LESTER, 04/01/2026
La palabra del año 2025 según la Fundéu (Fundación del Español Urgente) ha sido “Arancel”. Siempre me ha interesado esta elección, aunque luego casi nunca me gusta la palabra escogida, porque me parece un eufemismo. Un arancel es una barrera, igual que me parecen eufemismos muchas de las palabras escogidas en los últimos años. La de 2024, “dana”, es una tragedia horriblemente gestionada. La de 2023, “polarización”, suena más light que división, que es a lo que realmente se juega desde hace tiempo en todos los países y con todos los asuntos de los que se hable. “Emoji” representa la estupidización del lenguaje, “microplástico” camufla el verdadero peligro, “aporofobia” esconde mucho “hijoputismo” y “posverdad” es una mentira que perdurará en el tiempo. Y mucho me temo que con la IA se convertirá en verdad.
Si el Lester que escribe en este blog tuviera que escoger una palabra para definir el año sería “gratitud”. Ya ha sido evidente en los años anteriores de existencia de este blog que estoy muy agradecido a muchas cosas y a mucha gente, a la suerte/trabajo y a los compañeros de andanzas, pero este año cobra especial significado tras nuestro paso por el “Gratitude Bootcamp” de la India, del que ya hemos hablado en otras ocasiones en el blog. Por esa razón, el vídeo resumen de este año tenía que hablar de gratitud, de la India, de Islandia, de la familia y de toda esa buena gente que ha estado cerca, muy cerca, en este viaje de 365 días:
La experiencia de inmersión en la India se realiza en Bodh Gaya, una pequeña ciudad al nordeste del país, en una de las regiones más desfavorecidas de un país que ya es pobre de por sí. La superpoblación no ayuda, lógicamente. Ni el clima, los conflictos religiosos, el sistema de castas, la corrupción política, el machismo de la sociedad o la situación económica del país tras la independencia del Imperio Británico.
Aun con todo eso en contra, Dhirendra Sharma, el director de Bodhi Tree School fue capaz de enseñarnos a vivir «en» el agradecimiento, o «con» el agradecimiento en el centro de nuestra vida, como hacía él. Y no hablaba de agradecer las buenas cosas que tenemos, sino también las que pueden parecer negativas. «La mierda es compost», nos dijo en una de nuestras charlas. Una simpleza tan poco budista o tan poco espiritual podía ser mucho más gráfica que mucha palabrería vana de la que hacemos gala en occidente.
El viaje estuvo perfectamente organizado, todo un prodigio de coordinación, buen rollo, orden y cumplimiento de previsión y horas en un país en el que la planificación y la puntualidad brillan por su ausencia. Raquel y Víctor fueron los dos mejores guías posibles para hacer de esta, la primera inmersión en la India de los doce viajeros/voluntarios, una experiencia inolvidable. No quiero contar mucho acerca de todas las actividades que hicimos y de todo lo que conocimos de primera mano (la escuela, las aldeas rurales, las familias, los monasterios budistas, el Tensing Lama, el Mahabodhi tree,…), porque me gustaría animar a varios amigos a conocerlo, como hice durante todo el año pasado. El desconocimiento de lo que vamos a hacer o de lo que nos vamos a encontrar forma parte de la experiencia del Bootcamp. Olvidarnos del móvil y de esa necesidad que tenemos en nuestro día a día de saber qué vamos a hacer. Como nos decía uno de los lemas del libro diario que íbamos rellenando:

Vivir ese momento concreto allí, ya fuera con el yoga a las 7 de la mañana, en la escuela con los niños, en las aldeas rurales, en las caóticas calles atiborradas de gente, tuk-tuks, vacas y puestos de mercadillo, o ya fuera en las charlas con Dhirendra o con las dinámicas de desarrollo personal por las noches. Me quedé con varias de sus frases, como que «en Europa tenéis de todo, menos paciencia». O cómo veía alguien como él, que vive el día o el momento presente, los miedos que nos acompañan siempre a los occidentales. Miedo a perder el trabajo, el estatus económico, la casa, la salud, los amigos… Miedo por cosas que no han pasado. «Fear», miedo. Acrónimo, según él, de «Fake Experiences Appearing Real». Falsas experiencias que se nos aparecen como reales.

No pude dejar mi mentalidad racional y occidental en varios momentos, y pensar que precisamente la planificación de occidente es la que nos lleva a pensar también en el progreso. O que las personas por lo general tendemos a querer conservar lo que tenemos antes de dar el salto a proyectos mayores. Y eso implica a veces tomar decisiones incómodas en el presente, pero que nos van a ayudar en el futuro. Y un pensamiento más, totalmente congruente con lo que vimos y vivimos allÍ: que el propio proyecto personal de Dhirendra basado en la educación tiene su fundamento en pensar en el futuro y el progreso, no solo en el presente.




Ha sido una experiencia maravillosa y nos marchamos de la India con una sonrisa en la cara sin dar la espalda a la miseria que existe. La educación es una vía de escape para algunos de los niños y niñas de las aldeas rurales, y para que puedan acceder a la educación, la escuela Bodhi Tree es única. Un proyecto que trata de enfrentarse al sistema de castas, a los matrimonios forzados en niñas de doce años, una escuela que intenta ofrecer una oportunidad de mejorar social y económicamente al menos a unos pocos, unos ochocientos niños en una zona en la que ni sabemos cuántos habrá. Conocimos familias con seis, siete y hasta ocho niños en las que solo uno o dos de ellos podían estudiar. El resto tendría que trabajar en el campo, con el ganado o cuidar de los más pequeños de la casa. Niños sin infancia, con una mirada distinta a la de sus propios hermanos, los afortunados que habían podido acceder a la escuela.



A Dhirendra no le gustaba hablar de dinero, ni siquiera tocarlo, pero el proyecto tiene un sentido último y es que los viajeros/voluntarios (aunque no fuera propiamente un voluntariado) dejen una donación final para contribuir al sostenimiento de la escuela. Entre las catorce personas que viajamos, las donaciones de amigos y los beneficios de Anatomía de un Negreirato dejamos un importe que, dependiendo del continente, puede ser normal, como en Europa, o destacable, como en la India. Entre los cinco grupos que hemos viajado ya a la India se ha podido cubrir unos dos tercios del presupuesto de la escuela, pero la gratitud allí no es nunca la de los chicos que se verán favorecidos por la ayuda. Es la nuestra por todo lo aprendido, por toda la experiencia acumulada y las inquietudes que nos traemos de vuelta.



Hace poco leí una frase de un personaje «poco hindú», pero que engarza a la perfección con las enseñanzas de Dhirendra, la frase de Gandhi o la mentalidad de algunas de las personas que conocimos.
“Aprende del ayer, vive el hoy, espera el mañana”.
Albert Einstein



¡Gracias!



Y como estos chicos no paran, ya tienen fechas para 2026. Para más detalles sobre el proyecto, lo contaron ellos mismos en este enlace.
Otros voluntariados:




Eso digo yo: gracias. Gracias por vuestra generosidad, entrega, dedicación, por enseñarnos algo tan bueno como lo que algunos hacéis. Os admiro y os felicito.
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