Diccionario de chorrading

LESTER, 02/04/2022

A ningún lector habitual de este blog debería extrañarle el post de hoy, puesto que en ocasiones anteriores ya me he reconocido públicamente como poco amigo de los «horryfing palabros» inventados por la modernidad, alguien «too old for this shit», entendiendo por «shit» la manía de vestir con un término normalmente acabado en ing lo que en realidad es una moda forzada en la mayoría de las circunstancias por las condiciones económicas o las modas, y no por un deseo natural. El texto de hoy tiene como objetivo procurarme a mí mismo (y quizás a algunos de mi quinta) una guía de qué quieren decir algunas soplapolleces que a veces leemos o escuchamos. Perdón, no son soplapolleces, son tendencias de vanguardia que no concibe mi mente de «pollavieja». De verdad, discúlpenme.

Coliving: los jóvenes de hoy reciben unos salarios tan bajos que no pueden independizarse o formar lo que era una familia en el sentido tradicional de la misma, así que se juntan con otros colegas para compartir piso como si fueran estudiantes, aunque puedan estar con la treintena bien avanzada. No os preocupéis, podéis ser eternamente jóvenes y encontrar artículos que os hablarán de las bondades del sistema.

Staycation: ¿que este año tampoco te suben el sueldo mientras se disparan todos los gastos de luz, comida, gasolina, alquiler, etc.? No pasa nada, quédate en casa (stay) a disfrutar de las vacaciones (vacation). Pese a que soy un encendido defensor de la lectura, el cine o si me apuran, la soledad, coño, las vacaciones y los viajes son parte fundamental de la vida, pero si se practica el staycation, todo serán ventajas: económicas, emocionales, por comodidad y, cómo no, de sostenibilidad.

Batch cooking: este es uno de mis favoritos, sin duda. Consiste en cocinar los domingos, guardar la comida en tápers o «tapergüers» y sacar uno distinto cada día de la semana, bien sea para llevarlo al trabajo o bien para un almuerzo o cena rápida en casa. Una de las consecuencias de los salarios bajos en los jóvenes ha sido su renuncia a los «menús del día», esas combinaciones contundentes en las que por diez o doce euros te apretabas dos platos, postre, pan, un vino peleón, agua y a veces hasta un café incluido en el pack. Genios de la gastronomía y la economía cuyos negocios están sufriendo por el batch cooking y la dieta sana de la juventud.

Mamá, que sepas que el táper repleto de croquetas se llama a partir de ahora batch cooking.

Trash cooking: el nombre resulta cualquier cosas menos motivante, suena a cocinar algo que rescatas de la basura, si bien el artículo (nuevamente de El País) habla de darle una oportunidad a los restos que tienes en casa. Vamos, lo que nuestras madres ¡y nosotros mismos! llevamos haciendo toda la vida sin sonar tan cool.

Friganismo: ¿os creíais que no existía una palabra para coger comida de la basura? Lo que toda la vida se ha llamado «pobreza» hoy tiene un nombre posmoderno. La palabra en cuestión viene del inglés freeganism, que promueve un estilo de vida anticonsumista, sano y teóricamente vegano, aunque me temo que más por necesidad que por convicción. «Lo de comer directamente de la basura, además de salvar el planeta, tiene varias ventajas». «Rebuscar en la basura no es de pobres, es de mileuristas». Cosas así se pueden encontrar en este elogio de la búsqueda del tesoro entre los desperdicios de un contenedor: dumpster dive, bucear en la basura.

Uno es partidario de conformarse con lo que tiene, pero esto de vivir con colegas hasta los cuarenta, quedarme sin vacaciones y coger comida de la basura no es algo que me motive en exceso. Desde luego que no es fácil plantearse tener hijos con ese panorama, pero también para eso existen palabras.

DINK / DINKY: las parejas DINK son aquellas en las que trabajan ambos, pero no se plantean tener hijos. Double Income, No Kids. Algunos, para mantener su espacio o su libertad, poder viajar sin ataduras o lo que sea, o simplemente porque las circunstancias lo ponen muy difícil. Por su parte, las parejas Dinky son las que se lo plantean, pero no terminan de encontrar el momento: Double Income, No Kids Yet.

Parece que tener niños se ha convertido en una proeza. Habrá que ver qué piensan los padres de nuestra generación, en la que era extraño ver una familia con menos de cuatro chavales. Quizás por eso se han popularizado unos eventos que en su día no tenían nada de extraordinario, como el siguiente:

Baby shower: una baby shower es una fiesta para celebrar que la llegada del bebé es inminente y suele celebrarse a partir de los siete meses de embarazo. Nunca he estado en ninguna, ni me apetece lo más mínimo porque me imagino que será una fiesta muy «cuqui», llena de regalos con lazos, colores rosas y azules en chaquetitas o bodis infantiles, jabones y olor a Nenuco. Los norteamericanos son muy aparatosos para todo, pero aquí somos más supersticiosos o de «no vender la piel del oso antes de haberlo cazado», que adaptado a esta caso sería algo así como «no regalar colonias de bebé antes de que el alien haya emergido».

La mayoría de estas palabras nos llega por modas guiris. Igual que importamos Halloween, Papá Noel, el Black Friday o llamamos hiking al senderismo, running al footing, que en realidad era «salir a correr», bullying al acoso que practican los hijoputas en el colegio o casual Friday a quitarse la corbata los viernes, la tecnología nos está trayendo nuevos inventos lingüísticos.

FOMO: Fear Of Missing Out. En este mundo de las redes sociales, la sobreinformación, la necesidad de reconocimiento y la sobreexposición, el síndrome del FOMO es el miedo a perderse algo, como una experiencia maravillosa que otros están disfrutando, ya sea un concierto, una fiesta o el último vídeo de moda. Pero lo preocupante del FOMO es el temor que crea sobre todo en los jóvenes a no recibir el reconocimiento por la vida que uno vive (la dictadura de los likes), o la angustia que les genera creer que no disfrutan una vida tan «plena» como la de sus amigos. El FOMO está muy relacionado con la frustración de la juventud. La aceptación o no aceptación del grupo, lo que ha pasado toda la vida, pero ahora aumentado por el uso abusivo de los móviles y las redes.

Nomofobia: es el miedo a salir de casa sin el móvil. O a quedarse sin batería o sin cobertura. O a no tener datos y buscar como un poseso una wifi disponible con desesperación, que todos lo hemos visto alguna vez en nuestros hijos. La palabra no está reconocida todavía por la RAE, pero llegará en breve. Viene del inglés nomophobia: no, mo por mobile phone y phobia, el miedo o aversión a algo. Los que tuvimos nuestro primer móvil cerca de la treintena agradecemos esos momentos ocasionales sin el móvil, esos días en los que levantas la cabeza de la puñetera pantallita y te das cuenta de la belleza que puede haber en el entorno.

Phubbing: se llama mala educación, sin más. Consiste en usar el teléfono móvil (phone) delante de alguien que te está hablando, o en una comida o cena con más gente, lo que supone una forma de desprecio (snubbing), mala educación y falta de respeto acojonante. Se solucionaría con un bofetón a mano abierta, o mejor, llamémoslo openhanding.

Como vemos, la falta de recursos económicos y la tecnología están creando nuevos vocablos en los últimos tiempos, pero si hablamos de inventarnos el lenguaje, de pervertirlo con finalidades «orwellianas», ningún sector ha parido tantos palabros como el del feminismo/machismo progre actual. Ya no hablo de heteropatriarcados, despatologizaciones, adres, personas gestantes o violaciones inversas, sino de otros debates que me dejan boquiabierto. ¿Qué es micromachismo? ¿Y yo me lo pregunto? ¡Micromachismo soy yo!

Mansplaining: el término es una mezcla de hombre (man) y dar explicaciones (explaining), algo insoportable, como podrán comprender, y que rezuma machismo por todos los poros, ya sea tu padre, un amigo que da una opinión, o tu marido, ese ser que por el hecho de haber nacido con un sexo concreto ya es machista, posesivo, dominador y un violador en potencia. El mansplaining tiene una palabra española mucho más bonita, que sí puede estar relacionado con una forma de machismo: condescendencia. La que muestran algunos hombres con las mujeres por la supuesta superioridad intelectual o moral que manifiestan o creen tener. No es casual que todos estos términos se propaguen en el diario oficial de la autoproclamada progresía.

Manspreading: en una definición extraída, «es el nombre que recibe la costumbre de muchos hombres de sentarse con las piernas bien abiertas, ocupando más espacio, casi como si estuvieran marcando su territorio». Que una cosa es ir «espatarrao» en el Metro, lo cual es de muy mala educación, y otra muy diferente es montarse unas pajas mentales sobre el ansia «machirula» de mostrar la dominación del espacio, la autoafirmación de los atributos masculinos y el ofrecimiento del género a las hembras cercanas.

No exagero, he leído teorías detalladas sobre esto hasta el punto de que, en mi afán constante por no molestar a nadie, cada vez que me siento en un sitio público me parezco a Sheldon Cooper.

Cada día se me hace más complicado todo. Lo reconozco, estoy mayor, lo he dicho desde el inicio de este post, pero es que algunos debates me superan: 

La belleza, la amabilidad, la cordura, la educación, la sensibilidad, la risa… son nombres femeninos. El caos, el hartazgo, el agobio, el suicidio, el homicidio, el estupro, el bofetón… son palabras masculinas. Pero esto sería entrar en uno de los debates más gilipollescos que se me ocurren, ¿»el mundo fálico, de violencia»???? Datacutting para ellos, que me acabo de inventar. O cortarles los datos para que no expandan su diccionario de chorrading.

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