Cómics (V): El disturbio eterno

Apenas un mes después de que regresáramos de nuestro viaje a la India, en noviembre de 2025, me enteré por la radio de que Joe Sacco presentaba un nuevo libro, El disturbio eterno, centrado en las revueltas de Uttar Pradesh de 2013. Como sus libros anteriores, no se trataba de una novela de ficción, sino de un «largo reportaje gráfico sobre conflictos étnicos en la India actual», en palabras de la promo que lo acompañaba. Así que no solo me hice enseguida con el cómic o el reportaje gráfico, sino que además me acerqué a la presentación en la Fundación Telefónica.

Joe Sacco no es un dibujante al uso, como los que han aparecido en este mismo blog, Paco Roca, Art Spiegelman, Marjane Satrapí…, sino que le diferencia del resto su formación principal, que es la de periodista. Esa cualidad diferencial se aprecia en todos sus trabajos (Reportajes, Notas al pie de Gaza, Gorazde, Un tributo a la tierra), en una huida de la ficción a la par que el denodado esfuerzo en la ardua tarea de la búsqueda de la verdad. Insistió en ello varias veces a lo largo de la charla que mantuvo con Guillermo Altares. No solo habló de su nueva obra, sino que además mencionó varias veces lo que tenía en común con otros de sus anteriores trabajos: cómo se establece el relato, muchas veces alejado de la verdad, y cómo las mentiras se construyen de manera consciente. Y cómo quienes lo perpetran fundamentalmente son los políticos y líderes religiosos para manipular y dirigir a la población.

Joe Sacco nació en Malta en 1960, vive en Estados Unidos desde hace décadas y, quizás por ello en estos tiempos actuales, sabe que su guerra contra las fake news es una batalla perdida. Es un término en el que no cree, porque parece que con el mismo se relativiza su importancia, como si las fake news fueran fruto de un error o de un malentendido, cuando en realidad forman parte de una campaña para imponer una «verdad» alternativa con la que beneficiar los intereses de sus promotores. Recordad el peligro de la creación de esa «memoria colectiva» sectaria de la que ya hablamos en este mismo blog.

El disturbio eterno se sitúa en un país en el que se juntan todo tipo de discriminaciones y desigualdades: por religión, por sexo, por raza, por clases sociales. El sistema de castas sigue vigente en la actualidad, aunque oficialmente fuera abolido, y los conflictos religiosos no se cerraron con la independencia de Pakistán en 1947, poco después de la independencia de la propia India. Es el caldo de cultivo perfecto para que los líderes locales agiten el avispero de aquellos cuyas voluntades manejan. Solo así se entiende que un crimen local en una pequeña aldea rural acabara convertido en un enfrentamiento entre poblaciones que duró varias semanas y se llevó por delante a cerca de dos mil personas. Ese era el germen de la investigación de Joe Sacco, quien trató de llegar al origen del conflicto y a los testimonios de los intervinientes en las revueltas para entender cómo pudieron suceder.

Lo primero que sorprende en los dibujos de Joe Sacco es la precisión de sus dibujos, el esmero en retratar los detalles de las caras, las ropas y los paisajes que aparecen en cada viñeta. Para mí, que acababa de llegar de aquel sorprendente país, fue una delicia observar cómo reflejó el caos del tráfico local o recordar a esas mujeres amasando las boñigas de vaca con las que cocinarán o calentarán el té (juntar «delicia» y «boñigas de vaca» en la misma frase tiene su mérito).

Los personajes tienen rasgos propios, están perfectamente definidos, si bien, como contó Sacco, se vio obligado a modificar alguna característica de alguno de ellos para evitar descubrirlos, violar la confidencialidad de los testimonios que le prestaron a lo largo de decenas de entrevistas. Si uno se fija en la portada, en esa imagen de una turba violenta que da miedo (una imagen empleada numerosas veces para advertir del peligro de las masas descontroladas, como en Frankenstein o su parodia en Los Simpsons), el grupo de hombres armados con palos está formado por individuos distintos, diferenciados, con pelo más corto o más largo, bigote, barba, ambos o ninguno, turbante, banda, pañuelo… Sacco explicó que quería destacar precisamente eso, que se trata de hombres que toman sus propias decisiones, no de una masa impersonal. Y lo logra, el realismo, la sensación de veracidad, no se abandona en ningún momento de toda la obra.

Otro de los aspectos que llama la atención en El disturbio eterno es la extrema polarización social en la región en la que se dieron los incidentes. Una violación sucedida entre musulmanes e hindúes está en el origen del conflicto. La reacción posterior de las autoridades, al frenar la investigación oficial por un mero cálculo electoral (ya que condenar al autor podía llevar a que el dirigente perdiera apoyos de toda la comunidad musulmana) fue el detonante del estallido que asoló la zona durante las siguientes semanas. Las comunidades pueden haber convivido durante décadas de manera aparentemente pacífica, pero el riesgo de conflicto permanece latente, entre otras cosas porque la propiedad de la tierra es de mayoría hindú y la mano de obra barata, musulmana. El crecimiento demográfico de esta última comunidad es muy superior al del resto de grupos étnicos o religiosos del país, y eso es otra fuente de problemas en un país con un líder nacionalista hindú como el actual, Narendra Modi.

Sacco intenta desarrollar su labor de investigación periodística en el libro de manera objetiva (el autor se retrata a sí mismo en numerosas viñetas), pero encuentra dificultades de toda índole por el relato impuesto y narrado de boca en boca entre comunidades, un relato parido y difundido por los líderes locales que alimenta los extremismos y el odio soterrado. Para Sacco, un autor con tanto mundo a sus espaldas y espectador de varios conflictos, resulta llamativo comprobar que algunos falsos relatos (no fake news) cambian de país y contexto, pero se repiten. En el libro habla de la «Yihad romántica», una teoría según la cual los musulmanes seducen a mujeres hindúes para procrear hijos musulmanes y, una vez conseguido, las repudian. Según Sacco es la misma teoría de «El Gran Reemplazo» que los grupos de extrema derecha están propagando en Francia.

Merece la pena leer El disturbio eterno. Merece la pena intentar comprender el país más poblado del mundo, la supuesta «mayor democracia» existente, algo sobre lo que Joe Sacco es muy crítico por el peso de los líderes locales ante sus comunidades. Y un país donde la prensa no es libre, en el que los periodistas extranjeros no son bien recibidos porque se entiende que pueden dar una imagen distorsionada del país, la democracia flaquea, deja de existir (por desgracia hay líderes europeos que lo saben y a los que no les importa controlar los medios con todo tipo de armas a su favor). La veterana periodista francesa Vanessa Dougnac, con más de 25 años de presencia en el país, se quejaba amargamente en diciembre pasado de la represión que sufrían los periodistas locales y de cómo los extranjeros eran invitados a abandonar el país. Cuando solicitas el visado, es una de las profesiones que te aconsejan no poner, so pena de que te denieguen la entrada al país.

Joe Sacco concluye el libro de una manera desoladora, con un tono de desencanto ante el polvorín que vio desfilar ante sus ojos. Será cuestión de tiempo que haya un nuevo estallido de violencia. Nada, por otro lado, que no haya presenciado el autor en otras regiones. Los Reyes «majos» me han regalado la obra más conocida de Joe Sacco, Notas al pie de Gaza, de 2009, así como la actualización posterior al 7 de octubre de 2023. Será duro, no tengo ninguna duda. Pero también sé que será objetivo, y en este asunto es algo cada vez más difícil de encontrar.

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