Especial USA (y IV): el New York real de Travis


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Hace casi tres décadas me compré un póster de Nueva York en el mirador del World Trade Center, que creo que estaba en la planta 107. Lo mantuve expuesto en mi habitación mientras viví en casa de mis padres y me sabía de memoria todos sus detalles. Representaba no tanto lo que me gustaba como lo que hacía especial esta ciudad. El follón, el trasiego continuo de gente, muchos de ellos comiendo por la calle, el caos de taxis, bicis, ciclistas, coches de bomberos,… Y cómo no, Woody Allen. Sigue leyendo

Mis teorías de la conspiración favoritas (2 de 2), por Lester

Continuación de “Mis teorías de la conspiración favoritas (1 de 2)”  impostura2

El 11-S o el 9/11 americano

La madre de todas las teorías de la conspiración. Hace unos cuantos años, debió ser allá por 2002, vino a España un francés llamado Thierry Meyssan a presentar su libro La gran impostura. Como este título no tenía suficiente gancho, el libro llevaba un subtítulo rompedor: Ningún avión se estrelló en el Pentágono.

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Recuerdo haber escuchado una entrevista en la radio en la que daba innumerables detalles que alimentaban su teoría: “el ancho del boquete abierto en el Pentágono es muy pequeño para tratarse de un Boeing 757”, “no hay restos del fuselaje en los alrededores del edificio”, “los papeles y objetos del piso superior al del impacto estaban intactos, ni se habían movido”,… Recuerdo también perfectamente la pregunta del entrevistador: “¿cuántas veces ha visitado Washington para su documentación o para recabar información?”

La respuesta de Thierry Meyssan fue:

– Ninguna, lo he deducido todo por las fotos que he encontrado, por las que se han publicado.

Y aquí surge una duda similar a la de la llegada a la Luna: ¿un tío desde su casa viendo fotos por Internet tiene más credibilidad que todo el aparato investigador de la primera potencia del mundo? Lo triste es pensar que sí, que a eso nos han llevado nuestros dirigentes.

El libro hablaba de muchas más cosas, empezando por el final de la democracia en Estados Unidos, cuyo Gobierno, siguiendo los dictados de las grandes corporaciones del petróleo y la venta de armas, era quien estaba detrás de la autoría de los atentados. Osama Bin Laden no era más que un producto de la CIA, que le contrató a principios de los 80 en Afganistán para luchar contra la invasión soviética, y fue utilizado como chivo expiatorio para justificar la posterior invasión del país, y sobre todo, de Iraq, el verdadero objetivo. Si esto fuera así, ayudaría a explicar esas extrañas conexiones de la familia Bin Laden con la familia Bush en el Consejo de Carlyle Group, que tan bien explicó Michael Moore en su documental Fahrenheit 9/11.impostura 4

La teoría de Meyssan desmonta no solo la autoría de los atentados, sino también la causa de la caída de las torres, porque como explica, nunca un rascacielos se ha derrumbado o colapsado tras un incendio de ese modo tan “ordenado”. Según el libro, las torres cayeron por la detonación de varias cargas explosivas, no porque la estructura metálica se fundiera por el incendio. En 2009 un grupo de científicos dirigidos por un profesor de Química de la Universidad de Copenhague publicó un estudio en el que decían haber encontrado partículas de un explosivo entre los restos de polvo generado tras el colapso de las torres del World Trade Center, lo que sin duda ayudó a difundir las teorías de la conspiración.

Por el contrario, años después vi un documental muy técnico que explicaba por qué se colapsaron de ese modo las torres. La temperatura de fundición de los materiales, el peso de la estructura, gráficos en 3D… Era muy aburrido, así que no lo terminé de ver. Las conspiraciones mundiales son mucho más entretenidas que la verdad. “No dejes que la realidad te estropee un buen titular”, le suelta Walter Burns (Walter Matthau) al periodista Hildy Johnson (Jack Lemmon) en Primera Plana, de Billy Wilder (película con grandes frases, de la que, por cierto, ya habló Josean en la entrada Periodismo a vuelapluma).

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Un amigo que tengo, cuyo nick es Dagos Elva, una especie de visionario-filósofo encerrado en Matrix que persiste en su empeño de abrirnos los ojos al resto de la humanidad, me dijo en su día que George Lucas se había basado en los atentados del 11-S para su película El ataque de los clones (2002). “¿Cómo dices?”, le pregunté. Para mí, hasta entonces, esa película era simplemente la más soporífera de las seis de Star Wars, con mucha diferencia, no le había encontrado más interpretaciones. “Sí, mira, el senador Palpatine, que sería el equivalente a George Bush, necesita un gran golpe de efecto para que el Senado le de plenos poderes para hacer lo que le venga en gana, y necesita un motivo para iniciar una guerra, porque además lleva años desarrollando un gran ejército, los clones. El senador, nombrado después Canciller, es quien está detrás del secuestro y posterior intento de asesinato de la princesa Amidala, la excusa perfecta para iniciar una guerra con los separatistas. ¡El guion es genial!”.

Hombre, visto así,… En lo que no le voy a llevar la contraria es en que tras el atentado del 11-S a George Bush se le permitió hacer lo que quisiera en aras de la seguridad: restringir derechos de los ciudadanos, invadir Iraq inventándose la patraña de las armas de destrucción masiva, la vergüenza de Guantánamo,…

¿Sabremos algún día toda la verdad? ¿O seguiremos creyendo que ese pastor de cabras refugiado en una montaña sucia y cutre de Pakistán o Afganistán, sin acceso ni tan siquiera a un ordenador, era el responsable de los atentados más brutales que se recuerdan? Prefiero creerlo, pero…

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El incendio del edificio Windsor

Estos días se ha recordado este incendio porque se acaban de cumplir diez años del suceso. El edificio se quemó por completo, ardieron todas sus plantas, como pudimos ver todos por televisión. Pero sin embargo, la torre no se colapsó, al contrario que las del World Trade Center. Tras la investigación, no se encontraron responsables y siguen sin tenerse claros el origen ni las causas del fuego. Tampoco se encontró una explicación creíble a esas personas que vimos todos en la planta 12, con el edificio en plenas llamas. La explicación de los reflejos del edificio de enfrente no se las creyó nadie, y reconozco que “mola más” pensar que fue intencionado. De ahí que aparecieran libros con teorías sobre el incendio o artículos como el de esta misma semana, titulado Las sombras del misterio de una torre en llamas.

La Fiscalía Anticorrupción llevaba años investigando a Francisco González y a su sociedad FG Valores, y solicitó a la auditora de esta, Deloitte, sus papeles de trabajo de la misma. ¿Es una casualidad que esa petición llegara el día antes del incendio? ¿Y que tanto la planta 21, foco del incendio, como la 12, donde aparecieron esos dos tipos, estaban ocupadas por Deloitte? ¿Y que se perdieran irremisiblemente para siempre esos documentos tan peligrosos? Nunca se sabrá, aunque sinceramente me cuesta creer que no hubiera copias en un archivo externo o que quemar el edificio entero fuera la mejor manera de hacer desaparecer unos documentos.

11M

El 11-M: los atentados de Madrid

La verdad es que no me gusta demasiado hablar de estos atentados, por respeto a las victimas. No es que no lo tenga por los casi 3.000 muertos del World Trade Center, pero es que siento muy cercano lo ocurrido en los atentados de Madrid, en un tren que todos hemos cogido alguna vez, en lugares tan conocidos como la estación de Atocha.

El 11-M español se complicó aún más al haber elecciones generales apenas tres días después, como todo el mundo recordará. Con el nivel de la clase política que tenemos, no podíamos esperar algo distinto a la manipulación que se hizo de absolutamente todo. Versiones oficiales incompletas, ocultación de información, utilización de medios afines para manipular y tratar de captar votos, creación de pruebas falsas,…

El tsunami conspirativo no se detuvo tras las elecciones, sino que continuó, y continúa, años después. Un grupo de periodistas muy respetables (y algunos no tanto), con Pedro J. a la cabeza, se pasó años desmontando punto por punto la versión oficial y el sumario del juicio posterior de la matanza. Y es cierto que hay numerosos puntos sin explicación aparente, pero me resulta menos creíble aún esa teoría de la conspiración. Aunque solo sea por los cientos de personas que debieron trabajar en el supuesto complot: guardias civiles, la policía de Asturias dirigida por Rubalcaba, trabajadores de Mina Conchita, etarras subcontratando el trabajo a unos moros de Lavapiés, altos cargos del Ministerio de Interior, policías de la comisaría de Vallecas, jueces, fiscales, periodistas,… Un golpe de Estado en toda regla. Respeto mucho el trabajo de Pedro J. Ramírez, pero siempre le he visto atrapado en el síndrome de Watergate, en su creencia ciega en ese cuarto poder capaz de derribar gobiernos y cesar presidentes.

Josean se pasó años contándonos detalles que no cuadraban de la versión oficial, y llegó a aburrirme con sus explicaciones sobre el humo blanco de la Goma 2 Eco y el negro del DNT, o será al revés, ya no recuerdo los detalles. Sí es cierto que tanto en el 11-S, como en el 7-J o en los atentados de Bali, había terroristas suicidas, mientras que en las explosiones de Madrid los terroristas habían dejado las mochilas y se habían largado. Unos días después, se suicidaron en un piso de Leganés, o “los suicidaron”, como reitera Federico Jiménez Losantos desde entonces. Muchas cosas son extrañas, como la destrucción de los trenes (y por tanto de buena parte de las pruebas) a los pocos días de los atentados, o la profanación de la tumba del GEO muerto en el asalto al piso de Leganés, o la ocultación de los informes sobre el explosivo, o que varios de los condenados fueran confidentes de la policía, o…

Fue tal la avalancha de información, cada medio tratando de justificar su versión, que uno llega a perderse por mucho empeño que ponga. Seguí el caso en varios medios y era imposible seguir el hilo de la realidad. Algunas resultarían hilarantes, si no fuera porque se estaba hablando de un tema muy triste. Recuerdo por ejemplo lo ocurrido con la Kangoo encontrada en Alcalá de Henares. Los de la, llamemos, “versión etarra”, dijeron que en esa furgoneta se habían encontrado conexiones con el Grupo Mondragón, y por tanto, de modo indirecto con ETA. Por su lado, los que seguían la línea oficial del atentado yihadista, informaban de que lo realmente encontrado era una cinta de la Orquesta Mondragón. Creo que no cabe error en algo así, fue una manipulación por parte de alguno de los medios, y lo peor es creer que todos te la están colando. Hubo otro titular que no sé muy bien cómo definir, ¿gracioso, ridículo, indignante?, portada de La Razón el 19 de octubre de 2004: “Un marroquí de origen vasco dirige el grupo que reivindicó el 11-M”. Y es que se trataba de buscar la conexión con el País Vasco como fuera. No he sido capaz de encontrar la página, pero sí varios enlaces que hacen referencia a él, como este.

¿Sabremos algún día la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Desgraciadamente no.

Las teorías de la conspiración favoritas de los cuatro amiguetes

Josean se quemó con el 11-M, cuanto más leía, más lejos se veía de la realidad.

Barney tuvo una época muy mourinhista y estuvo convencido, al igual que el entrenador madridista, de la teoría de la conspiración pro-Barça y anti-Madrid: “¿Por qué? ¿Por qué Unicef? ¿Por qué Bussaca, De Bleckeere,…?”. ¿Lo recordáis? Y de acuerdo con esa teoría, el Barça jugaba en superioridad numérica los partidos importantes: la final de París, la semifinal contra el Madrid, la semifinal contra el Inter, el partido de octavos contra el Arsenal,… Hay cientos de vídeos en Internet de esos años que explican esta teoría, algunos muy manipuladores, os dejo uno:

Travis me envió hace tiempo este otro vídeo sobre los Illuminati, su control del mundo y sobre todo, de Hollywood. Resulta sorprendente la cantidad de símbolos que nos cuelan en las películas de Hollywood, y, más sorprendente aún, las referencias a los atentados del 9/11, mucho antes del 9/11. No puede ser una casualidad, pero tampoco puede no serlo, ¿no? Menudo lío:

A mí me entretienen y me cabrean. Me entretienen, porque la ficción conspiranoica suele ser mejor que la realidad, aunque tantas veces se dice que la realidad supera a la ficción (a botepronto, el genocidio judío, o el bosnio, o Ed Gein, Kim Jong-Il, o la violencia extrema entre hutus y tutsis,…). Y me cabrean, porque aunque no quieres creerlo, a veces piensas que sería mejor tomarse la pastilla roja, ¿no, Dagos? Si de verdad existe un gobierno de grandes corporaciones, sectas o logias masónicas, entenderíamos mejor que tantos países entre las primeras potencias del mundo tengan presidentes que son auténticos peleles de ínfimo cociente intelectual.

Mis teorías favoritas son aquellas que unen dos desgracias, como la de los accidentes de Malasia y Ucrania, o como esta otra que une el siniestro del avión de Ucrania con las investigaciones sobre el Ébola.

También le dediqué mi tiempo a aquella otra sobre los atentados en el maratón de Boston, porque algún día espero estar allí también, en la línea de meta. Uno de los dos hermanos Tsarnaev, los supuestos autores, murió, y el otro recibió un disparo en la garganta, por lo que nunca podrá hablar. Sin embargo, en un vídeo aficionado que grabó la detención del mayor de los hermanos se le ve de pie, esposado y sin heridas de consideración en el cuello. Luego hay gente que ha encontrado numerosos agentes de seguridad de la compañía CST en los vídeos de las cámaras de los alrededores del atentado, y que ha querido difundir una especie de autoría de los mismos por parte de estos, un “trabajo interno” de ese equipo de élite con no se sabe muy bien qué objetivos.

No resulta demasiado creíble. Y dejo ya la última, muy divertida: ¡la máquina de crear terremotos! El terrible HAARP. El terremoto que causó el desastre de la central nuclear de Fukushima no fue natural, fue provocado por el HAARP, la máquina con la que los americanos controlarán el mundo:

Ahí lo dejo, junto con este enlace a un blog en el que lo explica con todo lujo de detalles. Me abruma tanta información.

Buenas noches, y mañana por la mañana, abran bien los ojos y elijan la pastilla adecuada.

Cara Lester