Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (I)

BARNEY, 17/04/2021

I. El contexto

Son entrañables. No suelen defraudar. Cuando algo no les gusta, cuando el resultado no es el que esperaban, la culpa es del Reglamento. Del oficial, no del suyo. Me refiero, cómo no, a los seguidores del Barça y a sus altavoces mediáticos. PERO esta vez voy a darles la razón en parte. El sábado pasado, tras la victoria del Real Madrid frente al eterno rival por dos goles a uno en Valdebebas, los seguidores culés se quejaron de dos cosas: un penalti de chiste de Mendy sobre Braithwaite y el poco descuento que concedió Gil Manzano, apenas cuatro minutos. Ambas protestas fueron amplificadas por los de siempre, el entrenador Ronald Koeman y el voceras mayor del universo, Gerard Piqué.

Al día siguiente, Gol TV, la cadena de Jaume Roures, último avalista del Barça, publicó un mensaje indicando el tiempo perdido, 9 minutos, 50 segundos, y por lo visto (no puedo contrastarlo, porque no veo TeleRoures), en El Golazo le dedicaron parte del programa al tiempo que se perdió durante el encuentro. Sus medios afines, que son casi todos, difundieron por doquier la noticia:

Dejando a un lado que incluyen los más de tres minutos que se pasaron rajando al árbitro (son únicos en esto) y la avería del pinganillo del colegiado, lo cierto es que tienen razón: el descuento fue corto. Podía haber durado un par de minutos más perfectamente. Pero eso es lo que no puede ser, que una decisión tan importante como esa, en un partido de la trascendencia de un Madrid-Barça dependa del criterio subjetivo de un árbitro y no de un Reglamento claro. Todos tenemos nuestros descuentos (o no-descuentos) fatídicos clavados en el alma y la sensación de injusticia que te queda, que es distinta a la de un penalti o un error de apreciación. Lo prolongo o no según me apetezca, y que pase lo que tenga que pasar.

Han cambiado muchas cosas en el mundo del fútbol de unos años a esta parte y el Reglamento apenas lo ha hecho. Muy poco, tan poco que creo que la FIFA puede competir en inmovilismo con la propia Iglesia. En 2016, la IFAB (International Football Association Board) publicó varias novedades que la FIFA trató de vender como la mayor revolución del Reglamento en décadas, pero en realidad lo más destacable fue la incorporación del VAR, cambiar la norma llamada del “triple castigo”(expulsión tras un penalti en ocasión manifiesta de gol) y permitir el saque de centro hacia atrás. No mucho más. En 2019, modificaron la regla del saque de puerta, para el que ya no sería necesario que el balón saliera del área, y a lo largo de estos últimos años han cambiado la norma de la mano considerada como infracción o penalti, hasta el punto de que ahora mismo nadie sabe cuándo una mano es penalti y cuándo no.

Se ha llegado a un punto absurdo en el que parece que cada semana se reinterpreta la norma, voluntaria/involuntaria, separada del cuerpo o no, que ocupa espacio o no, posición natural, influencia,… aunque creo que eso no es culpa del Reglamento, sino de los opinadores, que hacen auténticos ejercicios de trilerismo para justificar lo injustificable:

La polémica va a seguir existiendo siempre, es consustancial al propio fútbol, pero lo que no puede hacer este deporte es convertirse en algo anodino, que es en lo que por desgracia a veces se está convirtiendo. Resulta paradójico que haya mejorado todo, la técnica de los jugadores, la preparación física, la velocidad, el estado del terreno de juego, la calidad de las retransmisiones… y que todo eso haya redundado en partidos más planos, con menos ocasiones, menos goles, sin apenas alternativas o remontadas épicas. Con mucha menos emoción. Hace un par de semanas se jugó la final de Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad, con victoria de estos últimos por un gol a cero. Vi el último cuarto de hora, en el que los bilbaínos deberían haberse volcado sobre la portería donostiarra y fue soporífero: su única preocupación era no perder el balón. Solo tiraron una vez a puerta y apenas colgaron balones al área, ni siquiera a la desesperada. Fue decepcionante.

O los partidos de clasificación de España, con posesiones del ochenta por ciento y dos remates a portería, ¿es este el fútbol que queremos?

El fútbol que me gustaba se muere, como dije en su día. La mayoría de deportes ha sabido evolucionar a medida que incorporaba ventajas técnicas o físicas. En baloncesto ampliaron las zonas para sacar de ellas a los jugadores grandes, crearon la zona de tres puntos para primar a los tiradores o ampliaron el perímetro cuando comprobaron que la ventaja era excesiva, redujeron las posesiones de 30 a 24 segundos, etc. La evolución es constante y creo que el fútbol puede acabar perder mucho interés si no ofrece alternativas que mejoren el espectáculo.

La FIFA nombró Director de desarrollo técnico al exjugador holandés Marco Van Basten en 2016, y aunque he leído ya varios artículos de sus propuestas, lo cierto es que no ha encontrado todavía el suficiente apoyo para sacarlas adelante. Coincido con él en esa búsqueda de nuevas reglas que hagan más atractivo este deporte, sobre todo ahora que ya sí puede decirse que ha llegado a rincones en los que era minoritario, como China o Estados Unidos. Marco Van Basten planteó lo siguiente:

  • 1. Penaltis shootouts en lugar de prórrogas o la tradicional tanda de penaltis. El jugador arranca a veinticinco metros de la portería y tiene que driblar al portero o chutar antes de llegar al punto de penalti. Todo ello en menos de ocho segundos. En algunos casos, se ha probado con la limitación de tres toques para el delantero. “Es más talento y menos fortuna. Más espectacular para los aficionados e interesante para los jugadores”.
  • 2. Acabar con el fuera de juego. Bien, Marco, por fin alguien lo pone encima de la mesa: “el fútbol se parece cada vez más al balonmano con nueve o diez defensas delante de la portería. Es difícil marcar y crear algo en tan poco espacio”. Se parece al balonmano, o al waterpolo, o al fútbol sala: delanteros pasándose el balón de un lado a otro hasta que aparece un hueco, si aparece. El francés Arsene Wenger, entrenador durante muchos años del Arsenal, propuso por su parte un cambio en la regla del fuera de juego, consistente en que no se considere fuera de juego la posición adelantada de un delantero, siempre y cuando una parte de su cuerpo con la que puede anotar gol esté en línea con el defensa. El propio presidente de la FIFA, Gianni Infantino, afirmó que “queremos que el fútbol sea cada día más ofensivo”. En un estudio realizado en Inglaterra se concluyó que con la norma Wenger los fueras de juego se reducirían en un cincuenta por ciento. Se evitaría la polémica de anular goles por uno o dos centímetros, como ha ocurrido en ocasiones, cuando ni siquiera es posible determinar la posición exacta del delantero en relación con el momento justo de la salida del balón de la bota de su compañero, pero no sé si se eliminaría la controversia por las líneas mal tiradas que tenemos siempre en España.
  • 3. La tarjeta naranja. Lo que plantea el holandés es una expulsión temporal, como en el balonmano o en el waterpolo. Totalmente de acuerdo. La mayoría de las ocasiones se favorece al infractor, al defensa que corta bruscamente un contraataque, o al que directamente busca hacer daño a un rival. Otra alternativa que pone encima de la mesa es limitar el número de faltas por jugador.
  • 4. Jugar a tiempo parado para evitar pérdidas de tiempo. En este punto, que es en el que he empezado, no puedo estar más de acuerdo. Es absurdo, surrealista, me atrevería a decir que estúpido, otorgar al árbitro el poder que tiene ahora para alargar, acortar o permitir las pérdidas de tiempo. El balón está en juego apenas un sesenta por ciento del tiempo total de juego en las ligas europeas en las que menos tiempo se pierde, las del norte de Europa. En España la cifra alcanza un ridículo 53 por ciento, por eso resulta tan desesperante todo el tiempo que se pierde en hacer los cambios, sacar una falta, un saque de portería, las protestas… Hay que acabar con este sinsentido.
  • 5. Ampliar los cambios. Cuando Van Basten propuso esta medida solo estaban permitidos tres cambios. Tras el parón de la pandemia se aprobó de manera transitoria la ampliación a cinco cambios en tres ventanas por equipo, que parece que va a quedarse por un tiempo.

Yo creo que las propuestas de Van Basten son interesantes, pero han pasado cinco años y no ha cambiado nada. Las polémicas continúan, el VAR no ha evitado errores porque en muchas ocasiones no son errores, sino interpretaciones, y el juego cada día tiene menos ocasiones de gol. Lo cual es una pena cuando ves que los jugadores, todos, incluidos ya los porteros, tienen un buen dominio del balón con ambas piernas, una técnica depurada y unas facultades físicas muy superiores a las que tenían apenas dos décadas atrás. O lo cambiamos, o empezamos a primar una especie de combate a los puntos en lo que lo importante sea otra cosa, y no los goles:

Continuamos en II. Diez propuestas by Barney.

Un comentario en “Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (I)

  1. De acuerdo con lo que cuentas. Vas a recibir un montón de más sugerencias. Te indico las mías:
    1. Eliminar totalmente el fuera de juego.
    2. Cualquier jugador puede ser sustituido temporalmente, pudiendo volver al partido en cualquier momento. Como en el balonmano.
    3. Si un jugador se hace daño y necesita asistencia, tendrá que esperar unos minutos de juego (por ejemplo, 5) para volver a jugar o para ser sustituido.
    4. Al aplicar la sugerencia1 se eliminan los jueces de banda. Que se dediquen a otras cosas, por ejemplo a medir el tiempo realmente jugado, y la entrada/salida (continuas) de jugadores por las sugerencias 2 y 3, etc.

    De nada.

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