Retos, curiosidades y despropósitos

Terminó 2023, ese año definido en el vídeo inicial de manera nada modesta como «un año a lo Indy» y arrancó ya 2024 con energía, así que vamos a por ello.

2023 fue el año con menos post publicados hasta ahora, 48. Menos de uno a la semana que, por lo general, suele ser el objetivo marcado. Claro que, a esta cifra, hay que añadirle los 29 publicados en La Galerna y las apariciones en el canal de Kollins, que restan tiempo de preparación para el blog. La mayoría de las veces, los vídeos coincidan en los temas con lo tratado aquí por el amiguete Barney. En total fueron 16 colaboraciones en 2023 (lista de reproducción), en su mayoría centrados en la difícil convivencia de la salud económica con los resultados deportivos.

En cuanto al número de lectores, ha sido el segundo mejor año de la historia de este blog, con casi 35.000 lecturas, por detrás de un 2020 que solo fue magnífico en esta estadística. Casualmente, 2020 fue el segundo año con menor número de artículos publicados, luego se confirma que no es tanto una cuestión de cantidad como de calidad de los contenidos. O de dar con la tecla en el momento adecuado. Menos de un artículo a la semana, pero cerca de 100 lectores diarios, luego tendré que darme por más que satisfecho. Si reviso el top-ten de artículos más leídos, me encuentro con que muchos de ellos son de años anteriores, casi siempre de asuntos polémicos relacionados con el fútbol que no pasan de moda:

  1. Las rayas del VAR, de mar-22.
  2. Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (II), de abr-21.
  3. El «autoproclamado» mejor periodismo deportivo del mundo, ¡sep-19! y sigue tan vigente.
  4. Finanzas ridiculés (I).
  5. Otras maneras de disfrutar Psicosis.
  6. Hiperregulación (I): situación.
  7. Faltan piezas por salir, faltan los peces gordos. Publicado nada más estallar el caso Barça-Negreira, casi como «por fin, llevaba años diciendo que aquí pasaba algo raro».
  8. La naranja mecánica (II): la película, de dic-21, un texto con muchos adeptos cada semana.
  9. Profesor Tamames.
  10. LaLiga (II): el declive económico y deportivo.

Mucho fútbol y eso que a uno, el personaje que más le gusta desarrollar es el de Travis, hablar de cine, de historias, de cómo enlazan unas con otras o de los grandes clásicos que nunca envejecen. Por poner en contexto las estadísticas mencionadas, todas las lecturas de este blog de un año entero alcanzaron el mismo número que el vídeo de más éxito en el canal de Kollins, de poco más de media hora. En el canal hay tres vídeos por encima de las 20.000 visualizaciones y uno de ellos, el que trataba la posibilidad de competir en otros campeonatos, alcanzó las 34.000. Son otros lenguajes más directos, más visuales, quizás más cercanos para mucha gente. Y también cuenta que cada vez se lee menos, que todo hay que decirlo.

Para comenzar el año en este blog, en lugar de plantear retos, lecturas o despropósitos como otras veces, lo que me inspira 2024 es sobre todo curiosidad. Es un momento convulso, de muchos cambios en muy poco tiempo, de incertidumbre, y lo que tengo no es miedo o dudas, sino curiosidad por saber cómo van a avanzar algunos temas.

Es un año clave para ver si la sentencia favorable a la Superliga supone la creación de una competición en la que desaparezca esa mafia llamada UEFA y en la que los fondos de petrodólares no arramplen con todo a su paso. Que sean los clubes los que establezcan las reglas de la competición, que hagan de la misma un torneo más interesante (al estilo de la apasionante Superliga de baloncesto) y que haya un equilibrio que ahora es imposible con los fondos ilimitados que reciben clubes como el PSG, el City o el Chelsea.

Año olímpico también. París 2024. Como cada cuatro años, me gustará acercarme a deportes que no sueles tener la oportunidad de ver durante el resto del ciclo olímpico. Y curiosidad por saber si las autoridades francesas son capaces de controlar el barrio de Saint Denis y de evitar que el estadio olímpico repita la vergüenza que fue la final de Champions de 2022.

Curiosidad y expectación por el retorno de Rafa Nadal a las pistas, por ver si nos regala una última temporada memorable, como lo han sido todas las suyas desde hace veinte años. La misma curiosidad que tengo en la evolución como jugador de Carlos Alcaraz y de otros del circuito (Jannik Sinner, fundamentalmente), en especial, para ver si son capaces de derrotar con solvencia a un Novak Djokovic que cada temporada parece más fuerte, joven y mejor jugador.

2024 debería ser un año en el que el caso Negreira o las irregularidades financieras del Barça le costaran un disgusto a este club que ha hecho de la corrupción su modo de actuar, pero no lo verán mis ojos. Todavía no ha empezado el juicio del caso Soule (que arrancó ¡en verano de 2017!) y antes de que arranque el de Negreira seguirán destruyéndose pruebas (las últimas, de esta misma semana, en la sede de la Federación Catalana) o falleciendo implicados (Contreras y Sánchez Arminio). No espero nada.

2023 ha sido un año en el que hemos podido ver los últimos estrenos de Nolan (Oppenheimer), Fincher (The killer), Scorsese (Los asesinos de la luna) y Spielberg (Los Fabelman, realmente de 2022), que, si bien no son sus obras más redondas, sí han hecho que el ejercicio dejara una buena cosecha. Me faltan muchas por ver, de entre las recomendadas por la crítica: Godland, Anatomía de una caída, The creator… Vi ese truñaco recomendado en Cannes titulado El triángulo de la tristeza, una tomadura de pelo infame, y no tengo el más mínimo interés por Barbie ni por las sucesivas secuelas, precuelas, spin-off, metaversos paralelos, etc. de superhéroes. Y entre lo que más he disfrutado del año, La sociedad de la nieve, la alemana Sin novedad en el frente y Babylon (aunque ambas sean de 2022).

Tengo curiosidad por saber qué nuevas tramas prepara Hollywood tras la huelga de guionistas y actores durante varios meses por sus protestas contra el uso de la Inteligencia Artificial y el reparto de derechos. La Inteligencia Artificial es una herramienta más para un guionista, pero siempre he tenido mis dudas acerca de si se puede utilizar para crear algo tan novedoso y bien urdido como un guion de Billy Wilder, tan rompedor como Tarantino, o con finales que te descolocan tanto como Shyamalan. La Inteligencia Artificial se entrena con todo lo ya existente, se alimenta de lo ya creado por otros, y hoy en día sin su uso ya podemos predecir el noventa por ciento de las tramas de las películas precisamente por el poco riesgo que asumen, luego no sé hasta qué punto resulta tan peligrosa para el gremio de escritores y guionistas.

El caso de los actores es diferente, porque ya hemos visto que con programas entrenados se puede hacer que Tom Hanks, Brad Pitt o Jessica Chastain «aparezcan» en una película sin haber pisado el plató y sin ver un chavo por su aparición. Quizás la respuesta a mis dudas esté en ese capítulo de Black Mirror que anticipa estos avances y su posible impacto en la creación cinematográfica: Joan es horrible. Interesante, divertido, perturbador. Un programa informático puede utilizar los rasgos de actores de carne y hueso para componer tramas casi en tiempo real. Quizás los actores vivos hayan ganado la batalla por el control de su imagen, pero tengo curiosidad por saber si veremos «nuevas obras» con los rostros de James Stewart o Katharine Hepburn. Ya se habla de resucitar a Elvis, menuda estupidez, ¡si todos sabemos que no murió!

Vaya año nos espera. La invasión de Ucrania, la guerra salvaje en Gaza, los piratas hutíes en el mar Rojo y su afectación al comercio mundial, el parón económico y en el horizonte de final de año, elecciones en Estados Unidos. Sorprendentemente, parece que repetirá Joe Biden como candidato demócrata y, de manera aún más sorprendente, las encuestas ponen a Donald Trump como favorito. Joder, la primera potencia del mundo, dadme fentanilo y me retiro una temporada.

Tengo curiosidad por los resultados de las elecciones, pero casi más por los meses previos y la guerra mediática que vamos a ver, y sin embargo, lo que más expectación despierta en mi yo economista es ver el resultado de las medidas ultraliberales que Milei se propone aplicar en Argentina. Un país rico que no funciona desde hace décadas, como Venezuela, y un empobrecimiento de la población más que evidente. También como en Venezuela. Los argentinos se han puesto en manos de quien promete revertir la situación o reventarla del todo. Me recuerda a aquel chiste de Hermano Lobo en los setenta, cuando un político cuestiona a sus seguidores: «¿Nosotros o el caos?». A lo que todos respondían:

Milei se ha propuesto cambiarlo todo, meter mano a unas estructuras arcaicas que no funcionan, vaciar todo lo posible el aparato del Estado y la carga pública, luchar contra la corrupción sistémica y la población subvencionada, revertir decenas de «derechos adquiridos»… Lo veo muy difícil, y la batalla interna va a ser cruenta, pero, como decía, tengo más que curiosidad.

La Fundación del Español Urgente, perteneciente a la RAE, seleccionó al final del año 2023 la palabra del año y esta fue «polarización». No podía ser otra. La sociedad está cada vez más distanciada y enfrentada en sus posturas. En Estados Unidos, en Argentina, por supuesto en todos los conflictos armados, pero, por desgracia, también en Europa (Países Bajos, Suecia, Polonia, Hungría, Italia, Francia…) y en España. En nuestro país los principales líderes políticos agitan el fantasma de las dos Españas con una desvergüenza absoluta, tratando de sacar réditos electorales. Tengo cierta curiosidad por saber cuánto va a durar este gobierno en el que cada medida que se trate de aprobar va a ser un dolor de muelas por las exigencias de los socios, partidos cada vez más cerrados en «su mundo» y nada interesados en los efectos globales o generales de dichas medidas. En este blog y en el año recién terminado, la mayoría de los post se han centrado en las medidas fiscales, casi todas con la creación de nuevos impuestos para incrementar la recaudación (ya en cifras récord), pero se trabaja muy poco en la contención del gasto público.

Este blog nació con la idea de mantenerse un año, probar y poco más. El noventa y nueve por ciento de los blogs duran menos de esos 12 meses. Empiezan con fuerza, con ideas, pero el entusiasmo inicial se agota y desaparece. Como los textos. Este blog de los «Cuatro amiguetes y unas jarras» cumplirá diez años en agosto, y quizás sea el momento de distanciarse también, de enfocarme en ese «otro proyecto» al que no soy capaz de dedicarle tiempo. Para entonces el blog llevará cerca de 700 post, en ese tiempo he publicado tres libros y las ganas no escasean, sino todo lo contrario. Para la celebración de esos diez años habrá que ir pensando en algo especial y, llegado el momento, decidir hacia dónde tirar. Hasta entonces, mil gracias a todos los lectores por seguir ahí, al otro lado, interesados en las propuestas que van surgiendo entre cervezas imaginarias de cuatro amiguetes inventados.

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