Juegos de París 2024 (III): las polémicas

Siempre que acaban unos Juegos Olímpicos surge el debate en los medios sobre si han sido buenos, horribles o “los mejores Juegos de la historia”, algo que vengo escuchando al menos desde Barcelona 92. Parece obvio que los de Río se salvaron, pese a las carencias de la organización y lo apurado de las instalaciones. Los de Tokio nunca podrán ser los mejores de siempre por razones obvias: los estadios vacíos, una cierta sensación de tristeza, de “celebrarlos porque sí, aunque sea con un año de retraso”. No sé cómo catalogar los de París, lo dejo a los expertos. Han tenido muchos momentos positivos en lo competitivo (post de Barney), muy vistosos por el “decorado” de París y un acercamiento al deporte popular (post de Lester). Y varias polémicas, que es para lo que algunos hemos quedado.

La época del postureo: vivimos en la época de las redes sociales, la viralización de las imágenes y la polarización de las opiniones para todo, también para el deporte. Los Juegos han tenido acusaciones de “wokismo” desde antes de que empezaran: por el cartel oficial, por la supuesta parodia kitsch-trans de La última cena en la ceremonia inaugural, por la interpretación que otros dieron a los símbolos de la clausura… Algunas agrupaciones católicas se sintieron atacadas por esa imagen de la que ya da igual si su intención era provocar o no: estaba fuera de lugar. Lo que se pide en estos eventos es que haya clase, elegancia, belleza, concordia… en ese engendro no había nada. Si alguien pretende que en el país que sufrió la matanza de Charlie Hebdo se haga una chanza similar con algún símbolo del Islam, como he leído por ahí, que espere sentado varios ciclos olímpicos más.

En ese postureo del comité organizador, incluso se permitieron modificar uno de los símbolos universales del movimiento olímpico: la llama, el fuego encendido en la misma Olimpia y trasladado de mano en mano desde Grecia. El invento del pebetero suspendido en el aire con la forma del globo de los hermanos Montgolfier ofrecía una imagen espectacular, muy fotogénica, pero tenía truco: no era fuego real. Se trataba de una combinación de agua, gases y luces LED. En aras de la sostenibilidad, como nos contaron después. En algún momento se rompió la «cadena del fuego» de Olimpia. El Comité Olímpico Internacional (COI) se sumó hace años a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la Agenda 2030, aunque lo haga más de boquilla y de cara a la galería que otra cosa. Se ha hablado mucho de inclusión, diversidad, sostenibilidad, respeto al medioambiente, etc. Lo mejor de París en este sentido es que tenía construidas casi todas las instalaciones, no ha habido que acometer despilfarros insostenibles como los del mundial de Catar.

La villa olímpica y la comida de los atletas. En esa línea de postureo, se construyó la villa olímpica con criterios ecológicos y de sostenibilidad. Mucha madera, material reciclable y un fuerte compromiso para reducir las emisiones de CO2 a la mitad en comparación con las de Río 2016. Desconozco cómo se realizan dichas mediciones, si incluyen todos los traslados en avión de los deportistas, el desplazamiento de seguidores y equipos técnicos, el desgaste de energía que ha habido para limpiar el Sena, etc. Todo lo que se haga en este sentido y no sea postureo, bienvenido sea. El problema ha surgido cuando llegaron las quejas de los atletas por la mala calidad del alojamiento, la incomodidad de las camas, el poco espacio en las habitaciones y el mal funcionamiento del aire acondicionado. La polémica se acrecentó cuando aparecieron las imágenes del campeón olímpico de los 100 metros espalda (el italiano Thomas Ceccon) durmiendo en un parque por la incomodidad del recinto.

El comité organizador también presumió de haber doblado los menús de origen vegetal en la villa, algo muy de estos días, por la sostenibilidad, acabar con las granjas industriales, etc. El lumbreras que lo decidió seguramente no contaba con que los ocupantes eran deportistas de élite, gente con necesidad de comer proteínas, con dietas de más de 5.000 calorías diarias en muchos casos. Las quejas por la falta de pollo y huevos, que tuvieron que ser racionados, fueron habituales desde el primer día, tantas que las delegaciones de Gran Bretaña y Corea del Sur abandonaron finalmente la villa olímpica. Te pasas cuatro años preparando una competición y en una semana te encuentras con hambre y falta de sueño. Fue una mala gestión, sin duda.

Seguridad: había bastante preocupación con la falta de seguridad en varios recintos olímpicos, especialmente en los alrededores de Saint Denis, mayor aún tras lo ocurrido con los incidentes de la final de Champions de 2022. Los incidentes no se hicieron esperar y tanto una parte de la delegación australiana como la selección argentina de fútbol fueron asaltados y desvalijados de parte de sus pertenencias. O bien algo se hizo bien y se reforzó la seguridad, porque no hubo apenas más incidentes reseñables, o bien nos lo ocultaron. Los dispositivos funcionaron y, según he escuchado a algunos periodistas, han sido unos Juegos muy cómodos en cuanto a desplazamientos, identificaciones y seguridad.

Las boxeadoras de sexo dudoso: la gran polémica de los Juegos, sin duda. La argelina Imane Khelif y la taiwanesa Lin Yu-Ting se alzaron con el oro en sus respectivas categorías en medio de una gran polémica por las dudas sobre la categoría en la que competían. Varias de sus rivales cruzaron los dedos para formar una gran X como protesta, como reivindicación de sus cromosomas XX en lugar de los XY detectados en Khelif y Yu-Ting. La Asociación Internacional de Boxeo (IBA) tenía vetadas a ambas boxeadoras desde el mundial de hace un año al considerarlas de sexo masculino, una decisión que no fue recurrida por ninguna de ellas. Lo sorprendente del caso han sido las explicaciones del COI en este asunto, un COI que no reconoce la autoridad de la IBA en esta materia y cuyo portavoz afirma en rueda de prensa que no se puede determinar con certeza si una persona es hombre o mujer, así que se les permite participar en función de lo que digan sus pasaportes.

A ver, que yo me entere, antes del año 2000 se podía saber con certeza si una persona era hombre o mujer, pero ahora esto depende más de una asignación familiar como en el caso de la argelina, o de una autopercepción, que de lo que el propio cuerpo indica. Khelif tiene cromosomas XY y un nivel de testosterona que su propio entrenador reconoce que está en los parámetros masculinos. Pero compite como mujer porque ya no se pueden hacer las verificaciones que se hacían hace un cuarto de siglo.

¿Y todo esto no se solucionaba haciendo que compitieran de acuerdo con su sexo biológico? Si tienen cromosomas XY y un nivel masculino de testosterona, lo que, unido a la mayor musculatura, fuerza y potencia, les da una ventaja frente a las mujeres, ¿por qué no compiten de acuerdo con su sexo biológico? Su vida pueden vivirla como quieran, que en eso no quiero entrar. Como decía la abogada especializada en derecho del deporte Irene Aguiar, hay cuatro deportistas trans que han competido en los Juegos sin problemas, pero lo han hecho en la categoría de su sexo. Si no se toma una decisión sobre este asunto, el deporte va a cambiar radicalmente para las mujeres en los próximos años.

Competir en el Sena: ha sido una guarrería. Entiendo el romanticismo de la propuesta, el río por el centro de la Ville Lumiere con los nadadores compitiendo en sus aguas, la belleza que algunos entendían que podían haber dado algunas de las imágenes, pero la realidad es que ha sido un estropicio para el espectáculo. Se habla de una inversión de 1.500 millones de dólares «muy sostenible y eso», para que los nadadores en aguas abiertas y los triatletas pudieran bañarse en sus aguas, pero la calidad ha sido tan baja que hubo que aplazar la competición el primer día. Después, vimos las imágenes de los nadadores pegados a los laterales para evitar las corrientes, con lo que la belleza de otros juegos fue hurtada al espectador y finalmente, la imagen que quedó fue esta, la de los vómitos:

Al menos cuatro nadadores fueron ingresados con fuertes cuadros de diarrea, náuseas y vómitos tras la competición. Si durante un siglo no estaba permitido el baño por la carga bacteriana de las aguas, no sé, se me ocurre pensar que sería por algo.

El dopaje. Algún año de estos habrá que afrontar que el dopaje sigue existiendo, ¿no? Nos centramos en hablar de China, como en su día del dopaje de estado organizado por Rusia, los países del Este y la antigua Unión Soviética, pero, ¿y Estados Unidos? Marion Jones y Lance Armstrong nunca dieron positivo y solo años después se supo que competían chutados hasta las cejas. Durante los Juegos de París se ha sabido por una denuncia de la WADA (World Anti Doping Agency) que la agencia norteamericana contra el dopaje (USADA) permitió que tres atletas que habían dado positivo siguieran compitiendo con normalidad. Ni nombres, ni fechas, ni nada, oscurantismo total. Como con todo lo relacionado con las pruebas de los jugadores de la NBA. En este tema parecen «chinos», pero al fin y al cabo, qué más da, show must go on!

Juegos de París (I): el deporte popular, vía Lester.

Juegos de París (II): las mejores imágenes, vía Barney.

Juegos de París (III): las polémicas, vía Josean.

Juegos de París (IV): las películas que no se harán, vía Travis.

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