirlas. Comprendo el egoísmo. Mejor incluso que la generosidad, pero no comprendo y por ello aborrezco el egoísmo irracional. ¿Que de qué hablo? Sube y echa un vistazo.
Mis pertenencias, mi pequeño tesoro. Una foto ajada de una persona que ya nada significa, una maquinilla que no afeita y un peine que no peina, una flauta desafinada, un bote de pintura blanca que ya no necesito, un espejo roto que apenas refleja, una manta que no abriga,… Toda una vida en una bolsa. O debiera mejor decir “los restos de una vida”. En una bolsa de basura.
El reloj marca las nueve. El termómetro, cuatro grados. La última hora, el principio del frío. La soledad es mi abrigo, la tristeza, mi cobijo. Mas la soledad es gélida y la tristeza, un nulo amparo. Qué me importa la hora, qué la temperatura. La una señala el avance inexorable de mi decadencia, la otra lo acrecienta. Y qué más me da. Al amanecer, la hora vuelve al principio y el frío desaparece. Y sale el sol y de pronto crees que existe una oportunidad. No lo quieres creer, pero lo crees. Cruel destino, mísero devenir. Para ti no la hay.
Antes era capaz de llorar. Y capaz de hacer reír. Ya no lloro y tampoco arranco sonrisas. Lloro por dentro y quizás por dentro se rían de mis desgracias. El llanto contenido quiere salir. Dilata los poros de mi piel, quiere brotar del interior. Y lo hace en forma de sudor frío, de humedad que impregna y se distribuye por todo el cuerpo. Ni un centímetro de mi ser escapa de las lágrimas.
Hace tiempo que supe por qué resultaba obligado pintarse, que no maquillar, la cara de blanco. Es el sustituto de una máscara. La pintura no es para mí, es para vosotros que me observáis. La fachada que oculta el ruinoso estado del edificio. Un dedo de pintura. Blanca, símbolo de pureza, qué ironía.
Gracias, joven. A usted sí se le permite una sonrisa, no la reprima en esa mueca pudorosa. Inclino mi cuerpo para agradecértelo, no te vayas tan pronto. Me he inclinado ante tantas cosas que no me supone ningún esfuerzo. Me he arrodillado ante tanta adversidad y he cedido tantas veces que ya ni recuerdo cuándo empezaron las concesiones. Pero el mismo gesto de doblarme como un junco, de inclinar el tronco hacia adelante, conlleva un algo de nobleza. Aún me queda algún resto de dignidad, jamás lo hubiera creído.
El entumecimiento de las extremidades me vence. Sólo retando a Timy a una prueba de resistencia logro prolongar mi agonía. Poco tiempo, claro. Siempre logra ganarme, qué otra cosa cabe esperar de un perdedor. Mens sana in corpore sano, decían los clásicos. Mente enferma en cuerpo abotargado, reza mi máxima.
A lo lejos diviso a mi amigo el policía. ¿Me pegará hoy? ¿Me atizará jaleado por su compañero o pensando en el amante de su mujer? ¡Escoria, mierda, desecho! No te quito razón, compañero polizonte, pero no me pegues más, tampoco valgo para el dolor. Empújame al fondo de la boca del Metro, haz que me trague, haz que me devore para siempre. Si no lo haces tú, lo haré yo. Al final de la jornada, te lo prometo. A Timy quizás le queden seis vidas, yo perderé la única que tengo. Aunque, quién sabe, con mi suerte quizás sólo me rompa el cuello. Paralítico de cuerpo entero, qué ilusión, el mimo perfecto».













