La Odisea (I): Homero y las licencias de Nolan

(Primera parte sin spoilers)

Recuerdo haber leído La Ilíada y La Odisea cuando tendría doce o trece años, en alguna versión adaptada para que fuera comprensible o digerible para los chavales de esa edad. Y bien que disfruté ambas. Tenía algún amigo friki ya entonces que preguntaba si éramos más fans de La Ilíada o de La Odisea, y aunque la mayoría optaba por la primera, por aquello de las batallas y la descripción de la guerra, yo era partidario de la segunda, de las aventuras y desventuras del héroe de regreso a su hogar en Ítaca.

La pregunta ahora es bien distinta: “¿te parece la de Nolan un peliculón o nos ha soltado un bodrio infame?”. Aunque me repatee, es lo normal en estos tiempos de polarización y de opiniones extremas. Era la película más esperada del año y, como sucede con todo últimamente y de manera más acentuada si se habla de alguien que despacha un éxito tras otro, apenas hay término medio: si uno escucha varios podcasts o lee críticas en diversos medios, no le quedará claro si va a ver una obra maestra o un bodrio woke irrespetuoso con el mundo helénico.

En mi caso particular, quería huir de todo ese ruido, así que me leí La Odisea en las semanas previas al estreno (versión para adultos, no sé qué pasó con aquella edición juvenil) y me metí en una sala sin haber leído nada acerca de lo que los “expertos” tenían que decir. Solo puedo concluir diciendo que me alegro de haberlo hecho de ese modo. Disfruté mucho la lectura del libro, aunque mi edición no contara con la traducción de Carlos García Gual, que ahora sé que es la “canónica”, pero me zampé en pocos días una novela de aventuras escrita hace casi 3.000 años que se disfruta en casi todos los capítulos, unos más que otros. Y me sorprendió lo moderna que resultaba en algunos aspectos, sobre todo los narrativos.

Se nota que es una obra que se transmitía por vía oral, ¡en hexámetros dactílicos!, según he aprendido ahora, cantada como el Cantar de Mío Cid o La Chanson de Roland, y por eso son los propios personajes los que rememoran sus hazañas o padecimientos y los cuentan a la audiencia o a los lectores. Nadie dialoga con frases de tres páginas seguidas (salvo los científicos de Michael Chrichton en Parque Jurásico), sino que se trata de la narración de una gesta. No se hace nada pesada, sino todo lo contrario. Descubrí este mapa justo al inicio de la lectura del libro, un mapa realizado por Simeon Netchev para la World History Encyclopedia siguiendo las investigaciones del profesor Peter T. Struck, de la universidad de Pensilvania. Una maravilla a lo largo de todo el Mediterráneo:

Para regresar de Troya a Ítaca, el pobre Ulises da más vueltas que un turista cazado en el aeropuerto por un taxista de los ochenta. Y pasa más vicisitudes que un autónomo tratando de presentar una solicitud online en la administración. Coñas aparte, era como la recordaba de crío, una obra llena de ritmo, acción y criaturas mitológicas. Ahora, alejada esa inocencia del lector juvenil y tras haberme empapado algunos podcast post-lectura y visionado, he descubierto que hay teorías sobre si Homero realmente existió, si escribió, transcribió o solo recopiló las leyendas de Troya. Me es indiferente, es una lectura imprescindible.

Si uno analiza la obra de Christopher Nolan y su obsesión con el tiempo y con la memoria, resulta incomprensible que no hubiera atacado La Odisea en un momento anterior de su carrera. Quizás en sus inicios no contaba con los 250 millones de euros de presupuesto que los éxitos previos le han procurado, un importe elevadísimo, aunque supongo que necesario para acometer una superproducción como esta. Toda la novela es un continuo salto en el tiempo, hacia atrás y de vuelta al presente, repleta de referencias casi deterministas al futuro. No solo eso, sino que es una narración acerca de cómo nuestros actos en el pasado nos conducen a nuestra situación presente y condicionan todo lo que nos suceda en el futuro.

Un futuro que se anuncia cada dos pasos, por cierto. Lo que hoy se llaman spoilers son los augurios de la obra, los anuncios de los dioses. La obra entera está repleta de algo tan cinematográfico como el flashback, el recuerdo del pasado que nos lleva a explicar el momento actual de los protagonistas y, con ellos, sus reacciones, el comportamiento en ocasiones errático o difícilmente comprensible. Los 24 cantos (¿o debo escribir XXIV?) en que está dividida La Odisea de Homero terminan en ocasiones, como los capítulos de las series modernas, en auténticos cliffhangers que te dejan con ganas de arrancar el siguiente episodio.

En otros momentos del libro tenemos acciones en dos planos, personajes en distintos puntos de la trama a punto de confluir en un punto concreto, como Telémaco de regreso de Piros y yendo a casa de Eumeo, en donde le espera, tras veinte años de ausencia, su padre. Por eso decía que me he encontrado una novela mucho más moderna de lo que recordaba. Hay secundarios de lujo, muy bien desarrollados, varios de los cuales tendrían su spin-off en otras obras clásicas y toda la trama es una road movie en la que identificas elementos de otras obras como Los viajes de Gulliver, El señor de los anillos o hasta El Quijote, si cambias islas por villas, tribus o haciendas.

El reparto

Impresionante. Con grandes aciertos de casting, como Anne Hathaway en el papel de una maravillosa Penélope, Robert Pattinson haciendo del malvado y cobarde Antinoo, John Leguizamo como Eumeo, Samantha Morton haciendo una Circe más hechicera y menos seductora, y, por supuesto… (espacio para el suspiro)… Charlize Theron. Su papel como Calipso podrá gustar más o menos por su fidelidad a la obra original, pero si hablamos de un encantamiento de siete años, ese es —SIN DUDA DE NINGÚN TIPO— el aspecto de la ninfa que lo lograría (en mi muy machirula opinión). No sé qué me pasa con Tom Holland, al que veo muy mayor para el papel de Telémaco, pero está correcto, no le veo mayor reparo. Si acaso, tengo la impresión de que viste de una manera distinta al resto, no sé si más medieval o qué, pero mis conocimientos históricos me impiden saber si es anacrónico o no. Quizás me chirría que el tráiler anterior que pusieron en el cine fue el de la nueva de Spider-man, con el propio Tom Holland y con Zendaya, que aquí aparece como Palas Atenea. Uno de los pocos personajes que en el libro tienen una descripción acerca de su aspecto, «la de los ojos claros», o «la de los ojos glaucos», aquí tiene una mirada tan poco «glauca» y expresiva como la de Zendaya.

Odiseo no podía ser otro que Matt Damon. Ya hemos visto a un ejército entero movilizarse para rescatarlo (Salvar al soldado Ryan), le hemos visto hacer virguerías en sus intentos por regresar a casa (The Martian), sabe lo que es que se te pasen siete años en un segundo (Interstellar) y hasta desmemoriado y flotando en el mar (Jason Bourne). No podía ser otro. Da el aspecto físico, pues se puso bien mazado para trabajar con Nolan, transmite el sufrimiento mental del protagonista (un papel más en su carrera) y no necesita de los encantamientos de la diosa Atenea para parecer un treintañero o un cincuentón de vuelta de todo, un rey o un mendigo.

Las polémicas

No me interesan nada. Sé que ha habido críticas por el “wokismo” del reparto y es de lo poco que sabía antes de ver la película. Quizás por eso no me ha molestado tanto. Elliot Page (la que fuera la estupenda Ellen Page de Juno) no interpreta a Aquiles, como algún rumor circuló meses antes del estreno, quizás para provocar precisamente esos encendidos comentarios en contra de la película de Nolan. El ruido, que tan bien viene a muchas películas. Que se hable de uno, aunque sea mal, como decía Óscar Wilde. Elliot Page no interpreta finalmente a Aquiles, lo que nos habría chirriado a más de uno, ya que parece imposible desligarlo de la imagen poderosa de Brad Pitt en la Troya de Petersen, sino a Sinón, un personaje que no está en el libro y del que he sabido después que aparece en La Eneida, de Virgilio.

Peor elección me pareció la de Lupita Nyong’o para el papel de Helena de Troya, pero es un papel menor, apenas interviene y dado que hay esclavos probablemente de Egipto, del norte de África o nubios, pues tiene un pase. Coño, no, no, no, ¡que hablamos de Helena de Troya!, la mujer por la que arrancan todos los conflictos de La Ilíada no puede ser tan zaína como Lupita, lo siento. Para mí, Helena de Troya siempre tendrá la belleza de Diane Kruger.

También llaman la atención los rasgos multirraciales de varios de los miembros de la tripulación de Odiseo/Ulises, los peajes del Hollywood moderno (Reservoir Rider dogs). Mientras no afecten a la trama no me importan en exceso, si bien ese Will Yun Lee de rasgos coreanos embutido en la coraza helénica llama la atención. Sin pretenderlo, esa multirracialidad de los personajes provoca el mayor momento de comedia de la película, cuando el lugarteniente de Odiseo, Euríloco, trata de tranquilizar a los habitantes de la isla que acaban de asaltar y le suelta:

—¡Tranquilo, somos griegos!

El problema es que el papel de Euríloco lo interpreta el actor británico de origen indio Himesh Patel, y hombre, griego, griego, lo que se dice aspecto de griego no tiene. Me gusta el papelón de este Patel, tiene presencia, aunque sus rasgos contrastan claramente con lo esperado. Afortunadamente no son Los Bridgerton, una serie absurda en la que fui incapaz de pasar del primer capítulo. Todo este empeño me recuerda lo que decía Woody Allen en sus memorias A propósito de nada sobre la escasa variedad «cromática» de los papeles de sus películas: «cuando selecciono a mis actores no me guío por cuestiones políticas, sino por lo que me parece dramatúrgicamente correcto».

También he leído críticas sobre lo inadecuado de varias de las islas escogidas, o sobre el barco empleado (un drakkar vikingo «tuneado», que no desmerece el aspecto de la portada de la edición que tengo en casa, como se ve en la foto de inicio de este post), o sobre el uso de dos remeros por remo, al modo de las galeras de Ben-Hur, o por el hecho de que los soldados griegos remaran con el casco puesto. Como decía antes, mi incultura en temas griegos me impide opinar sobre estos aspectos, pero lo que sí tengo claro es que no afectan nada mi disfrute del espectáculo.

Los paisajes

El rodaje se llevó a cabo en seis países: en la propia Grecia, por supuesto, en Italia, en acantilados escoceses, Los Ángeles (las escenas de estudio, principalmente), Marruecos y en ese lugar de rodaje único que siempre es Islandia. ¿Que no todo parece un paisaje «mediterráneo»? Por supuesto, pero resulta variado, como todas las peripecias que pasa Ulises con el resto de soldados, luego no me molesta en absoluto. La escena de Islandia es gratuita, pero me parece brillante para representar el Hades desde el punto de vista visual o estético. No recuerdo que el libro mencionara la tierra en la que se juntan el fuego y el hielo, sino «en los límites del profundo océano», «nieblas y nubes», «una horrible noche» donde apenas sale el sol, pero repito, es una elección magnífica para representar la tierra de los muertos.

Lo que sí está y lo que no

¿Es una buena adaptación o no? ¿Merece la pena la película? ¿Qué cambios introduce Nolan «por suerte» y cuáles acomete «por desgracia»? El director británico toma decisiones arriesgadas, en especial en lo que se refiere a la psicología y las motivaciones de los personajes, y buena parte de ellas no coincidirá con lo que la mayoría de los lectores teníamos en mente, pero… todo eso quedará para la segunda parte. Con spoilers a manta y destripando la película de principio a fin. Si me pusiera en modo checklist, grosso modo, podría decir que está lo fundamental, aunque faltan los feacios. Y Nausicaa, cuyo personaje me encanta. Y la mención a los padres de Odiseo/Ulises, muy emotivas ambas. Y los cicones… Y… Para la segunda parte, insisto.

Un comentario en “La Odisea (I): Homero y las licencias de Nolan

  1. Avatar de Aguador

    Tengo mis dudas acerca de verla o no. Los capitostes de Jólibus, no contentos con haber destrozado Dune, ahora se atreven con el clásico homérico. Lo hago notar porque en la saga de Frank Herbert, Kynes, «ecólogo imperial», ni es mujer ni mucho menos negra. Conste que no lo digo porque la actriz sea mala actriz (no la conozco y no podría hablar de ella en detalle). Eso, por no hablar de que los Fremen (Herbert hubiera dicho «afganos» y hubiera acabado antes), que aceptaban a las mujeres como Sayyadinas, no hubieran aceptado a una mujer en otro cargo de poder. En este sentido me quedo con la versión de David Lynch, de 1984, mucho más fiel al original. Esto me recuerda a una polémica que se desató cuando Karajan, para su grabación en vídeo de Il Trovatore, descartó a la gran soprano Leontyne Price comentando: «Una condesa española no es negra». O en un terreno que supongo más cercano a ti, el fútbol, las recientes declaraciones de Rajoy, que por una vez dijo una verdad: «¿Cómo pueden decir que son «franceses» si son todos negros?» (non sic).

    Supongo que a Nolan ya le viene bien que Aquiles sea homosexual: al menos cumple con una de las cuotas woke. Lo otro es que deberían aparecer una lesbiana, una negra y un trans. Dejo a tu imaginación desbordante quién podría encajar en esas categorías. Y me da igual si me llaman «retrógrado europeo con prejuicios raciales y de género». Homero no necesita de ninguna actualización woke, gracias. Señores de Jólibus: dejen a nuestros clásicos en paz, por favor y no los manoseen como suelen hacer.

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