El día de nuestros padres, 2 de 2

  (Continuación de El día de nuestros padres, 1 de 2)

Nos queda a Lester y a mí, Josean, hacer nuestro particular homenaje-recuerdo de la influencia que nuestros respectivos padres han dejado en ambos, en la formación de nuestra personalidad y en lo que a la larga han sido nuestros intereses o aficiones.

Cara JoseanJOSEAN 

No sé muy bien por qué he terminado hablando en este blog de política, yo, que la he detestado toda la vida. Y eso que siendo muy pequeño (mediados de los setenta) recuerdo a mi padre que volvía de alguna manifestación gritando “Amnistía, libertad”, o cantando el “Libertad, libertad, sin ira libertad”. Creo que mis padres estuvieron en el mítico concierto de Raimon en mayo del 68 y todo. Y seguro que más de una vez nos explicó lo importantes que eran esas primeras elecciones democráticas de 1976, pero yo no creo que entendiera demasiado.

Hace unos años gané un concurso organizado por el diario El País en su versión golfa, El País de las Tentaciones, y me regalaron un magnífico libro titulado 300 primeras páginas, que incluye, como no podía ser de otro modo, 300 portadas del periódico, de 1976 a 1984. Leyéndolo con la perspectiva que dan los años, es un libro interesantísimo, que merece que le dedique una entrada en próximas semanas. He rescatado tres portadas de aquellos años, la primera, referida a esas primeras elecciones generales de la democracia, en las que “los de mi padre”, que debían ser algo así como la Federación Demócrata Cristiana, no obtuvieron ni un solo diputado. Mi padre se apuntaba siempre a las causas perdidas.  20150319_181828 

Las otras dos portadas hacen referencia a dos episodios de 1981, justo antes y después del golpe de Estado que por entonces yo me tomé a cachondeo, “¿y eso qué es?”:

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Sí tengo claro por qué hablo en este blog de temas económicos, porque al final es con lo que me gano la vida. Mis padres me pagaron una buena educación y acabé Económicas en la universidad pública. De mi padre he heredado una ética del trabajo, así como una ética en el trabajo. No tengo ninguna duda. El sentido de la responsabilidad, saber que hay que hacer las cosas aunque no te apetezca lo más mínimo, porque es tu obligación. No me ha ido mal.

Recuerdo que cuando comprobé las últimas notas y vi que había terminado la carrera, le llamé al trabajo y se lo conté. Debía ser a principios de julio, y tras felicitarme y eso, su primera pregunta fue: “¿cuándo te pones a trabajar?”. Hombre, mi idea era pasarme un verano cojonudo, como habían sido todos los anteriores de mi vida, ponerme a buscar curro en septiembre, y ya me estaba diciendo que me incorporara al mundo real, que había que dar el callo.

Mi segundo trabajo fue en la que fuera empresa de mi padre durante 4 décadas. Pasé un proceso de selección entre hijos de empleados y accedí a un puesto de trabajo de administrativo. Al poco tiempo de empezar a trabajar, se convocaron elecciones sindicales en la empresa, y en la mesa de votaciones tenían que figurar el trabajador de mayor edad, el de más antigüedad y el más joven, que era yo. Durante el tedioso día de las votaciones, uno de los compañeros de la mesa, de los de mayor edad, comenzó a poner a caldo a los sindicatos, al principio medio en broma, pero se fue animando y calentando y terminó con alabanzas a Franco y a los tiempos pasados. “Ay, si Paquito levantara la cabeza, ay, si viera dónde está llegando esto”, y tal y cual. En un momento dado buscó mi conformidad y le respondí con algunas de esas cosas que había oído en casa. Creo que fui muy discreto, pero debí decir algo así como: “hombre, yo prefiero vivir en un país en el que no te metan en la cárcel por pensar de una manera distinta, o en el que no haya que pedir permiso para reunirte una veintena de amigos”.

El tipo este me miró sorprendido y me preguntó:

– ¿Y tú, tú quién eres?

– Pues, Josean, hijo de Rufino.

– Joder, con la iglesia hemos topado, a quién he ido a pedirle ayuda.

Resulta que mi padre había sido uno de los promotores de la creación de los sindicatos en la compañía, con lo cual, su nombre y mi apellido eran ilustres en la compañía, pero no en el sentido que las altas esferas gustan.

Por eso hablaba antes de las causas perdidas, aunque a veces terminan con victoria. Como un pleito que mantuvo y ganó al Ayuntamiento de Madrid, con el que estuvo litigando unos 25 años. Creo que al final ganó por agotamiento, que alguien en el Ayuntamiento o en los juzgados le dio la razón como diciendo: “venga, sí, Rufino, que tienes razón, que has ganado, que tiramos la toalla”. O la colaboración con Amnistía Internacional, a la que dedico esta otra portada:

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La referencia de mi padre me ha servido para tratar de ser justo incluso con los que son injustos, y para ser honesto aunque me encuentre rodeado de gente deshonesta. Para aprender el respeto a los demás, especialmente a los que en el escalafón están por debajo de tu puesto. En mi caso respeto más a la recepcionista o a la chica de la limpieza que al consejero delegado de mi empresa. Es así, me revienta el abuso de autoridad. Por todo ello, ¡gracias, señor!

Cara LesterLESTER

Ya hablé hace unas semanas de la curiosa hemeroteca de noticias relevantes de los últimos cincuenta años que conserva mi padre. Fue en la entrada Mis teorías de la conspiración favoritas. La verdad es que me encanta ese trabajo de estudio e investigación, pero a la vieja usanza, en papel de periódico o en microfilms como los que salen en las películas. Ahora con internet es demasiado fácil, o demasiado accesible todo, y quizás la mayor dificultad radique en encontrar la veracidad en ese exceso de información, en separar el polvo de la paja.

Si algún día me lanzara a escribir una gran novela, me gustaría que fuera a la manera de Arturo Pérez Reverte, Frederick Forsyth, Ken Follett o tantos otros, investigando, estudiando épocas y países, relacionando acontecimientos, hechos históricos, etc,… El doble de tiempo investigando que luego plasmándolo en papel. Trabajo de ratón de biblioteca.

Mi padre es un lector voraz y tiene otra costumbre desde tiempos inmemoriales que es la de escribir una breve reseña en cada libro que ha leído, dejando su opinión y la fecha en que lo ha terminado. “Aburrido, inverosímil, no pierdas el tiempo. Burgos, 1989”. Y párrafos mucho más elaborados cuando el texto lo merece. García Márquez, Forsyth, Umbral, Manuel Vicent, Carlos Ruiz Zafón,… Vargas Llosa, muy bien la primera etapa, horrible la última.

No coincido con él en muchísimas ocasiones, y desde hace mucho prefiero no leer su opinión sobre un libro antes de leerlo, porque me condiciona. Otras veces le he regalado libros que a mí me habían gustado, y meses después los busco en las librerías para ver si le habían parecido lo mismo. Y me he encontrado cosas como: “Soporífero, tedioso, no pasé de la página 200”. Vaya, un libro de 800 páginas que yo había devorado, Todo un hombre, de Tom Wolfe. Otra novela que me sirve de referencia para la gran novela que algún día me lanzaré a escribir, y que resulta que para el jefe es “soporífera”.

La opinión de mi padre sobre esa mi gran novela me preocuparía mucho más que la de cualquier otro crítico o lector avezado. Por alguna razón que se remonta a tiempos ancestrales, los hijos se pasan la vida buscando la aprobación de sus padres. Y en ocasiones les damos disgustos bestiales e inmerecidos, como aquella tajada descomunal que me pillé con 16 años y que acabó con mis huesos durmiendo en casa de un vecino… y sin avisar. Mi padre había dejado de fumar un año antes, pero recuerdo que la imagen que me encontré al llegar a casa a las nueve o diez de la mañana fue un cenicero lleno de colillas. Gracias a mí, recuperó el vicio durante otros dos años o así.

Algo hemos madurado, y ahora como padre de familia entiendo mucho mejor todo, buena parte de las cosas de la vida, y distingo todas las estupideces que hemos hecho creyéndonos los putos amos del universo. Por todo lo que hiciste, ¡gracias, Papá!

MENCIÓN ESPECIAL PARA LOS JOSÉS:

Muchas felicidades a los Josés, a los Pepes y a todos los padres, aunque ya llegue con retraso. Yo, Lester, no heredé la puntualidad de mi padre.

Barney dice que no felicita a un tal Pep. Travis dice que no felicita a Joselito, que se tragó varias del pequeño ruiseñor cuando era un crío, y está seriamente afectado. Josean no quiere felicitar ni a José María Aznar ni a José Luis Rodríguez Zapatero.

Respecto a San José, Travis quería hacer mención a una frase de Woody Allen en La última noche de Boris Grushenko: “Estaba yo pensando en temas religiosos. Si San José era carpintero, ¿cuánto me cobraría por hacerme una estantería?”

Barney aprovecha y quiere mencionar que uno de los entrenadores de fútbol de su colegio era Isidoro San José, ex jugador del Real Madrid, uno más de la eterna cantera de laterales toscos e incombustibles que ha dado mi equipo (San José, Chendo y Arbeloa). Así era difícil que mejorara su estilo, más aún si tenemos en cuenta que otro de los entrenadores era el Tronquito Magdaleno.

Josean indica que su colegio era el San José del Parque, y que con profesores como los de la foto, sólo se podía esperar de él lo mejor (Adolfo Barrio, el Chispa o el Colin), o lo peor (el psicópata de Mariano, el perro del Fifo, Machado):

Profes del colegio

Me despido con lo mejor que hemos recibido a lo largo del día de hoy, aparte del cariño de nuestros hijos:

TRAVIS: día del padre BARNEY: IMG-20150319-WA0003

JOSEAN: IMG-20150319-WA0005 LESTER: IMG-20150319-WA0001

Por cierto, Papá, hace años nos dabas tanta cera con el “trabaja, trabaja, trabaja” que te compré este garrote por uno de tus cumpleaños, que nunca te llegué a regalar. Todavía lo conservo. Hoy lo uso yo en el trabajo.

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5 thoughts on “El día de nuestros padres, 2 de 2

  1. Hola, Josean: Naturalmente me ha encantado leer tu blog, tanto por lo bien que me deja, como por los buenos recuerdos que me trae. Permíteme que te adorne algunas de las cosas que cuentas.
    1. Al concierto de Raimon tu madre vino engañada, sin saber dónde se metía, Fue en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, donde ahora están las cuatro torres. Los policías nacionales, los grises, habían formado a la entrada un pasillo por el que debíamos pasar los asistentes. Sus cascos relucían en la noche. Al verlos de lejos, cuando nos acercábamos, tu madre exclamó: “Mira, cuántos bomberos, ¿pasará algo?”. Para qué te voy a contar, tú que la conoces, lo poco que disfrutó del concierto, la pobre, juo, juo.
    2. El único partido político al que he estado afiliado se llamaba exactamente Izquierda Democrática y su líder era Ruiz-Jiménez. Efectivamente, cero diputados.
    3. Fui destacado sindicalista en mi empresa de 1974 a 1978, ¡menudos años! Adquirí mala fama, o sea, de rojo, cuando desde el Jurado de Empresa lancé un escrito al Consejo de Administración pidiendo “participación”. Se organizó una buena. Pero gané de goleada unos días después cuando lo volví a publicar pero citando los párrafos de la “Mater et Magistra” de Juan XXIII que yo, con pura mala leche porque sabía lo que iba a pasar, había utilizado literalmente. Los reaccionarios que tanto me habían denostado se la tuvieron que envainar. Todavía me estoy riendo, juo, juo, Claro que luego se vengaron lo que pudieron. Pero eso es otra historia.
    4. Efectivamente, gané un pleito al Ayuntamiento tras 25 años de pelearlo. Miles de horas de madrugadas estudiando leyes, normas, reglamentos, ordenanzas, mentiras, falsedades, planos trucados, etc. Al final, era un tema de corrupción en la Gerencia de Urbanismo. Yo solo contra el Ayuntamiento y las inmobiliarias corrompedoras. La razón me la tuvo que dar el Tribunal Supremo, tras una entrevista, por supuesto ilegal, a la que me citó el magistrado proponiendo una posible solución, que acepté porque la alternativa era dejar que el caso siguiera sin resolverse in aeternum.
    En fin, perdona el rollo con mis batallitas de ancianito nostálgico. Pero me reconforta mucho recordarlas y más si las puedo contar o escribir.
    Gracias por exponer tus buenos recuerdos de aquellos tiempos. Un fuerte abrazo. Tu padre.

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  2. Hola, Lester:
    En primer lugar te comunico que, en consideración a lo que cuentas, ya he rescatado de su estantería, donde estaba desde noviembre 2003, el “Todo un hombre” de Tom Wolf para intentar leerlo. A ver esta vez hasta qué página llego. La verdad es que, con tanto como hay que leer, rehúyo los libros de más de 300 ó 400 páginas. El que en ese número de páginas un autor no haya contado todo lo que quería contar, le desmerece. Y también le hace un abusador de las posibilidades de tiempo y preferencias literarias de los lectores. Y, como a mí, les puede cansar. Si la historia que cuenta es tan larga, que la divida en dos o tres. Sabrá cómo hacerlo. Y además, en vez de un libro habrá escrito una trilogía.
    Recuerdo lo de tu noche sin venir a casa pero sin avisar, que es lo que más os tenía mandado, exigido, rogado, suplicado, … Viste las colillas de los pitillos, pero no viste cómo me temblaban los dedos cuando una y otra vez, de amanecida, llamaba por teléfono a la Policía. a Tráfico, a Urgencias, a hospitales, puag, qué noche. Y pensar que estabas durmiendo tranquilamente a pocos metros de casa, en la del vecino compañero tuyo de juerga. Desde luego, los hijos siempre estarán en deuda con sus padres. Una deuda que solo tiene una forma de saldarse: la de cuando esos hijos sean padres y tengan que sufrir los disgustos y preocupaciones que les den sus propios hijos. Así es desde siempre y así seguirá siendo. Lo demás, las alegrías, los buenos momentos, los cuidados a los mayores, etc., no suman en esas cuentas.
    De lo del garrote, me alegro no haberme enterado hasta ahora de que existía. Me parece que no me hubiera gustado un pelo haberlo recibido de regalo.
    Por último, como he leído lo que contáis Travis, Barney, Josean y tú, Lester, de vuestro respectivo padre, se me ocurre que si de alguna milagrosa forma los cuatro se pudieran integrar en una sola persona, iba a resultar una especie de supermanpadre. Me parece mal decirlo por la parte que me toca, pero es lo que hay. Lo que pasa, para que en realidad no sea así, es que en los recuerdos parentales, como en todo en la vida, también hay sombras que olvidamos y/o preferimos aparcar donde no molesten.
    La verdad es que me ha gustado que haya sido el Día del Padre. Lo he pasado muy bien, reconfortado, animado y agradecido. Y, aunque sea al final, un abrazo a vuestra madres, que también tienen que ver con el tema.
    Abrazos. Tu padre.

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    • Pues un par de cosas, Padre de Lester. O tres. La primera, que no te preocupes por el libro de Tom Wolfe, era un ejemplo de las diferencias de gustos, son 800 páginas y a mí me pasa ahora exactamente lo mismo, que hay tanto que leer que da pereza meterse con estos libracos. En aquel tiempo a lo mejor a mí me gustó tanto porque trataba de una especie de Jesús Gil arruinado, mezclado con una historia de racismo, quiebra financiera y sus víctimas, arribistas,… Pero ahora igual no podía con él, no te sientas obligado. Tampoco te gustó Plenilunio, de Muñoz Molina, y a mí sí, o algunos de Javier Marías, que a mí en una época pasada me tenía enganchado y ahora no. El libro era un ejemplo, tragarse un libro de 800 páginas que no engancha es una tortura que Amnistía Internacional debería incluir en su lista de métodos a erradicar. A mí me pasó con La Regenta en el colegio, pufff…
      En segundo lugar, por supuesto que los hijos siempre estarán en deuda con los padres. Durante años nos pasamos evitando la reprobación, la bronca, pero con los años te das cuenta de que en el fondo buscas su aprobación, el que piensen que, pese a lo burro que has sido en tu juventud, en el fondo no lo has hecho tan mal.
      Y en tercer lugar, sobre las sombras del pasado… Procuro olvidar los malos recuerdos y quedarme con lo bueno, que afortunadamente ha sido mucho. Esa memoria selectiva ayuda a seguir mirando hacia adelante, enterrar tus errores y quedarte con lo que has hecho bien, lo que te ha hecho feliz y lo que te ha convertido en lo que eres.
      Un abrazo.

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  3. Gracias Barney, Lester, Travis y Josean por plasmar en unas letras lo que a veces no somos capaces de decir a la cara a los progenitores, ese agradecimiento por todo lo que nos han dado ( y algún que otro reproche, seguro) Como decís, para bien o para mal somos una versión de nuestro padre. Mi señora, cuyo padre se llevo por delante esa enfermedad de signo zodiacal, me repite siempre lo mismo: aprovecha para decirle a tu padre lo que sientes, algún día no estara y te arrepentirás de haber dejado tantas cosas sin decirle. Pero a la hora de la verdad, me es imposible sacar los sentimientos ( debe ser los restos de la educación viril de la EGB).

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    • Te entiendo perfectamente, es muy difícil exteriorizar los sentimientos. Mi madre siempre decía “qué brutos sois”, y decía brutos en el sentido de ariscos, hoscos, poco cariñosos, brutotes,… La verdad es que los cuatro amiguetes hemos aprovechado este espacio para soltarnos en parte ese bozal, y aunque haya sido demasiado personal, creo que ha merecido la pena.
      Saludos. Lester.

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