
Josean – ¿Qué pasó con Antonio Hernández Mancha?
Lo de las mociones de censura que no van a ningún lado, como la surrealista con el profesor Tamames de este curso político, no son nada nuevo en las algo más de cuatro décadas que llevamos desde la aprobación de la Constitución del 78. Como tampoco es nuevo lo de esos jóvenes impetuosos a los que alguien hace creer que llegarán a presidentes del gobierno, como Albert Rivera o Pablo Casado. A mediados de los ochenta y tras varios batacazos electorales, los populares necesitaban renovar su imagen, alejarse de esa derecha franquista liderada por un exministro del Caudillo, Manuel Fraga Iribarne. En esas emergió la figura de un joven abogado nacido en Badajoz, pero que desarrolló toda su carrera en Andalucía, primero como abogado del Estado y luego como presidente regional de los populares. Antonio Hernández Mancha, de verbo fácil, lanzado, y sobre todo, alejado de los cánones tradicionales del partido (Alianza Popular por entonces). Numerosos medios del ala más conservadora necesitaban una figura que pudiese enfrentarse a los líderes socialistas, los andaluces Felipe González y Alfonso Guerra.

Antonio Hernández Mancha fue elegido presidente de los populares tras las primarias del partido en 1986. Se enfrentaba a un problema serio al no ser diputado y no poder debatir cara a cara con González en el Congreso (la misma dificultad que tenía Feijóo estos últimos meses, por cierto), así que, espoleado y seguramente mal aconsejado por varios de los más cercanos, no tuvo mejor idea que plantear una moción de censura a un Felipe González que contaba con mayoría absoluta en la cámara. El golpe de efecto no duró más de una o dos semanas, se celebró la moción, que fracasó de manera estrepitosa (solo 67 votos a favor) y el joven abogado “andaluz” desapareció de la escena casi con la misma celeridad con la que había sido ascendido.
Huyó de la política y volvió a su despacho de abogados. No supimos prácticamente nada de él hasta hace pocos años, en 2016, cuando fue llamado a un programa de LaSexta que en principio iba a hablar de algo parecido al objeto de este post, un ¿qué pasó con…? Lo que no esperaba era que en directo le plantearan su relación con “los papeles de Panamá” y por qué su nombre había aparecido en algunos de los listados de las personalidades relacionadas con el despacho Mossack-Fonseca. Lo vi removerse en el plató de una manera nerviosa, bastante incómodo (nos ha j…) y juró y perjuró que nunca había tenido nada que ver, ni tenía negocios en Panamá, ni mucho menos había utilizado sociedades opacas panameñas para blanquear capitales. Unos días después se defendió diciendo que habían falsificado su firma, que el Hernández Mancha de los papeles no era él, ni nadie relacionado con su bufete.


No encuentro noticias posteriores a la resolución de este caso y el propio Google te deja el mensaje de que hay enlaces que pueden haber sido eliminados a petición de los afectados por el derecho al olvido en Internet. Antonio Hernández Mancha fue consejero de Enagás desde 2014 a 2022, tiene ahora mismo 72 años de edad, está alejado de cualquier foco mediático, y (supongo) estará escarmentado del día que dio ese paso adelante y se lanzó a Madrid a intentar un imposible.
Lester – ¿Qué pasó con Pedro Maestre?
Tenía 23 años cuando firmé mi primer contrato con una editorial (La universidad me mata, Colección El Papagayo, Ed. Temas de Hoy). Para mí, que no había escrito nada ni medianamente serio en mi vida, aquello fue una sorpresa enorme. Entre aquella firma y la publicación del libro transcurrieron casi dos años (septiembre de 1995), tiempo durante el cual creí atisbar un interés de las editoriales por los autores jóvenes, interés del que quizás me beneficié sin saberlo (aunque mi libro era un “grandísimo” libro, todo hay que decirlo). En 1994, José Ángel Mañas quedó finalista del Premio Nadal por Historias del Kronen. Contaba entonces con solo 22 años. Un par de años más tarde, Pedro Maestre lograba el premio del certamen con Matando dinosaurios con tirachinas. Tenía 28 años de edad, todo un “talento joven” al que se le presuponía un gran futuro por delante.
Me compré un libro que recopilaba relatos de varios de esos autores jóvenes que despuntaban en los noventa. Se titulaba Páginas amarillas y el subtítulo era 38 autores de menos de 38 años. Los había de todo tipo: buenos, excelentes, de humor, “tragiquísimos”, rompedores, pseudotrascendentales y algunos, pocos, insufribles. Allí estaban Juan Bonilla, Juan Manuel de Prada, Antonio Orejudo, Martín Casariego y muchos otros cuya vida no siguió por el camino de las letras como seguramente esperaban (como yo mismo).

A mí particularmente no me entusiasmó la novela de Pedro Maestre, aunque reconozco el riesgo de la propuesta narrativa, escrita como un monólogo con frases cortantes, dirigido a su abuelo en segunda persona del singular, incómodo de leer a ratos, con pinta de pecar de ser demasiado autobiográfico… La vida de un licenciado de filología de 25 años en paro que vive en Alcoy contado por un tal Pedro Maestre que era licenciado en filología residente en la costa levantina y supongo que en las listas del paro cuando lo escribió. Un premio como el Nadal debe animar a escribir, a intentarlo, a querer asentarse en el complicado mundo editorial, pero no tuvo mucha suerte con sus dos siguientes novelas, Benidorm, Benidorm, Benidorm (1997) y Alféreces provisionales (1999), y quizás por eso lo último que supe de él durante mucho tiempo es que se dedicaba a la enseñanza.
De las últimas noticias que encuentro de este autor, es un artículo sobre la relación epistolar que mantuvo con Miguel Delibes, quien le aconsejó que no se dejara llevar por los premios, ni por los halagos, y que se mantuviera firme, constante, en esto de escribir.
“Pequeñas confesiones y consejos que me ayudaron mucho. Comentábamos lo que buscábamos en las novelas, como el paso de la infancia a la adolescencia que Delibes refleja en «El camino». Hablábamos de la verdad de los personajes, que no fueran de cartón piedra, y me daba muchos consejos. Porque la carrera de un escritor es como el río Guadiana: años que se ven, y años que trabajas duro, muy duro, y no se ven. No hay que parar nunca».
Pedro Maestre volvió a publicar una novela en 2006 (El libro que Sandra Gavrilich quería que le escribiera), y otros como el que suscribe estas palabras tuvimos que esperar más aún, hasta 2022 para volver a aparecer por las librerías.



