El día que gané a Gebreselassie, por Lester

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Supongo que la mayoría ha visto este fin de semana las espectaculares imágenes del keniata (o keniano, como dicen otros) Dennis Kimetto batiendo el récord del mundo de maratón en Berlín. Este hombre, o este extraterrestre, fue capaz de terminar los 42 kilómetros (¡y 195 metros!, como siempre recuerdo) en 2 horas, 2 minutos y 57 segundos. Para el que no sea capaz de entender qué significa esta barbaridad, le diré que significa correr a 2 minutos y 55 segundos por kilómetro. Hace años, Martín Fiz, campeón del mundo de maratón en 1995, hizo una prueba en El Retiro de Madrid para aficionados. Consistía en tratar de correr 500 metros a su lado a ritmo de maratón profesional. Sólo los muy preparados (y con esfuerzo) eran capaces de seguirle. Es una barbaridad, vas esprintando todo el tiempo y antes de llegar a los 500 metros te falta el aire. Pues venga, majete, imagínate ahora 42 kilómetros a ese ritmo. Es imposible. De hecho, estos kenianos, etíopes o eritreos no corren, flotan sobre el asfalto. No lo pisan con sus pies de geisha, como nosotros los mortales hacemos con nuestros zapatones, sino que levitan y se desplazan más de dos metros hasta el siguiente roce con la calzada.

Las imágenes de Kimetto atravesando la puerta de Brandeburgo Sigue leyendo

Ya estamos todos, por Lester

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Con la vuelta de los niños al colegio creo que no falta nadie. La incorporación de todos nosotros, pobres curritos de a pie, se produjo escalonadamente durante los últimos días de agosto, y el 1 de septiembre, que además era lunes, a primera hora, con las legañas todavía en los ojos, ya estábamos frente al ordenador, abriendo nuestros comercios, atendiendo gente, o directamente subidos al andamio. Pasamos de un glorioso agosto con 5 viernes, 5 sábados y 5 domingos, a un septiembre con 5 lunes, 5 martes, y sólo 8 días de descanso en todo el mes. Qué poco dura lo bueno. Cómo cuesta la vuelta al tajo.

Reflexionaba sobre esto metido de lleno en pleno atasco a las siete y veinticinco de la mañana. Sigue leyendo

Los Caballeros de la Orden de Malta, por Lester

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Este verano he tenido la suerte de pasar unos días de vacaciones en Malta. Obviando el ingente número de sicilianos y napolitanos que abarrotaban en agosto este pequeño país, el menor en tamaño y población de la Unión Europea, la isla, o mejor dicho, el archipiélago formado por  las islas de Malta, Gozo y Comino, nos ha sorprendido gratamente. Tiene algunos rincones maravillosos que merece la pena visitar y una historia apasionante de invasiones y encendidas defensas de sus puertos y sus ciudades. Pero no he venido a hablar de las islas, ni a hacer una guía de turismo, ni mucho menos una lista tipo «los 10 rincones malteses que no te debes perder», tan del gusto de algunos medios.

Hoy voy a hablar de los Caballeros de la Orden de Malta, y más concretamente de sus principios morales. Sigue leyendo

La amabilidad, por Lester

Cara Lester

¡Qué poco cuesta ser amable y agradar mínimamente y qué poco se practica hoy en día! Los resultados de ser amable y mostrar educación son inmediatos, no a largo plazo, y producen una gratificante sensación de bienestar al instante. Por eso cuesta más entender lo difícil que resulta encontrar a alguien que se comporte de modo amable, con verdadera intención de satisfacer al otro.

¿De qué hablo cuando hablo de amabilidad? No quiero entrar en los escabrosos mundos de la semántica o la etimología, pero sí quería hacer mención a que esta palabra por supuesto viene del latín “amar”, de la cualidad para ser amado o apreciado. Como nos hemos acostumbrado a esa falta de amabilidad en nuestro entorno, mi concepto de amabilidad es mucho más suave y me voy a referir en este texto de modo casi exclusivo a la educación. A comportarse con educación hacia el otro. Vamos tan acelerados por la vida, mirando únicamente por nosotros mismos o atontados con la pantallita del smartphone, que ya no nos planteamos preocuparnos ni tan siquiera mínimamente por el compañero o por el cliente, o simplemente por esa persona que te cruzas en un ascensor o en la calle. Sigue leyendo