Liga Retro, Liga Negreira

Los cuatro astronautas de Artemis II regresaron anoche a la Tierra tras completar su largo periplo por la Luna. Eran las 2.07 en España cuando finalmente amerizaron en el Pacífico “en excelente estado de salud y felices de estar de vuelta”, aseguraron las fuentes oficiales de la NASA. “Misión cumplida”, añadió el director de la agencia norteamericana desde la sala de control.

Me he puesto “retro” yo también y por eso he preferido comenzar con la aventura espacial, lunar u orbital, llámenla como quieran, porque hablar de la desventura de la liga española es un infierno para el aficionado. LaLiga tebana tenía esta semana un “aire retro”, una especie de levantamiento de caretas institucional, como si los organizadores del Tinglao añoraran tiempos pretéritos y pretendieran homenajear unos tiempos oscuros de arbitrajes negreiros, o arminios, o “diazveguenses”, antes, durante y después del Villarato.

Pese a las imágenes enviadas por los astronautas en su misión, hay gente que sigue creyendo que la Tierra es plana, del mismo modo que, pese a todas las evidencias, hay tipos que creen que el Barça de verdad pagó por informes, y no por influencia. Y aún peor, nos atreveríamos a decir que hay gente (¡de verdad, existen!) que cree que el Real Madrid controla los medios de comunicación. No os riais de estos tipos, por favor, bastante tienen con lo suyo y con controlar sus esfínteres.

Yo no creo en las coincidencias cuando Javier Tebas anda por medio. Por tanto, que la jornada Retro de LaLiga coincida con el paso del Fútbol Club Barcelona por el juzgado para su declaración como institución investigada en el caso Negreira no puede ser una simple casualidad. Un club investigado por corrupción deportiva declara en el juzgado, por si a alguien no le queda claro. Un caso gravísimo, el más grave que han visto nunca, como expresaron Javier Tebas y Aleksander Ceferin nada más conocerlo. Buscadlo en las portadas de hoy y de ayer, moved la rueda del ratón en sus webs a ver por dónde aparece la noticia. Ni utilizando el mayor telescopio de la NASA para observar los objetos más recónditos de la galaxia lo vais a encontrar. Y aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. LaLiga se sigue celebrando como si aquí no hubiera pasado nada. Como sucedió tras Tenerife en el 92 y el 93, o la final de Copa del 90. ¿No querían un homenaje al pasado, una jornada Retro, un retro-ceso a cuando toda la mugre se inició?

El presidente de ese club investigado del que usted me habla reconoció durante la campaña electoral que había realizado un fraude con las palancas para poder inscribir jugadores, pero aquí no pasa nada. El horario del partido del viernes tampoco cumplía con la norma de las 72 horas entre encuentro y encuentro, pero aquí no pasa nada.

Nos pusieron como árbitro a un tipo como Alberola Rojas que estuvo pagando el coaching al hijo de Negreira porque, según palabras de Estrada Fernández, “era el hijo del que mandaba” y “los colegiados se veían condicionados a contratar sus servicios y pasar por caja”. Pero Alberola se sigue levantando sus 300 boniatos del ala y aquí no pasa nada.

Nos colocaron en el VAR a Trujillo Suárez, un individuo sin calidad para pitar en Primera, sin apenas experiencia, pero que es, casualmente y bajo las órdenes del Ilustrísimo Fernández Borbalán, el que más veces nos ha pitado desde el VAR. Pero aquí no pasa nada. “Misión cumplida”, debió exclamar desde la sala de control del VOR al acabar el partido.

Volvieron a hurtarnos imágenes (y quién sabe si también al VAR), como ya dijeron dos juzgados en su día, ¡pero aquí no pasa nada! En este caso nos referimos a las sangrantes (nunca mejor dicho) imágenes de la frente de Mbappé manando hemoglobina en abundancia. Y sí, por supuesto que somos conscientes de que, en el campo, donde se cuecen las cosas importantes, el equipo no juega a nada. Faltos de ritmo, de confianza en pelear por LaLiga y faltos, sobre todo, de una cosa: motivación. Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. O cuando ves que los “opinadores” arbitrales escogidos por el sistema excretan cosas como estas:

Nada que deba extrañarnos a estas alturas, pues ya vimos en su día (2017) que romperle la nariz en el área a Sergio Ramos no era penalti. “La cara de Ramos encontró la bota de Lucas Hernández”, como vomitaron en la radio aquel día (gracias, Richard Dees, por encontrar estas joyas del periogolfismo patrio). Aquel día pitaba Fernández Borbalán, por cierto, actual director del CTA, y por tanto, el jefe de Trujillo y otros piezas del VAR. El CTA sabe lo que hace. En el nuevo comité de designaciones figura un sujeto como Teixeira Vitienes, cuyo nombre, «Teixeira», fue confundido por Laporta en varias de sus respuestas al juzgado. ¿Fue un mero lapsus o nos enteraremos cuando ya haya prescrito todo? El comité sabe lo que hace: Trujillo en el VOR y Alberola en el campo ya le birlaron al Madrid otro penalti tras manotazo en la cara en un partido: Remiro a Jude Bellingham.


Se repiten demasiado estos patrones. Reformulo la frase: se repiten demasiado estos lacayos al servicio de sus patrones. El penalti de ayer ante el Girona fue claro hasta para el tipo que con más vehemencia ha defendido este sistema podrido: Iturralde González. Ayer fue un compendio “retro” de todo lo que ofrece la MLN al aficionado. Gracias a las redes sociales pudimos ver la sangre en la frente de Mbappé, que quedó groggy por momentos. Pero no pudimos ver esas imágenes ayer en directo, cuando Vítor Reis “parece rozar” el rostro de Kylian, ¿no, Pável? “El cuento del francés”, remata un tipo que ha logrado, gracias a su antimadridismo, trabajar en Televisión Española. Eso sí que es vivir del cuento, el cuento de la criada, o el cuento de la lechera, consistente en imaginar que vendes tu dignidad y con ello obtendrás grandes réditos. En el resumen de diez minutos de Movistar no aparece el codazo de Reis a Mbappé, y repito, aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

El hartazgo de Arbeloa en la rueda de prensa es el nuestro: “Esto es falta aquí y en la Luna”. Nos dicen fuentes tan contrastadas como las de los insiders del Real Madrid que los astronautas de Artemis levantaron su pulgar afirmativamente. Y con ese hartazgo Retro-spectivo del entrenador se transmite nuestra misma idea. Todas las semanas sucede lo mismo y así resulta imposible motivarse. No nos vale como excusa, el Real Madrid debe pelear todos los torneos y todos los partidos, aun cuando se hace muy cuesta arriba. Sabemos que el equipo es capaz de jugar mucho mejor, como vimos si nos Retro-traemos a los dos partidos contra el City, en el del Bayern, o contra el Athletic, Atleti y Barça en esta misma MLN. Pero cuesta jugar con plomo en las botas y la certeza de que un tipo Retró-grado está al silbato, dispuesto a hacernos Retro-ceder en la clasificación.

El sistema se Retro-alimenta de manera bochornosa. Hay muchos estómagos agradecidos en la prensa y las radios que hoy seguirán hablando del mal juego del Madrid, de la fragilidad de su defensa, de la falta de definición en ataque, de la ausencia de liderazgo, etc. Y posiblemente estemos de acuerdo con la mayoría de los argumentos. Lo que sucede es que les daríamos más credibilidad si ellos hablaran del elefante que hay en medio del salón. Un elefante que nunca fue una moda “Retro”, lleva ahí, sentado en nuestro sofá, más de tres décadas.

(Artículo publicado en La Galerna el 11/04/2026)

Puesto que no parece que seamos capaces de cambiar el sistema, lo que tendrá que hacer el equipo, si se puede, es tratar de mejorar el juego y sus prestaciones. De ahí surgió la pregunta: ¿Y si nos olvidamos de Negreira? Este equipo ya ganó en el pasado pese a errores flagrantes en contra, ¿es posible?

Minuto 43 de la final de la Champions de 2022 entre el Real Madrid y el Liverpool. Karim Benzema marca un gol totalmente legal, pues el balón le viene de dos defensas rivales que lo despejan hacia su propia portería y, pese a que se ve perfectamente en las imágenes, los artistas del VAR, tras una revisión de unos tres minutos, deciden anularlo. La “muy madridista” prensa española apoya la decisión con argumentos peregrinos como si el equipo perjudicado perteneciera a la extinta Checoslovaquia. Esto de Marca pasa a mis “anales” particulares de la historia, pues ya imaginan por qué parte del cuerpo me dio esta explicación:

He querido dejar el subtítulo que acompaña a esta excrecencia: “No le hizo falta al Madrid”. Y no le hizo falta porque finalmente ganó el partido, porque fue capaz de sobreponerse al error arbitral y de derrotar a los de Klopp a base de seguridad en defensa, sobriedad y contención en el centro del campo, y la calidad de Vinicius y Courtois, los mejores del mundo en sus puestos. El Real Madrid ganó toda una final de la Copa de Europa y no necesitamos acordarnos del arbitraje.

Una extraña sensación me acompaña desde febrero de 2023, desde que constatamos que los penosos arbitrajes que sufríamos desde hacía dos décadas tenían una motivación económica: los pagos al vicepresidente de los árbitros por parte de un Fútbol Club Barcelona que reventó todas las estadísticas posibles. Al shock por la noticia sucedió la consternación por ver las declaraciones de todos los dirigentes federativos y periodistas afines al Tinglao y comprender que no iba a pasarle nada al club pagador. No solo eso sino que, además, los ejecutores de los designios de los mandamases del CTA, es decir, los árbitros, iban a seguir empleándose con la misma saña, lo que ayudó a que el mediocre Barça de Xavi Hernández se hiciera con aquella Liga.

La temporada siguiente, 2023-24, fue encarada de una manera diferente por los nuestros. Conocedores del pastel, los jugadores se dedicaron a lo que mejor saben hacer: poner su calidad en el campo y ganar los partidos pese a que los “culegiados” siguieran haciendo de las suyas. A algunos árbitros se les vio el plumero en exceso, quizás rabiosos porque la mugre había sido destapada y un club los señalaba abiertamente con el dedo en su calidad de sospechosos. Solo así se entienden decisiones como el gol anulado por Gil Manzano a Jude Bellingham en Mestalla, rematada por una expulsión al jugador por dirigirse en unos términos a los que no se acercaba ni la más suave de las frases de Luis Suárez en sus ocho años campando (agrediendo e insultando) por los campos de España. Y a todas esas jugadas polémicas sucedían los comentarios posteriores de los Pável, Pérez Burrull, Iturralde y Foutos de la vida justificando sus criterios cambiantes o las líneas mal tiradas del VAR como si los del Madrid fuéramos unos quejicas paranoicos. “Bien pitado”, resolvían apretando bien «pá’dentro» para que las risas contenidas no dejaran escapar una ventosidad. O dos, tras la emanada por la boca.

Aun con esos penosos arbitrajes, el Real Madrid culminó una temporada ejemplar, con solo dos derrotas. Tampoco fue casualidad que ambas se produjeran ante el Atlético de Madrid en encuentros dirigidos por el colchonero Cuadra Fernández. Dos partidos repletos de jugadas polémicas resueltas siempre (curiosamente) a favor de los “suyos”. El equipo siguió a lo que debía y, pese al calamitoso nivel del arbitraje nacional, se ganó la Liga y la Supercopa. Y fuera del ecosistema negreiro, la Champions y, tras el verano, Supercopa de Europa e Intercontinental.

Los años pasan y hay momentos en que parece que el caso Negreira se diluye, está cerca de ser enterrado. Pero somos muchos los que mantenemos la herida abierta, una herida que no cicatriza porque nos hurgan con el dedo cada semana. El Barça se repuso en los inicios de la temporada 2024-25 y mejoró notablemente su juego, al tiempo que el nuestro bajaba. Durante esos meses, los centímetros que decidían los goles o su anulación caían siempre del lado culé o en contra del Real Madrid, ¡vaya por Dios!, “puedo ayudaros con el VAR” y Clos Gómez en el recuerdo.

Pero, aun con todos estos elementos en contra, los nuestros fueron capaces de escaparse en la clasificación. Siete puntos de ventaja en febrero. Ahí reventó el sistema. La primera media hora de Munuera Montero en Pamplona es digna de los mejores tiempos de Iturralde González y Enríquez Negreira en sus respectivas etapas de árbitros profesionales. Al atraco en Pamplona siguieron los del Bernabéu frente al Atlético de Madrid y el esperpento perpetrado en Cornellá frente al Espanyol. En solo tres semanas nos habían colocado nuevamente por detrás del Cautelares y Palancas Club.

El club se movió (¡por fin!) y emitió un duro comunicado de cuatro páginas contra el estamento arbitral. Tarde e insuficiente para el que esto escribe, pero un comunicado contundente y de enorme dureza. Muy necesario.

Ese día se unieron todos los demás clubes al corruptor, a un CTA investigado, a esa pléyade de árbitros bajo sospecha, a LaLiga que miró para otro lado y a una Federación que deseaba pasar página, y desde ese día, de tanto pensar en Negreira, a veces pienso que nos hemos olvidado del fútbol. Posiblemente sea uno de los madridistas que más se ha despegado de un deporte que he seguido y practicado desde hace más de medio siglo. Que amaba, que me desvelaba, disfrutaba y, también, me cabreaba. Este año me habré perdido la mitad de los partidos del equipo y cuando lo veo, no reconozco nada. No disfruta prácticamente nada. Cierto es que el fútbol no acompaña en la mayoría de los partidos, pero compruebo que somos muchos los que estamos pendientes de otras cosas.

Cada semana, según se anuncian los trencillas del fin de semana, comienzan los análisis de buena gente a la que aprecio (cabaislois, futbolgate) sobre las “hazañas” previas de estos tipos del silbato para restarnos puntos en el pasado. Real Madrid TV emite sus vídeos con imágenes bochornosas acerca de los sospechosos habituales: Soto Grado, HH, BB, Gil Manzano, Alberola, Díaz de Mera… Y quizás, solo quizás, de tanto pensar solo en los arbitrajes de turno, se nos ha olvidado jugar al fútbol. Sí, lo sé, lo sé. Los aficionados somos una cosa bien distinta a los profesionales que están en el campo, que deberían abstraerse de estas emboscadas y competir dignamente, como se supone que deben hacer unos profesionales. Sobreponerse a un gol erróneamente anulado, como en la final de París con la que comienzo este artículo.

Pero es imposible. Recordad la final de la Copa del Rey de la temporada pasada, cuando la sensación de impunidad de De Burgos Bengoetxea y González Fuertes les animó a amenazar al Real Madrid la tarde anterior al partido. Es imposible que un profesional no salga al campo pensando que va a ser juzgado de una manera distinta a sus rivales. Y luego, al menos ese día, no fue así, quizás por toda la presión que los mismos colegiados echaron sobre sus espaldas. Un lector que haya llegado hasta aquí podría estar pensando ahora mismo: “¿entonces tú, soplagaitas, que has escrito un libro de 372 páginas sobre el caso Negreira, estás pidiendo que nos olvidemos del mismo y nos pongamos a jugar al fútbol como si no pasara nada? ¿Qué “cacho” del cerebro se te ha caído?”.

Yo mismo me lo pregunto muchas veces. No olvido la rebaja de calidad que ha habido en la plantilla con las salidas de Kroos y Modric sin recambios ni fichajes, ni olvido tampoco la plaga de lesiones que merma cualquier posibilidad de continuidad y crecimiento del equipo, factores ambos en los que el club, sin duda, es responsable por una gestión claramente mejorable. Me miro al espejo justo antes de afeitarme y me pregunto muy serio: “¿Y si nos olvidamos de Negreira y los arbitrajes?”.

Y mientras me paso la maquinilla, pienso en esos jugadores a los que veo desbordados. Atenazados, crispados. Haciendo aspavientos al árbitro al menor contratiempo. Solo dan pases de seguridad y los que llegaron en verano son una mala versión de sí mismos, incapaces de revertir su situación. Hay una regresión evidente. Y mi misma figura reflejada en el espejo trata de hacer un análisis racional de la situación, y me contesta: “si para derrotar al Mallorca necesitas marcar cinco goles para que valgan solo dos, ocurre que terminas pidiendo la hora y salvando un empate bajo palos, y la confianza se merma. Si no juegas bien frente al Rayo en Vallecas y encima ves que a Chavarría le permiten hacer dos penaltis escandalosos que se van al limbo, te vuelves a casa pensando que lo que tienes que hacer es mejorar y no protestar, porque eso es lo que te dicen. Si luego vas al campo del Girona y ves cómo una zancadilla a Rodrygo es considerada por todos los expertos como un contacto residual, sin intensidad suficiente, pues regresas con dos puntos menos y ya jugarás mejor el próximo día, que es lo que tienes que hacer. Porque al final acabas quejándote incluso en las victorias claras, como frente al Barça en la primera vuelta, o contra el Alavés, partidos en los que zancadillas escandalosas fueron consideradas piscinazos o que el defensa tenía la pierna antes que tú, o que el centímetro del VAR no falla… Y al final no disfrutas de las victorias y sigues con tu crispación ante los de amarillo”.

—Pero, entonces, subconsciente cabrón, me estás dando la razón.

—Mira a tu máximo rival cuando el partido se le atasca.

Es entonces cuando ves su partido frente al Rayo de la temporada anterior, en el que ganan 1-0 de penalti tras un agarrón leve y cómo un agarrón de tres segundos en el área culé se queda sin señalar. O cómo anulan un gol a De Frutos por un fuera de juego posicional de chiste y respondes a tu reflejo:

—¿Me estás diciendo que ellos se agarran al fútbol y no al arbitraje? Mira lo que ha pasado esta misma temporada, de penalti y sin VAR.

—No, te estoy diciendo que ellos ya saben cuáles son las normas, las suyas propias, y juegan de acuerdo con ellas, mientras que nosotros somos tan torpes que todavía no nos hemos dado cuenta de cómo hacerlo. Y llega un día en que estás espeso, las cosas no salen, como el día del Celta en el Bernabéu, y tus protestas te acaban costando dos rojas innecesarias. Rojas de hartazgo. O tienes al equipo en cuadro, repleto de lesionados, como el lunes pasado frente al Getafe, y tu misma desesperación te hace provocar tres tarjetas que conllevan sanción y tres bajas más (Huijsen, Carreras y Mastantuono). Nos pasamos el día hablando de arbitrajes, incluso los días que ni nos van ni nos vienen, como la semifinal de Copa entre el Malakito y los Negreiros. ¡Ponte a jugar sabiendo las reglas con las que te toca competir en la MLN, como hicisteis en la 2023-24, o en la final de la Champions de 2022, carajo!

Termino de afeitarme, me lavo la cara, me seco con la toalla y ya, totalmente confundido, me digo:

—De acuerdo, hay que pensar en construir en el equipo poco a poco. En recuperar a los lesionados, en buscar automatismos, en generar confianza, poco a poco. En confiar en la calidad de los que no han bajado de nivel, los mismos de París, e ir sumando adeptos a la causa. Partido a partido, aunque suene cholista. ¿Y ya después, nos olvidamos de Negreira?

—A ver, chaval, ¿quién más quiere que te olvides de Negreira?

Ese culé que dirige ahora el CTA y ha puesto al “talismán” Fernández Borbalán al frente del cotarro y a un promocionado por Negreira como Prieto Iglesias dirigiendo el VAR. Ese es el que quiere que lo olvides. Pues bien, no lo olvides nunca, al menos mientras no haya una sanción ejemplar. Lo que tienes que hacer es ignorarlo en el campo y jugar al fútbol lo mejor que puedas mientras puedas y las patadas rivales te lo permitan. Las reglas están muy claras, perfectamente definidas desde antes de esa carta del 2 de febrero de 2025, y aún más claras desde entonces. Sabes que hay árbitros que se han juntado en un sindicato (de millonarios, especie única en el mundo) con el único fin de putearte y de que no acabes con su chiringuito, pues eres el único que quiere cambiarlo. Esas son las reglas, no digo que las aceptes, pero asúmelas y juega con ellas, o contra ellas. Igual que sabes que jugar como visitante es más complicado que hacerlo de local, o que en un campo embarrado es más difícil construir el juego que cuando está perfecto, también sabes que compites en el ecosistema Negreiro. Controla lo que esté en tu mano: la forma física de los jugadores, la actitud, la confianza en el entrenador. Mejora todo aquello en lo que te has equivocado, y recupera la calidad y el físico en la plantilla. Eres mejor que todos ellos juntos, ya lo habéis demostrado muchas veces.

Y sobre todo, no olvidemos que nada les hace más daño que cada uno de nuestros títulos.

(Artículo publicado en La Galerna el 8 de marzo de 2026)

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