Locura. Hambre. Piernas. In that order

El Real Madrid tendrá que buscar una remontada casi imposible frente al Arsenal el próximo miércoles, si no quiere quedar fuera de la Champions y fallar a su cita casi ineludible con las semifinales. Es la consecuencia del desastroso partido del martes pasado en el Emirates, de la floja temporada y del tremendo acierto de Declan Rice para anotar los dos primeros free kicks de su carrera.

El pasado viernes falleció Leo Beenhakker y Movistar rescató un programa del Informe Robinson sobre la Quinta del Buitre, un episodio en el que el entrenador holandés, lógicamente, tenía un gran protagonismo. No faltaron las grandes remontadas en el Bernabéu, aunque fueran de la etapa anterior a Beenhakker, con Amancio y Luis Molowny: Anderlecht, Moenchengladbach, Inter de Milán… Aquel Real Madrid de la Quinta del Buitre más Gordillo, Hugo Sánchez y muchos otros (Jankovic, Maceda, Gallego, Santillana, Juanito) jugaba muy bien al fútbol. Maravillosamente bien. Y claro, me he puesto a pensar ya en otra noche mágica en el Bernabéu, en otra gran remontada. En un nuevo milagro. Harán falta muchas cosas, pero yo he puesto «mis» tres.

Locura

En todas esas remontadas se alcanzó un punto de locura. Qué coño «un punto», un terremoto. Desde la llegada en autobús de los jugadores al estadio, las declaraciones en los días previos, el convencimiento del aficionado, el rostro de seguridad (como el de Cristiano Ronaldo en la remontada ante el Wolfsburgo),… desde el primer disparo a puerta, aunque no tenga ningún sentido, solo por escuchar el estallido contra la valla publicitaria y el rugido del público.

Es el mismo grado de locura que acompañó las remontadas que se produjeron en la Champions de 2022, la más inexplicable de la historia: PSG, Chelsea y City sucumbieron en apenas unos minutos tras haber dominado durante más de una hora o dos, en algunos casos. Los tres goles de Benzema en diez minutos contra el PSG, los dos en dos minutos de Rodrygo frente al City o el exterior de Luka Modric para el remate del mismo Rodrygo contra el Chelsea fueron esos momentos en los que se perdió la cordura en las gradas y en nuestras casas. Aquellos días seguía «guasapeándome» con amigos a las dos de la mañana porque éramos incapaces de rebajar la enorme segregación de adrenalina que habíamos tenido unas horas antes.

¿Puede este equipo alcanzar ese grado necesario de locura, de correr como si cada carrera fuera la última del partido, de pelear cada balón para que el rival se sienta asfixiado? Hay dudas en el aficionado: el equipo parece fatigado, no ha jugado bien en toda la temporada, da la impresión de que Carletto lleva cabreado y sobrepasado desde agosto. ¿Puede llevar este equipo a paroxismo, al grado de exaltación necesario para que tiemble el Arsenal? Pues quiero creer que sí. Y, aunque la temporada no haya sido buena (las notas al final, por favor), ha habido algún destello que me hace pensar que sí:

  1. El Real Madrid perdía 0-2 al descanso con el Borussia de Dortmund en la fase de grupos. En la jornada anterior, el equipo había perdido con el Lille, luego una derrota en casa podía traer muchos problemas para clasificarse. Justo antes del descanso, Lunin salvó el tercero de los alemanes. Pero arrancó la segunda parte y el ambiente que se respiraba era otro. En el minuto 60 cayó el primero de los blancos y se desató la locura. En el 62 llegó el empate y en los últimos minutos, tres más, con Vinícius totalmente desatado y un hat-trick en la mochila.
  2. Hace un par de semanas, el Real Madrid se puso por debajo en la eliminatoria de Copa frente a la Real Sociedad. Una eliminatoria en la que había mandado durante casi 150 minutos y en la que, de repente, por esa apatía e indolencia que a veces arrastra el equipo, se veía por debajo a menos de diez minutos del final. De nuevo, como el día del Dortmund, Vini pidió la pelota y el equipo le dio la vuelta al marcador en apenas tres minutos.

Parece que el Real Madrid, para alcanzar la locura, tiene que llegar a ese punto de no retorno, al borde del abismo. Y como destacaba Alan Moore en Watchmen:

«No luches contra monstruos, a no ser que te conviertas en monstruo,

y si miras al abismo, el abismo devuelve la mirada».

Friedrich Wilhelm Nietzsche

Hambre

Me surge la duda: ¿tienen hambre los jugadores de la actual plantilla? ¿La tienen todos? Aquella Quinta del Buitre tenía hambre. Santillana, Juanito, Hugo Sánchez y Valdano la tenían. Luchaban contra casi dos décadas de sequía europea del Real Madrid, contra la historia, contra cinco años sin ganar la Liga española. Salían a devorar al rival, por mucho que, como bien explica Valdano, «en aquellos años, los alemanes eran poco menos que unos ogros que devoraban niños». Contra ellos, contra aquel gran equipo que era el Anderlecht y contra los «cancheros» italianos del Inter, se enfrentaron estos tíos con más casta que físico y de ahí surgió el famoso «noventa minuti en el Bernabéu son molto longo» de Juanito.

Algunos jugadores de la actual plantilla tienen seis Champions, como Luka Modric y Dani Carvajal, otros tienen alguna menos, como Lucas Vázquez, y buena parte de ellos fueron partícipes en las dos últimas: Vini, Rodrygo, Camavinga, Courtois, Valverde… Jude Bellingham y Rüdiger ya tienen una. El que no estuvo el año pasado y no la ha ganado todavía es Kylian Mbappé, pero no sé si con lo que vivió en su retiro catarí de París, con la panza llena, tiene el hambre necesaria para echarse el equipo a la espalda y salir a remontar. Ha habido momentos en la temporada en que ha parecido que sí, que quería empujar donde no llegaban sus compañeros, pero entre el desacierto general y el suyo propio, genera dudas. Su expulsión de esta última jornada frente al Alavés demuestra la impotencia que siente en ocasiones, la rabia contenida. Esperemos que la expulse toda el miércoles, hará falta.

Hace falta que todo el equipo sienta esa necesidad de comerse al rival, de querer ganar esta eliminatoria, y no lo que ha parecido durante tantos partidos: que la plantilla entera está deseando el fin de la temporada, la salida de Ancelotti y el inicio de un nuevo ciclo.

Piernas

Uno de los grandes problemas de toda la temporada: el equipo está muy flojo. No solo en lo táctico, sino también en lo físico. Y se nota mucho. El Real Madrid es, de largo, el equipo que menos kilómetros realiza por partido. Este dato es solo de la ida de cuartos de final:

Pero es el mismo dato que hemos visto en todos y cada uno de los partidos, en los que el Madrid corre unos diez kilómetros menos que sus rivales. En un fútbol tan físico como el actual, el déficit de kilómetros podría compensarse con orden sobre el campo, pero no es eso lo que vemos. Hay tanta distancia entre los cuatro de arriba (Mbappé, Vinícius, Rodrygo y Bellingham) y el resto, que el centro del campo está siempre en minoría. Y al sobrepasar ese medio campo con facilidad, la defensa también parece peor, hay muchos más huecos y todo se descompensa. Faltan piernas en el equipo, a lo que no han ayudado las múltiples lesiones, las pocas rotaciones de Ancelotti, las prórrogas en Copa del Rey (Celta y Real Sociedad) y Champions (Atleti)… y las cacicadas de Javier Tebas con los horarios. El Real Madrid es el único de los ocho cuartofinalistas de la Champions que jugó en domingo. El único. La directiva pidió el cambio de horario y el cacique Tebas se dio el gustazo de denegarlo («normal», pensará, «que no me pongan tantas demandas»).

Hay varios jugadores por encima de los 4.000 minutos esta temporada (Valverde, Mbappé, Rüdiger, Vini, Jude) y estamos solo en abril, una aberración. Queda mucha temporada aún y falta frescura en las piernas. Pero en estos partidos, si se alcanza el grado de locura, las piernas acompañan. No sé cómo, pero lo hacen casi siempre.

Recuerdo dos intentos de remontada que quedaron en el «a punto del milagro»:

  1. Frente al Zaragoza en semis de la Copa del Rey de 2006. El Madrid había perdido 6-1 en la ida. Fue tal el grado de sobreexcitación con el que los jugadores saltaron al campo que a los diez minutos ganábamos 3-0. Pero las piernas no aguantaron todo el partido. Un gol más en la segunda parte y una última media hora en la que el equipo no podía más, pese a estar a solo un gol de la gesta histórica.
  2. La vuelta contra el Borussia de Dortmund tras el 4-1 de la ida. En aquella ocasión, el equipo lo tuvo en su mano, se hartó de fallar ocasiones en la primera parte (Higuaín y Ozil, sobre todo), y cuando pareció que las piernas no daban para más, llegó el primer gol (Karim) y se desató la locura. Y un par de minutos después el segundo (Ramos), y ahí las piernas que se debilitaron fueron las de los alemanes, que se dedicaron a desplomarse al suelo los últimos cinco minutos y evitar que se jugara. Una pena, porque se estuvo a punto.

Definí la Champions de 2024 como «la Champions de los héroes inesperados«. Joselu, Lunin, Brahim, Nacho… Hay un jugador que puede despertar la locura el miércoles. Que tiene hambre y piernas. Se llama Endrick y en Brasil remataba hasta las sandías que le pudieran lanzar. Ni siquiera necesita ser titular para volar por los aires un partido. No será fácil. Por eso sé que lo lograremos.

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