Segundas partes que nunca se rodarán (I), por Travis

Forrest Gump 2, Ghost, el Retorno, Salvar al soldado Ryan otra vez, Blade Runner Returns, Vuelve el puto árbol de la vida,… Son películas que seguramente nunca veremos, pero lo mismo pensamos de historias que parecían cerradas, como Terminator, El Planeta de los simios (la clásica), Matrix o Alien, y años después nos encontramos con secuelas bastante dignas. Algunas siguieron con terceras o más partes, o sagas, y ahí empezaron a decaer, cuando no a provocar el hartazgo del espectador.

Hay gente muy buena (y ociosa) haciendo montajes en internet, vídeos, chistes (“memes”, que es como se llaman ahora), y hace unos años descubrí este falso tráiler de Titanic 2. El tío que lo hizo cogió imágenes del Titanic original, de otras películas, fundamentalmente de Leonardo di Caprio, y preparó este magnífico tráiler de una película inexistente:

Yo no tengo la habilidad ni el tiempo ni la genialidad para preparar una obra maestra de la parodia como esta, pero sí se me ocurren historias para el rodaje de segundas partes que sé que nunca se rodarán. Bueno, ahí dejo mis ideas, si alguna productora de Hollywood quiere rodarlas, que las coja gratuitamente, no tiene que pagarme ni un euro por mis grandes aportaciones a la historia del cine.

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La historia transcurre veinte años después de la primera parte. Sabemos en los primeros minutos que Julia Roberts y Richard Gere, tras contraer matrimonio, tuvieron una vida normal de pareja: aburrida y carente por completo de sexo, su principal nexo de unión en la primera parte. Su segundo nexo de unión fue la pasta, pero como Richard Gere se ablandó para los negocios y se hizo éticamente respetable, ha sido despedido de su trabajo. Estaban arruinados, vivían en un piso modesto, y finalmente se divorciaron.

Pero Julia es una superviviente y aprovecha sus contactos de los años en que se codeó con las altas esferas de las finanzas, para liarse con Lord Jameson III, el octogenario presidente de una compañía nabiera, con b de nabos. Richard Gere, por su parte, se ofrece como maduro acompañante de sexagenarias faltas de cariño. Tiene éxito entre las maduritas con pasta, “me recuerda a ese actor de American Gigoló”, dice la mayoría.

Lord Jameson III muere de un infarto en un intento de realizar el acto con su hermosa mujer, la cual está más guapa que veinte años atrás. Julia hereda toda la fortuna, acciones, castillos, apartamentos lujosos de su millonario marido y se dedica a disfrutar de su fortuna. Pero se aburre, necesita marcha, y un día por casualidad encuentra una página de “señores de compañía maduros y serios”. Cierra un fin de semana a ciegas en el Regent Beverly Wilshire de Los Ángeles con uno de estos atractivos profesionales, que resulta ser, por supuesto, Richard Gere.

En lo que sin duda alguna constituyen las escenas más emotivas de la película, es ella la que deja que le haga el amor salvajemente, la que le dice a la mañana siguiente que tiene sus compromisos (“un aburrido consejo de administración») y que se tiene que ir, pero que se puede quedar en la bañera de espuma. Por último, le da dinero para que vaya de compras, al ritmo de Pretty Woman de Roy Orbison. No, que no pega, mejor al ritmo de Sex Machine, de James Brown. Le echa un cable el director del hotel, interpretado de nuevo por Héctor Elizondo, el cual pide a Richard que deje de dar tarjetas a las señoras mayores que allí se alojan. Le confiesa además que con la crisis no ha podido jubilarse y tiene que seguir currando a sus 78 años.

Cuando vuelve de su “aburrido consejo de administración”, Julia opina sobre los modelitos de Richard: hortera, muy gay, demasiado apretado, demasiado casual,…

Por la noche van a una cena con los máximos accionistas de una empresa rival, y luego a la ópera, a la que Julia se ha hecho muy aficionada. Richard confiesa que le aburre profundamente:

– En su día me venía bien por hacer contactos, pero hoy en día temo encontrarme con la mitad de mis clientas.

Por supuesto, se queda profundamente dormido en el palco, y los compañeros de fila se lo reprochan a Julia, que le defiende como puede:

– No está dormido, es que entra en trance con la belleza de la voz de la soprano, que le embriaga.

Más sexo y tal, y el fin de semana llega a su fin. Julia le dice que le ha gustado, pero que debe seguir con su vida, que esto ya lo han probado y no funcionó. Richard dice que lo entiende, que seguirá con su web de contactos mientras no tenga nada mejor y que se vuelve a su humilde apartamento en las afueras.

Esa misma tarde, cuando Julia vuelve de su soporífera reunión de negocios en la limusina, le dice al chófer que se dirija al sur:

– Es un barrio peligroso, señora, no debería ir allí.

– Lo sé –acierta a contestar.

Se presenta en el apartamento de Richard enarbolando un paraguas a modo de príncipe… no, mejor, aparece vestida con el modelo con el que hacía la calle en la primera película. Es una declaración en toda regla. Se besan en la escalera de incendios, hacen el amor ahí mismo… Ah, no, que esto es Hollywood, simplemente se besan…

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Y ahora otra todavía más interesante:

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Una serie de truculentos asesinatos se suceden en una ciudad en la que llueve más que en Ferrol.

* El secretario del juzgado con más expedientes atrasados de toda la ciudad aparece muerto en su casa. Según la autopsia, en su estómago había restos de papeles de los expedientes del juzgado, en una cantidad tal que le había reventado el vientre.

* Un hombre con agorafobia aficionado al porno duro muere por inhalación de gas en su propia casa. Un cartel en el interior escrito por otra persona le avisaba del escape de gas, y la investigación revela claramente que no se trata de un suicidio.

* Un conductor de autobús muere por una serie de pinchazos en su brazo con los que le inoculan todos los virus malignos conocidos del planeta. En su historial médico aparecía previamente la detección de una variedad muy contagiosa de la gripe A.

* Un hombre adicto al sexo que llevaba una vida familiar aparentemente perfecta, aparece desollado en uno de los prostíbulos más lúgubres de la ciudad.

Los detectives interpretados por Brad Pitt y Morgan Freeman se enfrentan a la investigación de un nuevo asesino múltiple, al igual que veinte años atrás. «Joder, otra vez», dice Brad. Morgan tiene una idea:

– Los asesinatos siguen un patrón, una serie de siete elementos.

– ¿Los siete pecados capitales, como la otra vez?

– No, los siete enanitos. El funcionario que retrasa los expedientes es Dormilón. Luego, el tipo ese que prefiere morir gaseado a salir de su propia casa, ese es Tímido. El conductor de autobús que iba contagiando la gripe A a todos sus clientes es Mocoso. Y el adicto al sexo, sin duda, era Feliz.

Cuando están investigando en la biblioteca, les llaman de comisaría. Ha aparecido muerto el contable del mafioso Don Luigi Barcenasi, sospechoso de connivencia con el alcalde de la ciudad:

– Le han hecho tragarse su propia lengua envenenada con cianuro -dice Brad a su compañero.

– Mudito -dice Morgan-. Siempre se negó a declarar y a colaborar con las investigaciones del fiscal.

Vuelven a la biblioteca, y piden una relación de personas que hayan pedido vídeos o libros de Disney en los últimos meses. Hay un tipo que ha retirado en los últimos tres meses todos los vídeos de Walt Disney para televisión de los sesenta, aquellos lamentables que empezaban con «El mundo es cascada de coloooores, mágico mundo de coloooores».

– Ese tío está como una regadera, ¿cómo se llama?

– Hunter DeVille. Es él, sin duda. «Hunter», el cazador que mató a la madre de Bambi, y DeVille, como Cruella.

Van a su apartamento, y justo aparece Hunter por ahí, que consigue fugarse como en toda peli americana por la escalera de incendios y lanzándose al contenedor de basura, que está rebosante cual mullida colchoneta. Inspeccionan el apartamento, que está repleto de material Disney: vídeos, princesas, libros, figuras de los malvados Jafar, Capitán Garfio, Maléfica, un Mickey Mouse en la nevera, una sirenita en la bañera y un póster del Rey León en el cabecero de la cama. Aterrador.

Brad vuelve a casa con su mujer. Tras la primera película, consiguió rehacer su vida y se casó con la más bella del reino, Angelina Jolie. En esos años, Brad ha estado absorbido por su trabajo y Angelina ha adoptado varios niños: asiáticos, chechenos y un par de afroamericanos sospechosamente parecidos a Morgan Freeman, con el que mantiene una relación de complicidad especial.

En la comisaría aparece un individuo que llama a gritos a Brad Pitt: «¡Detective! He venido a entregarme». Es calcado a Kevin Spacey, con veinte años y treinta kilos más que en la primera. Realmente es su hermano gemelo. Tiene las manos manchadas de sangre, pero según el primer análisis no es suya. Consigue sacar de sus casillas a Brad:

– Detective, se pasa el día protestando, quejándose de todo.

– ¡¡Dinos a quién te has cargado de una vez!! -le grita un irritado Pitt.

– Todavía no ha llegado mi momento -respira profundamente-. Mi obra casi ha terminado.

Les dice que aún quedan dos cadáveres por aparecer y tienen que ir a una zona desértica a pocos kilómetros. Casualmente es el único lugar de la ciudad en el que no llueve. Hasta está soleado. Aparece a lo lejos una furgoneta de Fedex, mientras Hunter DeVille sigue hablando:

– Detective, esta mañana he ido a ver a su mujer, quería saber qué tipo de vida llevaba un tipo que se pasa la vida protestando, como usted. Como Gruñón. Quería comprobar qué horrible vida sufría un hombre que siempre está de mal humor. Y no lo entiendo. Vive en una buena casa, en un barrio bien, tiene una mujer preciosa, unos niños maravillosos, aunque alguno me recuerda a su compañero… Y ahora van a tener otro niño…

– ¿Qué dices? ¿De qué estás hablando? -le grita Brad mientras desenfunda su pistola y le apunta a la cabeza.

Morgan Freeman interviene:

– Guarda la pistola, Brad, creo que hay una cosa que debes saber.

– ¿De qué está hablando? -solloza un aturdido Pitt, que ya no sabe qué hacer con la pistola, ni a quién apuntar.

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Pero Hunter sigue hablando mientras el mensajero de Fedex entrega un paquete a los dos policías:

– Ah, ¿que no lo sabía? Soy un hombre inteligente, detective, y envidio una vida como la suya. Yo soy Sabio, y al ver que no merezco vivir una vida como la suya, he querido al menos llevarme un recuerdo de su bella esposa.

Abre la caja:

– ¡Nooooooo!

Brad se carga a Hunter. La obra se ha consumado. Vuelven a la ciudad. Está lloviendo.

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Siendo el tema de este post el que es, no lo duden, habrá una segunda parte…

Cara Travis

 

 

 

 

Gracias, Don Vicente, y adiós, por Barney

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Cuesta admitirlo, pero es así: nuestro ciclo victorioso ha llegado a su fin. Y cuanto más tardemos en reconocerlo, más nos costará volver, no ya a ganar, sino a competir en las grandes citas. Don Vicente, le estamos más que agradecidos, pero todos los partidos posteriores al Mundial le sobraban. Tenía que haberlo dejado tras el desastre de Brasil 2014, en el que la selección campeona del Mundo era la primera en caer eliminada de todo el campeonato.

El problema es que en este país nadie sabe lo que es dimitir, Sigue leyendo

La prisión permanente revisable, por Josean

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El Congreso acaba de aprobar la reforma del Código Penal que incluye entre otros cambios la introducción de la llamada «prisión permanente revisable», una figura similar a la cadena perpetua, hasta ahora inexistente en España. Esta «prisión permanente revisable» supone la revisión de la condena tras un período de cumplimiento efectivo de la pena de privación de libertad de entre 25 y 30 años, o 35 en casos de terrorismo. La oposición se ha apresurado Sigue leyendo

Cadena perpetua, por Travis

2015-03-29-21-30-49--1798865871Ahora que se habla tanto de esta clase de condena, seguramente la peor de todas, y antes de que Josean nos dé su opinión sobre la misma y sobre la reforma recién aprobada de la prisión permanente revisable, quería comentar una de mis películas favoritas, Cadena Perpetua, dirigida en 1994 por Frank Darabont.

Para mí al menos, es una de esas películas que te enganchan a la butaca del cine o al sofá de tu casa, y que no puedes dejar de ver aunque te la sepas de memoria. No sé cuántas veces la habré visto, pero muchas. Sigue leyendo

Siempre es tarde, por Lester

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Desde hace un tiempo tengo pendiente escribir un relato que no sea tan triste o sórdido como los anteriores que he dejado en el blog. Una buena amiga, que atiende a las siglas de S.N. (parece que hablo de una delincuente, y a veces tengo dudas de que no lo sea), me retó a que escribiera un relato divertido, optimista, que no le hiciera empezar el día soltando un «buff, qué duro», y en eso estoy. Pero la verdad es que cuesta, y cuesta mucho más que encontrar un tema triste. Será que está en nuestra naturaleza. Sigue leyendo

El día de nuestros padres, 2 de 2

  (Continuación de El día de nuestros padres, 1 de 2)

Nos queda a Lester y a mí, Josean, hacer nuestro particular homenaje-recuerdo de la influencia que nuestros respectivos padres han dejado en ambos, en la formación de nuestra personalidad y en lo que a la larga han sido nuestros intereses o aficiones.

Cara JoseanJOSEAN 

No sé muy bien por qué he terminado hablando en este blog de política, yo, que la he detestado toda la vida. Sigue leyendo

El día de nuestros padres, 1 de 2

Hoy es el llamado Día del Padre, y voy a tratar de dejar a un lado la parte comercial que conlleva (“regálale una maquinilla de afeitar”, “una motosierra”, no eso, no, que a veces tengo ideas en el trabajo), voy a tratar de apartar también el hecho de que yo mismo soy padre (magníficas manualidades me esperan), y por último, voy a intentar obviar también el hecho de que el Día del Padre coincida con San José, o se celebre precisamente por San José, justamente aquel buen hombre que nunca fue padre, según nos han contado. O fue Padre Putativo, P.P., dramáticas siglas, que la primera vez que me lo dijeron pensé que era un insulto. Sigue leyendo

Los «lobos» de las finanzas, por Josean

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«Un aumento del spread de 200 puntos básicos referenciado al tipo UK (pronúnciese «iukei») haría que incumpliéramos nuestro forecast de cash flow«. Mira, chaval, ven aquí, acerca la cara, ¡BUM! Con la mano abierta por ser la primera vez, a ver si espabilas. La siguiente será con el puño cerrado en «toalaboca».

Frases como la entrecomillada, o peores, me ha tocado escuchar unas cuantas en los veinte años que llevo trabajando entre departamentos de administración, finanzas, tesorería y fiscal, si bien creo que el porcentaje de estupidez envuelta en anglicismos ha crecido exageradamente en los últimos tiempos. Creo que a un niñato de finanzas con cursos de Credit Management o Corporate Finance sólo le supera un consultor que te intenta vender una aplicación de «outsourcing controlling financing puenting». No puedo con ellos, de verdad. No puedo con los pedantes, ni con los pijitos que se intentan dar aires de grandeza porque saben cuatro palabros en inglés, ni con los consultores que envuelven la vaciedad de su producto en terminología rimbombante que parece algo y no significa nada.

Tengo una compañera de trabajo que me ha dicho más de una vez que mi comportamiento en esas reuniones con financieros es bastante evidente, que no oculto mi antipatía. Cada vez que ellos utilizan un palabro en inglés, yo contesto metiendo ese término en castellano. ¿Que me hablan de cash flow? Yo contesto dando mi opinión sobre el flujo de caja. ¿Que discutimos sobre el upfront? Yo contesto sobre la comisión anticipada. ¿Que el niñato mete el spread? Hablamos del diferencial. Mi compañera se ríe por lo bajinis en las reuniones porque ya lo hemos comentado varias veces, y me dice que los diálogos tienen su gracia, que no sabe quién es más tonto de los dos. Esta misma semana uno de estos niñatos me decía que había que valorar si la operación era bankable o no. «La madre que te parió», pensé para mis adentros, «qué patada en la boca tienes, chaval».

Me recuerda a un chiste que recibí hace poco sobre una entrevista de trabajo:

– ¿Ha sido usted Strategic press media manager?

– Sí, en una start-up de partner gromenauer.

– ¿Me está vacilando?

– Usted empezó primero.

Describe perfectamente a estos tipos, que además en los últimos tiempos han empezado a desarrollar hasta un aspecto diferente en su modo de vestir o en los «complementos». Perdón, lucen un alternative and fashion looking, o como se diga. Por supuesto, el peinado es moderno, con un porcentaje muy elevado de crestitas al estilo futbolista. Todo tieso para arriba.

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La única variante que se permiten es la gomina en cantidades industriales. Creo que alguno se unta gomina hasta en los genitales. A esas crestas acompaña la última moda en aspecto físico, las barbas, ya sean espesas en plan náufrago o leves tipo jugador italiano de fútbol. Estos chicos de finanzas suelen optar por lucir una cuidadísima barba de dos días, perfectamente recortada, que lleva más trabajo que quitársela entera. Cuando se llevaban las gafas de montura mínima, que no pesaban nada, esos modelos que si se te caían al suelo, no las oías, todos estos chavales las llevaban. Ahora lucen gafapastas gruesas con la marca bien visible en las patillas, y el día que se lleven las gafas sin cristal, serán los primeros en comprarlas.

Se da por descontado que un financiero que se precie lleva trajes caros, pero lo que sí es absolutamente necesario es que sus camisas lleven sus iniciales bordadas. Y por supuesto, gemelos de moda. Las corbatas no son importantes, pero sí deben ser cantosas. Pero todo eso no es suficiente. Para que un financiero empiece a ser respetado entre los de su gremio, debe llevar todo tipo de pulseras de cuero. Una vez tuve una reunión con uno al que todas las pulseras unidas le ocupaban medio brazo, como una muñequera de Nadal. Tengo mi propia teoría sobre esto. Igual que los marineros lucían aretes en sus orejas, que significaban las veces que habían atravesado el cabo de Hornos, creo que estos financieros se ponen una pulsera de cuero por cada financiación sindicada o relevante que consiguen cerrar. Y cuando me reúno con alguno que sólo lleva una, pienso «tío, eres un mierda, a ver si te aplicas un poco».

Los cinturones deben ser llamativos, los zapatos, de «chúpamelapunta», y el toque definitivo para ser respetado en el mundo financiero lo ponen los calcetines. Un financiero que quiera destacar en este mundillo debe lucir unos calcetines horribles, estridentes y carísimos, comprados seguramente en la City londinense. O en el chino de la esquina, que para el caso es lo mismo.

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Cuando uno ha adquirido ya esas pintas, lo que no puede descuidar es su tarjeta de visita. Hace poco, viendo las tarjetas de unos fulanos del gremio, le comentaba al Responsable de Tesorería de mi empresa: «tío, tenemos que cambiar nuestras tarjetas, porque así no vamos a ningún lado. A partir de ahora, tú serás Treasury Manager. Head of Department. Y yo me pondré Finance & Planning Manager. Risk Analyst». En fin.

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Luego estos chicos de finanzas ven un día una película, echan un polvete y se creen Leonardo Di Caprio, el Lobo de Wall Street. Los putos triunfadores, pese a que tienen muchos más gatillazos profesionales que aciertos. Como muchos apenas superan la treintena, ni siquiera saben quiénes son Patrick Bateman o Gordon Gekko, y que la moda de estos «lobos» ha existido siempre. Ah, por cierto, mirad las fotos. Muestran el culmen de la vestimenta de la que antes hablaba, los tirantes. Sólo un tipo con aires de grandeza o afán de notoriedad, o Pedro J., puede llevar hoy día tirantes.

Hay otro par de financieros con los que tengo que tratar bastante en el trabajo a los que llamamos (y no cariñosamente) «los chicos del waiver«. Son unos tipos que después de meterte los equity, budget y founders cada treinta segundos, terminan expresando sus dudas en voz alta: «igual nos piden un waiver adicional». Lo decían tanto en cada reunión o cada conference que mi compañero y yo desde hace tiempo, cada vez que nos juntamos con ellos jugamos la «Porra del waiver«. El juego es sencillo, consiste en apostarnos algo de poco valor, normalmente un desayuno, al número de veces que se va a pronunciar la palabra en la reunión. Reconozco que a veces nos cuesta disimular la alegría del que alcanza su número en mitad de la reunión. Mi compañero además disimula poco y mal, y va anotando palitos en su libreta cada vez que la pronuncian, entre condiciones de financiación y plazos de amortización.

Más o menos sé manejarme en ese mundillo. Excepto un día con una palabra que no era capaz de entender: el «pianel». Me pasé toda la reunión escuchándola y no tenía ni idea de qué era. Me preguntaron incluso que cómo afectaba el cambio a mi compañía y salí del paso diciendo que todavía era pronto, que teníamos que analizarlo. Parecía un político pillado en mitad de una investigación por corrupción. Al acabar la reunión me sacó del apuro un compañero: «el P&L». El término para Profit and Loss, que como en España somos más negativos, traducimos invirtiendo el orden: Pérdidas y Ganancias.

Pero pese a que sepa manejarme en ese mundillo, lo cierto es que algunos tipos me dan cien patadas. No me molesta que usen determinadas palabras, o que sean unos pintas, no son esas las razones. Lo que detesto es que se crean los reyes del mambo. A lo largo de mi carrera profesional, he conocido gente de todo tipo, solventes, responsables, honestos, trabajadores, pero también inútiles, incapaces, flojos y sinvergüenzas. Y el colectivo de financieros no está entre los que más respeto o valoro, especialmente por una razón: su falta de humildad. Su falta de respeto hacia otros compañeros. Su modo de pedir los viajes a la secretaria. Sus notas de gastos de viajes. Su patada en la boca.

La verdad es que en mi departamento nos tomamos bastante a cachondeo a estos tipos, pero no dejo de pensar que la principal causa de esta crisis que dura ya más de seis años y que tanto daño ha hecho la originaron los financieros. Los bancos de inversión con sus voraces asesores financieros. Los que antes te ponían el triple del dinero que necesitabas en la mano y sin garantías de ningún tipo, y ahora no te dan la décima parte de la financiación necesaria aunque la garantices por triplicado. O te piden un waiver adicional.

Peor aún es pensar que los que dicen que nos van a sacar de la crisis son otros financieros, tipos como los que he descrito, que no son los más listos de la clase, que se confundieron en sus valoraciones hace cinco, diez o más años, y que ahora son los que van a imponer lo que ellos llaman soluciones. Votamos a nuestro Presidente de Gobierno, pero las decisiones las toman estos tipos de calcetines a rayas.

¡Menos lobos, Caperucita!

Cara Josean

 

Españoles por el mundo perdiendo el Norte, por Travis

PN1Nada, otra semana más que no veo El Francotirador. Mis expectativas iniciales se van desinflando, pero aun así, no voy a dejar de verla. Siendo el cine un entretenimiento individual, nos empeñamos en ir siempre acompañados, para lo cual es necesario ponerse de acuerdo con tu acompañante para elegir la película. Y ahí empiezan a veces las dificultades, sobre todo cuando tu acompañante es una adolescente, la hija de Lester. Sigue leyendo

No en el Bernabéu, not in my house!, por Barney

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Imaginemos un departamento comercial en el que varios trabajadores luchan arduamente por conseguir las mejores cifras al final de la campaña. Imaginemos que tú, como número 1 del equipo, ves cómo el número 2 ha sido mejor durante esos últimos meses y ha ganado el premio al vendedor del año. Te olvidas incluso de las malas artes que haya podido emplear para alcanzar sus objetivos. Le reconoces sus méritos y ya está. Imaginemos que el premio al mejor comercial del año consiste en un prestigioso premio que se entrega tras una fiesta a la que toda la compañía está invitada. Imaginemos, por último, que tu gran rival puede elegir el lugar de celebración y que, como no le basta haber quedado por encima de ti, y quizás debido a su tradicional complejo de segundón, pronuncia bien alto, para que toda la compañía se entere: «quiero que la fiesta sea en tu casa».

Por si esto fuera poco, de todos es conocida la animadversión del segundón hacia el veterano Presidente de la compañía, desprecio que además no oculta y manifiesta siempre que le ponen un altavoz delante. Le da igual que la fiesta se realice en homenaje al Presidente, un señor mayor que lo ha hecho lo mejor que ha podido y que ahora le delega la patata caliente a su hijo, un conocido amante del fútbol.

Evidentemente, sabe que le vas a decir que no, pero quiere esa polémica, vive feliz en esa eterna comparación, quiere ir a tu propia casa a insultarte y a decir que ha sido mejor que tú. Lo necesita, en todas sus pequeñas o grandes victorias necesita regalarte una buena colección de insultos.

Es la tercera vez en los últimos seis años que se reabre el cansino debate sobre la celebración de la final de Copa del Rey entre el Barça y el Athletic de Bilbao en el Bernabéu. Y no olvidemos una más: en la temporada 2009-10 el Barça se pasó media temporada fantaseando con la posibilidad de ganar la Champions en el Bernabéu. Estaban tan convencidos de que ese hecho se iba a producir que se olvidaron de que primero tenían que derrotar en semifinales al Inter de Mourinho. Por cierto, el Inter ¿vestía de azul y negro o de blanco con ribetes dorados?

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Aquella semifinal es la que todo el mundo del fútbol recuerda porque el Barça jugó 60 minutos contra diez jugadores, tras la gran actuación teatral de Sergio Busquets, parodiada y ridiculizada en las redes sociales:

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En Inglaterra un jugador así tendría que pedir disculpas o a lo mejor recibía incluso una sanción. Dani Alves también la merecía tras su gran actuación en la semifinal contra el Madrid al año siguiente.

En fin, que los aficionados no queremos que la final se juegue en el Bernabéu y sin pensar mucho se me ocurren al menos 20 razones:

1. Porque si el Barça quiere una fiesta, que la monte en su casa, no en la nuestra.pitada4

2. Porque si el Athletic de Bilbao quiere una fiesta, que juegue al fútbol, no como las dos últimas finales, y que intente competir. Como no lo va a hacer, si quiere regalar el partido, que lo haga en San Mamés, en el Nou Camp o en Mestalla.

3. Porque si la excusa del Barça es que necesitan el campo más grande posible, este no es el Bernabéu, es el Nou Camp.

4. Porque si la excusa es facilitar el viaje a los aficionados, Barcelona vuelve a ser la mejor opción.

5. Porque si quieren montar otro festival independentista, la capital del Reino no es el sitio adecuado.

6. Porque si el torneo se llama Copa del Rey y no respetan a Su Majestad, el Madrid no tiene por qué respetar el deseo de culés y bilbaínos de jugar en el Bernabéu.

7. Siendo el Madrid un equipo que lleva con orgullo el título de Real, como el Espanyol o la Real Sociedad, no puede permitir un nuevo agravio al Rey en su casa.

8. Porque si la fiesta del fútbol se va a convertir en un nuevo acto de ultraje a los símbolos nacionales, la bandera y el himno, no podemos ponerles facilidades. Y sabemos que no hay que mezclar política y deporte, pero son ellos los que lo hacen y vienen de casa con los pitos, las esteladas y las ofensivas banderas del Euskal Presoak. Como no saben de modales, que aprendan antes de salir del pueblo. Que aprendan por ejemplo del respeto al himno inglés durante un Irlanda-Inglaterra en Dublín en el Seis Naciones, y entre esas naciones sí saben lo que es un verdadero conflicto.

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9. Porque no queremos los vómitos de Messi en nuestro césped.

10. Porque si Messi quiere pegar un balonazo al público, sabiendo que no le van a sancionar, que lo haga con los suyos en su casa.

11. Porque no queremos ver cómo ensucian otra vez nuestro estadio, como la última vez que ganó el Athletic, en 1984. La tangana que montaron gentuza como Maradona y Schuster, o Goiko y Clos fue lamentable:

12. Porque ya les hemos cedido el estadio en otras ocasiones, aparte de la bochornosa de 1984, y han demostrado no saber estar a la altura. Como en el 88 cuando devolvieron 9.500 de las 13.000 entradas, porque entonces decían que no se sentían cómodos en territorio hostil, o como en la final de 1997. ¿Qué hacías ahí, Gaspart, querías la foto, eh?

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13. Porque el Madrid ya ha demostrado su señorío dejando el estadio otras veces para que nos derrotaran el Depor el día del Centenariazo o el Atleti, hasta en 3 ocasiones. Incluso le dejamos al Cholo que montara su numerito en el césped. Pero al Barça, NO.

14. Porque sería ceder a una provocación, mientras que el Madrid ha tenido que jugar sus finales en La Romareda, Mestalla o Montjuic, porque ni se plantea provocar al rival de ese modo con declaraciones continuas de jugadores, directivos y aficionados diciendo: «quiero jugar en el Nou Camp».

15. Porque apenas a 500 metros del Bernabéu está la sede de Grandes Contribuyentes de la Agencia Tributaria, y no sería bien recibido ovacionar a los defraudadores Messi, Rosell, Bartomeu, Piqué o el padre de Neymar.

16. Porque no queremos ver a Busquets, Alves o Pedrito revolcándose de nuevo de falso dolor por nuestro césped, que cuesta una pasta mantenerlo.

17. Porque no queremos ver a los aficionados culés ni bilbaínos meando en nuestro estadio. O peor, destrozándolos, como en la final del 97.

18. Porque el Barça es un club que tiene institucionalizado el comportamiento anti español de los miembros de su plantilla, incluso extranjeros y nacionales no catalanes. ¿Ejemplos? Durante la celebración del Mundial 2010, los jugadores del Barça llevaban las banderas de sus respectivas comunidades autónomas, nunca la española. ¿Está mal visto en Cataluña que Pedro, Villa o Iniesta lleven una bandera española? Otro, en la pasada final de Copa del Rey de basket, el quinteto inicial del Barça, formado por 5 jugadores extranjeros evitó el más mínimo gesto de aplauso al himno. Comparad el comportamiento de Ante Tomic durante el himno cuando jugaba en el Madrid y este año en el Barça, es un ejercicio curioso.

19. Porque el Athletic de Bilbao no es mucho mejor en este sentido. No llega a la «españolofobia» de la Real Sociedad, en la que durante 35 años (de 1967 a 2002) jugaron nigerianos, finlandeses, galeses o rusos, pero no podía jugar un tío de Murcia o de Zamora, pero se acerca peligrosamente. En los últimos años se han expandido por La Rioja (por Navarra siempre), ahora se plantean buscar en América jugadores con antecedentes vascos (el mexicano Aguirre o el uruguayo Arruabarrena).

Y 20. Porque no nos sale de los cojones, como ya han dicho los aficionados en alguno de los montajes que circulan por ahí:

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Así que, señores directivos del Barça y del Athletic de Bilbao, les vamos a recordar lo que decía el pívot de la NBA, Dikembe Mutombo, moviendo el índice hacia los lados, cuando algún rival intentaba profanar su canasta: NOT IN MY HOUSE!!!

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Busquen otro estadio, ofrezcan San Mamés o el Nou Camp y monten ahí su particular show. Y señores de Televisión Española, manipulen las imágenes y el sonido igual que hicieron hace seis años, cuando fueron capaces de localizar al único aficionado que no se sumó a la protesta:

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Ja, ja, ja, qué crack el realizador. La única vez en la que los televidentes permitimos la manipulación mediáticaCara Barney