El primer Mundial sin Ibáñez

Estoy viendo este Mundial de Estados Unidos (más México y Canadá) con cierto desapasionamiento, algo extraño en mí, pues hace años esperaba los mundiales con bastantes ganas, con ilusión por ver a otros equipos, descubrir nuevos jugadores o disfrutar del exotismo de ciertas selecciones. Lo cierto es que ya pasé del Mundial anterior, el de la infamia y los estadios construidos sobre cadáveres, del que apenas vi dos partidos: la final y el soporífero España-Marruecos, cuando nos eliminaron (El club de los currelas muertos).

No sé si es el hecho de que haya 48 selecciones, con la morralla de partidos que ello conlleva, (Matar el fútbol), si es el asqueamiento que siento por la corrupción de este deporte (Negreira, Ceferin, Infantino, ya han salido todos en este blog, sin olvidar a los que los precedieron), o si es por el modo de jugar de todos los equipos, ya igualados en su manera de organizarse, tocar, posicionarse y, por qué no, aburrir, especular, no rifar la bola, retrocederla hasta el portero con tal de mantenerla, o el hecho (que me desespera) de no colgarla al área en los últimos minutos para acogotar al rival. Hasta los africanos y asiáticos juegan de la misma manera, y sus porteros y defensas son ahora muy buenos, no como hace años, cuando nos sorprendían de medio campo para arriba, pero pinchaban en la retaguardia. Ni siquiera el paso de España a la final (que celebro) ha aumentado mi expectación o mis buenas vibraciones con este campeonato. Quizás el hecho de que la selección sea el equipo de la corruptísima Federación Española de Fútbol influya mucho en esta mezcla de alegría y rechazo.

Me di cuenta la semana pasada de que este Mundial es el primero que no contará con el álbum especial de Mortadelo y Filemón, otro clásico que esperábamos con ansias cada cuatro años. El fallecimiento de Francisco Ibáñez (¿acaso no llegamos a pensar que era inmortal?) nos privó de esa alegría mundialista cuatrienal que algunos disfrutábamos desde críos como un ritual.

Ya el último tomo de Ibáñez sobre el Mundial catarí de 2022 resultó algo descafeinado, porque no se trató de la típica historieta de los agentes secretos de la T.I.A. inmersos en la selección española como si tal cosa, sino de un recopilatorio de bromas o pequeños chistes sobre el fútbol, sospecho que muchos de ellos reciclados de otros años. Juegos de palabras, los dobles sentidos de toda la vida y algo en lo que siempre destacó: la magnífica expresividad y dinamismo de sus trazos.

No por conocido resultaba menos ocurrente. Ibáñez mantuvo su habitual genialidad y acertaba en los gags con bastante frecuencia, aunque este tomo, que he vuelto a releer durante este Mundial, tenía un mayor número de chistes flojos que en el pasado.

En su día pensé que el hecho de que el tomo del Mundial 2022 fuera una sucesión de capítulos sobre el fútbol en general y no la típica historia de 44 páginas sobre espionaje e intentos de sabotaje del acontecimiento se debía a la avanzada edad del autor (85 años entonces) y a la voracidad de la editorial por sacar algo, lo que fuera, porque apenas había chistes actuales, ya fueran sobre el régimen catarí o sobre los jugadores más en boga en aquel mundial de la infamia. Sin embargo, los aficionados a sus historietas supimos tiempo después que en el momento de su fallecimiento (julio de 2023) estaba trabajando en esa típica historia de 44 páginas, pero esta vez sobre los Juegos Olímpicos de París, otro de sus clásicos que nunca fallaban. De esa obra inconclusa y del cariño de sus lectores di cuenta en Las últimas viñetas de Ibáñez, un tomo en el que la muerte lo pilló haciendo lo mismo que las siete décadas previas: trabajar. La tarde previa a su fallecimiento seguía pergeñando esta historia, que quedará para los que recordamos su obra con cariño como una especie de testamento, de regalo sobre el proceso creativo del genio.

Recuerdo haber visto a Ibáñez en varias entrevistas a lo largo de su vida, con esa sonrisa perenne, en las que reconocía su apego por la vida y cierto desinterés hacia el fútbol. Lo dejó bien claro en el test que figura al inicio del tomo de Catar 2022:

Respuesta correcta: la C, obviamente. Uno de los aspectos que hacían los tomos de Ibáñez tan divertidos para mí (y supongo que como para tantos otros) es que era de los pocos autores que se permitía seguir siendo políticamente incorrecto. Al principio sin filtro: los estadounidenses podían ser indios o descendientes de esclavos, los coreanos andaban perdidos por los estadios sin saber cómo se jugaba a esto y para cada selección tenía su gag, su topicazo.

Con los años aprendió a suavizar los chistes que hoy serían considerados racistas (no hay más que ver la que se ha liado con M. Rajoy), dejó de pintar a los africanos como caníbales o… como algo peor, como sucedió con la selección de Tanzania en el especial de Sudáfrica 2010. El propio Ibáñez escribió una historieta entera sobre «El racista», quizás como justificación de algo que en su día ya era impresentable, pero pasaba desapercibido:

Entre los recuerdos de la infancia me quedan varios con Mortadelo y Filemón como protagonistas, pero voy a rescatar dos que he encontrado en el recopilatorio de los Mundiales. El primero, las risas que nos echábamos en el patio del colegio con los nombres de los escoceses. Esa simple chorrada de los Mac-anudos escoceses con faldas se repetía con frecuencia en Ibáñez y siempre nos tuvo entre su público fiel para devolver una carcajada:

Y el segundo lo volví a ver el fin de semana. Coño, si es que mi hijo se partió en su día exactamente igual que yo con la resolución de aquel partido final. ¿Se puede perder un partido cuando se ha expulsado a todos los jugadores menos a Mortadelo? Se puede:

Es una pena que las aventuras de los detectives no tuvieran continuidad en Catar 2022, porque si una cosa repelía a Ibáñez era la corrupción, que apareció en numerosos tomos a lo largo de su dilatada carrera: Bárcenas, Juan Guerra, Luis Roldán, Pujol… no se salvaba ni uno. El especial del Mundial de España era un catálogo de obras multimillonarias ejecutadas de manera chapucera, ¿os suena, amigos lectores? ¿Se trataba solo de una broma? Felipe González, Aznar, hasta Jacques Chirac tuvo su momento en la inauguración de Francia 98.

¡El juego que podían haber dado los jeques cataríes untando de millones a la plana mayor de la FIFA! Y otra pena enorme (aparte de lo que supone el fallecimiento de una persona), que no llegara a tiempo de vivir ni iniciar las aventuras de Mortadelo y Filemón en el país de Donald Trump, uno de los pocos personajes cuyas acciones presentes superan las caricaturas que el genio de Ibáñez podía haber compuesto con él. ¡Eso mismo demostró la última de Torrente, ese personaje tan propio de un especial de Mortadelo y Filemón!

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