Objetos de culto (III): arenques rojos y guiños frikis

TRAVIS, 11/04/2022

Tras las dos primeras partes, se está quedando una lista de objetos/situaciones bastante completa, una lista que no sé si seré capaz de llevar hasta la Z. Se me ocurren varios MacGuffins que coinciden en la inicial, así como armas de Chéjov, pero me fallan algunas otras, luego dejaré la lista con huecos para que los amables lectores me ayuden a completarla. Podríamos complicar el post con otra herramienta común para los guionistas, el llamado arenque rojo, que no es más que una pista falsa, algo que te distrae del asunto de fondo del guion y lleva la atención a otro punto, pero sin ocultar información al espectador. Como el revólver en la guantera de la mujer de Lester en American Beauty o algunos detalles sobre la dualidad de Tyler Durden en El club de la lucha.

El director y guionista de origen indio M. Night Shyamalan es un artista del arenque rojo, de llevarnos por un lado de la trama y contarnos en el giro final de guion que lo teníamos todo en nuestros caretos y no nos hemos dado cuenta. El sexto sentido y El protegido son únicas en el manejo de esta técnica. Del mismo modo que me congracié con el final de El poder del perro (Jane Campion) tras haberme pasado la primera hora y media bastante aburrido. ¡Lo tenía delante de mí y no lo percibí hasta las últimas escenas! Las pistas falsas o los datos para despistar al espectador son habituales de las novelas de Agatha Christie, y aunque al final se explican y resuelven, son una pequeña trampa que contribuye a que el misterio no se desvele antes de tiempo. No hay que confundir con pequeñas bromas que deja algún «artista» en escena, bien sea el guionista, o bien el director o el encargado del atrezzo. Aquí lo llamaré «guiños frikis».

De todos modos, este post podría ser interminable y algo tedioso si junto MacGuffins, pistolas de Chéjov, arenques rojos y guiños al mismo tiempo, así que voy a limitarme a completar la lista de los primeros y segundos, y añadir en el capítulo IV (y final) una colección de objetos «molones», artilugios, prendas, armas o vehículos que he visto en alguna peli y me han parecido bien chulos, que molan. «Molones».

O. El Oro. Igual que las Joyas, los Lingotes o los Diamantes, el oro es la base de una buena colección de películas basadas en los buscadores del preciado mineral. El jinete pálido, La balada de Buster Scruggs o ese divertidísimo musical que es La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint your Wagon, traducción «casi» literal). El oro es la excusa para una comedia musical con un triángulo amoroso magnífico (Clint Eastwood, Lee Marvin y Jean Seberg), un final apoteósico y trufada de canciones inolvidables. Como Gold Fever, precisamente el MacGuffin que mueve toda la trama.

Una Octavilla a la que luego se le saca partido sería el arma de Chéjov escogido para esta vocal. Un recurso muy socorrido que vemos por ejemplo en Regreso al futuro o en El día de la bestia.

P. No se me ocurría ningún MacGuffin, así que voy a aprovechar esta letra para soltar un guiño muy friki que solo he conocido a través de podcast de gente muy, pero que muy especializada. P de Pino. Concretamente del pino o pinos de Regreso al futuro. ¿Sabéis por qué al inicio de la película el centro comercial se llama Twin Pines Mall y cuando Marty McFly regresa, el nombre ha cambiado al Pino Solitario?

Me encantan estas cosas. Pues porque cuando Marty escapa de los terroristas libios y viaja de 1985 a 1955 se lleva por delante un árbol con el Delorean. Uno de los dos que se encuentra y por eso, cuando regresa a 1985, aquel centro comercial se construyó junto a un pino solitario. ¡Había cambiado el futuro, o el presente, qué sé yo, en aquel viaje al pasado! Este tipo de guiños, de detalles, me parecen excepcionales.

Pero quería utilizar la P para volver a Chéjov y hablar de una de las escenas míticas del cine. En El Padrino, el productor de cine Jack Woltz le explica a Tom Hagen (Robert Duvall) con todo lujo de detalles lo que piensa hacer con el Purasangre que tiene en su cuadra de caballos, que si no lo va a hacer correr, que quiere cuidarlo, que lo utilizará como semental, etc. Y como decía Chéjov, tú no muestras un arma cargada si no vas a utilizarla, y del mismo modo, no das tantas explicaciones sobre un caballo si luego no vas a hacer una escena tan tremenda como la que verás unos minutos después.

Q. Complicado, ¿es Quasimodo el MacGuffin para toda la retorcida trama pergeñada por Víctor Hugo sobre el poder, las clases humildes y la marginación de los diferentes? Porque los personajes principales son el archidiácono Frollo y la gitana Esmeralda, no el chepudo que da nombre a la novela y a sus versiones cinematográficas.

R. Creo que sin ningún género de dudas, el MacGuffin más famoso de la historia es el Rosebud de Ciudadano Kane. Las palabras pronunciadas por Charles Foster Kane en su lecho de muerte dan origen a la búsqueda de su significado por un periodista, que se dedica a recomponer la vida del magnate interpretado por Orson Welles. «El señor Kane fue un hombre que tuvo todo cuanto quiso, y que lo perdió. Tal vez Rosebud fue algo que no pudo conseguir o algo que perdió». La última imagen de la película nos muestra por qué ese tipo que lo tuvo todo se acordaba en el momento de morir de ese objeto tan valioso para él. Las bromas sobre el significado real de «rosebud» para William Randolph Hearst, el millonario en el que se basó la película, sirvieron de aliciente para otras obras como Mank y RKO 281.

He querido juntar la Q y la R para meter mi Chéjov particular y otros detalles de esos que suelen pasar desapercibidos en las películas. Hablo del Queso y de Ratatouille. ¿Por qué al temible crítico Anton Ego le retrotrae a su infancia el plato de Ratatouille que le cocinan en el momento clave de la película? Pues ahí va el truco: porque Ego se crió en la misma casa en la que vivía la rata Remy antes de emigrar a la ciudad. ¿Cómo lo sabemos, qué pistas nos han dejado los guionistas o los dibujantes? Pues algunos detalles en los muebles de la cocina durante la huida de la rata por la ventana, ¡que son los mismos que vemos en la casa del niño Anton Ego cuando su memoria le devuelve a la infancia! La receta le recuerda a su madre porque Remy la ha aprendido de su propia madre, convertida en venerable anciana en las primerasescenas. Es una genialidad que pasa desapercibida (vía Urbanian) por muchas veces que veas la película:

S. De nuevo un MacGuffin en el título: La soga. La Soga que rodea toda la trama de la película/experimento/reto de Alfred Hitchcock no es más que un arma (y no de Chéjov, precisamente) para dar rienda suelta a las fantasías depravadas y supremacistas de dos tipos que malinterpretaron a su profesor, el veterano Rupert Cadell interpretado por James Stewart (El conflicto del secundario). O quizás no lo malinterpretaron, quizás cuando decía que el homicidio “resolvería muchas cosas: el desempleo, la pobreza, las colas para conseguir entradas” estaba hablando en serio. En cualquier caso, La soga es una magnífica película cuyo título español es un poco spoiler. “Ahorcaría a todo incompetente”, continúa Cadell, “¡hay demasiados en el mundo!”.

Podían haber traducido Rope como La cuerda, pero entonces no tendría el significado justiciero de una soga como la de los ahorcados. Mucho mejor título en cualquier caso que el argentino: Festín diabólico. Suena a serie B de zombis.

En cuanto al amigo Chéjov, hay un par de objetos que circulan por cierto bar de Casablanca durante la Segunda Guerra Mundial: los Salvoconductos. No son propiamente un arma de Chéjov, pero sí los documentos que aparecen de modo casual al inicio de la trama y que permiten a Rick redimirse de sus “pecados” al final, o quién sabe, quedarse exactamente donde quería y con quien le apetecía (El celuloide oculto en el armario).

Y un guiño friki, muy friki, que no he sido capaz de comprobar: según parece, en cada plano de El club de la lucha aparece al menos un vaso de Starbucks. Me cuesta creerlo, pero lo he visto ya en varios sitios, y tiene visos de credibilidad, como una crítica más de David Fincher al consumismo de la sociedad.

T. Ponga un Tren en una buena trama y ya tendrá un escenario sin escapatoria, cerrado, en el que todo lo que ocurra tendrá que resolverse en su interior. Asesinato en el Orient Express, Tren al infierno, El expreso de Chicago o La dama del expreso, asesinatos, desapariciones de cadáveres o de pasajeros, y un tiempo límite para resolverlo. Sin embargo, de todas las películas de trenes yo destaco (y con mucho) dos: El maquinista de la General y El tren. Buster Keaton en acción en la primera, y Burt Lancaster con más acción aún en la segunda. Vibrante de principio a fin, un intento desesperado de rescatar el verdadero MacGuffin de la película: los cuadros expoliados por los nazis que viajan en el interior del tren.

Para Chéjov elijo una Tarántula. Si muestras una tarántula en una película ocurrirá como lo que comentábamos de los acuarios: en algún momento tendrá que actuar, no va a quedarse inmóvil en su urna. Solo en casa tenía un guion bien trabajado: todo lo que aparece al inicio de la película tendrá su sentido cuando los ladrones intenten entrar en la casa de la familia de Macaulay Culkin. La tarántula aparecerá en el momento cumbre, justo cuando el mocoso está a punto de ser atrapado.

U. De nuevo Hitchcock, el gran aficionado a los MacGuffin. El Uranio de Encadenados, ¿acaso alguien recuerda que tras la historia entre Ingrid Bergman y Cary Grant, con Claude Rains como espía nazi, había una trama sobre el uranio para fabricar bombas atómicas? Al primero que no le interesaba esa historia era al propio director, y a mí, la verdad, me interesó bien poco toda la película.

Continuará en: Objetos de culto (y IV): objetos molones

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