El deterioro del periodismo tradicional, por Josean

Cara Josean

Mi relación con el periodismo ha pasado varias etapas a lo largo de mi vida. Empecé a leer periódicos y a seguir la radio a una edad no demasiado temprana, sobre los veinte. Me creía todo lo que leía en los periódicos. No podían ser falsas las noticias que allí se contaban, y no sólo por la seriedad con la que estaban redactadas, sino también por el estilo intachable con el que estaban escritas o recitadas.

A medida que fui incorporando la lectura de periódicos y las horas de radio a mi rutina habitual, según me acercaba a la treintena, desarrollé un cierto sentido crítico hacia toda la información que recibía. Un distanciamiento necesario para entender el claro sesgo político en las noticias dependiendo del medio del que vinieran. Hasta tenía el dial del coche con las emisoras ordenadas como una especie de termómetro político, desde la 1, la más izquierdosa, hasta la 8, la más radical de derechas. En aquellos años se mantenía el respeto al estilo, las frases bien construidas y una gramática correcta. Por supuesto no encontrabas jamás una falta de ortografía en un periódico.

En esta última década, a mi modo de ver, todo ha cambiado. Sigue leyendo

Las referencias futboleras en el discurso del Rey, por Barney

 

Felipe VI

Creo que nunca he escuchado el discurso del Rey Juan Carlos I en Navidad. Ni por supuesto he prestado atención a cualquiera de los numerosos y soporíferos discursos que nos ha regalado a lo largo de casi 40 años de reinado. Me valía y me bastaba con las frases seleccionadas en los telediarios sobre “el marco incomparable” o “los estrechos lazos que nos unen”.

Sin embargo, por una de esas casualidades del destino, me tragué enterito el discurso de proclamación de Felipe VI el pasado mes de junio. No es que me haya vuelto monárquico de repente, es que esa casualidad del destino se llamaba “estantería a montar en sólo 90 minutos”, y me metí en faena poniéndome el discurso de fondo. “Es un momento histórico”, pensé. Lo que son las cosas, en lugar de ponerme a los Rolling, como antaño.

Como la mayoría recordaréis, ese día de junio apenas habían pasado unas horas desde la eliminación de España en el Mundial tras la derrota ante Chile. Teníamos una cierta desazón por el estrepitoso fracaso de nuestra selección, un incómodo desasosiego porque nos habían borrado de un guantazo la sonrisa boba que nos acompañó durante los seis años anteriores. Sigue leyendo