Hermanos y rivales, por Barney

 

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Miradlo bien, disfrutad este corto vídeo, porque este momento es único en la historia del deporte. Y posiblemente sea irrepetible:

El salto inicial de los hermanos Gasol en el All Star Game de la NBA, en el centro de la cancha del mítico Madison Square Garden, con el plano del Metro de Nueva York bajo sus zapatillas, es uno de esos momentos que quedarán para siempre en nuestra memoria. Los propios comentaristas americanos lo narraban con emoción y los letreros informaban de la hazaña: dos hermanos hacen el salto inicial del Partido de las Estrellas.

Para el que no entienda la relevancia de su hazaña, hay que explicarle que este hecho no se ha dado nunca en la liga americana, la mejor del mundo, ni siquiera entre jugadores de esa nacionalidad, y han tenido que ser dos chicarrones de Sant Boi los que lo han conseguido. Los dos pívots han sido elegidos por la NBA y por sus aficionados como los mejores de sus respectivas divisiones. Los mejores entre los mejores, compartiendo inicio de partido con la bestia Lebron James, el francotirador Stephen Curry o el hipster James Harden, entre muchos otros de los mejores jugadores del mundo.

Estos dos hermanos tienen la extraña virtud de caer bien a todo el mundo, incluso a los madridistas, pese a su pasado culé. Será que nos caen bien porque tuvieron el detallazo de irse del Barça muy jóvenes. Siempre lo he pensado. Menos mal que Pau se marchó a la NBA hace ya 14 años, porque si no, me temo que la sequía del Madrid hubiera durado prácticamente todo ese período. No me imagino un antídoto en Europa contra su calidad. El último año de Gasol, pese a contar con sólo 20 añitos, nos machacó en la liga y en la Copa, y fue elegido mejor jugador de ambas competiciones. Un tipo de 2,13 que botaba con soltura y agilidad, driblaba desde fuera, tiraba de lejos,… era indefendible. Los que crecimos viendo a un 2,13 como Fernando Romay como referente de “pívot alto” y torpón, sentimos una sana envidia nada más ver jugar a Pau. “Joder, que se vaya pronto”, murmuramos. Y lo hizo. Menos mal.

Hace poco he tenido un pensamiento similar con otro jugador del Barça, Mario Hezonja. Fue en el Palacio de los Deportes hace tres semanas, y pese a que el Madrid ganó por 24 puntos de diferencia (97-73), ahí vi un futuro crack al que llevaba siguiendo desde hace varios partidos. Qué ambientazo tuvimos: RM Barça

Hezonja tiene una pinta espectacular, como tirador o como alero fuerte, tiene unos fundamentos magníficos, es físicamente muy poderoso, competitivo a más no poder, tiene el gen ganador,… ojalá se vaya pronto a la NBA. No lo estoy comparando con Pau Gasol, ni mucho menos, no creo que vaya a llegar a su nivel, pero sí le va a dar grandes tardes al eterno enemigo. Es un Mirotic mejorado. 

Marc Gasol también duró poco en el Barça. Yo creo que tenía problemas de sobrepeso en sus inicios. Decir que “tenía” problemas de sobrepeso alguien que ahora mismo está en los 120 kilos puede sonar a chiste, pero así lo creo. O al menos su constitución lo transmitía, se le veía lejos de la agilidad de su hermano. Tanto que el Barça lo descartó, no hizo nada por retener a un tío de 2,15 como él y Marc se fue al Akasvayu Girona, y ahí fue donde explotó. Estuvo dos años en los que progresó notablemente, afinó su peso, su figura, y se marchó a la NBA. Los que seguimos este deporte no creíamos que fuera a tener una gran carrera en la liga americana. Sinceramente esperaba que tuviera un paso de dos o tres años, al modo de tantos jugadores europeos, como Rudy Fernández, Juan Carlos Navarro o el Chacho. Por esa razón resulta más meritoria su designación para el quinteto titular del All Star Game. Por su progresión, por su lucha, por haber sabido adaptarse y mejorar año a año sus prestaciones. Pau siempre tuvo el talento, Marc, la constancia. Ha ido mejorando el tiro, los movimientos de espalda a canasta, la defensa (elegido Mejor Defensor del Año en 2013), todo, hasta convertirse en el jugadorazo que hoy es.

Quería aprovechar este post para hablar de los hermanos y de la rivalidad. Posiblemente no haya habido mayor motivación para el pequeño de los Gasol, Marc, que llegar al nivel de su hermano mayor. Hablo del pequeño, pero en realidad es el mediano. Hay un tercer Gasol, Adriá, que mide sólo 2,07, pero que parece que no llegará a gran cosa en el mundo del basket (juega en la liga EBA actualmente), así que me olvido de él para el asunto de la rivalidad.

Supongo que los piques entre Marc y Pau habrán existido desde pequeños, con ventaja casi siempre para el mayor, por tamaño al principio, y por experiencia después. Pero el pequeño tiene ese objetivo delante en el que fijarse, contra el que competir.

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Recuerdo hace años un torneo de futbito en el pueblo. Estábamos en la grada viendo un partido entre los chavales de 25-26 años contra los de 22-23, porque como todo el mundo sabe, en los pueblos se organizan por quintas, o peñas, que suelen estar relacionadas con las edades. Había dos jugadores que se estaban zurrando de lo lindo, era bastante evidente. Cada vez que uno la cogía, el otro iba a por él y le hacía una entrada. Y viceversa. Se pegaron algunos leñazos de consideración, se zarandeaban un poco y la cosa no iba más allá. Alguien entre el público gritó: “¡Por Dios, que alguien los separe, que se van a matar!”. Y otro paisano contestó:

– No se preocupe, que son hermanos.

Totalmente verídico, lo juro, estuve allí. Y la anécdota me sirve para explicar lo común que resulta que surjan en la misma familia deportistas de élite, hermanos pequeños o medianos como Marc que se intentan superar a sí mismos con el único objetivo de superar a su hermano mayor. Hermano mayor, por cierto, que tolera perder con cualquiera excepto con su hermano pequeño. “No hay peor astilla que la de la misma madera”.

FM FR-AR

El Real Madrid tuvo a los hermanos Martín, Antonio y Fernando, al que ya dediqué una entrada completa (Fernando I el Grande). La calidad la tenía el pequeño, Antonio, pero los huevos y el gen ganador eran del mayor, así que el “duelo” se decanta claramente por este. A igualdad de entrega, vence el talento. En la actualidad, Felipe Reyes está dando lecciones de coraje y saber hacer semana tras semana, y ha conseguido mejorar con mucho las prestaciones de su hermano Alfonso, que no fue un “piernas” precisamente (142 veces internacional). Rudy Fernández tiene una carrera bastante destacable, como también lo ha sido la de su hermana Marta (119 veces internacional).

La familia Llorente Gento

Si hablamos de hermanos, me gusta especialmente la historia de esta familia, los Llorente Gento, sobrinos del gran Paco Gento, la Galerna del Cantábrico, el único jugador que ha ganado 6 veces la Copa de Europa. El mayor de los cuatro hermanos, José Luis, fue un gran base del Real Madrid durante los años 80. Jugó 18 años en Primera División, lo que hoy sería la ACB, 9 de ellos en el Real Madrid. Si no jugó más años fue porque coincidió con el mejor Corbalán. José Luis tenía dos hermanos que jugaban al fútbol y que llegaron a la primera plantilla, Paco y Julio. No aportaron grandes cosas al primer equipo, aunque Paco prometía bastante. Empezó muy bien su carrera (en el Atleti inicialmente), y lo mejor que hizo fueron sus dos internadas en la eliminatoria contra el Oporto en 1987. El Oporto no era el de ahora, sino el vigente campeón de Europa entonces, y el Madrid perdía 1-0 el partido de vuelta hasta que Paco hizo estas dos jugadas (increíble, he encontrado el vídeo):

Así que de los cuatro hermanos Llorente, tres habían jugado en el Real Madrid, y el cuarto (el segundo en el orden familiar), Toñín, que también era deportista de élite, no lo había conseguido. Tenía una  carrera digna como base en la liga ACB, y había pasado por numerosos equipos que más bien parecían una colección de cajas de ahorros destinadas a quebrar: Cajamadrid, Caja San Fernando, Caja Ronda y Caja Bilbao, además del Festina Andorra, el CB León y Valladolid. Cuando ya estaba pensando en retirarse, a los 38 años, le llegó la llamada del Real Madrid, que necesitaba un base media temporada para cubrir una lesión de larga duración. Recuerdo haberle oído en la radio hablar con emoción, yo creo que con la rabia contenida de haber visto a sus hermanos y a su tío llegar al equipo de su vida, mientras él se quedaban rondándolo siempre. Pues bien, tuvo sus momentos de gloria, aunque fueran breves. 

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En todos los deportes

Hermanos ha habido en todos los deportes. Los Schleck, Induráin y Ochoa en ciclismo, los Entrerríos en balonmano, los Márquez en motos, los de Boer o Alcántara, o Milito en el fútbol, los Sánchez-Vicario, McEnroe o Bryan en tenis,… Yo creo que se debe al efecto contagio del que hablaba antes, ese hermano pequeño queriendo, no emular a su hermano mayor, sino superarlo. Hay un caso más curioso aún y se da en los Phoenix Suns de la NBA. En una plantilla de 12 jugadores, cuenta con los hermanos Dragic, Goran y Zoran, y con los gemelos Morris, Marcus y Markieff. Todo un lío de nombres.

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Más curioso aún

El legendario pívot italiano Dino Meneghin, un tipo malencarado que nos trajo por la calle de la amargura en la final del Eurobasket de 1983, se mantuvo en activo todo lo que su experiencia y su cuerpo le permitió, hasta el punto de que llegó a enfrentarse en la liga italiana de baloncesto contra su propio hijo Andrea. Un buen jugador, que llegó a ser internacional con la selección, pero que se quedó lejos de los registros del padre. Era base, seguramente para evitar chocar con su padre por los bajos fondos de la canasta. Y el más difícil todavía lo consiguió hacer a mi modo de ver Walter Pandiani, ex jugador del Depor, Espanyol y Osasuna, entre muchos otros. El Rifle Pandiani consiguió jugar dos temporadas completas en el mismo equipo que su hijo, una en España (Atl. Baleares) y otra en Uruguay. No debe ser sencillo para el chico: “como no le pases la bola a tu viejo, hijo, te va a tocar recoger tu cuarto hoy mismo, por la concha de tu madre”.

Cara Barney